Disclaimer: Fairy Tail no será mío jamás, o al menos hasta que logre ir a Japón y robarme los derechos de autor.
Los reflectores de la vida
Capítulo IV: El Precio de la Libertad
Un estallido descoordinado de ruidos, un brusco golpe contra el suelo y un "mini infarto". Todo sucedió en menos de dos segundos.
Con una mano contra el pecho se aseguraba de que el corazón no se le saliera de su lugar y con la otra mano buscaba desesperadamente el dispositivo del que provenían los desordenados sonidos: Oh sí, que bonita manera de despertar.
Pero bueno esto se estaba haciendo costumbre en su nueva vida.
O maldita sea que el dolor del golpe recién dado en la cabeza le afectaba la visión, hecho que combinado con la oscuridad del lugar le impedía encontrar nada ¿Pues qué hora era y quien se le ocurría llamar en ese momento? Ah pero claro, quiso poner un ringtone de rock pesado, muy mala idea, su presión cardiaca terminaría por desgastarse.
Por fin logró dar a tientas con el condenado celular tirado debajo de la cama. Sin siquiera fijarse en el número, con tal de apagar el ruido presionó la pantalla y contestó con la voz adormilada aun.
— ¿Bueno?
— ¿Cómo le va en su vida de adulto a mi hermanito?
Una mueca de desagrado pintó su faz al reconocer esa molesta voz; ya se imaginaba la sonrisa torcida que había de tener en estos momentos.
— ¿Qué es lo que quieres Lyon? —respondió a secas, con molestia despertó de una manera muy irritante y todo para recibir la llamada de alguien todavía más irritante.
— ¿Qué pasa el niñito estaba dormido y se despertó de mal humor?
Rechinó los dientes y una vena resaltó en su sien, como odiaba ese tono vocal del condenado de su hermano mayor, como si existiera una gran diferencia de edad entre ambos para que lo tratara como a un infante. Y lo peor es que su teoría estaba acertada.
—Por si no lo sabías, acá es de madrugada, idiota —le dijo a regañadientes al echar una mirada hacia la ventana corrediza del balcón, donde apreciaba el cielo entre la luz y la oscuridad.
La sorpresa se hizo evidente en el interlocutor — ¿Es en serio? Pensé en llamarte antes, pero quise darte tiempo de descansar.
—Pues en ese caso no me hubieras llamado nunca —le dijo cortantemente, resultaba fantástico que su despertar incluyera soportar a su hermano. Soltó un respiro resignado dejando fuera las redundancias —¿Por qué me llamaste?
—Te diría que es porque me importa cómo te va, pero no me creerías —expresó por lo visto fingiéndose exageradamente ofendido, a continuación su voz dejó de lado la broma y con cierto toque fatigado develó su inquietud —Mamá está preocupada por ti, no tienes idea de cuánto ha querido llamarte desde que partiste, pero tiene miedo a que aun estés molesta con ella .
—¿Yo enojado? Que va, si tan solo me mando al otro lado del mundo, sin nada y sin nadie —respondió con ironía, aun se sentía receloso por la decisión extremista de Ur.
Una exhalación pesada se escuchó por la otra línea —No seas tan duro, también es difícil para ella separarse de ti, si vieras como ha llorado por la ausencia de su "bebé Gray". Deberías mandarle un correo electrónico por lo menos.
Bien, Lyon tenía razón, aunque no concordaba con la decisión tomada, también sabía que su madre lo hacía con las mejores intenciones; jamás podría odiarla, ni enojarse eternamente con ella. Gustosamente seguiría la sugerencia de Lyon
Pero entonces, recordó un pequeño detalle.
—No puedo escribirle, me he quedado sin la computadora.
—¡¿Cómo?! ¡¿Qué fue lo que le hiciste?!
Apartó lo más posible el celular de su oído, Lyon casi le reventaba los tímpanos con semejante grito. En ciertos momentos a Lyon se le contagiaba la histeria propia de Ur y Ultear.
Precavidamente regreso lentamente el celular hasta su boca —Yo no le hice nada —aclaró ante todo, le enojaba que siempre pensaran que él era el irresponsable delincuente que tenía la culpa de cada cosa que pasaba —una chiquilla molesta vomitó mi laptop durante el viaje en el avión.
Por largos segundos el silencio reinó, posiblemente, su hermano creía que todo era una mentira para escudar su culpa…
—¡Jajajajaja! —Estalló a carcajadas— ¿Es de verdad? ¡Eso suena ridículo!
Sus articulaciones crujieron al momento de cerrar el puño, lo que le faltaba, que su odioso hermano se burlara de sus desgracias. Bufó, ya se lo imaginaba partiéndose de la risa, no tenía porque tolerar eso.
—¡espera Gray tengo que decirte algo importante! —irrumpió apresuradamente para retener su atención, como si hubiera logrado adivinar sus intenciones de colgarle.
Se reprimió de oprimir el botón de finalizar llamada, esperando que prosiguiera.
Se aclaró la voz para recuperar la postura y le habló con toda la seriedad del mundo —Se que tal vez suene un poco apresurado, pero he de suponer que ya has estado pensando en conseguir un trabajo ¿no?
La pregunta lo descolocó, pero por obvias razones su respuesta era afirmativa; el dinero que llevaba lo le duraría para siempre —Claro que sí, lo necesito lo más prontamente posible.
—Eso pensé —el detestable tono soberbio de sabelotodo, esto no pintaba bien —Verás, tengo un viejo conocido laboral por allá, él es bastante reconocido y tiene varias relaciones con empresas importantes, creo que él te puede ayudar a conseguir un buen empleo.
Mas que el tono en que lo dijo, le desagradó lo dicho; especialmente la última frase —¿Ayudarme a conseguir empleo? ¿Por qué lo dices?
—Sí, verás, me imagino que ha de ser muy nuevo esto para ti y como sé que te resultará difícil que te acepten en un empleo decente, como tu hermano tengo la responsabilidad de ayudarte.
—¡¿Insinúas que no puedo valerme por mi mismo?! —explotó furiosamente ¿Cómo se atrevía a decirle que no podría vivir por sí mismo? no era un bebé, no lo era ¡¿Por qué lo seguían tratando como si lo fuera?!
—No, no, claro que no, solo opino que al faltarte experiencia en el campo laboral tu…
—¡No necesito de tu estúpida ayuda, ni la de nadie más! ¿Entiendes? ¡Yo puedo solo! —colgó de golpe resistiendo las ganas de estrellar el celular contra la pared ¡Estúpido y engreído Lyon! Siempre creyéndose superior solo por ser gerente en una empresa reconocida ¡Creía que era mucho mejor que él! No señor, el iba a demostrarle que era independiente, que no necesitaba mendigar ayuda de él, ni de nadie más. Aunque no iba a ser fácil por supuesto que lo lograría; Aun cuando por el momento no tenía una remota idea de cómo.
¡Ah qué más da! Improvisaría como siempre.
Escuchó de trasfondo la desentonada y chillona voz de su compañero de departamento que patéticamente intentaba seguirle el ritmo a una canción de rock&roll a todo volumen. Consciente de que no podría volver al sueño con esa monstruosidad llegando a sus oídos, se puso de pie con todos sus huesos crujiéndole unánimemente. Trastabillo por un segundo, el cuerpo resentía el mal trato que le estaba dando últimamente, siendo que aun no se recuperaba del todo de sus heridas del reciente accidente y añadiendo que toda la noche anterior tuvo repartición de golpes con Natsu no ayudaba en nada… debía cuidarse o terminaría como polvo.
Salió de la recamara yendo directamente a la sala/comedor, donde ya se encontraba el activo pelirrosado cantando a desacorde y moviéndose al ritmo de la radio a la par que acomodaba platos y vasos sobre la mesa. Hizo una mueca de horror, resultaba tan bizarro tener esa imagen que solo acumulaba más dudas sobre las inclinaciones sexuales del tal Dragneel.
—Es muy perturbador levantarse de madrugada y encontrarme contigo practicando comedia barata— comento con burla acercándose a la mesa para husmear a lo que se dedicaba.
Él chico que hasta el momento ignoraba su presencia ni siquiera se molesto en voltearlo a ver — ¿Qué tal dormiste hielito? ¿Estuvo congelante la noche?
El tono jocoso asomándose burlonamente en su voz fue suficiente como para querer estamparle la cara contra lo que fuese que trajera en el plato entre sus manos. La noche anterior —posteriormente de quedar exhaustos por los golpes— discutieron como humanos "civilizados" sobre cual temperatura acomodarían en el termostato. Después de un largo rato concordaron en que la dejarían en templado, de manera que no estaría ni frio ni caluroso, un punto intermedio. No es que le agradara la aclimatación, le incomodaba. Pero le quedaba el gusto de saber que Natsu tampoco estaba feliz con ello.
—Dormí bien, gracias por preguntar cerebro de pollo – le respondió con la amabilidad bañada en sarcasmo, acercando la mano a los distintos alimentos que tenia acomodados sobre la mesa tanteándolos sin llegar a tocarlos eligiendo cual se miraba más decente.
—De verdad me alegro, ya que compartiremos departamento por un largo rato— sin disimularlo expuso la sorna con esa sonrisilla burlona asomándose por las comisuras de los labios.
Soltó un bufido hastiado y prefiriendo no probar bocado de dudosa procedencia se dejo caer en una de las sillas –es fantástico que sintamos lo mismo — comentó con ironía orbitando los ojos. Rindiéndose pilló un bollo pareciéndole lo más presentable de la mesa y la observo desde distintos ángulos con desinterés, cuando una repentina pregunta le surgió en base a lo recién dicho y su conversación con Lyon –oye flamita ¿Tú ya has pensado en cómo vas a cubrir tu parte de los gastos?
El Dragneel tomo asiento en la silla frontal a la de él —no hay ningún problema por eso, mi padre ya se encargara— dijo sin ninguna preocupación sorbiendo de una taza de café.
—Así que eres un hijo de papi eh— le molesto con una sonrisa torcida entornando los ojos hacia él.
—eso no te concierne, baka— respondió simplemente el chico sin querer discutir en su momento de disfrute de desayuno.
Se sintió satisfecho de haber podido regresarle el favor de irritarlo, cuando una palabra en su vocabulario llamo su atención. Lo había llamado "baka", no era la primera vez que la escuchaba, si no mal recordaba esa se convirtió en la palabra favorita de Ultear para llamarlo despectivamente, que aprendió en un viaje al occidente.
—Ey idiota ¿eres japonés?— cuestionó dándole un mordisco al panecillo, cuadrándole el por qué la extravagancia y esos rasgos asiáticos, especialmente sus ojos puntiagudos.
—Hasta que se te descongelo el cerebro y dices algo inteligente— levantó las manos al cielo como si acabara de hacer un gran descubrimiento – Claro que lo soy, toda mi vida la he pasado en Tokio hasta que mi padre me pidió venir aquí— respondió meciéndose en la silla.
Creyó que por fin coincidía en algo con Natsu pero rápidamente descarto esa idea puesto que no lo decía como un lamento, si no como algo sin importancia, como un favor que fácil podría cumplir. La curiosidad le pico, pero su orgullo podía más.
—Vaya, así que hasta tu padre quiso deshacerse de ti, que patético — disimuladamente introdujo la cuestión con fingido desinterés dándole pellizcos al pan.
—A diferencia de ti, mi padre está orgulloso de que yo sea su hijo— dijo con una enorme sonrisa señalándose con el pulgar a sí mismo –Y exactamente por eso me envió como su representante.
— ¿Representante de retraso mental? – le provocó sonriendo con todos los dientes.
Natsu en respuesta le lanzo una manzana directo a la cara, prediciendo el movimiento se limito a mover la cabeza a un lado.
—Claro que no, tarado— dijo evitando demostrar la irritación que le provoco –Verás, mi padre es dueño de unas empresas muy influyentes en la cultura asiática y a nivel internacional, por eso mismo al parecer una agencia italiana de no sé qué le pidió que mandara a un representante joven para un concurso y ver si era apto para realizar cierta promoción – pareció que en cierto punto de su explicación la lengua se le enredo por que inclusive él mismo se veía confundido intentando intuir lo que acababa de decir –o al menos eso entendí—concluyó alzando los hombros.
— Me sorprende tu capacidad para captar las cosas.
—De cualquier manera mañana iré a ver de qué se trata todo esto— le restó importancia con un ademan de mano volviendo a tomar la taza de café entre sus manos — ¿Y tú a que viniste hielito?— le regresó la pregunta clavando sus ojos en el.
Se tensó al instante, no podía decirle que lo habían desterrado de su hogar por un accidente automovilístico debido a carreras ilegales o se burlaría de él durante un largo tiempo. Se rascó la nuca nerviosamente pensando en que mentira podría inventarle.
Para su suerte los pitidos electrónicos provenientes del horno irrumpieron haciendo que Natsu se levantara como un resorte — ¡Ya están listos!— exclamó con alegría corriendo hacia la cocina.
Respiró aliviado ante la distracción que lo salvo.
Así que Natsu era de procedencia japonesa, de familia riquilla y que no se preocupaba por las necesidades económicas, porque le sobraba el dinero. Eso solo reafirmaba su decisión.
Conseguir un trabajo ya.
Se acomodó la solapa de la playera polo de la manera adecuada, cubrió sus cabellos negros con una cachucha y se miro en el espejo sin gustarle mucho su reflejo. Cachucha roja, playera del mismo color con un destacado parche en la zona cardiaca con un estúpido logo que decía Legión Pizza. Uniformado como si fuera un reclusorio. Pero bueno, dejando el uniforme a un lado debería considerar que estaba de suerte al conseguir un empleo a su primera solicitud, si tenía en cuenta que estaba salado desde que abordo rumbo a Italia.
Además parecía un trabajo sencillo.
— ¡No pienso volver poner un pie en este lugar!
Giró la mirada ante el escándalo en la habitación del gerente, encontrándose con un chico que lo asemejaba en edad, de cabello zanahoria y de cara afilada que enfurruñado azotaba contra el suelo una cachucha idéntica a la propia.
— ¡Qué jefe mas negrero! ¡No pienso aguantarlo más, me largo!— exclamó irritado pasando a un lado echando fuego ignorando completamente su presencia.
Alzó una ceja interrogante, si no se equivocaba ambos llevaban el mismo uniforme, por lo que su labor equivaldría al mismo ¿Qué es lo que había pasado? Obviamente algo malo en la gerencia. Pero bueno quien sabe, a lo mejor ese tipo era demasiado niñito y no soporto el trabajo, siendo que este era uno de los empleos más fáciles del mundo.
— ¡Pero qué muchachito mas nena! ¿Cómo es posible que haya renunciado tan pronto?— una voz masculina de tono afeminado salió a flote de dentro de la gerencia, seguido por su dueño, que de cierta manera le dejo el ojo cuadrado. Era rubio, de ojos azules, con un peinado ridículo, barbilla cuadrada y de camisa rosa de la que pendía un gafete que decía Jefe de Gerencia Sugarboy. Tal como el protagonista de un comic americano. Cuando le dirigió una mirada escudriñarte, sintió un escalofrió recorrerlo.
—Mmh… eh de suponer que tu eres el nuevo repartidor de pizzas—lo examinó con ojo crítico fijándose en cada detalle — Por lo menos esta vez la administrativa eligió un chico apuesto.
La sensación de horror y asco similar a su primer encuentro con Natsu lo recorrió, especialmente porque esta vez él tipo si parecía tirar seriamente al otro bando. Tragó grueso, despertando a que él sería su jefe y este sería su nuevo trabajo, debiera actuar profesionalmente.
—Así es, soy el nuevo repartidor—respondió frívolamente, tratando de no dejarse intimidar por esa perturbadora mirada.
El gerente lo observó unos segundos que parecieron minutos, hasta que finalmente rompió el contacto visual – me gustas— asintió levemente con un tono de voz tan desinteresado que solo lo aterrorizó al punto de que casi le provoco un infarto y que sus ojos se salieran de sus orbitas –Ahora veamos si eres tan rudo como aparentas— el tono soberbio burbujeo en su voz regresando a su oficina.
Pegó la espalda a la pared aferrando las manos contra la misma, horrorizado por los sucesos ocurridos en los últimos treinta segundos: su nuevo jefe, gay y le dijo que le gustaba. ¡Definitivamente eran motivos para aterrarse! Y un momento, ¿A qué se refería con que quería ver que tan rudo era? ¿Qué es lo que pensaba pedirle? ¿Por qué volvió a la gerencia? Él no era ningún cobarde, pero no pensaba dejarse acosar todo el tiempo ni acatar órdenes de un jefe gay. Mejor largarse y buscar otro trabajo.
—bien bien, aquí está tu primer trabajo.
Maldición, tan cerca que estuvo por escabullirse. Resignado se trago la idea de escape y volvió a darse media vuelta para ver que petición tenia. Se encontró con el tal Sugarboy sosteniendo una enorme pila de pizzas con ambas manos que extendía hacia él. Suspiró, no quedaba de otra más que tomarlas.
—Son las ordenes de pizza que el otro chico se negó a entregar, tienes sesenta minutos para entregarlas todas—.
Sorprendido abrió los ojos desmesuradamente y dio un sobresalto, tuvo que equilibrar con las manos para que las pizzas no se le cayeran — ¡¿Una hora?! ¿Cómo espera que entregue tanto en tan poco tiempo?
Una sonrisa como la de el gato rison se expandió en su rostro, alzó la cabeza por encima de sus narices y cruzo los brazos — ¿Acaso estas diciéndome que no puedes?— el siseo de prepotencia se destaco con descaro.
Rechino los dientes, ahora comenzaba a entender a ese chico que renuncio, este tipo era una persona de las tantas que eran presumidas en Italia. Y lo estaba retando. Gray Fullbuster no decía nunca no a un desafío y este no sería una excepción.
—Claro que puedo.
30 minutos, 30 minutos, ¡30 minutos!
Desembolsó rápidamente las pizzas de la mochila térmica casi quemándose al instante, ignorando el calor vio el bloc de notas. Corrió hacia la residencia del pedido balanceando las tres pizzas con una mano y toco la puerta fervorosamente ¡Maldita sea que tenía el tiempo encima! Todavía tenía que entregar muchas órdenes y le quedaba muy poco tiempo. El trafico y los semáforos estaban de la patada y lo retrasaron demasiado.
Pasaron alrededor de siete minutos que le parecieron eternos y la puerta no se abría. Comenzó a pensar seriamente en irse, pero justo en el momento la puerta empezó a abrirse tan lentamente que las bisagras de la puerta comenzaron a chirriar. Finalmente se encontró con un anciano que se sostenía muy apenas sobre un bastón.
—Buenas tardes, pizzas Legión a su servicio y aquí le traigo su encargo.
—¿Uhhh…? —el anciano ladeo la cabeza sin procesar lo que le había dicho.
—Vengo de pizzas Legión, servicio a domicilio, aquí están las pizzas que ordenó —repitió más lentamente enfatizando las pizzas frente a él, para ver si así lograba comprenderlo.
—Pero yo no le ordene nada a ninguna Marisa —negó rotundamente con su ronca voz.
Respiró profundo intentando guardar la calma, okey, tratar con ancianos no era su fuerte, pero estaba obligado a tratar con amabilidad a toda la clientela. Se sobó la sien y repitió lo más atentamente posible.
—De esta casa recibimos una llamada a la pizzería Legión, pidieron que les trajéramos estas tres pizzas aquí y me tiene que pagar por ello— explicó forzosamente.
El adulto mayor de edad se quedó otros dos largos minutos meditando en lo dicho, dos minutos en los que quiso darse de cabezazos contra la pared.
— ¡Ahhhh ya veo! Mi nieto debió pedir esas pizzas— ¡Bingo al fin le entendió! –Eh pero mi nieto salió… ahorita no se encuentra en casa.
¡Y a él que rayos le importaba su nieto, solo quería el pago de las pizzas!se tragó sus palabras mentales y volvió a respirar profundamente, tenía que guardar la calma –que pena que no se encuentre su nieto, pero necesito que alguien reciba las pizzas y me pague el efectivo a deber— se desconoció, Gray Fullbuster jamás hablaba tan delicadamente posible y merecía un grammy por eso.
—Bien, lo sufragaré yo ¿Cuánto le debo?
Exhaló todo el aire aliviado, al fin dio al clavo a su propósito inicial –Son diecisiete punto cinco euros.
Las temblorosas y arrugadas manos del viejito sacaron muy lentamente una billetera moviendo muy lentamente sus dedos en el interior.
¡Rápido viejo, no tenia su tiempo!golpeó su pie incesantemente contra el suelo,ya había perdido más de diez minutos ahí, necesitaba irse a la de ya.
—Uh disculpe ¿Cuántas monedas de estas necesito para pagarle?— cuestionó mostrándole monedas de diez centavos de euro y un signo de interrogación pintado en la cara.
En ese momento quiso tirarse del edificio más cercano.
"¡Por qué me tenía que pasar esto a mí!"
Saltó de la moto, sustrajo las pizzas y corrió como desquiciado hacia el portón de la residencia. Su respiración jadeaba y todo el rostro estaba empapado en sudor, pero nada de eso le quitaba la sonrisa del rostro ¿La razón? ¡Era la última entrega! Y eso significaba que estaba por ganar el desafío de ese gerente afeminado porque aún le sobraban quince minutos del tiempo asignado, ya se imaginaba a si mismo restregándole en la cara que a pesar de que parecía algo insuperable él si lo había logrado. Presionó el timbre y casi al instante un video portero instalado junto al muro de los portones preguntó sus datos. Después de explicar sus intenciones a través del micrófono las altas rendijas doradas abrieron dándole paso a la propiedad, pasó de largo por el patio hasta llegar a la puerta principal y tocó con fastidio el segundo timbre; los ricos hacían mucho rollo para todo.
Esperando a que lo recibieran vio desinteresadamente el jardín; tan retacado, limpio y perfecto lo asqueo, las familias ricas no le agradaban en definitiva. Segundos después la puerta se abrió dejando ver a un hombre de pelo y bigote ridículo y un monóculo en el ojo.
—Buenas tardes, Legión Pizza, aquí están las pizzas que ordenó— saludó ya con desgane de repetir lo mismo una y otra vez.
—Oh vaya, ya era hora de que llegaran, mis papilas desean degustarlas— dijo bastante encantado retorciéndose al momento de tomar su pedido entre las manos.
—Claro…son veinticinco euros— hizo caso omiso a su comentario con cara de "me importa un rábano".
—non non non me temo que debo corregirlo, yo no le debo nada— cerró los ojos meneando su dedo índice de forma negativa.
— ¡¿Qué?!— se exaltó por el inesperado comentario, creyendo haber escuchado mal.
—Así es joven repartidor, yo no debo pagarle ningún efectivo puesto que el lema de su franquicia es "entregamos en menos de 45 minutos o la compra es gratis" ¿y adivine qué?— cuestionó sustrayendo un reloj de bolsillo; le observó dejando salir una fingida exhalación de sorpresa para posteriormente devolver la mirada hacia él con una sonrisa maliciosa – Ya pasaron esos 45 minutos.
La mandíbula se le desencajó completamente incrédulo. Le estaba diciendo que él había tardado y no, no señor, él calculó perfectamente los tiempos y estaba seguro de que se presentó justo al momento exacto.
– ¡Eso no es verdad! ¡Yo llegué a tiempo! Así que exijo que me pague – tajantemente extendió la mano hacia él casi en un gesto de amenaza, le iba a pagar sí o sí.
—non non non ¿Por qué debería de pagarle si ha sido usted quien me ha fallado a mi? Yo hice mi llamada a las doce con treinta minutos ¿Sabe usted qué hora es?— hizo una pausa suspensiva para de un raudo movimiento casi estamparle el reloj contra la cara en signo de triunfo.
Observó atentamente las manecillas del reloj, sus ojos se abrieron como platos; totalmente estupefacto ante lo que estaba viendo.
— ¡Si apenas ha pasado un minuto de la hora acordada! ¡Y si me tardé ese minuto fue porque usted tardó en abrirme!
Exactamente, sus ojos no le mentían ¡El dichoso reloj que mostraba el tiempo y que era propiedad del tipo que le estaba reclamando; mostraba la una con dieciséis! ¡¿Cuál era la diferencia de quedar en llegar a 1:15 y llegar a la 1:16?! ¡Era la excusa más ridícula que había escuchado!
—Ah ah, joven stupide al parecer su mente es igual de retardé que la de mi pequeña hermanita; incapaz de entender que el tiempo es la clave de la vida— hizo un ademán lastimero hacia él con expresión lúgubre en el rostro, como quien ve a un perro abandonado —La puntualidad es todo en la vida; un minuto puede hacer que todo tu día cambie, puede traerte éxito o fracaso, y en su caso ha fracasado respecto a su trabajo y a quedado como un inutile repartidor.
Cerró los ojos frunciendo el ceño en el proceso, una de sus cejas comenzó a latir peligrosamente y sus manos se tornaron puños. "Estúpido" "Retardado" "inútil" ese sujeto lo estaba insultando, y lo creía tan imbécil como para no darse cuenta de los términos que estaba usando por el hecho de estar en otro idioma. Además, era una completa injusticia lo que decía. Chirrió los dientes y las palabras le salieron tan fúnebres como un ultimátum:
— ¿Va a pagarme o no?
— Joven, ¿No entendió lo que le acabo de decir o gustaría de que llamara al cachorro que tiene mi hermano para que se lo explique?
Aun estaban las palabras en boca del sujeto, cuando su puño viajó en el aire con destino a impactarse contra aquel rostro…
—Una demanda ¡Una demanda! ¡Demandaron nuestra pizzería!
Gray rechistó estando de brazos cruzados aplastado en la silla dentro de la gerencia, Sugarboy parloteaba quien sabe que tanto y hacía gestos dramáticos con las manos moviéndose de ahí para allá alrededor del escritorio durante ya más de quince minutos.
— ¡¿Entiendes que significa eso?! —Él rubio azotó las manos contra la mesa irritado ante su aparente desinterés: el ceño fruncido y su cara tan roja como un tomate denotaban su coraje — ¡Agrediste a uno de los pilares de la Element Four Company! ¡¿Acaso tienes idea de lo influyente que son?!
—Ese tipo se negó a pagarme — masculló entre dientes con la vista desviada hacia un lado recordando a ese odioso sujeto que fue soberbio, injusto y grosero, eso sin comentar ese chillón acento que tanto pronunciaba.
— ¡¿Y crees que esa es razón para agredir a un cliente?! ¡Mucho menos a alguien de esa alcurnia!
— ¡¿me está diciendo que es mejor dejar pasar una injusticia?!— estalló a voz en cuello, incorporándose de golpe y empuñando las manos contra la madera, con mirada retadora. Detectó ese tono corrupto, si existía algo que no soportaba eran las injusticias especialmente si se trataba de parcialidad entre las personas solo por su estatus; era una mentalidad muy torcida.
Fastidiado por su rebelde actitud Sugarboy le regresó la mirada con intensa amenaza —Tú eres un simple repartidor, no tienes derecho de golpear a nadie solo por que no quieran pagarte ¿Qué no puedes hacer tu trabajo bien?
Suficiente, no tenia que tolerar a un individuo más que solo viera ineptitud en su persona —Pues si no le gusta como llevo a cabo mi trabajo, felicidades, ¡Ni siquiera a mí me gusta tener que trabajar aquí soportando a un irritante gay afeminado asqueroso!
Y se fue antes de darle la oportunidad de que le despidiera.
Bueno, ahora después de su renuncia se encontraba vagando en las calles de Italia, con un periódico en mano en la sección de ofertas de trabajo. Tal vez debería controlar un poco su genio en el próximo empleo, o bien podría meterse en problemas directamente con las autoridades y eso no era bueno considerando su recién llegada del extranjero.
Se detuvo en seco comparando el enorme letrero sobre su cabeza con el que estaba impreso en el periódico. El pequeño rectángulo del anuncio decía que estaba recién inaugurado el local y que solicitaba un ayudante. No parecía muy difícil, además de que ofrecía una muy buena paga.
Camino a través de una extensa fila donde cada persona llevaba consigo una mascota diferente, grandes, pequeñas, esponjosas, lacias, arrugadas, de grandes patas, otros que parecían juguetes y exóticas que dudaba de que fueran animales. Todos esperaban atentamente a que las puertas se abrieran, algo extraño considerando que según el horario ya estaba abierto.
Ignorando la fila pasó de largo y entro, el olor a medicina y toxinas animales no se hizo esperar, divisó entre el consultorio a una menuda chica saltando de un lado para otro; moviendo cosas y rociando un liquido obsesivamente.
Se acercó con precaución esperando no interrumpirla en su atareada labor —eh…hola.
— ¡Miau!— se sobresaltó la chica y al estar a gatas bajo una mesa se golpeó la cabeza.
— ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?— preguntó dudoso ¿Eso que escucho fue un maullido?
—No, no, estoy perfecta— se apresuró ella incorporándose como resorte sobándose la coronilla de la cabeza –Bienvenido a la veterinaria Milli ¿Puedo ayudarte en algo?
Si definitivamente eso había sido un maullido, la chica tenia rasgos gatunos, sus cabellos castaños peinados de manera que simulaban orejas de gato, ojos rasgados y delineados e incluso una mancha en su nariz.
—Si…bueno yo venía por…— balbuceó torpemente sin poder concentrarse, hipnotizado por lo que parecían ser tatuajes felinos en sus mejillas.
—¿Uhhh?— confundida se rascó la cabeza, fue hasta que su mirada viajo al retazo de papel en su mano que la hizo dar saltitos de emoción —¿Vienes por el empleo de asistente de veterinaria? ¡Llegaste en el momento preciso! ¡Es fantástico miauuu!
Al verla tan fascinada aplaudiendo, el rostro se le contrajo en una mueca de confusión dudando por su sanidad mental. Un momento, ¿Lo que dijo significaba que…?
— ¿Entonces me estas contratando?— preguntó directamente.
— ¡Por supuesto que sí! ¡Estas contratado!— en un atrevido movimiento lo tomó de las manos sin dejar de saltar – Soy Milliana, puedes decirme Mili si quieres y estoy muy feliz de que hayas llegado justo ahora— demostró una gran sonrisa que destacaba sus afilados colmillos.
Para él era descomunal que alguien lo tratara como si fuera el premio mayor de la lotería, pero no era para asustarse, esa chiquilla podía verse hiperactiva pero no parecía malintencionada, lo que le hizo relajarse –Soy Gray Fullbuster— comento con voz más casual.
—Bien Gray, acompáñame que la campaña de vacunación está por iniciar– dijo jalándolo de la mano para llevarlo con ella.
Bueno ella era impulsiva, pero por lo menos era más simpática que su ex jefe.
—Muy bien Gray, ahora pásame una antirrábica.
—A la orden.
Sacó una nueva jeringa de su empaque y la colocó dentro de un frasco, comenzando a succionar su contenido con suma lentitud fijándose de no pasar lo que la graduación marcaba los diez mililitros, una vez asegurado de ello la entregó en mano de la veterinaria quien se lo agradeció con una sonrisa.
Respiró profundamente, su nuevo trabajo le sentaba de maravilla. Hasta el momento estaba relativamente fácil, su única labor constaba de estar a un lado de la mesa de trabajo de Milliana rellenando las inyecciones con el líquido de la vacuna que le pidiera y entregársela para que la aplicara.
Sin presión, con una alegre jefa y sin mucho esfuerzo, ya empezaba agradarle trabajar ahí.
En cuanto el cliente salió, Milliana se giró a verlo —miau Gray ¿Puedes traerme más etanol? Ya casi se me acaba —pidió con cierta inquietud meneando el atomizador entre sus dedos y observando el contenido restante.
— Claro, ya vuelvo —asintió dirigiéndose a la habitación contigua a buscar el alcohol etílico. Se le revolvía el estomago de pensar que la chica lo utilizara para desinfectar la mesa de los gérmenes de animales mientras que él se lo tomaba en bebidas alcohólicas. Reflexionaría seriamente en no volver a hacerlo.
Llegó al enorme librero y observó con cierto horror la innumerable cantidad de frascos y recipientes que llenaban todas sus repisas. Encontrarlo estaría en chino.
—Oe Milliana ¿De casualidad no sabes en que repisa esta? —preguntó con la esperanza de no tener que mover cientos de frascos.
—mmh… creo que en la tercera —respondió desde la otra habitación.
Comenzó a rebuscar en esa comparando los nombres en las etiquetas. Leptospitosis. Traqueobronquitis. Piroplasmosis. Coronavirus. ¿Qué rayos era todo eso? Ni idea, pero no lograba dar con el alcohol. ¡Aja! Logró divisar una botella más grande y transparente en la que decía en letras grandes "etanol" sin embargo estaba en la esquina más profunda. Metió la mano, pero no logro alcanzarla. Se hizo espacio entre los frascos, introdujo la cabeza y se estiró un poco más.
Casi…Ya casi…solo un poco…
—¡Guau!
Se sobresaltó golpeándose la cabeza contra la repisa de arriba ante el estruendoso e inesperado ladrido. El librero tembló y sintió como un frasco se caía y se hacía trizas en su espalda. Salió rápidamente del librero y se tocó la espalda, húmeda. Vio el piso repleto de pedazos de vidrios y un líquido de un extraño color rosa. Se hincó esperando no haber roto nada importante —o peligroso —pero lo único que encontró en el añico de vidrio fue la mitad de la etiqueta con el rótulo "disparadoras". Arrugó el cejo ¿Qué significaba? Se incorporo viendo el pedazo de papel, interrogante, mejor preguntarle a Milliana. Se dispuso a ir cuando notó una masa uniforme frente a él.
— ¡Qué diablos!
Dio un salto hacia atrás aterrado, aferrándose al librero. Enfrente de él se encontraba un grande, fornido y peligroso perro pitbull observándolo atentamente.
— ¡Gray! ¡¿Gray estas bien?! —no tardó ni dos segundos cuando Milliana entró alarmada buscándolo.
—Por el momento si —respondió con el cuerpo rígido y la respiración retenida, viendo atentamente al aterrador can quien no le despegaba la vista de su persona.
— ¡No se qué fue lo que sucedió de repente salto de la mesa y…— se detuvo abruptamente al ver como el perro comenzaba a menear la cola amistosamente, algo totalmente inusual. Luego todas las mascotas que tenia dentro de jaulas comenzaron a lanzar aullidos descontrolados y chocar las patas contra las rendijas desesperados por salirse. Su mirada viajó de manera filosa a él, que de inmediato comenzó a bajar al pedazo de vidrio que sostenía en su mano como su única —y patética— arma defensiva. Sus labios se fruncieron inquietos.
— ¿Qué fue…lo que quebraste?
Al escuchar la voz tan sigilosa de la veterinaria supo que la perspectiva pintaba a algo malo.
—No lo sé, el frasco decía algo de disparadoras pero no se qué significa.
—Eso es… —la voz fue ahogada por un tumulto de ladridos seguidos por una gran cantidad de perros que entraron con urgencia a la habitación, tras ellos sus dueños ordenándoles que regresaran. Las mascotas hicieron caso omiso y fueron a arrinconarlo.
Ella cerró los ojos con pesar y dio explicación como un lamento —Eso que quebraste son disparadoras, Gray…feromonas disparadoras.
— ¡¿Feromonas?!— exclamó abriendo los ojos como platos, mas no tuvo tiempo de explicaciones cuando los animales le saltaron encima.
—¡Ahhhg!
—¡Achú!
—Emmm… ¿Cómo te sientes? —nerviosamente se mordió el labio inferior sin dejar de verlo ni por un momento.
—Como si acabara de ser manoseado por un montón de animales — respondió con los ojos llorosos debido a la irritación, su ropa gastada por rasgaduras y moteada de polvo lo hacían ver como si lo hubiera arrollado una manada de elefantes —¡Achú!
El acompañamiento de un decimo estornudo no era nada comparado con el ataque de tos inicial, Milliana lo había salvado de los perversos animales rociándolo con un especie de repelente que los hizo correr despavoridos.
Una risa que más bien pareció un sonido fibroso por un mal chiste se expulsó por la boca de la veterinaria.
—Lamento mucho la irritación, pero la única manera de contrarrestar el olor de las feromonas es con una esencia mucho más fuerte —explicó con cierto remordimiento jugando con el dobladillo de su blusa.
Sí, eso era lo malo del repelente. El aroma del que quedo impregnado era tan fuerte como la canela, el chile y el agua negra juntas.
—Bueno, me salvaste de una violación a manos de los animales ¿Debería estar más que agradecido no? —su tonillo intermedio entre la gratitud y el sarcasmo solo dejaban en claro que no estaba auto compadeciéndose. Se puso de pie sacudiéndose la vestimenta y con la misma, su desgracia — ¿En qué soy bueno?
Milliana sonrió recompuesta –Miau me encanta tu actitud —le dio un par de palmadas en el hombro, una costumbre muy apegada a ella el tocarlo —Supongo que no es conveniente que sigas trabajando públicamente por tu integridad física, no quiero que te ataque otra horda de animales.
"Oh más bien que la clientela no vea a un vago apestoso porque eso le daría mala apariencia al consultorio" pensó para sí creyendo que esa resultaba la verdadera razón de su anonimato. Por la retención del empleo dejo ese pensamiento como debía, en su mente solamente.
—¡Ya! Creo que se que trabajo puedes hacer —tronó los dedos con su gran sonrisa felina en el surco de su rostro. Chachareó quien sabe que otra cosa y se encaminó hacia la habitación posterior siendo seguida por él un paso detrás.
Sus cejas se arrugaron creando un par de arrugas en su frente al reconocer la habitación de su infortunio, instintivamente se sobresaltó hacia las jaulas colocando las manos al frente con la sensación de que iba a ser atacado de nuevo. Bajó la guardia cuando cayó en cuenta de que uno, los animales estaban enjaulados y dos, ya era inmune al efecto de las feromonas. Eso sí, el trauma siempre queda.
Milliana dio una vuelta danzante y extendió los brazos hacia las jaulas —¿Cómo están mis amores? —saludó efusivamente. Enseguida todos comenzaron a arañar las rejillas y menear la cola al reconocerla —Les presentó a mi nuevo amigo Gray, el estará con nosotros a partir de hoy— indicó con un cordial señalamiento hacia él —Anda saluda, no seas tímido— hizo un ademán de que se acercara.
Bastante estático se acerco —Eh…hola— saludó dudoso de si el que tenía mala sanidad mental era él por saludar a mamíferos subdesarrollados o de ella por tratarlos como a humanos.
La castaña satisfecha se puso de cuclillas delante de una jaula, indicándole que hiciera lo mismo. Estando detrás y ella obstruyendo con su cuerpo gran parte de la visión de la jaula no lograba ver el interior de la misma.
Ella ensanchó una sonrisa más grande —hola bebé ¿Qué tal? —preguntó con voz melosamente dulce a la par que abría la puertilla. Entonces logro ver que se acercaba a ella un…
—¡Santo cielo! ¡¿Qué es esa cosa?! —exclamó impresionado abriendo los ojos como platos al notar una bola de pelos azul.
—Él es Happy, es un minino muy alegre y afectuoso —presentó acariciándole el lomo tiernamente, gesto que este correspondía frotándose cariñosamente en el dorso de su mano y un ronroneo tan fuerte como motor.
—Pero ¿por qué es azul?—cuestionó aun con sorpresa observándolo como un fenómeno, no era para menos, nunca en su vida pensó en ver semejante cosa, era una anomalía.
—Happy era un gato callejero que rescate de un par de niños maliciosos que lo estaban bombardeando de pintura. El pobrecito estaba muy maltratado pero ya está casi recuperado por completo, a excepción de su pelaje; la pintura no se le desprendió ni con un baño— la mirada se le ensombreció con tristeza, pero se recompuso en un instante brillando con intensidad —pero no hay por qué preocuparse, todo se le quitara con un baño químico. Y esa es tu siguiente asignación.
El audible sonido tras tragar saliva provino de su garganta ante la simple mención de dos palabras —¿Baño químico?— repitió con inseguridad, sin duda se escuchaba arriesgado.
—Sip, tal como escuchaste —respondió como sin nada, pero al instante que giró y miró su pálido rostro y al ver la clara expresión de horror supo lo que estaba pasando por su mente –No te preocupes no es nada peligroso, no vas a derretirte, solo que si puede causarte picazón por lo que mi recomendación es que uses guantes.
—Y en cuanto al gato… ¿Es peligroso?—cuestionó viéndolo con repulsión, por qué tal como no miraría a Natsu como un espécimen viril hasta que se quitara el rosa chillón del cabello, no contemplaría como gato a Happy hasta que le quitara ese horrible moteado azul.
— ¿Acaso parece una amenaza? —le respondió señalándolo con la mirada. El gatuno estando tirado panza para arriba y revolcándose como puerquillo en lodo quedaba vulnerable a cualquier ataque o cosa que quisiera hacerle; parecía encantado con las caricias que le proporcionaba.
Sonrío ligeramente, un gato/puerco/azul resultaba bastante cura –Si que lo es— respondió en broma alargando una mano para acariciarlo también.
Sin embargo en el instante que su mano estuvo por tener contacto con el pelaje; el gato que se encontraba ronroneando y aflojerado abrió los ojos como platos y tras un cambio radical le tiro un arañazo.
—¡Whoa! —quitó la mano por los pelos y rápidamente bajó la vista hacia el dorso donde se marcaban dos rasguños por encima de la piel, por suerte no era nada profundo. Sorprendido devolvió la mirada hacia el gato que hace segundos estaba vulnerable y cariñoso ahora estaba todo encrespado y rígido en una total posición defensiva — ¿Qué le paso?— cuestionó sin entender el porqué del radical cambio.
—mmh que raro, el nunca se porta así— la ligera expresión de extrañeza divagó en el rostro de la doctora de animales, con el dedo índice tanteando en su labio inferior –Quizá se ha asustado por qué no te reconoce— comentó extendiendo una vez más su mano y de nueva cuenta el gato paso de su estado histérico a su estado mimoso.
El repiqueteo de la campanilla en la habitación posterior llamó la atención de ella, casi podía jurar que las raras orejas de gato en su cabello se alzaban como sensores de sonido —Miau, ha llegado un paciente —anunció incorporándose del suelo y sacudiéndose las palmas.
La sonrisa tranquilizadora que le dirigió dedujo fue porque noto la duda (y el miedo derivado del traumatismo recién adquirido) sobre si sería algo seguro que el tratara con la bola azulada o muy seguramente, saldría todo realmente mal.
—Tranquilo, yo se que tu y Happy serán muy buenos amigos —le aseguro inclinándose levemente hacia la jaula– Te portaras muy bien con Gray ¿Ah que si?— preguntó dulcemente haciéndole una caricia detrás de la oreja que el minino acepto con un maullido placentero —¿Lo ves? Todo saldrá bien. Me voy, regreso en un rato haber como te va.
Se despidió despeinándolo tan cariñosamente que él se pregunto si todo este tiempo lo había visto como una persona, o como un lastimero cachorro tras ser abandonado en la calle. Bueno, que se le iba a hacer, él era un lacayo al servicio de ella así que podía tratarlo como quisiera y mandarle a realizar la más descabellada idea.
Así que sin más redundancias clavó la vista en el felino que de nuevo y de manera inminentemente humana lo observaba con "cara de pocos amigos"
—Escucha bola de pelos, a mi tampoco que me agrada mucho la idea. Así que acabemos con esto rápido— le dijo esperando que lo entendiera y por ende cooperara con la causa.
Al acercarse para cogerlo otro ataque de rasguños lo recibió al no ser bienvenido para entrometerse en su espacio personal, por lo cual rápidamente retrocedió previendo ese movimiento. Se había transformado de nuevo, el pelaje erizado, moviendo toscamente la cola de un lado a otro y con las pupilas extremadamente dilatadas dándole aspecto de gato poseído.
—Así que no quieres hacer las cosas por las buenas ¿eh?— preguntó notando esa miradita con la cual le estaba declarando la guerra. Se sacudió las palmas de las manos y trono su cuello preparándose; si quería guerra, guerra tendría.
La batalla en total incluyo un par de arañazos defensivos, maniobras de evasión y gruñidos de ambos bandos. El resultado fue la victoria de Gray sobre el gato; pues terminó sometiéndolo al sujetarle sus extremidades con ambas manos y voltearlo de cabeza como si fuera a rostizarlo a la fogata por el método de una tribu caníbal.
—Tu quisiste que fuera de esta manera, no te quejes — se justificó cuando la mota azulada le gruño furiosa tras ser capturada y no tener medios para defenderse.
Se dirigió hacia donde se encontraba la tina que según Milliana le dijo ya estaba preparada para el baño químico, un escalofrió lo recorrió al notar el agua de color verde fluorescente con reflejos de violeta (que supuso se debían a la refracción de la luz) Hizo un leve ejercicio de respiración al recordar el fluorescente rosa de las feromonas e intento olvidarlo, okey, ella le había dicho que no era peligroso, que solo tenía que usar…
—Demonios—maldijo al recordar que había olvidado ese detalle, vio al gato que tanto esfuerzo había puesto para bloquear y maldijo de nuevo, porque fue en vano. Lo regresó a su jaula y casi juraba que un brillo de triunfo destello en esos ojos felinos.
—Mas te vale que no te muevas —le amenazó señalándolo acusadoramente antes de encerrarlo otra vez y devolverse a tomar los guantes.
Mientras lo hacía no pudo evitar escuchar una parte de la conversación de la habitación contigua:
—¡Miau! ¡Tranquilo perrito! — demandó la escandalosa voz de su jefa que supuso experimentaba dificultades secundado por unos ladridos rápidos y agudos, supuso que se trataba de un perro pequeño.
—Oh doctora, sniff, no sé qué le pasa a mi Basilio, ha estado muy irritado e inquieto, no deja de salivar y trata de morder a todo el que se le acerque, snif— dijo una voz gruesa que podía deducir estaba hecho un mar de lagrimas.
—Entiendo, Señor Aria. Dígame ¿Su mascota a arrojado espuma por la boca?—.
Dejó de prestarle atención al terminar de ponerse la protección en las manos y regresó hacia las jaulas. Al hacerlo se quedo con la boca abierta y un gesto de incredulidad.
El gato ya no estaba en su jaula.
Como en la típica escena de crimen, solo estaba la rendija entreabierta y un rastro de pelos azules. Empezó a buscarlo desesperadamente en la habitación sin poder evitar formularse la cuestión de su escape ¿Cómo rayos lo hizo? Si él se tardo menos de dos minutos, además podía perjurar que cerró la jaula adecuadamente.
Un maullido llamó su atención por encima de su cabeza, eso lo descoloco. Pero entonces lo localizó, ahí estaba, encima de uno de los estantes y —o se estaba volviendo loco— o de verdad lo miraba desafiante, retándolo a que lo atrapara.
—Deja de hacerte el gracioso y baja— ordenó acercándose al estante, no estaba muy alto por lo cual con un solo manotazo lo atraparía. Pero al hacerlo el gato muy inteligentemente trepó a la siguiente repisa.
Jodido gato.
Se subió en la primer repisa para alcanzarlo, pero el muy maldito al verse amenazado empezó a tallarse en los frascos que la repisa contenía y estos caían encima de él golpeándole la cabeza—Para su suerte estaban en recipientes de plástico — pero le obstruían la captura.
—¡Por un carajo ven acá! —le gritó frustrado cuando una botella pesada le pegó en la sien.
Ah, pero entonces llego su momento de la venganza; se habían acabado los frascos y ahora se encontraba patéticamente arrinconado en una esquina. Sonrió maléficamente, iba a pagar sus crímenes.
— ¡Te tengo!— exclamó estirando ambos brazos, al unisonó el felino saltó hacia el frente…
—¡Ahg!— soltó un alarido cuando sintió las afiladas y dolorosas garras insertársele en la cara. Del impacto se hizo hacia atrás, por suerte eso surtió efecto y el gato lo soltó, lastimosamente no recordó que estaba encima del librero así que termino trastabillando y cayendo de espaldas…
¡Splash! Un agua verdosa saltó hacia el frente como una ola al romperse en la costa y todo su entero ser quedó empapado. Un tremendo dolor le recorrió la espalda y la nuca ante semejante golpe y solo pasaron tres segundos cuando un agresivo picor le recorrió todo el cuerpo por lo que no sabía ni donde rascarse. Apenas comenzaba a incorporarse dificultosamente cuando entre su visión nublada lo distinguió; un punto azulado sentado calmadamente en el suelo mientras se lamia como si nada hubiera pasado.
—T-tu… —articulo difícilmente, su mano temblorosa comenzó a alzarse a la par que sobresalía su dedo índice en un claro señalamiento —Tu…. No eres un gato…—sonrió de lado con sorna ante lo estúpido e irreal que era lo que estaba diciendo, pero podía jurar por su madre que ese no era un gato normal, de ninguna manera, después de haberle hecho tantas cosas. Solo era cuestión de verse: el rostro arañado, la ropa empapada, la picazón… un aura sombría lo envolvió.
Entonces un grito encolerizado hizo eco en el lugar.
— ¡Voy a matarte!
El azulado salió pitando en fuga por la puerta.
—¿Uh?— Milliana parpadeó cuando figuró ver una pelusa azul pasar como rayo por el consultorio seguido por su asistente mojado y rasguñado.
— ¡No Basilio no vayas!—exclamó el cliente al ver como su mascota se aprovechaba de la distracción de la veterinaria para saltar de la mesa y salir en persecución del gato.
Gray echaba chispas al pasar al recibidor ¡Maldito gato! Iba a estrangularlo apenas lo tocar; aun si el maldito había salido de la Veterinaria iba a buscarlo por toda Italia si era necesario…
Sus pensamientos fueron cortados de golpe cuando sintió un par de objetos puntiagudos insertársele en el pie izquierdo.
—¡¿Que ….?!— volteó, un pequeño can de la raza Chihuahua se había aferrado con toda la dentadura a su tobillo, genial, lo que faltaba. Harto de su maldita suerte le dio una patada para que lo soltara.
— ¡No lastimes a Basilio o te demandare!— exclamó un grandulón que presencio el acto apenas venia del consultorio.
— ¡Ese pulgoso me mordió! —se defendió pareciéndole inconcebible una segunda demanda en el mismo día.
—¡¿Te mordió?!— Milliana llegó con la expresión más asustada que le había visto en todo el día, incluso peor de la que había puesto cuando le cayeron feromonas.
—¿Qué tan malo es eso? —cuestionó con cautela empezando a preocuparse. Milliana se mordió el labio inferior buscando una manera atenta de darle la respuesta. Finalmente cedió con una gran ansiedad.
—Es que ese perrito…tiene rabia
—¡Rabia!— repitió sintiendo que se le cerraba la garganta y se ponía helado —¿Es peligrosa? ¿Me va a matar? ¡¿Rabia en serio?!— pregunto comenzando a entrar en pánico; si algo sabía de animales es que un perro con rabia no tenia cura ¿Y si él tampoco la tenia?
Milliana comenzó a alzar y bajar las manos profusamente, al ver como él estaba palideciendo.
—¡T—Tranquilízate Gray! ¡Tengo la cura!
—¡Arhg! ¡Ya acaba de una maldita vez!— exclamó al sentir una vez más la corriente de dolor recorrerle el cuerpo. Sudaba profusamente, cerraba los ojos y oprimía los dientes con tanta fuerza que una tensa línea se formaba en su mandíbula, las respiraciones intercaladas y las manos aferradas a los antebrazos de la silla para resistir el impulso de retorcerse como gusano. Casi se sentía como una mujer pariendo.
—Y-ya casi, esta es la ultima—murmuró ella con una gota de sudor frio recorriéndole la sien al momento en que le retiraba minuciosamente por quinta vez una aguja del estómago; luchando por no ceder a los nervios de punta que le provocaba verlo en semejante estado —Y no se refería al hecho de verlo con su muy trabajado abdomen expuesto frente a ella— sino más bien al agónico estado en que él se encontraba y que estaba segura de no haber visto en ninguno de sus años de experiencia como doctora de animales.
Él no soportándolo más creyó que iba a desfallecer por un insoportable dolor —Couhg— respiró dificultosamente al momento en que milagrosamente sintió un alivio cuando la inyección se desprendió de su cuerpo.
—Me da mucha pena que hayas tenido que pasar todo esto, pero era la única manera de contrarrestar la posible infección.
O ya estaba alucinando del dolor o creyó ver que las orejas de gato se decaían con tristeza. Pero que va, ella con justa razón merecía sentirse así o peor, ya que no había tenido que sufrir lo que él sufrió. Porque que el traumatismo de ser objeto de una semiviolación de animales no se comparaba nada con el recién adquirido al que gracias había formado su nueva resolución:
Nunca jamás de los jamases, se volvería a acercar a un perro. Puesto que el antídoto para la rabia no era una, si no cinco inyecciones en el abdomen que dolían hasta el alma.
—¡Miau! Pero no te preocupes ya casi acabas tu día te trabajo—prosiguió con la característica alegría y positivismo la chica, que se recupero en segundos con esa manía de tomarle las manos y dar saltitos – Lo único que te falta por hacer es limpiar las jaulas de las gracias de los animales.
Esa fue la gota que derramo el vaso o como él decía, la gota que derritió la paleta. Los dientes le chirriaron frenéticamente y sus dedos se contrajeron de manera bizarra.
—Tú esperas…. ¿Que yo limpie los desechos de esos malditos animales, que me han jodido todo el día?
Milliana tragó grueso sintiéndose empequeñecer cuando él empezó a incorporarse con suma lentitud, pintaba el papel de un psicópata silencioso con el rostro ensombrecido al detectar a su próxima víctima – S-si quieres puedes hacerlo mañana— intentó remediarlo viendo nerviosamente al suelo.
— ¡Estás loca si crees que voy a seguir trabajando aquí!— la paciencia de Gray Fullbuster estalló. Todo el día había sido lo mismo, su orgullo pisoteado por jefes estúpidos o trabajos denigrantes. Pero ya no más.
—Yo merezco un empleo mejor y voy a conseguirlo ¡Juro por mi dignidad que mi próximo trabajo será bueno, limpio y respetable!—.
Y por segunda ocasión consecutiva en el día, salió azotando la puerta.
—Parezco una mierda.
Caminaba de vuelta a su departamento con la cara, cuerpo y ropa —o lo que quedaba de ella— ennegrecidas; completamente bañado y apestado de toda clase de desperdicios. Las personas que pasaban junto a él lo miraban con repulsión, burla, lastima o en el mejor de los casos con extrañeza. Incluso un niño se le había acercado y con inocencia le pregunto si era un vagabundo, ofreciéndole de su lunch. Que humillante.
En su mano izquierda pendía del lomo el mismísimo gato azul que se fugó de la veterinaria. Lo alzó a la altura de su rostro, el felino lo rechazó con la mirada, él por su parte lo observo con odio.
—Todo esto es tú culpa, estúpido gato.
Por que irónicamente, aunque le guardaba un terrible rencor, por coincidencias de la vida lo había terminado salvando. Eso sucedió en su último empleo: recolector de basura.
Que va, no era el mejor del mundo pero le había parecido bien porque su única tarea era ir recogiendo la basura de los hogares y lanzarla al camión recolector, nada de jefes tratándolo tiránicamente ni ordenes complejas. Y quitándole el hecho de que el camión avanzaba más rápido de lo que parecía, los basureros pesaban más de lo que creía y que además había tenido que tomar un basurero en el que recién había vomitado un ebrio o que debió tener mucho cuidado al tomar las bolsas con los desechos médicos de un hospital para no infectarse de alguna enfermedad incurable, todo iba bien.
Entonces se tuvo que topar con ese gato de nuevo.
Creyó que después de que este se escapó de la Veterinaria no volvería a verlo en su vida, pero la suerte le hizo una jugada cuando se encontró al mugroso mañoseando en un condensado basurero de un restaurante, todo se complicó cuando el camión utilizo las palancas para levantar el contendor con el gato dentro así que sería demolido y comprimido con el resto de la basura.
Y él no era un rescatista de animales, pero tampoco era tan mala persona como para dejarlo morir así que saltó al basurero para salvarlo —y el muy malagradecido lo rasguño todo— pero a fin de cuentas logro tomarlo; el problema fue que al momento de salir se le atoró el pie entre la basura por lo cual ambos fueron tragados por el basurero lo que lo obligó a implorar por su vida como alma que se lleva el diablo. Por suerte el conductor lo escuchó antes de ser machacado así que puso en reversa el demoledor y terminó vomitándolos al suelo con una lluvia de porquerías, como cereza del pastel eso sucedió enfrente de una reconocida empresa donde iba saliendo un tipejo de un cabello de dos colores aun más ridículo que el de Natsu y una bandita en la nariz que al verlo comenzó a burlarse en voz alta, de manera que todos los empresarios se rieron también de él.
—Tch tu nombre no te queda, no traes nada de felicidad a la vida— murmuró amargamente al gato dejándolo en el suelo al llegar a los departamentos.
Subió a rastras las escaleras con todos los músculos inflamados y dolidos, rindiéndose a que sus heridas nunca sanarían con tantos golpes que se daba. Se descalzó los tenis al llegar para no ensuciar todo y de paso también se quitó la camiseta.
Al abrir la puerta lo primero que se encontró fue con un hombre alto, fornido, calvo y de una larga barba sentando en el sillón. Genial, lo que le faltaba a su muy bizarro día.
Repentinamente un susto lo impulsó a hacerse hacia atrás y chocar contra la puerta al recordar que ese tipo tenía un gran parecido al sujeto pelón de Brazzers que tanta fama había tenido en Facebook, oh no, no, no eso solo confirmaba su teoría de a qué bando tiraba Natsu.
El sujeto al escuchar el chasquido de la puerta tras pegarse él a ella notó su presencia —Buenas noches—se dirigió e hizo una respetuosa reverencia.
El estaba perdido en sus dudosas cavilaciones que no respondió.
— ¡Hielito! Digo, Gray hasta que llegas— Natsu asomó la cabeza desde la cocina donde al parecer traía un jaleo con los sartenes y con un cucharon en su mano señaló hacia el sujeto —él te busca, hace rato que llego así que atiéndelo, acabare de cocinar el pollo frito— y sin más se desapareció de nuevo.
Odioso Natsu con su odioso tono chillón y sus odiosas órdenes parecía una esposa recién casada.
—¿Tu eres Gray Fullbuster? —cuestionó con una voz gutural pero dudosa, lo que lo devolvió a sus cavilaciones.
El que supiera de su existencia no pintaba nada bien, por lo que contestó con cautela y cierto tono cortante—Si….¿Como sabe mi nombre?
El enorme calvo se puso de pie y le habló con gran formalidad tendiendo la mano—Me presento, mi nombre es Jura Neekis, reconocido por ser una figura de una empresa bastante prestigiosa internacionalmente-.
Empresa internacional, aja claro. Entonces eso significaba que si pertenecía a esa cadena pervertida. Entrecerró la mirada viéndole sospechosamente sin siquiera moverse un poco ni mucho menos tener contacto físico —Preferiría no hacerlo.
—Ah claro, lo siento— se disculpó concluyendo que se debía a que se encontraba en un estado físico muy insalubre — ¿Has tenido un día difícil?
—No es que interese. A todo esto ¿Me puede decir por qué está aquí?— reiteró su pregunta anterior muy tajantemente, que la hubiera evadido y lo tratara muy amigablemente siendo desconocidos solo significaba una cosa: Quería conseguir algo de él y desgraciadamente su apariencia de vagabundo no se daba a respetar.
—Bueno, tú hermano y yo somos viejos amigos laborales, me hablo de ti y me indico que serias bueno para realizar cierto empleo que tengo vacante.
¿Lyon? ¿Cómo rayos estaba involucrado Lyon con ese sujeto? No creía que su hermano mayor hubiera trabajado para videos… Oh, bueno ahora tendría sentido porque antes de "reformarse" siempre tenía dinero para apostar en los arrancones o para invitar a todos a beber y pagar la cuenta.
—Y ahora veo porque me indico que serias apropiado para el trabajo— dijo lo ultimo echándole una leve ojeada a su físico.
Maldición no debió quitarse la camisa, suficiente escarmiento había sido con Natsu la noche anterior. Y peor aún, él desgraciado de su hermano pensaba que él se rebajaría a trabajar en eso, siguiendo su ejemplo de hermano mayor; tal vez él fuera un rebelde, pobre, con apariencia de vagabundo y que con su historial del día no tenia argumentos para decir que le quedaba una pizca de dignidad, pero no haría eso. Exhaló pesadamente ya no le quedaban fuerzas para hacer corajes o reñir en el día, así que lo hablaría secamente.
—Bien, contra todo lo que aparentemente indican los hechos, tengo que aclararle tres cosas—explicó haciendo énfasis con tres dedos de su mano — No soy pareja gay de Natsu, tampoco soy un vagabundo y si su propuesta es ofrecerme un trabajo como actor porno no me interesa en lo más mínimo.
La mezcla entre sorpresa y confusión no se hizo esperar en el rostro del hombre, quien hecho la cabeza hacia atrás — ¿Qué? Joven Fullbuster no entiendo el por qué de sus aclaraciones, pero mi propuesta viene a ser parte de la Cadena Empresarial Lamia Scale.
Sintió que la quijada se desencajaba de su lugar y un escalofrió lo recorría, no podía ser cierto— ¿Lamia Scale?— repitió creyendo no haber escuchado bien.
—Así es, no sé si estés al tanto pero fui Asesor Empresarial de tu hermano Lyon y lo coloque en la gerencia de nuestras empresas en Estados Unidos.
En definitiva la mandíbula se le cayó hasta el suelo y los globos oculares casi se le salen de sus orbitas cuando pilló con quien estaba tratando ¡Jura, la cabeza de Lamia Scale! Uno de los diez líderes internacionales en cuestión de empresas. ¿Cómo lo sabía? Porque Lyon lo admiraba tanto que no dejaba de parlotear cuando el mismísimo Jura lo ascendió a un importante puesto. E incluso la soberbia Ultear lo tenía en estima.
Y él… lo había confundido con un actor de videos para adultos y además le había hablado cortantemente. Una tremenda vergüenza lo invadió y le acaloró el rostro.
— ¡Oh diablos, ya lo recuerdo, lo siento! Olvide lo que dije anteriormente, no piense que estoy loco algo así— se disculpó rápidamente sintiéndose un completo idiota malpensado.
Para su suerte el mayor no se había inmutado ni un poco por la sarta de tonterías que había dicho, si no todo lo contrario, mantenía los músculos faciales relajados y una sonrisa gentil—Tranquilo joven Gray, Lyon me dijo que podrías estar bastante desorientado por el cambio en tu vida; pero que serás bueno para el empleo, si es que te interesa.
En cualquier otra ocasión se hubiera sentido ofendido por lo dicho por Lyon —puesto que en pocas palabras lo llamo bebé delicado— pero hoy se sentía realmente agradecido por el gran favor que le había hecho al salvarlo de quedar marcado como un loco. Claro que nunca se lo agradecería, tenía su orgullo.
Carraspeó levemente para recuperar la postura y verse lo mas profesionalmente posible (aunque su apariencia no lo ayudaba mucho) —Sí, bien. ¿De qué trata?
—Como sabrás una de mis asignaciones es la gestión de talento, lo que implica ofrecer jóvenes promesas con alto potencial a las Empresas Lamia Scale. Lyon me dijo que cuentas con una excelente condición física, que por lo visto tienes —ahora entendía por que miraba su cuerpo de esa manera—Por lo tanto la propuesta que te tengo es un puesto como guardia de seguridad para la empresa. Si ellos ven que eres eficiente en ello, entonces podre proponerte para un ascenso a algo más relevante.
¡Trabajar para Lamia Scale! ¡Como guardia! Casi escuchaba un coro celestial y un aura iluminándolo, porque eso era lo más maravilloso que había escuchado en todo el día. Estuvo por exclamar felizmente "¡Eso es genial! Por supuesto que sí" pero se vería muy desesperado, y ese no era su estilo.
—Me parece bien ¿Cuándo empezaría?— preguntó desinteresadamente viendo hacia el techo como si fuera lo más interesante del mundo.
—Mañana. Habrá una audición para cierta Agencia de modelaje reconocida donde habrá gran cantidad de representantes de Empresas incluyendo a Lamia Scale y debido a que estarán concentrados en un solo lugar es probable que salga a flote la rivalidad empresarial y surjan riñas. Necesito que estés presente para que te asegures de que nuestros representantes no se vean involucrados en ellas, pues eso afectaría nuestra imagen — recogió una carpeta que reposaba sobre el sofá y sustrajo una hoja que le entregó —Aquí encontraras todo lo que necesitas saber.
— ¡El pollo está listo!- Natsu salió cacareando algo sobre su platillo especial y una invitación a cenar a Jura.
Él realmente no presto mucha atención puesto que leía la hoja donde mencionaba requisitos, horario, dirección, objetivos, etc. Pero por su mente solo divagaba un feliz pensamiento:
"¡Por fin un trabajo digno!"
Algunos conceptos usados en el capitulo…
Raza Chihuahua: Los perritos más pequeños del mundo y originarios de México y orgullosamente deben su nombre al Estado donde vivo. También se le conoce como Chihuahueño. Lo especifico por que se que hay lectores de todas partes del mundo. No sé si en sus países también se les conozca así ¿Podrían aclarármelo y si no, decirme como los llaman en su país?
Pelon de Brazzers: Un meme de Facebook que tuvo mucho éxito en cierta temporada. Para los que no les toco verlo u no saben de que se trata Brazzers es un sitio de videos pornográficos y un actor de ellos es calvo y se parece a Jura (Lo siento, en cuanto lo vi no pude evitar hacer la comparación)
Fin de aclaraciones, a continuación notas de la autora (si gustan saltarlo, es puro relleno jaja)
Ahora sí ¡Hola mundo de los fanfics! Tuve que desempolvar las telarañas que tenía en mi cuenta después de tanto tiempo ausente jeje. Bueno ¿Con que excusa les salgo después de haber desaparecido descaradamente durante año y medio? Han pasado mil cosas en mi vida desde entonces pero no tengo ninguna justificación que contarles, solo agradecerles si es que han leído este capítulo.
Y ya hablando del capítulo eh de decir que me reí bastante torturando al pobre Gray, su vida entera es una tragicomedia ¿Cuál de sus trabajos les gusto más? ¿Creen que Gray terminara haciéndose homofóbico? Jaja como de seguro notaron ya está todo traumado, pero ni así se le quita la costumbre exhibicionista que tiene. Y en cuanto a Juvia se fue de vacaciones conmigo en todo el tiempo que no actualice y aun no regresa… bueno en realidad el capitulo se me hizo muy largo así que la tan esperada y misteriosa cena con su padre será revelada hasta el siguiente capítulo, en el que si tendrá bastante participación.
Bueno estimados lectorcillos (me imagine al gato de Sting de colores jaja) creo que ya estoy perdiendo la conciencia por el cansancio, espero contar con sus nutritivos reviews de vitamina i para poder echarle los kilos al próximo capítulo :)
Los extrañaTris-chan
