Capítulo 2 LAS VOCES DE LA SOMBRA
Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad Betas FFAD
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"Me alegro de que nuestros caminos se hayan cruzado, aunque sólo fuera por un tiempo tan breve."
Hola chicas, les traigo un nuevo capitulo gracias por sus RW las quiere Lili.
canción: IMPOSIBLE - Shontelle.
Edward pov.
Hace seis años que había dejado ir todo lo que amaba y hoy me encontraba a un paso de volver a tenerlo, o al menos eso creía… Hoy se cumplían dos años desde que había empezado a buscarlas.
Los detectives habían dado con ellas. Sí, mi amor había tenido gemelas, cosa que me llenaba de felicidad.
Hoy iba a ir al restaurant donde ella trabajaba que -según lo que investigué- era el más importante de Argentina, "La Chacra", típica parrilla familiar, está situada en la zona céntrica de Buenos Aires.
Sin más demora entré en aquél lugar y luego de comer el exquisito platillo pedí hablar con la chef, con ella.
Cuando se situó frente a mí, la miré a los ojos y fue lo peor que pude hacer, los mismos ojos que una vez me miraron con adoración me mostraron el odio y la rabia que sentía hacia mí, eso no evitó que mi mirada la recorriera de pies a cabeza, sin duda era más hermosa de lo que recordaba.
—Buenas tardes señor —dijo mientras mantenía una expresión sería y vacía de cualquier emoción.
—Buenas tardes para usted chef, quería felicitarla —estaba muy nervioso y no me ayudaba para nada que la dueña del lugar siguiera a su lado.
—Discúlpenos un momento —dijo tomando del brazo a la dueña y alejándose apresuradamente.
Bella le susurró algo y la mujer enseguida se dirigió, a la que supuse, era la cocina.
—¿Me decía? —se notaba que estaba nerviosa.
—Que su comida es un manjar —asintió a mis palabras, pero esa fue la única reacción que recibí.
—Muchas gracias, pero ahora, si me disculpa, me tengo que retirar —habló apresuradamente tratando de irse lo más rápido posible, se estaba girando cuando la tomé del brazo impidiéndole avanzar.
—Quiero hablar contigo —cuando lo dije ella me fulminó con la mirada.
—No sé de qué me habla señor, usted y yo no nos conocemos —respondió mientras se alejaba.
Sabía que me lo merecía, pero eso no evitó que me doliera, pedí la cuenta y pagué, no podía estar un minuto más allí, así que salí y me quedé en el auto para esperarla.
Dieron las ocho de la noche y ella aun no había salido, estaba por irme cuando la vi apagando la última luz que había en el edificio.
Iba a hablarle cuando una camioneta blanca se aparcó junto a la acera y un hombre bajó para ayudarle, cuando subieron él la abrazó y se miraron por un largo momento, no lo soporté más y pisé el acelerador alejándome con una rabia y celos muy fuertes.
Llegué a la habitación del hotel donde me hospedaba y como niño pequeño tomé la almohada y grité hasta quedarme sin voz, cuando saqué un poco de mi frustración me levanté para servirme un vaso de vodka.
Todavía recordaba las malditas palabras que le había dicho. Lo siento Isabella, pero yo no puedo hacerme cargo, cuando lo único que quería era expresarle mi felicidad.
Fue, en parte, culpa de Irina -mi ex esposa- que había descubierto mi infidelidad, me amenazó con hacerle daño, por eso la dejé y desde ese momento me mataba el arrepentimiento.
Deje de tomar y me recosté en el sillón esperando que el sueño me venciera.
...
Los rayos del sol martilleaban en mi cabeza, mis sienes punzaban horriblemente, con los ojos entrecerrados avancé al baño y me duché para que el malestar cesara.
Tomé una toalla, la enrollé en mi cintura y salí por mi ropa. Me puse unos bóxers, un pantalón de vestir negro, camisa azul claro y zapatos cafés, alcancé las llaves y salí.
Iría a casa de Isabella y tenía que apresurarme ya que estaba algo lejos del hotel donde me estaba hospedando. Al llegar vi a dos hermosas niñas de largo cabello castaño con reflejos cobrizos y tez blanca, estaban junto a la camioneta blanca, la misma que vi la noche pasada. Yo miraba anonadado la belleza de mis hijas, una de ellas entró y luego de un rato salió con Bella de la mano.
Estaban hablando, pero no podía leer muy bien sus labios, ella se veía hermosa con shorts de mezclilla, playera blanca combinada con una camisa casi transparente, tenis, el cabello suelto y lentes, que no estaba enterado que usara.
Todas subieron a la camioneta y se fueron, no había tiempo que perder así que las seguí, no tardaron en llegar al colegio, bajaron rápidamente y corrieron hacia la entrada, seguramente se les hacía tarde.
Esperó a que ellas entraran y continuó su camino, tardó mucho en estacionarse, cuando al fin bajó yo me quedé esperándola.
Al regresar a su camioneta tenía abrazado a un perro de color negro de aproximadamente de unos cinco o seis meses, lo colocó en la parte de atrás y partió hacia un nuevo rumbo.
Y yo -como un acosador- la seguí, me di cuenta de que estaba volviendo a su casa.
Bajó al perro y estaba por cerrar la puerta, pero se lo impedí.
—¡¿Pero qué… —exclamó volteándose.
—Hola —le dije sonriendo.
—¿Cómo carajo me encontraste? —me habló luciendo bastante molesta.
—Puedo saber todo lo que haces.
—Lárgate, no eres bienvenido aquí.
—Sólo quiero hablar contigo —dije y ella miró a una señora que pasaba y se nos quedó viendo.
—Entra, no quiero que mis vecinos escuchen algo —dijo de mala gana, abriéndome totalmente la puerta, no hacían falta formalismos, sabía que me mandaría por el caño.
—Gracias. —El perro ya andaba por la casa, que sin duda era muy hermosa.
—No agradezcas nada que por mí no hubieras entrado —caminó y yo la seguí—, toma asiento. —Me senté y quedé enfrente de ella.
Me entretuve mirando las fotos que había sobre la chimenea.
—No tengo tiempo, ¿qué me ibas a decir?
—Quería hablar contigo sobre nuestras hijas —dije y ella se río como si le hubiera dicho un buen chiste.
—¿Nuestras? —asentí—, yo no sabía que tenía hijas contigo —dijo, pero se veía el dolor en sus ojos.
—Realmente siento mucho lo que te dije Bella… —empecé a balbucear, pero ella me detuvo.
—Soy Isabella para ti.
—No quise decirte eso —dije bajito y ella se levantó.
—Pero lo dijiste y eso fue todo, no le veo el caso a que estés aquí. —Respiro profundo—. Ellas son sólo mis hijas, no tienen padre.
—¡También son mías!
—¿Después de seis años te acuerdas de ellas? No me jodas Edward, si te soy sincera, por mí jamás sabrán quién es su padre. —A medida que ella hablaba sentí un terrible dolor en mi pecho.
—Ellas tienen que saber de mí —hablé determinado mirándola fijamente.
—¿Y qué les diría? "Hijas, él es el padre que las abandonó aún estando en mi vientre y que nunca las buscó", ¿eso es lo que quieres?, van a odiarte. —Ella estaba muy molesta y eso se notaba en su exaltamiento.
—No, pero… —comencé a hablar y me detuve, porque sabía que no iba a creer nada de lo que me dijera.
—¿Pero qué? —Se apoyó en la orilla de la mesa—. ¡Nada Edward! Así que te pido que te largues de mi casa.
—Dame una oportunidad Bella —ella se giró y me miró incrédula.
—Ya has visto el camino de salida. —y/Y sin más se fue.
No sabía lo difícil que sería, pero ahora me daba cuenta del daño que le había hecho.
Bella Pov.
Me sentía impotente por todas las estupideces que Edward me decía, sin duda esto no había quedado aquí, lo veía en sus ojos, pero no se lo pondría fácil, no cuando quería acercase al único motivo de mi felicidad, a las mismas personitas que rechazó sin conocerlas y que eran mi vida entera. Al motivo por el cual salí adelante después del desprecio de mis padres, me habían echado de su casa cuando les pedí ayuda, diciéndome las peores palabras.
…..
—No voy a apoyar a una zorra como tú —dijo mi padre.
—Por favor papá, tienes que ayudarme —hablé con los ojos anegados en lágrimas.
—Me da vergüenza decir que eres mi hija, una cualquiera que se revolcaba con un hombre casado —escupió mi madre mientras me veía con reproche.
—Yo lo amo mamá.
—Mira a donde te llevó tu amor, estás embarazada de un bastardo y eso nunca vas a poder cambiarlo —dijo con asco en la voz.
—No serán bastardos —les dije molesta.
—¿Qué no lo serán? Fíjate en tu situación, nunca podrás ser la esposa de ese hombre.
—No sé cómo voy a poder ver a Esme y todo es tu culpa Isabella, maldita sea la hora en que decidí tenerte —fue como si me enterrara millones de puñales en el corazón, causando una opresión en mi pecho.
Sin más salí de esa casa, yo podía con esto, saldría adelante por mis hijos, haría lo que fuera para que ellos estuvieran bien siempre.
…...
Aunque era muy temprano tomé una copa y me serví un buen vino, hoy no había ido a trabajar, tomé el teléfono y marqué al restaurant.
—Bella, te estamos esperando —contestó la voz nerviosa de Angela al tercer timbrazo.
—Hola Angie, estoy bien y te tengo malas noticias.
—¿Qué tan malas son? —Antes de contestarle le di un sorbo a mi vino blanco.
—Depende de cómo quieras tomarlas, no podré ir hoy y tengo mucho que contarte —escuché un suspiro.
—No te preocupes, yo me encargaré de que Jared haga su mejor esfuerzo, paso a verte a las siete —dijo ella mientras yo buscaba el paquete de filete en el frigorífico.
—Gracias Angie, eres un amor —ella soltó una risita.
—Nos vemos Bells, tengo que supervisar.
—Adiós —dije dejando el teléfono y poniendo música salsa en el reproductor.
Tenía a Black siguiéndome.
—Bien muchacho, ahora hay que cocinar un delicioso almuerzo.
Busqué más ingredientes e iba a empezar a marinar los filetes cuando el teléfono empezó a sonar.
Lavé mis manos y lo tomé.
—Casa de la familia Swan —respondí mientras Black me miraba y movía su cola.
—Señora Isabella, habla Mariana, la maestra de Jena y Melanie. —Yo rogaba porque no fuera nada malo.
—¿Pasa algo maestra? —pregunté mientras buscaba mi celular en la bolsa.
—Melanie tiene malestar estomacal y temperatura, la llamo para que venga por ella y se la lleve a descansar. —Eso no era tan malo, pasaba con frecuencia.
—Voy en camino maestra —contesté mientras tomaba mis llaves.
—Aquí la esperaremos señora, Jena está en la enfermería.
—Gracias —rápidamente corté la llamada y salí como un rayo.
En el camino llamé a Sue, la abuela de mis hijas.
—Hola Bells, ¿cómo estás? —Puse el manos libres.
—Molestando, Melanie se puso enferma, estoy yendo por ella a la escuela.
—Dios mío —me la imaginé tapándose la boca con sus manos—, ¿qué tiene?
—Según la maestra, temperatura y malestar estomacal, ¿será que puedas ir hoy para ayudarme? Jena tiene ballet y me pidieron que fuera con ella. —Odio pedir ayuda, pero haría todo por mis hijas.
—Claro, eso no lo tienes que pedir, sabes que ellas son como mis nietas. —Las dos reímos, gracias a Sue pude terminar mis estudios y trabajar, mientras ella cuidaba de mis bebés.
—¿Tienes las llave de la casa? —pregunté apresurada pues ya estaba llegando a la escuela.
—Sí, no te preocupes, sólo trae a mis nietas conmigo. —Se me calentó el corazón y colgué agradeciéndole mentalmente todo lo que había hecho por mí.
Bajé de la camioneta y corrí a la entrada, vislumbré a la maestra y me acerqué a ella.
—Señora Swan, buenos días. —Respiré profundamente, tratando de calmar mi desesperación para poder hablarle.
—Buenos días maestra —le dije sonriendo nerviosamente.
—Vayamos a la enfermería, las dos niñas están allí. —La seguí por un largo y desierto pasillo.
Paramos en la enfermería, ella abrió la puerta y vi a mis dos niñas, Melanie estaba acostada en la camilla y Jena tomaba la mano de su hermana, la escena más hermosa que puede ver una madre.
—Mamá —me habló Jena.
—Hola mis amores —me acerqué a ellas y las abracé fuertemente.
La enfermera me explicó qué era lo que tenía y los medicamentos que le podía dar, ya que no era nada grave.
Asentí a todo y antes de salir de la enfermería la maestra me llamó.
—Señora, la directora quiere hablar con usted —asentí no muy convencida de dejar a mis hijas solas.
—Quédense aquí niñas, ahora regreso.
Salimos y recorrimos otro pasillo, esta vez más largo que el anterior, al llegar a la puerta de madera ella tocó y esperó por una respuesta, que llegó unos segundos después.
—Adelante—dijo una voz femenina detrás de la puerta.
Entramos y la directora nos esperaba pacientemente.
—Buenos días —saludé con tono cortés.
—Buenos días Señora Swan, es un placer verla —dijo sonriendo amablemente.
—Lo mismo digo —respondí automáticamente aunque sabía que no era verdad.
—Bueno Señora… —retomó la plática, pero la interrumpí.
—Bella —la corregí de forma rápida y ella asintió.
—Bueno Bella, lamento ser yo quien le de esta noticia…
Más cosas, ¡Dios!, ¿hasta cuándo?, murmuré internamente, quería que todo lo malo terminara, por desgracia la vida no es tan fácil.
—¿Qué pasa? —dije acomodándome mejor en la silla, preparándome para más malas noticias.
—Hoy vino un hombre diciendo que es el padre de las gemelas y pidió hablar con las niñas. —Ella esperaba mi reacción, mi corazón se detuvo.
—¿Qué nombre le dio? —pregunté, estaba comenzando mi molestia.
—Edward Cullen, me exigió verlas, estaba bastante alterado cuando no se lo permitimos.
Maldito infeliz
—¿Le permitió verlas? —pregunté sin ninguna expresión en el rostro, pero todo lo que mi boca guardaba lo decía mi mirada.
—No... —tartamudeó—. Claro que no, respetamos lo que dijo —contestó inmediatamente, aclarándose la garganta y recuperando la compostura.
—Muchas gracias, si vuelve a ocurrir algo como esto llámeme de inmediato — respiré hondo para calmarme—, no permita que las vea o les hable.
—Pero es su padre, tiene derecho —habló la maestra, mientras la directora y yo la fulminábamos con la mirada.
—Maestra, sólo siga las órdenes de la señora Swan, ella sabe el porqué de su petición —habló cortante mientras yo trataba de calmarme.
—Si eso es todo, tengo que retirarme. —Me levanté de la incómoda silla y salí de esa oficina, suerte que nadie se me acercó porque me hubiera desquitado con quien fuera.
Recorrí el camino a la enfermería, toqué a la puerta y segundos después entré, mis nenas me sonrieron cuando notaron que había llegado.
Tomé en brazos a Melanie y le di la mano a Jena, cuando caminábamos a la salida me di cuenta de que se me olvidaba algo.
—Olvidé las mochilas —dije apenada y mis niñas sólo se rieron.
—Están en el salón mamá —dijo Jena tratando de contener una carcajada mientras yo suspiraba audiblemente.
—¿Por dónde queda?
—Sólo sígueme —dijo adelantándose para dirigirme a su salón.
Estaba muy lejos y sólo de pensar en regresar me llenaba de pereza, Dios.
—Aquí es —anuncio mi hija entrando por ambas mochilas.
—¿Podrás con las dos? —le pregunté preocupada y ella se rió en mi cara.
—¡Mamá, tienen rueditas! —dijo rodando los ojos—, pero aún así me debes dinero por ayudarte —sonrió inocentemente y yo le prometí que la recompensaría.
...
—Rayos Melanie, sí que pesas —le dije y ella se río y depositó un suave beso en mi mejilla.
La acosté en su cama, la despojé del uniforme y le coloqué su pijama mientras Jena estaba en la cocina con Sue.
—Mamá —me habló mientras yo buscaba su peluche favorito.
—¿Qué pasa mi amor? —Me senté junto a ella para escucharla mejor.
—¿Alguna vez vendrán a visitarnos los abuelos? —dijo con una mirada triste y a mí se me formó un nudo en la garganta.
—No lo sé cariño, hace tiempo que no hablo con ellos —cuando terminé de hablar su mirada decayó.
—Mamá —dijo Jena entrando a la habitación y sentándose del otro lado de la cama.
—¿Qué pasa cariño? —Parecía ser que hoy se habían puesto de acuerdo para interrogarme.
—¿Algún día vendrá nuestro papá?
—No quiero que venga —dijo furiosa Melanie, mirando mal a su hermana.
—Pero yo quiero que venga mami —dijo mientras rodaban lágrimas por sus mejillas.
Ellas sabían algunas cosas sobre Edward, él no merecía que les contara nada, pero ellas eran muy curiosas.
—Bueno niñas, descansen, voy a supervisar la comida. —Ellas asintieron comprendiendo que el tema estaba cerrado por ahora.
...
Bajé a la cocina y suspiré ruidosamente, haciendo que Sue se volteará a verme.
—¿Ahora qué pasa? —dijo extendiéndome un vaso con agua.
—Me han preguntado por su padre y sus abuelos.
—Tendrás que hablar con ellos Bells, ya es tiempo.
¿Hoy todos estaban en mi contra?
—¿Yo tengo que hablar con mis padres? ¡Me echaron Sue!, no merecen saber de ellas y Edward no debe conocerlas, ¿puedes creer que el muy —mordí mi lengua para no decir algo muy brusco—, fue hoy al colegio de las niñas y pidió hablar con ellas? —Su cara de asombro no tenía precio, estaba igual de impactada que yo.
—¡Dios mío! —Ella no podía creerlo y no conocía ni la mitad de la historia.
—Sí Sue, créelo porque así fue, ya no estoy segura aquí, creo que me iré —dije tallando mis ojos con las manos, estaba realmente estresada.
—No puedes sólo huir Bella, enfréntalo, hazle ver la gran mujer que eres. —Ella tenía razón, no podía huir, no podía ir por ahí ocultándome como cobarde.
—Mejor terminemos el almuerzo, prepararé un caldo para Melanie también.
...
Así pasamos el resto de la mañana, yo sumida en mis pensamientos y Sue cuidando de sus nietas, como les decía.
Al medio día sonó el timbre, al abrir me encontré con una de mis personas favoritas en el mundo, le sonreí ampliamente y después me tiré en sus brazos.
—¡Emmett! —chillé emocionada mientras él me rodeaba la cintura.
—Hola Bells —dijo Emmett dándome un abrazo asfixiante, traté de separarme cuando sentí la falta de aire.
—Emmett… N-No puedo respirar. —En seguida él me bajó, pero no se alejó.
—¿Cómo estás?, ¿no deberías estar en el trabajo?, ¿les ocurrió algo a mis sobrinas? —Hice que se callara dándole un golpe a su enorme brazo.
—Cállate, una pregunta a la vez, yo estoy tan bien como podría, no fui a trabajar porque no me dio la gana, pasó algo, pero no es para alterarse —entramos a la casa y me dirigí a su lugar favorito—, es Melanie, le ha estado doliendo el estómago.
—¿Qué le pasó?, ¿hay que llamar al médico?, ¿quién es su pediatra?, ¿dónde está? —A veces sentía que preguntaba tantas cosas juntas a apropósito.
—¡Tranquilo! —le levanté la voz y él asintió lentamente—, sólo es una infección estomacal, por eso le dio temperatura —cuando terminé de hablar él suspiró aliviado, entramos a la cocina y –como era de esperarse- se fue directo al frigorífico.
—Me alegra que sólo sea eso, si fuera algo mas grave habría traído a todos los pediatras de España —me reí de sus ocurrencias, extrañaba sus pláticas sin sentido.
—Bueno, te creo—dije rodando ojos—. ¿Quieres dejar de inspeccionar la comida de tus sobrinas? —No le importó, me sonrió y siguió devorando los danoninos.
—Es que son una delicia. —Se veía adorable, tenía las mejillas manchadas de yogurt.
—¿En dónde has dejado a Rose? —Era muy extraño que no viniera, ellos dos siempre estaban pegados.
—Está en L.A., reunión familiar —dijo restándole importancia.
—Ah, vaya. —Rosalie era la hermana de Jasper, el esposo de Alice Cullen.
—Llegará en un rato, quiere ver a las niñas, por cierto me contó… —habló con tono confidencial y yo sabía que se volvería una cotilla.
—¿Qué te contó? —dije mientras ponía la mesa para servir la comida.
—Que el susodicho anda por estos lares, ¿es cierto? —preguntó ocupando su lugar en la mesa.
—Por desgracia sí, él ha estado rondando.
—Maldito hijo de puta, si llego a verlo lo mataré —dijo mientras su mirada se tornaba furiosa.
—Deja el drama, mejor vamos a buscar a las niñas —dije jalándolo para tratar de levantarlo, cuando el cooperó subimos las escaleras en completo silencio.
—¡Tío oso! — gritaron cuando entró, lanzándose encima de él.
—¡Hola pinochas! —contestó con tono infantil, yo sólo me reí.
—Tío, eres malo —dijo Melanie levantándose.
—¿Yo?, ¿malo? Nah, no lo creo —dijo acercándose y haciéndoles cosquillas.
...
—Mamá, la comida es un manjar —dijeron mis niñas y Emmett asintió de acuerdo.
—¿Quieren postre? —pregunté como quien no quiere la cosa y solté una carcajada cuando los tres asintieron frenéticamente.
Pasamos la tarde viendo películas de horror y mis hijas, motivadas por su infantil tío, aprovecharon para darme un par de sustos. Jane no quiso ir a ballet ya que su hermanita estaba enferma y al caer la noche cenaron su insustituible cereal, Emmett estaba jugando con los videojuegos de las niñas, a veces era como tener otro hijo.
Subí con ellas para ver que se pusieran los pijamas y cepillaran sus dientes, al bajar escuché a Emmett hablando por teléfono.
—Sí osita, el imbécil de Cullen anda por aquí y sospecho que ha hecho algo —dejó de hablar, supuse que escuchando lo que ella decía—, no creo poder contenerme cuando lo vea —dijo quedando en silencio de nuevo—, me importa muy poco que sea el hermano de tu cuñada —respondió bufando indignado— sí Rose, lo entiendo, sé que con golpes no se soluciona nada, pero ese cabrón no tiene nada que hacer aquí —se río muy fuerte, lo que sea que Rose le haya dicho debe haber sido muy gracioso—, se los arrancaremos juntos—dijo guiñando el ojo y riendo más fuerte—. Yo también te amo osita, ven pronto porque me muero en esta abstinencia. —¡Dios!, desearía poder borrar las imágenes que pasaron por mi cabeza.
Me levanté tratando de no hacer ruido y me encerré en mi cuarto, tomé mi portátil y abrí el documento donde estaba escribiendo las voces de la sombra.
"Era uno de esos días donde Nicolás me hacía falta, quería su consuelo, sus abrazos, pero como él decía, éstas eran fechas donde su familia tenía que estar junta y yo no podía luchar con eso.
Sabía lo importante que eran para él."
No pude continuar escribiendo, los recuerdos me mataban y las lágrimas me impedían ver, cerré el portátil de un manotazo, respiré hondo, me levanté de la silla y fui al cuarto de baño.
Abrí la llave de la bañera, me despojé de mis ropas, tomé la botella de sales de baño y las regué por toda la tina, dejé que el agua tibia mojara mis músculos tensos, recosté mi cabeza en la orilla y cerré los ojos.
—Te amo Isabella —recordé la voz de Edward diciéndome cuanto me amaba, ahora sabía que no era así.
Las lágrimas descendieron a borbotones, me sentí tonta por haber creído ciegamente en un hombre como él, en alguien casado, en alguien que nunca podría ser mío, que dañó mi corazón y marcó todo mi ser, al que recordaba a diario con tan sólo ver a mis hijas. Al hombre que siempre he amado y amaré.
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Hola chicas, ¡dios mio! le pido las mas sinceras disculpas por la tardanza en actualizar, pero la Universidad por mi parte y la escuela de mi linda Beta, nos tiene muy atrapadas, pero sin mas aquí esta el capitulo.
De nuevo no tengo las palabras, adecuadas para agradecerles cada uno de sus RW, no los respondo, porque en pleno siglo 21 hay personas ( refiriéndome a mi ) que la tecnología simplemente les sobrepasa, pero prometo responderlos en cada capitulo.
¿Que opinan de Edward? como dice mi querida Almu, mándalo por una brecha y que se quede allí.
Dejen un comentario sobre que les pareció este capitulo.
Le agradezco a mi Hermosa hija Zai por tomar y corregir esta historia.
bueno Hermosas, me despido de ustedes, por alguna parte de la República Mexicana, andamos de fiesta por un año mas de nuestra independencia.
Saludos, Besos, les deseo una linda noche, y un excelente inicio de semana para todas.
Nos leemos pronto
Lili.
