Capítulo 9 Las voces de la sombra.
Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD www Facebook com / groups / betasffaddiction
gracias querida amiga por estar acompañándome en esta aventura y a ustedes mis queridas lectoras.
Es momento de superar, de perdonar y de dejar que la vida tome el camino, el cual está destinado a llevar cada uno.
Anómino.
—Lo... siento— murmuré en su pecho.
—Tranquila, Bella —decía mientras acariciaba mi cabello.
—¿Cómo quieres que me calme? Te he llamado por el nombre de ese maldito que destrozó mi vida —Me limpié con fuerza mis lágrimas.
—Debería sentirme ofendido, pero no lo estoy viendo que ese hombre no ha dejado algo bueno en ti —explicó y me abrazó.
—Lo único bueno que me dio fueron mis dos angelitos.
—Y por lo cual hoy eres una excelente mujer, la cual debería darse una oportunidad de vivir otra vez —Él tenía razón, ya era suficiente de que el recuerdo de Edward me persiguiera.
No sé en qué momento caí dormida, lo único que recordaba eran las palabras que Kevin murmuraba de que no me dejaría sola, que me ayudaría a salir de aquel dolor.
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Los rayos del sol daban directo a mi cara, traté de moverme y me fue imposible, abrí mis ojos y vi que Kevin me tenía abrazada por la cintura. Con cuidado fui quitando su brazo pero él volvió apretarme.
—Mmm... duerme un rato más —murmuró—. Aún es temprano, princesa.
—Kevin ya es tarde, tenemos que ir a trabajar —Colocó su cabeza en mi pecho.
—Lleguemos tarde, ¿sí? Disfrutemos de esto un rato más.
Y, sin más, dejé de luchar y me dejé llevar nuevamente por Morfeo.
—Buenos días, princesa —Lentamente fui abriendo los ojos y noté que Kevin me estaba observando.
—Hola —bostecé.
—El desayuno está esperándonos —asentí—. He dejado ropa en el baño, te espero para desayunar —Me indicó y se acercó a darme un beso en la cabeza.
Me quedé unos minutos más en la cama, luego me bajé y me envolví con la sábana para dirigirme al cuarto de baño.
Al bajar, vi las puertas del jardín abiertas y caminé hasta allá. Había una linda terraza donde se podían observar las rosas y distintas flores que adornaban la fuente.
—Pensé que te habías quedado dormida —Le sonreí.
—¡Qué va! He disfrutado mi baño —Caminé hasta la mesa donde él estaba sentado.
—He hablado con Angela para decirle que llegaría un poco tarde, y he mandado a un amigo a cubrirnos —Me entregó mi plato con un omelet, pan tostado y fruta perfectamente picada.
—Gracias.
Platicamos un rato más de mis hijas, y lo ayudé a recoger la mesa, antes de pedirle que me llevara a mi casa, ya era mucho el tiempo que había estado fuera de ella.
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Cuando aparcó enfrente de mi casa, vi como Rosalie salía, así que me despedí de Kevin y me bajé del auto.
—Hola —saludé a Rosalie, quien se quedó mirándome fijamente.
—Hola, Bella durmiente, ¿hasta ahora ha acabado la fiesta? —Alzó una ceja y rodé los ojos.
—No —respondí y me dispuse a entrar a casa.
—¿Puedo saber que ha pasado entre tú y ese bombón? Porque es claro que algo pasó… tú no te fuiste sin maquillaje y mucho menos con ese peinado —Le sonreí.
—Apúrate antes de que me arrepienta en contarte lo que pasó —Entré a paso rápido hasta la cocina.
En el camino dejé mis zapatos y la gabardina en el sillón que estaba en el pasillo. Puse la cafetera, mientras sacaba unas tazas de la alacena.
—Me acosté con él —solté de sopetón.
—¿Qué tú...? —Se quedó con la pregunta atorada.
—Y si eso no fue suficiente… grité el nombre de Edward al final —Bajé la mirada.
—Disculpa que lo diga, amiga, pero eres una boba. ¿Cómo se te ha escapado eso? De seguro le has herido su hombría —Negué y serví el café.
—Él fue muy comprensivo y me escuchó cuando le conté quién era Edward. Dijo que si un día se topaba con él, lo mataría —Ros sonreía.
—Ese hombre me cae muy bien —aseguró y yo correspondí su sonrisa.
—Ros tengo que comentarte que tu querida cuñada vino hasta mi casa a darme un tremendo bofetón, y a gritarme que soy una mala amiga, y no recuerdo que más —bufé al recordar lo que la loca Alice me había dicho.
—¿Eso hizo? —asentí— Tendré que decirle ciertas cosas por muy "mi cuñada" que sea. ¿Qué se cree?... Pero deja que se entere de lo que hizo su querido hermano y de rodillas te pedirá perdón —negué.
—No Ros, ella no tiene por qué enterarse, simplemente que se aleje de mis hijas y de mí, y no habrá problema.
Bufó.
—Pero tiene que disculparse y saber qué clase de hermano tiene. Me harta que hable como si fuera un santo —Pasó sus manos por su cara— ¡Joder! Te juro, Bells, que cada vez que dice algo de él me dan ganas de decirle la clase de persona que es y lo que ha hecho —negué.
—Tranquila, por favor. La verdad, ya no vale la pena seguir guardando rencor —Se me quedó viendo tras mis palabras—. Ros tengo que decirte algo —Ella me indicó que prosiguiera—, he decidido darme una oportunidad con Kevin —Se quedó en silencio viéndome.
—¡Pero que Dios resucite! —gritó levantándose de su silla hasta llegar a donde estaba, me tomó por los hombros y me miró fijamente— ¿Es en serio? —asentí— Bells, eso es maravilloso, excelente, la mejor noticia, de verdad te lo mereces. No podías seguir estancada con ese rencor y creo que Kevin es una excelente persona para que puedas continuar tu vida.
—Sí, estoy emocionada, no lo puedo negar; aunque algo nerviosa por cómo se lo tomarán las niñas.
—Ellas lo aceptarán, lentamente, pero estoy segura que mis sobrinas lo amarán —Sonreí.
Ros se había quedado a ayudarme a limpiar la casa y a lavar la ropa de las niñas, que sin duda era un montón, y eso que hacía dos días que había lavado.
Cocinamos, mejor dicho, yo cociné, ya que mi amiga era pésima en la cocina, y cuando dieron las tres, fuimos por las niñas.
—¿Te parece si salimos con ellas al cine o de compras?
—De compras no —negué y se rió—. Me dejarán en la banca rota, ellas aún no aprenden lo que significa compras moderadas.
—Yo pago esta vez, que sirva de algo el dinero que gano como cirujana plástica.
—Ok, está bien, acepto. Mañana es sábado y necesito un descanso, la siguiente semana toca función de menú —Resoplé porque me esperaban días sin dormir.
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—Mamá, tía Ros —Las niñas se acercaron a abrazarnos.
—Hola, renacuajos —Se rieron.
—No somos renacuajos, tía —le dijo Jena.
—Mamá, ¿será que nuestra amiga Zuli puede venir con nosotros? —¿Qué más quedaba? Mi hija me veía con esos ojos de corderito.
—Ok, última vez que llevo a alguien sin avisar, niñas —Ambas brincaron y salieron corriendo hasta donde estaba su amiguita.
—Eres una madre súper consentidora.
—No tanto como sus tíos —repliqué y ella se rió.
La tarde pasó sin inconvenientes. Ayudé a mis hijas a hacer sus tareas, revisé facturas de la empresa, y chequé correos de las empresas que mi padre me había dejado. Estaba por cerrar la pestaña cuando llegó un correo a mi bandeja de entrada.
Vi el destinatario y me sorprendió ver que era de mi madre.
"Querida hija, lamento molestarte pero, si no fuera porque estoy muy mal de salud, no me molestaría en mandarte este correo. Sé que no merezco lo que te voy a pedir, pero por compasión, ayúdame.
Me han diagnosticado cáncer pulmonar, estoy a tiempo de tratarme pero no quiero pasar sola por esta amarga enfermedad. Te pido, te ruego, que me acojas en tu casa.
No te preocupes por tus hijas, puedes decirles que soy tu tía o lo que tú quieras pero, por favor, no me niegues la ayuda.
Tengo mucho miedo, Bella, y no sé qué hacer.
Te quiere, mamá."
Sentí un nudo en la garganta cuando terminé de leer el correo. Incluso, seguía mirando la pantalla cuando entraron Jena y Zuli.
—Mamá, el papá de Zuli quiere hablar contigo —Me entregó el celular de la niña y ellas salieron corriendo.
—Buenas noches, Isabella Swan —Tamborileaba mis dedos en la orilla del escritorio.
—Buenas noches, señora Swan, soy Esteban Montero, el padre de la pequeña Zuli.
—Un gusto —Miré la hora, ya eran las siete. ¡Qué rápido pasaba el tiempo!
—Sé que es mucho pedir, pero ¿sería posible que Zuli se quede esta noche en su casa? Mi esposa y yo aún no hemos podido salir de nuestros turnos en el hospital y su niñera nos ha dejado mal hoy —No podía imaginarme el dejar a mis hijas por mi trabajo, con padres de sus amiguitas.
—No es ningún problema, señor Montero. Será un placer cuidar de ella —No me quedaba de otra, no podía dejar a esa niña en su casa, sola.
—Muchas gracias, en verdad se lo agradezco. Mañana, muy temprano, pasaremos por ella.
—Tranquilo, está en buenas manos. De hecho, ya es hora de que cenen, nos vemos mañana señor Montero —Sin más, cortamos la llamada y subí al cuarto de las gemelas.
—Zuli se quedará esta noche con nosotras —Sonrieron y se abrazaron.
—Haremos una fiesta de pijamas —Se pusieron a parlar todo lo que harían.
—Bueno, niñas, a bañarse. Jena prestale algún pijama nuevo a Zuli, ahora te traigo algo de ropa interior nueva.
—Mami, ¿podemos bañarnos las tres juntas? —Era inevitable, yo lo hacía con mis juguetes ya que en ese tiempo mi madre no permitía que fuera a escuelas y me daban clases en mi casa.
—Ok, pero las vigilaré —Sonrió—. Llena la tina mientras iré por la ropa.
—Te amamos, mamita —Abrazó mi cintura.
—Y yo mucho más —Besé su cabeza y salí del cuarto.
Estaba revisando mi clóset, en cierta área donde tenía unos cajones de ropa nueva de mis hijas, tomé lo necesario y salí de mi habitación; estaba por ir al cuarto de las gemelas cuando sonó el teléfono.
—Casa de los Swan, ¿con quién desea hablar? —No contestaron— ¿Bueno?
—Isabella Swan… con Isabella Swan —Reconocí esa voz cálida, aquella que no había escuchado hace seis años.
—¿Quién la busca? —Estaba de más preguntar, pero quería asegurarme.
—Esmeralda Cullen —suspiré.
—Buenas noches, señora Cullen, soy Isabella Swan —Escuché como soltaba el aire contenido.
—Quisiera hablar contigo personalmente, Bella —Sabía que lo que estaba por responder sonaría muy cruel.
—No tengo nada que hablar con usted, señora Cullen, así que le agradecería que no volviera a llamar —Sin más, corté la llamada.
Respiré hondo, puse mi mejor sonrisa y entré al cuarto donde mis pequeñas y su amiguita estaban sentadas en la cama.
—Bueno, al agua patos —rieron y corrieron al baño.
Le eché a la tina sales aromáticas con olor a fresillas.
Las niñas se desvistieron, entraron al agua tibia y yo tomé asiento en el retrete tapado. Pude ver esa marca, la marca que delataba que mis hijas eran unas Cullen.
Un corazón atravesado por un rayo, algo raro, pero era único. Jena lo tenía en el brazo izquierdo y Melanie lo tenía en el derecho.
Estuvieron jugando un rato y luego las ayudé a salir y secarse.
Las niñas bajaron y yo me quedé a limpiar el piso mojado. Escuché que el timbre sonó, así que dejé lo que estaba haciendo y salí, estaba llegando a las escaleras cuando Jena gritó.
—¡Mamá, hay un señor en la puerta con un ramo y unas bolsas! —Me apresuré a bajar.
Al llegar a la puerta me topé con Kevin.
—Hola —lo saludé.
—Hola —Me sonrió.
—Hola, ¿quién eres? —dijo mi pequeña y ambos nos reímos.
—Hola, jovencita —Se inclinó a la altura de Jena—. Soy Kevin, un amigo de tu mamá.
Jena lo inspeccionó por unos largos minutos.
—Jena, señor Kevin —se giró y gritó— ¡Melanie! —Mi otra hija apareció corriendo— Amigo de mamá —murmuró.
Melanie igual lo inspeccionó.
—Mucho gusto, como mi gemela lo ha dicho, soy Melanie Swan. ¿A qué debemos su presencia? —Rodé los ojos.
—Bueno, niñas, vayan a la cocina, ahora voy —Ellas me miraron con el ceño fruncido—. A la cocina.
Se giraron a Kevin, y antes de alejarse un poco, le hicieron la señal de "te estamos observando" y gritaron.
—¡Cuidadito, muchacho, cuidadito, hey! —dijeron a coro.
—Lo siento —me disculpé por el comportamiento de mis hijas.
—Tranquila, Bells, es normal que tengan esa reacción —Me acerqué y lo abracé—. Te traje estas rosas blancas, espero que te gusten —Las tomé.
—Gracias. Pasa. —Me hice a un lado para que entrara.
—He traído algo de cenar —Me mostró la bolsa de papel.
—Entonces, vamos a la cocina, tengo que hacer cena.
Caminamos en esa dirección y cuando entramos, las tres niñas estaban sentadas junto a la isla.
—Niñas, Kevin trajo de cenar —Voltearon a verlo.
—¿Qué hay en la bolsa, señor Kevin? —preguntó Jena mientras yo buscaba un jarrón.
—He traído hamburguesas —Sabía que se armaría una discusión.
—No podemos comer eso a menos que… ¡¿quieras matarnos?! —Llevé el jarrón con mis rosas al comedor.
—¿Acaso no sabes que las hamburguesas son una basura? —Suspiré al escucharlas.
—Niñas dejen a Kevin —Le quité la bolsa de las manos.
—Las hamburguesas tienen la bacteria de escherichia coli —agregó Melanie.
—La cual tiene una cepa mortal —Sí, mis hijas sabían de las bacterias.
—¡Vaya que estas princesitas saben lo que comen! —reconoció Kevin.
—Obvio, tenían que salir igualitas a su mamá —Mis niñas rieron.
—Sí, sé que las hamburguesas son basura, pero estas son vegetarianas —Y eran muy ricas.
—¿Vegetarianas? —preguntó Zuli.
—Sí, son más saludables que las de carne, pero esta es algo vegetariana ya que tiene salmón y otras cosas, nada de cerdo y de ternera —Las niñas asintieron.
—Bueno, lo probaremos. ¿Has traído papas fritas? —Melanie y su obsesión por las papas fritas.
—Sí —le contestó.
—Por eso ya nos caes un poco mejor —Todos nos reímos.
La cena pasó entre risas, amenazas hacia Kevin, anécdotas de viajes y muchas cosas triviales.
Cuando dieron las nueve de la noche, las niñas ya se habían dormido en sus sillas.
—Te ayudo a subirlas —Se ofreció Kevin.
Mientras yo cargaba a Jena, él cargó a Melanie y a Zuli.
—Sí que pesan —Me reí.
—Bueno, ya estoy acostumbrada a subirlas, es mi ejercicio de casi todos los días —Me adelanté para que viera en donde era el cuarto.
Entramos y le señalé en cual de las camas debía acostarlas.
—Primer cuarto que no veo rosa —Arropamos a las niñas y dejé prendida su lamparita giratoria.
—No les gusta el rosa, aunque tienen una que otra prenda de ese color —aclaré. Tomó mi mano y bajamos—. Soy más olvidadiza… ¿venías para algo en especial? —Ya habíamos bajado las escaleras.
—Venía a preguntarte cómo estabas, y si necesitabas algo —Me giré para estar frente a frente.
—Estoy bien. ¿Recuerdas que me tienes dicho que te doy tranquilidad? Bueno, ahora es mi turno de decirte que tú me brindas una tranquilidad que hace mucho no tenía.
Se acercó a mí y me tomó por la cintura.
—Sabía que eras una mujer especial y que mi destino estaba junto a ti, así que nunca te vayas de mi lado —Acercó su rostro al mío y unió nuestros labios.
Fue un beso tierno, lleno de nuevos sentimientos.
—Me tengo que ir, de seguro estas cansada, ayer no dormimos mucho —En seguida sentí el rubor en mis mejillas.
—Algo —¡Dios! ¡Qué calor!
Mientras caminamos hasta la puerta de entrada, realmente no tenía idea de qué decir o hacer, y finalmente abrió la puerta.
—Que descanses, bella princesa —Volvió a darme otro beso.
—Igual tú, descansa, guapo —Le di una nalgada, ¿de dónde saqué esas agallas?... Ni yo lo sabía.
—¿Estás juguetona? —Me reí.
—A lo mejor, creo que ayer no fue lo suficiente, mmm… —Sabía que mis ojos estaban brillosos como los de él.
—No me tiente, señorita Swan —Me mordí el labio inferior.
—O… ¿qué? —Se acercó peligrosamente a mí.
—O puede ser que me las cobre —susurró y sentí mis piernas temblar—. Así que tranquila —Me besó nuevamente tomando mi barbilla—. Nos vemos, señorita Swan, si llega a haber próxima vez, no le quedará duda de que soy un experto —Me guiñó el ojo y yo me sentí morir.
Se rió y se subió a su auto.
Esperé a que se fuera, y cuando regresé mi mirada al frente de mi casa vi a Edward Cullen en su auto negro; su mirada me dejó paralizada, la rabia que destilaban sus ojos me dio miedo.
Me miró de arriba abajo, subió su cristal y arrancó a toda velocidad.
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NOTA: Bueno aquí un poquito mas de esta historia, les puse interacción de las niñas ¡casi no había mencionado de ellas! pero aquí las conocemos un poco mas.
Renée ¿que puedo decir? realmente todo insulto hasta en diferente idioma le queda corto para el moustro que es.
Quiero agradecer infinitamente por todo, realmente todo su apoyo las quiero muchísimo.
no me siento capaz de escribir una nota larga, estoy depresiva leí Bajo la misma estrella y es la cosa mas hermosa y dolorosa que me he leído en mi larga y corta vida.
lo único que puedo decirle, es que no dejemos que malos momentos nos arruinen nuestras vidas, estamos sanos vivamos al máximo lo saludable que estamos, sin caer en el libertinaje, hagamos cosas buenas para alegrar y sacar ese niño que nunca muere en nosotros.
les deseo una excelente y maravillosa noche, okey.
Lili con todo su corazón les brinda este padacito de creatividad para disfrutar de los placeres visuales.
