Algunos de los personajes de esta historia son de la querida Stephenie Meyer, y otros son propiedad mía. Yo solo narro lo que dicta mi imaginación.
Queda prohibida su adaptación o copia sin permiso de la autora.
Capítulo 3: Las ruinas
Isabella observo como aquel chico guapo se alejaba rápidamente de la habitación, ante la mirada furiosa de su tío. Volvió hacia Abdel, que parecía estremecerse del enojo contenido. Ella ya estaba cubierta como lo había ordenado su tío y aun así un aire frío le recorrió su espalda. Algo nada bueno estaba a punto de ocurrir.
—¿Que pretendes Isabella? ¿Derrumbar el techo de esta casa? ¿Quemarte en el mármol del infierno? ¡¿Eso es lo que quieres?! —inquirió molesto por el acto que había cometido Bella.
—Claro que no tío, yo solo estaba bailando un poco —hizo una pausa —lo cual creo que no es nada malo.
—No es malo. Pero te ha visto un oriental, un extranjero, y por tu inconsciencia has cometido un gran *Haram: exhibirte es el pecado que has cometido.—exclamo furioso
—Pero yo no iba a saber que tendrías visitas. Ni siquiera sabía que era extranjero —Respondía en su defensa, lo cual una mujer musulmana no tenia que replicar a un hombre, mucho menos siendo su tío.
—Es mejor que vayas a cambiarte ahora. Cuando termines ve a mi despacho y hablaremos ahí. Tendrás tu castigo... —sin más Abdel salió de la habitación. Isabella se quedo parada unos instantes, reprendiendo las lágrimas de furia que estaban por salir.
Sin más fue a su habitación. Hizo lo posible por armarse de valor e ir a enfrentar de nuevo a su tío. Ya vestida de una manera más recatada se dirigió al despacho de su tío. Pero antes de llegar se encontró con Liynaa obligándola a detenerse.
—Te daré un consejo, Bella. Mantén tu boca cerrada si no quieres que tu tío Abdel se enfurezca más. —murmuro para después irse a la cocina.
Ya en la puerta Bella suspiro antes de llamarlo. Abdel dijo que pasara. Por alguna razón, estaba tranquila después de todo.
—Por cosas de ese nivel los castigos son peores. Y sabes, estoy siendo muy bueno contigo Isabella. Por exhibirse de esa manera frente a un oriental te daría cincuenta latigazos —pronuncio firme ante de decisión —Pero se que no tienes la misma educación que tenemos nosotros. Así que reduciré tu castigo. Volverás a leer las leyes del Corán y dentro de tres días te preguntare lo necesario. —Está bien —bajo la cabeza
—Bien Isabella, espero que aprendas un poco de esto y no vuelvas a cometer los mismos errores de esta tarde. —Le entrego el libro sagrado a su sobrina y continuo —Ahora ve con tu prima, necesitas ayudarle para esta noche. Vendrá su novio para que la conozca —el rostro de Abdel cambio completamente al hablar del prometido de Nadira. Y era de esperarse, estaba orgulloso de ella.
Un poco más tarde, la castaña disfrutaba de los bocadillos que se había preparado su prima para su próximo esposo. Mientras masticaba miraba como algunas mujeres de la casa se dispersaban por la habitación para arreglar todo y que Nadira se viera hermosa.
—No entiendo porque tanto el alboroto por un simple hombre el cual se comprometerá con Nadira... —expreso pues aun creía que los arreglos matrimoniales eran algo inapropiado para el corazón. Pero así era su costumbre y nadie podía cambiar eso.
—Así deberá ser Bella. Aun mas cuando quieres lo mejor para tu familia. —no entendía a que se refería Liynaa, prefirió asentir sin comprender.
—Bueno, creo que yo me casare cuando de verdad me enamore. —farfullo mientras tomaba otro bocadillo de la bandeja. Una de las mujeres del servicio llego apresurada para anunciar que los hermanos Salim habían llegado.
Todas comenzaron a dar vueltas, Bella se quedo observando cómo su prima se ponía más nerviosa. Liynaa fue a la sala para ver bien a los muchachos. La castaña intentaba controlar a su pobre prima, la cual estaba decidiendo si ir o no. Los nervios los tenía a flor de piel.
Liynaa llego cabizbaja pero con una sonrisa en el rostro. Al cruzar la mirada con Nadira su rostro se iluminó ampliando su sonrisa. Era obvio que los hombres que habían llegado a la mansión eran bastante atractivos.
—Y bien... ¡habla ya! —exigió eufórica, necesitaba saber qué es lo que pasaba.
—Los dos son muy apuesto. —Dijo sin más —aunque uno no es tan agraciado, es muy apuesto pero su cuerpo es un poco grande.
—¿Cómo?
—Me refiero a que parece ser que al caminar necesita hacerlo despacio, es muy torpe. Pero eso no le quita lo guapo —hizo una pausa y después comento mirando a Isabella —Y creo que harán un trato para que tú te cases con el otro...
—¡No pueden hacer eso! —grito, la sangre le subía al rostro y la furia contenida hacia que todo su cuerpo se estremeciera.
—Bella no te puedes oponer contra lo que diga tu tío. Sabes que no le gusta que le repliquen, y mucho menos las mujeres de esta casa. —le recordó a la castaña haciendo que se controlara un poco.
—¿Por qué hace eso?... —pregunto en susurro vencida por el dominio de su pariente.
—Porque cree que es lo mejor para ti.
Mientras ellas discutían, Nadira estaba lista para acudir con su prometido. Le desearon toda la suerte del mundo mientras la veían partir. Esperaron poco más de diez minutos. Y fue cuando ella llego. Sus ojos mostraban otro resplandor, y en efecto el chico le había gustado.
—¿Y qué tal estaba? —pregunto Bella un poco socarrona.
—Nada mal —se limito a responder.
Durante la noche, Isabella no pudo conciliar el sueño por culpa de la ansiedad que sentía con la idea de que su tío la comprometiera con un tipo que no conocía. Ella lo había dicho claro, pero era obvio de que su tío no respetaría su decisión.
Después de un par de horas pudo dormir, pero a su mente o quizás era un sueño, el chido de aquellos ojos verdes venia a su cabeza una y otra vez. Despertó varias veces por culpa del cobrizo, quien aparecía en sus sueños sonriéndole y brindándole cálidos besos. Tenía que borrarlo de su mente, por el bien de su pobre corazón.
A la mañana siguiente despertó cansada por la falta de sueño. Se dio una ducha rápida pues esa mañana saldrían. En su segundo día en Fez, Marruecos. Le parecía algo normal salir, pero no cuando tenías que estar cubierta todo el tiempo sin que los rayos del sol calentaran tu cuerpo.
Después del desayuno se dio cuenta que el mismo señor que visito a su tio la noche anterior se encontraba ahí, tuvo la ansiedad de entrar y preguntar cómo se encontraba su hijo. Pero no lo hizo por que las leyes eran diferentes. Se dio cuenta de que estaba preocupada por el cobrizo. Era mejor olvidarlo cuando ya la había comprometido.
Salieron rumbo al mercado, sus ojos iban por todos los puestos de oro que se encontraba. Cuando estuviera casada su marido le tendría que comprar todo lo que ella quisiera. Lo bueno de Isabella era que no solía ser tan vanidosa, de hecho era muy sencilla, se conformaba con todo lo que le ofrecían, y eso era muy bueno.
Se quedo en un pequeño local admirando varios artículos. Comenzó a caminar después de un par de minutos hasta que alguien la detuvo. Era él, el chico que le había quitado el sueño esa noche. Edward estaba sonriente. La castaña deseaba no tener corazón en ese momento pues le latía demasiado rápido.
—Hola —hablo con aquella voz aterciopelada que la chica no podía olvidar. Por costumbre bajo la mirada de inmediato, pero sintió esa necesidad de mirarlo a los ojos. Pero era algo indecente hablar con algún extraño.
—No deberíamos hablar —susurro
—¿Por qué? No es algo malo. —parecía divertido, pero el cobrizo no sabía las consecuencias que podía tener Isabella si alguien conocido la viera con un extraño.
—Lo es. Más cuando no te conozco. Es… —en ese momento se estremeció al escuchar la voz de Liynaa. Si la encontraba junto al extranjero tendría mala suerte con su tio. Sintió como alguien se alejaba, y era el chico. "Tal vez sabe las consecuencias" pensó mientras lo veía alejarse.
—Te volveré a ver…
No dijo nada, simplemente llego a lado de su confidente. Tenía ganas de decirle que se había topado con el chico guapo de esa noche, pero no podía. Liynaa le informo que debían ir con su prima. Ella acepto sin decir nada. Un momento después se había alejado de la multitud, y del cobrizo también.
Pasearon durante toda la tarde. Se maravillo con unas ruinas que se encontraban el lado norte de la pequeña ciudad. Ya estaba cansada y lo único que quería era llegar a descansar. Pasaron por última vez al mercado. Liynaa se tardo un poco más y Bella fue a recorrer el mercado una vez más. Gracias al cielo que ya no estaba tan perdida.
De pronto sintió como la tomaban del brazo. Se asusto por un momento, pero cuando vio quien era se tranquilizo. De nuevo el chico de los ojos verdes estaba frente a ella, con aquella sonrisa que rompía más de mil corazones al mismo tiempo. Miro a todos lados. Nadie los observaba.
—Sígueme…— susurro ella. Aquella voz sonó segura y lo único que quería era poder hablar con el cobrizo sin interferencia de nadie. Sabía que estaba en peligro mortal.
Lo llevo hasta las ruinas, donde hacia unas horas ella se encontraba. Estaba desolado, el crepúsculo estaba a todo su esplendor. Necesitaban hablar rápido antes de que la luz de la luna comenzara a brillar intensamente.
—¿Cómo te llamas? —pregunto el anhelando la respuesta. Edward sabia que los dos podrían estar en peligro, pero eso no le importaba cuando la chica más hermosa que había visto estaba junto a él. Sus miradas se encontraron por primera vez sin interrupción de nadie y ambos volvieron a viajar a otro cosmos.
—Isabella Eljall. ¿Y tú?
—Edward Cullen, es un placer —estiro la mano para poder estrechar la mano con ella, pero bella se negó.
—No estamos haciendo lo correcto, tú eres un extraño pero hay algo en ti que me tiene intranquila.
—Opino lo mismo. Eres hermosa… —las últimas palabras hicieron para que el corazón de vela diera un vuelco inesperado, y sus mejillas comenzaran a arder.
—Gracias… —bajo la mirada un momento, entonces prosiguió —no debemos hacer esto, es haram.
—¿Haram? ¿Qué es eso?—pregunto incrédulo sin dejar de sonreír.
—Es pecado.
—Hablar no es pecado. Es lo mejor que nos puede pasar.
—Para ti no lo es, pero para mí sí. Tenemos diferentes costumbres. No podemos estar juntos —dijo en un tono muy doloroso para ambos. Edward se acerco mas a ella, elevo su mano y toco la mejilla de Bella, era suave, la piel más suave que había tocado en toda su vida. Ella se alejo asustada.
—No temas, no te hare nada malo. Me gustas, y lo único que deseo es que no sufras.
—Es que no me puedes tocar, ningún hombre me puede tocar. Solo mi marido.
—¿Tienes marido?
—No, aun no… pero será el único hombre que me podrá tocar, mientras tanto necesito seguir siendo yo.
—Okay. — Dudo por un minuto y entonces pregunto —¿por tus costumbres no has tenido novio? —Ella negó con la cabeza —¿ y no has besado a nadie? —volvió a negar — bien…
Fue entonces cuando no lo dudo ni un minuto, se acerco a ella y le dio un beso en la mejilla. Sonrió satisfecho por su logro, mientras que ella estaba como estatua frente a él. Ambos sintieron una conexión la cual no sabían describir. En resumen, fue hermoso ese preciado momento.
—Tenemos que irnos —dijo el obrizo, ella no respondió simplemente lo siguió. —Cuando veníamos aquí, tú me dijiste que te siguiera y pensé: hasta el fin del mundo —confesó sin temor a ser rechazado.
—Yo también lo haría —respondió ella.
Ambos tenias sentimientos encontrados, por un lado la emoción de haber charlado un poco y por el otro el temor de ser descubierto y no volverse a ver jamás.
*Haram: pecado, como bien lo dijo nuestra queridaBella.
Si no es mucho pedir su bella opinión en un Review, que anima mucho a seguir escribiendo
