¡Hola!

*justo antes de que el Avatar reencarne de nuevo, traigo conti*

Mis más humildes disculpas. Realmente no tengo perdón de Dios.

He tardado años en actualizar T-T. Espero que me perdonen, y ahora sí ya no tardaré tanto con los capítulos.

Saben que los quiero a todos ustedes. Y estoy muy agradecida con cada persona que lee este raro fic.

Bueno, procedo a dejarles el capítulo de hoy:


Según palabras de Tahno "no había sido tan malo". Simplemente tenía que guardar reposo, pues se había torcido su pie derecho, y fracturado su brazo izquierdo.

Oh "no había sido tan malo", claro ¡Tahno no tuvo que quedarse dos días en ese hospital embrujado!


Todo empezó la segunda noche de Mako en el hospital...

Después de que sus compañeros indicaran lo que había pasado, un doctor les aseguró que sería atendido de inmediato.

Mako se asustó al instante; hizo todo un berrinche y comenzó a patalear, con tal de que no lo metieran a la sala de operaciones.

Le tuvieron que inyectar para que se calmara. Quedó inconsciente y pudieron realizar la operación con éxito.

Una vez que le informaron a Bolin, Korra y Tahno que todo había salido bien, pero que él necesitaba descansar, ellos se fueron a su casa.

Al mediodía fue trasladado a un cuarto típico de hospital.

No hizo gran cosa, pues se sentía algo cansado.

Ya en la noche, llegó Jeff, el anciano con quién al parecer compartiría la habitación.

Se presentó amablemente con él. Estuvieron hablando un rato de trivialidades hasta que Jeff comentó algo:

—¿Escuchaste eso?

—¿El qué?

—Ese ruido... Es "El Psicópata"

—¿Quién?— Preguntó con interés Mako, mientras se escondía un poco entre las sábanas blancas de hospital.

—El Psicópata— Repitió el señor, para luego aclararse la garganta y contar la historia— Fue hace cincuenta años, cuando tú ni siquiera habías nacido. Un hombre llegó al hospital, sus botas negras hacían eco al caminar. Gritando pidió ser atendido urgentemente. Los internos que le vieron pensaron que era una broma, pues el hombre se veía completamente bien; decidieron ignorarlo, y entonces, el hombre murió por causas desconocidas. Ahora ronda por el hospital, matando pacientes, escuché que en especial muchachos, jóvenes. ¡Oh!, así como tú...

—¿Qué dice?— Exclamó Mako asustado— ¿Es en serio?

—Claro, chico. Yo jamás mentiría— Aseguró seriamente Jeff, para después irse a dormir.

Por supuesto que Mako no pudo hacer lo mismo. Él no pegó ni un ojo en toda la noche.


A la mañana siguiente Mako decidió prender la televisión. Tal vez eso le aburriría y se quedaría dormido. Grave error.

En la pantalla se mostraba a la chica rubia que daba las noticias afuera de un hospital.

Un momento... ¡Ese era el hospital en el que estaba internado!

Le subió el volumen al aparato para escuchar mejor.

—Estamos aquí en vivo, afuera del hospital de Ciudad República, lugar donde ayer en la noche se cometió un grave crimen: un joven de 20 años fue asesinado en su habitación, después de haber salido de su operación de estómago. Las autoridades no quieren alarmar a nadie. Aseguran haber reforzado la seguridad esta mañana. Aún continúa la investigación del caso. Seguiremos informando. Regresamos contigo al estudio, Jaime...

Mako se quedó boquiabierto.

Dirigió su mirada hacia Jeff, y éste sólo asintió con la cabeza seriamente, contestando su pregunta no formulada: El Psicópata había matado a alguien anoche.

El muchacho comenzó a sudar frío. Ni de broma se quedaría una noche más ahí.

Así que cuando llegaran sus amigos y su hermano, les pediría amablemente que se lo llevaran a la casa.

Mientras esperaba comenzó a comer esa gelatina amarilla que siempre daban de desayuno.

¿Era normal que supiera tan horrible? Una vez escuchó a alguien decir que si la comida del hospital estaba rica, podías pedir un deseo.

Frunció el ceño e hizo un esfuerzo por no escupirla. Estaba seguro de que esa comida enfermaba más a los que ya estaban enfermos.

Para distraerse del mal sabor, comenzó a buscar algo bueno para ver en la tele. Suspiró aliviado de que por lo menos tuvieran buenos canales. Eso recompensaba los alimentos asquerosos.

Le dejó en el canal BHO, recién comenzaba su programa favorito "Juego de Reinos".

Una enfermera entró al cuarto, dispuesta a hacerle el chequeo diario.

—Juego de Reinos ¿eh? Es el programa favorito de todos los pacientes— Comentó mientras lo revisaba.

Mako sólo sonrió forzadamente. No entendía por qué las enfermeras se empeñaban en sacar platica. Eso solamente hacia el ambiente más incómodo.

—¿Cuál es tu personaje favorito?

—Bruce Lions— Le contestó serio. ¿Era demasiado pedir ver su programa sin interrupciones?

—Uy, qué pena que lo mata el Rey James al final de la temporada, más o menos. Justo después de la boda de su hermano— Dijo desinteresadamente.

Ya casi terminaba el informe del paciente.

Mako la fulminó con la mirada. Contó hasta tres en su mente y luego suspiró.

—¿Qué? ¿Acaso no has leído los libros?

—No— Contestó cortante y con voz tétrica.

Si las miradas mataran, la enfermera ya estaría más que muerta.

—Ups, yo mejor voy. ¡Que disfrutes tu serie!— Y salió corriendo del lugar después de haber terminado su trabajo.

Mako le dirigió una sonrisa hipócrita, para después susurrar un "maldita".

Terminó de ver Juego de Reinos (llorando, como siempre, pues habían matado a la inocente Samanta) y se puso a hablar con Jeff.

Resultó que el señor era dueño de una importante empresa de ropa interior.

—¿De verdad tú produces los calzoncillos Duncan? ¡Son mis favoritos! No sólo por sus diseños y colores, sino porque son muy cómodos— Halagó Mako.

—Pues muchas gracias, muchacho. Lamentablemente no se volverán a producir.

—¿A qué se refiere?— Preguntó curioso.

—Verás— Se aclaró la garganta, como hacía antes de contar una aburrida historia— Yo siempre fui buen mozo, me gustaban las mujeres y yo a ellas. Siempre andaba de fiesta, o en la cama de alguna mujer. Lastimosamente nunca me casé. Ya sabes, yo era más un espíritu libre. Al no casarme, nunca engendré mocosos. Y sin mocosos, no hay herederos a mi empresa. Aunque existe un tipo ¿sabes? Tarrlok, se llama. Ha sido mi empleado por largo tiempo. Un cabeza hueca, debo admitirlo, y sin embargo es mi única opción. Estoy seguro de que cuando me vaya, ese maldito pervertido se dedicará únicamente a lencería femenina.

—Eso es terrible— Exclamó Mako decepcionado. ¡Eran sus malditos calzones favoritos!

—Sí, terrible— Dijo con falsa tristeza— Es por eso que tú serás mi heredero.

—¡¿Está bromeando?! Ni siquiera tengo experiencia en administración de empresas, soy sólo un mocoso. No me conoces, podría ser un estafador o asesino ¡No sabes quién soy yo!— Le reclamó histérico.

Jeff rodó los ojos "pubertos", eran tan dramáticos...

—Me da igual— Suspiró— ¿Tú no sacarías a los calzoncillos Duncan del mercado, verdad?

Mako asintió despacio.

—Entonces con eso me basta. Sólo dame tus datos, y los escribiré en mi testamento.

—Pero... ¿Está seguro, señor?— Quería que entrara en razón, ¡él no podía dirigir una empresa como aquella!

—¡Que sí, maldita sea!— Se exasperó— Ahora sé una buena persona y dime tus datos para que los ponga en el maldito testamento— Finalizó con tranquilidad.

Mako, inseguro, se los dijo y observo cómo los anotaba en un pedazo de papel.

Miró el reloj y se dio cuenta de que la hora de visitas ya había pasado.

Inmediatamente entró en pánico "¿¡dónde están todos!?". Comenzó a preocuparse.

¡El Psicópata los había matado para que no pudieran rescatarlo! O peor aún ¡lo habían abandonado porque no les había hecho la comida el otro día! ¡Malditos traidores!

—¿Esperabas a alguien?— Preguntó Jeff con desinterés.

—Ya no— Bufó.

El anciano se le quedó viendo con curiosidad, pero decidió no decir nada.

De pronto el cielo se volvió oscuro, y Mako se llenó de terror.

Juraba que si El Psicópata lo asesinaba esa noche por culpa de los traidores de sus amigos, él mismo reviviría sólo para matarlos.

—Buenas noches— Rompió el silencio Jeff, riendo internamente por la cara de miedo que tenía Mako.

—Descanse— Contestó distraído mientras se tapaba con las sábanas.

De chico creía que eran algo así como "escudos anti-monstruos". Al parecer sus ideas no habían cambiado mucho.

Pasos hicieron eco por el enorme hospital.

Mako estaba temblando, pero al parecer viviría otra noche más.


—¡Vaya, chico! Tienes ojeras en tus ojeras— Le dijo burlón a modo de saludo mientras desayunaban.

—No dormí muy bien que digamos.

Estuvieron hablando un buen rato, hasta que por fin llegó la hora de las visitas.

—Hola, niño hospitalizado, ¿cómo estás?— Entró corriendo Korra con una enorme sonrisa.

—Bueno, considerando que me torcí el pie, me fracturé mi brazo, la comida es asquerosa, y mis amigos me abandonaron ayer; se podría decir que estoy bastante bien, sí— Contestó con ironía.

—Tranquilo, Mako. Nosotros no te "abandonamos". Sólo digamos que era domingo. Nos conoces, sabes que somos muy perezosos y no salimos los domingos— Se excusó la morena sin pudor alguno.

A Mako le dio un tic en su ojo izquierdo al escuchar aquello. ¡No habían venido a verlo sólo porque era domingo! Definitivamente, necesitaba nuevos amigos.

—¿Ese tic es normal?— Preguntó asustada— Como sea, te traje un regalo. Espero que te guste.

El muchacho la miró con desconfianza.

—Korra, no te ofendas, pero la última vez que acepté un regalo tuyo, terminé en el hospital— Dijo haciendo una obvia referencia a lo que estaba pasando.

—Sí, sobre ello... Verás, en realidad originalmente era un trébol de cinco hojas, le quité una— Confesó con falsa inocencia.

Y el tic volvió a Mako.

—Oye, en serio deberías de revisarte ese ojo— Le recomendó— En fin, ¡ya toma mi regalo!— Ordenó.

Mako de mala gana lo agarró y se dio cuenta de que era una tonta tarjeta. De esas de "Feliz cumpleaños" o "Recupérate pronto"

—"Perdón por tirarte de las escaleras"— Leyó en voz alta— ¿se supone que esto me debe hacer sentir mejor, o algo?— Le dirigió una mirada amenazante.

—Bueno, si lo dices así no suena tan lindo. Pero en mi defensa era la única tarjeta que quedaba. ¿Puedes creer que inventen este tipo de tarjetas? Es muy loco ¿no?

—Sí, sí. Muy loco— Le contestó serio— Como sea, necesito que me hagas un favor.

—Claro, lo que gustes— Respondió segura.

—Sácame de aquí.

Korra lo miró confundida.

—¿Perdón?

—Ya me oíste. Sácame de aquí ahora. No puedo quedarme esta noche. Hay un asesino suelto y presiento que me quiere matar. Aparte me lo debes, tú fuiste quien me dio el trébol de cinco hojas.

La morena se le quedó mirando como si fuera un bicho raro. ¿Asesino suelto? ¡Qué paranoico! ¿Por qué no podía tener compañeros normales? Aunque de todos modos, ¿qué podría salir mal?

—Bien— Aceptó— Pero cámbiate de ropa y agarra rápido tus cosas.

Mako sonrió victorioso, entró al baño para quitarse la horrible y vergonzosa bata que usaban los pacientes del hospital (y que dejaba todo su trasero al aire). Cosa que aprovechó Korra para ver la parte trasera de su compañero.

"No está nada mal" , pensó mientras lo escrutaba.


Cuando Mako salió, simplemente agarró una pequeña maleta, que era lo único que tenía. Mientras Korra le acercaba una silla de ruedas para que se subiera.

—¿Todo listo?— Le preguntó la morena.

—Listo.

Y así Korra comenzó a empujar la silla.

—Adiós, Jeff. ¡Ha sido un gusto conocerte!— Se despidió mientras se alejaba en la silla de ruedas.

El anciano le dirigió una mirada cómplice.

—Cuídate, muchacho.

Iban a un paso veloz pero discreto. No querían que la gente se diera cuenta de que estaban escapando de un hospital.

—¿Sabes? Esto me parece una verdadera locura— Opinó Korra.

—No dirías lo mismo si alguien intentara asesinarte por las noches— Se defendió Mako.

Su compañera rodó los ojos y entraron al elevador que, afortunadamente, estaba vacío.

—¡Bien! Nadie ha sospechado de nosotros— Comentó Mako triunfante mientras Korra tarareaba la canción de fondo.

La morena soltó un suspiro. No quería que los descubrieran. Ella podría ir a la cárcel. Y había escuchado que en Ciudad República las cárceles no eran bonitas.

Las puertas se abrieron y Korra empujó la silla para salir.

—No puedo creer que lo vayamos a hacer— Le susurró a Mako. Estaban a punto de salir del hospital.

—Pues créelo. Nada nos detendrá.

Y, efectivamente. Lograron salir sin levantar sospechas.

Korra dirigió la silla de ruedas hasta el auto. Enseguida ayudó a Mako a subirse, y éste le indicó que guardara la silla en los asientos traseros.

—¿No es un delito robarse sillas de los hospitales?— Preguntó confundida.

—Querida, acabas de ayudarme a escapar de un hospital— Le respondió burlón.

—Buen punto— Se encogió de hombros y arrancó el coche.


El tiempo pasó volando y pronto llegaron a su hogar.

Korra ayudó a su amigo en todo momento.

Al entrar se encontraron con los otros dos hombres de la casa viendo la televisión.

—¡Wow! Miren quién está aquí ¡Pero si es el Profesor X!— Se burló Tahno en cuanto vio a Mako en su silla de ruedas.

Bolin estalló en carcajas ante su comentario. Pero calló de inmediato al ver la mirada asesina de su hermano.

—Ya, en serio ¿por qué andas en silla de ruedas? Que yo recuerde, sólo te torciste tu pie— Quiso saber Tahno.

—¡Porque es más divertido!— Exclamó feliz, mientras daba vueltitas en la silla— Aparte, no nos dio tiempo de robarnos unas muletas— Finalizó serio.

—Hermano, no me digas que te escapaste del hospital— Comentó con cara de preocupación Bolin, temiendo lo peor.

—¿Por qué otra razón estaría aquí?— Respondió orgulloso de su escape.

—¡Mako! Eso es grave. Podrías meterte en serios problemas. ¡Y tú Korra! ¿Cómo pudiste ayudarlo?— Acusó decepcionado el menor de los hermanos.

—Hey, yo sólo soy una víctima en todo esto— Se defendió.

—¿Una víctima?— Repitió con curiosidad Tahno.

—Sí, él me obligó— Inventó la morena para zafarse de las acusaciones. No quería ser tachada de "criminal".

—Eso no es verdad. Aceptaste en menos de un minuto— Le recordó Mako.

—Chicos, discutiendo no llegaremos a nada. Mejor dejemos las cosas como están. No ha pasado nada malo por ahora. Ni pasará. Lo importante ahora es atender a Mako, para que su recuperación sea rápida y eficaz— Korra quiso parecer una persona diplomática y justa, para cambiar de tema y que no la siguieran acusando.

—Bien. Pero yo no me encargaré de él— Se apresuró a decir Tahno.

—Sí... Yo tampoco, es mi hermano y todo, pero saben que no soy buen cuidador. Tomen a Pabu como ejemplo. Lo amo más que a nada, pero si no fuera por ustedes, ya se habría muerto de hambre— Dio su ejemplo Bolin, mientras tomaba en brazos a su hurón de fuego y lo acariciaba.

Los demás lo miraron raro, sintiendo pena por Pabu.

—Bien, Korra. Creo que sólo quedas tú...— Comentó con interés, mientras giraba la silla hacia su compañera.

—¡De ninguna manera! ¡Yo no soy enfermera de nadie!— Se negó Korra enfadada, cruzándose de brazos

—¿O tengo que recordarte quién me dio el trébol de cinco hojas...?

—¡Eres un maldito manipulador!— Insultó a su compañero. Aunque en el fondo se sentía un poquito mal por haberle dado el estúpido trébol, y ahora verlo con un pie y un brazo vendados.

Mako sonrió victorioso cuando vio a su querida amiga dirigirse hacia él.

—Muchachos, ayuden a Mako para que suba las escaleras mientras yo subo la silla— Ordenó.

—Ya oíste a la chica, Clara Sesemann— Hizo otro comentario burlesco Tahno, mientras le indicaba a Mako que se apoyara en él. Éste aceptó de mala gana.


Cuando llegaron a su habitación dejaron al muchacho en la cama sin mucha delicadeza, y Korra acomodó la silla a su alcance.

Fueron saliendo de uno por uno, siendo Korra la última.

—Hey, espera.

Ella murmuró una maldición. Creyó que iba a poder salir libremente.

—Necesito un último favor por hoy...

—¿Qué cosa?— Preguntó cortante.

—Verás... Necesito un baño con urgencia— Dejó inconclusa la frase, esperando que Korra entendiera.

—Aha...— Lo incitó a continuar. Aunque ya sabía a lo que se refería.

—Quería saber si puedes prepararme la tina, por favor— Hizo una pausa y Korra cantó victoria. Creyó que tendría que desvestirlo— Y ayudar a quitarme la ropa— Finalizó con una sonrisa, viendo la reacción de su compañera.

Ella se quedó en shock "¡Demonios!" ¿Era moralmente correcto ver a tu compañero de casa, desnudo, sin ser nada?

Tragó grueso.

—Bien.

Se largó de ahí, buscó algo cómodo para que el muchacho se vistiera después, y fue a preparar el baño para su "querido" compañero. Oh, porque él lo estaba disfrutando, y lo sabía. Y por un momento realmente deseó haberlo tirado por las escaleras, así por lo menos hubiera valido la pena el infierno que estaba pasando.

—Listo— Anunció sin ganas, mientras llevaba a su compañero al baño.

Mako la observaba en todo momento con lujo de detalle.

Korra le hizo una seña para que levantara su brazo bueno, y con mucha delicadeza le quitó su camisa.

Quiso creer que no se había sonrojado, pero sabía de sobra que lo había hecho, ¿y cómo no? Si ese muchacho tenía un abdomen bien trabajado.

Con un poco de nerviosismo, procedió a bajar sus pantalones con lentitud.

Mako sonrió de medio lado. No era modesto, y no se molestaba para nada en negar que era poseedor de un cuerpo atractivo.

Finalmente, quedó sólo en bóxers. Y Korra, sin pudor alguno se dio el lujo de analizarlo de la cabeza a los pies.

"Realmente nada mal".

Mako tosió, haciéndola salir de su ensimismamiento.

—Gracias, Korra. Del bóxer puedo encargarme yo. A menos que tú quieras, claro...

Frunció el ceño antes de conestar.

—No, gracias. Aquí están las bolsas, para que te cubras los yesos— Se las entregó y salió del baño.

Mako la vio alejarse. Luego, se las arregló para darse un baño decente.


Con algunas dificultades, por fin logró salir. Vestido y todo.

—Te traje tu cena— Le comentó cuando lo vio— Me hubieras llamado, para ayudarte a salir y esas cosas— Dijo disimuladamente.

—Gracias. Espero que no la hayas hecho tú— Expresó mitad en broma, mitad en serio— Y no era necesario, descuida.— Respondió.

—No te preocupes. Hoy no morirás envenenado: pedimos pizza— Le siguió la broma.

Mako le dedicó una sonrisa y se sentó en la cama, justo a un lado de Korra, y entonces comenzó a comer, mientras ella le contaba lo poco que habían hecho el fin de semana.

Terminó su cena y Korra propuso que vieran una película, para que se distrajeran un poco. Al principio él no quería aceptar, alegando que estaba cansando, pero terminó convenciéndolo.

—¿Y cuál veremos?— Preguntó derrotado.

—¿Qué te parece... Shrek?

Él suspiró.

—Korra, ven esa película todos los fines de semana ¡ya hasta se saben los diálogos de memoria!

—Oh, por favor ¡es que es muy divertida!— Exclamó feliz— Mira, ya hasta traje el DVD— Se lo enseñó, y Mako no pudo decirle que no.

Empezó la película y a los cinco minutos ambos estaban riendo. Claro, que Mako sólo lo hacía discretamente y con pequeñas risas, en cambio Korra se carcajeaba.

Y los dos se la pasaron toda la madrugada viendo Shrek 1, la 2 y la 3.

Porque Mako podría ser un idiota manipulador. Pero Korra no tenía el corazón de piedra, y en parte se sentía culpable por su accidente. Además le había agarrado un poco (sólo un poco) de cariño a su compañero. Y nadie más se haría cargo de él, por eso estaba dispuesta a ayudarlo en todo.

Él se sintió seguro con ella. Tenía la certeza de que si venía El Psicópata por él, Korra le daría una patada y lo defendería.


Mako es un aprovechado ¿eh?

Igual es muy loco eso de fugarse de hospitales, supongamos que no les pasará nada xD (creo).

Les ruego que me avisen si ven alguna falta de ortografía. Lo revisé tres veces, pero siempre se me escapa algo xD.

Muchachos, por favor díganme sus opiniones sobre este capítulo ¿Les gustó? ¿Estuvo muy aburrido? ¿Sin sentido? ¿No es lo que esperaban? ¿Lo odiaron? Sean sinceros T-T. Yo siento que no tiene ni pizca de comedia, pero fue un paso algo significativo para la relación Mako/Korra. Y él seguirá en silla de ruedas en uno o dos capítulos más xD.

Sé que el capítulo puede decepcionar bastante, considerando el título...Sólo quiero decir que Korra seguirá apoyando a Mako, pero aún no habrá Makorra como tal xD.

Y bueno, tengo algunas ideas para futuros capítulos, pero no sé qué poner primero o cómo acomodarlo...

De nuevo, una enorme disculpa por tardar y hacerlo corto.

Muchísimas gracias por leer :)

Espero que todos ustedes se encuentren muy bien.

¡Saludos!