Los personajes no me pertenecen si no a sus respectivos dueños, en este caso de Rumiko Takahashi.

Primavera.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

Mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

Frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

Los pétalos de cerezo cayeron en sus cabellos mientras los apartaba con delicadeza. Le encantaba esta época del año; por fin podía ver los hermosos capullos florecer y lo que más adoraba era que podía caminar sin prohibiciones. Sonrió, mientras daba vueltas como la adolescente que era sin importarle que su nana y los guardias la vigilaban de cerca, ¿qué importaba? Se sentía libre, tal vez a medias pero eso no quitaba el hecho de que era libre.

—Señorita, debería tener cuidado. A pesar de que es primavera el suelo es resbaladizo—Comentó un guardia con amabilidad. Hacía tiempo que había llegado al castillo como nuevo guardián de la doncella.

—Gracias, lo tendré en cuenta…Disculpe…¿Cómo es su nombre? Lo olvido fácilmente.

— Setsuna Takemaru.

Ella respondió con una sonrisa amable tomándole la mano en un gesto de aprecio. A decir verdad era el único que la trataba con amabilidad, sin ceños fruncidos ni mucho menos con una mueca en el rostro. De alguna manera le ofrecía cariño.

—Será mejor que regrese al castillo, al parecer no ha comido por mi culpa, ¿verdad?—Esta vez le brindo una cálida mirada y el hombre se ruborizó.

—No hace falta que usted entre si no quiere. No se preocupe por mí, mi deber es protegerla de todo peligro.

—Takemaru—le señaló el lugar donde se encontraba—. ¿Qué peligro puede haber aquí?—Volvió a sonreír y el hombre bajo la cabeza avergonzado—. Vaya, es una orden. Yo estaré bien, es más no planeo salir de aquí. Se lo prometo.

El hombre la miró unos segundos y luego cedió. Abandonó su mano y con la nana, regresaron al castillo hablando de cosas triviales. Izayoi dio un suspiró al cielo en forma de agradecimiento, de alguna manera tenía remordimientos al mentirle al joven Takemaru, de hecho era una buena persona. No merecía ser engañada por ella, pero…¿Qué otra cosa podía hacer? No podía contar su secreto, solo era de ella.

Su semblante cambió al notar una cierta figura entre los arboles; miró a los lados asegurándose de que nadie la viera y con cuidado caminó hacia la entrada del bosque. Sus manos se instalaron en su pecho, podía sentir sus propios latidos desembocado. Izayoi le agradaba lo que sentía, era algo cálido como un rayo de sol cuando tienes frío y tratas de calentarte, era tan agradable que se expandía por todo su cuerpo y por más que negara sabía que era amor, sí, amor.

—¿Es usted…Señor?

La silueta se movía con toda la gracia posible, los pasos se escuchaban con claridad mientras la brisa llevaba un olor que solo Izayoi conocía.

Y que le encantaba.

—Izayoi—Ella sonrió tiernamente al escuchar su nombre en aquella voz que parecía un simple silbido. El demonio la miró unos instantes llevándose la memoria aquella sonrisa para luego desviarla donde se encontraba el castillo—. ¿Has vuelto a escapar?

—No, ahora puedo pasear libremente por los alrededores—Un mechón de cabello cubrió su rostro y rápidamente lo quito. No sabía por qué pero era la cuarta vez que lo veía y quería con todo su corazón verse decente para él. Decían que ella era hermosa, que su mayor atributo era su mirada y sonrisa pero con tan sólo ver el fino rostro de Inu taisho ella creía lo contrario. ¿Cómo podía llamar la atención de un magnifico demonio siendo ella una humana cualquiera? Un simple título, un simple castillo no valían nada cuando estaba cerca de él.

—¿En qué piensas? ¿Acaso hay algo que te acongoja?—La pregunta salió disparada sin pensar. El demonio apretó su mano izquierda al darse cuenta la gran muestra de interés que daba hacia la humana. ¿Por qué en algún momento de su vida le interesaba tanto a una humana?

—No es nada…—La mujer bajo la cabeza en una simple disculpa—. Estaba pensando en que esta vez ha tardado en regresar…—Abrió los ojos mientras colocaba una mano en su boca, ¿qué estaba diciendo? Ella solo era una humana, no debía exigirle explicaciones hacia aquel demonio. Su rostro enrojeció mientras daba una reverencia y se daba la vuelta para marcharse.

Inu taisho la miró ruborizarse y una fina línea cruzo sus labios. Era la primera vez que veía a una humana enrojecer por su causa. Frunció el ceño al ver que se iba, ¿había ocurrido algo? Normalmente ella hablaba sin parar y ahora se iba sin más. Izayoi, abochornada ni quiso mirar hacia atrás, quería decir algo…Pero ¿para qué? Sentía vergüenza de tan solo pensar que aquel demonio pensara que era una humana curiosa y que no tenía derecho a cuestionarle ni mucho menos exigirle.

—¿Acaso te molestó algo?—La pregunta la paró en seco. Volteó lentamente encontrándose con la hermosa mirada de él, dos soles centellaban mientras se acerca a ella.

Izayoi sintió que sus piernas no la sostenían.

—No…Es solo que…Fue mi error, lo lamento.

Que humana tan más inusual.

Hacía un momento sonreía, luego enrojecía y para lo último se disculpaba.

—Mi tardanza se debe a que últimamente un demonio azota mis tierras y tengo que protegerlas—No supo la razón, el simple hecho de comentarle le hacía creer que tal vez la retendría más tiempo. Izayoi asintió un poco sonrojada mientras tomaba un mechón de cabello entre sus dedos y comenzaba a enrollarlo.

—¿Es…peligroso el demonio?—Su voz fue débil, casi inaudible.

—¿Temes por mí?—La pregunta le tomó por sorpresa y bajo su mirada. El demonio se acercó más a ella y le acarició la cabeza, como si fuera un cachorro. Inu Taisho no daba crédito a lo que hacía pero en lo más profundo de su corazón trataba de ignorar el sentimiento que se detenía en su garganta.

Ella alzó su rostro, sus ojos brillaban esplendidos, llenos de una alegría oculta pero desbordante a la vez. El demonio detuvo su caricia y se quedó mirando aquellos ojos castaños. Era la primera vez que su corazón golpeaba fuerte en su pecho tratando de salir por su garganta, ¿por qué? ¿Qué hacía esta humana para ponerlo así? Se dio media vuelta mientras su paso se volvía firme y distante.

—Señor Inu Taisho…

—Te están buscando Izayoi—dijo brevemente sin voltear. Ella alzó el rostro en busca de una voz familiar—. Tratare…—Se detuvo unos segundos antes de continuar. Ella volvió su vista hacía él—…Tratare de no tardar tanto la próxima vez.

Ella sonrió radiante, mientras asentía febrilmente con la cabeza y salía corriendo mientras el demonio la miraba irse.

Tocó su pecho. Su corazón latía muy deprisa.

—¿Es que…Acaso ella…?—Dejó la pregunta al aire mientras daba media vuelta y comenzaba a caminar.

—Señor Ino no taisho—Volvió su vista hacia la pequeña humana que regresaba con un tono carmín en sus mejillas.

—¿Sucede algo?

—Am…Bueno, yo…—No era propio balbucear, pero cuando él se iba, quiso con todas sus fuerzas retenerlo…—¿Le gusta la primavera?—preguntó sintiéndose como la chica más torpe del mundo. El gran demonio arqueó una ceja y se acercó a ella. Izayoi miraba hacia los lados, no quería estropear el momento.

—No me interesan los cambios de estaciones, no tengo preferencia alguna—contestó sin más mirándola de reojo esperando que otra sorpresa podía llevarse con esa muchacha. La doncella mordió sus labios y escondió atrás de sí sus manos, las cuales traían un pequeño ramillete de flores de cerezo.

–Entonces…No le gustan las flores—susurró para sí bajando la vista.

—Prefiero…—Tomó el ramillete entre sus manos y se los quito con suavidad—…ver las flores en un lugar hermoso que en un simple ramillete—Sus manos se dirigieron hacia la cabellera azabache de la chica. Izayoi abrió los ojos como dos lunas, sintiendo su corazón salir por su garganta. Era la primera vez que tenía un contacto tan íntimo con él, pero lo que más amo en ese momento, fue la mirada con la que se encontró. Dos soles la observaban, casi imperceptible, oculto, pero juró en ese instante ver un brillo que jamás había visto en él.

¿Qué era este sentimiento? No podía odiarlo, aunque quisiera y aunque en verdad lo negara algo en él surgía como las grandes olas del mar. No podía negar que se encontraba con la criatura más hermosa del mundo.

Ella rió, mientras tomaba las flores de primavera entre sus dedos. La fina textura le hacía sonreír.

—Gracias.

Y lo entendió.

Se había enamorado sin darse cuenta, de una humana ¿Y lo peor? Que creía amarla más que la demonio que lo esperaba con su hijo en el castillo.

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Hola :D

Después de bastante tiempo volví con este fic. Sinceramente esto es un verdadero reto, las personalidades son tan, taaan difíciles de hacer. Trato de hacer lo mejor posible ¡Aprecien! Por otra parte, creo que Izayoi después de todo sigue siendo una adolescente, es decir...¿Qué edad tenia cuando lo conoció? ¿17 años? Bueno, después de todo cualquier adolescente anda con las hormonas alocadas :D

Taiyo espero que te guste y a los demás seria hermosho un review ;D