9.-Portofino una vez más

"So let your heart hold fast

For this should shall pass

Like the high tide takes the sand"

Allí se encontraba Steve, con una pequeña maleta de ruedas, una bolsa cruzada en su hombro y unos papeles que el propio Bruce le había dado. En la cola de embarque, donde el tiempo parecía no avanzar, se puso a ojearlos sin demasiada preocupación. No se había mostrado muy acorde con la idea de ir a Portofino como viaje para olvidarse de sus problemas teniendo en cuenta que allí mismo había sido donde habían comenzado. Pero Bruce podía ser muy persuasivo cuando se lo proponía.

-Te lo digo de verdad Steve. Hazme caso. Sé que es lo mejor.

-No sé como el hecho de visitar Portofino me hará estar mejor. Sabes todo lo que pasó allí.

-En serio Steve, si hay alguien que entiende de traumas soy yo. Ya sabes, científico renombrado que acaba siendo un bicho muy feo. He hablado con muchos psicólogos y psiquiatras, los mejores entre los mejores. Y más de uno coincidió en que visitar aquellos lugares donde tenemos traumas es mejor para recuperarse y ser capaz de seguir adelante.- Mentira. De hecho una sola vez en su vida escuchó a un psicólogo, el del colegio, y fue totalmente contra su voluntad cuando apenas era un crío de once años y un niño del que ni si quiera recordaba el nombre se metía con él. Pero aquello no tenía por qué saberlo Steve.

El Capi lo miró sospechoso, intentando descubrir la verdad detrás de aquel parlamento que no parecía tener sentido en un principio.

-No sé Bruce…

-Créeme. Unos días en Portofino, cierras este capítulo de tu vida en una de sus playas de arena fina y luego te vas al Caribe conmigo hasta que tengas que volver a Nueva York.

Recordaba que habían discutido un poco más el asunto hasta que finalmente se vio comprando un billete hacia Italia por internet con el mismo Bruce delante animándole. Así que allí estaba, camino a un viaje que no acababa de ver claro.

-Buenas tardes señor. ¿Me deja su billete?- Habló la azafata con una voz especialmente amable que le hizo sonreír inconscientemente. Tras verificar que todo estaba correcto, aquella chica le deseó un buen viaje y él espero que su deseo se cumpliera.

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Tony corría de un lado a otro por aquella casa que estaba deseando abandonar cuanto antes. A su lado, corriendo casi con él, se encontraba Hogan.

-No Tony, no volverás a desaparecer. De verdad que no te lo permitiré.

-Vamos Happy, no seas así, al menos esta vez te he llamado.- Dijo Tony mientras rebuscaba por aquel salón de colores neutros que tanto le horripilaba. No parecía tan feo antes.

-No hagas chistes. Te lo digo en serio. No pienso quedarme como presidente de una empresa durante más de un mes como la última vez.

-Te he dicho ya que no desaparezco. Solo serán unos días. Voy a buscar a Steve. Además, dejo al cargo a Scott.

-¿A Steve?- Preguntó Happy pasando olímpicamente del resto de la información.

-Así es. Le dije a Pepper que no podía estar con ella porque realmente estoy… espera un momento…- Pareció tomar aire ante la mirada de confusión de Hogan.- Estoy enamorado. Eso es, enamorado de Steve. Así que tengo que ir a buscarlo.- Aprovechó ese momento en que Hogan se quedó medio descolocado para seguir con su búsqueda, consiguiendo por fin lo que buscaba, las llaves del coche. Conduciría hasta su jet privado (el viaje corría mucha prisa) y entonces volaría hasta Portofino y luego…

-¿Te has vuelto loco? ¡Dejaste a Steve para intentarlo con Pepper! ¡Si mañana tenías una entrevista para dar información sobre tu boda!

-En realidad la entrevista era pasado mañana a las 12.00. Aprovecho para preguntar si desea que la cancele señor.- Habló de repente la voz de Jarvis en medio de aquel lío.

-Informa de toda mi supuesta agenda a Scott y que él se encargue de todo.- Dijo como un auténtico responsable. Hogan pensaba en su cabeza en aquel pobre asistente.

-Bueno Happy me voy. Deséame suerte y recuérdame que la próxima vez que quiera fugarme no te avise con tiempo suficiente como para que irrumpas en mi casa a atrasarme.- Terminó con una sonrisa encantadora.

-No sé realmente cual es tu plan Tony, pero espero que te salga bien.

Tony le dio una última sonrisa radiante antes de salir de aquella casa a la que no pensaba volver a entrar. Ya había dejado órdenes de que se pusiera a la venta, que se vendiera como fuera, no quería seguir conservándola, no quería dar ni una mínima impresión de que su relación con Pepper no había acabado, porque no era así.

Condujo lo más rápido que pudo, pero aún así el viaje se le hizo infinito, y en el trayecto de avión no pudo pegar ojo del nerviosismo. Mirando el cielo y las nubes a través de la ventana no era capaz de quitarse el rostro de Steve de su cabeza. Deseaba verlo cuanto antes. Ante todo debía pensar en un buen regalo de Navidad para Banner. Gracias a él se encontraba en ese avión con esperanzas y no ahogando sus penas con una botella de alcohol en aquel sofá color beige.

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Había sacado a relucir sus ya casi olvidadas dotes de acosador. Hacía tiempo que no se veía en la necesidad de ello simplemente. Pero ahora había vuelto. Sabía en qué hotel se iba a quedar Steve por los tres días que tenía pensado estar en Portofino. Había llegado apenas con unas horas de diferencia a aquel pueblo, y aunque tenía pensado ir a su habitación nada más llegar allí, se había visto a sí mismo en su propia casa pasando la noche, pensando en cómo ir a verlo sin que le recibiera con un portazo. Porque todo parecía muy bonito en su cabeza. En su mente Steve le acogía con los brazos abiertos, le declaraba amor eterno y follaban como animales sobre la cama de su hotel. Pero sabía que aquello se veía algo complicado tal y como estaban las cosas.

Por eso pasó esa primera noche alejado de él, dando vueltas al asunto. Se levantó al día siguiente con verdaderas esperanzas y fuerzas. Por la tarde salió de su casa para ir al hotel directamente, sin vacilar, con su característica actitud impulsiva y directa. Fue una sorpresa hasta para él encontrarse a sí mismo desviándose en su tan bien trazado camino a un lado del paseo marítimo, hacia la playa y el mar. Antes de darse cuenta estaba sentado en la arena con la vista hacia las pequeñas olas que chocaban contra la costa no muy lejos de él.

Qué hacía allí era algo que ni él mismo acababa de comprender. Toda su seguridad y su plan parecían haberse esfumado. Se pasó horas mirando a ese mar mientras pensaba en cómo enfrentar a Steve tras estar casi dos meses sin verse.

Veía cómo las olas chocaban una y otra vez contra la orilla sin poder evitarlo. Así se sentía él, impulsado una y otra vez hacia Steve, porque era con él con quien debía estar y no podía poner remedio a aquello. Entonces sonó su teléfono móvil. Lo cogió sin demasiado interés y observó el mensaje corto pero conciso de su asistente.

"La casa de Malibu acaba de ser vendida."

Al leer esas palabras se levantó al momento. Estaba allí por una razón. No podía quedarse como un idiota mirando al mar toda la vida.

Aún faltaba bastante para el atardecer cuando empezó a caminar nuevamente al hotel. Steve se iría al día siguiente. O iba entonces o no iría nunca. Y eso no era una opción, no podía ser una opción.

Parecía sentir fuerzas renovadas tras esas horas reposando en la playa para enfrentarse a cualquier cosa que le esperara. Entró al hall del hotel como si fuera amo y señor del lugar, se quitó las gafas de sol dando más dramatismo a su entrada triunfal si era posible y caminó con paso seguro hasta la recepción, donde una chica que parecía que le había reconocido sin problema le miraba embobada.

-Disculpe, ¿me podría decir la habitación en la que se aloja Steve Rogers si es tan amable?- Preguntó con el tono más agradable y atractivo que fue capaz de lograr.

-Pu-puedo llamarle si desea e informarle de su presencia señor, pero la política del hotel estipula que no puedo dar ese tipo de información a extraños.- Habló la chica sorprendentemente ágil. Tony esperaba una serie de balbuceos seguidos del número que esperaba saber.

-Lo comprendo, pero he venido a dar una sorpresa a mi amigo. Además, no soy un extraño. ¿No cree? Juraría que ha sido capaz de reconocerme en cuanto me ha visto.- Habló apoyándose sobre el mostrador, jugando con un pequeño bol vacío decorativo que se encontraba por allí. La chica no pudo hacer más que tragar saliva ante semejante escena.

-Anthony Stark.- Respondió con un deje de duda.

-Así es. Así que…-se fijó en la placa que llevaba sobre su pecho indicando su nombre.- Señorita Tina, ¿podría hacerme este favor y decirme dónde puedo encontrar a mi amigo?- Y finalizó con un guiño que supo que derretiría a la chica enfrente de él.

La muchacha pareció vacilar durante un instante antes de ser capaz de pronunciar palabra.

-No… no puedo decirle la habitación. Pero hace un momento vi pasar al señor Rogers hacia el bar del hotel con otro señor.- Dijo ella finalmente totalmente sonrojada.

Tony pensó en seguir insistiendo en saber el número de la habitación, pero el escuchar "otro señor" le cortó el flujo de pensamientos por un momento. Frunció el ceño ante aquella información durante un segundo antes de poner una sonrisa bastante falsa como agradecimiento a aquella pobre chica. Se giró apresurado siguiendo la señal que indicaba la dirección del famoso bar y empezó a caminar deprisa por el corto pasillo.

Al llegar a la entrada pudo distinguir perfectamente a Steve sentado en la barra, sobre un taburete rojo nada especial. Se quedó sin aliento al observarle, allí, tan cerca de él, a unos metros que podía romper con unos pasos más si lo deseaba. Y sin embargo se quedó quieto, incapaz de hacer movimiento alguno, una vez más in albis.

Fue el hecho de ver algo definitivamente horrible, lo que le hizo volver a la realidad, porque Steve no estaba solo.

Reía, sobre algún chiste que quizá habría hecho el otro tipo que se encontraba de espaldas a él en ese momento sobre otro taburete. ¿Qué le habría dicho para hacerle reír así? Aún desde la distancia pudo sentir que a pesar de la carcajada que parecía llenar aquella sala, él había escuchado risas más puras y sinceras en otro tiempo no muy lejano. Parecía alegre allí sentado, pero Tony podía ver más allá, Steve quizá no estaba tan bien como podía aparentar en ese momento.

Con esa especie de corazonada dio un paso hacia él antes de tener que volver a parar abruptamente. El tipo en cuestión, enfundado en traje negro y pelo moreno, acababa de inclinarse sobre él para susurrarle algo al oído. Pudo verlo un poco de perfil y así logró grabar el rostro de quien sería odiado por él a partir de ese mismo instante. Estaba ligando, el tío ese estaba ligando con Steve sin ningún decoro, pero lo peor era que Steve sonreía nuevamente ante lo que fuera que le hubiera dicho.

Se acercó un poco más sintiéndose camuflado por sus gafas de sol y el puñado de personas que parecía transitar por allí. Pudo ver cómo una mano estaba peligrosamente apoyada sobre la rodilla de Steve.

La sangre empezaba a hervirle, sentía la furia y la ira uniéndose a ese dolor que traía consigo desde que salió de su casa, una bonita combinación sin duda alguna. Pensaba intervenir con alguna frase ingeniosa cuando aquel hombre que merecía morir lenta y dolorosamente se atrevió a acercar su boca para darle un ligero beso en la comisura de los labios a su Capi.

Cualquier plan de intervención pareció borrarse de su consciencia y caminó apresurado hacia ellos sin saber exactamente qué era lo que pensaba hacer, solo sabía que tenía que actuar deprisa, antes de que aquel hombre trajeado se atreviera a acercarse un milímetro más a lo que él consideraba de su exclusiva propiedad. Mentalidad de persona infantil.

Steve le vio acercarse y pudo ver en su rostro cierta confusión al casi reconocerle. Las gafas de sol parecían hacer su trabajo. Dio un par de golpecitos en la espalda de aquel tipo. El hombre se giró hacia él intrigado mientras que Steve, gracias a Dios, había quedado tan impresionado con su aparición que no podía articular palabra.

-¿Le importaría levantarse caballero?- Preguntó cortés en su perfecto italiano para después quitarse las gafas con cierta tranquilidad y dejarlas sobre la barra.

-¿Se puede saber qué necesita?- Preguntó el tipo mientras se levantaba ante su cordial petición. Sin embargo, apenas había podido acabar su frase antes de recibir un puñetazo con toda la fuerza del gran Tony Stark sobre la cara.

-¡Aléjate de él!- Gritó como acompañamiento para su golpe al verlo trastabillar apoyándose sobre la barra de bar.

La gente que lo había visto soltó algún grito mientras el recién golpeado se apoyaba sobre la barra. Tony había creído que con aquel puñetazo se habría dado por satisfecho, pero realmente le apetecía darle uno más.

-¿Qué coño le pasa!- Gritó el hombre quitándose algo de sangre de la comisura de los labios mientras Steve parecía intentar ayudarlo a incorporarse. Ni una sola palabra había salido de sus labios aún.- ¿Lo conoces o qué?- Preguntó el tipo a Steve al observar el cruce de miradas que pareció realizarse entre ellos.

Steve no fue capaz de responder ante aquello, mientras que Tony simplemente se concentraba en retener su ira y sus ganas de pegarle otra hostia a aquel pobre hombre que había tenido muy mala suerte al ir a ligar con la persona de Iron Man.

-¿Qué mierda haces aquí?- Consiguió decir Steve mientras el camarero le tendía una toalla con agua para la herida del afectado.

El rostro de Tony pareció inmutable ante aquello.

-He venido para hablar contigo.- Dijo intentando no sonar ridículo tras lo que acababa de hacer, cosa difícil.

-Pegando a gente no es una buena forma de conseguirlo.- Respondió Steve con claro enfado en su mirada, haciendo que Tony vacilara en sus intenciones. ¿Debería simplemente salir corriendo de allí?

Gracias al cielo el hombre al que acababa de pegar pareció volver a la escena con renovadas fuerzas.

-Yo me largo.- Replicó antes de salir por aquella puerta mientras que alguien más del personal de hotel intentaba interesarse por su estado.

El ver que Steve no hacía nada por detenerlo hizo que Tony respirara algo más tranquilo. Aquello no era nada serio entonces.

-¿Quién era ese?- Preguntó Tony de repente ante el intento de silencio que quería instaurarse entre ellos.

-Nadie que te importe.

Justo después de que acabara de pronunciar aquello llegó más personal del hotel a saber qué era lo que había sucedido. Por suerte aquel hombre no era un huésped de allí, así que el encargado, al reconocerle como Anthony Stark prácticamente intentó disculparse por un altercado que él mismo había causado en primer lugar.

Steve pareció esperar tranquilo, de brazos cruzados, mientras que Tony hablaba con aquella gente explicándoles que todo había sido un malentendido y que quería pedir una habitación para quedarse allí esa noche. Era la única cosa que se le ocurría hacer en una situación así. Ya que había montado una escena, lo mínimo era pagar por una noche de habitación que no pensaba usar. Tenía que hablar con Steve como fuera.

Una vez logró librarse de toda esa gente, encaró su mirada a Steve, quien seguía allí apoyado, en la barra, algo alejado, esperando.

Tony se acercó algo dubitativo hasta él, con la mirada gacha, ahora con la mente más fría podía darse cuenta de lo estúpido que había podido resultar con esa entrada.

-Veo que no planeas irte, así que dime. ¿Qué has venido a hacer aquí?- Preguntó Steve con un tono distante y frío que golpeó a Tony hiriéndole en el alma. No estaba acostumbrado a esa frialdad viniendo de él.

-¿Podríamos hablarlo en tu habitación?- Preguntó en susurros al observar cómo la gente que seguía pululando por allí parecía pendiente de todo lo que hicieran.

Sintió como Steve quería simplemente mandarlo a la mierda allí mismo para después largarse sin mirar atrás, sin embargo, gracias a su naturaleza sosegada y racional, simplemente caminó hacia la puerta dejando implícito el hecho de que Tony podía seguirlo.

El trayecto hasta la habitación fue uno de los momentos más incómodos que Tony podría recordar nunca. Steve parecía actuar como si él no estuviera a su lado, mientras él contenía las ganas de tocarle, besarle o simplemente estar más cerca, él parecía si quiera inmutarse con su presencia a unos centímetros en el pequeño ascensor.

En la cuarta planta Steve caminó por el pasillo apresurado, sin preocuparse si Tony lo seguía o no. Sacó la tarjeta de su bolsillo y abrió la puerta, 404. Detrás de él entró algo inseguro Tony, asombrándose de su propio nerviosismo y preocupación. ¿Estaría el realmente tan enfadado que le echaría de allí en cuanto empezara a hablar?

Una vez dentro Steve parecía simplemente ignorar su presencia, colocó un par de cosas antes de sentarse sobre la cama para mirarle aún con una cara llena de rencor que parecía sacar el aire de los pulmones de Tony.

-¿Puedo sentarme?- Preguntó Tony haciendo referencia a una pequeña butaca que se encontraba no lejos de la cama. Tomó el silencio de Steve como un y se dejó caer sobre aquel asiento que no parecía del todo incómodo. Aquel hotel solo era de cuatro estrellas, un nivel muy bajo para lo que el gran Tony Stark estaba acostumbrado. Pasaron unos segundos antes de que fuera capaz de iniciar un intento de conversación, Steve no parecía dispuesto a dar el primer paso.

-¿Quién era ese tío al que he golpeado?- Preguntó intentando evitar el real motivo por el que había llegado allí, sin embargo, en cuanto pronunció las palabras, supo que aquel tampoco podía ser el mejor tema de conversación ese momento. El tiempo, solo tenía que haber hablado del tiempo.

La mirada gélida y llena de desprecio de Steve le llegó como una jarra de agua fría.

-Te vuelvo a repetir que no es de tu incumbencia.- Aunque al segundo Steve pareció arrepentirse un poco de su actitud, porque siguió hablando bajo la atenta mirada de Tony.- Se llama Noah, lo conocí esta mañana y le había invitado tomar algo.- Dijo finalmente acabando con una breve sonrisa desafiante.

Tony sabía que Steve estaba intentando molestarlo, y por supuesto lo había conseguido. Tragó saliva y se tensó al pensar de nuevo en aquel Noah.

-Dime Tony. ¿Qué mierdas haces aquí?- Preguntó nuevamente Steve con las mismas palabras que había utilizado minutos antes.

-Si dijera que me envía SHIELD no me creerías ¿verdad?- Respondió intentando dejar un indicio de humor que relajara ese ambiente cargado y agobiante.

-En serio Tony.

-Sí, supongo que esa excusa ya la usó alguien antes.- Y tras esa nueva acertada frase consiguió ahora una mirada de desdén. Él solito se la había buscado en realidad. Lo último que querría Steve sería que se burlara de él.

-Tony, créeme cuando te digo que realmente me estoy conteniendo para no echarte de una patada. ¿Qué haces aquí?- Steve se cruzó de brazos antes de echarle quizá la peor mirada de la noche.

El hombre de acero apartó la mirada de esos ojos que le miraban recriminatorios, buscando en su mente las palabras exactas que le hicieran conseguir que esos ojos azules le miraran con la misma amabilidad de hacía tiempo, como si una tarde entera mirando las olas no hubiera sido suficiente para aclarar sus pensamientos.

-He venido por ti.- Dejó caer con toda la seguridad que pudo, buscando su mirada. Pudo ver como una ceja rubia se alzaba ante aquella frase. No se lo esperaba quizá.

-No sé exactamente qué quieres decir con eso, pero si no me equivoco estás felizmente comprometido con la mujer de tu vida.- Replicó intentando aparentar que esas cuatro palabras salidas de los labios de Tony no le habían conmovido ni siquiera un poco.

-Eso está acabado. Todo está acabado en realidad. El compromiso, la relación con Pepper, de hecho esta tarde se ha vendido la casa.- Ahora sí que pudo ver como Steve parecía empezar a creer el hecho de que realmente él estaba allí por él, y sin embargo esa aura de odio no parecía abandonarlo.

-Entonces has dejado todo y has venido por mí hasta Portofino. ¿Con qué intención? ¿Qué quieres que te diga? ¿Que todo está bien y qué volvamos a casa? ¿Que con que le pegues un puñetazo al tío con el que estaba ligando veré cuanto me quieres y volveré contigo? ¿Es eso lo que pretendes?- Ahora estaba alterado. Bastante de hecho, había alzado la voz y se había inclinado sobre esa cama, adoptando una postura de defensa total. Por un momento Tony no supo qué responder a aquello.

-Ha pasado algo de tiempo. Pero sinceramente creo que realmente nunca debimos separarnos o…

-¿Debimos?-Dijo con sarcasmo.

-Tú fuiste el que hizo la maleta y se largó.- Al momento Tony se arrepintió de decir aquello con ese tono tan severo. De repente se había levantado de aquella butaca y se acercaba peligrosamente a Steve, quien no pudo ser menos y se levantó también.

-Recuerda porqué hice la maleta. Te morías por volver con ella y pretendías que me quedara viendo como te alejabas de mí a cada momento.- Steve entonces alzó un poco más la voz. Se acercó hasta él a medida que la discusión se acaloraba.

Tony podía sentir como el odio emanaba de él hasta golpearle. Le había hecho daño, como no se podía imaginar. Él era el causante de que el Steve bueno y amable hubiera desaparecido.

-Sé que decir un lo siento no arreglará nada pero…- Steve rio nervioso ante aquel inicio de frase haciendo que Tony se enfadara por su indiferencia.

-Sí Tony, lo sientes mucho, claro que lo sientes. Recuerda cuántas veces predije esto, que todo acabaría, que no era posible que tú y yo pudiéramos durar. Te lo dije una y mil veces y tú te sentías ofendido por mi desconfianza.

-Solo estaba confundido, te digo que lo siento. No supe elegir y…- Steve quiso volver a cortarlo, incapaz quizá de seguir oyendo a Tony diciendo más, porque se sentía capaz de flaquear en su postura.

-¡Confié en ti! ¡Me hiciste creer que, aunque no lo dijeras nunca, sentías algo por mí y sin embargo de repente un día vuelve Pepper y todo cambia! Lo arruinaste Tony. Tú lo arruinaste.- Terminó Steve incapaz de contener todo aquello, deseando recriminar aún más cosas.

-Te digo una vez más que lo siento. Estuve con ella mucho tiempo. Sabes lo que tuve con ella, casi nos casamos joder. Yo lo arruiné, pero tú no hiciste nada para evitarlo. Hiciste la maleta y te largaste ¡Lo que necesitaba en ese momento era que me pidieras que me quedara contigo! ¡Que me dijeras que si te dejaba cometería el error más grande de mi vida porque era de ti de quien estaba enamorado en realidad!- Acabó gritando, de hecho, hacía rato que ambos gritaban. Con esa última frase había podido notar como Steve por fin parecía bajar por un segundo su defensa y su postura de incomprensión hacia él.

Al momento Tony giró la vista avergonzado de lo que acababa de decir. De alguna manera había confirmado lo que siempre ambos habían sabido, que estaba irremediablemente enamorado de Steve, y sinceramente, no tenía planeado que la primera vez que lo reconociera en alto ante él fuera entre gritos de lo que sería la peor discusión que habrían podido tener nunca.

Pasaron los segundos sintiéndose como años. Ambos estaban realmente cerca, en aquella habitación más bien pequeña, donde ya era más que necesario encender alguna luz ya que el sol a cada minuto que pasaba se ocultaba un poco más.

-Eres un completo idiota… Siempre estás echando las culpas a los demás. Eres la persona más egoísta e infantil que he conocido en mi vida, un auténtico cabrón.- Habló Steve algo más tranquilo pero con su mirada de odio aún presente. Tony apretó los dientes intentando encajar los insultos, no podía seguir viendo esa mirada de rencor. Ya no sabía qué más decir y tampoco era capaz de soportar ver como Steve no parecía estar si quiera cerca de perdonarlo.

-Será mejor que me marche.- Dijo de repente. Necesitaba huir. No podía escuchar más. Le había gritado que le quería y él no parecía haberse inmutado apenas. Ya no tenía más que hacer allí entonces.

Se giró hacia la salida intentado apretar el paso. Tomó el manillar de la puerta y empezó a abrir cuando ésta se cerró de golpe. La mano de Steve descansaba cerca de su rostro, empujando la madera para que se mantuviera cerrada.

-No te irás. No ahora. Te pienso gritar todas esas cosas en este mismo momento.- Tragó saliva.- Quédate conmigo. Tal y como debiste hacer hace dos meses. Elígeme antes que a Pepper porque estás completamente enamorado de mí aunque te empeñes en ocultarlo.- Aunque había dicho que iba a gritárselo, su voz simplemente le llegó con algo más de intensidad de lo que sería un tono normal. No se giró en ningún momento, simplemente dejó que el aliento de Steve pronunciando aquello se colara por su cuello, estremeciéndole al instante.

Una vez terminó lo sintió acercarse, notó su cabeza descansar sobre su hombro, mientras el brazo que se encargaba de mantenerle encerrado allí le rodeaba la cintura.

-Pensé que realmente no vendrías por mí.- Susurró Steve en su oído con la voz algo quebrada.

Entonces no lo aguantó más y se giró para besarlo. Le había echado demasiado en falta, quizá por ello sus labios se sintieron más deseables que nunca. No podía creerse que había pasado tanto tiempo separado de él. Había sido un completo idiota por si quiera haber dudado. Quería seguir matándose mentalmente por su estupidez, pero las manos de Steve abrazándole y oprimiéndole contra la puerta con su cuerpo realmente no le dejaban pensar en nada más que no fuera él. Nunca, en toda su vida, había sentido alivio mayor que en ese momento, al sentir como no había perdido a Steve después de todo.

Era un beso salvaje, ardiente, uno que reflejaba el hecho de que habían pasado demasiado tiempo separados y que no debían volver a alejarse nunca.

Tony enredó sus manos por aquel pelo lacio mientras iba recordando segundo a segundo como eran los besos de Steve. Tuvo miedo de que se le hubiera podido olvidar cualquier mínimo detalle sobre su sabor, su olor o su tacto y entonces se prometió a sí mismo que nunca más lo dejaría bajo ninguna circunstancia.

Perdido en las reminiscencias de su cuerpo se vio siendo dirigido hacia aquella cama que hace unos minutos no le había parecido nada especial, en la que apenas había podido reparar y que ahora se le hacía como el sitio más perfecto del planeta. En ningún momento habían encendido luz alguna, así que cayeron sobre el colchón bajo la pequeña iluminación que dejaban los últimos rayos de sol de aquel día. En apenas unos minutos todo quedaría a oscuras.

Tony se dedicaba a besarle por todas partes, recordando su sabor en cada toque húmedo de sus labios. Bajó por su mandíbula, su cuello, su clavícula para volver a su boca y hablarle en susurros.

-Te he echado demasiado de menos.- Y volvía a besarle, sintiendo como el cuerpo de Steve se estremecía bajo el suyo propio, quizá por las palabras o por sus manos recorriendo su pecho, no acababa de saberlo y tampoco era algo demasiado relevante.

-Nunca más te dejaré ir.- Respondió Steve entre gemidos al sentir la lengua de Tony recorrerle el estómago hacia abajo. Las manos de Tony ya se habían encargado de desabrocharle el pantalón para liberar su erección de sus calzoncillos sin más dilación.

-Eso espero.- Dijo antes de pasar su lengua por todo su miembro consiguiendo un nuevo jadeo. A pesar de los dos meses sin haber hecho aquello, los gemidos de Steve le indicaban que no acababa de perder la práctica. Subía y bajaba su cabeza por aquella erección mientras no dejaba de masturbarle con su mano ni un solo segundo.

Se detuvo un momento para acabar de desnudarse mutuamente con manos nerviosas e incluso torpes por tanto tiempo sin estar con el otro. Tony volvió a dejar caer su boca sobre aquella erección, esta vez usando un par de dedos de su mano derecha para empezar a dilatar su entrada.

Realmente, viendo a Steve sobre aquella cama, totalmente expuesto, no era capaz de comprender cómo había sido capaz de pasar tanto tiempo sin él. Siguió introduciendo sus dedos, cada vez más deprisa, preparándolo. Abandonó finalmente su erección para depositar un beso allí. Aunque al segundo empezó a mover su lengua, introduciéndola poco a poco y arrancando nuevos gemidos de placer.

-Tony por Dios…- Le escuchó rogar. Y no necesitó más para parar abruptamente y encargarse de dirigirse a su entrada.

Apoyó sus brazos a ambos lados de la cara de Steve y empezó a introducirse lentamente, recordando la calidez que se sentía al estar dentro de él. Apoyó su frente un momento sobre la suya y aguantó la respiración.

-Te quiero.- Susurró Tony sorprendiéndose a sí mismo. Al tener los ojos cerrados no pudo ver qué tipo de expresión puso Steve al oír aquello, de hecho, ni siquiera estaba seguro de que hubiera podido escucharlo. Sin embargo, pudo sentir como sus fuertes brazos pasaban por su espalda para acercarle aún más a él.

-Y yo a ti.

La sensación que le recorrió el cuerpo al escucharle decir aquello era indescriptible. Nunca pensó que pudiera llegar a alcanzar aquel grado de felicidad y alivio al escuchar a alguien corresponderlo. Se sintió como un completo idiota por no haberlo dicho mucho antes. Y una vez más aquella noche, se prometió en su mente que jamás volvería a alejarse de él.

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Escuchó el rugido de una moto. Por ello empezó a abrir los ojos, encontrándose el sol de la mañana golpeándole en la cara. Por un momento pensó que estaba soñando, soñando con aquel día de hacía casi dos años donde había despertado con una nota y el sonido de una moto alejándose. Pero sin embargo, volvió a escuchar ese traqueteo de la moto arrancando. Totalmente asustado se giró para comprobar que Steve siguiera allí.

Verlo durmiendo a su lado nunca le hizo más feliz. Suspiró aliviado y volvió a recostarse sobre aquella cama dejando que el sueño le invadiera de nuevo. Esa noche no habían parado hasta bien entrada la madrugada, necesitaba descansar tras algo como aquello, y habiendo comprobado que él seguía a su lado se veía libre de seguir durmiendo un poco más.

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Steve despertó bastante tarde, cuando una empleada de la limpieza entró creyendo que no habría nadie y tuvo que irse pidiendo disculpas a cada paso que daba hacia la salida. Tony ni si quiera se había inmutado por aquello. Quizá realmente estaba cansado. Bueno, Tony no era un superhombre como él, al menos sin el traje claro.

Se quedó bastante rato observándolo dormir, con su boca entreabierta, su pelo negro desordenado y esa peculiar barba que parecía gustarle tanto. La discusión del día anterior no le acababa de dejar satisfecho. Decía que había dejado todo, pero las últimas noticias que había recibido era que el compromiso de Anthony Stark seguía hacia adelante. Rápidamente alejó sus dudas para recordar la noche anterior, con Tony diciéndole todo aquello que siempre había esperado.

No pudo resistir la tentación y pasó su mano por su pelo, intentando peinar aquel desastre. Después le acarició el rostro y ya finalmente, Tony por fin pareció dar señales de despertar.

Cuando le sintió abrir los ojos finalmente le susurró un "buenos días".

-Buenos días.- Respondió Tony restregándose los ojos y dando un ligero bostezo. Steve al momento se acercó a él bajo la sábana para depositar un suave beso en sus labios.- Escuché una moto esta mañana y pensé que ya te habías largado dejando alguna nota.

Steve sonrió divertido, sin saber que esa sonrisa había dado de más en el corazón de Stark.

-Como si fuera a largarme ahora.- Respondió entretenido.

-Sé que supuestamente te vas esta noche. Pero creo que podríamos quedarnos aquí algunos días más. Tengo la mansión aún, y realmente merecemos un descanso.- Dijo abrazándolo para así asegurarse la respuesta que esperaba.

-¿Cómo sabes tanto?

-Banner.- Respondió sin más. No pensaba que le importara ya ahora a Steve todo ese loco plan.

-Cómo no… Por eso insistía tanto en que viniera.

-Es un buen amigo.

-Eso no lo niego.- Rio.

-¿Te quedarás?- Steve sentía que todo estaba más que aclarado, por eso le sorprendió ese deje de incertidumbre en el rostro de Tony al preguntarle. ¿Realmente pensaba que era capaz de largarse en ese momento?

-Claro que me quedaré. De hecho ahora mismo nos damos una ducha, vamos a comer a algún lado y cojo mis cosas para llevarlas a la mansión.- Respondió consiguiendo quitar al momento esa mirada preocupada de Tony. Realmente parecía que pensaba que en cualquier instante Steve se iría. Quizá no podía culparle. La última vez que estuvieron en Portofino fue eso exactamente lo que pasó.

-Parece que tienes todo planeado.- Dijo Tony entonces sonriéndole somnoliento, parecía que aún no acababa de despertar del todo.

Y Steve sonrió irónico. No, no tenía nada planeado. Realmente no sabía ni cómo había llegado a estar en esa cama desnudo otra vez con Tony, mucho menos iba a tener un plan sobre qué hacer ahora. Ducharse, desayunar… ¿Y luego qué? ¿Volverían a Nueva York? ¿Retomarían las obras de la casa que estaban construyendo en Malibu?

Demasiadas cosas por verse que podían resultar un quebradero de cabeza para cualquier persona, pero para Steve, quien miraba a Tony ligeramente tapado por esas sábanas blancas aún con la cara de querer dormir un poco más, esas preguntas estaban vacías.

No tenía un plan, y sin embargo el verle a su lado allí, con la promesa de que no volverían a separarse, hacía que no necesitara ninguno.

-Tony, te quiero.- Dijo de repente. Tony pareció despertar por fin y lo miró vergonzosamente sonrojado.

-¿Por qué dices eso ahora!- Dijo casi gritando por la impresión, Steve sin embargo mantuvo su sonrisa serena, divirtiéndose por su reacción.

-Nada en especial.

-Idiota. Vamos a la ducha.- Dijo antes de levantarse de la cama demasiado deprisa y nervioso en dirección al baño

Steve desde la cama se quitó las sábanas de encima para ir detrás de él cuando lo vio pararse abruptamente.

-Oye, yo también.- Lo escuchó hablar antes de levantarse. Nada más pronunciar aquellas palabras Tony se había metido corriendo al baño dejando la puerta abierta. Aunque no se había girado para decírselo pudo imaginar qué tipo de expresión estaría poniendo en ese momento.

No pudo evitar soltar una pequeña risa divertida antes de caminar hacia aquella ducha. Definitivamente no necesitaba un plan mientras Tony le quisiera.

FIN

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Y esto es el final! Dios qué triste todo. Antes que nada PERDÓN! Perdón por tardar tanto! Soy horrosamente horrorosa y merezco que alguien me mate a palos por tardar un mes en subir el final… ¿Mis excusas? Las de siempre: universidad, trabajo, banda con concierto a la vista, me metí a un blog como traductora de manga… Hago demasiadas cosas… u.u"

En cualquier caso, cosas que decir. Ya avisé que habría un epílogo, pensaba subirlo aquí mismo, pero se alargó, y luego se me ocurrió una cosa con el Señor Guantes y bueno, ya dije que no tenía las cosas claras… Resumiendo, habrá dos epílogos. Uno muy corto de apenas 2.000 palabras sobre el gato de Steve y otro ya más largo con cosas bonitas y romanticosas del Capi y Tony .!

El primero lo subiré en un par de días y el segundo en semana y media como mucho. Uno de los motivos de que haya tardado tanto en subir esto era porque quería tener los epílogos medio listos antes de hacer nada xD

Y bueno nada más. Mil gracias por haber llegado a lo que es el final de este fic, un final quizá demasiado cursi debo decir xD Aún nos quedan los epílogos, así que no estoy demasiado triste, todavía. Me reservaré mi discurso final para el último epílogo xDD

Nos vemos! ^.^

PD.

Jenn: Gracias por el review! Sí, la verdad es que Bruce es un personaje totalmente adorable y nos viene muy bien a todos para que ayude a que Steve y Tony estén juntos. Y en lo del palo a Steve no eres la única. Yo también lo odio mucho. Pero hay que entender que no todas las personas derrochan carisma y seguridad como Tony, además de que Steve siempre pensó que la relación que tenían era temporal. Era una idea que no se quitaba de la cabeza, y el ver como finalmente Tony se iba con Pepper le hizo creer que el final que siempre esperaba había llegado, por lo que lo mejor era quitarse de en medio.

Menos mal que Tony ha podido darse cuenta a tiempo de lo que debía hacer y Steve por fin pudo creer que realmente Tony le quería a él xD

Nos leemos pronto! Besos!