Capítulo Tres: Si no puedes con ellas… no puedes con ellas.

Caminando a un lado de aquel exasperante chico, Naruto trató de recordar cómo había terminado de esa manera. Sí, admitía que no debió de haber enamorado a la profesora Terada. Y que tampoco debió de reírse de su esposo. Tampoco debió involucrar a su querido progenitor.

¡Pero ese no le parecía suficiente motivo para el tormento-Uchiha que ahora caminaba a su lado!

El hombre le había parecido casi irreal los primeros minutos, y aunque su voz ronca y varonil había hecho que Naruto tuviera un montón de pensamientos homosexuales (los cuales jamás se atrevería a confirmar en la vida), parecía que sólo podían brotar palabras groseras y altisonantes como si fuese un vulgar pordiosero. Claro que se enfadó aún más cuando se cruzaron frente a un par de mujeres mayores que sonrieron encantadas a su ahora acompañante, mandándole saludos a la que seguramente era la madre del tormento-Uchiha. Jodido cabrón con bipolaridad. No hacía menos de cinco minutos que había escupido insultos como el mafioso de más baja categoría y ahora parecía un pequeño ángel caído del cielo para beneficiar a indefensas ancianitas con su magnificencia.

—Estúpido. —balbuceó mientras el Uchiha hacía una pequeña reverencia y su sonrisa se esfumaba en cuanto las mujeres mayores desaparecían por la esquina de la cuadra.

—No hago nada diferente de lo que haces tú, tarado. —Naruto arrugó un poquito las cejas.

—No me compares contigo, imbécil. —El Uchiha sonrió.

—No lo hago, yo tengo clase. —el rubio sujetó el cuello de la camisa de Sasuke y lo empujó contra la pared. El moreno sonrió. Naruto bufó y lo soltó, maldiciendo por lo bajo.

—¡Eres exasperante! —Sasuke arqueó una ceja y continuó caminando.

—Me sorprende que un mono como tú, sepa siquiera lo que significa esa palabra. —Naruto sintió un espasmo subirle por la espalda, pero apretó los puños y se obligó a dejar pasar el insulto.

—Y me sé un montón más. —Sasuke le miró de reojo. —Pero no creo que tú las conozcas, así que no quiero humillarte, pesé a que la idea de bajarte de tu nubecita de pequeño príncipe parezca tan atractiva. —¿pequeño príncipe?

—Carcunda. —Naruto lo miró, arrugó un poco su ceño.

—Percebe. —espetó.

—Ñoño. —Sasuke se detuvo.

—Mentecato. —Naruto se paró frente a Sasuke y lo acorraló contra la pared.

—Cenutrio. —Sasuke le miró fijamente a los ojos.

—Pazguato. —Naruto se inclinó sobre él, apoyando su mano derecha en la lisa superficie.

—Zote. —a cada palabra fueron acercándose, en pleno plan de intimidación mutua.

—Lamento interrumpir este erudito intercambio de escarnios… —Naruto y Sasuke giraron los rostros para toparse con un chico alto, muy parecido a Sasuke, quien empujó rudamente el brazo de Naruto —pero obstruyen la entrada de mi casa.

Naruto miró hacía su lado izquierdo y notó la puerta de madera. El estilo antiguo de la propiedad le hizo abrir un poquito más de lo habitual sus párpados, y se paró derecho. Así que por eso el tormento-Uchiha se había detenido.

—Lo siento, hermano. —Sasuke se acercó al más alto y Naruto podría haber jurado que sus mejillas adquirieron un pequeño tono rosado. Su corazón dio un firme golpecito contra su pecho y casi grita del susto.

—¿Quién es tu amigo? —le preguntó, mientras colocaba su mano sobre la cabeza de Sasuke en un gesto cariñoso, que pese a ser vergonzoso, según Naruto, su compañero de curso no evitó.

—Es el hijo del doctor Namikaze, le ayudaré a ponerse al corriente con las clases. —el hermano mayor de Sasuke asintió. Alborotó un poco más el cabello de Sasuke y despidiéndose con un ademán de mano de Naruto, entró a la casa.

—¿Por qué no eres así de lindo conmigo? —masculló Naruto inconscientemente. Sasuke le miró con odio puro.

—¿Lindo? —en ese momento, el rubio se dio cuenta de su metida de pata, pero no por ello se arrepintió.

—Ya sabes, sin insultos rimbombantes y esas cosas, como a tu hermano. Insultos, golpes, cosas así, es más normal hacerlo con un hermano y no con un desconocido ¿no? —se encogió de hombros.

—¡Jamás me atrevería a insultar a mi hermano!

—¡Tienes complejo de hermano! —señaló acusador, Naruto.

—¡Jodido idiota! —Naruto no vio llegar el golpe pero sí que lo sintió.

Esa noche, recostado en su cama, mientras miraba pacientemente hacía el techo, con una bolsa con hielos sobre su amoratado ojo, se preguntó cómo había terminado liándose a golpes con otro chico, cuando no había una mujer de por medio. Claro que nunca antes alguien se había atrevido a (o mejor dicho podido) golpearlo en el rostro, por lo que la letanía de quejas que soltó a su padre mientras este le colocaba antiséptico en las cortadas de sus puños sobre lo insoportable que era el Uchiha, no sorprendió a su progenitor.

Naruto maldijo a la directora y a su profesor con igual número de altisonantes palabras, claro que el más amplio repertorio se lo había llevado Uchiha. Y ni siquiera había podido avanzar siquiera un poco en el temario. Su labio partido dolió cuando se rió ante la ironía de la situación. Sin poder hacer nada más que continuar quejándose mentalmente, se durmió.

Tres días después, caminando con desgano, ahora con la corbata un poco floja sobre su cuello y el cabello algo alborotado, sin atisbo de la figura de perfecto estudiante de los días anteriores, arrastraba los pies, sin querer llegar a su destino, cosa inevitable, considerando que estaba a punto de entrar por el portón de la escuela.

—¿Uzumaki Naruto? —Naruto giró sobre sus talones, mostrando una amplia y encantadora sonrisa (que hizo que le doliera el labio) cuando se encontró enfrente suyo a una gran variedad de lindas chicas. La que estaba al frente de todas ellas, delgada y de bonitos ojos verdes hizo que un brillo de apreciación brotara de sus ojos. Aunque el evidente enojo que mostraban todos aquellos lozanos rostros, hicieron que Naruto pensara demasiado bien en su respuesta.

—¿Quién pregunta? —Naruto miró de reojo hacia todos lados, buscando una vía de escape.

—Mi nombre es Haruno Sakura, y quiero saber si fuiste tú quien se atrevió a golpear el rostro de nuestro querido Sasuke. —Naruto arqueó su ceja ¿nuestro? Paseó su mirada en el rostro de aquellas chicas y parecía que por todas corría el mismo pensamiento.

—Fue defensa propia, señorita... —un gritito indignado fue coreado por la pequeña multitud.

—¡¿Cómo te atreviste!? —chilló Sakura, levantando la mano para abofetear a Naruto, pero fue más rápido y le detuvo la mano.

—Defensa propia, ¿oíste? —el siseó amenazador de Naruto sorprendió a la joven. Al rubio no le gustaba intimidar a jovencitas encantadoras, pero no estaba de humor y todavía le dolían las costillas. —Él me golpeó primero, es una actividad legal y reconocida en todo el mundo. —Otro chillido de indignación se escuchó. Esa era su señal para huir. Se había topado con suficientes mujeres enojadas en su vida, una era una eventualidad, dos un suceso… pero ¿veinte? Naruto sabía que ni todo el encanto del mundo le daría la victoria en una situación así.

—¡Suéltame! —rugió, tirando de su mano con más fuerza de la que Naruto se esperaría de una chica pequeñita. —¡Te moleré a palos, gusano! —Naruto abrió grande los ojos. ¡si ahora recordaba el nombre!

—¡Corre ahora que puedes, Naruto! —escuchó el grito de Kiba. Volteó momentáneamente hacía donde escuchó la voz y miró a sus supuestos nuevos amigos reírse de la situación. Cabrones. Ya se la pagarían.

—Verá, señorita Haruno…

—Correría si fuera tú. —La sonrisa de Naruto se esfumó, al igual que el aura asesina del montón de chicas que misteriosamente habían terminado rodeándolo. El tormento-Uchiha pasó caminando a su lado, un bonito moretón casi igual al suyo adornando su párpado derecho.
Naruto no lo pensó más, y pesé que jamás agradecería por la distracción, echó a correr.

Y correr fue lo que hizo durante las siguientes semanas.

Despeinarlo. Golpearlo. Insultarlo. Pasar tiempo con él. Conversar durante el almuerzo (como si soportar la constante tortura a la que lo sometía el tormento-Uchiha fuese un privilegio), absolutamente todas y cada una de las acciones que realizaba y que irremediablemente involucraban a Sasuke se había convertido en tabú para las chicas del colegio.

Y en una cruz para Naruto.

—Si se debiera resumir en pocas palabras la condición del Samurai, diría que es necesario cultivar la inteligencia, la compasión y la valentía. —las palabras que el joven Lee soltaba con más entusiasmo del necesario, parecían mantener viva la atención de sus demás compañeros, pero Naruto miraba distraídamente por la ventana, fijándose como el tormento-Uchiha corría como grácil gacela por el campo de soccer.

Sus pies parecían apenas tocar el suelo y su cabello, como si de una ilusión se tratase, recuperaba su perfecto peinado cuando se detenía. En un momento determinado, pareció que el joven giró hacía donde estaba él y sonrió con altanería. A Naruto se le resbaló el rostro de la mano en la que lo tenía apoyado y de no ser por sus perfectos reflejos se habría golpeado en la frente. Maldito idiota.

—¡Joven Uzumaki, al pasillo! —el grito del profesor Umino le hizo levantarse de un salto.

—Pero…

—Sabe perfectamente que no tolero a los dormilones en mi clase. Salga, por favor. —Naruto estaba por defenderse, pero decidió que lo mejor era salir y aspirar profundamente. Aunque se arrepintió cuando un cubo lleno de agua fue colocado en sus manos.

Había olvidado que Umino Iruka era un profesor anticuado que aún colocaba ese tipo de castigos. Suspiró y deseó que el tiempo corriera más rápido. Aunque luego de que un doloroso hormigueo hiciera doler sus brazos, decidió que sería más conveniente bajar el cubo.

—Yo no lo bajaría si fuera tú, pequeño Namikaze. —Naruto giró su rostro y ahí se topó con la sonriente expresión de su tutor. —Iruka se enojará más contigo. —Naruto no dijo nada y simplemente apretó su agarre en el cubo. —¿Mal día?

—Semanas. —no supo por qué le contestó, pero era mejor que estar sin hacer nada y al menos se distraía de pensar en el entumecimiento de sus brazos.

—Uchiha, ¿eh? —Naruto sabía que no era necesario contestar. Toda la maldita escuela sabía que sus jodidos problemas tenían nombre y apellido.

—Lo peor es que él lo disfruta, y me presta más atención adrede. —Kakashi rió.

—Típico. Está en los genes Uchiha el ser malvado. —Naruto miró de reojo a su profesor, que parecía estar disfrutando de su sufrimiento. Seguro que estaba emparentado con ellos. —¿Has pedido a la directora que te asigne otro apoyo?

—Lo hice. —Naruto dejó caer su cabeza con derrota. —Se rió de mí. —Kakashi también lo hizo.

—Naruto me gustaría apoyarte, pero tu desempeño se ha incrementado considerablemente desde que es tu compañero de estudios, así que no puedo hacer nada por ti. —o mejor dicho, no quería. Estúpido Hatake. Todos en esa escuela parecían disfrutar con su sufrimiento.

Sus autoproclamados amigos se burlaban de él siempre que pasaba corriendo a su lado, seguido de una horda de chicas enfurecidas, que si porque golpeaba a Sasuke, que si porque su adorado príncipe lo esperaba todos los días afuera de su salón, que si porque ahora también eran compañeros en el mismo club… infinidad de cosas.

Ahora incluso temía que lo acusaran por respirar el mismo aire que su adoración. Mujeres locas.

Al terminar las clases, como todos los días, Sasuke tormento-Uchiha, estaba parado a un lado de la puerta del salón de Naruto, y con su mirada altiva observaba el desfile de jovencitas encantadoras que pestañeaban más de lo necesario al pasar caminando a un lado de él.

Algunos alumnos le saludaban, pero simplemente los miraba fijamente, a excepción de unos cuantos a quienes saludaba con un ligero movimiento de cabeza. Cuando todos los alumnos terminaron de salir y Naruto no, Sasuke arrugó el entrecejo y entró, muy enfadado al aula. Naruto golpeaba su cabeza contra el pupitre y el moreno sonrió con maldad.

—¿Haciéndole el amor a tu pupitre? —Naruto ni se molestó en dejar de golpearse.

—Espero a perder la consciencia. —Sasuke sonrió.

—¿Te ayudo? —Naruto levantó la cabeza y un circulito rojo se había dibujado en su frente.

—Puedo solo. —gruñó. Sasuke rió.

—Vamos, idiota, llegaremos tarde al club. —Naruto suspiró resignado, tomó su mochila y siguió a Sasuke.

—¿Por qué no aceptas a alguna de tus locas seguidoras como compañera de estudio y terminamos con esto? Tú no me agradas, yo no te agrado y mis piernas agradecerían enormemente el descanso. —Sasuke sonrió al último comentario aunque los primeros le hicieron endurecer la mirada.

Usualmente era alguien más bien estoico. No le gustaba ser muy expresivo, en su casa lo habían educado de esa manera, pero con Naruto era diferente, había encontrado muy gratificante el pasar el tiempo con él. Había aprendido a adorar cada una de sus expresiones y se sentía en cierta forma liberado de toda la presión que su padre ejercía en él. Además que repasar con ese burro todos los días le había ayudado a dejar muy atrás al estúpido de Hiuga.

Ese idiota había empezado a pisarle los talones en los resultados de los exámenes, por lo que había sido un buen apoyo los repasos que hacía con Naruto, ahora estaba mejor posicionado en los resultados nacionales, lo cual había hecho que su padre dejase de molestarlo un poco, con el plus de que ahora tenía un compañero de estudios a su nivel, según su padre.

La familia Namikaze era bien respetada en el pueblo, al igual que los Uzumaki. Ambas, al igual que los Uchiha eran familias fundadoras y si bien ahora no poseían la misma cantidad de descendientes que los Uchiha, su linaje aún era apreciado por todos. Así pues, si no podía por lo menos amigarse con el heredero de los Hyuga, Sasuke hacía bien en juntarse con Naruto, aunque este fuese un cabeza hueca.

—El ejercicio te hace bien. —se dio la vuelta y salió del salón, con Naruto pisándole los talones.

—Me ejercito bastante por mi cuenta, como para además necesitar el apoyo motivacional de tu horda enardecida de admiradoras. —Naruto acomodó su mochila sobre su hombro y observó de reojo las miradas envidiosas de varias de las chicas. Sonrió con maldad y de un brinco, le echó el brazo encima a Sasuke, apretándolo en un abrazo fraternal. —¡Pero si me acompañas quizá no sea tan malo! ¡Deberíamos venir juntos al colegio también! —berreó con alegría fingida.

Sasuke dio un respingo y se puso tieso debajo del agarre de Naruto.

—Suéltame. —siseó, empujando discretamente a Naruto.

—Si yo sufro, tú sufres. —Naruto le sonrió y con su otra mano alborotó el cabello del moreno. Un chillido de horror se escuchó por todo el pasillo y el rubio supo que esa era su señal para correr. —¡Te veo en la práctica, Sasuke! —el silencio reinó en todo el lugar.

Para aquellos que sólo lo conocían superficialmente, Uchiha Sasuke simplemente estaba de pie, en su pose habitual, pero para quienes lo conocían un tantito más, como el profesor Hatake, el ligero rubor en sus mejillas, el odio que destilaban sus pupilas, su respiración un poco más agitada y el deseo desenfrenado de ver sangre Namikaze manchando el piso de la escuela, eran bien evidentes (aunque quizá estaba exagerando un poquito).

Las féminas de la escuela enmudecieron al instante. Nunca antes nadie se había atrevido a llamar a su ídolo por su nombre. Naruto tampoco, hasta ese momento. Simples apelativos altisonantes, pero jamás su nombre. Y Naruto no lo supo en ese momento, pero había declarado oficialmente la guerra a la mitad de la población femenina de todo el pueblo.