Epílogo II – Otro cumpleaños

Era el cumpleaños de Steve y por ello Tony había organizado un plan perfecto en su mente para hacer de ese día uno realmente especial. Para empezar, lo pasarían en Nueva York. Sabía cuanto adoraba Steve esa ciudad y realmente hacía bastante tiempo que él mismo no iba. Así que como había caído en fin de semana, el día anterior habían cogido un vuelo directo junto con Guantes para pasar la noche ya en aquel ático de la torre Stark. Ese perfecto sábado empezaría con el desayuno.

-Recuérdame por qué estoy haciendo esto.- Dijo Steve con un tono claramente avergonzado desde el otro lado de la puerta. Tony estaba sentado en uno de los taburetes de la cocina esperando expectante.

-Porque perdiste una apuesta.

-¡Estaba totalmente borracho!

-Ese no es mi problema. Una promesa es una promesa.

-Además justo hoy es mi cumpleaños…

-Deja de intentar darme pena porque no lo vas a conseguir y sal de una vez. No puedo aguantarme las ganas de verte con mi regalo puesto.

La puerta poco a poco fue abriéndose, dejando ver el rostro sonrojado de Steve.

-Esto podría denominarse acoso…- Dejó caer como último intento de librarse de su fatal destino antes de salir completamente de la habitación.

Allí estaba él, desnudo, con una mirada llena de vergüenza y un delantal negro como única prenda, el cual era el regalo de Tony para el cumpleaños de Steve.

-Dios, esa botella de alcohol definitivamente fue mi mejor creación.- Olvidaba completamente que Bruce le ayudó bastante en ese invento.- ¿Te ha gustado mi regalo?

Steve ni siquiera se dignó a responder y caminó con solemnidad hasta la cocina, tratando de mantener la calma. Sobra decir que Tony rápidamente dirigió su vista hacia su culo sin ningún tipo de decoro. Realmente agradecía en su mente a ese "Tony del pasado" que había tenido la fantástica idea de hacer algo como alcohol para tumbar hasta al mismísimo Capitán América.

Había pasado hacía apenas un par de meses. Debido a la inauguración de su nueva Mansión ya totalmente lista y arreglada habían decidido dar una fiesta, a la que por supuesto asistieron sus escasos amigos cercanos. Esa noche pensó que sería el momento perfecto para sacar su nueva bebida para Steve, aquella que había estado desarrollando con la ayuda de algunas video-llamadas con Banner.

Se había dado cuenta de que el hecho de no poder emborracharse era algo que realmente entristecía un poco a Steve. No es como si él quisiera volverse un alcohólico de repente, pero ya de joven había sido un buen chico y nunca llegó a saber lo que era perder la memoria de tanto beber.

Así que esa noche sacó su nuevo invento, y con cierto reparo Steve tomó una copa. A esa copa le siguió otra más y después, en algún momento, la botella estaba vacía.

El propio Tony recordaba la noche bastante confusa dado que él mismo había bebido bastante. Bruce parecía intentar controlarse, pero también estaba "contento". La única que había parecido mantener la compostura había sido Natasha, quien se dedicaba a controlar a un muy perdido Clint. Y aunque Happy, James y Scott (con quien últimamente había llegado a una relación como de amistad), también habían ido a esa pequeña fiesta, decidieron marcharse pronto, cada uno dando una excusa distinta.

Tony sabía que no querrían estar cerca cuando los Vengadores estuvieran totalmente fuera de sí. Algo bastante comprensible teniendo en cuenta cómo había acabado la noche.

-¡Y yo te digo que soy capaz de levantar la Estatua de la Libertad con un solo brazo!- Gritó Steve con una mirada de decisión algo difuminada por el alcohol. Estaba tambaleándose sobre sus pies, dando una imagen muy poco digna de lo que era un icono mundial.

-Ni de coña. Es que ni de coña.- Respondió Clint entre risillas desde el sofá.

-Soy el jodido Capitán América, seguro que puedo hacerlo. ¿Tú qué opinas Bruce?- Gritó Steve girándose con un tambaleo que casi lo hace acabar sobre esa mesilla del salón.

Bruce se encontraba tirado en uno de los sofás con un enorme cubo delante de la cara. Él ya parecía estar en esa fase de la borrachera donde uno se da cuenta de que quizá ha bebido un poco de más. Por supuesto ni se molestó en intentar responder.

Fue entonces cuando Tony, tras dar un trago más a su propia botella de ginebra, así, a palo seco, decidió levantarse de su sitio.

-Te amo de verdad Steve, pero no hay forma alguna de que seas capaz de hacer algo así.- Replicó con una sonrisa burlesca.

Steve pareció tomarse su frase como un verdadero insulto y se acercó hasta él tras dar un ligero tropiezo que casi le hace darse de bocas contra el suelo.

-Retira eso Stark.

-¿El qué? ¿Que te amo?- Tony, quien era el segundo en la lista de gente que "aún era consciente de sus actos" (la primera era Natasha), quería a provecharse de su situación. Sobre todo porque sabía que pasaría mucho tiempo antes de que Steve volviera emborracharse así.

-¡Sí! Quiero decir… ¡No!, joder… estúpido Stark y tus artimañas… ¡Lo otro! ¡Me refiero a lo otro!

-Steve, no hay forma de que puedas hacer algo así. Estás borracho y es normal decir estupideces.

Tony no sabía si serviría de algo intentar razonar con él, pero por intentarlo no perdía nada. De reojo vio como la Viuda Negra no dejaba de reírse desde su asiento en el sofá.

-Primero, no estoy borracho.- La carcajada de Clint resonó por toda aquella sala ante aquella declaración.- Y segundo. Juro ahora por Dios, por América y por mi querido Señor Guantes, que si no soy capaz de levantar la Estatua de la Libertad con este brazo- levantó su brazo derecho- te haré el desayuno totalmente desnudo con solo un delantal, como siempre has querido, en el día de mi cumpleaños.

Para lo absurdamente borracho que estaba no se había trabado casi nada al decir todo aquello. Tony abrió de más los ojos ante aquella declaración y soltó por fin una carcajada. Clint se descojonaba en el sofá mientras Natasha solo mantenía esa sonrisa de superioridad ante la situación.

-Señores, creo que nos vamos a dar un paseo por Nueva York ahora mismo.- Dijo Tony antes de caminar hacia el sótano seguido por todos. Bueno, en realidad Bruce se quedó vomitando sobre el sofá alegando algo así como que cuidaría de Guantes.

El resto era algo borroso. Recordaba haber dado trajes de metal a Clint, Natasha y Steve y haberlos programado para llevarlos hasta Nueva York, exactamente hasta la emblemática estatua.

Por supuesto había un dispositivo de seguridad alrededor de toda aquella isla que avisaba al momento al gobierno si algo extraño sucedía alrededor, y por supuesto, el hecho de que cuatro personas enlatadas se aparecieran allí era algo digno de comentar con las fuerzas del Estado.

Sabía que les había dado tiempo a aterrizar y a caminar hasta la Estatua. De hecho Steve, antes de casi caerse al suelo dos veces seguidas, había logrado llegar hasta su objetivo, pero cuando parecía que realmente iba a intentar su tan estúpida idea, empezó a aparecer una ingente cantidad de helicópteros y demás objetos voladores de SHIELD.

El propio Fury había llegado hasta allí para detener aquella locura. Sobra decir que la cara que se le quedó al agente fue más que épica por encontrarlos a todos en tal estado. Escuchó cómo mientras regañaba a Natasha por no haber intentado detener aquello, ella se reía a cada segundo tímidamente. Quizá no estaba tan sobria como había pensado.

Había ido bebiendo aún más ginebra en el camino de vuelta, así que después de que varios agentes los dejaran en su casa no había recordado mucho más.

Pero por supuesto, las palabras de Steve prometiéndole algo como prepararle un desayuno sin ropa no se le habían olvidado y gracias al cielo él también, para su desgracia, recordaba haber dicho todo aquello. Y si no siempre estaban las cámaras de su casa para comprobar los hechos.

Así pues, ese ansiado día había llegado, y aunque había tenido que insistir bastante para que Steve aceptara cumplir su promesa, por fin lo había convencido.

Así que allí estaba Steve, de espaldas a él, sacando una fuente de una de las alacenas para empezar lo que sería sin duda la masa de las tortitas. No hacía falta ni que le preguntara.

-Espera, no cojas la batidora.- Dijo de repente cuando vio a Steve moverse hacia ella.

-¿Y con qué se supone que batiré lo ingredientes si no es con la batidora?- Preguntó Steve aún con un sonrojo en el rostro. Era endemoniadamente adorable y en esa situación, a Tony le costaba recordar qué era lo que quería.

-Usa las barillas.

-Tardaré una eternidad…

-Ese es el punto.- Y terminó por supuesto con una sonrisa apoyando su cara en una de sus manos sobre la mesa.

-Pervertido de mierda.- Dijo antes de pasar olímpicamente de él y coger la batidora. Tony tan solo pudo sentirse decepcionado un segundo antes de volver a perderse en el cuerpo de Steve. Qué más daba como hiciera las tortitas, disfrutaría de aquel desayuno todo lo que pudiera.

Aunque apenas había Steve comenzado con todo aquello cuando Tony se dio cuenta de que estaba más duro que una piedra. Realmente sentía que podría disfrutar de algo como aquello todas las mañanas de su vida.

De repente, cuando vio a Steve estirarse para tomar de uno de los armarios superiores la harina, se olvidó de toda la apuesta y se bajó del taburete para ir hasta Steve y tomarle la mano con la que había estado sujetando la harina hasta que él la hizo caer.

-¿Pero qué…- Steve no alcanzó a acabar la frase porque Tony ya lo estaba besando sin siquiera importarle un mínimo el intento de tortitas de su novio.

La harina había caído quedando totalmente desperdigada por el suelo, por lo que Steve rápidamente se soltó para regañarlo.

-Joder Tony, que dentro de nada se supone que vienen Amy y Jason para comer con nosotros.- Dijo mirando al desperdicio del suelo, pero a Tony le importaba muy poco su queja.

Sí, en medio de su perfecto plan de pasar un día con Steve había tenido que aceptar el hecho de que tendrían que comer con Amy y su novio, al cual él aún no conocía.

-Cállate de una vez.- Le dijo de una forma demasiado dulce como para tomárselo a mal, y en un segundo Steve ya estaba sintiendo la fría encimera en su trasero por el hecho de estar siendo empujado contra ella por el abrazo de Tony.

-Pensé que querías que te hiciera el desayuno.- Dijo Steve burlón mientras Tony le miraba a los ojos un segundo antes de volver a besarle suavemente para responderle.

-No he podido contenerme.- Respondió de una forma demasiado seductora hasta para él.

Steve por su puesto, como siempre, se dejó ir por las egoístas y anárquicas decisiones del otro y volvió a dejarse besar.

En un momento Tony consiguió darle la vuelta haciendo que Steve se apoyara con sus manos en la encimera de granito, dándole así una posición perfecta.

Estaba seguro de que podría sentir su corazón latiendo desbocado en su espalda. No fue considerado, y mucho menos amable. Introdujo un par de dedos en su interior mientras que se iba desabrochando sus propios pantalones. Escuchaba los gemido del rubio instándole a continuar con aquello. En un segundo pareció recordar el romanticismo y tras dejar un reguero de besos por su espalda consiguió llegar hasta su oreja.

-Feliz cumpleaños Steve.- Dijo en un susurro. Realmente le habría gustado poder haber visto bien su cara tras decirle algo como eso, pero la respuesta que le dio fue más que suficiente para imaginarse cómo de sonrojado debía estar.

-Idiota, no es el momento.

En ese momento lo giró para poder ver ese rostro avergonzado.

-Eres increíblemente adorable.

-Y tú increíblemente gilipollas. Hacerme usar este delantal y…- Pero Tony no le dejó acabar la frase. En seguida le tomó el rostro entre sus manos para poder besarlo. Y después, sin dejar de mirarlo, empezó a deshacer el nudo de ese delantal que Steve parecía odiar más a cada segundo.

-Si tanto te molesta te lo quitaré.- Dijo antes de por fin retirarlo.- ¿Mejor así?

Steve sin embargo no pareció contento del todo.

-Eres un idiota.- Respondió intentando mantener un mínimo de dignidad. En ese momento Tony cayó de rodillas ante él sorprendiéndolo un poco por la rapidez del movimiento. Probablemente no se lo esperaba, al menos no aún.

Volvió a mirar el rostro avergonzado de Steve desde aquella perspectiva, sintiéndose de repente extrañamente nostálgico. Parecía que no importara cuantas veces hicieran eso que Steve seguiría sintiéndose nervioso e incluso algo inexperto. Algo que le parecía odiosamente adorable.

Llevó sus labios hasta la punta de aquella erección y dio un pequeño lametazo. Poco a poco fue chupando la punta, introduciéndosela cada vez un poco más profundamente dentro de su boca. Acabó con las preparaciones y por fin la tomó lo más profundo que pudo en su garganta. Otro gemido de Steve salió por aquello haciéndole querer tragarlo más profundo.

Así comenzó a mover su cabeza con rapidez mientras que volvía a llevar una de sus manos a su trasero para seguir introduciendo algunos de sus dedos.

-Tony joder…

Le escuchó susurrar entre jadeos. Pero él no iba a responderle, no en ese momento. Antes iba a acabar con aquello como fuera. Al fin y al cabo era su cumpleaños.

-Tony, voy a…

Aquel era el aviso que se suponía tenía que hacerle retroceder. Pero en cambio aceleró el ritmo, tanto de sus dedos en su interior como de su boca, y tras un último grito de su nombre empezó a sentir el sabor algo amargo del semen.

Siguió succionando hasta que notó que finalmente Steve acababa totalmente de correrse. Tenía al lado el fregadero y perfectamente podría haberlo escupido en un segundo, pero antes de darse cuenta se lo había tragado. No se sintió del todo asqueado, y al no tener que romper el momento al hacer algo como escupir, terminó de dar los últimos lametazos al pene ya visiblemente más calmado de Steve.

-Joder Tony, te lo has tragado…- Dijo Steve claramente avergonzado, aunque tampoco sonaba como si le hubiera molestado.

-Ni que fuera la primera vez.- Respondió mientras se levantaba, realmente estar de rodillas tanto rato cansaba.

-Pero esta vez ha sido deliberadamente.- Siguió el rubio.

Tony entonces alcanzó a darse cuenta de la situación. Tenía a un Steve post-orgásmico totalmente desnudo delante suyo mientras que él estaba completamente vestido y con su propia erección reclamándole.

-Lo que sea. Pero ahora vamos a la cama. Esto no ha acabado aquí.- Dijo con una última sonrisa que consiguió, si era posible, avergonzar aún más a Steve.

Lo tomó de la mano con quizá algo de delicadeza y lo arrastró de vuelta a ese dormitorio del que habían salido hacía muy poco.

Sin embargo la delicadeza se le olvidó al entrar en la habitación y lo tiró de forma algo brusca sobre la cama. Steve ahora se encontraba recostado en el colchón, mirando a Tony en frente de la cama, de pie y con los pantalones desabrochados.

La idea de Tony era lanzarse encima de Steve al momento, pero sin darse cuenta se había quedado mirándolo sobre ese colchón.

-¿A qué esperas?- Preguntó Steve mientras se acomodaba un poco entre las sábanas desordenadas de aquella cama.

Tony sonrió preguntándose cómo era posible que cada segundo que pasara a su lado pudiera llegar a tal grado de perfección.

Sin romper el contacto visual se quitó la camiseta para tirarla a un lado. Steve parecía mirarlo con renovado interés. Él también parecía estar disfrutando de aquella situación.

-¿Me estás haciendo un striptease?

-Puede ser. Es tu cumpleaños, ¿no?

Y por supuesto Steve dejó soltar una pequeña risa ante la respuesta.

-Tendrías que bailar. En los striptease se baila.

Y ahora fue el turno de Tony para reírse.

-Quizá para tu próximo cumpleaños prepare algo con baile, luces y pantalones que se quitan con un tirón… Pero por hoy tendrás que conformarte con que me quite la ropa de forma aburrida.- Y entonces se bajó los pantalones junto con sus calzoncillos. Steve desvió su vista directamente a su erección, haciendo que Tony de repente por fin se sintiera algo incómodo al ser observado de esa forma.

-Esto no es para nada aburrido.- Dijo Steve sonriendo.

Tony avanzó a gatas entre las sábanas para poder llegar nuevamente hasta él. En un segundo estaba otra vez sobre Steve, besándolo y tocándolo por todas partes, revolviendo su cabello, pasando sus manos por sus brazos, rozando su erección contra su pene que volvía a erguirse ante el tacto.

En un momento alargó una mano hasta la mesilla de noche para sacar un pequeño bote de lubricante. Tenía desperdigados botecitos como ese por toda aquella casa y por toda la mansión. Se embadurnó los dedos y volvió a llevarlos a la entrada algo dilatada de Steve.

Adoraba esos ligeros gemidos que dejaba escapar cuando sentía sus dedos moverse en su interior. Se preguntaba si sería consciente de hasta qué punto podían ponerle aquellos ruiditos que hacía.

Tras echar otra gran cantidad de lubricante sobre su erección, sin pensarlo demasiado comenzó a introducirse en su interior con una lentitud enloquecedora.

Las manos de Steve se agarraron a su espalda y escondió su rostro en su cuello para darle un ligero mordisco, lo que le hizo perder el control y acabar empujando sin ningún tipo de consideración. Ante tal golpe, Steve no logró evitar soltar un jadeo bastante más alto de lo que le hubiera gustado.

-Joder…- Susurró en el oído de Tony haciéndolo sentir quizá un poco culpable.

-Lo siento.- Dijo intentando no moverse hasta que se acostumbrara a tenerlo dentro.

-No te disculpes y muévete ya.- Y Tony realmente habría esperado a moverse si se lo hubiera pedido. Pero si era el mismo Steve el que le instaba a empezar con aquello de una vez entre gemidos, no habría voluntad que pudiera pararle.

Así comenzó a embestirlo una y otra vez mientras Steve se esforzaba por reprimir los jadeos y demás ruiditos demasiado vergonzosos como para que salieran de la boca del Capitán América.

-Quiero oírte.- Le susurró en un momento Tony haciendo que Steve lo mirara a los ojos con claro enfado. Si había algo que Steve odiaba de él era ese aura de pretensión que parecía acompañarlo en cualquier momento. Y con frases como aquella demostraba dicha característica.

Sin embargo, Steve pareció hacerle caso, porque de repente pudo empezar a escuchar todos esos sonidos que a oídos de Tony parecían pura música.

En un momento Tony paró y justo antes de que Steve empezara a pedirle explicaciones giró en la cama haciendo que Steve quedara encima suyo. Sabía que era el cumpleaños de Steve y todo eso, pero sin duda alguna aquella era una de sus posturas favoritas. Steve subiendo y bajando encima suya podía ser quizá su imagen preferida de él.

Steve pareció querer replicar algo, pero en cambio simplemente se colocó sobre él y empezó a mover sus caderas, buscando ahora él mismo el punto que tenía que golpear para volver a soltar todos aquellos sonidos que tanto adoraba Tony.

Él por su parte comenzó a masturbar la erección de Steve, sin perder detalle alguno de ese cuerpo moviéndose sobre él. Observó sus ojos entrecerrados, el pelo rubio desordenado del que caían algunas gotas de sudor, sus mejillas sonrojadas…

En un momento Steve empezó a ir aún más deprisa y Tony a su vez aceleró el movimiento de su mano. Apenas un segundo después Tony estaba corriéndose en su interior mientras Steve lo hacía en su mano, manchando sus cuerpos ya llenos por el sudor del esfuerzo. Steve terminó de moverse sobre él y al momento cayó sobre él en la cama.

-Joder… y solo son las once de la mañana…- Dijo Steve con la respiración agitada. Tony pasó sus brazos por la espalda de Steve y lo atrajo aún más hacia sí. Le dio un beso en la mejilla y entonces Steve por fin se hizo a un lado en la cama.

-Y yo creo que en diez minutos podríamos repetirlo.- Le dijo Tony girándose en el colchón para mirarlo con una sonrisa.

-¿Estás loco? Ya te he dicho que Amy y Jason vendrán a la una.

-Y son las once. Faltan dos horas.

-Hay que preparar la comida y… joder, deja algo para esta noche.

Steve ni siquiera se dignó a mirarlo y se quedó con la vista al techo. Realmente necesitaba recuperar el aliento.

Pero Tony no pensaba darse por vencido. Así que en un segundo estaba apoyado sobre su pecho, dando besos por su cuello, dirigiéndose a sus labios mientras pasaba su mano por su estómago, incitándole.

-Tony… en serio…

Y ahí estaba. Ese tono de "para de una vez porque al final te follo". Qué bien conocía Tony esa actitud en la voz de Steve. Unos cuantos besos más y estaría convencido.

-Nos dará tiempo de sobra. Venga, que se supone que eres un superhombre.

Lo besó una vez más en los labios y en el momento en que Steve lo empezó a corresponder, supo que estarían en aquella cama al menos durante una hora más.

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El haberse pasado tanto rato en la cama haciendo cosas indebidas había hecho que Steve corriera por la cocina intentando tener la comida lista, porque se negaba a encargar nada, cosa que Tony le había ofrecido más de una vez al verlo tan agobiado. Pero lo único que logró a cambio fue un grito para que recogiera la harina que había tirado. Sin embargo de alguna manera lograrían estar listos para cuando Amy y Jason llegaran.

Tony realmente no había estado muy conforme con eso de compartir el día del cumpleaños de Steve con alguien más. Pero por lo visto era una tradición, o algo así, el hecho de que Amy y Steve comieran juntos en su cumpleaños por no sé qué historia graciosa que le había contado Steve mil veces y que él no había escuchado bien realmente en ninguna ocasión.

Se molestó un poco al tener que salir de la cama tras una sesión de sexo por algo como una comida con quienes no eran realmente sus amigos, pero Steve se veía realmente emocionado por ver a Amy. Suponía que de verdad echaba de menos su relación de amistad con ella.

La puerta sonó y al momento Steve estuvo en ella abriendo y recibiendo un fuerte abrazo de Amy. La hizo girar en sus brazos para después darle un largo beso en la mejilla. De no haber sido porque el novio estaba detrás y porque sabía que Steve estaba perdidamente enamorado de él, se habría sentido celoso. Nah, qué narices, se sintió algo celoso igual. Odiaba que Steve tocara a cualquier persona que no fuera él. Pero aquello podía verse como algo obsesivo y manipulador, así que se limitó a sonreír ante aquella bonita muestra de afecto fraternal.

-Dios mío Steve. Hace una eternidad que no te veo.

-Lo sé, debería dejarme caer por Nueva York más a menudo.- Dijo antes de acercarse a Jason.- Buenas Jason.

Tony se había quedado realmente sorprendido al descubrir que por lo visto Amy había tenido novio todo ese tiempo. Él no había hablado realmente mucho con ella nunca y lo poco que sabía era por Steve. De hecho se suponía que Steve le había nombrado varias veces el hecho de que Amy tenía novio, pero él era incapaz de recordarlo. Quizá debía empezar a escucharlo con más atención, al final un día acabaría perdiéndose algo importante.

-Bueno creo que por fin te puedo presentar a Tony. Tony, este es Jason Adams, Jason, este es Tony Stark.

-Si bueno, no creo que sea realmente necesario presentar a alguien como él.- Dijo Jason a tipo de broma.

Tony sonrió por pura cortesía ante el comentario.

Entre historias banales de tal y cual cosa llegaron a la mesa y siguieron conversando. Jason había resultado ser un tipo realmente agradable y aunque le costara reconocer que había gente que podía ser realmente interesante en ese mundo, Jason parecía no disgustarle demasiado. Podría manejarlo en el futuro sin problemas. Seguía pensando en posibles futuras reuniones en las que tendría que lidiar con aquella pareja cuando algo de la conversación llamó su atención.

-Amy, ese anillo que llevas…- Dijo Steve de repente, haciéndole a él mismo fijarse en él.

-Sí, bueno, pensaba esperar un poco más para decírtelo. Es tu cumpleaños y no querría quitarte protagonismo…- Dijo ella algo sonrojada mientras automáticamente empezaba a juguetear con el anillo en su dedo.

-¡No seas así! No soy del tipo de persona que quiere algún tipo de protagonismo y lo sabes.- Dijo Steve con una gran sonrisa esperando la noticia. Tony sentía que podía haber puesto alguna objeción a eso del protagonismo sacando a relucir cierto traje azul y rojo, pero simplemente guardó silencio y fingió que le importaba todo aquello tanto como debía suponerse.

-¡Jason y yo nos casamos!- Gritó de repente Amy. Tony por supuesto dijo apropiadamente "felicidades" y vio como Steve se levantaba de su sitio para darle un gran abrazo a su amiga.

Obviamente la conversación giró durante bastante tiempo alrededor de esa nueva noticia y Tony empezó a sentirse un poco mareado por aquello. Gracias al cielo ese tema acabó, pero pasó a otro que quizá tampoco era del todo de su agrado.

-Y Steve, ¿al final cuando pensáis hacer público lo vuestro?- Preguntó Amy dejándole de reojo una mirada de enfado.

Amy pensaba que si los medios aún no sabían nada de su relación era porque Tony tenía algún tipo de reparo por aceptar que estaba en una relación homosexual y que además con ello de alguna forma estaba haciendo desgraciado a Steve.

Pero ella no tenía ni idea. Él había sido el primero en decir que no le importaba lo que sucediera y que quería invitarlo a cenar a sitios caros, llevarlo de mano, presentarlo en celebraciones, todo a la vista del mundo. Pero era Steve quien se negaba. Y todo era por Pepper.

Había dicho que el tiempo que estuvieron separados realmente se sentía aún peor al no poder escapar de él por los medios de comunicación. Que cada noticia que daban, o cada revista que veía en el quiosco anunciando nuevas noticias sobre el compromiso con Pepper le hacían aún más daño. Por ello no había querido que saliera nada por la prensa, porque sabía que Pepper probablemente aun tenía sentimientos por él, y algo como ver en la tele que su exprometido andaba ahora con un hombre solo podía hacerle daño.

Odiaba a veces que Steve fuera tan horrorosamente honorable y generoso.

-No lo sé Amy. Preferiría quizá que siguiera un poco en secreto.

-Yo ya he leído algún artículo donde se dice que Tony Stark tiene una nueva pareja estable…- Dijo Jason como aportación.

Sí, eso también lo sabían. Pero no era algo que le sorprendiera. No acudía a fiestas y no estaba hundido en la miseria aun cuando el compromiso con Pepper se había acabado, ello quería decir que había alguien más.

-Aun así el señor aquí presente no quiere que se haga público, así que yo no tengo nada que ver Amy. Regáñalo a él.- Dijo Tony pasándole el muerto a Steve.

-¿Es eso cierto?- Preguntó ella realmente sorprendida.

-Bueno, la verdad es que creo que es pronto para…

Pero Amy lo interrumpió y empezó con una disertación sobre el hecho de que debían hacerlo público por tal y cual razón. De repente Amy parecía empezar a caerle aún mejor.

La comida por fin acabó, la conversación se alargó con una copa de vino en el sofá, y no fue hasta las seis de la tarde que por fin se cerró la puerta tras dejar marchar a Amy y a Jason.

Tony tendría que reconocer que realmente esos dos le caían bien. La comida había sido agradable y Steve se veía bastante más receptivo con lo de hacer aquello público. Suponía que debía darle las gracias a Amy por aquello.

-Por fin solos.- Dijo antes de caer sobre el sofá donde Steve ya estaba sentado con Guantes en su regazo ronroneando. Tony se acercó a él en el amplio sofá y echó una caricia sobre el gato que fue bien recibida. - ¿Qué te pasa? Pareces pensativo.

-Sigo dándole vueltas a lo de Amy. ¿Realmente crees que es tan importante que el mundo sepa que estamos juntos?- Dijo sin mirarlo.

-No es importante… pero a mí me molesta un poco eso de no poder salir a cenar a un restaurante bonito contigo.

-Hemos ido a comer shawarma.

-Sabes a lo que me refiero.

Pasó un silencio.

-También sabes que quería llevarte a cenar esta noche a Worthington's por tu cumpleaños.

Pasó más silencio.

-¿De verdad que no es demasiado pronto?- Dijo Steve, haciendo clara referencia a Pepper.

-No lo sé.

Steve por fin lo miró aún con la duda en el rostro.

-¿Tú crees que aún podríamos conseguir mesa en el Worthington's para hoy?- Dijo de repente Steve haciendo que Tony se quedara en shock. Tragó saliva y empezó a sudar frío. - ¿Qué pasa? ¿Te parece mal?

Tony tenía que darse prisa en responder si no quería dar la idea equivocada a Steve.

-¡No! ¡Para nada! Podría conseguir mesa incluso en el Empire State ahora mismo. ¿Quieres ir al Empire State a cenar de hecho? Nunca hemos estado allí…- Al momento se dio cuenta de que había dicho demasiadas cosas seguidas y que por lo tanto parecía nervioso, porque en realidad lo estaba.

-No, quiero ir a Worthington's. Pero solo si realmente quieres. La cena aquí en casa también estaría bien.

Para nada. Iré a hacer una llamada. Entonces Tony salió corriendo hacia la habitación. Vale, él había preparado una cena romántica en la terraza del edificio, pero suponía que ir al restaurante del que tan buenos recuerdos tenía no era tampoco una opción realmente mala. De hecho lo prefería, porque así mataría dos pájaros de un tiro.

Saldrían, cenarían, el mundo los vería, aparecerían en las portadas de las revistas… Solo tenía que calmarse. Y si solo tenía que calmarse ¿por qué narices no era capaz de dejar de temblar?

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Steve estaba sentado en el sofá con Guantes encima de él dormitando. Dio un suspiro de cansancio y miró el reloj. Ya eran las ocho y media y si no se equivocaba la reserva que Tony había conseguido era para las nueve. Conclusión, iban tarde.

-Tony, ¿te queda mucho?- Preguntó alzando un poco la voz. Guantes encima de él pareció removerse por perturbar su sueño.

-En seguida voy.

Eso había dicho hacía otros tres siglos. Apartó a Guantes con toda la delicadeza que pudo y se levantó del sofá. Caminó hasta la puerta entreabierta de la habitación y la empujó ligeramente.

-¿Se puede saber qué haces?

-No sé qué corbata elegir. Azul aciano o azul añil. ¡Es como si de repente fuera un trinómalo!

La cara de estupefacción de Steve al oír todas esas incoherencias juntas podría haber sido divertida, pero la mirada preocupada de Tony al respecto hacía que cualquier humor quedara fuera de lugar.

-Tony, esas corbatas son prácticamente iguales. ¿Y qué es un trinómalo?

-No Steve. Una es azul aciano y la otra azul añil. Totalmente distinto. Y un trinómalo es alguien que no distingue bien los tonos del color azul.

-Pero Tony, tú los distingues perfectamente. ¿No estás usando mal esa palabra?

-¡Steve! ¡Céntrate en lo importante! ¿Azul aciano o azul añil?- Preguntó totalmente fuera de sí consiguiendo que Steve se sintiera algo asustado.

-Esa, la azul añil.- Dijo señalando a la corbata.

-¡Esa es la aciano!

Y Steve entonces evitó soltar una carcajada ante lo absurdo de la situación.

-Tony, si no estás seguro podemos quedarnos aquí en casa. En serio, no necesitamos hacer nada público hoy.

-No es eso.

Tony se dejó caer sobre la cama con sendas corbatas en sus manos. Steve dio un suspiro de agotamiento y se sentó a su lado para ponerle una mano sobre la rodilla.

-De verdad Tony, si quieres nos quedamos.

-No. Iremos. Me pondré la azul aciano. Vámonos.- Y de repente Tony se había colocado malamente la corbata alrededor del cuello para levantarse como un resorte y caminar a la puerta.

Steve se quedó un momento algo desubicado al verlo cambiar de repente tan rápidamente. Hacía un segundo parecía que podría haber muerto de indecisión y ahora se paraba en la puerta con la cabeza bien alta.

-Vamos Steve, al final llegaremos tarde por tu culpa.

Y el bueno de Steve, siendo comprensivo por el hecho de que Tony estaba tan nervioso, se guardó su grito de "es culpa tuya que lleguemos tarde" y se levantó de la cama para ir detrás de él. De verdad que no entendía por qué tanto escándalo por una cena que él mismo había querido hacer desde hacía tanto tiempo.

Llegaron al restaurante tan solo quince minutos tarde y por supuesto, todo el personal se deshacía en halagos hacia Tony y, por extensión, hacia él. Realmente aquella no era la primera vez que aparecía en un sitio de nivel acompañando a Tony, pero no dejaba de sorprenderle y de resultarle incómodo en cierto grado. Suponía que eso iba a ser así siempre. Gente besándole los pies, complaciéndole en todo... Se preguntaba si realmente estaba preparado para todo aquello.

La cena fue realmente horrorosa. Steve trataba de iniciar conversaciones en las que Tony simplemente aportaba monosílabos o comentarios sin sentido y seguía nervioso.

Sí, el restaurante entero se había dado cuenta de su presencia y más o menos tenían un ojo en ellos, pero no había nada más de lo que preocuparse. De hecho podía pasar por amigos perfectamente. ¿Por qué entonces Tony parecía que podría morir de un infarto en cualquier momento?

Por fin llegaron los postres y Steve se había dado por vencido en lo de intentar llevar una cena agradable.

-Tony, si ibas a pasar la noche así, como un auténtico imbécil debimos quedarnos en casa.- Dijo finalmente cansado de su actitud.

-Lo siento, de verdad. Estoy un poco nervioso.

-Eso ya lo he notado. Pero en serio, nadie estará pensando nada raro sobre nosotros. De hecho esa chica ha estado ligando contigo toda la noche.- Dijo señalando de reojo a una muchacha especialmente atractiva que parecía no despegar la mirada de su mesa.

Tony ni si quiera sabía a donde señalaba. ¿Realmente era posible que no se hubiera dado cuenta?

-No estoy nervioso por eso, verás…

Y entonces el restaurante entero pareció quedarse en silencio. En la mesa de al lado, el hombre que había mantenido una agradable cena con la que debía ser su novia se encontraba ahora de rodillas frente a ella sosteniendo una pequeña cajita que al momento abrió.

Desde la posición privilegiada que tenían Steve y Tony pudieron escuchar perfectamente todo. "¿Me harías el honor de convertirte en mi esposa?" "¡Oh Dios Mío! ¡Si!"

Y entonces la chica había extendido su mano hacia él para que le colocara el anillo. El restaurante entero aplaudió al haber presenciado tal escena y se escucharon algunas felicitaciones que aunque llegaban de completos desconocidos parecían hacer felices a la pareja. Steve mismo se encargó de decirles "Felicidades". Había estado tan pendiente de todo aquello que cuando volvió a su propia cena se sorprendió al ver a Tony con una mirada de completo desprecio y preocupación.

-Oye, ¿Estás bien?

-Sí.

Al ver cómo pasaba el silencio Steve solo pudo tomar otra cucharada de su mousse de chocolate.

-Ha sido una horterada ¿no? Pedirlo en un restaurante quiero decir.- Dijo Steve.

-¿Eso crees?- Por fin Tony parecía despertar por primera vez en la noche y poner atención en algo de lo que decía.

-Sí. Creo que algo como eso debería hacerse en la intimidad.- Realmente se había sorprendido a sí mismo dando ese tipo de opinión. Para empezar nunca había pensado sobre ello. Pero bueno, ya que Tony parecía interesarte por algo podía seguir con ese tema.- Pedirlo en un sitio público es presión para la otra persona, definitivamente a solas sería mejor. Ya sabes, en un ambiente íntimo, familiar, personal…

Y Tony volvió a abstraerse con la mirada fija en su propio postre. Steve empezaba a cansarse. Iba a comenzar a recriminarle nuevamente su actitud cuando Tony paró a un camarero rápidamente.

-La cuenta por favor. Y tengo prisa así que agradecería que se apresurara.- El camarero, como si se tratara de un siervo respondiendo a un rey, en un segundo había aparecido con la cuenta sobre la que Tony dejó su tarjeta rápidamente.

-¿Ya nos vamos? Ni si quiera te has acabado el postre y a mí también me falta.

-Te traeré a cenar aquí otra vez mañana si quieres. Pero ahora nos vamos.

Steve volvió a mirarlo con cara de pocos amigos. En cuanto le devolvieron la tarjeta Tony no esperó ni un segundo antes de ponerse en pie y acercarse hasta Steve para levantarlo cogiéndolo de la mano. Él realmente quería acabar aquella mousse.

-Oye Tony, la mano.- Dijo totalmente avergonzado al ver que no le soltaba a pesar de estar caminando por medio de las mesas de aquel restaurante lleno de gente.

-¿No hemos venido para dejar ver que estamos juntos?- Dijo él avanzando sin mirarlo.

-No, quiero decir, sí. Veníamos a cenar y punto. Cogerme de la mano es…- No sabía cómo acabar la frase. Sí, se suponía que había aceptado dejarse ver más. Pero aquello era demasiado para una primera cita al público.

Podía sentir como las miradas de la gente se fijaban en ellos totalmente. El gran Tony Stark salía de uno de los mejores restaurantes de Nueva York de la mano de un hombre con el que había compartido una cena romántica tras varios meses después de conocerse su ruptura con Pepper Potts. Algo como para lo que fijarse.

El aparcacoches tardó muy poco en traer el lujoso coche de Tony y en un segundo estaban ambos montados ya. El trayecto fue casi en silencio. Steve había intentado seguir recriminándole su actitud nerviosa, fría y luego totalmente impredecible. ¿Qué narices estaba mal con él?

-De verdad Tony que no sé qué te pasa. Es mi cumpleaños. ¿Sería mucho pedir que actuaras normal? Todo estaba bien hasta que se fueron Amy y Jason.- Dijo tras cerrar la puerta del ático. Estaba en el modo perfecto para iniciar una discusión.

Pero Tony solo parecía ignorarlo caminando hacia el salón.

-Vamos, quítate el traje.- Le dijo de repente antes de meterse al cuarto.

-¿Pero qué?- Definitivamente no entendía nada. Caminó hasta la habitación donde fue recibido por una camiseta suya en la cara que acababa de tirarle Tony.

-Póntela. Y esto también.- Y entonces le tiró unos pantalones que usaba normalmente para estar en casa. Tony ya se había quitado los pantalones y en ese momento estaba colocándose su propia camiseta, sobre la que después iba un jersey. Ya estaban casi en invierno y las noches refrescaban bastante.

Steve seguía totalmente perdido.

-No. No sin una explicación. Estás demasiado raro y ya me estás empezando a cabrear. Dime qué te pasa.

-¡Por Dios Steve! No lo hagas más difícil. Tan solo hazme este favor. Cámbiate y ven conmigo.- Dijo Tony acabando de colocarse el jersey. En ese momento lo miró a los ojos. No entendía nada pero realmente parecía importante para él todo aquello. Dando un suspiro de resignación procedió a quitarse el caro traje de Armani para ponerse lo que Tony le había pasado.

Una vez que ya estaba listo, Tony no le dejó si quiera colocarse bien el cuello del jersey antes de cogerlo de la mano para tirar de él hasta la terraza del ático. Las luces estaban encendidas y podría decirse que realmente todo Nueva York se veía realmente precioso.

En realidad siempre que pasaban algún día en Nueva York Steve salía a aquella terraza por la noche para maravillarse con aquella vista. No se dejó demasiado tiempo para admirar el paisaje antes de recordar que estaba bastante enfado con Tony.

-¿Y bien? ¿Puedo saber ya a qué viene todo esto?- Dijo girándose hacia él. Tony seguía con la vista hacia la ciudad, sin embargo, para responderle se giró directamente a él.

-Estoy creando un ambiente íntimo, familiar y personal.- Respondió con decisión.- Y de repente Steve se quedó sin aire.

-¿Qué quieres decir?- No, no podía ser. No era posible. Solo habían pasado unos meses desde que habían vuelto y no, simplemente no podía ser.

-En realidad tenía pensado cenar y hacerlo aquí desde el principio. Pero como por fin te habías decidido a ir a un restaurante pensé que quizá sería mejor allí. Y luego va la otra jodida pareja y se comprometen y tú los llamas horteras y teníamos que darnos prisa en llegar porque quería que todo pasara en tu cumpleaños y…

-¡Tony! Para de hablar, en serio… Solo, ¿de verdad?- No sabía cómo expresar su confusión. Y Tony parloteando solo lo ponía más nervioso.

Entonces Tony empezó a ponerse de rodillas.

-Ni se te ocurra ponerte de rodillas.- Al momento Tony se volvió a poner de pie totalmente, como si nunca hubiera hecho el además de arrodillarse.

-Está bien, como tú quieras.- Dijo Tony antes de sacar de su bolsillo una caja pequeña, del mismo tamaño quizá que la de aquel chico. Y antes de que Steve pudiera decir nada más él ya había abierto la caja dejando ver un anillo.

-¿Cómo se te ocurre…- Intentaba decir algo, expresar un pensamiento que tuviera sentido, pero simplemente no era capaz.

-Ya te dije que no permitiría que me lo pidieras tú. Me comprarías un anillo horrible.

Y Steve seguía callado, mirando ese anillo que obviamente no tenía ninguna piedra preciosa ni era delicado, al fin y al cabo no era una chica. Y sin embargo podía observarse a simple vista que aun así debía costar una pequeña fortuna.

-Steve di algo por Dios.

-¿Qué quieres que diga? ¡No has preguntado nada!- Dijo logrando ponerse aún más nervioso todavía.

-Es verdad.- Hizo una pausa mientras Steve mascullaba un "joder, joder" de incredulidad.- Steve Rogers, cásate conmigo.

-Eso ni si quiera es una pregunta.- Respondió intentando sonreír.

-¿¡Quieres tan solo aceptar de una vez!?- Y Tony parecía haber llegado a su límite.

Así que Steve tomó su cara entre sus manos y lo besó bajo las tenues luces de aquella terraza, con la iluminación de los rascacielos de Nueva York en aquella noche.

-¿Eso es un sí?- Preguntó Tony recuperando el humor cuando se separaron un poco,

-Claro que sí.- Respondió Steve aún sin ser capaz de tranquilizarse si quiera un poco. Entonces Tony procedió a colocarle el anillo con algo de torpeza mientras Steve no dejaba de mirarlo.

-Este es tu regalo de cumpleaños. El de verdad.

Y Steve entonces lo abrazó. Sentía que podía vivir en aquel momento para siempre. En los brazos de Tony, tan feliz como nunca antes lo había podido estar en su vida.

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El domingo había sido con diferencia, uno de los días más memorables del tiempo en que llevaba saliendo con Steve. Se habían besado, acostado y dicho "te quiero" más veces en aquel día que en toda la relación. El ambiente no podía ser mejor y más relajado. Hasta que llegó el lunes por la mañana, el día de partir.

-¿Has visto esto!- Le gritó Steve de buena mañana cuando él tan solo quería beberse su taza de café. Entonces le llegó a la cara una revista.- Por lo visto alguien se encargó de sacar unas bonitas fotos el sábado mientras me sacabas de la mano del restaurante.

Tony tomó la revista entonces para mirarla sin demasiado interés. Tal y como había dicho Steve, en plena portada aparecía una foto de ellos caminando por el restaurante de la mano.

-¿Y qué?- Dijo dejándola sobre la mesa. Steve tomó asiento en frente de él con su propia taza de café. En un rato partirían de nuevo hacia Malibu.

-¿Cómo que y qué?

-Se supone que estabas de acuerdo en hacerlo público.

-¡Pero poco a poco! ¿Has leído el titular? Es insultante.

Tony entonces reparó en dicho titular "Tony Stark conquistado por un atractivo rubio desconocido".

-Te llama atractivo.- Dijo con una sonrisa desafiante molestando a Steve. Éste simplemente le quitó la revista y se encargó de romperla.

-¿De dónde la sacaste?-

-Salí antes para despedirme de Amy en la cafetería y ella me la dio. ¿Cómo lo hacen las editoriales para sacar cosas como estas a los dos días?

Tony lo que se preguntaba era cómo era posible que Steve ya llevara despierto mínimo tres horas con la sesión de sexo que habían tenido esa noche. Él apenas había despertado hacía cuarto de hora.

-Lo que sea. Mejor que vaya deprisa. Al fin y al cabo lo siguiente que verán será que llevas ese anillo y habrán todavía más noticias. Acostúmbrate señor Stark.

-¿Señor Stark? ¿Por qué iba a cambiar mi apellido?

-Porque te casas conmigo y mi apellido tiene clase.

Steve lo miró con reprobación sin ánimo de empezar una discusión al respecto. Tony sabía que Steve muy probablemente no cambiaría su apellido. No era algo que le preocupara, pero molestar a Steve un poco siempre era divertido.

Terminó su café y se levantó de la mesa. En el camino a la cocina le dio un beso en la mejilla a Steve descolocándolo un poco y quitándole cualquier enfado.

-No me gusta despertar y no verte a mi lado.- Dijo de repente. Quizá con esa frase acertada lograba arreglar un poco el mal humor que parecía gastarse esa mañana su novio. No, su prometido.

Steve solo lo miró como si fuera un niño pequeño. Realmente lo parecía diciendo cosas así.

Caminó hacia la cocina para dejar la taza.

-En fin. ¿Tienes todo listo?

-Sí. Guantes acaba de dormirse y bueno… ¿Seguro que ese calmante que hiciste no le pasará factura más adelante?

-Ya te he dicho que la receta la hicimos Bruce y yo, no hay de qué preocuparse.

-Ya, y el alcohol mágico también salió de vuestras cabezas.

-Y funciona a la perfección. ¿No es así?

Y otra vez puso esa sonrisa encantadora que conseguía que Steve tuviera que morderse el labio para no responderle con una igual. Tenía que mantener su orgullo.

-En fin, vámonos entonces.

Entonces cada uno cogió su poco equipaje y al señor Guantes, cuidándose de dejar una mano libre para tomar la del otro en cuanto salieran de aquel edificio.

El panorama que se encontraron al salir fue más que impresionante, multitud de periodistas siendo retenidos por agentes de seguridad de la Torre que gritaban como locos y se pegaban para conseguir que sus cámaras los enfocaran. Notó como en un momento Steve estuvo a punto de soltar su mano, pero él no se lo permitió. Lo agarró con más fuerza aun y no lo soltó hasta meterse en el coche.

No, nunca más soltaría la mano de Steve ni permitiría que algo pudiera alejarlo de él. Tantas idas y venidas en aquella relación le habían servido para tener absolutamente claro que ni loco dejaría ir a Steve en su vida.

FIN

Diooos! Se acabó. Ha sido muy raro acabarlo. En fin. Casi 8000 palabras de epílogo. Por eso en parte también he tardado tanto. Era muy agotador el releerlo y corregir errores y cosas. De hecho estoy segura de que más de alguna cosa se me habrá pasado. Pero hoy sentía ganas de subirlo de una vez.

Como siempre, son ya casi las seis de la mañana tras una noche sin dormir. Adoro hacer cosas por las noches. Solo decir mil gracias a todos los que habéis leído, dado a favorito o seguido. Y más agradecimientos aun a aquellos que dejaron reviews, sois quienes me hacíais darme cuenta de mis errores y mejorar.

Bueno, por último, decir que adoro esta pareja. Así que seguramente volveré a escribir algo de ellos. Solo es cosa de esperar por la siguiente peli de los Vengadores para conseguir nueva inspiración. Porque con "El Soldado de Invierno" me enamoré un poco de la pareja de Bucky y Steve y la verdad es que estoy escribiendo alguna cosa de ellos que espero subir pronto. Pero por supuesto mi pareja favorita será siempre Stony!

Una vez más gracias por el apoyo y espero que volvamos a leernos muy pronto. Ha sido un placer hacer esta historia y espero que a los que la habéis leído os haya resultado tan entretenida de leer como a mí escribirla.

Saludos y nos vemos! ^.^