Capítulo Dos: Cuando conoces gente rara, tu vida se torna rara.
Las paredes de un blanco impecable. Los vidrios tan cristalinos que parecía no estuviesen ahí. Pisos pulidos y brillantes. Un aroma ligero a limpiador de pisos y una luz casi deslumbrante iluminando los pasillos. Casi se sentía en el escenario de un drama shojou de moda. Parpadeó aturdido y aspiró profundo antes de empujar la puerta para ingresar a lo que sería su nueva celda. Si, Naruto también era un poco exagerado.
—Buenos días, señor Uzumaki. —Naruto ni siquiera había terminado de abrir la puerta cuando el hombre, que suponía era su nuevo profesor de… miró rápidamente el horario en la contraparte del mapa de la escuela, literatura. Hojeó lo más rápido que pudo el montón de papeles que le había dado la directora y se encontró la nota de presentación que debía mostrarle a cada uno de los profesores y frunció un poco el ceño, extrañado porque el maestro supiera su apellido.
El hombre, enfundado en un traje negro con camisa blanca y corbata azul le sonrió amablemente.
—Tu papá me habló sobre ti. —musitó quedo mientras ponía una mano sobre su hombro y lo colocaba frente a la clase. La mayoría de los chicos en ese momento guardaron silencio y fijaron sus miradas en Naruto, que al notar la mirada ansiosa de todas las féminas del lugar no pudo evitar sonreír con su usual encanto.
Se apresuró a presentarse y se sintió encantado cuando fue bombardeado por un sinfín de preguntas de toda clase. El hecho de que provenía de una escuela de bastante renombre en Tokio le hizo ganarse la atención de casi todos, aunque mentir un poquito diciendo que su padre había decidido regresar a su pueblo natal y no hablar sobre sus múltiples problemas de faldas podría ser considerado como algo muy feo, decidió que venderse como el hijo resignado y amoroso que se encarga de ayudar a su padre a seguir sus sueños sonaba más en onda para ese montón de chicos pueblerinos.
El profesor Umino se mostró bastante receptivo a sus palabras y al final de la clase, además de ponerlo al corriente sobre los libros que tenía que leer para alcanzar el curso, le pidió que saludara a su padre.
Las siguientes dos clases se manejaron de manera similar, aunque los alumnos del grupo eran los mismos, se mostraban bastante interesados en cualquier cosa que el fenómeno Uzumaki pudiese decir, obligando al profesor en turno a interesarse también en las palabras del joven novedad.
Durante la clase de matemáticas tuvo hora libre, que la mayoría aprovechó para ponerse al corriente con sus tareas atrasadas y que Naruto utilizó para conocer a los que serían a partir de ese momento, buenos amigos de por vida. Inuzuka Kiba, alocado y alborotado chico que soñaba con ser veterinario. Aburame Shino, futuro entomólogo (aunque Naruto prefirió obviar a que se refería, decidiendo buscar más tarde la definición en internet) le pareció un tanto extraño, pero igualmente le sonrió animoso. Akimichi Choji con quien congenió al hablar largamente sobre los diferentes estilos para preparar ramen y Rock Lee, quien habló tendidamente sobre lo importante que era que alguien tan animoso como Naruto hubiese llegado a su escuela.
—Durante el descanso te presentaremos a Shikamaru. —comentó Choji, —Está en la clase de los avanzados, pero es buen tipo.
—Sí, fue un asco que el profesor Sarutobi descubriera que respondía mal en los exámenes a propósito. —Naruto arqueó un poco la ceja, creyendo imposible que alguien deliberadamente se equivocase en los exámenes.
—Ni hablar, a veces no queda más que aceptar el destino.
—Shikamaru debe de estar con aquellos que le estimulen su prodigiosa mente para poder aprovechar al máximo su juventud y así poder reunir preciosos recuerdos de esta maravillosa experiencia… —Naruto miró embelesado al chico, no sólo porque parecía que sus oscuros ojos brillaban conforme cada palabra, aún más rebuscada que la anterior, brotaba de sus labios, sino porque simplemente creyó toda aquella letanía sobre el indomable espíritu de la juventud que cada uno de ellos poseía.
Cuando notaron como el joven Rock Lee ganaba un nuevo adepto, los demás chicos suspiraron y decidieron que Naruto no era tan "cool" como parecía.
Las chicas tuvieron su turno poco antes de terminar el periodo de estudio libre. Hyuga Hinata era muy dulce y Naruto no pudo evitar regalarle una sonrisa de verdadera simpatía, aunque entendió porque la joven se puso tan roja como una manzana de temporada, no sintió el usual deseo de aprovecharse de aquel evidente interés. Yamanaka Ino era una descarada, consciente de su agradable figura, llamativo cabello y personalidad explosiva, parecía exudar tanta confianza que por un momento, muy chiquito por cierto, intimidó un poco a Naruto. El susurro compadecido de Tenten, diciéndole que agradeciera el hecho de que Sakura no estuviese en el mismo grupo, avisó a Naruto que debía estar al pendiente de nunca estar cerca de esas dos juntas, y Naruto decidió hacerle caso, pues si bien no conocía a la tal Sakura, ya en muchas ocasiones se había visto en problemas por tener dos chicas de carácter fuerte juntas.
El día pasó con total tranquilidad después de eso, a excepción de cuando tuvo que conocer a su profesor de apoyo, ya que, aunque llegó puntualmente a la oficina de este, luego de que terminara su clase, encontró la puerta cerrada. Esperó pacientemente a un lado de la entrada, preguntándose por qué demonios se había apresurado tanto en llegar al lugar, no era que se caracterizara por estar a tiempo en sus compromisos, pero la firme declaración de su padre acerca de lo importante que es ser puntual, en donde cosas como, castrarte, fueron escuchadas, Naruto se dijo que por lo menos un tiempo podría portarse bien (además de que aún no miraba nada que llamara particularmente su atención y en algo tenía que distraerse).
—Ah, Namikaze. —Naruto levantó la cabeza. Luego de treinta minutos había deslizado su espalda por la pared hasta quedar sentado en el suelo, entreteniéndose con uno de los libros que le habían proporcionado hacía unas horas. Un hombre de alborotado cabello claro se inclinó un poco hacía él y el joven rubio pudo percatarse del color inusual en los ojos de ese hombre.
—Uzumaki. —respondió Naruto, poniéndose de pie. El hombre era mucho más alto de lo que había imaginado y se preguntó si la bufanda blanca que cubría la mitad de su cara no le incomodaba al hablar.
—Ah, como la madre. —el tono divertido del hombre hizo que Naruto arrugara un poco el ceño. Parecía que ahí había bastante gente que parecía conocer a su padre y su madre. Comprensible considerando que era el pueblo natal de sus progenitores, pero estaba empezando a desesperarlo el hecho de que todos le miraran de esa manera.
—¿Profesor Hatake? —Naruto sacudió la parte trasera de su pantalón, mientras el hombre metía la llave en el cerrojo de la puerta y procedía a abrirla.
—Así es, pequeño Namikaze. —el tono burlón no pasó desapercibido para Naruto, pero decidió que por el momento lo obviaría un poco. —Pasa. —el rubio entró después del profesor y se entretuvo mirando la oficina que parecía bastante más ordenada de lo que Naruto había esperado.
—Uzumaki. —repitió alargando un poco la pronunciación. Se quedó de pie frente al escritorio de Hatake y le sonrió encantador. El profesor le miró por unos segundos, sus ojos se cerraron un poquito, señal inequívoca de que estaba sonriendo. Naruto se felicitó por dentro.
—Como sea. ¿Qué se supone que tengo que hacer contigo? —Hatake colocó su brazo sobre el escritorio y después apoyó su mentón en la palma de su mano, mirándolo fijamente. Naruto parpadeó un par de veces. Abrió su boca. La cerró. La volvió a abrir. Arrugó su nariz y después volvió a cerrar su boca. El hombre sonrió, mucho esta vez, la bufanda incluso se le movió un poco. —Tienes razón, te pega más Uzumaki.
Naruto salió bastante enojado de la oficina del profesor Hatake. El hombre era más bien desesperante y se había pasado casi una hora molestándolo con cosas intrascendentes. Le había incomodado hasta el cansancio y cuando estaba a punto de saltar por encima del escritorio para estrangularlo, decidió ponerse en su plan de docente y le había dejado caer enfrente un par de libros y un cuaderno con apuntes, que resumió en pocas palabras.
Uzumaki Naruto tendría tiempo a penas para respirar durante las dos semanas siguientes. Y era sólo para regularizarlo en matemáticas y ciencias. Estúpido instituto con perfil universitario perdido en el pueblo más alejado de la civilización humana.
—Idiota. —Naruto giró sobre sus talones, hecho una furia, dispuesto a descargar toda su frustración con el estúpido iluso que había osado atravesarse en su camino. Pero con la misma rapidez con la que volteó, su enojo se esfumó. Parpadeó (nuevamente) un par de veces y miró la pequeña tarjetita plástica con su fotografía en él.
Su identificación escolar.
—Gracias. —balbuceó. Tomándola con su dedo índice y pulgar, olvidando por un instante su enojo (y el insulto).
—Idiota. —Naruto arrancó la identificación de los dedos de aquel ser despreciable y fijó sus azules ojos en él. Y volvió a olvidar su enfado. Parpadeó de nuevo y el chico frente a él bufó exasperado. Naruto boqueó un par de veces pero ni una palabra brotó de sus labios. —Y tarado además.
—¡Oye! —exclamó indignado. El chico frente a él fijó sus oscuros ojos en él y sonrió altanero.
—Uchiha Sasuke. —el tono varonil en la voz del chico hizo que el corazón de Naruto diera un brinquito y se asustó. —Tu tutor.
