Cap.7.- Adiós

Asombrosamente, ese día había dormido hasta bien entrada la mañana de ese sábado. Extraño, sin duda alguna aquello era algo totalmente increíble. Él, Tony Stark, insomne por definición, se había dormido a eso de las dos de la mañana y a las once aún seguía en la cama.

En cuanto abrió los ojos se dio cuenta de que el sol iluminaba demasiado su cama de sábanas deshechas y mantas tiradas. Se incorporó mirando al reloj en la mesilla de al lado, no podía creerlo. Steve por su puerto no estaba ya con él. Era madrugador.

Salió totalmente desnudo en busca de algo que ponerse. Tampoco buscó mucho realmente antes de coger un pijama cualquiera y salir al salón para encontrar a Steve de espaldas a él, sentado en el sofá. Desde su posición podía ver la coronilla rubia sobresaliendo.

Sin hacer ruido y como si hubiera sido entrenado por el mismísimo Guantes para ser un gato ninja, llegó hasta él para abrazarlo por detrás en el sofá. Aunque antes de que pudiera decirle algo como buenos días le mordió la oreja derecha consiguiendo por tanto que Steve diera un salto en el sofá por la sorpresa.

-Joder Tony, como te gusta molestarme.- Dijo cuando le soltó la oreja para llevarse la mano a ella directamente al momento. Mordía fuerte.- Has echado al señor Guantes.- Dijo con fingido enojo. El minino había pegado un salto del regazo de Steve por el bote que había pegado su pobre amo.

-El señor Guantes pasa más tiempo contigo que yo, así que no me siento culpable.- Habló mientras daba la vuelta al sofá para echarse en él, dejando su cabeza apoyada en las piernas del Capi.

-¿Acaso quieres que también te acaricie a ti?- Preguntó divertido mientras Tony acababa de acomodarse sobre él.

Tony solo cerró los ojos en respuesta. Así que Steve pasó su mano desordenándole el pelo un poco más de lo que ya de por sí estaba, al fin y al cabo acababa de levantarse.

-Definitivamente envidio a ese gato. Me imagino pasar toda una vida simplemente siendo acariciado por ti.-No abrió los ojos, por lo que no pudo ver su reacción, pero sin duda alguna Steve estaba sonriendo. Era tan fácil hacerlo curvar sus labios en una sonrisa cada vez que quería… pro a pesar de que por tanto ello no presentara reto alguno, no acababa de cansarse nunca.

-Eres demasiado celoso.- Respondió ignorando aparentemente la parte más romántica.

-Lo sé. Es otra de mis muchas virtudes.

Tony siguió con los ojos cerrados.

-En fin, vamos a desayunar.- Y entonces sintió como Steve se levantó sin tener un mínimo de cuidado al apartarlo. Tony lo miró con odio desde el sofá por irse sin más, estaba a gusto.- ¿Te valen tostadas o me harás hacerte tortitas?- Preguntó Steve llegando al mueble donde guardaban las sartenes. Sabía la respuesta a la pregunta, pero podía intentar librarse de liarse a hacer unas tortitas.

-Si me quieres sabrás qué es lo que debes hacer.- Respondió con la mirada seria, como si estuvieran hablando de algo mucho más importante. Steve simplemente sacó la sartén. En serio, no sabía cómo él podía aguantar todas sus niñerías.

¿Cuánto llevaban ya viviendo juntos? Si no se equivocaba harían medio año dentro de poco. Bastante tiempo la verdad. El suficiente como para que Steve se hubiera cansado de sus caprichos y sus manías, y sin embargo allí estaba, preparándole tortitas para desayunar porque él, como un niño pequeño, se las había pedido.

Dio la espalda a la cocina para mirar la tele y entonces vio sobre la mesa unos apuntes del rubio. Hacía unos cuatro meses que Steve le comentaba el hecho de que su trabajo en el gimnasio era divertido y le tenía distraído, pero que no se sentía del todo realizado.

Tony lo entendía perfectamente, era del tipo de persona que necesitaba ayudar a la gente, sentirse útil en la sociedad y de alguna forma servir al país. Bueno, era el mismísimo Capitán América, el nombre ya lo decía todo. Tony de repente se dio cuenta de que no tenía ni idea de lo que hacía Steve antes de ser soldado, su sorpresa fue tremenda al saber que había sido educador.

Más se sorprendió cuando le contó que al "descongelarse" trató de averiguar si podría recuperar su antigua profesión (ya que no se veía capaz de volver a ser soldado) pero le fue imposible. En los setenta años que había estado muerto, el trabajo de educador había cambiado bastante y le habría sido imposible ejercer la profesión con los estudios que había tenido allá por los años 40.

Tony sin embargo, al escucharle todo aquello, sumado a su desanimo en el trabajo, no hizo otra cosa que aconsejarle hacer la carrera ahora. Era inteligente y ya sabía bastante de todo el tema, así que podía dedicarse a estudiar lo que fuera que necesitaba para poder volver a ser educador social. Algo que sin duda alguna le pegaba totalmente a su personalidad.

-¿Cómo lo llevas?- Preguntó enseñándole los papeles con cuidado de no desordenárselos, al menos no demasiado.

Steve se giró desde la cocina para ver a qué se refería.

-Bien. Ya sabes que el suero me hizo un superhombre en todos los sentidos.

-El suero amplificó tus capacidades, eras inteligente de antes. No te quites mérito.- Dijo antes de volver a dejar esos papeles en su sitio. Al momento llegó Guantes para echarse encima. Daba igual, ya no los necesitaba.

Se levantó del sofá para ir a sentarse a la barra de la cocina a mirar a Steve con ese delantal negro.

-¿Algún día cocinarás para mí con nada más que ese delantal?- Preguntó de repente mientras Steve dejaba ya de batir la mezcla.

-Hoy te has levantado algo más pervertido de lo normal. Anda, recoge esto.- Dijo haciendo referencia a las cascaras de huevo y los ingredientes que había dejado fuera de su sitio. Él por su parte se acercó a la los fogones para terminar las tortitas.

Tony no dijo nada y se levantó a cumplir la orden de Steve. Conseguiría que le hiciera el desayuno solo vestido con ese delantal sin duda alguna. Solo tenía que hablarle un poco, decirle alguna tontería de las que tanto disfrutaba Steve y en un momento se rendiría a su deseo.

Seguramente que Steve estaba siendo consciente de sus pensamientos, pero simplemente lo dejó estar.

-Oye... ¿Fury fue muy duro contigo el viernes?- Preguntó de repente Steve mientras servía unas cuantas tortitas en un plato.

-Nada, lo de siempre. Sabe que no puede hacer mucho, soy realmente cuidadoso. Desde que vivo aquí, hará ya casi dos años, solo ha habido dos temblores y más de la mitad de los neoyorquinos ni lo han notado.

-Ya, pero algunos sí que los sintieron.- Dijo Steve sirviendo un segundo plato.

-En serio, no te preocupes por mí, aunque es conmovedor, pero Fury no puede hacerme nada realmente por ello.

-No me preocupo por ti, sino por que algún día hagas explotar la ciudad.- Dijo Steve consiguiendo algo de seriedad. Aunque el estar echando sirope de chocolate sobre ambos platos no ayudaba mucho a su intento de severidad.

-Eso ha dolido un poco.- Respondió Tony tomando su tenedor cuando Steve dejó los platos en la barra para sentarse en frente de él.

-Sé que desde antes debías de dar estos problemas, con el segundo temblor me puse a preguntarme cómo narices lo hacías antes para no andar recibiendo regaños de Fury todo el tiempo. Entonces caí en que tú siempre has vivido en mansiones relativamente apartadas.

Steve lo miró esperando que Tony le correspondiera.

-También estaban cerca del mar, ya sabes, por si cualquier cosa.- Terminó de hablar Tony.- ¿Pero por qué dices esto ahora Steve?

El aludido tragó el trozo que acababa de llevarse a la boca antes de responder, ganando así tiempo para buscar la respuesta.

-Quizá quieres mudarte.

Tony lo miró repentinamente asustado. ¿Qué quería decir con aquello exactamente? Steve pareció ver el miedo en sus ojos, porque al momento se apresuró a corregir la pregunta algo confusa.

-Conmigo, quiero decir juntos. Irnos a otro sitio, más alejado, más grande para todos tus juguetes e historias. Me consta que ya no tienes espacio para almacenar todas las cosas que andas creando.

Al momento Tony volvió a respirar con normalidad.

-Ya pensaba que te volvía la paranoia de alejarte de mí sí o sí.-Steve rio un poco ante el modo de decir las cosas de Tony.- Pero ¿estás seguro de eso? Quiero decir, ¿realmente no te importaría?- No sabía por qué preguntaba. Steve le había propuesto largarse de aquel ático que se le quedaba pequeño desde hacía ya tiempo y él se dedicaba a preguntarle si estaba seguro. Ese de querer a alguien y buscar su bien por encima de todo era una gran putada para uno mismo.

-Ahora yo ando liado con lo de estudiar y realmente quiero darme prisa en acabar la carrera, así que ya había estado pensando en dejar esa media jornada en el gimnasio. Además que como SHIELD nos ha solicitado demasiado últimamente me miran muy mal allí por pedir tantas bajas.

Steve como siempre, práctico y tranquilo. Bueno, si en realidad de él había salido la idea de mudarse sería porque estaba seguro y había sopesado todas las opciones.

-Pero sé que te gusta Nueva York. Aquí no solo tienes el trabajo, sino amigos, restaurante favorito, calles, Central Park…- En serio, por qué era tan masoquista. Solo tenía que sonreír y decirle a Steve que se largaran y lo harían.

-Ya lo he pensado todo. Realmente me daría pena irme, pero si me quedo corro el riesgo de que acabes destruyendo este lugar con tus experimentos.

Tony no dejó de mirarlo con cierto enojo por esa falta de confianza en sus capacidades como científico.

-Entonces creo que debemos ir buscando una bonita mansión. ¿Cómo de grande querrás la piscina?

Steve rio ante la pretensión de alguien tan rico como Tony Stark.

Se mudaban, estaba decidido. Apenas una semana después ya estaban buscando casa en Malibu. Visitaron varias hasta que Tony llegó a la conclusión de que definitivamente tendría que mandar construir una que fuera tan impresionante como la que había tenido hacía ya tiempo, antes de que se la destruyeran los subordinados de Killian. Steve no tenía prisa por mudarse, así que se lo tomaron todo con calma.

Con Pepper sentía la imperiosa necesidad de avanzar en su relación con rapidez, habían pasado tantas cosas juntos que veía importante demostrarle que estaba comprometido con todo aquello. Probablemente quizá su subconsciente ya suponía que algo no estaba yendo bien del todo. La mansión que compraron juntos aún no se había vendido. No le corría prisa, así que no había bajado un solo dólar del dinero que quería sacarle. Si los compradores la querían bien, pero no admitía ni regateos ni charlas mediadoras de agentes inmobiliarios ni nada. Al fin y al cabo no necesitaba el dinero.

Los planos de lo que sería su futura mansión estaban completamente acabados y se esperaba la orden para comenzar lo que sería ya la construcción. Él y Steve habían estado muy implicados con los diseños, Tony algo más que el Capi, pues aunque ninguno tenía una real idea de arquitectura se sentían interesados por el lugar que sería su nuevo hogar.

Lo que no tardaron en elegir fue el terreno. Steve se quejaba de que era demasiado grande, pero realmente iban a necesitar todo ese espacio para los jardines que se presentaban en los planos. Y por supuesto, la casa estaría pegada al acantilado.

Para Tony algo como la construcción de una gran obra no era algo demasiado nuevo, pero sin embargo Steve no dejaba de abrir la boca sorprendido a cada cosa que decidían. Steve tenía dinero sí, pero nunca tendría tanto como Tony, así que la idea de ir a gastos a media fue bastante imposible. Sin embargo, el Capi no acababa de sentirse mal por ello, al fin y al cabo, si se iban de su adorado ático céntrico era realmente por Tony.

Pero todo el proyecto tuvo que detenerse justo antes de que se empezara con la construcción. SHIELD convocó a los Vengadores para una nueva misión que los tuvo ocupados durante unas tres semanas. Por lo visto, una de las misiones de Clint y Natasha se había complicado inesperadamente y era necesaria la ayuda de los otros tres Vengadores restantes que había en la Tierra en ese momento.

Aunque pasaron momentos críticos, como siempre, todo salió bien y pudieron acabar tomando una buena ración de shawarma en el mismo local donde se tomarían aquella cena tras la lucha en Nueva York contra Loki. El lugar esta vez estaba mucho más limpio claro, por lo que se podría decir que la cena fue más agradable.

Por supuesto el tema estrella después de tanta misión fue la ya bastante estable relación de Tony con Steve. Mientras que Natasha parecía no sentir ninguna emoción al respecto, Clint y Bruce no paraban de expresarles sus buenos deseos para el futuro. Bromearon incluso con las invitaciones de boda, momento que aprovechó Tony para contraatacar preguntando si Clint y Natasha querrían una conjunta.

La mirada de odio de la Viuda Negra ante aquella insinuación hizo que todos prefirieran hablar de otra cosa, por ejemplo, el tiempo de aquel día.

Hubo una despedida para nada triste, se prometieron verse nuevamente sin duda alguna. Por supuesto Tony les dijo que aunque la boda aún se veía lejana, por supuesto que los invitaría a la inauguración de la casa.

-Quiero dormir en nuestra cama. Nunca pensé que diría algo así, pero realmente la extraño.- Comentó Tony ya en el ascensor que los subiría al ático. Había sido un largo vuelo desde Inglaterra, lugar donde habían tenido los acontecimientos de su última misión y ambos estaban ansiosos por llegar a casa.

-¿Dormir? Yo tengo ganas de hacer otra cosa en nuestra cama. Reconozco que fue excitante tener que hacerlo en cualquier lado durante la misión, pero echo de menos algo de tranquilidad.- Habló Steve consiguiendo hacer reír a Tony.

-Te veo muy cachondo hoy Capi. Quizá mañana consiga entonces que me hagas el desayuno solo con ese delantal negro.

-Solo si tú me follas con el casco de Iron Man.- Bromeó ya Steve.

-Mira que puedes ser idiota… pero si es lo que quieres.

Ahora Steve sí que se rio de verdad ante la disposición de Tony a hacer algo así. El ascensor se detuvo dejándoles frente a su casa.

-Bienvenidos señores.- Sonó la voz de Jarvis por el salón.

Los dos le respondieron al momento con un saludo antes de escuchar a Guantes maullar para salir corriendo hacia ellos. Mientras habían estado fuera, Tony le pidió a Hogan que por favor se encargara del molesto gato.

Steve al momento se agachó para coger en brazos a esa bola de pelo a la que Tony seguía teniendo cierta envidia.

-Señor, tengo un recado del señor Hogan de hace tres días que debía darle a su regreso sin esperar un segundo. ¿Desea escucharlo ahora?- Preguntó Jarvis mientras Tony se sentaba en el sofá mirando como Steve hacía cariños y mimos al gato. Su sesión de sexo tendría que esperar, lo sabía.

-Sí claro. ¿De qué se trata?

-El mensaje dice así.- De repente empezó a sonar la voz de Hogan por toda la casa.- "Tony, Potts ha venido diciendo que quería hablar contigo. Le dije que estabas en una misión, pero que en cuanto volvieras le informaría de tu regreso. Realmente debes hablar con ella".

Y entonces la voz de Jarvis se calló dejando un silencio que no se iría ya nunca de aquel lugar.

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Tony caminaba con la cabeza echa un auténtico lío hacia la sala de juntas donde Pepper le esperaba esa mañana. La noche anterior fue un auténtico martirio. Steve sonrió diciéndole que todo estaría bien, que hiciera lo que tuviera que hacer.

Por un lado esperaba que Steve se enfadara, le gritara y le pidiera ante todo que se quedara con él, pero sin duda esa sonrisa tranquilizadora, aunque falsa, le había ayudado a conciliar el sueño un par de horas.

Sin embargo se levantó antes que él procurando no hacer ruido y salió de la casa en dirección a su despacho. Había quedado con Pepper un par de horas más tarde, así que ese rato de espera se lo pasó viendo el dibujo de ambos enmarcado que hacía ya tanto había colocado sobre su escritorio. ¿Qué querría Pepper después de casi dos años sin saber nada de ella?

El tiempo pasó más despacio de lo que hubiera querido, pero finalmente llegó la hora y se apresuró a bajar al sitio donde se suponía que lo esperaría.

La vio a través de los cristales que separaban aquella sala. Su pelo, algo más rubio ahora, se veía notablemente más largo a como lo recordaba. Tomó aire antes de entrar a aquella sala. Ante el sonido de la puerta, Pepper se giró al instante.

Nunca pensó que encararla le removería el cuerpo de esa manera. Su corazón se agitó, de repente, todas las cosas que pasaron juntos empezaron a sucederse por su cabeza, eclipsando más de lo que debería a Steve.

Y sintió miedo, miedo porque quizá sentía más por ella de lo que realmente pensaba. Porque quizá no la había olvidado nunca.

-Hola Tony.- Dijo ella con una tímida sonrisa y claros ojos culpables. Parecía arrepentida por algo, podía suponer por qué.

-Hola. Dime ¿qué te trae por Industrias Stark?- Preguntó antes de sentarse en la silla a su lado. Había sonado mucho más brusco de lo que pretendía, pero tenía que intentar controlarse. Una parte de él quería correr a abrazarla, a decirle cuanto la había extrañado cuando se marchó.

-No voy a dar rodeos. He venido para saber de ti. ¿Cómo te va?- Preguntó no dejándose vencer por el rostro severo de Tony.

-Que te fueras fue un duro golpe para la empresa, yo no estaba en condiciones de encargarme, pero ahora todo parece ir bastante bien. Contraté hace ya tiempo a un chico bastante eficiente.- Habló intentando sonar indiferente cuando en realidad solo quería mirarla al rostro con detenimiento para confirmar que realmente ella estaba allí con él.

-Sabes que no me refiero a la empresa. Sé que ha pasado mucho tiempo y que realmente no tengo derecho a decirte nada pero, me gustaría que escucharas lo que he venido a decirte.- Tony simplemente mantuvo el silencio, instándola a continuar. Ella echó su cuerpo hacia adelante en la silla, buscando la cercanía que Tony intentaba evitar a toda costa. Sus ojos de repente parecían vidriosos, a punto de soltar lágrimas.-Te dije que me fui porque no sería capaz de lidiar con toda la historia de Iron Man, superhéroes, batallas… que no podía verme criando un hijo en estas condiciones. ¿Lo recuerdas?

-Claro que lo recuerdo Pepper. Yo estaba de rodillas en el salón de nuestra nueva casa con un anillo en las manos pidiéndote matrimonio cuando te pusiste a decirme todo aquello. Como para no recordarlo.- Respondió con desdén. Pepper siempre había ido al grano cuando tenía algo que decir. Esta vez parecía que no sería muy diferente.

-Sé que estás enfadado, tienes toda la razón en odiarme. Pero tenía que venir a decirte a esto, a explicarme una vez más. Intenté irme porque sabía que sufriría si seguía contigo. Pero han pasado casi dos años y no pasa un solo día sin que no piense en ti. Está claro que contigo serían todo problemas, pero a mí sola tampoco me ha ido muy bien.- Dijo ya al borde de las lágrimas. Tony no pudo evitar sentir ganas de abrazar ese frágil cuerpo que parecía que iba a romperse en cualquier momento. Un afán protector le salió al momento y quizá por ello buscó entonces la mano de Pepper. Salió la primera lágrima de sus ojos verdes.-Te he echado de menos. He estado mucho tiempo pensando si venir a verte o seguir intentando olvidarte. Pero no ha salido en ningún medio que tengas alguna relación y hace unos días descubrí que no habías vendido la casa.

Ahora Pepper ya estaba prácticamente llorando. Tony finalmente se rindió a toda su cordura y la abrazó. Sintió como ella se aferraba a su espalda, como si fuera a caer si no la sujetaba así.

-Y decidiste venir.

-Tenía que intentarlo.- habló entrecortada ocultando su rostro en su pecho. Pasó bastante tiempo antes de que Pepper pudiera volver a ser capaz de articular palabras. Se separó de él para mirarle a los ojos.- Quiero volver contigo, justo donde lo dejamos. Vivir en esa casa, aceptar el anillo si aún lo tienes, casarnos, tener hijos. Serán problemas, lo sé, pero ya no voy a presionarte con que dejes a Iron Man, ni voy a perseguirte para que duermas, ni voy a quejarme de tus tontos juguetes que me dan tantos sustos, porque me he dado cuenta de realmente te necesito Tony.

Y nuevamente volvió a llorar, esta vez ocultando su rostro entre sus manos. Él volvió a abrazarla. Odiaba ver llorar a Pepper, siempre le había puesto extremadamente nervioso y encima acompañado de todas aquellas palabras se sentía mareado. ¿Qué se suponía que tenía que decirle? Porque realmente él no sabía que quería.

-Por favor, dime que tú tampoco me has olvidado, dime que podemos volver a estar juntos.- Terminó de hablar Pepper.

Y Tony se mordía la lengua, porque no sabía que palabras pronunciaría al abrir la boca. Realmente quería tranquilizarla, decirle que sí, que se casarían, tendrían hijos y que no la volvería a dejar ir. Allí, al tenerla entre sus brazos, recordaba todos los momentos juntos. Ella había sido su primer amor, y como tal, esos sentimientos aún parecían estar en su corazón.

Cuando ya se hubo tranquilizado un poco, Tony le pidió que le dejara pensar todo aquello y que la llamaría en esa misma semana. Sobra decir que no trabajó ese día. Se fue lejos de la Torre, a Central Park, a pasear y dar de comer a las palomas. Quería ir a su laboratorio, pero Steve estaría en ese mismo edificio y se le hacía difícil verle ahora.

Porque estaba dudando. Porque realmente quería volver con Pepper, terminar aquello que tan bien había planeado. Durante mucho tiempo pensó que su vida sería con ella y cuando se fue todo se vino abajo, ahora que había vuelto podía recuperar todo aquello.

Pero claro, ¿dónde dejaba eso a Steve?

Ya era muy tarde cuando Tony decidió volver. Al llegar a casa vio a Steve esperándolo en el sofá, cómo no, con Guantes encima. Con el ruido de su llegada Steve se giró a mirarlo con el interrogante pintado en su mirada.

-Lo siento, quería salir a tomar aire.- Dijo dejando las llaves tiradas en una mesilla.- Me voy a dormir. Estoy cansado.

-¿No vas a contarme nada de lo que ha pasado hoy? Con Pepper me refiero.- No iba con el estilo de Steve pedirle explicaciones, pero sin embargo allí estaban. No parecía enfadado para nada, pero sí muy preocupado. Él sabía que dudaba.

-Hablemos en otro momento, vayamos a dormir.- Dijo quitándose la chaqueta del traje.

Steve lo miró claramente dolido. Obviamente que si no quería hablar era porque no le iba a gustar lo que le tenía que decir.

-Hoy me quedaré viendo una película. Acuéstate tú primero. Luego iré.- Terminó Steve intentando poner una de sus sonrisas al final y consiguiéndolo a duras penas. Tony se fue a la cama sin mirar atrás. Steve nunca fue.

Al día siguiente, al despertar, no vio a Steve a su lado. No era la primera mañana que despertaba sin él, pero aquella se sintió extrañamente solitaria.

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Ya habían pasado cuatro días desde que Tony se encontrara con Pepper y Steve seguía sin saber nada al respecto de aquella charla. Solo veía como Tony se veía claramente confuso y muy distante con él. Sin duda alguna estaba dando vueltas en su cabeza sobre qué hacer. Suponía pues que Pepper le habría propuesto algo como volver a estar juntos.

Steve sabía que no podría aguantar mucho así. Se levantaba cada día pensando en que quizá aquel sería el último, que Tony finalmente le acabaría diciendo que todo había acabado. Y aquello le dolía más de lo que podía haberse imaginado nunca. Porque realmente llegó a pensar por un tiempo que acabarían juntos para siempre. Porque esa mansión en la que tanto esfuerzo habían puesto, Tony sobre todo, estaba a punto de empezar a ser construida y sin embargo ninguno había vuelto a hablar de ella.

Sin duda alguna, habían sido los días más solitarios de su vida, pues a pesar de estar aún con Tony en la misma casa, compartiendo comidas, algunas conversaciones y un largo etc, sentía como el hombre de metal se alejaba de él a cada segundo que pasaba para perderse en los recuerdos con su antigua novia.

Por ello, porque era incapaz de ver como Tony se iba alejando un poco más a cada momento, aquel día, al volver del trabajo decidió poner punto y final a aquello él mismo. Si Tony no tenía el valor o no quería hacerle daño al echarlo no pasaba nada, él mismo se encargaría de finalizar aquella relación. Y también en el fondo, sabía que no sería capaz de escuchar a Tony diciéndole algo como "cortamos".

Al entrar no vio a nadie, probablemente Tony seguiría en el laboratorio con sus historias. Pensó en sentarse, dejar estar el tema, olvidar su intención de dejar aquella casa. Pero sabía que debía hacerlo.

Pasó del salón a la habitación para coger una gran maleta donde meter las cosas más urgentes que debería llevarse. No era como si pudiera meter en una maleta todas las cosas suyas que había en aquella casa, al fin y al cabo ya llevaba viviendo allí meses.

Estaba acabando de llenarla cuando oyó la puerta de la casa abrirse. Tony había vuelto.

-¡Steve!- Se escuchó gritar desde unas paredes más allá.

-Estoy en la habitación.- Respondió dándose cuenta al momento de lo insegura que sonaba su voz.

Tony entró a la habitación y Steve no fue capaz de mirar la cara de Tony cuando este vio la gran maleta sobre la cama siendo llenada. Esa escena le sonaba bastante.

-¿Qué haces?- Preguntó Tony con el ceño fruncido.

-Me voy.- Respondió aún sin mirarle.

-¿Cómo que te vas?- Preguntó de forma algo más alterada.

-He estado pensando. Desde que te encontraste con Potts has estado… bueno, tú sabes cómo has estado. Quieres volver con ella.

Ahora sí que tuvo que mirarlo, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no parecer triste o roto, que era exactamente como se sentía.

-No sé si quiero volver con ella. De todas formas no deberías tomar esta decisión tú solo.- Tony se veía realmente enfadado. Steve no acababa de comprender por qué. Le estaba dando la solución a sus problemas.

-Sí que debo. Ya te dije desde el principio que esto no duraría. Y además siempre supimos, aunque no lo dijéramos, que si Pepper alguna vez volvía acabaríamos. Ibas a casarte, tenías un futuro planeado con ella, ahora puedes retomarlo. Yo solo fui algo inesperado que se te cruzó en el camino y no fuiste capaz de esquivar.

-Hemos estado viéndonos por casi dos años. Reconozco que tú nunca entraste en mis planes, pero estás aquí.

-¿Y qué pretendes decirme con ello? Parece como si no quisieras que me fuera, pero sin embargo no te escucho decir "no te vayas Steve".

-Y tú no quieres irte pero tampoco dices "quédate conmigo Tony". ¿Por qué no luchas un poco si se supone que tanto te importo?

Ahora Steve sí que se sintió realmente dolido por el ataque de Tony. Se dio aún más rapidez en meter sus cosas, necesitaba salir de aquella casa cuanto antes.

Tony se acercó para sujetarle el brazo que sostenía una camiseta. Le hizo mirarle a los ojos y Steve supo que había notado el temblor de sus manos. Tony seguía exigiéndole su respuesta.

-Porque no sé si serviría de algo. Porque sí, hemos estado juntos mucho tiempo, pero sin embargo nunca te he oído decir que me quieres aún cuando yo te lo he dicho incontables veces. Porque ha llegado Pepper y la situación ha cambiado completamente. Porque sé que aún la quieres y yo no puedo competir con eso.

De repente había elevado el tono de voz hasta acabar gritando. Tony le soltó el brazo y finalmente pudo guardar aquella camiseta. Quería coger más cosas, pero no podía seguir allí. Cerró la maleta lo más rápido que pudo y la dejó en el suelo para tirar de ella en dirección a la salida.

Tony volvió a tomarlo del brazo. Por un momento pensó que le detendría, le dirían cualquier cosa y podría deshacer aquella maleta que estaba odiando por segundos.

-¿Es esto un adiós?- Preguntó finalmente Tony sin mirarlo. Steve tomó aire intentando no ponerse a llorar allí mismo ante esa pregunta tan tajante.

-Sí.- Salió de la habitación dejando allí solo a Tony. Ya en el salón cogió de la habitación el trasportín del Señor Guantes y lo metió dentro de forma nerviosa mientras el gato maullaba. Tony no salió de la habitación en ningún momento y Steve simplemente caminó al ascensor intentando no derrumbarse allí mismo. Antes de salir, sacó la llave de aquel piso de su llavero y la dejó en la mesilla de la entrada. Aún tenía cosas allí, pero ya encontraría la forma de ir a buscarlas o mandaría a alguien.

Lo que tenía que hacer era huir de ese edificio cuanto antes, porque esta vez, reponerse de la ruptura con Tony le llevaría mucho más tiempo del que podría imaginar sin duda alguna.

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Yahoo!

Al acabar de releer este capítulo he sentido algo así como "uy, se me fue el dedo". Realmente me ha salido un capítulo totalmente deprimente. No ha sido hasta que lo he corregido que me he dado cuenta que era todo muy dramático. En fin… poco más que opinar al respecto, solo suplicar por mi vida, ¡no me odiéis!

Esta vez no tardé demasiado ¿no? El próximo capítulo lo subiré en breve porque ¡estoy de exámenes finales! Y eso quiere decir que la inspiración va a llegar a toneladas. Y no es sarcasmo para nada, realmente escribo más cuando tengo mucho que estudiar. Algo realmente horrible, pero bueno para los que leen supongo xD

Y ya solo quedan dos capis! Más o menos están escritos y les echo 6.000 palabras a cada uno aprox… espero que eso sean buenas noticias para vosotros.

En fin, muchas gracias por los reviews, favoritos, seguidores, visitas… Me animáis no solo para continuar este fic sino para mi vida en sí, mis días caca se animan con vosotros

Nos vemos en semana y media como mucho con el penúltimo capítulo. ¡Dios que esto ya se acaba!

Chao!

A los reviews anónimos:

Jenn: Adoro los comentarios largos! Así que no te cortes xD Espero que no te haya matado mucho este capítulo… ya he dicho que se me fue de las manos sin querer, solo nos queda esperar que no se me pire la pinza más y este fic acabe mal xD Y yo soy una fan incondicional del thorki, pero me venía bien esa frase para expresar lo que sentía Tony en el momento. Realmente puedo pasar días en Tumblr viendo cosillas de Chris y Tom así que no me tengas en cuenta mi desliz xD…Saludos y nos vemos en el próximo capi

Naoki: Espero que no odiemos mucho a Pepper, realmente de los personajes femeninos del mundo de los Vengadores es la que mejor me cae después de la Viuda Negra y Darcy Louis, las otras tías son muy sosainas xD Pero necesitaba algo de drama y para ello una exnovia es algo perfecto. Confío en que no me odies demasiado y nos leamos en breve!