Ni THG ni sus personajes me pertenecen, hago esto por simple y pura diversión, sin otros fines.
Cambios Inesperados
Bajo la mirada avergonzada. Darius me mira como, pienso, lo haría Gale; llena de asombro y decepción… más de esto último. Logro salir del estado de shock en el que me encuentro, no lo soporto más y corro directo a mi habitación, cerrando con llave para que nadie me moleste. Aunque tal vez nadie lo haga. Me dejo caer en la cama ocultando mi rostro con mis manos
Aún cuando no estoy en el Distrito 12, la presencia de Gale sigue acechándome en cada lugar, en cada pensamiento, en cada mirada. Como acusándome de mi error. Elegir a Peeta muy por encima de él. Mi amigo. Casi mi hermano. El hombre que se ha sacrificador junto a mí por nuestras familias. Nunca pensé sentirme tan mal con Gale por estar con Peeta. He tratado de pensar, excusarme, que si Gale me viera en televisión con Peeta, pensaría que solo estoy actuando. Pero no me puedo imaginar qué pasaría si llegará a darse cuenta de qué realmente ocurre. Y no creo que Snow le interese hacerle algo a Gale.
Cierro los ojos y palmeo mi frente.
Ahora lo entiendo todo. Cómo no lo pensé antes.
Esto es obra de Snow.
Lo ha hecho a propósito. Como era obvio, se enteró de la escena que armó Gale, proclamando su amor por mí, en la estación el otro día antes de trasladarnos al Capitolio. Como pude ser tan ingenia al pensar que Snow no se aprovecharía de eso. El amor que siente Gale por mí, solo se convirtió en un arma que él pudo utilizar en mi contra. Snow sabe que aquella confesión me afecta de sobremanera, a pesar de que no correspondo sus sentimientos, y lo supo aprovechar muy bien. En cada paso Snow siempre tratará de hacerme ver que ahí estará.
Debí de haber hablado con Gale y aclarar nuestra situación antes de que todo esto ocurriera. De esa forma no me sentiría mal con él al estar con Peeta y Snow no podría utilizarlo en mi contra. No puede estar pasándome esto. No a solo unos días de entrar en la arena. Los arrepentimientos nunca se han llevado conmigo y ahora se les ocurre hacer acto de presencia cuando tengo que estar más concentrada.
Suspiro resignada, pues por más que lo intente, no podré detener el tren de pensamientos que tengo en este momento y por tanto no podré conciliar el sueño.
Me desvisto y entro a la ducha. Espero a que mis pensamientos se escapen de mi mente, así como lo hace el agua que recorre todo mi cuerpo para luego perderse por el desagüe. Pero no funciona de la forma que deseo. Al contrario, cada vez que cierro los ojos, Gale aparece mirándome de la misma forma que lo hizo Darius.
Termino de ducharme y me visto con un camisón para dormir. Me escondo entre las cobijas con mi cabeza nadando un mar de pensamientos.
Por más que doy vueltas y vueltas por toda la cama, no logro conciliar el sueño, el tren de pensamientos no se detiene ni por un momento. Debe ser alrededor de media noche. Entonces escucho que tocan a la puerta suavemente. Cierro los ojos sintiendo mi corazón oprimirse. Debe ser Peeta. Una parte de mi quiere dejarlo entrar para que me ayude a encontrar la solución a mis pensamientos y salir de las pesadillas, que muy seguramente tendré si logró conciliar el sueño. Pero por otro lado, tenerlo aquí me haría recordar mi culpa. Además, sé que también a él le estoy haciendo daño con toda esta situación, así que es mejor mantenernos alejados por el momento.
Al poco rato escucho los pasos de Peeta alejarse por el pasillo, resignado al no recibir respuesta de mi parte.
Me duele hacernos esto, pero por el momento es lo mejor.
Como era de esperarse, toda la noche me veo envuelta en pesadillas que me hacen despertar gritando, sudorosa y agitada.
Trato de calmarme cuando escucho los pasos de alguien en el pasillo. Se detienen frente a mi puerta, y luego de unos segundos emprenden de nuevo su travesía a largo del pasillo. Por lo visto no soy la única que no puede dormir. Peeta debe de estar deambulando como lo hacía en el tren del tour de la victoria. Debió de escuchar mis gritos y quiso venir a ayudarme. Pero una puerta cerrada se encontró como obstáculo. Desearía estar con él en este momento, pero me sentiría peor.
Nunca he sido una persona que dependa de los demás. Desde la muerte de mi padre, me volví independiente para poder sacar adelante a Prim y a mi madre, ellas si dependían de mí. Pero ahora es distinto. Siento que de alguna forma dependo de Peeta. Mis temores desaparecen cuando estoy con él. Es mi mejor medicina. Una que me está causando adicción
A la mañana salgo a desayunar tras la insistencia de Haymitch. Él y Peeta ya se encuentran en el comedor, ambos me voltean a ver cuando llego, Haymitch con su habitual mirada de desprecio y Peeta con algo de pena.
Haymitch nos da instrucciones para nuestro primer día de entrenamiento. Lo primero, seguimos siendo pareja para todo el mundo, aunque por esa parte ya no es tan fingido, por lo menos no debemos dejar ver que hemos discutido. También nos sugiere aliarnos a los profesionales, formar nuestro propio grupo, algo que nos podría traer ventajas en la arena.
Peeta y yo, después de irnos a cambiar, entramos al elevador que nos lleva al piso de entrenamiento. No tenemos tiempo para una conversación, pero cuando Peeta me da la mano no lo aparto. A pesar de lo que estemos pasando debemos seguir con las apariencias.
Pasamos el entrenamiento divididos, buscando posibles aliados como Haymitch nos lo sugirió y tratando de mejorar nuestras técnicas de combate. Me uno a Beete y Wirees, Peeta a Chaff y a Seeder, aunque noto que Johanna no aparta la mirada de él. Bueno a decir verdad, Finnick tampoco me ha dejado en paz. Es como si nos estuvieran estudiando. Y no sé si eso sea bueno o sea malo.
Llega la hora de la comida estoy en la barra sirviendo una charola cuando llega Peeta y se coloca a mi lado. Hago como si no lo estuviera.
— ¿Katniss? — Me toma del brazo para detenerme — ¿qué pasa?
— Nada — le respondo un poco brusca. Mi mal humor la trae en contra con él.
— ¿Es por lo de anoche? — pregunta Peeta al notar que no pienso decirle ni una palabra. Y la verdad no sé bien a que se refiere, si a lo del elevador o a lo de Darius, así que de todas formas no le contesto nada — Katniss, por favor. No le tomes importancia solo se están metiendo contigo — ¡ah! Se refiere a lo del elevador. Es bueno porque no quiero hablar de Darius ni nada que me recuerde al Distrito 12
— No solo ellos… tú también — le digo en un tono acido. Peeta toma la bandeja de comida que traigo y la deja sobre la barra. Me jala hasta que nos escondernos detrás de una columna, alejados de las miradas de los curiosos. Descanso mi espalda en el frio metal que recubre la columna.
— No es así, Katniss. Solo me pareció un poco graciosa la situación del elevador. Pero no quiero que eso cause una discusión entre nosotros.
— ¿Graciosa? — Mi furia parece desatarse — ¿Te pareció gracioso que Johanna te besara en frente de mi? — Le pregunto elevando un poco mi tono de voz, pero sin llegar a gritarle— ¿Qué hubieras sentido si Finnick me hubiera besado cuando llegamos? — Peeta se queda viéndome con los ojos abiertos y sin poder articular ninguna palabra, sin duda sorprendido. Al instante me recrimino mentalmente. Tantas cosas que podía reclamarle en este momento y precisamente tenía que salir el beso de Johanna. Trato de respirara profundamente para calmar mi temperamento.
— ¿Estas celosa? — logra decir después de un rato, sorprendido.
— Eso no importa — trato de zafarme y escapar, pero Peeta es más rápido y me cierra el paso poniendo una mano en la columna.
— Claro que importa — me toma de ambos brazos — Escucha, entiendo por todo lo que estas pasando, en especial desde ayer, cuando nos encontramos a Darius… — baja la mirada un poco — sé perfectamente en quien pensaste — Termina con voz cortada, lo que me hace sentirme más mal. Era más que obvio que Peeta se había dado cuenta inmediatamente de mi expresión al ver a Darius. Pero no sé cómo lo pudo haber interpretado. No le puedo mentir. Pero tampoco quiero hablar de eso en este momento.
— Son muchas cosas Peeta. Los juegos, los vencedores, Haymitch con eso de encontrar equipo, y si… Darius — le confieso. Peeta toma una respiración profunda.
— Quiero disculparme por cómo me comporté. Sé que no debí meterme contigo. Pero sólo quiero que sepas que me encanta como eres y no me importa lo que digan los demás de ti, así como a ti no te debe de importar. No puedo soportar pasar más tiempo alejado de ti, ya bastante tuve con anoche — ni que lo diga. Ha sido, sin duda, una de las peores noches. — Solo debes de saber que estamos juntos en esto y nada va a cambiar eso — Levanta mi barbilla con su mano y me da una tierna sonrisa — ¿De acuerdo? — lo medito por un minuto.
— Está bien — lo admito, no puedo estar enojada con este hombre. Tiene un extraño control sobre mí que ni yo misma conozco. Peeta echa un vistazo a nuestro alrededor para verificar que nadie nos este viendo, y después une nuestros labios en un tierno beso. Pero eso no es suficiente para mí, así que paso mis brazos alrededor de su cuello y profundizo el beso. Peeta no pierde el tiempo y me acorrala entre la columna y su cuerpo, descansando sus manos en mi cintura. Extrañaba la sensación de sus labios junto a los míos, el único lugar en donde puedo estar tranquila. Peeta baja lentamente sus besos hasta mi cuello, en donde se detiene por un momento.
— ¿Tratas de seducirme de nuevo, preciosa? — me pregunta con voz ronca y jadeante, muy cerca de mi oído. Me quedo confundida sin saber a lo que se refiere.
— ¿Seducirte? — pregunto.
— Si — esconde su rostro en el hueco de mi cuello. Paso mis manos desde su cuello hasta sus hombros, lentamente, disfrutando de la suavidad de su piel expuesta — Seducirme como lo hiciste anoche — ¿anoche? Repaso en mi mente cada segundo desde que salimos del desfile. El encuentro con los demás vencedores, el elevador, y… ahí está. Se refiere a cuando salimos del elevador, discutiendo por lo que acababa de pasar, y lo estampe contra la pared para besarlo apasionadamente. Bueno, el objetivo, de primera instancia, no era seducirlo, sino hacerle ver que yo no era tan "pura", como él creía. Pero no voy a mentir al decir que me olvide por un momento de ese objetivo y me perdí en la sensación de tener a Peeta tan cerca de mí. Creí no ser capaz de detenerme. No me di cuenta, hasta ese momento, que Peeta ha encendido en mi un fuego que no sé cómo apagar — Estuve a punto de llevarte a mi cuarto y no dejarte salir en toda la noche — susurra contra mi cuello, provocando que su aliento me haga cosquillas.
— ¡Peeta! — le regaño sonrojada cuando entiendo el significado de sus palabras, dándole un pequeño golpe en el brazo. Él solo suelta una carcajada.
— Lo siento — dice depositando un beso en mi cuello para luego subir hasta quedar, de nueva cuenta, frente a mí — Pero no voy a negarte lo mucho que te deseo — dice con su mirada fija en mi y una voz que logra que un escalofrió recorra toda mi columna vertebral. Me quedo asombrada por sus palabras. Él se vuelve a reír y aprovecha mi estado para besarme lentamente.
— ¡Hey, Tortolitos! — grita Finnick a unos cuantos metros de nosotros, haciendo que Peeta se separe de mí con un salto y recargue su brazo en la columna para simular que no pasaba nada. Yo siento mis mejillas arder, signo inequívoco de que estoy totalmente sonrojada, así que no levanto mi mirada del suelo. Finnick pasea su mirada entre nosotros dos con gesto divertido— ¿Quieren venir a comer con nosotros o prefieren buscar una habitación primero? — pregunta aún riendo.
— Este… nosotros… — trata de contestarle Peeta.
— Déjalos Finnick — dice Johanna apareciendo detrás de él, con una sonrisa burlona — Estoy segura que prefieren buscar una habitación — levanta una ceja y recorre a Peeta de arriba abajo. Vuelve a sonreír pero esta vez mirándome a mí. No pienso caer en las provocaciones de esa mujer. Pero de todos modos, me recargo en Peeta levemente, marcando mi lugar. Finnick niega con la cabeza, sonriendo y arrastra a Johanna a la gran mesa.
Peeta se voltea hacia mí, como esperando que le reclame por algo. Suspiro cansinamente.
— ¿Vamos? — dice Peeta extendiendo su mano a mí. Dudo por un momento — Recuerda… sólo tú y yo — No lo dudo ni por un momento, al final solo quedaremos nosotros dos, o al menos es lo que espero.
Nos reunimos con los demás para comer. No resulta ser tan desagradable como creí que lo sería. Después de eso, Peeta y yo seguimos en diferentes estaciones buscando posibles aliados. Me quedo en la estación de tiro con arco y cuando comienzo a disparar, me siento de alguna manera libre, todo a mi alrededor desaparece solo están las aves como mi objetivo. Así que cuando nos vamos a nuestros respectivos pisos, Haymitch llega con la noticia de que casi todos los vencedores han indicado a sus mentores que me seleccionen como aliada. Pero a pesar de tener tantas solicitudes, no decidimos a nadie como aliado.
Durante los siguientes días, pasamos tiempo con casi todos los que vamos a la arena. Incluso Finnick me da una hora de lecciones de tridente a cambio de una hora de instrucción de tiro con arco. Él y Peeta comienzan a formar un tipo de complicidad. Hasta Johanna de vez en cuando me pide instrucciones y ella también hace lo posible por ayudarme. Cuanto más conozco esta gente, más mal me siento. Al final todos tienen que morir si voy a salvar a Peeta.
El final del entrenamiento llega con la sesión privada con los Vigilantes. El comedor se va vaciando conforme los tributos van saliendo de su actuación. A medida que la gente va desapareciendo por la puerta, todo en lo que puedo pensar es en la vida que nos queda en días.
Peeta y yo nos quedamos solos por fin. Él se inclina sobre la mesa para tomarme las manos.
— ¿Cómo vamos a matar a toda esa gente Peeta? — le pregunto, incapaz de pensar en otra cosa más que en la vida de las personas con las que hemos convivido los últimos días.
Peeta apoya la cabeza sobre nuestras manos entrelazadas.
— No lo sé — responde amargamente. Sin duda alguna, él está pasando por lo mismo que yo.
— No los quiero como aliados — digo con decisión. Peeta levanta la vista hacia mí — ¿por qué quiso Haymitch que los conociéramos mejor? Lo hará mucho más duro que la última vez — Tal vez Haymitch quería enseñarnos algo, pero aún no lo entiendo — Le diré que iremos nosotros solos, como siempre debió de ser.
— ¿Juntos? — pregunta Peeta. Inevitablemente me hace recordar el momento en el que saqué las bayas, al final de nuestros primeros juegos. A pesar de saber que su vida estaba en peligro, Peeta me siguió hasta el final, sin dudar ni un momento. Él confiaba plenamente en mí.
Y lo sigue haciendo.
Peeta es mi fortaleza. No creo que hubiera podido llegar hasta aquí si él no hubiera estado a mi lado. Y ahora, aunque nuestros objetivos son distintos, no dudare ni un momento en hacer todo lo posible porque Peeta esté bien.
— Juntos — digo mirándolo fijamente, tratando de hacerle saber que no me gustaría estar con otra persona en este momento más que con él. Peeta besa mi mano sin dejar de mirarme.
Llaman a Peeta y me quedo sola. Pasa demasiado tiempo antes de que me llamen. Siento mucha preocupación por Peeta y por lo que pudo haber hecho, ya que los Vigilantes parecen exaltados cuando entro. Debo alejar la ira de los Vigilantes de Peeta. Así que lo único que se me ocurre es ahorcar un muñeco con el nombre se Seneca Crane. El efecto es inmediato, ya que todos se han quedado en shock, hasta que Plutarch Heavensbee me permite retirarme. Sé que esto tendrá serias consecuencias, pero no puedo sentir culpa por lo que acabo de hacer.
Cuando nos sentamos a cenar, Haymitch nos pregunta directamente cómo nos fue en nuestras sesiones. Le concedo el privilegio de contra primero a Peeta. Nos relata que pintó a Rue cuando murió, después de que la cubrí de flores, con la firme intención de hacer sentir a los Vigilantes culpables por su muerte. Effie y Haymitch lo reprenden, pero entonces les cuento lo que hice y todos se quedan incrédulos, pero luego comienzan a desaprobarlo.
— Pensarías que lo teníamos planeado — dice Peeta, ofreciéndome una ligera sonrisa.
— ¿No lo tenían? — pregunta Portia.
— No — digo, mirando a Peeta con nueva apreciación — Ninguno de los dos sabía siquiera lo que iba a hacer antes de entrar.
— y, ¿Haymitch? — Dice Peeta — Decidimos que no queremos ningún otro aliado en la arena.
— Bien. Entonces no seré responsable de que maten a ninguno de mis amigos con su estupidez.
— Eso es justamente lo que estábamos pensando — digo viendo a Peeta y dedicándole una leve sonrisa. Él toma mi mano y me devuelve la sonrisa. En este momento me sentía conectada con Peeta como nunca.
Vamos a ver a continuación las notas del entrenamiento. No puedo evitar tener un deje de preocupación, pero eso se va cuando Peeta y yo sacamos un doce cada uno. Sin embargo nadie se siente para celebrarlo. Haymitch nos dice que con esto, los demás tributos no tienen más opción que señalarnos como objetivo. No pueden dejar más claro que nos quieren muertos.
Peeta me acompaña a mi habitación en silencio, pero antes de que pueda decir buenas noches, lo rodeo con los brazos y apoyo mi cabeza contra su pecho. Sus manos se deslizan hacia arriba por mi espalda y su mejilla descansa contra mi pelo.
— Siento haber puesto peor las cosas — digo
— No peor que yo. ¿Por qué lo hiciste, por cierto?
— No lo sé. ¿Para enseñarles que soy más que una pieza en sus juegos? — Peeta se ríe recordando nuestra conversación en el tejado. En ese momento no había entendido sus palabras. Ahora sí.
— Yo también — me dice — Y no estoy diciendo que no lo vaya a intentar. Llevarte a casa, quiero decir. Pero si soy realmente sincero sobre ello…
— Si eres realmente sincero sobre ello, crees que el Presidente Snow probablemente les haya dado órdenes directas para que se aseguren de que morimos en la arena pase lo que pase.
— Se me ha pasado por la cabeza.
Por supuesto que lo he pensado. Aunque yo sé que, de todas formas, no lograré salir con vida, tengo la esperanza de que Peeta si lo haga. Aunque Snow lo quiera con vida y el corazón roto, como recordatorio.
— Pero incluso si eso sucede, todos sabrán que nos fuimos luchando, ¿verdad? — pregunta Peeta.
— Todos lo sabrán — me pongo a pensar en todo lo que pasaría si logrará desafiar al Capitolio hasta el final. Sería la señal que están esperando los distritos para levantarse. El precio por la rebelión sería mi muerte, pero estaría segura que eso les daría la suficiente esperanza a los rebeldes. Y si Peeta logrará vivir, podría convertir su dolor en palabras que cambiarían a la gente.
Mi amado Peeta.
No solo estoy sacrificando mi vida, sino también el corazón de Peeta. Nuestros corazones. No me puedo poner a pensar en el daño que le ocasionaría a Peeta mi muerte, pero sería lo mejor para todos. Así que espero poder dedicarle todo el tiempo que me queda, para que sepa que aunque yo no este, él es y será al único que ame.
Es así que ahora es por Peeta, no por mí.
— Así que ¿qué deberíamos hacer con nuestros últimos días?
— Yo sólo quiero pasarme cada posible minuto del resto de mi vida contigo.
— Ven, entonces — digo, metiéndolo en mi habitación. Peeta duda por un instante pero se deja arrastrar por mí.
Se siente como un lujo dormir con Peeta de nuevo. No me había dado cuenta hasta ahora de qué necesitada he estado de su cercanía. De sentirlo a él a mi lado en la oscuridad. Desearía no haber malgastado el último par de noches dejándolo afuera. Lo observo dormir, tranquilo, alejado del mundo, con un semblante de paz infinito porque sabe que estoy a su lado. El mismo sentimiento de paz cruza en mi pecho en este momento.
— No te imaginas cuanto te extrañaba — le susurro suavemente a escasos centímetros de su rostro, apartando unos mechones de cabello de su frente — Ni lo que te necesitaba a mi lado — me inclino hacia él hasta simplemente rozar nuestros labios. Peeta sonríe entre sueños, lo que me hace sonreír a mí también. Al poco rato me hundo en el sueño, envuelta en su calor, y cuando abro los ojos de nuevo, la luz de día entra por las ventanas. Peeta ya está despierto y me mira con sus brillantes ojos azules.
— Sin pesadillas — dice
— Sin pesadillas — confirmo sonriendo. — ¿Tú?
— Ninguna. Había olvidado cómo se siente una noche de sueño de verdad — dice sonriendo — Hasta tuve un sueño hermoso donde me decías que me extrañabas y necesitabas, y luego me besabas — No sé si está diciendo la verdad con lo del sueño o me escuchó decirlo anoche. De cualquier forma me hace sonrojar.
— No fue un sueño — le confieso en un murmullo. Peeta no parece sorprendido, por lo que siento que él ya sabía la verdad. Se acerca más a mí.
— Yo también te extrañaba — me besa en los labios brevemente, luego se aparta un poco— y te necesito — y ahora si me besa profundamente. No dudo ni un momento en corresponderle. Nos quedamos un rato así, besándonos, tratando de recuperar algo del tiempo que hemos perdido. Pienso que en cualquier momento va a entrar Effie o Haymitch para darnos instrucciones ya que mañana son las entrevistas con Caesar, pero lo que nos hace separarnos es la chica pelirroja Avox. Trae un mensaje de Haymitch en el cual nos da el día libre, ya que nos encontramos preparados para las entrevistas debido al reciente tour.
— ¿De verdad? — dice Peeta, tomando la nota de mi mano para examinarla — ¿Sabes lo que significa esto? Tendremos todo el día para nosotros.
— Que mal que no podamos ir a ningún sitio — digo con nostalgia.
— ¿Quién dice que no podamos? — dice Peeta con un extraño brillo en su mirada.
El tejado. Pedimos un montón de comida, cogemos algunas mantas y vamos al tejado para un picnic. Un picnic de día completo en el jardín de flores con los tintineos de las campanillas de viento. Comemos. Nos tumbamos al sol. Arranco viñas colgantes y uso mi reciente adquirido conocimiento del entrenamiento para practicar nudos y tejer redes. Peeta me dibuja. Nos inventamos un juego con el campo de fuerza que rodea el tejado. Uno de nosotros le lanza una manzana y la otra persona tiene que cogerla.
Nadie nos molesta. Hacia el final de la tarde, estoy tumbada con la cabeza en el regazo de Peeta, haciendo una corona de flores, mientras él juguetea con mi pelo, alegando que está practicando sus nudos. Después de un rato, sus manos se quedan quietas.
— ¿Qué? —pregunto.
— Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para siempre — también lo deseo. Por primera vez en mucho tiempo, me he olvidado de todo lo malo que nos rodea, y solo me concentro en nosotros. Me siento cálida y relajada, así que las palabras se escapan solas.
— Vale — digo.
— ¿Entonces lo permitirás? — puedo oír la sonrisa en su voz.
Sus dedos vuelven a mi pelo y me adormilo, pero él me despierta para ver el atardecer. Es un brillo amarillo y naranja espectacular, detrás del skyline del Capitolio.
— No creí que quisieras perdértelo
— Gracias — miro a Peeta, su rostro sereno, su cabello produciendo destellos dorados, su mirada fija en la puesta de sol — su color favorito. El observarlo me produce una sensación muy cálida en el pecho que se extiende por todo mi cuero. Es ahora, cuando realmente me doy cuenta que no quiero están con otra persona, que tengo sentimientos muy fuertes hacia el y naie podrá cambiarlos. Se da cuenta que lo estoy observando, se voltea y me sonríe. Hipnotizada por su mirada me levanto acercando nuestros rostros para después besarlo lentamente, disfrutando del momento, de sus labios.
Bajamos directamente a mi habitación sin toparnos con nadie.
A la mañana siguiente nos encuentra mi equipo de preparación, quienes rompen a llorar al vernos a Peeta y a mí, dormidos juntos. Se componen de inmediato y comienzan a prepararme. Cuando han terminado me llevan con Cinna. No discutimos sobre el vestido puesto que el presidente Snow ha puesto la orden sobre cual vestido deberé usar; el vestido de novia ganador de la sesión de fotos. Cinna ha hecho algunas modificaciones que lo hacen más pesado. Acordamos hacer lo mismo que el año pasado y salimos.
Nos encontramos con Effie, Haymitch, Portia y Peeta en el ascensor. Peeta está en un elegante esmoquin con guantes blancos. El tipo de cosa que llevan los novios para casarse aquí en el Capitolio. Parece sorprendido cuando me ve.
— Te ves hermosa — me susurra al oído para que solo yo lo escuche.
— Tú también te ves muy bien — le digo susurrando también. Cuando acordamos, las puertas del elevador se abren anunciando nuestra llegada.
— ¿Estas lista? — pregunta Peeta antes de salir del elevador, tendiéndome su mano.
— Lista. Esta noche el público es nuestro — le tomo la mano y le sonrío.
Cuando llegamos con los otros tributos, todos se quedan en silencio. Al rato comienzan a criticarme. No sé a lo que le temen, al poder que tenga el vestido sobre la multitud a su belleza. Hasta que Johanna se acerca a mí y me acomoda el collar.
— Házselo pagar ¿vale? — dice. No hago más que asentir. Pienso que Johanna Manson y yo tenemos más cosas en común de las que nos imaginamos.
No tuve más razón cuando dije que el público era nuestro. Cada vencedor en su turno fu mencionando las injusticias del Quell haciendo que la gente llorara y se desmayara. Para cuando entro con mi vestido de novia, todo se convierte en un verdadero desastre. Después de una breve charla con Caesar, doy vueltas como acorde con Cinna y de pronto soy un sinsajo. Todos quedan sorprendidos por un instante, pero luego rompen en aplausos.
El turno de Peeta con Caesar comienza con la misma complicidad de siempre, hasta que Caesar pasa a temas más profundos como la cancelación de nuestra boda.
— Ya estamos casado — confiesa Peeta en voz baja. La multitud se asombra rápidamente. Caesar los acompaña.
— Pero… ¿cómo puede ser eso? — pregunta Caesar. Peeta básicamente le describe el tueste que hicimos, claro sin muchos detalles. Cuando Peeta explica que esto lo hicimos antes del Quell, Caesar parece comprender nuestra decisión. En realidad, toda la multitud parece comprendernos. Caesar se alegra por nosotros.
— Yo no me alegro — dice Peeta — Desearía que hubiéramos esperado hasta que todo el asunto se hubiera hecho de forma oficial
Esto hace retroceder incluso a Caesar. Yo no me encuentro mejor.
— ¿Seguro que poco tiempo es mejor que nada?
— Tal vez yo también pensaría eso, Caesar — dice Peeta amargamente — si no fuera por el bebe.
Ahí. Lo ha vuelto a hacer. Ha soltado una bomba que borra los esfuerzos de cada tributo que ha venido antes que él. Envía acusaciones de injusticia, barbarismo y crueldad. Ninguna persona, por muy hambrienta de sangre, puede negar lo horrible de esto. Estoy embarazada.
Si pensaba que lo anterior era un desastre, esto se ha convertido en un caos. El himno suena a todo volumen. Me levanto automáticamente, y mientras lo hago, siento a Peeta alzando su hacía mí. Lágrimas corren por su rostro cuando tomo su mano. Las limpio con mi mano libre y le doy un beso breve. Me vuelvo a Chaff y tomo su muñón. Y entonces todos los vencedores comienzan a unir sus manos, como símbolo de unidad de todos los distritos. Cuando quieren apagar las cámaras, ya es demasiado tarde, todo el mundo lo ha visto. Ahora también hay desorden en el escenario. Pierdo mi agarre con Chaff pero Peeta me guía a un elevador.
En cuanto salimos del ascensor, Peeta me aferra los hombros.
— Katniss, no hay mucho tiempo, así que quiero disculparme por romper mi promesa y decir que estábamos casados. Además de eso ¿hay algo más por qué disculparme?
— Nada, todo está bien — tal vez aún no conozcamos las consecuencias de nuestros actos en estos momentos, pero ya no tenemos nada por qué arrepentirnos. Mañana nuestro castigo será perder nuestra propia vida.
Me aferro a Peeta, tratando de encontrar un poco de paz y tranquilidad estos últimos momentos. Haymitch llega anunciando que se ha cancelado la repetición de las entrevistas y que afuera es un caos total. Tal vez la gente intenta la cancelación de los juegos, pero todos sabemos que eso es imposible. Ha llegado el momento de decir adiós. Haymitch lo dice.
— Supongo que aquí también es cuando nos decimos adiós
— ¿Algún consejo de última hora? — pregunta Peeta.
— Sigan vivos — dice Haymitch con aspereza. Es casi como un viejo chiste. Nos da un rápido abrazo — Vayan a la cama. Necesita descansar.
— Cuídate Haymitch — dice Peeta por los dos
Cruzamos la sala, pero en el umbral, la voz de Haymitch nos detiene.
— Katniss, cuando estés en la arena… — empieza. Luego se detiene.
— ¿Qué? — pregunto a la defensiva
— Tú sólo recuerda quien es el enemigo — me dice Haymitch — eso es todo. Ahora sigan adelante
Caminamos por el pasillo. Peeta quiere pasarse por su habitación para ducharse y quitarse el maquillaje, y encontrarse conmigo en unos minutos, pero no dejo que lo haga. Estoy segura de que si una puerta se cierra entre los dos, se quedará cerrada y tendré que pasar la noche sin él. Además tengo una duche en mi habitación. Me niego a soltarle la mano. Esta es nuestra última noche juntos, así que no voy a aceptar que estemos separados ni por un minuto.
Peeta entra al baño y cierra la puerta tras de él. Al poco tiempo escucho el agua de la ducha caer. Me quito el vestido y los zapatos quedando en ropa interior, puesto que yo también voy a tomar una ducha. Y es entonces que se me ocurre una idea.
Ya he dejado pasar muchas oportunidades y no voy a desaprovechar la última que me queda. Pienso pasar con Peeta todo posible minuto que nos quede.
Abro la puerta del baño y el vapor de agua me envuelve de inmediato. Entro y cierro la puerta tras de mí, lo más silencioso que puedo. Termino de desvestirme. Armada de un reciente valor, suspiro y recorro la puerta de la ducha, revelando a Peeta de espaldas a mí, inmóvil, dejando que el agua recorra su cuerpo. Me adentro a la ducha y abrazo a Peeta por la espalda, al principio salta por la impresión, pero luego se relaja. Cubro su pecho con mis manos y descanso mi cabeza en su hombro. Él cubre mis manos con sus manos, entrelazando nuestros dedos.
— Katniss… — murmura
— Sh, no digas nada — le detengo. Nos quedamos así, en silencio, disfrutando de la compañía del otro, dejando que el agua caiga sobre nuestros cuerpos. Peeta se gira para quedar frente a mí. Levanto la mirada para coincidir con el azul de sus ojos. Delinea el contorno de mi rostro con sus dedos y roza con ellos mis labios. No soporto la distancia entre nosotros y lo beso, lenta y pausadamente, queriendo atesorar en mi memoria la sensación de sus labios. Paso mis brazos alrededor de su cuello y él se afianza de mi cintura. Pasan minutos o tal vez horas, pero de lo único de lo que somos conscientes es de nuestros cuerpos rozándose, con nuestros labios fundidos. Solo nosotros dos. Peeta y Katniss.
No hay nada sexual en eso. Solo buscamos el consuelo y las fuerzas que necesitamos para lo que enfrentaremos mañana. Porque más allá de que si alguno muera o no, de lo que si estamos seguros es que nos vamos a separar. Y tal vez para siempre.
Cuando terminamos de bañarnos, no vamos directamente a la cama, sin una sola palabra. ¿Dormimos? No lo sé. Pasamos la noche abrazados, a medio camino entre el sueño y la vigilia. Ambos temiendo molestar al otro con la esperanza de que seremos capaces de almacenar unos pocos y preciosos minutos de descanso.
A la mañana siguiente llegan Cinna y Portia a despertarnos. Peeta se tiene que ir. Le tomo el rostro entre mis manos y lo beso una última vez antes de dejarlo partir.
Cinna me acompaña hasta el tejado para tomar el aerodeslizador, le recuerdo que me despida de Portia antes de subir.
No puedo notar que hay algo extraño en el viaje. Ningún médico viene a ponernos el localizador y el viaje no dura tanto como recuerdo. El sitio al que llegamos no es para nada la Sala de lanzamiento de la arena. Reúnen a todos los tributos y los hacen formar en una sola línea. Todos estamos muy confundidos pues no tenemos idea de lo que esté pasando. En medio de la confusión me encuentro a Peeta, apenas le voy a preguntar cuando nos hacen entrar a un pasillo negro que llega hasta una gran cortina que nos divide de otra sección.
¿Qué pasa? ¿No nos enviarán a la arena? ¿Nos ejecutaran de una vez por todas? Miles de preguntas surcaban en mi mente, pero ninguna tenía respuesta.
Todos no ponemos alerta cuando la cortina comienza a ascender para mostrarnos lo que hay al otro lado. Y lo que vemos nos deja sorprendidos.
Una pequeña multitud de gente sentada en butacas viendo a nuestro costado, un imponente balcón lleno de rosas, iluminado por cientos de luces y siendo monitoreado por infinidad de cámaras.
No lo podemos creer.
Esto es… un escenario.
Hola a todos!
Chaaan chaaan chaaan chaaaaaaaaan!
Y llegó el cambio radical de la historia. ¿Se lo esperaban? Pues que creen… que ni yo me lo esperaba XD He de confesarles que me quede estancada en mi propia historia y no sabía cómo llegar hasta este punto. Tal vez esta vez me pase y como que puse mucho del libro, pero en serio no lograba llegar a este momento.
Como notaran, me he ausentado bastante tiempo entre las actualizaciones, pero estoy en mi último semestre de la carrera y todo es un caos. Así que les pido una disculpa.
Y seguimos agradeciendo a todas aquellas personas que se toman el tiempo de leer, comentar, poner en sus favoritos y en sus alertas todas mis locuras. En verdad, son lo máximo!
EllaCampbell: para que saltes de felicidad… bueno por el capitulo, no por Gale XD y esperemos que si le enseñes su sitio en el mundo :D Muchísimas gracias. Saludos. Ane—Potter17: si, como bien dices, ya se veía venir un alejamiento entre los dos, que si fuera ellos no perdía el tiempo XD Muchísimas gracias por tus comentarios, y espero te siga gustando la historia de tu servilleta XD Saludos. Chrushbut: ahhh ya sé… andaba bien perdida! Pero bueno, por el momento solo estoy con mi súper investigación, así que espero actualizar más seguido. Esa Katniss que nos saca cada cosa, mira que es una caja de sorpresas XD Muchísimas gracias por tus comentarios y buenos deseos! Saludos. Mery: jajaja creo que Peeta ya estaba loco por Katniss desde antes, ella solo lo vino a rematar XD Espero que siga siendo de tu agrado el fic. Muchisimas gracias por tus comentarios. Saludos. AnaGabii7: siii XD por fin! Saludos! Kaoru240: uju Katniss celosa es algo digno de ver y de escribir por supuesto. Muchísimas gracias. Saludos. Mizu: Muchísimas gracias, no sabes lo que significa para mí que esta historia te guste y estés siempre al pendiente :D en cuanto a los celos de Katniss, creo que ella debe ser la que se acerque a Peeta y decirle las cosas como son, sin peros ni Gales jajajaja Saludos. Sam Manson: muchísimas gracias por tu comentario y tus buenos deseos, nos estaremos leyendo por aquí muy pronto. Saludos. Tonks Lunatica: muchísimas gracias, me da mucho gusto ver tus comentarios cuando actualizo, por eso aquí tienes otro cap. :D Saludos. Katniss Luz: jeje ten paciencia que ya mero llegará la tan esperada escena. Saludos! FerJRH: no te preocupes, yo también soy muy desesperada en muchos aspectos jeje Muchísimas gracias. Saludos. Marlena Annie Prince (LenaPrince): no, espero no dejar de escribir :D y nuestro amado Finnick por fin a la luz, y Katniss celosa, pero te aseguro que vendrán más sorpresas. Muchísimas gracias. Saludos. Marydc26: jeje he de confesarte que esa escena la escribía y luego la borraba y así hasta que me quedo más o menos, siempre que escribo algo trato de ponerme en esa situación y créeme que fue un reto ponerme en esa situación XD Muchas gracias! Saludos. Guest: muchísimas gracias por tus comentarios, en verdad aprecio el que te guste la historia, así que prometo no ausentarme tanto jeje Saludos. Katingaaas: y basta con decirte que sigo esperándote ¬¬ Pulga Mellark: ya no seré tan mala y actualizaré más seguido XD Saludos. Irene14: OMG no te puedo dejar con una necesidad insatisfecha, por eso aquí te traigo un nuevo cap XD Muchas gracias! Saludos. Alex: muchísimas gracias, aquí tienes la actualización. Saludos.
Bueno, también quiero agradecerles su apoyo y su preocupación por mi salud y mi reciente operación. Debo decirles que me tuvieron que volver a operar por complicaciones de la primera operación, pero ya todo está muy bien. GRACIAS!
Bueno, espero tenerles la actualización la próxima semana, no prometo nada.
Sin más que agregar, me despido.
Saludos
Atte.
KristenRock
PD: Feliz año nuevo! XD un poquito atrasada pero ya está.
