EPÍLOGO I – La aventura del Señor Guantes
Me llamo Señor Guantes y soy un gato especialmente hermoso y adorable. Mi humano asignado en este mundo es Steve Rogers, aunque ya hace tiempo que Tony Stark viene encargándose de mí también.
Steve siempre ha sido muy bueno conmigo, realmente estaba agradecido de mi suerte al tenerle a él como siervo. Me acariciaba todo el tiempo, se encargaba de que no tuviera hambre o frío, jugaba conmigo… Pero entonces llegó la tragedia. Ese idiota de Tony Stark tuvo que aparecer para apartar de mi lado a Steve y quedarse con la gran mayoría de su tiempo.
Disfruté mucho viéndole la cara de envidia cada vez que llegaba a casa y era yo quien estaba en el regazo de Steve en vez de él. Por supuesto el arañar sus caros sofás y destrozar ciertas cosas de no sé cuánto valor también me hicieron sentir muy bien. Aunque ahora en realidad lo tolero bastante. El hecho de que me compre juguetes nuevos y comidas de distintos tipos y sabores (cada una mejor que la anterior), ha hecho que le tome cierto aprecio. Así que le dejo servirme sin molestarlo mucho.
He tenido una vida realmente dura por tener que estar cuidando de estos dos humanos. Primero tuve que aguantar una mudanza, que aunque el piso este es realmente mejor, a nadie le gustan los cambios repentinos. Una vez que ya estaba acostumbrado a esta casa, van esos dos y discuten, y vuelta al piso horroroso de Steve, donde además empezaron a aparecer una serie de personas que no me caían nada bien. Creo que llegué a echar de menos al inútil de Tony.
Luego Steve se fue de viaje y me dejó al cuidado de Amy, ella me cae bastante bien, así que tampoco me sentí muy abandonado. Pero cuando volvió, de repente me encontré con la "¡oh sorpresa!" de que Tony y él volvían a vivir juntos. Así que tuve que hacer frente a una nueva mudanza donde perdí mi ratón de goma favorito. Eso es algo que nunca perdonaré.
Después de todas estas desventuras, mi vida últimamente ha consistido en recibir cariño, comer y dormir. Podría parecer que todo es perfecto, pero esta tranquilidad que tengo ahora conmigo me parece que está a punto de ser perturbada.
Ahora mismo me encuentro tumbado en una mesilla. Es un sitio estratégico, desde aquí puedo ver perfectamente toda la sala, la cocina y parte del pasillo, y el panorama que adorna este piso de Nueva York no me gusta nada.
Hay muchas cajas, demasiadas, y sé lo que esto significa. Mudanza. La desgracia parece perseguirme por donde quiera que vaya.
-Tony, ¿se puede saber dónde mierda has dejado las llaves de mi moto?- Dice Steve con el ceño fruncido mientras entra al salón. Parece realmente enfadado. Mueve cajas muy pesadas como si fueran hojas de papel, arrastra el sofá, levanta la alfombra… No parece que encuentre sus llaves.
-¡Y yo que sé! ¡Son tus jodidas llaves!- Grita Tony desde la habitación seguramente. También parece enfadado.
Odio este ambiente. Las mudanzas son algo horrible. Todo el mundo está enfadado, todo se pierde… y esta vez ni si quiera sé a dónde vamos. Realmente mi destino esta maldito.
-Te pedí que las dejaras en la mesilla cuando te vi con ellas en la mano haciendo el idiota. Y ahora no están por ningún lado.
De repente aparece Tony desde la habitación, también con el semblante serio. En cualquier momento estallará una nueva pelea.
-¿Has mirado debajo de Guantes? La última vez él estaba encima de mis llaves.- Señor, es Señor Guantes para ti. De verdad que a veces odio a este humano.
Steve se acerca hasta mí y con cuidado me levanta para mirar debajo de cuerpo. Yo le miro con desprecio, pero de alguna forma me gusta que me coja. Me ha tenido un poco abandonado desde que empezara este infierno.
Al no encontrar nada vuelve a dejarme en mi sitio y mira a Tony increpante.
-Pues no lo sé Steve. Ya ando bastante preocupado de mis propias historias. Esta tarde debemos mandar la última tanda de cosas a la mansión. Mañana ya sabes que tendré que estar a otros problemas de la empresa.
-Deja de meterme prisa. Tú has perdido las llaves. Nunca debí dejarte coger mi moto.
Todavía no se están gritando, pero en cualquier momento empezarán. Así que de un salto me encuentro en el suelo huyendo hacia la habitación, quizá allí pueda encontrar un poco de paz en esta casa de locos. Una siesta me vendría bien. Pero al llegar a la habitación me acuerdo de que mi cama, mi adorada cama, está empaquetada desde hace rato… Estúpida mudanza.
Me subo a la cama de los humanos y tras pasear un poco sobre las sábanas y las mantas arrugadas decido tumbarme. Es entonces cuando noto las llaves que están rompiendo la paz del hogar.
¿¡Cómo no se han dado cuenta de que están aquí!?
Ahora debo buscar una forma de llevárselas antes de que destruyan algo con su discusión. Definitivamente estos dos no podrían vivir sin mí.
-No es por meterte prisa Steve. Pero esta noche me gustaría que cenáramos en nuestro perfecto sofá nuevo de nuestra perfecta nueva casa, así que ¿podrías seguir guardando cosas en vez de hacer nada?- Dice Tony con un retintín que sé que enerva a Steve. Les oigo desde aquí, realmente se van a matar.
-¿Hacer nada? Busco las llaves que tú has perdido Tony.
-Yo no he perdido nada. Las habrá tirado Guantes. A ese gato le encanta tirar cosas.- ¡Señor! ¡es Señor! Yo intentando ayudarle y él venga a insultarme. Humano desagradecido…
-Sí claro, echemos la culpa al pobre animal que no puede hablar para defenderse. Y si vamos tan atrasados con la mudanza es porque tú has tardado años en elegir qué llevas y que dejas de llevar de toda tu mierda que tienes en ese laboratorio.
-Mi mierda ha ayudado a salvar el mundo en numerosas ocasiones. Un poco de respeto.
Ellos siguen discutiendo mientras yo sigo mirando las llaves. ¿Podría cogerlas con la boca? Lo intento, pero pesan demasiado. Supongo que entonces solo debería ir arrastrándolas.
Le doy unos golpes al llavero hasta que consigo tirarlo de la cama. Espero que el ruido les atraiga y así me evite el arrastrarlas hasta la sala, pero no oyen nada más que sus propios gritos. Me resigno a mi tarea y empiezo a darles con mi pata hacia la puerta.
Entonces escucho pasos pesados acercándose y me quedo expectante.
-¡Pues por mí perfecto! ¡Tira todas las jodidas cacerolas!- Grita Tony antes de dar un portazo. Yo lo miro desde el suelo estupefacto. Creo que me he perdido un trozo de conversación… De verdad que no entiendo por qué tanta tensión.
Tony pasa de largo y ni si quiera ve las llaves antes de tirarse en la cama dando un suspiro de cansancio. Solo tiene que mirarme y podrá ver las llaves para acabar con esta discusión. Al menos hasta que llegue la siguiente.
Maúllo un poco a ver si me hace caso.
-Guantes no estoy de humor.- Dice cansado. Es Señor Guantes… Dios si no fuera por Steve dejaba que te deprimieras para siempre en esa cama. Sigo maullando hasta que finalmente se incorpora para mirarme. –Guantes por favor podrías… ¡las llaves!- Grita dando un salto de la cama para cogerlas.
Al momento sale de la habitación sin gracias ni nada. No sé ni para qué me molesto. Los escucho medio reconciliarse, pero ya no me importa, yo solo quiero mi ansiada siesta. Vuelvo a subirme a la cama y me dejo ir por el sueño. Ya cuando despierte me seguiré enfrentando a los problemas que presenta el vivir con esos dos.
Cuando despierto estoy en un sitio muy distinto. Es un sofá, un sofá marrón, muy suave, realmente cómodo. Intento espabilarme, realmente me siento atontado. ¿Qué ha pasado?
De repente Steve está a mi lado acariciándome, parece algo preocupado.
-Parece que ya despierta. ¿Ves? Te dije que estaría bien.
-Lo sé. Sé que no había otra opción pero igual me preocupo. Señor Guantes, ¿estás bien?- Me pregunta Steve, yo aún no soy capaz de moverme.
Poco a poco empiezo a desperezarme, vuelvo a sentir que soy dueño de mi cuerpo y me levanto en ese sofá que no reconozco. Miro un poco alrededor. Esta no es mi casa. Y de repente comprendo.
Los muy hijos de… ¡me han drogado para traerme a la nueva casa! Muy bonito todo. Sí, sé que me pongo nervioso con viajes en coche y que esta vez algo como un avión podría matarme de un infarto… pero que me droguen sin avisarme no es algo que me entusiasme.
Intento mirarlos con desdén y me bajo de ese sofá, parece que todavía no estoy muy bien porque me tropiezo un poco. Al momento Steve me toma entre sus brazos. Estoy enfadado con él, pero supongo que no soy capaz de quejarme por el suave toque de sus manos.
-Venga Señor Guantes, te enseñaré la casa.- Dice Steve con una voz muy dulce, realmente es difícil odiarlo. Tony por su parte solo me mira con esa mirada llena de celos. Adoro esa mirada. Sé que Steve a él no le habla así tan a menudo.
En cuanto se da la vuelta veo el paraíso.
-Mira lo que ha decidido comprarte Tony, dice que así no nos odiarás tanto por mudarnos y hacerte acostumbrarte a un lugar nuevo.
Si ya no estoy drogado y esto no es una alucinación, lo que estoy viendo es ¡una casa de juegos para gatos! Los había visto por la tele, pero nunca pensé que podrían regalarme algo así. Tiene palos para afilarme las uñas, un montón de niveles, cuerdas… es simplemente perfecto. Realmente quiero saltar de los brazos de Steve para poder irme a jugar, pero estoy aún cansado, así que solo puedo imaginar todas las cosas que haré una vez esté totalmente bien.
De repente puede que Tony merezca parte de mi cariño si es que ese regalo ha sido idea suya. Quizá le permita empezar a llamarme Guantes a secas…
Steve entonces vuelve al sofá conmigo en brazos y se sienta al lado de Tony.
-¿Crees que le gustará?- Pregunta Tony. ¡Pues claro que me encanta!
-Yo creo que sí. Espera a que se recupere un poco. Parece que aún está algo atontado.- Steve sigue acariciándome y yo empiezo a ronronear como muestra de agradecimiento. Tony también pasa una mano por mi cabeza que no me disgusta. Les escucho besarse, por fin se ha acabado todo ese ambiento tenso donde parece que cualquier momento se tirarían platos a la cabeza.
Entre caricias me quedo dormido otra vez. Creo que la nueva casa me gustará.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Antes que nada perdooooooón! Tardé demasiado lo sé. Soy horrorosa y merezco una muerta lenta y dolorosa.
Qué puedo dar como excusa… exámenes finales, trabajo, actuaciones… Todo muy horroroso. No me odiéis por favor. Realmente quería tener listo el epílogo final antes de subir este.
Para que no me odiéis demasiado voy a subir el epílogo II como mucho muchísimo en un par de días. Son algo así como 8000 palabras y ya solo me falta releerlo para ver que no haya ningún error. Sé que después de tanto tiempo algo tan corto como esto debe ser algo un poco petardo, pero esta vez sí que sí pasarán solo dos días. De hecho lo juro por mi gato Nowaki! O incluso puede que lo suba hoy o mañana. Todo depende.
Y sobre este epílogo… creo que todo esto ha sido una total ida de olla. Yo soy bastante friki de manga y anime y bueno, sigo unas novelas (tras una serie de eventos ahora las traduzco xDD) de una mangaka de yaoi bastante conocida donde el gato del personaje principal se presentaba y hablaba un poco sobre su amo y su situación. El caso es que obviamente no me pude resistir a hacer algo así con el Señor Guantes xDD
Las novelas por si le interesan a alguien se llaman "Yokozawa Takafumi no baai" de Shinguku Nakamura (la autora de los mangas Junjou Romantica y Sekaiichi Hatsukoi.) Y por supuesto os recomiendo leerlas en el blog de Amaichudoku, donde ahora nos estamos poniendo al día en su traducción.
En fin, nos vemos en el epílogo II y ya final.
Saludos!
Jenn: Hallo! Muchas gracias por el review! Tony y Steve tenían que estar juntos sí o sí. Y sí, traduzco del inglés al español. Ojalá supiera japonés, pero apenas lo entiendo medianamente, así que nada de escrito xD Espero que este epílogo te haya gustado y confío en el que el segundo te guste. Besos!
