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Capítulo 6. Las voces de la sombra.
agradezco todos sus rr ¿90? en 5 capítulos ni yo me la creo, en serio muchisimas gracias por su apoyo, espero este capitulo les guste y podamos llegar a 100...
Bella POV
Me sentía mal. Sí, así podía expresar el sentimiento de culpa y de vacío que tenía en estos momentos.
Me encontraba acostada en posición fetal en la cama, llorando por lo que acababa de pasar, por mis actos, por no haber detenido aquel beso… bueno, más que un beso. No podía ignorar el hecho de que Edward removía muchos sentimientos en mí, pensé que sólo para mal, pero...
—¡Mamá! —Escuché los gritos de mis princesas. Con el dolor de mi alma, me levanté y entré al baño a lavarme la cara.
—¡Bella! —Era la voz de Emmett. Salí del baño y percibí el olor a quemado, así que bajé de prisa.
—¿Qué pasa?
—¿No hueles que se está quemando lo que tenías en la estufa? —Fue entonces que me acordé de mi comida.
—Lo siento —Apenas dije, y me dieron unas inmensas ganas de llorar.
—Hey, tranquila —Me abrazó Emmett—. A cualquiera le pasa —Negué.
—Tendremos que salir a comer —Les avisé y todos rieron.
—Eso es precisamente lo que tus hijas querían, pero como buen tío, les dije que no —Sonrió ampliamente.
—¿Por qué mientes, tío? —dijo Melanie—. Tú dijiste: "Vamos a comer una suculenta carne en el restaurant de Bells" —Trató de imitar su voz.
—Claro que yo no dije eso —Se defendió Emmett.
—Sí, como no, tío —Jane rodó los ojos.
—Bueno, vamos a comer, subiré a cambiarme —Salí de la cocina y fui hacia mi habitación.
…
Salimos rumbo a un restaurant de comida Italiana.
—Ros quiere hablar contigo —me comentó Emmett mientras devoraba su pasta.
—Dile que vaya a la casa. Por cierto, necesitaré su ayuda para elegir los atuendos de las niñas —Ellas se encontraban en el área de juegos.
—Yo le digo. Estará más que feliz en ayudarte.
Casualmente volteé la mirada hacia a la entrada y vi a Edward con una mujer de baja estatura, cabello negro corto. Emmett siguió mi mirada y de inmediato se tensó.
—Tenemos que irnos —susurré.
—Iré por las niñas —avisó levantándose de la mesa y yo pedí la cuenta.
Estábamos por salir cuando la voz de una mujer nos detuvo.
—¿Emmett? –Él se giró— ¡Qué sorpresa! —Escuché, pero yo seguía de espaldas.
—Ve al auto —me dijo y sin más, salí con las niñas del restaurant.
Estuvimos un largo rato esperándolo, y las niñas se estaban inquietando.
—Mamá, ya me quiero ir —lloró Jena.
—Ya casi nos vamos —Suspiré, tomé mi celular y busqué el número de Emmett.
—¿Ya estás viniendo? Las niñas están inquietas —le dije cuando contestó.
—Estoy saliendo —respondió y corté la llamada.
.
Vimos como se acercaba al auto, y cuando entró vio a las dos pequeñas acostadas a lo largo del sillón del coche.
Con la mirada le pregunté qué había pasado.
—Te cuento luego —murmuró, y yo asentí.
—Vamos, tengo sueño —chilló Melanie.
El camino a la casa fue en silencio, las niñas se habían quedado dormidas cuando el coche se puso en marcha.
—Creo que Alice piensa que eres… ya sabes… —Alzó las cejas.
—Tu amante —completé y lo miré con una sonrisa divertida—. Nunca me había imaginado eso de nosotros. ¡Por Dios! Todo el que nos viera, sabría que jamás podríamos ser algo más, no somos compatibles.
—¡Auch! Eso fue un golpe muy bajo —Fingió ofenderse y me reí.
—Pero, en serio… ¿cree que soy tu amante? —pregunté dudosa y él asintió.
—Apuesto 200 dólares a que sí —me retó y lo medité un poco.
—Ok. Apuesto a que Alice piensa que soy tu amante, y mis hijas son tuyas —agregué y se echó a reír a carcajadas mientras yo le propiciaba un golpe en el brazo.
—¿Por qué me pegas, amorcito? —Ahora fue mi turno de reírme.
—Porque si no bajas el volumen de tu voz se despertarán, y tú las vas a cuidar —le advertí y frunció el entrecejo.
—Me gusta molestarte. Cuando se lo cuente a Ros, te haremos burlas —Se rió y yo lo miré seria.
Cuando llegamos a la casa, me ayudó con las niñas. Estaban tan dormidas que ni se daban cuenta. Una vez que despedí a Emmett, fui a cambiarlas de ropa y bajé por mi celular para contarle a Ros lo sucedido, aunque estaba segura de que Emmett ya lo habría hecho.
Estaba escribiendo el mensaje cuando llegó uno, terminé de escribir el de Ros y revisé de quien era.
¿Por qué Emmett puede estar con MIS hijas y yo no?
Número desconocido.
Claro, para mí no lo era.
Disculpa, ¿quién eres?
Respondí.
Tu marido y el padre de tus hijas.
Me quedé en shock.
Que yo sepa, no estoy casada.
Y, finalmente, no tengo que darte explicaciones de mi vida ni de la de MIS hijas, así que deja de molestar.
Dejé el teléfono en la isla, y continúe con la ropa sucia —a veces mis hijas se excedían con sus cambios de ropa—.
Minutos después, el teléfono comenzó a sonar por toda la estancia del recibidor, y corrí como loca para contestar.
—Casa de la familia Swan, ¿quién habla? —dije jadeando.
—¿Bella? —Reconocí la voz de Ángela.
—Hola, Ángela. ¿Qué pasa? —Llevé el teléfono inalámbrico hasta el cuarto de lavado.
—Disculpa que te de malas noticias en estos momentos, pero Paul me acaba de entregar su renuncia, así que necesito contratar a un Chef de inmediato —Rasqué mi cabello pensando en a quien podría acudir en estos momentos.
—En la agenda de mi escritorio está el número de Kevin, ¿te acuerdas de él? —Era un antiguo ayudante en mi cocina.
—Sí, pero él no es un Chef, Bella.
—Lo sé, Ángela, pero él sabe mucho más que Paul, y sinceramente tiene más experiencia que él, recuerda que empezó con nosotros limpiando las cocinas. —En este ámbito de trabajo importaba todo tipo de experiencias.
—Ok, lo llamaré y le diré que se presente mañana temprano para que vea cómo funciona nuestra cocina. —En ese momento la secadora terminó su ciclo y empecé a sacar la ropa.
—Nos vemos, Ángela —Colgué y dejé el teléfono sobre el estante de detergentes.
Alrededor de las siete de la noche acabé con toda la ropa. Ya había visto que las niñas se bañaran y comieran algo ligero. Como niñas que eran, volvieron a caer dormidas en poco tiempo.
Entré a mi habitación, muerta y arrastrando los pies busqué mi pijama y ropa íntima y me dirigí al cuarto de baño. Llené la tina y le puse sales aromáticas. Me sumergí en ella y el agua caliente relajó mis cansados músculos, cerré mis ojos para relajarme por completo, pero mi mente traicionera se puso a vagar al instante.
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Sentí como alguien le daba un masaje a mis hombros mientras susurraba "Te amo" en mi oído. Cuando abrí mis ojos vi a Edward, que se acercó a mis labios y me besó profundamente. Nos separamos por la falta de aire, y él se levantó para empezar a desabotonarse la camisa, soltó el cinturón y desabotonó también el pantalón, se quitó los zapatos junto con los calcetines, sacándose el pantalón, para continuar con su bóxer. Cuando entró a la tina, me jaló hacia él y me puso encima de sus piernas, continuamos besándonos, y él recorría cada centímetro de mi cuerpo.
Fui suya de nuevo. Era como estar en el cielo, le decía cuanto lo amaba y él a mí, volvimos a amarnos, lo abracé y puse mi cabeza bajo su barbilla, él me abrazó, me dio un beso en la frente y me susurró "Lo nuestro nunca fue un error porque siempre te amé".
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Abrí los ojos y vi que sólo había sido una mala jugada de mi imaginación, abrí la llave de la regadera y quité el jabón de mi cuerpo. Salí de la tina y sequé mi cuerpo, me puse el pijama y me acosté en medio de la cama dejando que mi agitada respiración se normalizara y mi mente dejara de pensar en él.
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Desperté al sentir como unos deditos trataban de levantar mis parpados.
—Déjenme dormir —gruñí adormilada tratando de quitar la manita que molestaba.
—Mamita, levántate, ya es tarde —La tomé por la cintura y la atraje a mí.
—No, hoy nos quedaremos en casa a dormir con mamá —Sentía el cansancio de ayer.
—Mamita, tenemos que ir a clases —insistió y bufé antes de besar sus cabellos cobrizos.
—Ok. ¿Cuánto tiempo nos queda? —Se levantó.
—Mmm, tenemos 30 minutos, mami —Finalmente estiré los brazos.
—Bueno, ¿ustedes ya están listas, Jena? —Tomé la bata de seda que estaba en el otro lado de mi cama.
—Sí, sólo falta que yo desayune, Melanie ya se comió su cereal con leche —Me informó y caminé al cuarto de baño.
—No tardaré en bañarme para hacerte tu desayuno —Abrí la regadera—, ¿podrías buscar mi filipina de hoy, por favor? —Alcé la voz para que me escuchara.
—¡Sí, mami! —gritó, y luego sólo podía oir el correr del agua.
Me encontraba secando mi cabello cuando escuché el grito de mi nena.
—¡Ya encontré tu ropa, hoy te verás muy sexy, mami! —Se rió. Me puse mi ropa interior y salí.
—No quiero ni imaginarme qué ropa habrás elegido —dije más para mí misma, y fui hacia el clóset.
—Mamita —Entró Melanie a la habitación.
—¿Qué pasa, amor? —pregunté mientras Jena salía del clóset.
—Ya es tarde. Sabes que no me gusta llegar tarde —Jena llegó a mi lado y le rodó los ojos a su hermana.
—Si interrumpes a mamá llegaremos tarde —Sonreí por su advertencia.
—Bajen. Me vestiré y nos iremos, denle su alimento a Black. Jena, ¿cuál es la ropa que elegiste, hija? —Fue corriendo al clóset de nuevo y la seguí.
—¡Esta, mami! —gritó emocionada.
Era una filipina roja, con las orillas negras, un pantalón negro y, por su puesto, los inevitables cross rojos.
—Me gusta. Tienes buen gusto, hija. Ahora baja y desayuna —Le di un beso en la cabeza y salió disparada.
Terminaba de abrochar los botones de la filipina. —De lo que te pierdes, Edward Cullen, tienes a las mejores hijas del mundo —Busqué una pinza para el cabello.
…..
—Bueno, Kevin, esas son las reglas que hay en este restaurant —habló Angela.
—Me quedan claras, Angela, al igual que las cláusulas del contrato —agregó.
—Bueno, ¿ya puedo darte la bienvenida? —pregunté demasiado entusiasmada.
—Sí —Apenas respondió, me acerqué y lo abracé, no podía negar que era bastante atractivo.
—Bienvenido —le dijo Angela, y me soltó para poder abrazarla.
—Vayamos a la cocina, hay mucho que hacer —le sonreí.
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Salimos de la oficina y nos dirigimos a la cocina.
—Te ves hermosa, Bells —Sentí mis mejillas colorarse.
—Gracias, Kevin —Tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos.
—Me gustaría… —comenzó a decir y me quedé mirando fijamente sus ojos— que un día saliéramos —Esta era una nueva oportunidad y no la desaprovecharía.
—Claro, sería genial salir —afirmé y él me sonrió.
Cuando alcé la mirada vi a Jacob, a menos de dos metros de nosotros, con una mirada de pocos amigos.
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Edward POV
—Bueno, señor Cullen, será un placer tenerlo como maestro de esta institución —decía el director del plantel de música.
—El honor será mío, señor Hidalgo —Tenía la espalda recargada en el respaldo de la silla.
—Hoy acudiré al colegio a platicar con la directora del plantel para ofrecer las clases a los alumnos.
—Es una buena idea, tanto para la enseñanza como su economía —Le dediqué una amplia sonrisa.
—Bueno, Edward… ¿te puedo tutear, verdad?
—Claro —asentí.
—Te aviso mañana temprano para darte tus horarios.
Sin más, salí de la dirección. Esta idea tenía que funcionar.
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Renée POV
—¿Quién habla? —indagué nerviosa. Hacía días que recibía llamadas pero nadie hablaba.
—Alguien que te puede ayudar a recuperar a tu hija, siempre y cuando tú me ayudes a separarla de alguien —le puse atención ya que debía aceptar que yo quería a Isabella aquí, a mi lado.
—Sí, acepto. ¿Qué tengo que hacer? —Esperé que respondieran, pero la llamada se terminó.
Haría todo lo que fuera porque ella regresa, por tener de nuevo en mi poder todo lo que el infeliz de Charlie le había dejado. Así tuviera que deshacerme de esas dos escuinclas en el proceso.
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Puff no me maten ¿sí? yo se que ya odian mucho a Edward pero no esta haciendo las cosas bien, bueno Kevin por el sagrado batman yo creo que aquí habra un triangulo amoroso o no se a lo mejor no quien sabe.
y creen que con una simple carta se arregla todo muy equivocado Charlie Swan pero que podemos hacer.
Renne vieja bruja hvdgvshjd ¡Quémenla!
Chicas quiero agradecer su inmenso apoyo durante este trayecto de la historia, se que no respondo RR y lo siento pero mi tiempo es muy corto y solo alcanzo a leerlos y soy muy feliz por lo que dejan, quiero agradecer a las lectoras fantasmas, a las chicas del Facebook lamento las torturas que les doy con cada avance.
no puedo desplayarme ya que ando de salida *compras de insumos*
las quiero les deseo un excelente año a todas recuerden quiere te a ti mismo ante todos los demás...
saludos y besos Lili.
