Capítulo 11. Las voces de la sombra.

Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction

gracias a mi querida Pichi por ayudarme con la escena del baile.

música recomendada: Mya: Do You Only Wanna Dance.

Agradezco infinitamente sus comentarios, favorito y alertas.

Capítulo 11. Las voces de la sombra.


Renée POV

—Este es el siguiente movimiento que tienes que hacer, pero tienes que tener mucho cuidado, ¿lo entiendes? —Me encontraba sentada en la cama de mi habitación.

—Sí, lo entiendo, señora. —Aún no sabía quién era, pero lo que me interesaba era su objetivo: acabar con Isabella.

—Te irás a Argentina, en donde están Isabella y sus mocosas. Te harás pasar por una enferma de cáncer, como se lo mencionaste en el correo, y tratarás de poner en su contra a sus hijas, haz que la desprecien —Eso iba a ser fácil, sabía cuales cartas usar.

—¿Eso es todo? —Me reacomodé.

—Por ahora, sí. Tu vuelo sale mañana al medio día, no me falles Renée porque esta es la oportunidad más grande de tu vida —Sin más, la llamada se cortó.

Edward POV

Luego de lo que había visto el día anterior, había decidido regresar a Nueva York mañana en la tarde, así que me encontraba empacando cuando tocaron a mi puerta.

Dejé lo que estaba haciendo y fui a abrir para encontrarme con mi madre molesta, me hice a un lado para que pasara.

—En mi pueblo se saluda antes de pasar —Le dije mientras cerraba la puerta.

—Y en mi pueblo estamos acostumbrados a no mentirnos —replicó con tono molesto.

—No sé de qué hablas —Me senté y le indiqué que tomara asiento, pero se negó.

—Mira Edward, ya deja de mentirme o ¿creías que no me iba a enterrar? —Sentí como mi cuerpo se quedaba tieso.

—¿Puedes ser más clara? Por favor. —Mi madre suspiró.

—Solo porque eres mi hijo no te mando al demonio. En serio, qué descarado, cínico y sinvergüenza eres al decirme que sea clara. ¿Es que de verdad te creíste que estaba aquí de visita? —Asentí.

—Sí, ¿no es por eso? —Se acercó a mí y me dio una cachetada que hasta me hizo sentir como mi piel palpitaba del ardor.

—Estoy aquí para saber por qué carajos te metiste con la hija de mi amiga, y no solo eso, quiero saber por qué no te es permitido ver a tus hijas y por qué no llevan el apellido Cullen —Miró hacia la cama—, cuidadito y te vayas, porque mañana, tú, Isabella y yo hablaremos muy claro. —Sin más, me dejó en la sala con la mano en la mejilla.

Sentí como el mundo se detuvo al caer en cuenta de que mi madre ya sabía lo de mi infidelidad a Irina.

Bella POV

Saber que la semana empezaba con un puente* era extremadamente feliz.

La noche anterior había hablado con Angela para platicarle que ya no estaría como chef en el restaurant, por un corto periodo, ya que tenía que solucionar primero las cosas con la familia Cullen.

Me estaba levantando cuando el timbre sonó. Miré mi reloj de mesa y me fijé en la hora, siete en punto de la mañana —resoplé.

—Por la madre que pario a esta persona que ha madrugado —hablé mientras me deshacía de las sábanas para salir de la cama.

Me coloqué mis pantuflas y traté de arreglar la maraña que tenía mi cabello. Bajé las escaleras de dos en dos y luego corrí hacía la puerta.

Quité los seguros para abrir… y Dios me regaló una sexy vista matutina.

Un hombre como de 1:80 de alto, cuerpo de 10, musculosamente lo suficiente formado, cabello castaño claro, ojos cafés, una sonrisa para caerte rendida a sus pies, con la camisa de cuadros desabrochada de los primeros botones, mostrando algo de su formado pecho, vaqueros y apoyado en el marco de tu puerta. ¡Sí, eso es despertar muy bien!

—Buenos días, guapísima dama —Me miró de arriba a abajo.

—Estarás ciego para que no veas que estoy horrible en estas fachas —Se acercó a darme un beso, pero fue interrumpido por un ladrido.

—Lo siento, se me olvidó presentar a mi compañero —Bajé la vista y me encontré con el perro de ayer—. Venimos a visitar a nuestras amigas —Le sonreí y le indiqué que pasara—, y a construir las casitas de los perros.

—Ellas aún duermen, y creo que hoy disfrutarán de la cama más de la cuenta —Apenas dije eso, me tomó por la cintura.

—Podríamos disfrutarla si tú quieres —Besó mi cuello. ¡Jesús, sentí temblar mi cuerpo!

—No tientes a mi demonio interno —Me giré para darle un beso.

—Lo tentaría día y noche, con tal que tú fueras mi compañía —Le di un leve golpe en el pecho y luego pasé mis dedos por la parte abierta de su camisa.

—Si me regalas un desayuno suculento, podría pensarlo —Se rio y me dirigió a la cocina.

—Mi especialidad, aunque necesito algo de música —Me soltó.

—Puedes poner en el iPod del comedor —Le indiqué donde estaba—. Iré a cambiarme —Me disponía a hacerlo pero me detuvo.

—Quédate así. Me imagino que recién te levantas luego de pasar una noche como familia, estás cansada y quiero consentir a mi esposa —Sentí un nudo en la garganta y las lágrimas a punto de brotar.

—Me siento un poco incómoda —Le sonreí—. Ahora vengo, no tardo. Por cierto, el reproductor está junto a la alacena —Salí a paso apresurado, por no decir corriendo.

Llegué a mi cuarto y cerré la puerta apoyándome en ella. Respiré hondo. —No tienes por qué sentirte mal, Bella, recuerda que íbamos a darle una oportunidad, y si eso incluye llegar al matrimonio sería algo hermoso; él sería un buen padre para las niñas —Me dije.

Tomé mi ropa y entré al cuarto del baño. Estaba saliendo cuando escuché el grito de una de mis hijas, solté la toalla y salí corriendo para el cuarto de ellas.

Cuando llegué con la respiración agitada la encontré abrazada del dichoso perro ese y de Black, suspiré de alivio porque no había pasado nada.

Dejé mi cabello seco y bajé a la cocina para ver qué hacía Kevin. Al entrar, reconocí la música que estaba escuchando, "Dirty Dancing - Havana Nights".

—Excelente repertorio —Me apoyé en el marco de la puerta.

—Me gusta la salsa —Se encontraba con el paño sobre su hombro izquierdo y algo manchado de harina —Me sonrió.

—Es una de mis películas favoritas, siempre he querido bailar salsa —Me acerqué a la isla.

—Si quieres, te enseño. Está de más decir que soy un excelente bailarín —Me reí.

—Bueno, ya que insistes tanto, y yo para nada me niego, te tomaré la palabra —Se acercó a mí.

—¿Recuerdas como es la escena? —asentí—. Trataremos de igualarla.

Estábamos en el centro de la cocina, la música empezó a reproducirse, pero deliberadamente nosotros esperamos unos momentos más. Yo tenía los bordes de mi falda en mis puños a la altura de mis muslos mientras lo miraba sobre el hombro. Estaba a su lado, a centímetros de su rostro esperando el primer movimiento.

Y fue entonces cuando comencé a mover mis hombros cadenciosamente, lentamente. Con fuerza, levanté el brazo derecho y el imitó el movimiento, acercando mi mano a la suya para girar mi cuerpo un par de veces, sin soltarla, era como si me estuviera desenredando a lo largo de su brazo, haciendo que las orillas de mi falda se ondularan con la velocidad de los giros.

Regresé de manera natural haciendo el mismo recorrido para terminar recostada en su otro brazo, arqueando la espalda y dejando mis pechos tan cerca de su vista que tuvo que inclinarse un poco.

Levanté sensualmente mi pierna a un costado de él y aprovechó para recorrer lentamente mi figura con su mano, desde el cuello hasta mis piernas.

Me incorporé mientras él regresaba sus manos de mis piernas hasta los costados, y yo rodeé su cuello de manera provocativa antes de bajar mis manos para tomar las suyas y dar otro giro rápido y firme.

Tomó mi mano derecha para que posara mis dedos suaves sobre la suya, y puso la otra en mi cintura mientras yo me apoyaba en su hombro.

Cuando estuvimos de nuevo en el centro, me atrajo hacia a él con un brazo y yo me estreché en su cuerpo dejando mis brazos alrededor de su cuello. Bajamos inclinando nuestras rodillas al ritmo de la música, subiendo y bajando un par de veces antes de que él volviera a tomarme del brazo para girarme sobre el mismo eje a gran velocidad.

Al final de una de las vueltas, volví a recostarme y a arquear mi espalda, mientras me sujetaba de la cintura hice ese movimiento de levantarme y recostarme un par de veces mientras nos mirábamos con deseo.

El calor que emanaban nuestros cuerpos era imposible de ocultar. Ambos nos acercamos para besarnos y eso fue todo lo que necesitamos para que el deseo tomara nuestro control.

Terminamos por entrar en la alacena, aún sentía como nuestros cuerpos vibraban de la excitación.

Acercó su boca a la mía y empezó a besarme con mucha pasión, casi dejándonos sin aliento.

—Duro contra el muro —dije agitada.

—¿Es una orden? —Su voz se escuchó más aguda.

—Tómalo como quieras, pero solo tenemos 15 minutos —Empezaba a desabrochar su camisa.

—He tomado un fetiche con las faldas —dijo gimiendo, mientras alzaba mi falda y hacía a un lado mi tanga.

—Me encantas, pero si no te callas y actúas, saldré de aquí —Abrí la bragueta y desabotoné su pantalón, lo bajé con todo y su bóxer, haciendo que su miembro, bien erecto, hiciera su aparición.

Pasé mi pierna por su cintura, mientras él iba entrando en mí y dejaba besos desde mi cuello hasta el inicio de mis senos.

Embistió profundamente y solté un gemido, alzó la mirada y me dedicó una sonrisa pervertida; las siguientes fueron lentas. Alzó mi blusa y sacó mis senos del brasier, los fue besando mientras embestía, meneé mis caderas y él las agarró. Capturó mis labios y de nuevo embistió muy profundamente.

Estaba apoyada en la puerta de la alacena, tratando de recuperar mi respiración.

Este hombre hacia que perdiera el juicio rápidamente, y si no fuera por su inteligencia, mis hijas se hubieran enterado de que pasaba aquí con los gemidos que soltaba.

—Creo que esto está mejor que un sauna —Ambos teníamos una leve capa de sudor.

—Mucho mejor que el gimnasio —Le di un beso express.

—Te quiero —dijo mientras acariciaba mi mejilla.

—Yo te quiero más, y sé que es muy pronto para preguntarte esto —Se estaba poniendo colorado—, me siento como un adolescente —Me reí, de adolescente no tenía nada.

—¿Qué pasa? —Desenredé mi pierna de su cintura.

—¿Quieres ser mi novia? —Era tan lindo, había quedado todo rojo.

—¡Mami! —Sentí pánico de que las niñas intentaran abrir— ¡Mami! —Solo asentí.

Ambos nos vestimos rápidamente, respiré profundo y salí.

—¿Qué hacías allí? —Me senté en la butaca que estaba junto a la isla.

—Estaba limpiando. ¿Por qué no vas a buscar a Jena? Kevin vino a visitarlas —Se bajó con pereza y salió de la cocina.

—Ahora vengo. Quiero waffles, ya percibí el olor —Le sonreí y le hice señal de que se fuera.

Entonces, volví a la alacena y le abrí.

—Sal al jardín y espera a que ellas vuelvan.

.

La mañana había pasado muy rápido, desayunando, platicando qué nombre le pondríamos al nuevo cachorro y sobre cómo construiríamos las casas.

Las niñas estaban fascinadas con ayudar a construirlas, y Kevin les metió más ideas. Mientras ellos salían a construirlas, yo me pondría a cocinar algo sencillo, carnes sabor a vino, vegetales asados y ensalada.

Busqué carne, vino blanco, calabacines italianos, zanahoria, berenjenas, betabel, tomate, lechuga, sal, pimienta, laurel, tomillo, romero, pepino verde y recado blanco.

Saqué un bol, eché dos tazas y media de vino blanco y una cucharada de recado, y lo diluí; le agregué sal, pimienta, laurel, tomillo y romero fresco, para que tomara mejor sabor.

Tomé la carne y la fileteé, para luego ponerla con la mezcla anterior. Luego lavé las verduras y las corté en forma Vichy, estaba terminando de picar cuando Jena me llamó.

—¡Mamá! —dejé lo que estaba haciendo y salí al patio trasero.

—¿Qué pasa? —Pude apreciar como ya habían cortado la madera.

—Ya vamos a armar una de las casas. Esta será para Black —Los perros estaban echados en la sombra viéndolos.

—Va a quedar hermosa. Trabajen mientras yo preparo la comida —Miré a Kevin, quien cortaba las maderas, se veía tan sexy. Me reí sola y entré a la cocina para terminar.

Pasaron dos horas y entonces, entraron a comer, solo habían armado una casa y la otra seguía en proceso.

—Mami, te quedó muy rica la comida —dijo Mel, sirviéndose otra porción de verduras.

—Gracias, cariño.

Todos repetimos. Cuando terminamos de comer, metí los platos al lavavajillas y salí a ayudarlos.

Luego de dos horas y media, y de tantos postres, terminamos las dos casas. Estábamos entrando cuando el teléfono empezó a sonar y corrí para responder.

—Isabella —contesté.

—Buenas tardes, Isabella, soy Esme —No tenía que decir quién era, reconocía su voz—. Hablaba para informarte que en una hora vamos a tu casa para hablar —Sin más, cortó la llamada.

Suspiré. —Estúpida vieja —dije en voz baja y regresé a la cocina donde estaban ellos.

—Niñas, ¿les parece ir al parque con Kevin? Así pueden llevar a Luki y a Black a pasear —Se entusiasmaron tanto, que no tuve que esperar respuesta y subieron a bañarse.

Miré a Kevin, que tenía una cara de desconcierto.

—Lamento hacerte esto, sé que no te pregunté, pero necesito tu ayuda —Se acercó y me abrazó.

—No te preocupes, cuentas conmigo para lo que necesites —respondí su abrazo y me sentí protegida, querida, amada.

—La madre de Cullen vendrá en una hora y no quería que las niñas estuvieran aquí —Sentí como se puso tieso—. Él vendrá, ella quería hablar con los dos, cosa que no entiendo —Alcé la vista.

—Me dan ganas de quedarme para partirle la cara por cobarde. —Me puse de puntillas para darle un beso.

—Tranquilo, no vale la pena. Como lo has dicho, es un cobarde. Vamos para que tomes un baño, tengo ropa de mi hermano, espero que te quede —Me iba a soltar pero me lo impidió.

—Tengo ropa en la camioneta, ¿te bañas conmigo?

Negué. —Nop, guapura, están mis hijas aquí —Logré soltarme y empecé a caminar pero me alcanzó dándome una nalgada. Me giré y él sólo se rió.

—Te pasa por "calienta hormonas" —Rodé los ojos.

Esperé a que regresara para poder llevarlo al cuarto de invitados. Lo dejé en la habitación y me fui a la mía.

Me despojé de mi ropa y entré a la ducha, mojé perfectamente mi cabello y apliqué mi champú de chocolate. Me apresuré en mi baño, ya que no tenía mucho tiempo y, al salir de la ducha, entré al clóset para buscar mi atuendo.

—Mamá, ¿puedo pasar? —Reconocí la voz de Jena.

—Sí, estoy en el clóset. ¿Qué pasa? —Entró y se sentó en la silla que tenía allí.

—¿Irás con nosotros? —Negué.

—No, vendrá una clienta para que le haga un presupuesto de su fiesta, pero Kevin las cuidará muy bien. —La veía nerviosa.

—Kevin, ¿es nuestro papá?

Sonreí antes de acercarme a ella y le alcé la mirada. —No cariño, Kevin no es su padre, en un buen amigo y es el novio de mamá —Ella sonrió.

—¿Te gusta? —Sentí como mis mejillas quedaban rojas.

—Sí, mucho —Se levantó y se dirigió hacia donde tenía mis vestidos.

—Él es muy guapo —Empezó a pasarlos hasta que se detuvo en uno de color turquesa, con estampado negro y manga tres cuartos.

—Sí, sí lo es. ¿Ese vestido te gusta? —Asintió.

—Sí, refleja mucho tu carácter de cuando cocinas, con zapatos como arena o dorados, el cabello suelto y maquillaje. Cuando volvamos, ¿podemos hacer un cheesecake? —Descolgué el vestido.

—Si no llegan tarde, sí —Me puse el vestido—. ¿Me ayudas a subir el cierre, por favor?

No tardé mucho en maquillarme, me puse los tacones y bajé hasta la sala.

—Pero qué guapa está mami —alabó Melanie.

—Gracias, bebé —Llegué hasta donde se encontraban—. Pórtense bien con Kevin y cuídense mucho, por favor.

—Tranquila, mami, ya somos grandes y sabemos cuidarnos —Rodé los ojos.

—Lo sé, pero para una madre jamás dejan de ser unos pequeños —Se giraron para abrazarme—. Vayan a buscar a Luki y a Black —Salieron corriendo.

—Gracias de nuevo, Kevin —Me acerqué a él.

—No hay nada que agradecer, lo hago con mucho gusto. Por cierto, te ves muy guapa —Le sonreí.

—Puedo decir lo mismo —Tenía una playera azul de manga larga y jeans.

—Bueno, nos vamos. Avísame cuando se hayan ido. Las cuidaré como si fueran mis hijas. ¿Quieres que las lleve a cenar? —Negué.

—No, le pediré a mi mamá que traigan algo de lo que prepararon. ¿Te quedas a cenar?

Me tomó por la cintura. —Claro, no puedo despreciar la comida de la suegra —Me reí y él me silenció con un corto beso.

Los acompañé a la puerta, y esperé a que se fueran. No había entrado cuando un Mercedes negro se detuvo enfrente de mí.

Esperé a que alguien bajara, teniendo la leve sospecha de quienes eran. Y, así fue, de él bajó la intachable familia Cullen, solo faltaba el jefe de esa familia.

Estaban a unos pasos cuando hablé. —Buenas noches. ¡Vaya sorpresa! Solo les ha faltado el señor Cullen —Les mostré mi sonrisa más falsa.

—Vaya entusiasmo que demuestras Isabella —habló Alice Cullen.

—Sí que tienes agallas para volver Alice —Sus facciones cambiaron y se volvieron más violentas.

—No le tengo miedo a una perra —Sentí la furia florecer en mi torrente sanguíneo.

—Mide tus palabras si no quieres ver tu cara girar —Y ganas no me faltaban.

—Deténganse las dos. Buenas noches, Isabella —intervino Edward.

—Pasen, que no dispongo de mucho tiempo. —Hice que entraran y los dirigí al estudio.

—Mis nietas, ¿están aquí? —Respiré profundo.

Mis hijas han salido así que descuide, no se encontrará con ellas.

Llegamos al estudio y les indiqué que pasaran. —¿Desean algo de tomar? —Esperé a que se sentaran.

—No, que tal si le pones algo a nuestras bebidas —Rodé los ojos ignorando a Alice.

—Gracias, por el momento no, Bella —Me sonrió Esme.

—Como gusten —Tomé asiento frente a Edward—. Pues, usted dirá de qué quiere hablar. —Crucé mis piernas, me sentía algo nerviosa, incómoda.

—Quiero saber, ¿por qué no nos es permitido ver a las niñas? —Alice interrumpió a su madre.

—Y, ¿por qué no estábamos enterados de su existencia? —Miré a Edward.

—Creo que esas preguntas se las podría haber respondido su hijo, sin que me hubieran molestado —Tragué el nudo que se había formado en mi garganta—. ¿Por qué no les dices, Edward?

—Porque las cosas no se dieron como esperaba —Fue su simple respuesta, la que llenó de furia mi cuerpo.

—No seas cobarde y dile la verdad a tu madre —Tanto Esme como Alice nos miraban atentos.

—Porque esto solo nos incumbe a nosotros —Su mirada mostraba molestia, cosa que a mí solo me daba rabia.

—Si solo nos incumbía a nosotros, ¿por qué ellas lo saben y ahora vienen a molestarme? —Ambas estaban calladas.

—Porque no sé quien carajos les ha dicho —Soltó con una rabia esas simples palabras.

—Entonces, ¿si no se hubieran enterado, ellas y yo seríamos aún una sombra? ¿Por qué? ¿No tienes aún los suficientes pantalones para decirle a tu familia la causa de tu divorcio? —Me reacomodé en el sillón.

—No es por eso, sino… —Lo interrumpí.

—A ver, ¿cuál será tu excusa? Porque me las viniste dando dos años y ahora no te creo nada —Respiré profundamente y volteé a ver a Esme—. ¿Quieres saber por qué no sabían de ellas? Perfecto. Ya que tu hijo no va a hablar, yo te diré —Él se levantó.

—No hables, Isabella —Igual me puse de pie.

—A mí no me calles. Y lo digo porque tu aún eres un estúpido cobarde y sé que si no fuera porque ellas se enteraron, nunca sabrían la verdad —Mi mano picaba para abofetearlo, quería golpearlo.

—Ni tú sabes la verdad.

Me quedé de piedra.

—¿De qué hablas? —Volví a tomar asiento.

—Las he alejado porque Irina había descubierto que no te había dejado y me amenazó con lastimarte si no me separaba de ti, pero tú no me diste tiempo de continuar explicándote.

Eso no había sido así, él me estaba mintiendo de nuevo.

—No, Edward, no más mentiras. Tú solo dijiste que no podías hacerte cargo de nosotras y saliste huyendo como un cobarde. Así pasaron las cosas, yo te dije mi estado y tú me dejaste a mitad de la sala de mi departamento, y lo que derramó la gota de agua fue enterrarme que Irina también estaba embarazada. ¿Cómo crees que me sentí en ese momento? ¿Ahora entiendes por qué me fui de tu casa? —Miré a Esme que tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Ahora entiendo tu desesperación, y no sabes cuánto lamento que te quise detener para convivir con nosotros —Soltó un sollozo y Alice abrazó a su madre.

—Te estuve llamando para aclarar las cosas, pero tú no respondías mis llamadas.

Muy internamente quería llorar. Me volvía a sentir sola, como hacía seis años, en aquel momento que mi familia me había dado la espalda.

—¿Cómo —respiré profundo— querías que contestara tus llamadas, Edward? Me habías herido demasiado, tenía mucho dolor, mi familia me había dado la espalda, no tenía estudios, no tenía dinero. ¿Cómo iba a pensar en otra cosa que no fuera cómo sobrevivir? —Me trague mis lágrimas, apreté mis labios y callé mi sollozo.

—Por eso debiste volver a buscarme —Reí amargamente.

—¿Para qué volvieras a negar a tus hijas? ¿Para darme la espalda nuevamente? ¿Para ver como a tu esposa sí podías responderle y a mí no? ¿Tienes la mínima idea de cómo dejaste mi autoestima luego de que terminé de servir como juguete sexual? —Quería los brazos de mis hijas, que me dijeran que solo era un sueño, que pronto acabarían mis pesadillas. Limpié las lágrimas de furia que me habían traicionado.

Se quedó callado. Esme se levantó y se paró enfrente de él, y nunca me imaginé lo que haría, le dio una bofetada que hasta a mí me caló los huesos.

—Si antes pensaba que eras el hijo intachable, hoy ni ganas tengo de decir que eres mi hijo —Se volteó y me miró avergonzada.

—Lo siento tanto, madre —Su voz se escuchaba ronca.

No sabía cuánto tiempo llevábamos hablando.

—¡Mamá, llegamos! ¡Tío Emmett y Tía Ros vinieron con nosotros! ¡Mamá, ¿dónde estás?! —Sentí mucha desesperación.

—Dis-Discúlpenme —tartamudeé. Me levanté de prisa y salí del estudio.

Tanto como Ros, Emmett y Kevin se me quedaron viendo.

—¿Qué tienes? —habló Emmett.

—¿Ellos siguen aquí? —preguntó Kevin y yo solo pude asentir.

—¿Dónde está ese maldito bastardo para que le rompa la cara?

Me acerqué a Emmett. —Lleva a las niñas con Sue, por favor. Ya se irán y no volverán más —Eso esperaba.

—Ok. ¿Segura que puedes ir sola para allá? —asentí—. Quédate con ella, Kevin. ¡Niñas, nos vamos a casa de la abuela, traigan a esos cachorros! —gritó Emmett.

Me di la media vuelta y regresé al estudio.

—No volveremos a molestar, Bella. Sabemos cuáles son nuestros puestos ahora y qué derechos tenemos, solo no me niegues la ayuda que pretendo brindarte —Solo asentí, me encontraba aún en estado de shock.

—Solo esperen a que se vayan y puedan salir. —Escuché el ruido del motor de la camioneta de Emmett y abrí la puerta para que salieran.

—Lo lamento tanto —Trató de abrazarme Esme y yo me negué.

Edward salió sin mirarme y cuando alzó la vista se topó con Kevin, se giró y me miró.

—¿Qué hace ese maldito aquí? —Iba a responderle pero otra persona lo hizo por mí.

—Lo que haga aquí, no debe importarte porque no eres nada de Bella —Kevin me acercó a él y entrelazó nuestras manos.

—Vamos Edward —Volvió a hablar Alice.

Esperé a que se fueran para poder llorar.

Me abracé fuertemente de Kevin, pero mis sollozos eran muy difíciles de ocultar, las lágrimas brotaban tal fuente encendida.

—Llora, cariño, saca todo ese sentimiento —Pasaba su mano por toda la longitud de mi espalda.

Estuvimos un largo rato de pie y abrazados, hasta que sentí mis ojos arder.

—Subiré a recostarme y a quitarme el maquillaje, de seguro parezco un mapache —Le sonreí.

—Le avisaré a Emmett que traiga a las niñas —En ese momento recordé a mis hijas. ¡Dios! ¿Qué clase de madre era?

—No, iremos. Solo dame tiempo de cambiarme —Lo más seguro era que Sue nos estuviera esperando.

Iba a subir cuando el teléfono sonó, seguramente eran ellos. Caminé hasta una mesita que tenía casi junto a la puerta del armario y aclaré mi voz antes de contestar.

—Isabella Swan. —Se escuchaba mucho bullicio—. ¿Quién habla?

—Cariño, soy mamá. ¿Podrías venir por mí? Estoy en el aeropuerto, recién llego a Argentina.

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Buen inicio de semanas a todas chicas ¿Qué tal las trataron las vacaciones?

aquí tienen actualización, espero que les guste y no me quieran matar a mi Edward, una vez mas les digo que el bombón de Kevin es mío jijijiji.

no me queda mas que agradecerles su tiempo de leerme espero sus comentarios.

por cierto tengo unas preguntas ¿Desean que Kevin se quede con Bella? o ¿Qué se quede con Edward? y si eligen a Edward ¿Que tendría que hacer para que gane el perdón de Bella?

nos leemos en unas semanas.