Capítulo 4. Las voces de la sombras
Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD. groups/betasffaddiction/
Gracias Pichi por tomar esta historia y ayudarme con la corrección.
''El mayor logro del ser humano es poder sonreír mientras el corazón está llorando.''
Leía una y otra vez, y no salía de mi asombro… porque era eso…asombro.
Había intentado contestar, pero no podía. Estaba desesperada.
—Dios mío, ¿y si esto era cierto?
Busqué mi celular, vi la hora y me pareció muy tarde para llamar, así que entré a mensajes y busqué su nombre.
Ros, urge que hablemos.
Apenas puedas, búscame.
Bella.
Me levanté de la cama y comencé a dar vueltas por la habitación. Tomé un libro e intenté leer, pero en mi mente sólo estaba el correo.
Me volví a poner nerviosa, así qué bajé y me puse a cocinar un montón de postres hasta que el reloj de la sala de estar resonó. La cabeza me iba a estallar.
No podía más, me apoyé en la isla y me puse a llorar.
—¿Qué he hecho para merecer esto?... —Ya, me metí con un hombre casado.
Sentí unas manos en mi cintura, y cuando bajé la mirada vi a mi pequeña Jena.
—¿Qué pasa mi amor? —pregunté y la tomé en brazos.
—Tuve una pesadilla, mamá.
—Tranquila, aquí está mamá para cuidarte —Le di un beso.
—Te amo mucho, mamá. Nunca dejes que me alejen de ti.
—Eso nunca pasará mi cielo. —Le aseguré y la apreté más a mí.
Le di un poco de leche tibia con unas galletitas de chispas de chocolate, y la arrullé cuando terminó con ello.
* Inicio del flashback *
—Mamá, ¿por qué nunca quieres jugar conmigo?
—Porque las mamás no tenemos tiempo para estar con los hijos.
—No es cierto. Las mamás de mis compañeras están con ellas. —La miré triste.
—Porque no tienen nada que hacer —aseguró y terminó de arreglarse.
—Yo quiero estar contigo. —Casi lloré.
—Pero yo no tengo tiempo para desperdiciar contigo, así que anda con la niñera y juega con ella. —Sin más, tomó su bolso y salió.
* Fin del flashback*
Mi madre nunca había demostrado afecto por mí, siempre pasaba el tiempo con la niñera o el personal de la casa de mis padres. Así que, cuando tomé la decisión de mudarme, me compraron el mejor departamento y, se alejaron aún más de mí.
Por eso, cuando mi madre insistió en que yo abortara, le grité a la cara.
* Inicio del flashback *
—¡Eres una perra, Renée! —Le grité con rabia.
—Sólo pienso en tu bien. No lo entiendes. —Quiso explicarme mientras yo tragué el nudo que se estaba formando en mi garganta.
—Y, ¿crees que abortar es mi mejor opción?
—La mejor que hay en esta situación en la que te metiste —afirmó. Seguía sentada en el sillón de mi departamento.
—¡No lo voy a abortar! —La maté con la mirada.
—Eres una estúpida. ¿Tienes idea de cómo te mirará la sociedad? ¿Cómo te verá la familia Cullen? —Se levantó sin dejar de hablar— Como una cualquiera, como la que arruinó el matrimonio de su hijo. Y a tu hijo lo verán como el bastardo, y te harán la vida imposible, Isabella.
—No se enterarán que es hijo de él. —Intenté explicarle pero ella se rió.
—Y aún así, ¿no te atreves a decir su nombre? —Bajé la mirada— Cuando te decidas, háblame, que estaré encantada de llevarte. —Sin más, se acercó a la puerta.
—¡Te odio, mamá! —dije llorando.
—Tranquila, yo te odio desde que me embaracé de ti, así que me siento feliz de que lo hagas. —Y así salió para nunca más volver a verla.
* Fin del flashback *
Mis hijas habían sido, y siguen siendo, el motivo por el cual lucho, por el cual sigo viva. Porque sin ellas, yo no sería nada.
Las amaba más que a mi propia vida, eran mi corazón, y las protegería de cualquiera, sin importar lo que hiciera.
Con sumo cuidado subí con Jena, y al dejarla en su cama, besé su frente.
El sueño aún no llegaba a mí, por lo que bajé nuevamente a poner los postres en trastos para llevarlos mañana a un albergue. Preparé una taza de café y subí a mi habitación.
Tenía un sillón junto a la ventana, me senté y me perdí en mis recuerdos, aquellos que había plasmado en hojas.
* Inicio del flashback *
—¡TE AMO! —gritamos juntos en la azotea.
—Siempre será así —Le dije mirándolo a los ojos.
—Nunca lo dudaré —Besó mis labios y nos quedamos viendo el atardecer.
—Hoy no podré quedarme a dormir contigo —Me dijo cuando íbamos de regreso a mi departamento.
—No te preocupes, entiendo que tienes trabajo —Solamente asintió.
Cuando llegamos a la puerta de mi departamento me dio un beso y se alejó, mientras yo me quedé observándolo hasta que las puertas del elevador se cerraron y se fue.
Al entrar, su aroma se coló por mis fosas nasales. Todo a mi alrededor me recordaba a él.
Sin el menor ánimo fui por mis libros para acabar de hacer mis tareas, sólo me faltaban dos años para terminar mi carrera y, sin duda, el año que había transcurrido había sido el mejor, conocí a Edward y, desde entonces, estábamos juntos. De hecho, faltaban dos días para que cumpliéramos dos años de novios, y eso me alegraba al máximo.
Cuando llegó el día de nuestro aniversario quería hacer algo especial, así que decidí no ir a la escuela para prepararle una exquisita cena, haría su comida favorita, la italiana.
Desde temprano me había esmerado mucho por limpiar y decorar nuestra recámara. Iban a dar las tres de la tarde, así que me di un baño rápido.
Al salir, busqué unos jeans, una blusa de manga, sandalias, hice un moño a mi pelo y salí rumbo al supermercado, donde conseguí todo lo que necesitaba.
Cuando terminé mis compras, caminé unas cuadras más hacia una tienda de lencería, compraría algo muy sexy.
Busqué varias prendas, todas me gustaban, y claro estaba que Edward las amaría.
De pronto, me detuve junto a los probadores al escuchar una voz muy familiar.
—Este se vería muy sexy en ti —dijo aquella voz que conocía y fui acercándome.
—Esta noche lo podría estrenar —Escuché la voz de una mujer.
Faltaba poco para poder verlos.
—Sería un excelente regalo de aniversario.
Observé la imagen del espejo y quedé hecha una piedra.
Era él.
Era mi Edward, con otra mujer, a la cual tenía abrazada por la cintura. En ese momento sentí la tremenda bofetada de la realidad.
Cuando reaccioné, vi que él me observaba, su mirada expresaba… miedo, molestia, y algo más que no pude identificar.
De inmediato me giré y caminé lo más rápido que pude. Quería llegar a mi casa… llorar, gritar todo lo que sentía, arrancarme sus palabras.
—¿Señorita, no comprará nada? —Me preguntó una señora.
—No, lo siento, me surgió una emergencia. —Y, sin más, corrí hasta llegar a mi camioneta.
Sentí el vibrar de mi teléfono, pero no me importó, seguí mi camino sintiendo las lágrimas descender, nublándome la vista.
Cuando me tocó un semáforo en rojo, no pude aguantar más y me solté a llorar. Me quedé ahí, desprendiendo sollozos, sacando el dolor de mi cuerpo, tratando de detener los pedazos de mi corazón.
Los fuertes sonidos del claxon de los autos, hicieron que reaccionara y siguiera mi camino, pero me desvíe y fui hacia mi lugar preferido. El lugar a donde siempre iba cuando necesitaba un consuelo, unas palabras de aliento… La casa de Marie, mi nana, la cual era como mi madre.
Cuando ella abrió la puerta lo único que pude hacer fue tirarme en sus brazos y llorar, hasta que mis ojos se cerraron.
* Fin del flashback *
Limpié las lágrimas que escurrían por mis mejillas. A pesar de los años, aún me dolía.
Observé como el día volvía a comenzar y los ojos me pesaban. Con el cuerpo entumecido me dirigí a mi cama, en donde caí conciliando el sueño.
Horas después, me levanté por el ruidoso despertador. Sin ánimos, caminé hasta el cuarto de baño, me deshice de mi ropa, entré a la ducha y dejé correr el agua tibia.
...
— Mamá, hoy vendrá Melisa —Me recordó Jena y siguió desayunando.
—Se me había olvidado, pero bueno, apúrense o llegaremos tarde.
Veinte minutos más tarde, dos pequeñas de cabellos largos corrían hacia la puerta del colegio por lo tarde que ya era.
...
El día pasó entre conversaciones y cocinando.
Al medio día teníamos exceso de pedidos y nos pusimos a cocinar lo más rápido que nos fue posible.
Yo estaba como un trompo, girando para acabar con todas las órdenes que tenía.
...
—Sue… —Eran cerca de las tres de la tarde cuando llamé.
—Hola, Bells. —Intuí que me dio una sonrisa aunque no podía verla.
—Disculpa que te moleste, pero ¿sería mucho pedir que fueras por las Pitufinas? Aún tengo muchas órdenes con las que batallar —Suspiré.
—Voy por ellas y pasaremos al restaurant por algo de comida.
—Claro, la tendré lista. Avísame cuando estén en la puerta.
Sin más, colgué y regresé a cocinar.
Dieron las seis de la tarde y gritamos de alegría por haber logrado un récord.
—¡Felicidades a todos! —Alzamos nuestras copas para brindar—. Porque el restaurant siga creciendo.
Tras unos minutos, me despedí de ellos y de Ángela, y partí rumbo a mi casa.
Sentía mis piernas desfallecer por estar tanto tiempo parada, era una cosa horripilante.
...
Al entrar a la casa, escuché risas y música de "Violeta" la serie favorita de las gemelas. Seguí el sonido y llegué al cuarto de juegos. Cuando abrí la puerta encontré a mis hijas cantando, con otra nena del mismo tamaño que ellas.
—Amores, ya llegué. —Voltearon y sonrieron.
—Hola, mamá —saludaron— ¡Qué bueno que llegaste!
—Buenas tardes, señora Swan. —Me dijo la otra pequeña y le dediqué una sonrisa.
—Hola, Melisa. Buenas tardes.
Hice que se bañarán para que pudieran merendar un cupcake. Mirábamos una película cuando el sonido del teléfono resonó por toda la casa, y me levanté deprisa para ir por él.
—Residencia Swan —dije algo agitada por la carrera.
—Buenas noches, ¿se encuentra la señorita Isabella? —Reconocí la voz de mi abogado.
—Hola Steven, soy yo. ¿A qué debo tu llamada? —pregunté extrañada, ya que era raro que lo hiciera.
—Hola Bella. Bueno, tengo noticias no muy gratas. —¡Jesús! Rodé los ojos.
—Y, ¿ahora qué pasa?
—Me acaban de avisar que tu padre falleció hace una hora. —Sentí un dolor en el pecho.
—No juegues Steven, hace dos días él estaba en perfecto estado. —Lo sabía porque, por más que mis padres me habían tratado mal, nunca había dejado de interesarme por ellos.
—Sufrió un infarto y no pudieron hacer nada. Por lo que me informó el investigador, será velado hoy a las 11 de la noche y mañana será sepultado a las tres de la tarde. —No me daría tiempo de estar ahí.
—Me será imposible llegar. —Lo lamenté, ya que por lo menos quería despedirme de él.
—He contratado un avión privado. Sale en media hora, llegarás a las cinco de la mañana, y Peter te estará esperando. —Mi cerebro andaba algo lento por lo que no sabía qué responder.
—Gracias. —Sin decir más, colgué y le marqué a Emmett mientras subía las escaleras para preparar mis cosas.
Al segundo timbre contestó.
—Hola Bells —dijo y yo empecé a tirar ropa en mi maleta.
—Necesito que vengas a cuidar a las niñas con Sue. Me iré a New York en diez minutos, Charlie ha fallecido.
—Estoy yendo a tu casa.
Para terminar mi equipaje, busqué un vestido negro, zapatos, y vi un prendedor que tenía algo de velo.
Me despedí de las niñas diciéndoles que sólo iría por un viaje de negocios y que al día siguiente ya estaría de vuelta.
Afortunadamente, había llegado justo a tiempo al aeropuerto. Eso es lo que me gustaba de mi casa, que estaba cerca de casi todo.
...
El viaje había sido muy tranquilo. Peter, mi mejor amigo, estaba hablando de su novio Mauricio, y yo sólo me reía de sus anécdotas.
Aún faltaba una hora para llegar.
—Isa, cariño, come algo —Me indicó cuando la azafata apareció con un delicioso desayuno, así que comí tranquilamente—. Al llegar, iremos al hotel para que tomes un baño y vayamos a lo de tu padre —continuó explicándome y sólo asentí.
—¿Sabes? A pesar de todo lo que me dijo, me siento mal por su muerte —reconocí y mi amigo me brindó una sonrisa cálida.
—Es normal, cariño, es tu padre como quieras verlo.
—Así es, no soy quien para reprocharle algo.
Momentos después avisaron que nos abrocháramos el cinturón. Odiaba los aterrizajes.
Una vez que el avión abrió sus puertas, salimos literalmente corriendo. Quería hacer esto lo más rápido posible.
El trayecto al hotel fue algo largo, claro que estábamos en New York. Al llegar, Peter se acercó al mostrador para pedir la llave y el botones se encargó de llevar nuestras maletas.
—Isa, tú primero te bañas y todo lo que tengas que hacer.
Y así fue, al entrar fui directo a la habitación, saqué mi ropa y la dejé sobre la cama. Cuando entré al cuarto de baño, me despojé de mi ropa y entré a la ducha. No tardé, sequé bien mi cuerpo y salí envuelta en una toalla.
Peter no estaba en la habitación, así que me coloqué rápido mi ropa. Mi vestido era de corte recto, pegado, de cuello cuadrado, tirantes algo gruesos, y mis tacones altos negros.
Busqué mis cosméticos, apliqué un poco de maquillaje líquido y lo difuminé por mi rostro, después lo hice con el maquillaje en polvo, el rizador de pestañas, y así logré terminar de arreglarme, dándole un toque final a mi boca con un labial rojo y aplicándole un gloss*
—¡Dios mío, Isa! Así sí resucitas a tu padre —exclamó mi amigo y sentí el sonrojo en mis mejillas.
—Gracias, Peter. —Le sonreí tímidamente.
Él usaba un traje negro, corbata y zapatos del mismo color, con una camisa blanca.
—Te peinaré —Le señalé el accesorio y sonrió—. El atuendo perfecto —agregué y ambos reímos.
Una vez que terminamos de alistarnos, partimos rumbo a la funeraria. Mis manos sudaban por la ansiedad. Volvería a ver a mi madre luego de 6 años pero aún me moría de nervios.
Al bajar del auto, Peter me dio un apretón de manos.
—Tranquila —dijo en voz baja y traté de sonreírle. Respiré hondo y finalmente nos adentramos.
Todas las miradas se posaban en nosotros.
Divisé a mi madre y me acerqué hasta donde estaba. Podía sentir las miradas penetrantes de las personas y, como era de suponer, junto a ella estaba Esmeralda Cullen.
Al quedar enfrente de ella, la miré.
—Renée —Mi voz sonó fría.
—Isabella —contestó con voz apagada.
—Siento mucho tu pérdida —me dirigí a mi madre, pero Esme me miraba sin ningún disimulo.
—Hija.
Negué con la cabeza cuando me llamó así, pero en ese momento, ella sollozó y se tiró en mis brazos. Por compasión correspondí y la rodeé en un abrazo hasta que ella se separó.
—¿Puedo acercarme? —pregunté y ella asintió limpiándose las lágrimas.
Sin más, me encaminé hacia el ataúd.
Observé el cadáver de Charlie Swan, el hombre que había ayudado a darme la vida. Su rostro estaba pálido y reflejaba dolor. Una parte de mi corazón se oprimió, era difícil verlo así.
Acaricié su rostro y en mi mente me dirigí a él.
—Te perdono, padre, por todas tus palabras hirientes, por tu rechazo y tal vez odio. Siento nunca haberte presentado a tus nietas, pero nunca te lo ganaste; siento haberte decepcionado, pero a veces el amor no mide consecuencias —Suspiré antes de continuar.
—Gracias por ser mi padre y compartir algo de tu tiempo conmigo, por haberme dado todo, y sin más, te agradezco que me hallas negado tu ayuda, porque sin ese coraje, no sería la mujer que hoy tu cuerpo tiene enfrente. Espero que puedas descansar en paz, siempre te llevaré en el corazón, Charlie. —Sentí unas lágrimas rodar por mis mejillas, me incliné y besé su frente.
De reojo miré a mi madre que lloraba desconsoladamente. Me dirigí junto a Peter sintiendo que esta situación me sobrepasaba.
—¿Quieres salir? —me murmuró y asentí.
Cuando iba de salida, vi a mi nana llorando en un rincón, así que detuve a Peter.
—Ve a tomar aire, en un momento te acompaño — Le di mi bolsa de mano y caminé en dirección a ella, que tenía la misma edad que mis padres.
—Hola nana —dije en voz baja y con un matiz de alegría por volver a verla. Cuando me escuchó, alzó la vista y me sonrió.
—Mi niña… —No la dejé decir más y me abalancé a sus brazos.
—¡Cómo me has hecho falta, nana! —Sentí las lágrimas escurrir.
—Y tú a mí, pequeña. No sabes el infierno que ha sido la mansión Swan desde que te fuiste.
—Creo que lo único que he hecho es causar problemas —señalé y ella rió.
—Para nada. Tú fuiste la luz de esa casa y de la vida de muchos cariño.
—A veces dudo de eso —agregué y fuimos a sentarnos.
—Nunca dudes que eres una persona maravillosa, Bella. ¿Cómo has estado todos estos años? Sin duda has cambiado muchísimo.
—Al principio fue duro, ya sabes, no tenía nada y con mucha dificultad había comprado el boleto de avión. Llegar a ese país fue muy diferente a lo que esperaba, pero gracias al cielo me mandó a unas personas maravillosamente buenas, conseguí un trabajo, el cual me ayudó con los gastos más básicos. Fue una tortura ya que embarazada no podía hacer tanto, pero Sue y su familia me ayudaron mucho. Dos años me bastaron para lograr juntar dinero y abrir mi propio restaurant. Mis amigos me ayudaron al principio y hoy en día es uno de los más famosos.
—Me siento orgullosa de ti, cariño. ¿Has traído a tu bebé? —Sonreí ante su pregunta.
—A mis princesas… Tuve gemelas, nana, y son todo para mí —Suspiré—. No las he traído, ya que hoy mismo me regreso. —Su cara fue de asombro.
—Pensé que te quedarías más tiempo —dijo con tristeza.
— No puedo. Tengo asuntos que resolver allá.
—¿No me dirás en dónde están? —preguntó en el mismo tono y me rendí.
—Estoy en Argentina.
—¡Dios santo! ¿Tan lejos? —Se sorprendió y yo encogí los hombros con resignación.
—Sip.
Platicamos un rato más hasta que Peter nos interrumpió, ya que las niñas me estaban llamado. Hablé con ellas, les dije cuánto las amaba, les pedí que se portarán bien y les recordé que las extrañaba demasiado.
Cuando dieron las tres de la tarde, partimos rumbo al cementerio. En el momento que lo sepultaron tuve que estar junto de mi madre, ya que estaba peor que antes.
El sacerdote dijo unas palabras, me miró y me pidió que también lo hiciera yo.
—Hoy me tocó dejar partir a un ser querido. Al que me crió y ayudó a darme vida, al hombre que para muchos fue su amigo, compañero, un padre y esposo, el cual Dios nos prestó 46 años para aprender de sus enseñanzas, para compartir momentos de alegría y de tristeza. Cumplió con su objetivo en la vida y por eso hoy se ha marchado. Su cuerpo físico ya no lo veremos, pero nos queda conservar su recuerdo para que su espíritu nunca muera.
Descansa en paz, Charlie Swan.
Hubo más pésames y cuando todo el mundo ya se había ido y sólo quedábamos Renée, mi nana, Peter y yo, mi madre me habló.
—Bella —Volteé hacia ella.
—¿Qué pasa? —respondí viendo que Peter hablaba con Marie.
—El abogado dará lectura al testamento en una hora, en la casa. —Asentí.
—Tengo que irme.
—Espera a que lo lean, por favor —Volví a asentir y le dije que la vería allí.
En cuanto terminamos, Peter me tomó de mi brazo y fuimos hacia el auto.
—¿Cómo te sientes? —Me preguntó y solté todo el aire contenido.
—Abrumada —Apreté mi entrecejo—. Tenemos que ir a la lectura del testamento. —Aproveché para darle la dirección al chofer y nos dirigimos hacia la mansión Swan.
Llegamos detrás de Renée y Marie. Cuando entré, todos mis recuerdos surgieron, erizando mi piel.
Nos dirigimos al despacho donde el abogado ya nos esperaba.
—Buenas tardes —saludamos todos.
—Buenas tardes, Señora y Señorita Swan.
Tomamos asiento y sin mayores preámbulos, empezó a leer el testamento.
—A mi hija, Isabella Marie Swan, le dejo el completo manejo de mis empresas, las casas de Florida, Grecia e Italia, las joyas de la familia Swan, las cuentas bancarias que están a su nombre y una carta que ella personalmente leerá.
A mi esposa, Renée le dejo esta casa, así como otros bienes, los autos, y el 25% de las acciones de la empresa Masen.
Siguió leyendo, y cuando terminó, me entregó un sobre que tenía escrito "Isabella Marie Swan", tal como lo había indicado mi padre.
Lo llamé unos minutos, y hablé con el abogado sobre qué trámites eran necesarios, le expliqué que todo lo que me había heredado Charlie pasaría a un fideicomiso para mis hijas, y que le empresa sería manejada por alguien de mi entera confianza. Desde luego, para eso tendría que volver en un mes a terminar los trámites.
—Renée, me marcho. Cualquier cosa, envíame un correo.
—Por favor, Bella, quédate. Trae a tu hijo aquí, no me dejes sola.
—Lo siento Renée, pero en mi vida ya no hay espacio para ti.
Sin dar tiempo a otra cosa, salí de esa casa donde había pasado mi niñez, mi adolescencia y había sufrido un enorme desprecio.
.
.
Nota: Hola chicas ¿cómo están? bueno aquí actualizando de nuevo espero les guste el capitulo y dejen su opinión en un rr.
¿qué pasara ahora? ¿sera que Renne haga algo? bueno lo sabremos hasta el siguiente capitulo.
nos leemos pronto Lili.
