Descubiertos… Otra vez
Mi madre me despierta, al parecer, es medio día. Me giro en la cama buscando a Peeta, pero no está. No me di cuenta a qué hora se fue.
— ¿En dónde está Peeta? — le pregunto a mi madre. Supongo que, ya a estas alturas, se dio cuenta que él había dormido conmigo.
—Se marcho un poco más temprano. Dijo que iba a ir a la panadería y más tarde volvía — dice mi madre, recorriendo las cortinas, haciendo que la luz me cegué por un momento. Mi madre suelta un risilla — El pobre se puso pálido, cuando se dio cuenta que lo vi salir de tu cuarto, y entonces empezó a balbucear. Nunca pensé ver a Peeta quedarse sin palabras — Mi madre tenía razón, definitivamente, era algo digno de ver.
— ¿No te molestó descubrir que se quedó aquí? — le cuestiono a mi madre, midiendo su reacción.
—No, la verdad es que no. Pensé que sería bueno que alguien cuidará de ti en la noche, y que mejor que Peeta para hacerlo. Es tu prometido. Aunque la gente pensaría que no es muy correcto, ya que aún no están casados — si mi madre supiera — pero a mí, me parece lindo que velara tu sueño toda la noche — podría jurar que lo dice con tono enamorado, vaya, quien lo iba a decir — Pero bueno, vamos a revisarte ese talón.
—Buenas tardes, dormilona — dice Prim entrando a la habitación, cargada con una charola, que contiene lo que va a ser mi desayuno — Aquí te traigo tu desayuno.
—Muchas gracias, Prim. No te hubieras molestado, yo podría haber bajado — le digo tomando la charola.
—Creo que eso no se va a poder. Necesitas reposo absoluto de ese tobillo. Te quedarás, por lo menos, una semana en cama — me da instrucciones mi madre mientras envuelve, de nueva cuenta, mi tobillo.
— ¿Qué? ¿Estás bromeando verdad? — reclamo
—No, no estoy bromeando. Así que, puedes tomarte esto como unas vacaciones. Suspiro resignada. Bueno, hay que verle el lado positivo a esto. La verdad, si necesito descansar. Comienzo con mi desayuno, me moría de hambre.
—Dichosa tú, Katniss — murmura Prim. —Te dejo para que termines — se acerca a mí y me deja un beso en la frente. Sale de la habitación y mi madre le sigue sin decir nada.
Termino mi delicioso desayuno y dejo los trastes a un lado de la cama. Mi madre, vuelve a entrar al cuarto. Trae consigo el libro viejo de mi padre.
— ¿Terminaste? — pregunta ella y yo asiento levemente con la cabeza. Deja el libro a mis pies y se dispone a recoger los trastes.
— ¿Y ese libro? — Me daban ganas de tomarlo por mi cuenta, pero me trae demasiados recuerdos, no creo ser capaz de afrontarlo.
—Era de tu padre ¿lo recuerdas? — ¿qué si lo recordaba? Por supuesto que sí. Vuelvo a asentir con la cabeza, positivamente. Ella toma el libro y se sienta en la cama — Alguna persona de su familia lo inició y él lo continuó, a su debido tiempo. Creo que a él le hubiera gustado que tú lo continuaras — sus ojos se nublan, por un momento, por las lágrimas que se acumulan en ellos — Ya sabes lo que contiene — se quiebra su voz casi al final. Deja el libro en las manos, y pone su mano sobre su boca para esconder sus sollozos. Sale de la habitación casi corriendo. Se fue llorando. Aún no supera, del todo, la muerte de mi padre, aunque ya han pasado muchos años. La comprendo.
No puedo evitar pensar qué haría yo, si Peeta muriera. Creo que reaccionaria peor que mi madre. Simplemente, en ese mismo momento, moriría con él. Ahora no concibo una vida sin él.
Comienzo a hojear el libro. Es una cosa vieja de pergamino y cuero. Está compuesto, página tras página, de dibujos de tinta con descripciones de sus usos médicos. Mi padre añadió una sección de plantas comestibles, que fue mi guía para mantenernos con vida después de que él murió.
He aprendido más cosas por experiencia propia o por Gale, así que, creo que si puedo seguir con esto.
Tocan la puerta y veo a Peeta asomar la cabeza, para luego entrar.
—Hey, ¿cómo sigues? — me dice sentándose en el borde de la cama, frente a mí.
—Mi madre me dijo que me tenía que quedar en reposo por lo menos una semana. Parece que si hay fractura — le digo acomodándome un poco en la cama
—Que mal — dice Peeta — Bueno, tendrás tiempo para descansar. Estos días has estado muy tensa.
—Sí, fue lo mismo que pensé — le digo, me doy cuenta que aún sostengo el libro. A mi mente viene una grandiosa idea — Peeta, me gustaría que me ayudarás en algo.
—Tú dime. Sabes que estoy completamente a tu disposición — dice y yo le sonrío como respuesta.
—Bueno, este libro — pongo una mano en la pasta del libro — ha estado en mi familia desde hace mucho tiempo. Muchas personas han ido añadiendo cosas. Se podría considerar como un manual de platas, usos médicos y esas cosas — Peeta me miraba atentamente — Ahora, mi madre piensa que, a mi padre, le hubiese gustado mucho que yo lo continuará.
—Pero no entiendo en dónde entro yo — me dice Peeta confundido.
—Este libro contiene dibujos exactos de todas las plantas. No creo que mis dibujos malos puedan entrar en este libro. Pero tú, si sabes dibujar, y es ahí donde entras. Yo te voy a ir orientando, acerca de cómo son, y escribiré los usos ¿te parece?
—Pero, siento que es algo muy familiar, no creo que sea conveniente que yo escriba en ese libro — me dice un poco tímido.
—Peeta, creo que… con lo que hicimos, pues… ya te puedes considerar como de la familia ¿no? — le digo, Peeta sonríe ampliamente.
—Si es así, por supuesto que te ayudaré — toma mi mano y la presiona un poco — ¿Te parece si empezamos mañana? Así puedo traerme mis pinturas.
—Me parece perfecto. Muchas gracias Peeta — le dedico una sonrisa de agradecimiento.
—No. Gracias a ti, por permitirme ser parte de tu vida — acaricia mi rostro con sus dedos levemente. Nos quedamos en silencio.
Peeta me ve, fijamente, de pronto, con un semblante serio. Su mano, deja de acariciar mi rostro, para dejar su palma contra mi mejilla. Cierro los ojos, embriagada por la sensación y recargo mi cabeza contra mano. Ambos suspiramos.
—No sabes lo preocupado que estaba ayer, por ti. La angustia que sentí — me dice Peeta — Estaba con Haymitch, cuando vimos que los Agentes de la Paz entraron a tu casa. De inmediato supimos que algo andaba muy mal. Se nos ocurrió llegar aparentando que nos esperaban para cenar. Tu madre, suspiro aliviada. Pasaron las horas y no aparecías, así que yo pensé que…
—Que me había escapado — completo la frase, él asiente con la cabeza.
—Los días que vino Gale a tu casa, aparecieron en mi mente. Pronto todo pareció tomar sentido. Pensé que habías decidido escaparte con él, finalmente — el dolor en su voz fue muy palpable. Baja la mirada con tristeza
—Peeta — levanto mi rostro y ahora soy yo la que acuno su rostro en mis manos, levantándolo — Quiero que entiendas que nunca me iría sin ti, nunca te abandonaría. No romperé mi promesa.
Peeta posa sus labios sobre los míos, besándome lentamente, permitiéndonos reconocernos, sentirnos… pertenecernos. Así nos quedamos por un buen rato. No quería separarme de él.
—Chicos — nos llama Prim desde la puerta, interrumpiéndonos por tercera vez— si no quieren dar un espectáculo, les recomiendo que cierren la puerta — ambos nos sonrojamos — Por cierto — se dirige a Peeta — Bienvenido a la familia — le guiña un ojo y cierra las puerta por nosotros. Peeta se queda anonadado, sin poder articular ni una sola palabra.
—Peeta — le llamo para que reaccione y me mire. Parece funcionar — le tuve que contar a Prim nuestro secreto.
— ¿Qué? — me ve sorprendido.
—Parece que ella sospechaba, así que hizo todo lo posible por sacarme la verdad.
—Bueno — comienza Peeta ya más tranquilo — supongo que, después de lo que vio, era muy difícil que no sospechara.
—Sí — le doy la razón — Necesito bañarme y cambiarme de ropa, ¿podrías avisarle a mi madre o a Prim, para que vengan a ayudarme? — le pido.
— ¿No quieres que te ayude yo? — me dice Peeta en un tono muy sugestivo, a la vez que alza las cejas.
— ¡Peeta! —me sonrojo profusamente. Me hizo pensar en lo que Prim me dijo acerca de la noche de bodas.
—Es broma — se ríe Peeta, al ver mi expresión — Iré a ver a quien encuentro — se pone de pie, hace el intento de salir, pero lo detengo. También me pongo de pie, con algo de dificultad.
—Peeta ¿Has pensado… que tú y yo… este…estemos juntos? — vaya, ni yo me entiendo.
— ¿Qué no se supone que estamos juntos? — Peeta se ríe de mis intentos.
—Si… bueno… sabes a lo que me refiero — le doy una mirada significativa.
— ¿Quieres decirme que si yo deseo estar contigo, de otra forma? — pregunta ya sin reír.
—Si — le susurro y me vuelvo a sonrojar.
Fuera de todo pronóstico, Peeta se acerca mucho a mí y pone una mano en el arco inferior de mi espalda, acercándome, si se puede, más a él. Hunde su rostro, en el hueco de mi cuello, e inspira.
—No sabes el poder que tienes sobre mí — recorre mi cuello, ascendentemente, con su nariz — Lo que te deseo — murmura y me besa el cuello. Cierro los ojos y suspiro — lo que me cuesta controlarme.
—Peeta — susurro su nombre. Él se separa inesperadamente de mí
—Pero no voy a presionarte con algo que, tal vez, no te sientas segura — me acaricia el rostro — quiero que, cuando pase, ambos estemos de acuerdo.
— ¿En serio?
—Sí, yo te esperaré el tiempo que necesites — me besa delicadamente — Por esa razón, no había tocado el tema. Pero ahora que lo pienso, ¿a qué debo que hables de esto?
—Ayer que le conté a Prim sobre lo nuestro, salió el tema de la noche de bodas. Prim me pregunto si lo habíamos hecho, pero sinceramente yo, no había pensado en eso — le cuento.
—No te preocupes. Pasará cuando tenga que pasar — me dice muy seguro de sí mismo.
—Muchas gracias, Peeta — me lanzo a abrazarlo y él, como siempre, me recibe con los brazos abiertos. Otra prueba más de que, Peeta, es único. Y puede que, otro recordatorio, que me dice que no lo merezco. Alejo de mi mente ese pensamiento.
—Voy a avisarle a tu madre, para que te ayude — me dice soltándome y depositando un breve beso en la comisura de mis labios. Camina hacia la puerta y sale de la habitación. Me quedo embobada, viendo por donde acaba de desaparecer Peeta.
Al poco rato, entra mi madre al cuarto, yo ya estoy prácticamente desnuda, así que solo me ayuda a quitar las vendas de mi tobillo. Me ayuda a bañarme sin más contratiempos. Salgo de la ducha y me ayuda a caminar hasta el ropero. Decido qué ponerme y me cambio, mientras ella acomoda las vendas limpias que me va a colocar. Tocan la puerta cuando me estoy terminando de cepillar el cabello.
— ¿Se puede? — se escucha la voz de Peeta preguntar desde afuera.
—Sí, claro. Adelante — le concedo.
—Bueno, no sé si te gustaría que te ayudará a bajar, digo, para que no te aburras aquí arriba — me dice Peeta.
— ¿Si puedo bajar? — le pregunto a mi madre, quien ya casi termina de colocar las vendas.
—Creo que sí. Si Peeta es tan amable de ayudarte, claro.
—Encantado — dice y mi madre le da una sonrisa y se va, yo estoy sentada en la orilla de la cama, dispuesta a levantarme — ven — me dice Peeta tomando mi mano. Me pongo de pie, con su ayuda, y él pasa un brazo por mi cintura, yo rodeo su cuello. Pienso que va a ayudar a apoyar menor el tobillo, pero en vez de eso, suelta mi mano y pasa su brazo por detrás de mis rodillas y me eleva en brazos. Me lleva así hasta la escalera, donde empezamos a bajar. Me detengo a observarlo detenidamente. Todo rasgo de niño, en él, ha desaparecido. Sus facciones se han endurecido y en su cara, ha comenzado a salirle un poco de barba, que lo hacen ver muy sexy. ¿He dicho sexy? Por Dios. Toda esta plática de la noche de boda y eso, comenzaron a encender en mí, una necesidad. Pero no una cualquiera.
Una necesidad de Peeta. ¿Otra?
Recorro su cuello con la mirada, y me dan unas ganas tremendas de besarlos. No me detengo y lo hago, comienzo a besar su cuello lentamente. Peeta se detiene en seco a media escalera. Aprovecho para ir subiendo mis besos a su mandíbula. Puedo sentir que él suspira y a continuación cierra los ojos. Llevo la palma de mi mano hacia su mejilla, girando su rostro hacia el mío y lo beso en los labios, con devoción. Él me corresponde de la misma forma.
— ¿Qué fue eso? — pregunta Peeta un poco aturdido.
— ¿Qué? ¿No puedo besar a mi esposo cuando yo quiera? — le digo, continuando besando su mandíbula.
—Nunca me habías llamado así — me dice Peeta.
—Pues lo eres ¿acaso no te gusta? — pregunto.
—Me encanta — me dice y vuelve a atacar mis labios. Se vuelve a detener, separándose.
— ¿Qué pasa? — le pregunto confundida por su actitud.
—Aquí, cualquiera puede vernos — dice Peeta volteando hacia arriba, buscando a mi madre, creo yo.
—Mi madre está en su cuarto y Prim ya lo sabe, así que no hay nada que temer — le digo y parece que lo convenzo, pues se lanza a mis labios nuevamente.
— ¿Qué está pasando aquí? — dice una voz proveniente del final de la escalera.
No es Prim, no es mi madre.
Esto no puede estar pasando.
Hola a todos!
¿Quién será? ¿Katniss por fin se entregará completamente a Peeta? ¿Alguien más está destinado a enterarse? ¡Descúbranlo!
Les traigo este capítulo cortito, aprovechado que es domingo y estoy nuevamente en cama muriendo del dolor. Fue lo más rápido que pude actualizar.
Ahora sí, puede que, para el próximo me tarde un poco más, pero igual, en cuanto tenga la oportunidad les actualizaré!
Y seguimos agradeciendo a todos aquellos que se toman el tiempo en dejarme un review, me ponen en sus alertas y sus favoritos. Y porque no? También a los que solamente me leen, para ver si algún día se animan a escribirme. XD
LenaPrince: XD y lo que te falta ver de Katniss! Volverá con más pilas para gastar con Peeta XD. Muchas gracias. Saludos. Guest (1): por esas tres veces que has leído mi historia, muchas gracias! Espero que te siga gustando. Saludos Guest (2): muchas gracias por tu review. Saludos Magaly: XD de nada. Por cierto, que no te de miedo subir tu fic, te aseguro que es grandioso, animo! Y si tienes dudas en cómo subirlo, no dudes en avisarme y trataré de ayudarte jajaja ahora imaginate lo que va a pasar con Katniss y Peeta, cuando ella esté totalmente recuperada. Muchas gracias. Saludos. Guest (3) si tienes razón, sería muy interesante ver que piensa la familia de Peeta sobre su relación con Katniss, veré que puedo hacer XD. Muchas gracias. Saludos! Katingas: tú solo tienes que preguntar y si.. soy genial XD tqm Chrushbut: tus sospechas son muy ciertas, Haymitch está sospechando jeje creo que ya enteraste de quién se trata en esta ocasión. Muchas gracias. Saludos Monogotas2: jeje a mí también me ha pasado que FanFiction no reconoce mi Nick XD, pero lo bueno fue la intención. Tienes mucha razón, ellos son los próximos a enterarse y de uno ya viste de qué forma. Muchas gracias! Saludos Lizzy—apb: espero no haberme tardado mucho, aquí tienes una actualización. Pero aún les falta mucho que superar a nuestros protagonistas, pero te aseguro que vienen escenas buenas. Muchas gracias. Saludos. Ires: pienso que Peeta ya tiene muy claro hasta dónde quiere llegar con Katniss, solo que no la quiere presionar tanto, por eso la de la decisión parecer ser solamente Katniss. El problema con Gale es que, Katniss le tiene mucho cariño y bueno tú debes de imaginarte lo difícil que es XD este fic trata de ver el punto de vista de Katniss, desde otra perspectiva, siguiendo el libro o eso intento XD Muchas gracias! Saludos. Ale Mellark alias Harrys: para que no andes de desesperada y nop… aún no va a salir Finnick, aunque próximamente sí. Jajaja no serías capaz de hacerme nada ya sabes porque XD.
Como ya se dieron cuenta hay muchos Guest así que si les suena la contestación quiere decir que son ustedes! Me comentaron (Monogotas2) que también pasaron por lo mismo, quiero cree que sea su caso jeje. Bueno me avisan para darles el crédito que se merecen.
Soy una romanticona empedernida y me cuesta mucho trabajo escribir una pelea entre dos personajes que me gustan, por eso mis cap. Son miel derramándose sobre hojuelas XD
Bueno sin más que agregar, nos vemos en la próxima.
Saludos!
Atte.
KristenRock
