Disclaimer: ni The Hunger Games ni sus personajes me pertenecen. Hago esto solo por diversión sin fines de lucro.


Y sé lo que tengo que hacer

Una promesa inquebrantable


La Promesa

Me levanto de mi asiento ante la atenta mirada de Peeta, tomo el pan de la bandeja y le extiendo mi mano invitándolo a que me siga.

—Ven, Peeta. Necesito que me ayudes— toma mi mano sin pensarlo y se levanta de su asiento. Lo guio hasta el horno donde unos momentos antes él estaba haciendo el pan. Aun permanecía prendido y las llamas que desprendía iluminaban toda la habitación.

Coloco el pan en una charola que, supongo, Peeta había utilizado para hornear la masa cruda, y lo meto al horno. Peeta aún continua con la mirada fija en mí y la duda reflejada en su rostro

— ¿Me ayudas? — Le digo entregándole una palilla extra para mover el pan, él la toma sin decir nada— Necesitamos hacer que ese pan se tueste.

Y como si revelara algo detrás de una cortina de humo, la duda se despeja de sus ojos y su rostro, para mirarme ahora con sorpresa.

—Katniss, ¿estás consciente de lo que significa esto? — me pregunta

—Sí, totalmente— me pongo frente a él decidida— quiero hacer esto sí es la mejor forma para hacerte la promesa que no me iré de tu lado.

—Katniss, no quiero que hagas algo que no quieres— me dice acariciándome el rostro con el dorso de su mano. Detengo su mano con la mía y la presiono junto a mi rsotro.

—Quiero hacerlo— mi tono de voz no da pauta a que él pueda debatirme. Estoy segura de esto. Aunque mi vida junto a Peeta, es un plan que tiene destinado para mí el Capitolio, quiero hacerlo lo más llevadero posible. Y si logramos hacer el levantamiento en todos los distritos, es la promesa que le haría a Peeta de que, pase lo que pase, trataré de protegerlo y de que sea feliz, así como él lo ha tratado de hacerlo conmigo todo este tiempo.

Él voltea el pan unas veces y yo otras, hasta que por fin el pan esta tostado. Lo saco del horno con la ayuda de unas pinzas y lo dejo en una bandeja para que se enfríe. Corto dos pedazos y me vuelvo hacia Peeta. Le entrego un pedazo a él.

—Con esto, Peeta, quiero hacerte la promesa que siempre estaré a tu lado, no importa lo que pase— le miro fijamente. Estoy nerviosa y a la espera de lo que pueda ocurrir— no quiero que dudes más acerca de esto

—Katniss, no podría dudar más. Discúlpame si en algún momento dude de tu promesa— toma mi mano y entrelaza nuestros dedos— tú sabes que yo siempre me quedaré a tu lado. Nada me pertenece en este momento. Te he entregado mi corazón y mi vida. Puedes hacer con ellos lo que quieras.

—Peeta— una extraña sensación me recorre todo el cuerpo. Pronto siento unas inmensas ganas de llorar. Pero no es de tristeza. Me siento raramente emocionada.

Y cerramos nuestro pacto comiendo de ese pan.

Me lanzo a los brazos de Peeta, quien me recibe y me sostiene fuertemente. Ahora sé que he hecho lo correcto. Nunca en mi vida me había sentido tan segura en tomar una decisión. Una paz y tranquilidad inexplicables se alojaron en mi pecho. Más allá de la unión de dos personas, es la promesa que le hacía a Peeta, que trataría de regresarle, aunque sea un poco, de lo mucho que él me ha dado.

Cerrando con broche de oro nuestra promesa, levanto mi rostro hasta quedar a unos centímetros del suyo y uno mis labios con los de él, en un beso lento y profundo que afirma cada palabra que nos declaramos hace un momento.

Terminamos el beso pero no hacemos nada por separarnos. Ambos continuamos con los ojos cerrados, bueno por lo menos yo sí. Peeta pega nuestras frentes y lentamente vamos abriendo los ojos.

Peeta tiene una sonrisa que, fácilmente, iluminaria toda la habitación y en sus ojos hay un brillo que nunca había visto en ellos, pero me gusta, lo hace ver más atractivo.

Peeta estaba feliz.

Y aunque mi sonrisa no se podía comparar con la de Peeta, también era lo suficientemente grande, podía sentirla.

Y sin previo aviso, suelto un bostezo sin querer. Peeta solo ríe.

—Ven, vamos a dormir un rato— trata de separase de mi, pero yo me acurruco más en el hueco de su cuello. —Katniss, anda.

—No, aquí estoy muy a gusto— y no miento cuando lo digo. Me podría quedar por horas en esa posición sin cansarme. Peeta vuelve a reír.

—Créeme que yo también estoy muy a gusto contigo aferrada a mí, pero necesitamos un lugar más cómodo para descansar— me dice pero yo no hago ningún intento por moverme de esa posición, y Peeta parece notarlo— Bueno entonces tomaré otras medidas— y pasa un brazo por mis rodillas y me levanta fácilmente en brazos. Me aferro instintivamente más a su cuello.

—Creo que de todos modos debo de hacer esto— me dice y sé a lo que se refiere.

—Pero se supone que debemos cruzar en el umbral de la puerta de la casa— le digo riéndome.

—Podemos cruzar el umbral de la puerta de mi cuarto, ¿crees que cuente? así cruzamos una puerta y completamos la tradición, porque no creo que quieras salir de la casa con esta tormenta.

—Creo que tienes razón, podría funcionar así— le digo

—Muy bien, entonces vamos— me dice y me lleva escaleras arriba. Llegamos a su cuarto y cruzamos la puerta entre risas. Camina hasta la orilla de la cama y me deposita en ella suavemente. Él intenta erguirse pero yo, con mis brazos aún alrededor de su cuello, lo jalo, provocando de dejara caer todo su peso sobre mí.

—Te voy a aplastar— me dice poniendo sus brazos a mis costados sirviéndole de apoyo. Pero lejos de aplastarme, su peso encima de mí, me hace sentir protegida.

—No, quédate un momento así, por favor— le pido y él comienza a repartir pequeños besos por mi cuello, y yo cierro los ojos tratando de atesorar la sensación de sus labios en mi cuello. Sus besos poco a poco van subiendo hasta encontrarse con mi boca. Da breves besos a mis labios y entonces en uno de esos, hago presión con mis brazos obligándolo a no separase de mí, creando un beso largo. Y de pronto de separa de mí y nos gira, quedando nuevamente yo encima de él, como hace una horas.

Entonces Peeta suspira profundamente.

— ¿Qué pasa? — levanto mi cara descansando mi barbilla en su pecho.

—Nada— me toma aún más fuerte entre sus brazos — solo que aún no me puedo creer que te tenga, otra vez, aquí, entre mis brazos. Cada noche, después de que volvimos del tour de la victoria, anhelaba sentir tu cuerpo… tu calor al lado mío. Pase muchas noches en vela pensando que tal vez, en un momento, ibas a atravesar la puerta y te acostarías a mi lado y así me librarías de las terribles pesadillas que me asechaban cada vez que cerraba los ojos, porque sabría que estabas conmigo y no habría nada que temer. —Fija su mirada en mis ojos—Y ahora, has rebasado mis expectativas haciendo el tueste conmigo, prometiendo quedarte a mi lado— desvía un momento la mirada— no sé si me lo merezco.

—Te lo mereces— no sé cómo puede pensar que no se merece esto. Él se merece esto y mucho más.

El problema aquí es que no estoy tan segura de que yo lo merezca a él.

No he hecho más que causarle dolor y sufrimiento, a cada paso que doy, cuando él me ha entregado todo lo que tiene.

Y aún así, él me recibe con los brazos abiertos, como si se tratara de la mejor persona del mundo, cuando estoy muy lejos de ser esa persona. Trato de despejar mi mente. Pero en estos momentos todo eso no importa.

Si él es feliz, yo también lo soy.

Nada puede opacar este momento. Me escondo nuevamente en su pecho, él deposita un beso en mi cabeza. Y así, abrazados y felices, caemos profundamente dormidos. Sin pesadillas y sin preocuparnos de todas las tempestades que estén ocurriendo afuera. En esa habitación solo existíamos él y yo.

Me despierto con el sonido de las aves cantando afuera de la ventana. Había dormido demasiado bien y me encontraba muy descansada y de muy buen humor. Trato de estirarme, pero me es imposible, ya que aún me encuentro prisionera en los brazos de Peeta. Sonrío. Volteo a verlo pero él sigue profundamente dormido. Me deshago del abrazo de Peeta lentamente, tratando de no despertarlo y me levanto de la cama. Camino hacia la ventana y me recargo en el marco de esta, admirando el paisaje. Aunque sigue nublado, ya no cae nieve, y poco a poco se va aclarando más, señal inequívoca que pronto saldrá el sol.

Suspiro lentamente, dejando que mi mente se quede en blanco, como el paisaje que observo a través de la ventana. Disfruto de la tranquilidad que me brinda este momento, algo que hace mucho tiempo no hacía.

Unos brazos rodeándome y un cuerpo pegándose por mi espalda, me sacan de mi ensoñación, sobresaltándome un poco. Pero el aroma de Peeta llega a mí y me tranquiliza.

—Buenos días— me dice Peeta demasiado cerca de mi oído, lo que causa que me estremezca entre sus brazos.

—Buenos días— le contesto el saludo y me relajo entre sus brazos — ¿sin pesadillas?

—Sin pesadillas— me dice— y todo gracias a ti— deposita un pequeño beso en mi cuello.

Nos quedamos un momento así, con sus brazos rodeándome, en silencio, mirando a través de la ventana.

—Creo que debería irme— le digo sin mucho ánimo de hacerlo. No me quería ir de su lado. Aquí me sentía segura, protegida….amada.

— ¿Crees?- me pregunta riendo — No te escuchas muy convencida— afianza un poco más su agarre haciéndome notar cada parte de su cuerpo. Comienza a besar mi cuello y yo como respuesta, cierro los ojos disfrutando de sus caricias.

—Mi mamá puede preocuparse— intento convencerlo a él… y a mí misma.

—Le llamaste por teléfono ayer. Sabe que estas bien. — Otra vez Peeta termina con todos mis argumentos coherentes.

—Tus padres tal vez no tarden en llegar— saco mi última carta y esto parece funcionar.

—Bueno, está bien— suspira resignado, soltando el agarre que tiene sobre mí. — Iré a preparar el desayuno mientras te cambias de ropa— comienza a caminar rumbo a la puerta.

—Peeta— le llamo y él se detiene devolviéndose. Elimino la distancia que hay entre los dos y lo beso, sin darle tiempo si quiera, de que me conteste algo.

Termino el beso, tan rápido como lo inicié.

—En un momento bajo— le digo, él parece anonadado. Le sonrío y camino directamente al baño. Me cambio de ropa y trato, sin mucho éxito, arreglar un poco más mi aspecto. Decido que, por lo menos, estoy un poco más presentable y salgo del baño y de la habitación.

— ¿Quieres que te ayude en algo? — le pregunto a Peeta entrando a la cocina. Él solo me sonríe.

—No, ya termine. Siéntate, por favor— me dice y yo le obedezco sentándome en la mesa. Sirve los platos y se sienta a mi lado a comer. No decimos ni una palabra en el trascurso del desayuno. Terminamos y me ofrezco a lavar los platos, Peeta se pone a limpiar la cocina.

—Creo que ahora si ya me voy— le digo secándome las manos con un trapo.

—Te acompaño a la puerta entonces— y me guía a la puerta. Abro la puerta dispuesta a salir y me detengo un poco.

—Muchas gracias por todo y disculpa las molestias— le digo y sin previo aviso, Peeta cierra la puerta, me acorrala en la pared poniendo sus manos en mis costados y desciende a mis labios, besándolos con desesperación. El beso es muy intenso y apasionado. Pongo mis brazos alrededor de su cuello en un intento por atraerlo más a mí. Peeta profundiza el beso y su lengua se abre paso por mi boca, creando una lucha con la mía. Paso mis manos por su cabello y cuello, acariciándolos. Peeta va descendiendo sus besos hasta mi cuello y un leve gemido se escapa de mi boca.

—Peeta— lo llamo jadeando. Detiene sus besos y esconde su rostro en mi cuello.

—No me pude controlar— me dice y siento su respiración acelerada en mi cuello— Discúlpame. —Y así, abrazados, esperamos a que nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad.

—Peeta, me tengo que ir— le digo pero aún me mantengo abrazado. Él levanta la cabeza quedando a poca distancia de mi rostro. Me sonríe

—Si— me dice y le doy un, último y breve, beso. Por fin lo suelto.

—Nos vemos luego— abro la puerta para ahora si salir.

—Nos vemos Katniss— salgo y él cierra la puerta tras de mí.

Voy de camino a mi casa, pensando todo lo que pasó en casa de Peeta, todo lo que cambió. Fui a ver a Peeta para cerciorarme de que estuviera bien, pero al notar todo el dolor que le había causado opte por tomar la decisión de alejarme de él. Pero no pude hacerlo. Al final derrumbo todas mis barreras, haciéndome notar que yo lo necesitaba como él a mí. Y como promesa de que nunca me alejaría de él, hemos realizado el tueste—Me detengo abruptamente

Me he casado con Peeta.

Me había jurado a mi misma nunca casarme ni tener hijos, permanecer sola por el resto de mi vida. Pero había cambiado ese hecho sin darme cuenta. Y con el hombre que siempre me había jurado su amor eterno. Y a ese mismo al que yo le había hecho tanto daño. Pero no pude pensar en otra cosa mejor para hacerle saber que había ganado, que estaríamos juntos siempre, o por lo menos lo que nos dejara vivir el Capitolio. Y ahora me sentía rara, extrañamente casada… pero más que eso…

… me sentía amada.

En mi rostro se asoma una sonrisa muy grande. Sigo caminando a mi casa. Llego y abro la puerta, Prim corre rápidamente a abrazarme.

—Por fin llegaste— me dice con una sonrisa viéndome a la cara — y por lo que veo, Peeta te trató muy bien— me guiña el ojo.

— ¡Prim! — le regaño, sonrojándome por su comentario.

—Hola Katniss— saluda mi madre caminando hasta donde se encuentra Gale. ¡Dios! Me había olvidado casi por completo del estado de Gale. Me siento culpable. Yo muy feliz con Peeta y Gale sufriendo aquí en mi casa.

—Hola mamá— le devuelvo el saludo siguiéndola hasta llegar a Gale— ¿cómo sigue? — le digo viéndolo.

—Mucho mejor. Solo que ahorita está dormido, le tuve que dar un poco de jarabe para dormir ya que no paraba de preguntar por ti— agradezco a mi madre internamente por eso. Gale hubiera sufrido mucho si se hubiera enterado que me quede con Peeta estando él así— Ahora solo hay que esperar a que despierte para llevarlo con Hazelle.

—Gracias mamá— ahora si se me escapa el agradecimiento.

—No tienes que agradecerme— me dice restándole importancia con la mano— Ahora ¿cómo te fue con Peeta?

—Yo digo que muy bien — interrumpe Prim entrando a la habitación riendo— ¿no viste la sonrisa que traía cuando llego a casa? — le doy una mirada de regaño. Mi madre solo voltea a verme curiosa.

—Hablamos y arreglamos algunas cosas que teníamos pendientes— obviamente no le voy a contar a mi madre que me había casado con Peeta. Sé que no me diría nada, pero aún así quiero mantenerlo como un secreto, uno que solo Peeta y yo compartamos.

—Me da gusto. Peeta es un buen muchacho, no se merece todo el sufrimiento por el que ha pasado— me dice. No sé realmente a que se refiere mi madre. Si su sufrimiento es por culpa de los juegos, creo ninguna persona que ha pasado por ellos, se lo ha merecido. Pero si mi madre se refiere a lo que ha pasado por mi culpa, eso es un golpe bajo, que me hace sentir muy mal.

—Catnip— me llama Gale y yo corro a su lado. Abre lentamente sus ojos, acostumbrándose a la luz.

—Hola — le digo sonriéndole

—Hola de nuevo— me dice Gale.

— ¿Cómo te sientes? — le pregunto tomándolo de la mano.

—Mucho mejor, y más porque estás aquí conmigo— me dice y su comentario me hace sentir mal. Pero por lo menos no se ha enterado de que estuve toda la noche con Peeta.

—Gale, hijo, te preparé algo de desayunar. Así te puedes ir a tu casa cuando quieras— le dice mi mamá trayendo consigo el desayuno de Gale.

—Muchas gracias señora— dice Gale.

—Ven, te ayudo a levantarte— trato de que se apoye en mi para levantarlo evitando que el haga tanto esfuerzo. Le ayudo a ponerse correctamente la camisa y después lo llevo a la mesa para que pueda desayunar.

— ¿No quieres desayunar, Katniss?- pregunta mi madre acercándole un plato a Gale.

—No mamá, gracias. Ya desayuné— Gale me da una mirada curiosa. Yo le ruego al cielo que no pregunte. Pero luego él no le da importancia.

Come en silencio, quejándose de vez en cuando del dolor, yo le tomo la mano como si con eso pudiera aliviar tan solo un poco su dolor. Termina de comer, nos despedimos de mi madre y nos vamos directamente a la Veta. Llegamos a la puerta de su casa y yo hago el amago de irme de vuelta a mi casa.

—Catnip, espera— me toma del brazo todo lo que le permite el dolor de su espalda— quiero decirte algo.

—Sí, dime— le digo enfrentándolo, la mano que antes me había tomado el brazo, ahora está en mi espalda, acercándome a él.

—Bueno, te quería agradecer por haberme defendido de Thread— pienso en mencionarle que también estuvieron ahí Peeta y Haymitch para defenderlo, pero creo que se puede molestar si los menciono.

—No tienes que agradecerme, no podía dejar que te lastimara más— le digo y él se acerca un poco más a mí.

—Y también— continua diciendo— por cuidar de mi— otra vez me vuelvo a sentir culpable, Gale no sé merecía que lo dejara ahí herido, en mi casa— el que te preocupes por mi me hace muy feliz, eso quiere decir que te importo— y entonces inclina su cara hacia la mía. Y sé lo que va a hacer.

Va a besarme.


Hola a todos!

¿Gale besará a Katniss? ¿Katniss lo dejará? ¿Traicionará a Peeta? Descúbranlo en nuestro próximo capítulo XD

Aquí está un capítulo más largo, por eso me tarde un poco más en actualizar y más porque hoy me voy al cine! XD

A todos los que pensaron que era el tueste ¿Qué creen? Le atinaron! XD

No sé muy bien como se realiza, pero más o menos trate de escribirlo como me lo imaginaba.

¿Qué les pareció?

Y sigo agradeciendo a todos aquellos que me han puesto en sus alertas, en sus favoritos, me siguen y me escriben reviews! Muchísimas gracias! Sin ustedes esta historia no fuera posible!

Griffindor (guest): sí, yo también siento que en los libros no le ponen mucha atención a lo que siente Peeta, y creo que eso va porque Katniss casi nunca se daba cuenta XD Muchas gracias.

Yuki Ai Ne: aquí lo tienes, muchas gracias XD

Monogotas2: golpear, matar, quemar, todo lo que quieras XD jajaja sii Katniss romántica ¿te lo puedes imaginar? Aquí lo tienes muchas gracias. Saludos!

Adriana 2011: sii! Tueste, espero te haya gustado muchas gracias!

Coraline Kinomoto: aquí tienes el tueste! Y veras que pronto Katniss se da cuenta que no le importa Gale Zucix: jeje aquí tienes! Muchas gracias.

Chrushbut: creo que Katniss siempre ha tenido la iniciativa de los besos, pero lo importante es que realmente valgan para ella. Y estoy totalmente de acuerdo contigo, las palabras se las lleva el viento y lo hechos son lo que importa, creo que describiste a la perfección mi postura. Además creo que no sería mala idea que Peeta la enseñara a hornear XD Muchas gracias! Saludos.

FluoR0: así es! Es el tueste, espero que te haya gustado, muchas gracias!.

LenaPrince: aquí lo tienes muchas gracias!.

Elaine Haruno de Uchiha alias Katinga: XD me puedo refugiar en la uni! Qué buena idea me acabas de dar! Y si Katniss nos dio muchos motivos para querer matarla! Y qué crees? TUESTE!

Lizzy—apb: que bueno que te decidiste a leerlo, me haces muy feliz! Y no te equivocaste, aquí está el tueste. Muchas gracias. Saludos.

Magaly: que las ansias ya no te consuman! Aquí está el tueste, de todos modos el pan se quemó XD muchas gracias, saludos.

: si es el tueste!XD Muchas gracias!.

Ane—Potter17: si yo tampoco podría ver que Katniss y Peeta se separaran y tienes razón más por Peeta que por Katniss. Muchas gracias.

Ale—Jane—Potter alias harrys: y ese milagro que me lees? Soy mala, ya lo sabes, y sí, yo te lo dije cuando comenzaste a leer el libro: el karma es genial!

CarlaMellark: yo tampoco cuestionaría a Collins pero siempre me queda la espinita de la duda en cada escena XD es por eso que hago esto. y ya no tienes que esperar más! Aquí esta. Muchas gracias. Saludos.

Bueno, sin más que agregar, nos vemos en el próximo capítulo!

Atte.

KristenRock