Disclaimer: THG no me pertenece, todo es obra de Suzanne Collins yo solo hago esto por diversión sin fines de lucro.

Nota: El siguiente capítulo puede contener Lemmon, así que si no estás preparado o no quieres leerlo, te sugiero que no entres. Se recomienda discreción.


Y cuando nuestras miradas se cruzan, todo desaparece.

Sólo estamos él y yo…


La Boda

Una sonrisa se asoma en su rostro en cuanto me ve. Inconscientemente le devuelvo una sonrisa igual. La distancia entre nosotros se acorta de pronto. La puesta de sol, el hermoso color naranja que imaginé junto a él, y que ahora se encuentra a su espalda a través de un gran ventanal, lo iluminan haciéndolo parecer como un sueño. Un hermoso sueño. Perdida en los ojos de Peeta, el tiempo, la distancia y las personas desparecieron para mí.

A lo lejos escucho a Caesar casi gritar de la emoción. Parpadeo confundida. Veo de reojo a las demás personas que hace un momento no existían para mí. Al final Haymitch y Peeta ocupan todo mi campo visual, este último sin borrar su esplendorosa sonrisa.

Haymitch une nuestras manos con una sonrisa satisfecha.

— Felicidades chico. Te lo mereces — dice Haymitch palmeándole la espalda — Disfruten cada instante y sigan con vida — recomienda habitualmente mirándonos a ambos sonriendo, para ir luego a su sitio junto con mi madre y Prim.

Peeta sujeta suavemente mi mano, deposita un pequeño beso en ella y me ayuda a subir al altar junto con él.

El ministro que presidirá la ceremonia es el mismo del Distrito 12: un señor de edad avanzada que lleva años y años en este oficio. Vernos llegar hasta él no le debe parecer nada extraordinario. Me imagino que debe de saberse ya de memoria lo que debe decir en cada ocasión. Nos mira por detrás de sus gruesas gafas y comienza a recitar algo que hasta creo yo me sé de memoria. Por algún motivo no puedo prestar atención a sus palabras. Estoy nerviosa y asustada, casi como la primera entrevista de los juegos. Volteo a ver a Peeta y está muy concentrado en las palabras del anciano.

De pronto, Peeta se gira hasta quedar frente a mí y me sonríe, uniendo nuestras dos manos. Tan absorta estoy que esto me deja sorprendida sin saber en qué parte estamos de la ceremonia.

— Katniss Everdeen— Peeta pronuncia y es lo que me hace volver y prestar atención. Me doy cuenta que lo hizo porque se dio cuenta que estaba distraída, ya que sonríe con un poco de burla. Lo fulmino con la mirada y él niega con la cabeza bajando la mirada sin dejar de sonreír. El ministro se aclara la garganta terminando el momento divertido de Peeta, ya que cuando vuelve a mirarme a los ojos puedo ver determinación y seriedad en ellos.

— Katniss… — comienza — busqué anoche, en la soledad de mi habitación, — sonríe recordando seguramente que anoche precisamente no estuvo en su habitación sino en la mía. Se recompone y continúa con seriedad — una frase, una palabra que definiera lo que siento por ti pero ninguna logró expresarlo con exactitud, pues un "te amo" hace tiempo que ha quedado muy corto. Sólo me ha quedado decirte que desde pequeño he soñado con este momento y no puedes imaginar todo el amor que he acumulado en todos estos años. Puedes confiar en mi amor porque es real. Y ahora que serás mi esposa, prometo amarte desde siempre hasta la eternidad. — sus palabras han quedado grabadas para siempre en mi corazón hacen que las lágrimas de felicidad se acumulen en mis ojos.

— Señorita Everdeen es su turno — dice el ministro. ¡Diablos! no pensé en nada y aunque si lo hubiera hecho, dudo mucho que pueda superar lo que Peeta ha dicho. Me corrijo mentalmente. Esto no es para superar a Peeta sino para hacerle saber todo lo que siento por él. Así que abro mi corazón y dejo que él hable por mí.

— Peeta, sabes que nunca he sido buena con las palabras y sé que solo con hechos podré demostrarte el amor que siento por ti. Porque ahora lo sé: te amo con toda mi alma y ésta vida no me será suficiente para demostrártelo. — escucho una exhalación a espaldas de Peeta pero no le doy importancia. En mi mundo, en este momento, solo existe Peeta y nada más — Tienes que saber que mi corazón es tuyo y así será. Siempre. Te entrego todo lo que soy y espero que así me aceptes — El brillo en los ojos de Peeta puede iluminar más que los reflectores porque iluminan mi mundo y mi oscuro corazón.

El ministro le entrega un anillo a Peeta, el cual me coloca con mucho cuidado. Después me entrega un anillo a mí y con mi mano temblorosa logro ponérselo a Peeta.

— Por el poder a mi conferido, los declaro marido y mujer. — termina el ministro sin mucha emoción.

Sellamos nuestro amor con un tierno beso, sin esperar nada más.

Somos testigos, con nuestras manos unidas y nuestro lazo de amor perpetuado, de los últimos rayos que el sol destella antes de perderse tras las montañas, el hermoso paisaje tras el gran ventanal. Pronto la oscuridad se hace presente a las afueras, mientras que al girarnos Peeta y yo nos deslumbramos con todos los reflectores que nos siguen. Nos tomamos de las manos y enfrentamos a la gente que nos espera a través del pasillo que no caben de felicidad. Damos un vistazo rápido y por suerte no nos encontramos con Snow, todavía.

Comienza otra vez esa música aturdidora y el grito de los espectadores. Cruzamos el pasillo dando sonrisas y una que otra sacudida de manos. Al llegar al jardín nos encontramos con aún más invitados y a una muy sonriente Effie quien se encarga de presentarnos a las altas autoridades del Capitolio. Las felicitaciones no se hacen esperar.

Después de lo que se me hace una eternidad, terminamos los saludos cordiales y Effie nos da un respiro antes de seguir con la agenda.

— Tienen 5 minutos, chicos. Después seguiremos con una entrevista en vivo con Caesar Flickerman. — se va muy aprisa para encontrarse con otras personas.

Peeta nos arrastra a un pequeño rincón un poco alejado de todo el bullicio.

No le doy tiempo de decir nada más cuando me lanzo a abrazarlo con todas mis fuerzas. Peeta, por supuesto, no duda en corresponderme, apretándome firmemente contra él. Nos quedamos solo ahí, abrazados, sin decir nada.

— Te ves hermosa — murmura a mi oído. — Discúlpame, no había tenido oportunidad de decírtelo. — me hace sonreír el hecho de que Peeta se disculpe por una cosa tan simple.

— Estás perdonado — digo bromeando y separándome de él para darle un pequeño beso.

— Pero que tierna pareja me he encontrado por aquí — dice Caesar e inmediatamente después nos vemos cegados por la incandescente luz de una cámara. — ¿No les importa si los interrumpo un momento?

— Por supuesto que no —responde Peeta.

— Estamos aquí con la feliz pareja, mis queridos amantes trágicos, justo después de su tan emotiva y grandiosa boda, pero díganme ¿cómo se sienten?

— Como tú lo dices Caesar, estamos muy felices. Por fin pudimos hacer eterno nuestro amor. — dice Peeta sonriendo. No hace falta disimular lo que realmente sentimos. Esta vez somos del todo sinceros.

Caesar como siempre, nos guía a través de la entrevista preguntando acerca de los detalles de la ceremonia, nuestros votos, detalles de Prim y mi madre, y por supuesto no podía evitar bromear con Peeta sobre mis repentinos nervios, donde él le responde que pensaba que yo no le iba a decir mis votos. Me miró a los ojos y supe que tal vez ese pensamiento cruzó por la mente de Peeta en ese momento. Borro su instante de incertidumbre con un dulce beso que vitorea Caesar.

Pero toda alegría se termina cuando Gale pasa por el frente de Caesar. Inmediatamente este último no dudo en llamarlo.

— Pero miren, tenemos aquí al padrino — Caesar se apresura para darle alcance y arrastrarlo a donde estábamos nosotros — Tengo entendido que eres primo de Katniss, ¿no es así? — Gale, con cara de pocos amigos, no le responde nada.

— Sí, es mi primo, Caesar — me apresuro a contestar por él.

— Que bien — Caesar se percató de que no iba a obtener mucho de Gale, así que lo guía a una entrevista muy rápida — Me imagino que debes de estar muy feliz por el enlace de tu querida prima Katniss con el amor de su vida.

Gale me mira directamente y puedo ver su dolor reflejado en sus ojos. Aparto un segundo la mirada, incapaz de seguir viéndolo.

Gale desvía por fin su mirada de mí y hace una sonrisa de lo más falsa a la cámara.

— Claro que estoy muy feliz por ellos — dicen también con falsa voz. Luego vuelve su mirar a Peeta y a mí — Espero que sean muy felices. — levanta hacia nosotros la copa que no había visto que traía. El rencor con lo que dice aquello hace que algo se remueva en mi estómago.

— Muchas gracias por tu tiempo — Caesar lo deja partir. Me quedo un poco inquieta. Peeta lo nota y pasa un brazo por mi cintura para abrazarme. Caesar termina la entrevista no sin antes desearnos lo mejor.

Effie ya está a un lado de nosotros cuando terminamos la entrevista.

— Chicos, pueden disfrutar de tantas maravillas que organizaron para ustedes — dice Effie haciendo ademan para cubrir todo el jardín. Hago un esfuerzo por no volver a enfurecerme con sus palabras. Hoy es un día especial y no lo voy a arruinar — La cena será dentro de un rato. Después será el brindis y el vals, pero eso lo discutiremos cuando terminen de comer.

Tenemos un tiempo para conversar con Haymitch y mi madre. Prim tiene una mezcla rara de emociones; está encantada con todo lo que ha visto y que jamás en su vida se hubiera imaginado, pero a la vez ve todo muy raro, como nunca se imaginó que las personas hicieran lo que hacen: embriagarse y devorar todo a su paso.

— Katniss — murmura Prim. La abrazo protectoramente.

— Lo sé, Prim, lo sé — por supuesto que entiendo en lo que piensa.

Nos sentamos a comer en una mesa especial solo para Peeta y para mí. Los demás están en una mesa a un costado de la nuestra. Casi no podemos comer con la cantidad de personas que llegan a felicitarnos. Sus pláticas vanas me agota de sobremanera. Esa gente superficial no hace otra cosa que hablar de ellos mismo. Logramos probar bocado después de mucho rato.

Peeta y yo nos paseamos por todo el jardín por La gente palotea por todos lados, bailando en la pista, riendo a carcajadas, enviándonos sonrisas de vez en cuanto. Solo por pura cortesía les devolvemos el gesto.

Las luces del jardín se atenúan y un reflector ilumina la entrada a la mansión. La entrada antes abarrotada de gente pronto se queda despejada. Aparece de pronto Snow con su terrorífica sonrisa

Ha llegado la hora de enfrentarnos a él.

— Bienvenidos sean a esta gran celebración: la boda de nuestros queridos vencedores del Distrito 12 — con un ademán señala a su alrededor — Espero que el padrino de bodas no se moleste si me encargo del brindis — dice con un toque de sarcasmo, señalando a Gale con la copa que acaba de tomar. Gale aprieta los puños a su costado; el rencor en su mirada es demasiado evidente. Es claro que todo esto es un poco de venganza contra Gale — Hemos sido testigos de su gran amor desde los anteriores Juegos del Hambre, así también de su compromiso, el cual tuvimos el gran honor de celebrar en este mismo lugar, pero ahora nos sentimos muy afortunados de que nos hicieran participes de su enlace matrimonial — como si hubiéramos tenido opción de negarnos. Alza su copa hacia nosotros — Brindemos por su felicidad y por lo que les resta de ella. Y que la suerte este siempre de su lado. — Snow trata de hacernos ver de nueva cuenta su poder sobre nosotros, aunque al mismo tiempo a la demás gente no le parezca así.

Después de brindar toda la gente se agrupa alrededor de la pista. Peeta y yo nos miramos confundidos. Por suerte Effie llega para decirnos que es hora del vals. Nos explica que debemos bailar con algunas personas como es la tradición. También llega la mala noticia de que debo bailar con el presidente Snow antes de terminar el vals en los brazos de Peeta.

Peeta me toma de la mano y lo más sonrientes que podemos esperamos en la pista a quienes bailarán con nosotros.

Gale se acerca acompañado de mi madre tras un discreto empujón de Effie. Sólo alcanzo a ver cómo Peeta le tiende la mano cortésmente a mi madre para comenzar a bailar, antes de que Gale tape completamente mi vista. Me toma fuertemente de la cintura, apretándome contra su cuerpo y toma mi mano derecha con su izquierda casi abarcándola completamente. Pongo mi mano izquierda en su hombro empujándolo sutilmente para poner un poco de espacio entre nosotros. Gale ignora esa presión y refuerza su agarre en mi cintura. El sentir sus brazos rodeándome y no los de Peeta, hace que me tense y él lo nota.

— No puedo creer que ahora sea parte de todo este teatro. Todo es tan falso aquí. — dice después de un rato.

— El único teatro ahí fueron tus falsas felicitaciones. — respondo un poco brusca. Me digo que no tengo que ser así con él, además le tengo que retribuir el que no nos haya hecho quedado mal frente a las cámaras. — Ahora ves lo fácil que es caer. — Digo un poco más suave — Y más si te obligan. Acabas de ser testigo de ello.

— Supongo que después de algún tiempo me acostumbrare y creeré que todo es real como lo hiciste tú ¿no?

— ¿Me permites? — pide Haymitch salvándome de otro problema con Gale. Prim viene acompañando a Haymitch.

Gale se retira sin decir ni una sola palabra, sin ni una sola mirada. Por ahora es mejor mantenerlo tranquilo.

— ¿Problemas con él de nuevo? — pregunta Haymitch.

— No te imaginas — respondo un poco fastidiada.

— Puedo hacerme una idea. Fue difícil convencerlo de venir en primer lugar — Cierto. No me he preguntado cómo le hizo Haymitch para hacer que Gale viniera, porque dudo mucho que él viniera por su propia cuenta y sin causar ningún escándalo. Pero creo que será una plática muy larga que necesito tener después con Haymitch.

— Es una novedad que no estés borracho — lo noté desde hace rato; Haymitch no ha tocado más que una sola copa de licor.

— Aunque te sorprenda, preciosa. — Dice orgulloso — Le prometí a Effie y a tu madre que hoy no tomaría, por ustedes y porque tenía que salir en todo este alboroto. Pero mañana será otro día — sonríe descaradamente — así que no te acostumbres. — Llega Gloss tomando el lugar de Haymitch.

Bailamos con las parejas de vencedores tributos de los juegos, hombre y mujer respectivamente, por distrito. Algunos borrachos, otros indiferentes y unos pocos deseosos de poder comenzar en este momento los juegos, como el caso de Brutus y Enobaria que al pasar a la pista tienen la expresión como si ya estuvieran empezando los juegos.

Finnick y Mags llegan en representación también en esta ocasión del Distrito 4. Puede que ahora que conozco más a Finnick no se me haga tan despreciable.

— Espero que estés preparada para lo que viene, chica en llamas — dice Finnick seductoramente y guiñándome un ojo, ya casi cuando su turno va a terminar. ¿Para lo que viene? ¿Qué es lo que viene? No me da tiempo de preguntarle cuando ya se ha ido y llega el del 5.

Cuando llega el turno del Distrito 7, no puedo apartar la vista de Peeta, ya que Johanna parece que en algún momento se lo va a devorar o lo va a besar porque sus caras están a pocos centímetros. Johanna se mueve demasiado contra Peeta quien parece estar muy tenso. Me dan unas inmensas ganas de ir y separarlos. De ese momento, hasta que los interrumpe la chica del distrito 8, se me hace eterno.

Así pasa de eterno el vals hasta que ya terminamos con todos los distritos, pero ha llegado lo peor: tengo que bailar con el presidente Snow. Peeta me mira impotente pero Effie lo saca de la pista; el presidente viene solo así que no tiene caso que Peeta esté en la pista.

Snow llega sin mucha ceremonia de donde quiera que estuviera y hace una reverencia antes de acercarse a mí. El nauseabundo olor a sangre rápidamente me intoxica.

— ¿Cómo debo decirte a partir de ahora? ¿Señorita Everdeen o Señora Mellark?

— No creo que usted quiera llamarme de otra manera — respondo. — pero por respeto a Peeta sería Señora Mellark.

— Espero lo disfrute, señora Mellark — no sé lo que pasa pero al escucharlo salir de sus labios siento un profundo coraje.

— No le quede duda, señor — digo mirándolo con la frente en alto y los ojos fijos en él.

— Me lo imagino. Después de todo no creo que este matrimonio sea tan importante para ti. No tienes la oportunidad de sentirte atada a un hombre que no amas.

— Nunca me sentiría atada a Peeta — hay algo por lo que debo agradecer a Snow: gracias a él pude darme cuenta de mis sentimientos por Peeta.

— Si es así, que lastima será verlo morir en los próximos días, ¿no te parece? — el veneno de las palabras de Snow hace que mi corazón se estremezca.

— Puede que él quede con vida. — respondo resistiendo un poco más.

— Ya veremos — la sonrisa escalofriante me hace ver que es una clara amenaza, que no dudará ni un momento en cumplirla.

Nos interrumpe Peeta, quien al ver mi rostro le lanza una fea mirada a Snow, sin embargo él sigue su camino con esa fea sonrisa.

Cuando se va, Peeta me toma de la cintura y nos empieza a mover juntos; el vals todavía no ha terminado. Me pega a su cuerpo lo más que puede.

— ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

— Nada — logro murmurar. Puedo sentirme temblar entre los brazos de Peeta, solo espero que no lo note por el movimiento.

— No me mientas, Katniss. — replica Peeta, por su tono de voz, aunque no tanto por su expresión (porque tenemos los ojos de todo Panem puestos en nosotros), esta angustiado por mí — Tiemblas y estás muy pálida. ¿Qué te dijo Snow para ponerte así?

—Estaba hablando de tu muerte — me derrumbo con la voz quebrada por un llanto que no puedo mostrar, por lo que me abrazo a Peeta para que nadie note nada anormal.

Otra vez ese sentimiento de vacío, dolor y soledad al pensar en la muerte de Peeta se instaura en mi pecho. Me rehúso a separarme de Peeta. Sea de la forma que sea.

— Tranquila. Todo está bien — dice Peeta comenzando a acariciarme la espalda de arriba abajo, mientras nos movemos al compás de la lenta melodía.

Más parejas se unen a nosotros en la pista de baile. Esa es señal de que termino el vals y los demás también pueden bailar. Peeta y yo no tenemos intención de separarnos aún, el baile y sus caricias es algo demasiado relajante.

— Katniss… — habla Peeta después de un rato — ambos sabemos que en la arena pasará lo inevitable, así que no puedes derrumbarte así por las amenazas de Snow. — Levanto mi mirada llorosa a él.

— Prometiste que hoy no hablaríamos de eso — regaño aún con la voz rota.

— Lo siento, amor — se disculpa Peeta juntando nuestros labios en un tierno beso. Recargo mi cabeza en su hombro, escondiendo mi cara en su cuello. Seguimos moviéndonos lentamente, Peeta deposita pequeños besos en mi cuello descubierto que hacen que algo cálido recorra mi cuerpo y se detenga en mi vientre. Él sigue recorriendo mi cuello con sus labios. De pronto es tal el calor que siento que me falta el aire.

— Estoy un poco cansada. — digo a Peeta, sintiendo de pronto las piernas como gelatina.

— Vamos a sentarnos — me toma de la mano y nos vamos a sentar en nuestra mesa.

— ¿Crees que nos podamos marchar ya? — pregunto a Peeta.

— No lo sé. Si quieres voy a preguntarle a Effie — asiento y él se levanta.

Mi madre y Cinna llegan un poco después a acompañarme. Cinna me abraza para felicitarme, puesto a él no lo había visto después de la ceremonia.

— Nos comentó Peeta que quieren retirarse.

— Sí, me siento muy cansada — veo a todos lados — ¿y Prim?

— Se fue a descansar hace mucho rato, Haymitch nos hizo el favor de acompañarla. — me siento aliviada porque Prim ya no está mezclada entre esta gente.

— Katniss…— dice mi madre nerviosa. Centro mi atención en ella porque quiere decir que es algo importante. — Debí de haber tenido esta plática contigo hace mucho tiempo — le observo confundida — pero ahora que estas con Peeta, es importante que lo sepas. — ¡Dios Mío! No querrá tener esta conversación aquí y ahora ¿verdad? — Cuando un hombre y una mujer…

— Alto — le interrumpo alzando la mano y haciendo una mueca de disgusto — No tienes por qué darme esta plática tan incómoda en este lugar y momento. Conozco lo que tiene que pasar — en teoría y sólo lo más básico, pero debo suponer que con eso me bastará. No quiero pasar ésta vergüenza con mi madre. — así que detente.

— Bueno, Katniss, ¿y con qué pensabas protegerte? — cuestiona Cinna. Me quedo paralizada. Nunca había pensado en siquiera involucrarme sentimentalmente con una persona, mucho menos saber cómo diablos me iba a cuidar. Abro la boca para contestarle a Cinna pero no sale ningún sonido de ella. — No tienes idea ¿verdad? — resignada, niego con la cabeza. — Previniendo que esto iba a pasar, me encargue que dentro de tu tratamiento también fuera un anticonceptivo, así que no tendrás poblemas.

— Muchas gracias, Cinna — digo con sinceridad. No sé cómo hizo para prevenir algo que ni yo misma sabía que iba a pasar, pero es algo bueno que lo haya hecho.

— Effie dice que solo nos despediremos de algunas personas y nos podremos marchar — llega Peeta y siento un sonrojo cubrir mis mejillas. Tal vez sea por la plática que acabo de tener con mi madre y Cinna, o por lo que sé que debe de pasar esta noche. Sea lo que sea, siento un cosquilleo instalarse en mi estómago.

— Nosotros también nos despedimos — dice Cinna — Que tengan una buena noche. — dicho esto ayuda a mi madre y se pierden en la multitud.

Peeta toma mi mano para levantarme y algo cálido me recorre el cuerpo.

Effie nos lleva a despedirnos de ciertas personas que son consideradas como "especiales" en el Capitolio. Los vencedores también entrarían en esa categoría, pero algunos ya están demasiado borrachos y otros simplemente ya se marcharon.

El que me apura no encontrar es a Gale. No se me ocurrió preguntarle a mi madre si ella sabía algo. Pero ya mañana haré un recuentro de los daños con él.

Por fin Effie nos deja marchar haciéndonos saber que ahora nuestra habitación será otra ubicada en el fondo del otro pasillo. Sinceramente me da igual si duermo en la cocina o en la entrada, siempre que sea con Peeta está bien.

Cruzamos los pasillos desiertos, de la mano y en silencio. Es el tiempo que tenemos para pensar en todo lo que hoy aconteció.

La plática con mi madre y Cinna me puso a pensar mucho. No voy a negar que con Peeta llegara un poco más que a besos apasionados. Además de que es un tema que él y yo habíamos tocado en algunas ocasiones fugazmente. Al punto que hace algunas noches, cuando llegó ebrio a mi habitación, casi terminábamos haciéndolo, casi por instinto, sino fuera porque Peeta, irónicamente, era el cuerdo de la situación. Pero de ese punto a esto, donde estamos totalmente conscientes de nuestros actos, es casi un abismo.

Al llegar a la puerta que nos señaló Effie, Peeta me toma entre sus brazos. Suelto una exclamación de sorpresa.

— Esta vez sí vale ¿no? — pregunta riendo y recordando la primera vez, cuando hicimos el tueste en su casa.

— Supongo — digo también riéndome y pasando mis brazos por su cuello para sostenerme.

Peeta, como puede, abre la puerta y cruza el umbral conmigo en brazos.

Nos quedamos asombrados con lo que tenemos enfrente; es una habitación más grande que la que teníamos, un ventanal con una puerta corrediza de cristal que da a un balcón con vista a las montañas, al centro una gran cama con dosel blanco. La luz de la luna entra resplandeciente por los cristales de la puerta iluminando todo.

Peeta trata de prender la luz.

— No prendas la luz — lo detengo. Peeta me coloca en el suelo. Lo sigo abrazando por el cuello, él coloca sus manos en mi cintura — Entra la suficiente luz por el ventanal. — susurro.

— ¿Cómo te sientes? — pregunta Peeta. Un ahogado "bien" contra su cuello es mi respuesta. — Aún estas temblando — creo que estoy nerviosa por lo que va a pasar porque Snow dejo mis pensamientos en el momento que cruzamos la habitación, sino es que desde antes.

Mis labios encuentran su cuello y deposito pequeños besos. Siento su cuerpo estremecerse. Sonrío. Quiero que sienta lo mismo que me hizo sentir cuando estábamos en la pista de baile.

Las manos de Peeta comienzan a trazar círculos en mi espalda.

Subo mis labios en busca de los suyos, para después unirse en un beso un tanto apasionado. La sed que ambos sentíamos por los labios del otro va disminuyendo, dando paso al aumento de un tipo de hambre que parece imposible de saciar.

Mis manos, hasta entonces inertes, se pierden en su cabello, para luego desplazarse a las solapas de su traje y tirar de él para sacárselo. Peeta descansa sus brazos a sus costados, ayudándome. Le quito el saco y lo aviento lejos. En cuando sus brazos se ven libres, vuelven a mi cuerpo. En ningún momento rompemos el beso.

En cada momento, el beso se vuelve más apasionado, más demandante de ambas partes.

La mano de Peeta llega al cierre trasero de mi vestido. Rompo el beso sin más empujándolo un poco. Las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y la respiración agitada de Peeta, es lo que me recibe al abrir los ojos. La disculpa en sus ojos por pensar que ha hecho algo indebido no se hace esperar. Le regalo un pequeño beso y me doy la vuelta recogiendo mi cabello y deteniendo el vestido con mi brazo.

— ¿Podrías ayudarme a desabrocharlo? — con mi respiración un tanto agitada espero paciente. No es la primera vez que se lo pido, así que no es nada del otro mundo. Aún en esta situación especial.

Siento las manos de Peeta tomar el cierre y deslizarlo lentamente hasta abrirlo por completo. Se queda inmóvil tras de mí. Por un momento pienso que no hará nada más hasta que los labios se posan suavemente en mi nuca y sus manos en mi cintura. Cierro los ojos y suspiro.

— Siempre logras seducirme con esto — susurra en mi oído. No pensaba seducirlo pero ya que lo menciona. Si quiero hacer lo que tengo en mente es necesario que lo esté.

Respiro profundamente. Tomo las manos de Peeta para separarlas de mi cuerpo y dejo mis brazos caer a mis costados. El vestido cae a mis pies por su propio peso. Así es como me quedo casi desnuda ya que lo único que me cubre son unas pequeñas bragas.

Estoy dispuesta a darme la vuelta cuando Peeta pone sus manos en mi cintura deteniéndome.

— Katniss… Amor — murmura con voz ronca. Esta última palabra dicha así por él hace que mis piernas se vuelvan gelatinas. Nunca me había llamado así hasta hace unas horas, pero me encanta como se escucha al salir de sus labios y más mezclada con mi nombre. — No quiero que te des la vuelta si no estás segura — me inclino hacia atrás para besarle.

— Quiero hacerlo — sin esperar alguna replica de su parte, me doy la vuelta para quedar frente a frente.

Es la primera vez que estoy casi completamente desnuda frente a Peeta. Su mirada se oscurece mientras recorre mi cuerpo. Me siento un poco avergonzada pero su mirada tan penetrante no me deja moverme. Quiero taparme pero él me detiene.

— Insisto. Las palabras no son suficientes para describir lo hermosa que eres, ni lo que me haces sentir — dice Peeta y toma mi cintura, acercándome a él. Lo beso tranquilamente a pesar de los nervios que tengo. En un instante vuelve la pasión a nuestros cuerpos, nuestros labios solo un pequeño escape.

Necesito sentir a Peeta un poco más.

Voy desabrochando uno a uno los botones de su camisa con mis manos temblorosas. Le abro la camisa y junto nuestros pechos. Un jadeo sale de la boca de ambos. Nuestros labios chocan con algo de brusquedad.

Estamos en llamas… y buscamos avivar más el fuego, si es posible.

Toma mis caderas con cierta brusquedad y las choca contra las suyas. Esa acción hace que se presione un punto entre mis piernas, provocando una intensa ola de calor en mi interior.

Su mano izquierda sube por mi costado, mientras que la derecha me mantiene cautiva contra su cuerpo, y se detiene justo en el nacimiento de mi pecho. Jadeo contra sus labios anhelando que mueva un poco más su mano.

En vez de eso, me levanta nuevamente en brazos, sin separar nuestros labios ni un milímetro, y me deposita suavemente en la cama. Se separa de mí para quitarse la camisa y el pantalón. Lo observo atentamente, extrañando de pronto su cercanía. No me hace sufrir más y se inclina para rozar nuevamente nuestros labios. Pero yo necesito sentir su cuerpo contra el mío, así que paso mis brazos por su cuello y espalda, y lo jalo quedando él encima de mí.

Su peso me hace sentir segura, aquella misma seguridad que sentí después de que hicimos el tueste y que sólo él puede darme.

Peeta besa cada centímetro de mi rostro.

— ¿Te molesta mi peso? — pregunta mirándome a los ojos. Un deja vú pasa por mi mente. Aquella misma sensación de su cuerpo.

— Todo lo contario — con mi mano en su mejilla lo guio a mis labios, besándolo lenta y apasionadamente. Mi otra mano se desliza por toda su columna hasta detenerse sobre su espalda baja y apretarlo contra mí. Por instinto empezamos a mover las caderas contra el otro. La fricción es demasiado placentera. Ambos cerramos los ojos ante el contacto.

— Katniss — ahoga un gemido — creo que no podré parar.

— Yo tampoco — suspiro — Quiero que hagamos esta noche especial.

— Si es así — se acomoda mejor sobre mi cuerpo mirándome fijamente — Déjame amarte. — suplica.

— Hazlo — respondo entregándole por completo mi cuerpo.

Sonríe y comienza a traza un camino de besos por mis labios y mi cuello, mientras sus manos se anticipan por mi cuerpo. Mis manos solo se pasean por su espalda y pecho, sin saber bien qué hacer. Cuando sus labios están en mi clavícula, su mano se vuelve a posar en el nacimiento de mi pecho, pero esta vez se atreve a ir más allá y tocarme completamente. La sensación me hace liberar un gemido. Peeta sube para reclamar mis labios, ahogando entre los suyos miles de sensaciones que quieren escapar de mí. Hace el mismo recorrido que hizo anteriormente hasta llegar al valle entre mis senos. Besa esa parte de piel y su mano empieza a moverse contra mi seno amasándolo, pellizcándolo. Muevo la cadera chocando inevitablemente contra la suya. Gime contra mi piel y él repite el movimiento. Una extraña presión se instala en vientre, la necesidad de sentirme completa. Esa presión se intensifica cuando Peeta besa mi seno. Gimo vergonzosamente alto y entierro mis dedos entre su rubio cabello.

— Peeta — le llamo atrayéndolo con mis manos para besarlo.

La mano que hasta este momento acaricia mi pecho, se desliza hacia abajo, llegando a los límites de mis bragas. Duda un poco jugando con el elástico. Pero necesito que alivie esta presión que siento, necesito que me toque como nunca nadie más lo ha hecho. Me separo para verlo a los ojos y asintiendo le doy el permiso que necesita. Introduce su mano por debajo de la prenda, acariciando levemente mi condición de mujer. Besa mis labios con más pasión para acallar los gemidos que profeso. Pronto sus dedos encuentran un botón que acarician en círculos haciéndome gritar de placer contra sus labios y arquear la espalda. Mis uñas se entierran en su brazo y en su espalda.

— Ahh… Peeta — murmuro entre gemidos de placer cuando el separa nuestros labios para poder mirarme como si fuera lo más hermoso de este mundo.

Se detiene un momento para comenzar a quitarme la prenda. Le ayudo alzando la cadera. De momento a otro la prenda queda olvidada en alguna parte de la habitación. Ahora si estoy completamente desnuda ante él. Me recorre nuevamente con el deseo claro grabado en su mirar. Desecho cualquier intento por cubrirme, es solamente Peeta. Sin más, vuelve a acariciarme íntimamente, atento a cada reacción. El placer se adueña de mí de nueva cuenta y los gemidos no se hacen esperar.

Pronto un dedo se adentra en lo profundo de mí. Un pequeño grito se me escapa ante la intromisión. Pienso que debería sentir alguna molestia pero lo único que siento es placer. El dedo de Peeta entra y sale de mí mientras con el pulgar acaricia mi botón. Comienzo a mover la cadera contra su mano cada vez más rápido. Siento formarse un vórtice de placer que amenaza con dejarme en la inconciencia y justo todas las sensaciones explotan cuando Peeta succiona mi pecho con sus labios.

Me quedo mareada, con el corazón latiendo desenfrenadamente y la respiración agitada. Todavía puedo sentir las olas de placer lavando sobre mí. Peeta me besa pausadamente, dándome un tiempo.

No me toma mucho recuperarme. Esto apenas acaba de empezar.

Empujo su hombro e invierto, como puedo, nuestras posiciones, colocándome a horcadas sobre su cadera.

Quiero amarlo como él acaba de amarme.

Me inclino a besar su frente, su nariz, sus labios, su barbilla, entreteniéndome luego en la piel de su cuello besándolo y succionándolo. Mis manos acarician su pecho y abdomen. Mis labios siguen bajando por el camino antes trazado por mis manos y ellas siguen bajando hasta que se topan con un bulto que sentí desde hace rato chocar contra mi cadera. Un poco temerosa acaricio ese bulto por encima de la ropa y Peeta suelta un gemido un tanto alto. Decido que su ropa interior me estorba y sin más me levanto un poco y la saco con ayuda de Peeta. Al fin puedo notar su cuerpo completamente y su excitación en todo su esplendor. Paso mis dedos por su longitud en una caricia como si fuera una pluma. Peeta cierra los ojos y jadea.

En un abrir y cerrar de ojos Peeta ha invertido de nueva cuenta nuestras posiciones, quedando él encima de mí y entre mis piernas.

— Te necesito— implora. También lo necesito, necesito que llene este vacío de mi cuerpo — Katniss — me mira a los ojos pidiendo un último permiso y más importante. Lo presiono con mis manos hacia mí y abro un poco más las piernas.

— No te detengas — animo.

— Creo que esto va a doler, amor — previene. Asiento con la cabeza cerrando los ojos y preparándome.

Peeta coloca sus codos a mis costados para apoyarse y comienza a empujar en mi interior. Conforme va entrando, siento un ardor, y una punzada de dolor cuando en un movimiento se hunde completamente en mi interior. Mis uñas se entierran en su espalda. No es un dolor tan leve pero tampoco tan fuerte como me lo esperaba. Escucho a Peeta susurrar un "lo siento" contra mi cuello. Reparte besos en mi cuello y mi hombro y poco a poco me voy acostumbrando a tenerlo dentro de mí. Me muevo un poco y lo siento respirar pesadamente; sé que se está conteniendo.

Cuando el ardor y el dolor ya han pasado, comienzo a mover mi cadera contra la de Peeta haciéndolo gemir. Iniciamos una danza, un vaivén que nos hunde en el placer y la entrega. Nuestros gemidos y jadeos inundan la habitación.

— Katniss… — gime Peeta, aumentando sus movimientos. Besa mi cuello y succiona tanto que mañana sé que tendré una marca, pero no me importa. Peeta seguro también tendrá las marcas de mis uñas en su espalda.

— Peeta — grito ante la intensidad de las emociones que me hacen caer en el abismo del pacer, por segunda vez en la noche. Peeta continúa acelerando sus movimientos hasta que se queda hundido en mi interior y siento algo cálido llenarme.

Abro los ojos, y el rostro de Peeta inmerso en el placer, se me figura lo más bello que he visto.

Deja caer su cuerpo sin fuerzas sobre el mío. Nuestros pechos chocan en cada respiración y nuestros corazones laten al unísono. Acaricio tiernamente su cabello depositando un beso en su cabeza.

Peeta se sostiene en sus brazos y nos miramos fijamente a los ojos. No hacen falta las palabras, somos un libro abierto a los ojos del otro. Cada sensación, cada sentimiento está grabado en nosotros. Cada beso, cada caricia, se han quedado grabados en nuestra piel.

Nos besamos lentamente con las últimas fuerzas que nos quedan y después Peeta descansa su cabeza en mi pecho y yo lo abrazo protectoramente.

Nos quedamos dormidos con un solo pensamiento…

Por fin, en cuerpo y alma…

…nos pertenecemos el uno al otro.


Hola a Todos!

¡Uff! Salí sudando XD literalmente

¿Qué les pareció? ¿Cumplió con sus expectativas? ¿Fue de su agrado? ¿Demasiada miel? ¿Muy fuerte para esta clasificación? Todo esto háganmelo saber vía Review ;D

Según yo, iba a subir este capítulo para año nuevo pero la verdad no terminaba de gustarme, así que se me atrasó un poquito el asunto. Pero de todos modos no me tardé tanto ¿o sí? Bueno debo de destacar que tengo sueño y son como las 2 de la mañana y que los ojos se me cierran de sueño, así que si les pongo una incoherencia no es mi culpa, pero de ahí en más está bien. XD

Bueno ya entrando en el cap. Como ven es más extenso y con más acción.

Y eso de que el padre dice los votos como que le quitan el romanticismo a estos. La verdad solo he asistido a bodas según la iglesia católica pero por supuesto que respeto las uniones en las demás religiones y sus tradiciones pues en todas existe un compromiso que es lo que realmente cuenta.

Y meditando tanto creo que odio a Gale porque creo tenemos muchas cosas en común y bien dicen por ahí odias en otra persona lo que odias de ti mismo. Pero bueno, eso como dice la abuelita, es otra historia

Sigo agradeciendo infinitamente a todas las personas que se toman el tiempo para leerme, dejarme un Review y/o ponerme en sus favoritos. Muchas gracias por su tiempo.

Inuykag4ever: aquí está la continuación. No pude evitar ver tu Nick y decirte que a mí también me encanta la pareja de Inuyasha y Kagome, espero algún día escribir algo sobre de ellos. Muchas gracias. Saludos. Lyzeth98: Lo siento por tu larga espera pero por fin logré actualizar :D Con respecto a "Hoy Ten Miedo de Mí" pues la verdad tenía pensado que solo fuera un oneshot pero por la respuesta del público lo voy a continuar, de hecho ya escribí la continuación en mi libreta solo falta pasarlo XD. Espero seguir leyéndote. Muchas gracias. Saludos. Samantha136: Gale es… Gale, siempre lo he dicho y pues bueno en el próximo cap le va a "caer el 20" literalmente. Muchas gracias por tu comentario y tu paciencia. Saludos. Milet7393: jajaja todos tenemos un pervertido por dentro y sí, la verdad yo también quería ver más acción en los libros pero todo lo deja a nuestra cochambrosa imaginación XD. Muchas gracias. Saludos. KatnissSakura: Muchas gracias por seguir al pendiente, por aquí nos veremos. Saludos. Tonks Lunatica: Pero si Hola! Tú también me dejas bien picada y con ataque de ansiedad esperando tu actualización. No he tenido chance de dejarte un Review pero ya sabes que me súper encantan tus historias. ¿Qué te pareció el "cariño lujurioso"? que mira que a ti también te hace falta en "Regresando a ti" uno de esos cariños jeje a ver cuándo se me hace jajaja Espero no haber tardado tanto. Muchísimas gracias por tu apoyo y por tus comentarios, siempre me das nuevas ideas. Saludos. VickyMellark: Muchas gracias! Qué bueno que sea tu favorito, en verdad me haces muy feliz. Disculpa hacerte esperar pero eso de que me den vacaciones creo que será hasta febrero :S Saludos y espero verte pronto. Bermone: ahh es lo bonito de la vida, cuando amas y te corresponden de igual manera, pero si no es así nunca darte por vencido. Recuerda que el amor mueve al mundo. Muchas gracias por tu comentario y tu tiempo. Saludos. Ane—Potter17: me hiciste revisar de nuevo el cap. Cuando lo andaba escribiendo y preguntarme ¿dónde están los votos? ¡Sorpresa! Me los había brincado vilmente, pero gracias a ti los pude escribir a tiempo, espero que te hayan gustado. Muchísimas gracias. Saludos. Lolaag194: muchísimas gracias por tus comentarios, qué bien que te guste la trama de la historia y espero que así siga. Jajaja y mi club "odio a Gale" sigue en puerta XD Espero no haberte echo esperar tanto. Saludos. Katingas: definitivamente tienes que revisar este cap. Y ver qué ondas con él, porque necesito más ideas XD. Yraz: muchísimas gracias por tu tiempo y entrega al leer en tan corto tempo lo que llevo y por ser fan de la historia, espero que siga siendo de tu agrado :D. Saludos. Angiiee7: jajaja si la verdad si fue mucho tiempo. Espero que no haberte hecho esperar mucho. Muchísimas gracias por siempre dejar un comentario. Saludos. Katnissbella luz: bueno así como regalo de navidad no pude dártelo, pero si de un poco atrasado de año nuevo, espero todavía tenga pase XD muchísimas gracias por tu comentario. Saludos. Lenna0813: ahh dime a mí si es difícil leer en el cel ya que yo siempre leo así por el tiempo. Muchísimas gracias por tus buenos comentarios. Te deseo lo mejor siempre. Saludos. Valeria luis: muchas gracias por tu comentario, espero siga siendo de tu agrado y aquí tiene la actualización. Saludos . Ady Mellark 87: iuju! Grupo anti— Gale, me gusta la idea, jajaja deseábamos con que hubieran sido más fuertes los azotes y así ya no se levantaba para hacerle la vida de cuadritos a Peeta. XD Katniss y Peeta todos tiernos y felices como debieron de haber estado siempre. Ahhh mi jefe es todo un hospital así que es difícil no estar ahí, pero bueno. Muchas gracias. Saludos.

Bueno, ahora sí, mis más tardías felicitaciones por Año Nuevo, les deseo los mayores éxitos en su vida y plena satisfacción en compañía de sus seres queridos.

Sin más que agregar y con mis ojos cerrados de sueño, me despido.

Saludos.

Atte.

KristenRock.

P.D. Como personal del área de la salud (Enfermera), es mi deber hablarles de una adecuada protección en las relaciones sexuales, ya sea para prevenir un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual. Háganlo y compartan a sus amigos la información… Si necesitan más información y estas en México, puedes acudir a algún centro de salud, la información es gratuita así como algunos métodos anticonceptivos. Si eres de alguna otra parte del Mundo busca asesoría con un experto. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy… Ya sé que me veo muy de anuncio XD bueno no es para tanto, pero de todos modos es bueno recordarlo ya que no tendrán siempre un Cinna a su lado XD. Gracias a las personas que me recordaron ponerlo.