Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima, pero necesitaba algo con que distraerme y que mejor forma que utilizar sus personajes para eso. A si mismo las marcas/canciones/películas aquí mencionadas son de sus creadores y dueños.
Los reflectores de la vida
Capítulo II: Un mal comienzo
Respiró profundamente, paseando la vista en el mar de letras del libro que sostenía, intentando leer esa historia de romance medieval que Levy le había regalado. Inconscientemente vio de reojo por la ventanilla junto a su asiento, aun podía ver el suelo firme. Un calambre la recorrió ante la aterradora idea de que en cuestión de minutos se despegaría de él. Negó con la cabeza en un intento de no inquietarse, estaba por devolver la vista a la lectura pero las bocinas encima de su cabeza la interrumpieron.
-Pasajeros, por favor su atención hacia el frente-.
Obedeciendo levantó la mirada fijando la atención en la aeromoza de unos veintitantos años, con cortos cabellos purpuras, enfundada en un elegante traje negro así como un pañuelo dorado atado a su cuello y un micrófono de diadema en su cabeza.
-les informamos que el vuelo está a punto de despegar, en este momento las compuertas serán cerradas, les pedimos no abandonar su asiento a fin de evitar accidentes-.
El hueco en su estomago se intensificó ante tal preámbulo, vio otra vez por la ventanilla dándose cuenta de que sería la última vez que contemplaría ese paisaje. Soltó un suspiro cuando la azafata se dirigió a cerrar la puertilla principal, bien, a enfrentarse a doce horas de viaje…
-¡Aguarde!-.
Un grito desde afuera del avión irrumpió a la vez que una mano se interponía entre la puerta y el vano de la misma, provocando un sobresalto en la empleada quien retrocedió de inmediato. La puerta fue corrida en sentido contrario dejando ver a cierto chico que respiraba agitadamente y que tenia la ropa desacomodada.
-e-este es mi vuelo- habló entrecortadamente intentando recuperar el aire y con el corazón latiéndole de forma acelerada –tome mi boleto- abrió el puño entregándole un maltratado y sudoroso ticket en las manos de la chica que en su gafete se identificaba como Kinana.
Ella se le quedo viendo con desconcierto, posteriormente paso a leer el boleto. Una vez se aseguro de su validez y legalidad le dedico una sonrisa.
-adelante joven Fullbuster, su asiento es el 14 en la fila siete-.
-gracias- asintió con la cabeza caminando rumbo a su respectivo lugar, le fue fácil puesto que las hileras eran de dos asientos a cada lado, una vez localizado se dejo caer con cansancio. Se paso el antebrazo por la frente eliminando el sudor que corría por ella y una vez más mascullo entre dientes la suerte que tenia. Casi se había tenido que desnudar completamente en la zona de revisión y a pesar de eso no le creían el hecho de que no traía nada ilegal. Después tuvo que soportar las miradas sugestivas de la oficial, y la discusión con el resto de lo guaridas. Finalmente acordó en darle su número telefónico a fin de que lo dejara ir, obviamente le dio el de Lyon. Y cuando creyó que ya todo estaba solucionado escuchó el llamado de que solo faltaban cinco minutos para que despegara su vuelo así que tuvo que mal vestirse, para luego correr a toda velocidad doscientos metros cargado de maletas para llegar a tiempo.
La chica a su lado lo observaba fijamente con desconcierto, su compañero era un chico más o menos de su edad, de piel morena y rebeldes cabellos azabaches al igual que sus ojos, le pareció bastante atractivo pero estaba de muy mal humor y no dejaba de maldecir en voz baja.
Él por su parte comenzó a tamborilear los dedos contra el antebrazos del asiento y recargo su barbilla sobre la palma de su mano libre. Así como había llegado no tardo en aburrirse, odiaba los aviones por eso, no podía moverse con la sensación de estar encerrado, lo que más odiaba. Pronto empezó a sentirse acalorado, esa era otra razón por la que odiaba los aviones, estaban completamente cerrados, sin ventanas y sin ventilación. No entendía como existían personas que les gustara el calor, desearía poder comer un postre frio en esos momentos, pero ni hablar la comida de los aviones era asquerosa. Exhaló hastiado sintiendo cada vez más calor, ¡comenzaba a fastidiarse! No pensaba aguantar doce horas de eso. Sin pensarlo comenzó a desabrocharse la camisa, al diablo la etiqueta, total, nadie lo estaba viendo ¿oh si? Solo estaba su compañero de viaje, a quien se decidió a ver fugazmente, era una chica que de tan solo mirarla sintió asfixiarse, vestía una falda larga, un suéter y una boina ¿Qué acaso deseaba cocinarse ?
Juvia sintió ruborizarse al ver al chico desabrochándose los botones de la camisa de cuadros, eso no era nada educado, mucho menos respetuoso. Desvió la mirada al lado contrario cuando ya iba a media camisa abierta podía deducir que tenía un buen cuerpo, pero no era correcto verlo.
Su vergüenza se disipo en un instante pasando completamente al pavor cuando una turbulencia la sacudió iniciando el despegue y por tanto obligándola a aferrarse con ímpetu a los antebrazos y pegarse completamente al respaldo. Eso solo afirmo su mayor temor; no había superado su fobia a los aviones. El tener que despegarse del suelo y volar a tres mil metros de altura en medio de la nada, encerrada sin el fresco aire natural además de que pudiera caerse súbitamente en cualquier instante y morir trágicamente le provocaban una ansiedad anormal. Y como hacía cinco años que desde su último viaje, había aguardado la esperanza de haberlo superado pero al parecer no lo logro. Recordó que en ese entonces aun era casi una niña, se avergonzó de sí misma, ya era mayor, no podía seguir con lo mismo, era momento de superarlo.
-Vamos, Juvia puede, es fuerte y ya no puede ser tan infantil- se hecho porras en susurros tomando una gran bocanada de aire, enderezándose con dificultad sobre su asiento debido a la rigidez de su cuerpo. Cuando se aseguro de estar en la postura correcta sonrió levemente, tal vez solo se necesitaba un poco de esfuerzo…
Soltó un gritito ahogado y automáticamente se enrosco sobre si misma ante la siguiente perturbación que fue más intensa que la anterior, a quien quería engañar, ella no era fuerte y no superaría esa fobia así de simple.
El avión se perturbo mas violentamente, indicando que ya estaba despegando, cerró los ojos y se abrazo en autodefensa, encajando las uñas sobre sus hombros con tal fuerza que pensó que sangraría, pero ni siquiera sentía dolor, su mente estaba más ocupada imaginando las mil y un formas en las que podía morir en ese viaje. Como desearía que Gajeel o su novio estuvieran ahí con ella, ellos siempre lograban tranquilizarla, así podría abrazarse a ellos y sentirse mejor. Pero no, no estaba con ellos, estaba sola con completos desconocidos y no sería nada sensato decirles "¿Juvia puede abrazarte?" Por lo tanto su mente no podía concentrarse en otra cosa que no fuera la muerte más trágica y sádica que podría ocurrirle.
-Juvia va a morir, Juvia va a morir…- los murmullos chocaban uno con otro por la velocidad al pronunciarlo, volviéndolos inentendibles. Y una vez que empezaba a hablar no existía forma de que se callase, por que esa era la única vía de salida para no entrar en una crisis de nervios, algo anormal en que siendo tímida rara vez hacia, pero su pánico a los aviones podía más que el criterio ajeno.
Media hora era demasiado para Gray, el nunca había sido una persona paciente y el haber soportado largos treinta minutos era suficiente. En medio de aquel aburrido viaje sacó su laptop y comenzó a "estudiar" un poco del lenguaje italiano, el idioma capital de un próximo destino, sabía que no tenía problema en utilizar su idioma natal, puesto que el Ingles era un estándar el hablarlo en Italia. Pero por primera vez en su vida, estaba intentado" hacer algo de provecho" y no lograba concentrarse por culpa de aquella desquiciada que tenía como compañera. Cuando estaban por despegar la escucho gritar y luego murmurar quien sabe qué cosa, al principio le causo mucha gracia pero después de dos cuartos de hora de escucharla balbucear incongruencias, sentía que iba a explotar por tanto murmullo.
-¿Puedes callarte?- decidió encararla de una vez por todas dirigiéndole la mirada.
Dio un pequeño sobresalto saliendo de su letargo mental, parpadeo un par de veces desorientada y luego le dirigió la mirada al chico del asiento contiguo que la observaba queriendo traspasarla con la mirada, le pareció haberlo escuchado pero no logro captar lo dicho.
– ¿disculpa?-.
Gray rodo los ojos aparte de molesta, sorda –dije que si puedes dejar de balbucear, no me dejas concentrarme- repitió señalando su computadora.
Se encogió de hombros avergonzada, sus penetrantes ojos negros mostraban hostilidad.
-d-disculpe, Juvia lo lamenta-se disculpo bajando la vista intimidada por la forma en que la miraba. Se modio el labio inferior, su tonta fobia no solo la afectaba a ella, también personas de su entorno, se sentía tan débil y ridícula.
-¿Quién es Juvia?- cuestiono Gray alzando una ceja, ¿y ahora de que rayos hablaba? Si él le estaba pidiendo a ella su silencio no preguntándole de alguien a quien ni siquiera conocía.
-¡ah! – se ruborizo ante la pregunta, debido a su poca habilidad de socializar a veces olvidaba que la manera en que se refería a sí misma no era considerado algo normal en la sociedad- Juvia lamenta haberse referido así a ella, pero Juvia no frecuenta a conocer a otras personas, así que le es difícil, pero…- corto secamente ante el total desconcierto del pelinegro estaba quedando como una tonta; seguía hablando en tercera persona además de decir cosas irrelevantes –Juv….y-yo lo lamento- se expreso con dificultad.
Su semblante estaba marcado en pura repulsión, ahora ya tenía confirmado su hipótesis sobre esa chica, y se definía en una palabra: chiflada. Se abstuvo de comentarle lo obvio y regreso a lo importante–Como sea, ¿puedes dejar de murmurar?-.
-¡Si!- contesto en automático queriendo arreglar su impresión anterior y evitar que dejara de verla como un fenómeno. Contra todo deseo de cuerpo, dejo de aferrarse al sillón levantando sus temblorosas y almidonadas manos hasta su pecho y se reacomodo – descuide, no le causare mas molestias- las palabras fluyeron solas, fueron tan seguras que era imposible de que fueran ciertas.
-de…acuerdo- asintió no muy convencido ante la excesiva seguridad que no pintaba nada bueno, como fuera, ya tenía su palabra.
Juvia se sintió aliviada cuando él volvió la vista a la pantalla de su computadora, ahora solo tenía que mantenerse en esa posición durante las próximas once horas. No paso ni un minuto cuando ya luchaba contra ese instintito de querer abrazar el asiento, empuño las manos y apretó los dientes para retenerse, comenzó a temblar de nuevo con el pánico inundándola de nuevo. Sacudió la cabeza, debía despejar esas ideas si no quería meterse en más problemas con ese chico, lamentablemente esa acción fue un grave error; termino asomándose por la ventanilla. En cuanto vio el mar de nubes y lo milimétricas que se veían las casas un jadeo escapo de sus labios. Con un abrupto movimiento reboto su cabeza contra el respaldo alzando la cabeza, jalo aire con los pulmones ante la presión del vértigo, la visión se le nublo y el mareo hizo acto de presencia. Las agruras subían y bajaban como un barco a la marea entre su garganta y su estomago, eso solo indicaba una cosa; tenía que ir al baño. Se llevo una mano a la boca y se levanto trastabillante, entreabriendo y cerrando los ojos busco la salida al pasillo para su mala suerte, su compañero obstruía el paso.
- ¿m-me de-deja pasar?- débilmente le llamo, presionando con mayor fuerza su mano como un sellador sobre su boca, oh no, debía apurarse a llegar al inodoro.
Gray se encontraba inmerso en la computadora, había comenzado investigando el idioma italiano y termino leyendo sobre cierto postre típico de la ciudad que le llamo la atención, estaba investigando mas sobre los platillos cuando sintió la presencia a su lado llamándole la atención. Fastidiado levanto la mirada para ver que se le ofrecía ahora a la maniática. Se sorprendió al verla sosteniéndose dificultosamente del asiento frontal, haciendo un esfuerzo sobre humano por mantenerse de pie, una mano en la boca y con una palidez exagerada.
-¿Qué demo…?- corto la frase abriendo los ojos desmesuradamente reaccionando a lo que estaba por suceder, estaba por moverse hacia un lado pero…fue demasiado tarde.
Los ojos de Juvia se ensancharon estupefactos….su compañero de viaje y su computadora estaban cubiertos de su jugo gástrico y restos de comida.
Gray no movía ni un solo musculo de su posición anterior, estaba paralizado de tal manera que para Juvia podría haber pasado por una estatua humana, el no reaccionaba y solo se mantenía con la vista en su computadora, lo que la hizo temer aun mas, pero había quedado tan muda que el miedo le impidió siquiera intentar pronunciar algo.
-¡Joven! ¿Se encuentra bien?- la aeromoza no tardo en aparecer en la escena, que desde a lo lejos había presenciado el incidente.
-¿Qué si estoy bien?- de la garganta de Gray emitió un sonido burlón, su voz disfrazada de calma solo pronunciaba mas el sarcasmo. La vista clavada en la pantalla de su laptop que repentinamente se torno negra, posiblemente acababa de sufrir un cortocircuito-¿Me está preguntando que si estoy bien? – Mascullo con los dientes apretados descendiendo sus pupilas negras hasta el teclado y sus manos bañadas en lo que fue la digestión de la chica a su lado -¡¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?!- se levantó de golpe sin importarle que su computadora chocara contra el piso, de cualquier manera era probable que no volviera a funcionar mas -¡Claro que no estoy bien! ¿Sabe por qué? – hizo una pausa y su mirada en ese momento podía cortar a cualquiera en dos como el filo de una espada - ¡por que todo el maldito día ha sido un asco! ¡Primero en el aeropuerto tuve que soportar a una vieja acosadora y después tuve que correr para no perder este vuelo que ni siquiera quería hacer! ¡¿Sabe que tan estresante es eso?! – .
-joven…por favor… cálmese- Kinana intento hacer que guardara silencio puesto que comenzaba a llamar demasiado a atención, pero ni siquiera se sintió capaz de ejercer su autoridad, ese chico estaba hecho furioso que posiblemente solo lo enfurecería mas, y tal vez la agrediera
Pero Gray ya estaba fuera de sus casillas, estaba diciendo todo lo que se había guardado durante todo el día como para frenar - ¡Y todo para por fin subir al estúpido avión, esperando que al ser en primera clase poder relajarme el resto del viaje! Pero no, no podía sucederme ni siquiera eso, ¿entiende? ¡Ni siquiera al ser en primera clase me podía sentir en paz! ¡¿Y por qué?! – de un solo movimiento cambio mordazmente la vista para clavarla en la chica que colmo de sus desgracias.
-¡Por que tenía que tocarme al lado de un chiflada, que no entiendo porque se subió al avión si cree que se va a morir! ¡Tuve que aguantarla murmurar idioteces por quien sabe cuánto tiempo, para que finalmente fuera tan incapaz de controlarse que me vomitara toda la escoria que trae dentro! ¡Eres una molestia!-
-¡Joven deténgase ahora!- Kinana elevo la voz dando una estricta orden, ahora si estaba muy enojada, algo que no iba a permitir era que ese muchacho le faltara al respeto a una señorita -¡oh se calma o llamare a las autoridades del avión!-.
-¡Me importa una m*erda!- empujándola de paso, Gray salió de su lugar
Kinana lo vio perdiéndose por el pasillo, esperaba ese chico no fuera a hacer una tontería o tendría severos problemas. Pero el ir a vigilarlo paso a segundo plano, ahora lo que más le preocupaba era la pobre chica que sufrió la mala suerte la al tener que sentarse al lado de ese chico rebelde e irrespetuoso, Volvió su mirada hacia ella, la peliazul estaba petrificada y blanca como el papel, con la expresión aturdida.
-Jovencita ¿Se encuentra bien?- cuestiono con voz suave, desde que la había visto subir al avión le pareció muy insegura y temerosa, ahora temía por su reacción ante tremendos insultos.
-si…Juvia…Juvia se encuentra bien- con la voz robotizada y la mirada en un punto en la nada volvió a tomar asiento.
Eso solo inquieto mas a la azafata, esa parecía una instrucción pregrabada y no era una reacción normal, mas sin embargo no tenia porque inmiscuirse si ella no quería hablar, hizo una reverencia dándose la vuelta- está bien, si necesita algo no dude en pedírmelo-la vio de reojo por una última vez, deseándole fortaleza emocional.
Juvia ya no tenía miedo a que fuera a sufrir un accidente, si no al contrario, deseaba profusamente que ocurriera, que el avión se estrellara contra una montaña o que se le acabara el combustible y cayera al precipicio, hubiera sido mejor morir que haber recibido esas crudas palabras llenas de odio y desprecio.
Y lo peor del caso es que él tenía razón, ella era una estúpida, por que disfrutaba el masoquismo, es decir ¿por que obedecía a su padre si el ya no podía ejercer su autoridad sobre ella? Ya no era una simple niña, además dudaba mucho que su padre fuera a viajar al otro lado del mundo solo para darle una reprimiendo, nunca se preocuparía tanto por ella. Pero de sosa, iba como borrego al degüello, a sufrir por gusto.
Los ojos se le humedecieron y la garganta se le cerró dificultándole el respirar, porque ahora que se le abrieron los ojos ante su realidad, aparte de ser estúpida, siempre seria un estorbo, una escoria de la sociedad, porque solo servía para irritarlos, acababa de quedar demostrado que incluso a los desconocidos siempre seria un molestia.
Sus lágrimas comenzaron a brotar y su pecho a alzarse y bajarse de forma irregular, ante la falta de aire y consuelo.
Cerro el grifo del lavamanos ya seguro de haber quitado la gran mayoría de vomito en su cuerpo, se vio en el espejo, se veía más tranquilo, después de lanzar toda la clase de improperios que conocía contra su suerte y su vida por fin sus nervios se apaciguaron. Ahora que razonaba en sus actos consideraba que no debió hacer ese circo ante todos, era muy infantil. Regularmente no arrebataba contra la primera persona que tenía enfrente cuando estaba enojado, pero a falta de su moto para liberar el estrés lo había hecho. Definitivamente no volvería a hacerlo, no era su estilo. Pero claro, si esa trastornada lo sacaba de sus casillas otra vez no dudaría en reclamarle. De hecho ya estaba dispuesto a advertirle. Con su nueva determinación salió del baño y se dirigió a su lugar, no pensaba cambiarse de asiento por esa niña, ella iba a conocer quién era Gray Fullbuster.
Desde lejos la vio, estaba encorvada abrazando sus rodillas, con la cara oculta entre ellas y cubriéndose con los antebrazos.
-hey necesito hablar contigo- la llamo serenamente cuando estuvo suficientemente cerca, espero unos segundos sin recibir respuesta, torció la boca con molestia, se supone que iba en un buen plan y ella lo ignoraba aun después de lo que le hizo- oye escúchame- repitió un poco mas tosco acercándose más, noto como su espalda temblaba levemente, vale estaba de nuevo en un ataque histérico, pero de cualquier manera no era correcto que no le dirigiera la palabra. Quisiera o no iba a hablar con él. Coloco una mano en su hombro dispuesto a obligarla a que lo encarara y la jalo hacia atrás.
-¡oye que no entiendes que te estoy…!-.
Toda palabra que tuviera en la boca se esfumo al igual que su enojo, dejándole la mente en blanco, por las pálidas mejillas de ella se deslizaban finas gotas de agua que nacían de sus ojos enrojecidos, acompañadas por unos quebrados sollozos. Ante tal panorama no tenía idea que decir, no tenía idea de cómo tratar una situación así, nunca había tenido un comportamiento precisamente caballeroso con las mujeres.
-oye… ¿te sientes mal?- torpemente pregunto la pregunta más estúpida que podía formular, obviamente esas no eran lagrimas de felicidad.
-J-Juvia lo l-lamenta…- entre gimoteos le contesto con un hilo de voz, el alzo una ceja sin comprender, ella bajo la mirada y los sollozos se incrementaron- ¡Juvia lamenta ser una molestia!-.
Las palabras le cayeron como un balde de agua caliente y no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás por la impresión, entre todos los insultos que le grito una frase especifica regreso a su mente "¡eres una molestia!". Trago grueso con un enorme peso sobre sí mismo al darse cuenta de que él era el causante de tan terrible condición emocional. Algo en su interior se revolvió, el remordimiento de que no debió ser tan duro, con esa sensación carcomiéndole la conciencia. Esa sensación que rara vez algo le provocaba la culpabilidad.
-oye…no es para tanto…no eres una molestia- las palabras le salieron forzadas, se masajeo la nuca visiblemente incomodo, deseaba redimirse, el problema es que no tenía ni idea de cómo. Lamentablemente sus palabras no lograron el efecto deseado.
-¡Claro que Juvia es un estorbo! ¡Siempre lo ha sido!- ahogada en sus propias lagrimas respondió con impotencia, era una estúpida y nada podía cambiarlo, se sentía tan inútil ya nada podía hacer, la sensación de estrangulamiento en su garganta apretó con más fuerza, con un hormigueo en su pecho y el calor asfixiándola. Sin importarle, posó su empapada visión en el- ¡Juvia solo es un estorbo para todas las personas! ¡De no haber sido por Juvia no la hubiera pasado tan mal! Juvia…Juvia…- incapaz de seguir se llevo una mano al cuello ante la falta de aire, su cabeza palpitaba, sus labios secos temblaban frenéticamente; ya no tenía control sobre su cuerpo.
Gray se alarmó, ella estaba muy mal; sus respiraciones eran aceleradas, su menudo cuerpo se movía arrítmica mente y con dificultad intentaba jalar aire, ella se iba a desmayar o peor aun colapsar.
-J*der no te ves bien, llamaré a la aeromoza- tomó la decisión mas sensata posible dándose la vuelta, pero una presión débil en su muñeca le impidió continuar, ella lo retenía con su mano en cuanto sintió el contacto se dio cuenta de que estaba ardiendo, inquieto volvió la vista ella sudaba profusamente. Aun en su estado ella intentaba detenerlo.
-p-por favor no lo haga…-la voz le salió por la tangente con los dientes castañeándole, al cerrar los ojos dos finas lagrimas recorrieron sus mejillas -ya no moleste a más personas por la culpa de Juvia… ellos…ellos no tienen culpa por la tonta fobia de Juvia…-.
Abrió los ojos desmesuradamente, ahora comprendía todo, sus actos, sus murmullos, sus lagrimas, todo eran producto de el miedo intenso. Ella tenía pánico a los aviones, por un segundo la imagen de un niño de cabellos negros aterrado frente a una carretera apareció en su mente, entonces recordó que una fobia no es fácil de controlar. Y el ver a esa chica ahí llorosa en medio de un ataque nervioso provoco en el hacer algo inesperado, una acción que en cualquier otro momento le habría parecido estúpida y cursi, pero que en ese preciso instante consideraba correcto.
Al sentir un contacto rodear su hombros y su cabeza ser inclinada hacia el frente Juvia abrió los ojos desconcertada, se ruborizo al darse cuenta de que el chico que tantas barbaridades le había gritado, ahora la abrazaba por los hombros y apegaba su cabeza a su pecho, pero eso era tan incoherente que entre abrió la boca para replicar, pero él pareció leer sus pensamientos al dar respuesta anticipada.
-no digas nada – dijo con simpleza, sabiendo de antemano que lo mejor sería abstenerse de hablar, porque a ella eso solo le causaría mas crisis nerviosas y el era muy malo al elegir palabras.
Ella lo entendió, entonces desconecto su mente prescindiendo de la vista y se concentro en la sensación que le trasmitía. Su cuerpo se relajo con el contacto de su temperatura fría, por irónico que pareciera, le entregaba una calidez que nunca había experimentado con nadie, lograba relajarla y hacerla sentir bien, protegida, era como si ahora ya nada pudiera ocurrirle. Un suave suspiro escapo de sus labios deshaciéndose de todos sus males, entonces se dedico a escuchar las melodías que trasmitían las bocinas del avión sin cambiar de posición.
Bostezó, el sueño comenzaba a dominarla, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado pero era probable que fuera de noche. Entre la conciencia y la inconsciencia escucho un pedazo de la estrofa de la canción reproducida.
No tengas miedo
De lo que tu mente consume
Debes hacer un esfuerzo.
Ponte de pie por lo que crees.
Y esta noche
Podremos decir:
Juntos somos Invencibles.
Ya llevaba un buen rato que la chica había dejado de temblar, ya no escuchaba sus lloriqueos y sus respiraciones se habían vuelto acompasadas, se pregunto si debería de soltarla ya, pero el temor a que volviera a sus tics nerviosos lo hizo retractarse. Cuidadosamente la tomo de los hombros y la alejo un poco dándose cuenta de que se había quedado dormida. Con lentitud y sigilo la devolvió a su lugar y le acomodó de la forma menos incomoda que pudo. Entonces respiro aliviado de que su martirio llego a su fin.
Al verla dormida tan apaciblemente, se sintió incrédulo a como era tan esquizofrénica estando despierta, si a decir verdad, era bastante linda, de cabellos azules rizados en las puntas, rasgos finos, y gracias al cielo no llevaba maquillaje, no recordaba bien el color de sus ojos, pero tenía largas pestañas, y sus mejillas sonrosadas por tanto llorar resaltaban en su piel blanquecina.
Vaya que chica más rara.
A lo lejos Kinana observaba con una sonrisa como aquel chico pelinegro observaba a detalle a la joven de cabellos azules, lo cierto es que desde el incidente había estado muy pendiente de ambos, noto todo lo sucedido desde el ataque nervioso de ella y como él a pesar de las molestias, el estrés y el vomito, al final la había reconfortado. En el momento en que la abrazo, un presentimiento afloro en su interior, de que de alguna manera ellos se complementaban y que esa experiencia no terminaría con ese viaje, si no que de alguna manera, se volverían a encontrar en un futuro muy próximo.
¡Hola! ¿Qué tal? Estoy muy feliz gracias a todos ustedes los que leyeron y que me comentaron, me han hecho sonrojar, no me esperaba tener 11 reviews en el primer capítulo. No tienen idea de cuánto me han ayudado sus comentarios, en serio muchas gracias, el saber que les ha gustado esta historia que acaba de empezar, no tiene precio.
Bueno ahora ¿Qué les pareció este capítulo? Aquí está el primer encuentro entre Juvia y Gray, quise hacerlo un poco diferente a lo típico y quise intentar describir lo horrible que se desarrolla una fobia, ojala y haya logrado mi cometido. Espero les haya gustado y me den su opinión mediante un lindo review. Por cierto, la estrofa de la canción que escuchó Juvia originalmente es en ingles, se llama Invincible y es de uno de mis grupos favoritos Muse, ha sido una de las canciones inspiradoras de este fic, por si gustan escucharla trae spoilers (jeje no muy específicos)
Bien en el próximo capítulo, la llegada a Italia, ¿que les espera haya? ¿Quiénes serán las personas que los recibirán? ¿Ustedes que piensan? ¿A quienes les gustaría ver? Todas sus ideas y deseos serán muy bien recibidas y tratare de tomarlas en cuenta, así que siéntanse libres de comentar sus dudas, criticas y amenazas.
¡Un saludo!
