Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD www Facebook com / groups / betasffaddiction

Capítulo 5. Las voces de la sombra.

historia original, los personajes son de la maravillosa Meyer.

Les deseo una Feliz Navidad, que su hogar se llene de bendiciones y buenos deseos.


Edward POV

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* Inicio del flashback *

¿Llegando de revolcarte con esa perra tuya? —Escuché apenas cruzar la puerta y sentí la rabia crecer. Quería decirle que ella era mucho mejor que la plástica que tenía en mi cama.

¡Qué vocabulario, Irina! —Seguí mi camino a las escaleras.

¡Contéstame! —bramó.

¿Para qué? El que calla, otorga —respondí y ni siguiera la miré—. Aunque, lo que sí te puedo decir es que no es una perra, y cuidadito le faltes al respeto —Me giré y vi que su cara mostraba rabia.

Pero… ¿quién carajos te crees para pedirme que la respete? —Me reclamó pero no le hice caso y seguí mi camino a la habitación de huéspedes.

El que ya no soporta estar a tu lado —susurré más para mí.

* Fin del flashback*

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Alice había llegado el día anterior, y estaba molesta porque Rosalie la había abandonado en el hotel.

Esa misma noche, mi madre me había avisado que Charlie Swan había fallecido. Al principio no lo creí, pero cuando llegué a casa de Isabella vi como ella salía con unas maletas, acompañada de un tipo.

Me quedé esperando el momento en que pudiera entrar, pero me llevé la sorpresa de que a la media hora de su partida, llegaron Rosalie y Emmett. No quería que ellos me vieran, así que arranqué a toda velocidad y salí de ese lugar.

Al llegar al hotel, pedí que me subieran algo de cenar. Necesitaba crear un plan que me garantizara ver a mis hijas y una idea se cruzó por mi mente…

En menos de una semana había visto a Isabella con dos hombres. Ciertamente, no estaba haciendo nada malo, pero eso no era bien visto y podría servir.

Terminé mi cena y me acosté. Esta situación era realmente estresante, y mis sueños fueron condenados con el recuerdo de Irina.

¿Cómo pudiste Edward? —decía rompiendo en llanto.

En verdad, lo siento —respondí apenado.

¿Cómo me dices que lo sientes? Si te vi de lo más feliz con esa rapazuela —reclamó furiosa.

No creo que puedas entenderlo —Suspiré y bajé la mirada.

¿Qué me dirás? ¡Quiero saber! —gritó y tiró el vaso de cristal que tenía en las manos, haciendo un estruendoso sonido al chocar con el piso.

No voy a decirte nada… porque… no es nada —Una parte de mí sabía que no era cierto.

Sólo quiero entender que fue un desliz de faldas, porque te lo juro Edward, si me llego a enterar de que sigues con ella… será un CALVARIO —Me advirtió y salió cabreada de la cocina.

Desperté jadeando por aquel sueño.

Ya estaba amaneciendo, así que me levanté y fui al cuarto de baño para tomar una ducha y despabilar mi cabeza. Pero fue todo lo contrario, y más recuerdos vinieron a mi mente.

Te lo advertí, Edward —espetó Irina y me miró furiosa.

No me amenaces —La miré igual de furioso.

¿No que ya habías dejado a esa? —preguntó irónica y suspiré pasando mis dedos por mi cabello.

No, no puedo dejarla —Sus ojos se abrieron como dos platos al escucharme—. Te voy a ser sincero porque no mereces que yo te haga esto —continué y noté que su mandíbula estaba apretada.

¿No me salgas con que te enamoraste de ella? —Su voz sonaba dolida.

Sí, me he enamorado de ella —acepté y vi caer algunas lágrimas—. Creo que lo más justo para ambos es… —No dejó que continuara.

Si quieres el divorcio, escúchame bien… No te lo daré, jamás te lo daré para que te vayas con ella, así sea lo último que haga, así tenga que sufrir todo lo que tenga que sufrir. No se los dejaré muy fácil —dijo, y sin más, se fue a la recámara.

Esa noche le había enviado un mensaje a Bella.

Lo siento, hermosa, no voy a llegar hoy.

Tengo mucho trabajo.

Te amo. Sueña conmigo.

Edward.

Ella sabía de Irina. No tuve más opción que decirle, no podía ocultar lo que ella había visto en esa tienda.

La pantalla se iluminó y supe que había contestado.

No te preocupes, yo entiendo que tu trabajo es importante.

¿Nos veremos mañana?

Yo igual, te amo. Tú eres el dueño de mis sueños.

Isabella.

Ella siempre estaba pendiente de mí y yo sólo la lastimaba, y más conforme iba llevando esta situación.

Recordaba lo que una vez me había dicho Jasper: "Si de verdad la amas, Edward, déjala. Date cuenta del daño que le estás haciendo, no sólo a ella, sino también a tu esposa."

Y era cierto, a ambas las lastimaba emocionalmente, pero sabía que más a Bella.

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Terminé derramando algunas lágrimas. La amaba tanto y la había lastimado demasiado. Siempre le hacía promesas y nunca cumplía, nunca tuvo el lugar digno que ella merecía, y para sellar el dolor, la abandoné cuando más necesitaba de mi ayuda. Yo pensé que la protegía cuando fue todo lo contrario.

Salí de la ducha, me sequé el cuerpo, enrollé una toalla en mi cintura dejándome el torso descubierto, y con otra secaba mi cabello.

Cuando estaba buscando mi ropa, el celular empezó a sonar. Lo tomé y vi que era una llamada de Alice, mi hermana. Suspiré antes de responder.

—Hola, Alice —Sonreí instintivamente.

—¿¡Me puedes decir por qué carajos Rosalie tiene una foto de dos niñas que prácticamente son idénticas a ti!? —Me quedé helado.

—Alice… yo… —¿Qué carajos le digo?

—¡Quiero la verdad, Edward! —Sonaba molesta.

Bella POV

Regresar a New York fue muy doloroso. Fue difícil no caer en el llanto que tanto deseaba sacar, que mi cuerpo pedía a gritos.

Al llegar al aeropuerto nos dirigimos a nuestro avión. Peter respetaba mi espacio y no me hacía preguntas.

Tomé asiento junto a la ventana, abrí mi bolso y saqué la carta que había dejado Charlie. Pasé la yema de mi dedo por la letra de Charlie… "Isabella". Abrí la carta, y vi como Peter tomaba asiento enfrente de mí.

Mi querida Isabella, mi amada hija.

Sé que no merezco decir estas palabras, que ni siquiera debí escribir esta carta, porque si la estás leyendo será por dos cosas: yo habré muerto y tú habrás acudido a mi funeral.

Quiero pedir tu perdón por todo el daño que te causamos tu madre y yo, ya que nunca me perdoné el haberte dado la espalda cuando pediste nuestra ayuda.

Pedirte perdón por esas horribles palabras que dije, y que fueron por la gran decepción que sentí en ese momento, al ver a mi única hija en el lugar en el que ningún padre desearía.

Perdón porque nunca te apoyamos, nunca medimos las consecuencias de esto, y también por no prestarte la suficiente atención.

Todo ocurrió por nuestra culpa,…

No pude continuar de leer, sentía las lágrimas aproximarse, así que doblé la carta.

—¿Tan fuerte es lo que escribió? —Miré a Peter al escuchar su pregunta.

—Sí —Aclaré mi voz.

—Bueno, cara, ¿por qué no descansas? Te vendrá bien. Además, cuando lleguemos a Argentina serán las seis de la mañana y tus dos torbellinos… —Lo fulminé con la mirada— perdón, tus dos princesas ya estarán a punto de levantarse para disfrutar el fin de semana con su madre —Le sonreí.

—Sí, tienes razón. Además, Sue se ira con Billy, estaré sola con ellas y hay mucho que hacer, principalmente lavar todos sus uniformes —Se rió por mi comentario.

Cara, eres la única madre que conozco que en su sano juicio ha comprado seis uniformes escolares para una de sus hijas —Sin duda, él no tenía idea de lo que era ser madre.

—Mira Peter Sullivan, tú no sabes que un niño ensucia su ropa y yo no cuento con mucho tiempo para estar lavando a cada rato, así que si no ayudas, no hables.

—Lo siento, Bells.

—Lo siento —suspiré—. Todo este ajetreo me tiene loca, y más por la presencia de Edward —recosté mi cabeza en el asiento.

—Relájate cara. Sabes que estaremos aquí para protegerte —Tras escucharlo caí en un profundo sueño.

Por favor, Edward, dime la verdad —Le pedía pues él se empeñaba en negar lo que había visto en aquella tienda.

Bella, créeme, ella… —lo interrumpí, la rabia acumulada me estaba matando.

¿Que te crea qué? ¿Qué ella no es tu esposa? —Bajó la mirada— Pero, ¿qué clase de idiota me crees? —grité tragándome mis lágrimas.

No te digas eso —Alzó la vista—. Pensaba…

¿Decirme que estabas casado? ¿Cuándo? —Lo cuestioné con mi sonrisa forzada.

Pronto —susurró.

No quiero saber nada de ti. Me mentiste, me viste la cara de idiota —Las lágrimas salieron haciendo que mi voz perdiera fuerza. Él trató de acercarse pero lo detuve con mis manos.

Bella, no me hagas esto —Su cara reflejaba dolor.

¿¡Que no te haga esto!? Si tú eres quien lo causó todo, así que no me digas que no te deje, porque no tienes idea del dolor que siento al saber que soy la Otra.

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Lo había dejado en la sala, mientras yo me había ido a refugiar a mi habitación, llorando el daño, porque lo amaba.

Los golpes en mi puerta empezaron a resonar por todo el apartamento. Tomé el iPod, me coloqué los auriculares y dejé que se reprodujera la canción de Never Let Me Go, de The Florence and The Machine.

Mirando hacia arriba desde abajo,

Fractura de luz de la luna sobre el mar.

Reflexiones todavía tienen el mismo aspecto para mí,

Como antes se hundió.

Y es pacífica en las profundidades,

Catedral donde no se puede respirar,

No hay necesidad de orar, no hay necesidad de hablar

Ahora estoy bajo.

Ah, y se está rompiendo sobre mí,

A miles de kilómetros hasta el fondo del mar,

Me pareció el lugar para descansar mi cabeza.

Nunca me dejes ir, no me dejes ir.

Nunca me dejes ir, no me dejes ir.

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—Bells —Escuché la voz de Peter.

—¿Mmm? —murmuré sin abrir los ojos.

—Tienes que despertar, estamos a punto de aterrizar.

Como por "arte de magia" abrí los ojos, tenía pánico cuando el avión aterrizaba. Por suerte, el aterrizaje no fue malo, pero cuando nos indicaron que podíamos bajar, salí como un rayo, ya quería ver a mis hijas.

Un Mercedes negro nos esperaba, subieron nuestras maletas y salimos rumbo a casa.

Cuando abrí la puerta había un completo silencio que hasta asustaba. Eran las seis treinta y cinco de la mañana y, por lo general, las gemelas ya estaban de pie, buscando sus Zucaritas.

Peter me siguió mientras yo iba a verlas a su cuarto. Abrí despacio la puerta y me encontré con las camas vacías, y el pánico de apoderó de mí. Fui hacia a mi habitación y me las encontré abrazadas, cubiertas por las colchas blancas. Solté el aire contenido y me acerqué con cautela a ellas, para dejar un suave beso en sus frentes.

…..

El día pasó sin muchos acontecimientos. Yo no me movía del cuarto de lavado, las niñas habían ido con Emmett al cine a ver Son como niños 2, y Rosalie se había ido a su casa para estar con su cuñada, así que estaba sola en mi casa.

Estaba preparando la comida, ya que estaban a punto de dar las tres de la tarde y ellas no tardaban en llegar, cuando sonó el timbre. Dejé la comida a fuego lento en la estufa, alejé mi copa de vino y fui abrir.

Cuando miré quien era, quise cerrar de inmediato, pero me lo impidió.

—¡Lárgate! —grité e intenté cerrar la puerta.

—Vengo en son de paz —dijo, y rindiéndome lo dejé entrar.

—Tienes veinte minutos para lo que vayas a decir —Le advertí y regresé a la cocina. Me pegué a la isla, y me quedé mirándolo.

—Siento mucho lo de tu padre, sé cuánto lo querías —Pero no sabes cuánto lo odié también, me dije mentalmente.

—Gracias, ¿es todo? —negó.

—¿Cómo estás? ¿Cómo está tu madre? —Rodé los ojos por su pregunta.

—Yo estoy bien, y ella está devastada, quería que me quedara con ella —Me miró sorprendido.

—Y, ¿piensas hacerlo?

—No —respondí fríamente.

—Sería bueno… para nuestras hijas —bufé por lo que dijo.

—Edward, en serio, ya no quiero más peleas. Por favor, desiste de conocerlas —Traté de estar calmada al pedírselo.

—No voy a desistir, tengo derecho —aseguró y se acercó un poco a mí.

—Tuviste la oportunidad y la dejaste ir.

—No podía corresponderles en ese momento —Se defendió.

—Vete, por favor —insistí pero se acercó más a mí.

—Y, ¿si no quiero? —Quedo enfrente de mí, atrapándome con su cuerpo, apoyando sus manos en la isla.

—Házte a un lado Edward —hablé tratando de ocultar mi nerviosismo.

—Nunca más, Swan —murmuró cerca de mi oído—, sería un idiota si te dejo —Mordió mi lóbulo y sentí miles de descargas eléctricas.

—Vete Edward, por favor —dije con hilo de voz, y colocó sus manos en ambos lados de mi cadera.

—Sabes muy bien que no es eso lo que quieres.

Besaba mi cuello mientras recorría mi cuerpo. Se apoderó de mis labios… Era un beso intenso, donde me debatía en corresponderle, hasta que finalmente pasé mis manos por su cuello, atrayéndolo a mí.

Él me tomó de mi trasero, enredé mis piernas alrededor de su cintura y me puso encima de la isla. Seguíamos con el beso, cuando el metió su mano debajo de mi playera, mientras yo desabotonaba su camisa. Cuando su piel rozó con la mía sentí la misma descarga eléctrica.

—Amo tu piel —susurró—, es tan suave como la seda.

—Mmmm —No tenía palabras, sólo quería tenerlo una vez más. Sus manos no dejaban de revolotear por todo mi busto—. Ed... —Sus besos no me dejaban pensar en nada más que en el calor que provocaban en todas las fibras de mi cuerpo.

Definitivamente todos estos años alejados de su presencia no habían conseguido hacer que olvidara por completo la manera en que me tocaba. Sentía esas ganas urgidas por tenerlo nuevamente dentro de mí y arder como 6 años atrás lo hacíamos...

Los besos cada vez eran más urgidos. Todo era neblina y mi mente sólo registraba sus labios y la protuberancia que apoyaba en mi vientre...

Me arrastraba por la pared hasta que de repente sentí un fuerte golpe a un costado… el mueble de la televisión… Eso aclaró mi mente y me hizo empujarlo con una fuerza terriblemente inmensa.

Sus ojos verdes brillaban de excitación, sus labios increíblemente rojos —de seguro igual que los míos—, y una sonrisa que demostraba superioridad ante mí, me hizo sentirme totalmente humillada e indignada. Me acerqué y como si quisiera romperle la mandíbula, estrellé mi mano con su rostro.

—¡LÁRGATE INMEDIATAMENTE DE MI CASA EDWARD CULLEN! —Lágrimas de dolor y rabia cubrían mis mejillas.

—Isabella… tengo derecho a ver a mis hijas —Su voz sonaba un tanto agitada y se agarraba la cara donde le había propiciado la bofetada.

—NO ME HAGAS REIR MALDITO COBARDE, ELLAS JAMÁS TE IMPORTARON... No te importó cuando te dije que estaba embarazada, no te importaron cuando nacieron, ni nada de lo que pasé para tenerlas... Así que no vengas aquí a meterte en mi espacio vital y el de ellas porque no eres bienvenido... Si tienes un poco del cariño que dices tenerles, te ruego que te largues de nuestras vidas y no vuelvas a aparecer —Bañada en lágrimas y diciendo esto último en susurros me volteé y caminé hacia mi recámara—. ¡Vete Edward y olvídanos!


Lamento mi tardanza en actualizar pero la Universidad me tiene muy corta de tiempo pero aquí esta el capitulo chicas.

yo se que odian a edward y hasta yo por lo gilipollas que es pero en fin el esta tratando de recuperar a su familia aunque no como debería.

las niñas son un amor pero pronto veremos que pasara.

si renne acabara muy mal ya verán mas adelante.

Les agradezco a cada una de ustedes por leer este fic, a las chicas del grupo de Facebook a las que me dejan un Rr y a las lectoras fantasmas gracias por seguir aquí apoyandome.

les deseo felices fiestas chicas con mucho cariño Lili.