Capítulo 3 Las voces de la sombra.
Disclaimer: Queda prohibida toda copia de este FanFic, los personajes por desgracia no son míos si no de la maravillosa Meyer, pero la trama es de mi completa autoría.
Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad Betas FFAD
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le agradezco a cada una por su espera.
Cuando me extrañes recuerda que yo no me fui, has sido tú quien me dejó ir.
Edward pov.
Había ido a ver a mis hijas al colegio, pero me llevé la sorpresa de que tenían prohibido hablar o ser recogidas por personas no autorizadas.
Sentí mucha rabia y salí de allí muy cabreado, al llegar a mi habitación me comuniqué con mi familia, llevándome otra sorpresa, mi hermana y su cuñada Rosalie viajarían para acá.
Ella sabía algo de Isabella, pero no me lo diría.
Hablé con mi madre, que seguía insistiendo en que regresara con Irina, según ella, aquella arpía era una excelente mujer.
Di vueltas por mi habitación toda la tarde, sin tener un plan para poder acercarme, podría tramitar una demanda, pero en eso Bella tenía la ventaja.
Realmente fui un jodido idiota.
Me pasé la mano por la frente, que estaba cubierta por una capa de sudor, tomé mi celular y marqué el número de Kate, mi abogada y mejor amiga, sonó el tercer timbre y contestó.
—Hola Edward, es un milagro recibir una llamada tuya.
—Hola Katie, ya ves, los milagros ocurren.
—¿A qué debo tu llamada?
—Quiero hacerte unas preguntas —dije sentándome en la orilla de la cama.
—Dime, soy toda oídos.
—Antes que nada, espero que no vayas a divulgar nada de lo que te diga.
—¿Cómo te atreves a insinuarlo siquiera?
—Tú misma te pusiste el saco Kate, yo no he dicho nada.
—No tengo tiempo Edward, dime qué es lo que quieres.
—¿Cómo puedo conseguir la custodia compartida?
—Antes de decir algo tendría que evaluar el caso, si te has preocupado por él no hay juez que se niegue a dártela, pero si es todo lo contrario, lo veo muy complicado.
—¿Y si fue ella quien se marchó?
—Entonces puedes pelear y ese sería un punto a tu favor.
—Tengo otra pregunta, ¿si ella me informó sobre el embarazo y yo me deslindé de toda responsabilidad?
—Entonces eres un jodido cabrón y no tienes nada que pelear.
—¿Qué es lo que te pasa? —pregunté cabreado, no dejaría que me insultara.
—¿Que qué me pasa?, ¡por dios Edward!, fíjate en lo que estás diciendo, como abogada te digo que no tienes nada que pelear.
—Puedo porque soy el padre —dije con firmeza.
—Sí, un padre que no se interesó por su hijo.
—Son dos niñas y en ese entonces no podía.
—¡Dios santo, dos!, ¿por qué no podías, temías que se enteraran de tus enredos de falda?
—¡No te permito que me hables así!
—Pobre Edward, ¿tanto te duele que te digan la verdad?
—¿Sabes qué?, creo que fue un error hablar contigo.
—Siento mucho que te enfades, pero te estoy diciendo la verdad, si yo fuera tú lo dejaría por la paz, no veo nada lo suficientemente bueno como para que ganes la custodia compartida. —Y sin decir más me colgó.
Dejé que el resto de la tarde se fuera y la noche llegó, trayendo consigo las sombras de la oscuridad.
Mi mente sentía la presión por reparar el daño… Por no dejar de luchar por ellas, pero una parte de mí me decía que desistiera, que no tenía nada para aferrarme.
Tenía claro que amaba a Bella y a mis hijas, eso jamás cambiaría.
Bella pov.
Los rayos del sol iluminaban la gran habitación, haciendo que su calor me permitiera no sentirme tan sola, no sentir lo fría que estaba la cama, tenía la mente en blanco, cuando unos golpecitos me hicieron volver a la realidad.
—Adelante —mis angelitos aparecieron, lanzándose en la cama y abrazándome.
—Buenos días mamita —dijeron al unísono mis pequeñas.
—Hola mis amores, ¿listas para ir al colegio? —cuestioné y ellas hicieron una mueca.
—Nop —repitieron a la par y se metieron debajo de las cobijas.
—Pues que mal, porque ya casi nos vamos.
—¡No! —gritaron, tapándose la cabeza con la colcha.
Sin más remedio permití que se quedaran en casa mientras yo me iba al trabajo, me despedí de ellas, indicándoles que se portaran bien mientras Sue las cuidaba.
Llegué saludando a todos y me dirigí a la oficina para dejar mis cosas, volví a la cocina y entré en el cuarto frío para sacar la carne necesaria, cuando sentí que alguien me seguía.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó la inconfundible voz de Jacob.
—Sí Jake, ¿podrías bajar aquella caja? —pedí señalando el estante.
—¿Cómo has estado?
—Muy bien, gracias. ¿Y tú? —formulé distraídamente mientras buscaba las verduras.
—También… ¿Cómo están las niñas?
—Cada vez más grandes, Melanie se sintió mal ayer por la tarde, pero ya está mejor —respondí cortés, después de todo, a él en serio le importaban mis hijas.
—Bella… —murmuró quedando muy cerca de mí.
—Jake, por favor —rogué poniendo mis manos como escudo.
—Ya no puedo ocultarlo más Bella.
—Lo siento, sabes cuál es la respuesta.
—Sí, aún amas a ese que te hizo tanto daño.
—Por desgracia así es, uno no escoge de quién se enamora —susurré bajito, más para mí que para él.
—Creo que ya es tiempo de que… —Antes de que terminara de hablar la puerta se abrió y él se alejó bruscamente.
—Chef, la jefa la busca —mencionó un ayudante y yo asentí.
—Lleva eso, por favor —fue lo único que le dije a Jacob antes de salir.
La puerta de la oficina estaba cerrada, así que toqué y un poco después entré.
—¿Pasa algo Angela? —interrogué mientras cerraba la puerta.
—Hola Isabella —habló con su reconocible voz y yo me quedé congelada.
—¿Qué haces aquí?
—Quería hablar contigo, ésta me pareció la única forma de lograrlo.
—Tú y yo no tenemos nada de que hablar —aseguré mientras sentía la cólera crecer.
—Yo creo que sí tenemos muchas cosas pendientes.
—Edward, no me hagas perder el tiempo, tengo mucho por hacer.
—Seré rápido.
—¿Qué tengo que hacer para que te vayas de aquí?
—Muy fácil, déjame conocerlas —pidió y yo me reí de él, estaba soñando mucho.
—Ya te he dicho que no.
—Tengo derecho… —comenzó, pero lo interrumpí.
—No me vengas con eso de "tengo derecho porque soy su padre", perdiste ese derecho cuando te conté de su existencia y tú te fuiste.
—Me fui porque soy un idiota, yo sólo trataba de protegerte.
—¡Siento tanto que perdieras tu tiempo!, por si no lo sabes, yo sola pude y puedo defenderme —solté con amargura, recordando lo gris que había sido mi vida.
—Sólo déjame conocerlas… Por favor, ayer fui a su escuela.
—No tenías porqué.
—No puedes prohibirme verlas como si fuera un delincuente.
—Sabes perfectamente que no mereces siquiera estar cerca de ellas —hablé lento y pausado, tratando de calmarme.
—Es mi derecho conocerlas, así que si no es por las buenas, las pelearé.
—¿Y en serio crees que ganarás?, estás muy mal, nunca le darían la oportunidad a una persona que jamás ha velado por sus hijas.
—Pero ahora quiero hacerlo.
—¿Y qué pasará cuando te canses de ellas?, ¿solamente te irás, las abandonarás de nuevo?, no Edward, mis hijas no son un juguete.
—No me iré.
—Nadie me lo garantiza, yo NO confío en ti —mascullé y su rostro reflejó dolor.
—Has cambiado tanto Isabella.
—Maduré Edward, no te vendría mal hacerlo, o al menos tratar.
—Quiero hacerme responsable de ustedes.
—Gracias a Dios y a mi esfuerzo no nos falta nada, así que guarda tu dinero.
—¡He dicho que me haré cargo! —gruñó molesto y con voz fría.
—Y yo contesté que no lo necesitamos.
—Lo aceptarás, quieras o no lo aceptarás.
—No me amenaces —gruñí de vuelta, ahora sí que estaba cabreada.
—Tómalo como quieras, pero aceptarás el dinero.
—Mejor dáselo a tu esposa, a una fundación benéfica, ¡qué sé yo!, a alguien que lo quiera y necesite
—Ya no tengo esposa, así que aceptarás.
—¡Dije que no! —grité y él se acercó rápidamente—, aléjate —exclamé tratando de empujarlo.
—No es eso lo que quieres.
—¡Aléjate Edward! —murmuré forcejeando, pero sin lograr nada.
Alzó mi barbilla y me miró a los ojos, sus esmeraldas se veían oscuras, dejando entrever el deseo que había en ellos.
Sin más juntó nuestros labios, mi cuerpo no reaccionaba y yo lo quería lejos de mí, así que con todas mis fuerzas lo alejé.
—¡Largo! —demandé mientras limpiaba mis labios.
—Nos veremos pronto —susurró con una maldita sonrisa, que sólo lograba aumentar mi molestia.
Tenía ganas de tomar su cabeza y estamparla en la pared.
—Cálmate Bella, no ganas nada enojándote —me reconforté.
Di una bocanada de aire y salí de la oficina, en el camino me topé con una muy molesta Ángela.
—¿En dónde rayos te metiste Bella?
—Fui a buscarte a tu oficina.
—¿Qué?, yo estaba afuera, esperándote.
—No, a mi me dijeron que estabas allí, pero al llegar me lo encontré.
—¿Quién estaba en la oficina?
—ÉL.
—¡Ay Bella!, ¿quién es él? —preguntó alzando las cejas.
—Edward, estaba en la oficina —solté sin más tapujos y su mandíbula cayó.
—Te juro que yo no dejé pasar a nadie.
—¡Dios mío! —exclamé, tensándome en mi asiento.
—Tranquila, reforzaré la seguridad del restaurant, él no volverá a molestarte.
—Muy bien, ahora más que nunca necesito un trago —murmuré entrando a la cocina y tomando mis recetas—, todos tienen trabajo, así que manos a la obra.
—Chef —reconocí la voz de Jacob—, ¿va a necesitar ayuda?
—No, gracias, encárgate de que nadie entre en mi área.
Sin decir más tomé la carne y demás ingredientes, busqué mi vino tinto favorito, hoy rompería la regla primordial de este restaurant, "cero alcohol en el trabajo".
Llené la copa por la mitad y fui tomando pequeños sorbos.
Me dediqué a picar verduras y por distraída, al rozar mi mano con una sartén caliente, pegué semejante palabrota.
—¡Mierda! —bramé e instintivamente llevé mi mano a la boca, para soplarme.
…
—Me encantaría salir a cenar contigo —murmuré feliz, era la primera vez en meses que Edward y yo saldríamos a otro lugar que no fuera la cafetería del supermercado.
—Nos vemos en la noche amor —prometió, dejando un suave beso en mis labios y saliendo del departamento.
Y muy feliz seguí con la limpieza del lugar, en donde habíamos pasado todo el fin de semana haciendo el amor.
Sin duda Edward era excelente en la cama, había cambiado todo mi guardarropa interior para complacerlo, él amaba verme con ropa de encaje, así que cumplí su deseo.
Ahora contaba con más de 30 pares de zapatos de tacón, era muy excitante ver la mirada llena de deseo que me dedicaba Edward cuando usaba encaje y tacones.
Una noche me había tomado en la cocina, yo llevaba unas plataformas rojas y no paraba de decirme lo sexy que me veía.
—Amor —mordía mi lóbulo izquierdo—, deberías comprarte más tacones, te ves jodidamente sexy en ellos, tus piernas se ven aún más largas.
Y desde ese momento mi lencería se incrementó considerablemente.
…
Sacudí la cabeza para deshacerme de esos recuerdos.
—Maldito Cullen —refunfuñé resignada, por más que lo odiara y quisiera estampar su cara de niño bonito -como le decía Emmet- lo amaba, él había sido mi primer gran amor y el que me jodió la vida, marcándome como suya.
Traté de dejar por la paz todo pensamiento que lo involucrara a él, estaba terminando la segunda receta cuando entró Angela con el teléfono en mano.
—Tienes una llamada.
—Gracias —dije limpiándome en el delantal, ella me ayudó a ponerlo en mi oreja.
—Isabella Swan —respondí pacientemente.
—Hola preciosa —hablaron e inmediatamente reconocí la voz de Emmet.
—Hola grandulón —exclamé sonriendo.
—Bien, ciertas señoritas… —comenzó y escuché las risas de mis princesas—. ¡Ay!, eso dolió —murmuró fingiendo un sollozo, supuse que lo habían golpeado.
—¿Qué pasa con ellas? —pregunté con curiosidad y seguí con la receta.
—Bueno, ellas quieren comer costillas y esa salsa exquisita que haces.
—Es una pena, pero no las traerás.
—¡¿Por qué!? —gritó y sentí mi tímpano estallar.
—No pueden comer eso, están enfermas del estómago.
—¡Rayos! —alegó abatido—, y… ¿No podías traerme algo a mí?
—Lo pensaré, ¿eso es todo?, tengo que trabajar.
—¡No, espera! —Alejó un poco el teléfono y escuché que les hablaba a mis niñas—, ¿por qué no suben a ver una película y en un momentito voy con ustedes?
—Emmet, tengo cosas que hacer, ¿qué es lo que me quieres decir?
—Ah sí, sobre eso, hoy llega la cuñada loca de Rosalie, por lo que me dijo que te avisara que tratará de cumplir lo que te prometió.
—¿ok?, bueno, nos vemos más tarde.
—Adiós. —Alcancé a escuchar antes de colgar.
A las tres de la tarde estaba saliendo del restaurant, con las costillas y salsa que quería Emmett, así que me fui tranquilamente para la casa, al llegar me recibió Black, que bajó de las escaleras ladrando y moviendo la cola.
—¡Hola mi precioso! —exclamé cariñosamente, jugando con su pelo.
Entré a la cocina y me la encontré desierta, salí para revisar el cuarto de juegos y lo encontré del mismo modo, me alarmé y corrí a su habitación, nada, estaba vacío.
Cuando iba a mi habitación escuché risas que venían de al lado.
—Dale tío, deja que pintemos tu cara —escuché decir a Melanie y en seguida la risa de Jane.
—No, al tío oso no lo pueden pintar —exclamó rotundamente, yo abrí la puerta lentamente y en silencio.
—Si te dejas pintar, convenceremos a mamá de que te haga esa salsa que tanto te gusta —hablaron al unísono, tratando de imitar su voz.
—Ok, tenemos un trato —contestó inmediatamente y yo me quise reír de él.
Cuando terminaron con su cara, saqué mi celular y puse la cámara.
—Hola —hablé y los tres voltearon a verme, aproveché y capturé el momento.
—¡Mamá! —gritaron y vinieron corriendo a besarme.
—Mis amores, las extrañé muchísimo —hablé mientras les repartía besos en sus regordetas mejillas.
—Y nosotras a ti mamita.
—¿Para mí no hay? —le sonreí.
—No —respondió inmediatamente Melanie.
—Mamá no puede compartir los besos —completó Jane.
Antes de que Emmet dijera algo, me apresuré a hablar.
—Está bien, vayamos a comer.
El resto de la tarde me la pasé con las niñas en su clase de natación, gracias al cielo, en esa estaban juntas.
Luego dimos un paseo por el centro comercial, buscando unos accesorios para su nuevo conjunto.
—Esos zapatos son hermosos —dijo Jane pegándose al aparador.
—Mamá, esos se verían preciosos en ti —ellas tenían razón eran hermosos.
Me tomaron de las manos, metiéndome a la tienda y ya sabía que saldría con ellos. Al caer la noche, regresamos a casa.
Terminé de alistarlas para dormir, les leí un cuento y se quedaron dormidas sólo unos momentos después.
Salí de su recámara sin hacer ruido y al llegar a mi cuarto me deshice de mi ropa, dejándome solamente la interior.
Saqué los zapatos rojos y me los calcé, mirándome en el espejo de cuerpo entero.
Solté mi cabello color chocolate y el espejo reflejó a la chica de veinte años, aquella que todos los fines de semana esperaba medio desnuda al hombre que amaba.
Cerré los ojos y me dejé llevar, recordé sus caricias, sus manos trazando mi cuerpo, sus labios esparciendo besos y encendiendo mi piel.
Abrí mis ojos, viendo ese brillo que hacía mucho no veía, tendría que tomar un baño para calmar mis hormonas.
...
Salí de la ducha con un pantalón de franela y una camisa, tomé mi portátil y comencé con la lista de los productos que me faltaban.
Abrí mi correo y en mi bandeja de entrada me encontré con uno URGENTE.
La curiosidad me ganó y lo abrí.
Ten cuidado, Edward sólo busca quitarte a tus hijas. No has sido la única engañada, él se hizo pasar por un estudiante y se acercó a mí, caí en sus redes y quedé embarazada, cuando se lo dije él me contó que estaba comprometido, dijo que no le importaba el bebé, pasaron dos años y el me lo quitó… Desde ese día no sé nada de mi hijo..
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NOTA: hola chicas, pido disculpas por la demora, la universidad me tiene loca, pero en fin, les agradezco, sus RW.
¿que les pareció el capitulo? ¿creen que sea verdad ese correo?
espero sus RW.
hora de contestar los RW:
Guest: no te asustes linda, tratare de no tardar, así es 3 años, conozco a personas (mujeres) que llevan mas años, aveces los sentimientos traicionan y te hacen caer, no ninguno se dio cuenta de que bella era amante de Edward, Emmet es amigo de Bella, y da la grandiosa casualidad de que Ros, es hermana de Jasper el esposo de alice.
Guest: ninguna persona que mantenga en secreto una relación, se me rece algo bueno, pero en fin es cuestión de cada uno.
Guest : no te la pierdas cariño, prometo seguir con el suspenso de que va a pasar.
Gatita Cullen: sufrirá un poco (mucho) bella no se lo dejara fácil, pero no comas ansias.
pili: gracias a ti linda, que bueno que te gusta la historia, tratare que sea frecuente.
LicetSalvatore : gracias por ponerla en tus favoritos, se me olvido explicarles, Bella escribe como un libro, es una cuestión psicológica, donde ayuda a la persona a tratar de superar ciertas cosas de su pasado, por eso ella en ese escrito llama Nicolas a Edward.
sin más que expresarles mi fiel agradecimiento, parto a los brazos de morfeo a tomar una siesta.
saludos y besos Lili.
