Almas Rotas Por el Dolor
En el septuagésimo quinto aniversario, como recordatorio a los rebeldes de que incluso los más fuertes de entre ellos no pueden superar el poder del Capitolio, los tributos masculino y femenino serán cosechados de entre su existente colección de vencedores.
No puedo seguir escuchando más. Salgo corriendo a través de la Aldea de los vencedores. Me pierdo en la oscuridad. La humedad del suelo mojado empapa mis calcetines y soy consciente de que el viento es cortante, pero no me detengo. Quiero ir al bosque, que ha sido por mucho tiempo mi único refugio. Pero el zumbido de la valla me hace recordar que estoy atrapada. Me echo a correr nuevamente.
Lo siguiente que sé es que estoy sobre manos y rodillas en el sótano de una de las casas vacías de la Aldea de los Vencedores. Tengo frío y estoy mojada y sin aliento, pero mi intento de escape no ha hecho nada para aliviar la histeria que se levanta dentro de mí. Me ahogará a no ser que sea liberada. Hago una bola de la parte delantera de mi camisa, me la meto en la boca, y empiezo a gritar. Cuánto continua esto, no lo sé. Pero cuando paro, casi no tengo voz.
Mi pesadilla vuelta realidad. Volver a la arena. No fueron suficientes todos los horrores que viví el año pasado. El destino, o más bien Snow, se ha empeñado en terminar con mi vida. Y de la peor manera.
Tengo que admitir que no lo vi venir. Vi una multitud de otras cosas. Ser públicamente humillada, torturada y ejecutada. Huir por la espesura, perseguida por los Agentes de la Paz y aerodeslizadores. Pero nunca que yo misma tuviera que ser participante en los juegos otra vez. Los Vencedores están fuera de la cosecha de por vida. Ese es el trato si ganas. Hasta ahora.
Es más que obvio que esto fue diseñado especialmente para mí. Sea lo que sea, el Capitolio me quiere muerta. He encendido algo que el Capitolio no puede apagar. Y no se van a esperar a que haga algo más. Mis planes de rebelión con Gale, solo se quedarán en eso. Planes.
El tiempo se ha terminado.
No puedo seguir ilusionándome con levantamientos y rebeliones. Con un Distrito 13 inexistente. Con la caída del Capitolio.
Ahora tengo que proteger a los que amo. Protegerlos del Capitolio. Pero por ahora no me queda más que volver a los juegos.
Y ahí es donde me doy cuenta que alguien va conmigo…
Peeta o Haymitch.
Esto cada vez se pone peor.
Definitivamente, la suerte no está a mi favor.
Tropiezo por el sótano, buscando una salida. Me apresuro a volver a la noche y voy directa a la casa de Haymitch. Está sentado solo en la mesa de la cocina, una botella medio vacía de licor blanco en un puño, su cuchillo en el otro. Borracho como una cuba.
— Ah, aquí está. Toda hecha polvo. Por fin hiciste cuentas ¿verdad preciosa? ¿Dedujiste que no vas a ir sola? Y ahora estás aquí para pedirme… ¿qué? — dice.
No respondo. La ventana está abierta de par en par y el viento corta como si fuera el exterior.
— Lo admito, fue más fácil para el chico. Estaba aquí antes de que pudiera quitarle el sello a la botella. Suplicándome por otra oportunidad para entrar. Pero ¿qué puedes pedir tú? — Imita mi voz— ¿Toma su lugar Haymitch, porque en las mismas circunstancias, prefiero que mi marido tenga una oportunidad con el resto de su vida antes que tú?
Me muerdo el labio, porque tal vez eso es lo que quiero, pero no lo quiero admitir. No puedo desearle eso a Haymitch aunque eso significaría salvar a Peeta. ¿O tal vez si? No quiero pensar en las posibilidades.
— Vine a por un trago — digo.
Haymitch rompe a reír y golpea la botella contra la mesa delante de mí. Paso mi manga sobre la parte de arriba y tomo un par de tragos antes de salir ahogándome. Me lleva unos minutos componerme, e incluso entonces mis ojos aún están humeantes. Pero dentro de mí, el licor se siente como fuego, y me gusta. El saca otra botella de debajo de la mesa.
— Eres una maldita egoísta — me dice burlándose de mí, destapando su botella — mientras el chico estaba aquí pidiéndome otra oportunidad para entrar solo para protegerte, tú solo llegas sin saber que decir. Eres patética.
No le respondo nada. En el fondo, sé que tiene razón. Siempre he sido muy egoísta. Y aún más en lo que respecta a Peeta. Él siempre me ha entregado todo, sin esperar nada a cambio, y yo… yo no le he dado nada. Y me doy cuenta de algo…
Él está cumpliendo su promesa.
Me ha entregado hasta su propia vida.
— Y dado que la última vez intenté mantenerte a ti con vida. El argumento de Peeta es que ya que te elegí a ti, ahora estoy en deuda con él — continua Haymitch.
Peeta puede ser muy predecible. Mientras yo me estaba revolcando en el suelo de ese sótano, pensando solo en mí misma, él estaba aquí pensando solo en mí. Vergüenza no es una palabra bastante fuerte para lo que siento.
— Podrías vivir cien vidas y no ser merecedora de él, ya lo sabes — dice Haymitch.
Y ahí está. Lo que siempre he creído, ahora también es visible para Haymitch. Mi mayor temor resurge en esas palabras.
Nunca he sido merecedora de Peeta.
Y probablemente, nunca lo seré.
— ¡Ya lo sé, Haymitch! — le digo pateando la silla frente a mí. Mis ojos se llenan de lágrimas. Tomo la silla y me siento ante la atenta mirada de Haymitch — Siempre lo he sabido — le confieso derrotada.
Pero si no puedo ser merecedora de él, por lo menos le puedo dar algo como agradecimiento por todo lo que ha sacrificado por mí…
Mi vida.
— He averiguado lo que estoy pidiendo — le digo a Haymitch, quien me mira curioso esperando que continúe — Si somos Peeta y yo en los Juegos, esta vez intentaremos mantenerlo a él con vida.
Algo centellea en sus ojos inyectados en sangre. Dolor.
— Da igual lo que quiera Peeta, es su turno de ser salvado. Los dos se lo debemos — yo más que nada se lo debo. Mi voz adquiere un tono de suplica — Además, el Capitolio me odia demasiado. Puedo darme por muerta. Tal vez él aún tenga una oportunidad — mi más grande deseo es que así sea — Por favor, Haymitch. Di que me ayudarás.
Le frunce el ceño a su botella, sopesando mis palabras.
— Está bien — accede finalmente.
— Gracias — le digo sinceramente. Me quedo un momento, bebiendo con Haymitch, hasta que estoy lo suficientemente ebria para olvidar mis pesares. Me levanto dispuesta a irme a mi casa sin mirar a Haymitch.
Debería de ir a buscar a Peeta. La verdad, si quisiera ir a buscarlo. Abrazarlo y que me abrace. Esconderme y olvidarme de la pesadilla de mi vida. Pero no puedo hacerlo. Sé que me derrumbaría con solo verlo. Además, no quiero que me vea en tan deplorable estado. No quiero darle más pesares.
Así que decido que es momento de irme a mi casa. Puede que sea más fácil enfrentar a Prim y a mi madre.
Mientras tropiezo por los escalones a mi casa, la puerta se abre y Gale me toma en brazos.
— Me equivoque. Debimos habernos marchado cuando dijiste — susurra.
— No — Digo. Estoy teniendo problemas para concentrarme, y el licor no deja de salir de la botella cayendo por la espalda de la chaqueta de Gale, pero a él no parece importarle.
— No es demasiado tarde — dice.
Por encima de su hombro, veo a mi madre y a Prim aferradas la una a la otra en el umbral. Huimos. Mueren. Y ahora tengo que proteger a Peeta. Fin de la discusión.
— Sí, lo es. — mis rodillas ceden y él me sostiene. Mientras el alcohol se hace con mi mente, oigo la botella de cristal hacerse añicos en el suelo. Eso parece apropiado ya que obviamente he perdido el control de todo.
Gale, como puede, me lleva escaleras arriba, hasta mi cuarto. No le puedo ayudar mucho en el estado en el que me encuentro. El alcohol hace que todo lo que vea gire de manera vertiginosa. Me acuesta sobre la cama pero no se aparta de mí.
— Perdóname, Katniss — puedo escuchar el arrepentimiento en su voz — Fui un egoísta — le siento acariciar mi rostro — Aún podemos escapar — suelta en un susurro.
— De ninguna manera — le digo lo más claro que mi estado me deja.
— Katniss, por favor… — la suplica está latente en su voz. De lo siguiente que hace, no estoy realmente consciente. Me toma de la barbilla y su rostro, de apoco, se va acercando al mío, hasta que sus labios, finalmente, rozan los míos. No estoy lo suficientemente consciente para apartarlo. Pero tampoco para corresponderle. Así que se aleja. Puedo ver la decepción en sus ojos que me miran fijamente. Desvío mi mirada de la suya y entonces lo veo…
Parado a los pies de la cama, mirándome de una forma extraña, está…
Peeta.
Me levanto como puedo, moviéndome de rodillas por la cama, hasta llegar a él y me lanzo a abrazarlo.
— Peeta…
Y es ahí donde por fin me derrumbo.
Llorando desconsoladamente, abrazada de la única persona que puede entender mi sufrimiento. Preguntándome si acaso siempre mi vida estará marcada por la tragedia y el dolor. Quisiera decirle tantas cosas y a la vez ninguna palabra sale de mi boca. Así que me quedo solo así, abrazándole, sintiéndole a mi lado, conmigo en cualquier adversidad.
Por un momento, Peeta no corresponde mi abrazo y no puedo evitar sentirme sola. Pero luego, la puerta de mi cuarto se cierra y Peeta me rodea fuertemente en sus brazos.
— Sh, tranquila — me susurra al oído suavemente.
— No… yo… — gracias al alcohol, ahora no puedo ni formar una frase coherente. Agreguemos, además, que mi cabeza está dando vueltas, y que si no fuera por los brazos de Peeta, ya estaría tirada en mi cama, totalmente incapaz de moverme.
— Estás ebria — dice Peeta con un tono entre la sorpresa y el enojo — Maldito Haymitch — dice más para él que para mí. Definitivamente su tono es de enojo. No le contesto nada. No puedo negar mi condición, ni tampoco el causante de ello. No quiero discutir con él. Solo me abrazo más a él, mientras más lágrimas siguen resbalando por mis mejillas.
— Quítate la ropa — me dice Peeta separándose un poco de mí — Estas toda mojada. Te puedes enfermar — niego levemente con la cabeza y eso me produce un mareo más intenso. Cierro fuertemente los ojos — Saldré un momento para…
— No — le corto. Mi voz sale tan fuerte y ronca, que no da espacio para una réplica — No te vayas — le suplico, clavando mi mirada en la suya.
— Está bien — cede — Pero aún así debes quitarte la ropa mojada — asiento. Nos separamos inevitablemente.
Salgo como puedo de la cama y me pongo de pie. Comienzo a quitarme la chaqueta y le sigo con la blusa. Por suerte traigo una blusa de tirantes abajo y parece ser que no está mojada. Empiezo a desabrochar mi pantalón, pero un fuerte mareo me hace tambalearme. Peeta se da cuenta y me toma del brazo fuertemente, evitando mi caída.
Suspira fuertemente.
Me conduce del brazo hasta la cama y me recuesta en ella. Llevo mis manos a la cabeza, esperando que esto ayude a que el mareo pase. Peeta se encarga de sacarme las botas y los calcetines mojados. Jala mi pantalón hasta también quitármelo. Me deja solo en ropa interior. Si fuera otra ocasión, estaría muerta de vergüenza, pero la verdad hoy me da igual. No quiero pensar en nada. O más bien el licor no me deja pensar en nada.
Siento perder la consciencia por momentos. Así que antes que eso ocurra, tomo a Peeta de la playera y lo acerco a mí.
— Quédate esta noche conmigo — le pido. No me contesta nada. Toma mis manos, zafando mi agarre de su playera y camina al otro lado de la cama. Se sienta en la orilla de la cama y se saca los zapatos y los calcetines. Cuando termina, abre las sabanas haciéndome entrar en ellas, y después él se mete junto conmigo. Inmediatamente me refugio en su pecho, él me vuelve a rodear con sus brazos.
Y me suelto nuevamente a llorar.
Es inevitable que vuelva a pasar por el sufrimiento de los Juegos y todo lo que eso conlleva. Pero hasta ahora, lo que queda de mi consciencia, me hace ver algo más. He arrastrado a Peeta conmigo. Nuevamente lo guio hacia el dolor y el sufrimiento. Y en estos momentos no puedo hacer nada para detenerlo.
— Debiste alejarte de mí cuando te lo pedí — le digo con la voz entrecortada por el llanto.
Puedo imaginar que él sabe a lo que me refiero. Que si no estaría cerca de mí, aún tendría otra oportunidad de vivir. No tendría que entrar a la trampa del Capitolio diseñada exclusivamente para matarme.
— Eso es imposible — nos quedamos en silencio.
— Voy a volver a la arena — ahora comprendo en su totalidad mis palabras. Mi llanto se hace más fuerte.
— Volveré contigo. No te dejaré — sus brazos me aprietan más fuertemente. Siento su pecho sacudirse, señal inequívoca de que también él está llorando. Le dejo hacerlo.
Ambos estamos tratando de sacar con el llanto, tan solo un poco, el dolor que sentimos.
No hay palabras, ni besos reconfortantes. No pueden existir para nosotros en estos momentos. Somos solo dos seres con las almas rotas por el sufrimiento. Pasado y por venir. Dos personas que tendrán que volver a luchar por seguir viviendo. Solo que en esta ocasión, no lucharemos por nuestra propia vida, sino por la del otro. Porque al final del día, solo uno regresará.
Separados finalmente por la muerte.
Ese era nuestro destino.
Y es así como, finalmente, dejo volar mi mente.
Hola a todos!
¿Podrán Peeta y Katniss superar esta prueba? ¿Qué pasará con Gale? ¿Peeta se habrá dado cuenta del beso? Descúbranlo en nuestro próximo capítulo.
¡Por fin! Siento haberme retrasado, pero este capítulo me costó un poco de trabajo. Tenía tantos sentimientos encontrados que la verdad no sabía que poner… pero bueno esperemos que si me haya quedado bien XD
Y seguimos agradeciendo a todos aquello que se toman el tiempo de dejarme un review, me ponen en sus alertas, me agregan en sus favoritos… en fin… aquellas personas que hacen posible está historia, Muchísimas gracias!
Magaly yo también me quede así con esa frase… sentí tantas cosas, que no sabría explicar. Creo que vamos a odiar a todos los que interrumpieron los momentos grandes entre Katniss y Peeta XD Muchas gracias. Saludos. Katniss Luz: si tienes razón, a Peeta le hace falta ceder XD Muchas gracias. Saludos. Monogotas2: ya sabes… seguimos en la preparación para el Gran Estreno, como lo has llamado XD y creo que también ese sería un muy buen momento para que Katniss le aclare sus sentimientos a Peeta ¿no lo crees? Pero bueno, por lo pronto hay que ponerle lágrimas a este capítulo XD de todas formas si tienen que volver al Capitolio. Muchas gracias. Saludos. Camiibell03: jeje tenía que pasar lo de los juegos, porque va a dar paso a algo mejor XD Y yo ya quisiera un Peeta celoso para mi XD Muchas gracias. Saludos. Ane—Potter17: si, la verdad a mi me encanto el cambio que tiene Prim del primer libro a este, pienso que tiene gran potencial para los consejos XD y Peeta sabe que obligando a Katniss no será bueno, por eso quiere darle su "espacio", aunque con ganas de darle unas cachetadotas a Katniss XD Muchas gracias. Saludos. Coraline Kinomoto: jeje esperemos que no les afecte tanto lo del quell pero por lo menos si se encontraron para "consolarse" XD Espero te guste el gracias. Saludos. LenaPrince: si, esperemos que le saquen jugo a las cosas XD mira que ya se dieron cuenta que el tiempo es oro. Muchas gracias. Saludos. Brenda Mellark: probablemente quieras matarme en este cap. Y tienes todo el derecho! XD pero te prometo que Peeta se va a vengar XD para que sigas apoyando a team Peeta. Muchas gracias. Saludos. Yuki Ai Ne: muchas gracias. Espero que te guste el cap. Para que duermas bien XD Saludos. Innes: muchas gracias por el tiempo que te tomas al leer. Y gracias también por los comentarios. Espero te siga gustando la historia. Saludos. Ale Mellark: ¿Qué crees? Que Peeta es perver como tu comprenderás… pues si XD y aunque es vasallaje, quise ponerle emoción XD y ya mero sale Finnick Katingas: no manches, por eso me costó tanto escribirlo, estaba loca con esa parte XD tqm Zucix: jajaja cierto! Katniss solo emociona a Peeta. Muchas gracias por tus buenos deseos y por tus criticas! Saludos. AnaGabii7: ya nada! XD aquí está el cap. Espero te guste! Muchas gracias. Saludos. Elanor25: jeje pronto Katniss y Peeta tendrán su noche de bodas, eso te lo aseguro. Muchas gracias. Saludos Caobacafe: muchísimas gracias. Espero que te siga gustando la historia. Y gracias también por el tiempo que le dedicas. Saludos.
Y también agradeciendo a los que me leen anónimamente, haciéndoles una invitación a que me dejen un review con su crítica XD ya sabe… como el comercial de ¿y por qué no? XD
Bueno, espero subirles el próximo capítulo lo más pronto posible.
Sin más que agregar, me despido.
Saludos.
Atte.
KristenRock
