Algunos de los personajes de esta historia son de la querida Stephenie Meyer, y otros son propiedad mía. Yo solo narro lo que dicta mi imaginación.

Queda prohibida su adaptación o copia sin permiso de la autora.

Debo aclarara que esta historia si es inspirada en la telenovela El Clon. Quería hacer una historia como esta pero cambiando varias cosas.

Capítulo 2: Culpable.

—¡Nos iremos a Marruecos! —exclamo Carlisle mostrando los boletos de avión que llevaba en la mano. Su esposa Esme de belleza grácil aplaudió feliz por la idea de irse de vacaciones al otro lado del mundo. Por otro lado, su hijo Edward no estaba tan entusiasmado con la idea de irse a un lugar demasiado lejos.

—No pienso ir —farfullo molesto —Esta demasiado lejos y el próximo fin de semana iré con mis amigos y Tanya a una fiesta.

—No me importa si no quieres ir con nosotros. Lo vas a hacer porque yo te lo ordeno —sentenció su padre, como buena autoridad en su casa. El cobrizo miro a su madre con, sus ojos de color verde esmeralda, que suplicaban de su apoyo.

—Lo siento Edward pero la decisión está tomada. Iremos en familia y eso es lo que importa ahora —fue su última palabra antes de abrazar a su marido.

—Está bien —mascullo resignado —pero solo estaré tres días con ustedes y después me regresare para ir con mis amigos. —sin mas salió rumbo a su habitación para preparar sus maletas.

Durante la tarde los padres de Edward se dedicaron a terminar algunos pendientes de su empresa de Exportación, para poder ir sin ninguna interferencia a sus vacaciones. Edward también se encargo de cancelar sus citas y prometió posponerlas para otra ocasión. Odiaba hacerlo, pero era por su familia y esperaba que este viaje resultara ser un poco más extraordinario de lo que se imaginaba.

Por la noche ya se encontraban en el aeropuerto esperando su vuelo. Edward se quedaba dormido por varios segundos hasta que sentía que su cabeza se balanceaba hacia un lado. Esme lo despertó en varias ocasiones evitando que si hijo se golpeara contra el suelo.

El vuelo de Florida a Marruecos tardo casi diez horas y media haciendo que el viaje para el cobrizo fuera aun más aburrido. Sus padres tenían un humor contrario al de su hijo: ellos estaban felices por conocer este país que consideraban una de las muchas maravillas del mundo. Edward se sintió feliz por ellos. Cayo en cuenta que por eso iba a un desierto con mucho calor, solo para ver felices a sus seres queridos.

Al llegar a Fez buscaron un buen hotel para hospedarse. Carlisle les advirtió que tenían que estar listos antes de las cuatro de la tarde. Iban a visitar a un viejo amigo de Carlisle. Fue otra de las razones por las cuales decidieron vacacionar en ese lugar árido.

Edward no entendía cómo es que su padre sabía bien por dónde ir. Cruzaron el mercado donde él se quedaba viendo varias cosas que le llamaban la atención. Detuvieron su andar cuando llegaron justo frente a una gran puerta de madera. El cobrizo se sorprendió por ver la fachada de esa casa.

—Carlisle! —una voz masculina se escucho del otro lado de la puerta, al mismo tiempo vio como un hombre abrazaba a su padre —Traes luz a esta casa.

—Abdel, viejo amigo —le devolvió el saludo —hacía tiempo que no nos veíamos.

—Lo mismo digo —miro detrás del rubio visualizando a la esposa e hijo de su amigo —Me alegra que trajeras a tu familia —camino hacia la mujer estrecho su mano y después hizo lo mismo con el cobrizo.

—Esme Cullen, mucho gusto. —se presento ella.

—Edward Cullen —sonrió pero esa sonrisa no le llegaba a los ojos.

—Edward, tú me recuerda mucho a tu padre cuando era joven. Aun lo sigue siendo, pero te pareces a sus diecisiete años —Abdel miro al cobrizo y después a Carlisle.

—Eso es mentira. Edward es más parecido a su madre que a mí —bromeo.

—Yo nunca miento Carlisle... —hizo una pausa —Bien, hemos estado tiempo aquí afuera. Es momento de entrar y comer algo. Adelante pasen.

Fue una tarde tranquila mientras la familia Cullen convivía con el señor Abdel Eljall De pronto una música se comenzó a escuchar a lo lejos. Los invitados y el anfitrión estaban muy concentrados en su charla que no se percataron que el joven Cullen ya no estaba ahí.

Edward iba en busca del origen de la música. Se perdió en varios pasillos pero al final la encontró con rotundo éxito. Los aplausos y sonidos de las mujeres eran más nítidos cuando estuvo en la puerto. Una cortina impedía ver bien lo que las mujeres aplaudían.

La música lo hechizo de pies a cabeza. Al final cuando la vio por primera vez ya no fue la música lo que lo elevaba. Era ella, la chica de ojos del mismo color que el chocolate y piel de porcelana resplandecía aun mas con un traje de danza árabe color azul.

Le sonrió para después decirle: —Bailas muy bien —de pronto todo a su alrededor había desaparecido y solo quedaban ellos. Cruzando sus miradas y fugándose a otro cosmos. Los dos juntos.

—¡¿Que sucede aquí?! —Grito el señor Eljall molesto al encontrar a su sobrina semidesnuda frente a un extranjero —¡Isabella cúbrete! —gruño

—Lo lamento Abdel. Es solo un joven que no sabe lo que hace —se disculpo Carlisle.

—Llévate a tu hijo de la habitación —sin nada más así lo hizo.

Para evitar problemas se llevo a su hijo fuera de la casa. Debería volver a pedir disculpas pero eso no ocurrió. Carlisle pensó que no regresarían a esa casa después de varios días para pedir una disculpa, a su amigo y a la joven que bailaba. Era lo más conveniente en ese momento.

—Pero, ¿por qué nos vamos? —pregunto sorprendido Edward que solo seguía a sus padres.

—Edward eso fue muy descortés —lo regaño su madre que iba frente a él. Edward estaba frustrado por no saber qué es lo que había hecho mal. —Entrar a una habitación donde hay solo mujeres y una bailando semidesnuda. ¡¿Que te pasaba por la cabeza en ese momento?!

—¡Pero yo solo la vi bailar! No le dije nada malo —se defendió.

—Eso fue lo que hiciste mal. Viste a una mujer semidesnuda. Un hombre desconocido no puede ver a una mujer musulmana de esa manera, ni siquiera con ropa. Necesita tener un velo en la cabeza para que la puedan ver —explico Carlisle histérico por no saber lo que ocurriría con la chica.

—¿Y que pasara con ella? ¿La van a castigar? —pregunto preocupado por la chica. Nunca se había preocupado por nadie que no fuera su familia, eso fue lo que ocasiono que se sintiera extraño por primera vez en su vida. Le había gustado, de verdad que sí.

—Tal vez o tal vez no. Pueden llegar a matarla por exhibirse de esa forma. Aunque realmente no fue su culpa si no tuya, Edward —se detuvo frente a su hijo mostrándole rostro que sin duda podían verse distintas emociones al mismo tiempo: furia, lastima, frustración y miedo.

—Dios… —murmuro Esme con miedo notorio en su voz. Ella también estaba preocupada por la castaña.

—¡No pueden hacer eso! Es inhumano… ella no tuvo la culpa, fui yo quien irrumpió en su habitación.

—Eso lo dirás en otro momento. Mañana vendremos a ofrecer una disculpa. Esperemos que la joven no salga dañada. —continuaron su andar hasta el hotel.

Edward recordó la mirada tan profunda de la chica. Primero bailando con aquellos movimientos de cadera y después las manos las cuales movían un velo azul. De pronto otro pensamiento llego a su cabeza. La chica quemada viva, como lo hacían en épocas pasadas con las brujas. Ni siquiera supo como ese pensamiento tan terrible vino a su cabeza.

Esa noche no pudo dormir tranquilo. Deseaba correr hasta esa casa pedirle una disculpa al señor Eljall para después correr a la habitación de la chica hacer lo mismo después de abrazarla y darle un beso en su delicada mejilla. Pero no lo podía hacer porque eso sería como sentenciar de nuevo a la joven castaña.

—¿Cuál será tu nombre? —Preguntaba al aire pensando en la hermosa castaña de piel blanca y hermosos ojos —Tu no pareces de aquí —soltó un suspiro —Espero volver a verte de nuevo, pero esta vez lejos de todo el mundo que te rodea.

De pronto comenzó a sentirse ridículo por la situación que estaba pasando. Nunca antes había hablado con alguien que si existe pero que no está presente. Por nadie había suspirado de esa manera. Había algo en la chica que lo hizo sentirse en las nubes, en otro cosmos esa tarde. Y deseaba verla de nuevo, para apreciarla más de cerca. Después de varios minutos de seguir pensando en ella pudo conciliar el sueño.

Al día siguiente fue algo muy agitado para el cobrizo, ya que Esme le había pedido que la acompañara al mercado para comprar algunas joyas. Por supuesto que Edward no se iba a negar. Carlisle había ido temprano a la casa Eljall para ofrecer una disculpa en nombre de su hijo, Edward también quería ir pero por desgracia no fue notificado de que su padre iría temprano.

Espero a su madre con una bolsa en sus manos. Se comenzaba a aburrir un poco en ese mercado. Pero de pronto, frente a sus ojos apareció una bella joven que lo miraba con esos hermosos ojos chocolates. Edward le sonrió, se fue acercando a ella lentamente. Ya más de cerca pudo identificarla. Era ella. La joven que bailaba semidesnuda en la habitación en la que el irrumpió.

—Hola —la saludo sonriente de volver a verla. Ella miro para todos lados para ver si alguien la veía.

—No deberíamos hablar —bajo la mirada.

—¿Por qué? No es algo malo.

—Lo es. Mas cuando no te conozco. Es… —una voz la interrumpió. Era Liynaa quien la llamaba. De pronto su rostro mostro temor. Para evitar otro problema Edward se alejo de ella lentamente. Sin llamar la atención de la acompañante de la castaña. Se fue sin decir nada.

—Te volveré a ver… —murmuro el cobrizo para sí mismo. Y eso era lo que esperaba, volver a verla aun mas cuando estaba deslumbrado por la belleza de la joven, que aunque su cabello estaba cubierto por un velo podía saber de era poseedora de un cabello hermoso bajo la luz del sol.

—Te volveré a ver… — pensó la joven dándole el último vistazo al cobrizo.

Si no es mucho pedir su bella opinión en un Review, que anima mucho a seguir escribiendo