Capítulo Cuatro: Cuando todo parece mejorar, es porque seguramente empeorará.

Luego de unos cuantos meses, las cosas parecieron tomar cierta rutina. Naruto no había podido adoptar el estilo de vida (fiestas y chicas) que tenía en Tokyo, pero ahora practicaba con más seriedad artes marciales, leía un poco más (aunque algunas de las recomendaciones de Sai lo asustaban), su relación con su padre había mejorado y había comenzado a ayudar un poco en la clínica.

Sus amigos aún se reían de él por cualquier cosa, pero había descubierto que era bastante agradable correr los sábados en compañía de Kiba y su cachorro. O mirar las nubes en un día soleado con Shikamaru y Shino, durmiendo en ocasiones por un par de horas sintiendo la suave y cálida brisa en el rostro o buscando insectos nuevos. Disfrutaba salir a comer con Chouji, pues ambos disfrutaban bastante de la comida. E inclusive era agradable acudir a las prácticas de baile de Ino y Hinata.

Gracias a esta última había conocido a Neji, quien era casi como Sasuke, aunque más agradable y aunque se había llevado su tiempo, Sakura se había convertido en su amiga (aunque muy dentro de sí sabía que la relación de Sasuke con Naruto sólo podía terminar de una manera). Y finalmente a pesar de que era un poco rara, para ser una chica, disfrutaba de igual forma las pláticas sobre diferentes tipos de armas que sostenía en ocasiones con Ten-ten.

Todos ellos (incluído Sasuke, Dios sabía por qué) salían cada viernes luego de clases a tomar una bebida en el pequeño restaurante en el centro del pueblo (quizá eso influía en la aceptación de Naruto por parte de Sakura, Sasuke había comenzado a convivir con ellos a partir de que Naruto se integrara en sus actividades).

Durante el festival del templo, todos rieron con las anécdotas que Naruto les contaba sobre su vida en Tokyo y el pequeño incidente con el monje los primeros días que llegó. Más tarde, luego de mirar los fuegos artificiales que iluminaron el oscurecido cielo, mientras algunos de ellos bebían amazake conversaron acerca de sus planes del futuro. Naruto y Sasuke obviaron el tema, comenzando una de sus típicas peleas.

Caminando de regreso a casa, vistiendo ropa abrigadora (pues el otoño estaba por terminar), Naruto se entretenía sacando vaho de su boca, mirándolo desaparecer en el aire. Sasuke se detuvo unas cuantas calles antes de llegar al cruce donde regularmente se separaban. Jamás lo admitiría en voz alta (ya había sido bastante vergonzoso admitirle a su hermano que Naruto le agradaba un poco), pero su amistad con Naruto era valiosa para él y aunque tenían poco tiempo llevándose medianamente bien (es decir, sin golpes de por medio), y sólo un poco más conociéndose, Sasuke sentía que lo conocía de toda la vida.

Por eso era difícil.

—¿Quieres ir a mi casa? —la imprevista invitación de Naruto le hizo parpadear.

—¿Qué? —gruñó, más que nada por inercia.

—Sai me recomendó un libro nuevo, pero no recuerdo el título, quiero saber si ya lo leíste, no quiero leer otra cosa rara sin una segunda opinión de por medio. Todavía tengo pesadillas con el último. —Sasuke estuvo a punto de decirle que respirara un poco, escucharle soltar todas aquellas palabras sin apenas una pausa entre ellas le provocaron una pequeña punzada en la cabeza. Aunque debería de haberse acostumbrado.

—Idiota. —fue lo único que pudo componer, pero igual lo siguió hasta su casa.

Toparse con la sonrisa enorme del progenitor de Naruto siempre le provocaba escalofríos. Él no estaba acostumbrado a tanta sincera alegría emanar de una sola persona (y aunque no lo pareciese, Naruto no sonreía todo el tiempo, peleaba con él y eso era lo que lo hacía más interesante). Por el contrario, el ceño fruncido de la directora de la escuela, lanzándole cuchillos con la mirada, lejos de provocarle terror, le daban risa. Si bien a todos los alumnos les había sorprendido enterarse que la rubia mujer era abuela de Naruto (básicamente porque la mujer no parecía tener la edad de una abuela), los lugareños de más edad se sabía la historia muy bien. Jiraiya por su parte se enfrascaba en picotear con comentarios fuera de lugar a Tsunade, distrayéndola de la partida de lo que fuese que jugaran en esa ocasión.

—Tú casa es horrible. —murmuró una vez estuvieron en la habitación del rubio. Jamás diría que le asustaba, así que mejor hacía alusiones a la detestable vivienda de Naruto. No porque fuera fea, no, lo feo eran los habitantes… no físicamente, estrictamente hablando.

—No todos podemos vivir en un palacio. —masculló Naruto, rebuscando entre una pila de libros que tenía arrumbados en una esquina de su habitación.

—Pero tampoco viven en un basurero. Tu habitación es una mierda. —Sasuke retiró unas prendas de la cama y las colocó en la silla frente al escritorio de Naruto antes de dejarse caer de forma descuidada sobre el mullido colchón.

—Igual te gusta. —la voz de Naruto se escuchó apagada por estar agachado. Pero Sasuke sintió un retortijón en el estómago. Cerró los ojos y mordió su labio inferior. Pasar tanto tiempo con él comenzaba a afectarle el cerebro. —¡Aquí está!

Naruto se apresuró hasta la cama y por breves instantes fijó su mirada en el rostro de Sasuke. Los rasgos de su amigo eran bien varoniles. Era cierto que su piel era tan blanca como la leche, y se veía más lozana en comparación a la de cualquier chica con la que hubiese salido antes. Y él, podía sentirse orgulloso al mencionar que era de las pocas veces que lo habían visto sonrojarse con un tenue rubor. Sus dientes perfectamente alineados, sus labios rojos… era normal que se sintiera de pronto acalorado ¿no?

El rubio carraspeó y se sentó a un lado de Sasuke, dejándole el libro sobre el estómago, con más fuerza de la necesaria. Sasuke emitió un gemido por el dolor y Naruto decidió que ese sonido no era bueno para su sanidad mental. El moreno sujetó el libro con sus manos y leyó el título. No le sonaba. Lo levantó, buscando la pequeña reseña en la contraportada, pero sólo se leían los datos de la editorial. Estiró bien sus brazos, abriendo el libro en algunas páginas al azar.

Luego de un par de hojas, Sasuke cerró el libro, dejándolo a un lado de Naruto, se incorporó.

—¿Sai es gay? —a Naruto se le torció el cuello por la fuerza en que lo giró para mirar a Sasuke.

—¿Estás loco? —masticó cada palabra.

—¿Hojeaste el libro? —Sasuke volvió a tomar el libro y lo empujó contra el pecho de Naruto.

—¡Te dije que no leería nada recomendado por ese idiota sin antes consultarlo con alguien más! ¡No quiero leer sobre fetiches morbosos de los reyes de la antigüedad de nuevo! —el libro cayó sobre sus piernas.

—Tú amigo es raro.

—¿Te atreves a criticar a mi amigo cuando el tuyo parece sacado de uno de los libros de la Meyer? —Sasuke se arrojó sobre Naruto, sujetándolo del cuello de la camisa del colegio.

—¿Leíste esa basura? —Naruto abrió grande los ojos.

—Bueno, necesitaba referencias. —musitó, desviando la mirada.

—¿Referencias?

—¡Sai dice que Gaara y tú son vampiros! —Sasuke sacudió a Naruto mientras este gritaba cosas incoherentes sobre vampiros emos y quien sabía que más. —Espera un momento… ¡espera! —Sasuke detuvo el zangoloteo. Entrecerró los párpados mirando con odio a Naruto. —¿Cómo sabes el nombre de la autora?

Al siguiente día, Sasuke apareció con el ojo morado, de nuevo. Naruto con el labio roto.

Sasuke no esperó a Naruto para ir al club. Tampoco regresaron juntos a casa. Nada malo hubiera pasado, después de todo las chicas del instituto Konoha se habían acostumbrado a la interacción de estos, si Kiba no hubiese comentado durante el almuerzo, dos días después del incidente, que su pelea de enamorados había tardado más que de costumbre en alegrarse.

Naruto sudó frío. A Sasuke le corrió un escalofrío por toda la espalda.

Esa tarde Naruto corrió como alma que lleva el diablo, seguido por la horda de furiosas chicas de antes. Sasuke le miró desde uno de los amplios ventanales del pasillo del piso en el que él tomaba clases.

Al día siguiente, Naruto tuvo que entrar al colegio saltando la barda trasera. El casillero de sus zapatos estaba repleto de cartas con mensajes de odio. El pobre no se enteraría hasta después que varias de sus más envalentonadas admiradoras, habían acorralado a Sasuke el día después de su pelea para interrogarlo acerca de su supuesta relación.

Una de ellas había dicho que había notado como Sasuke sonreía al ver a Naruto correr como desesperado idiota por toda la escuela, señal inequívoca de que lo amaba.

Otra de ellas tuvo el descaro de afirmar que Sasuke se había sonrojado al escuchar el nombre del rubio y la pregunta acerca de su relación, seguramente por saberse descubierto.

Y así el rumor se había extendido con más rapidez que la peste.

Sasuke en realidad se burlaba de Naruto. Y si, se había sonrojado, pero de indignación. Y sí, sentía un enorme deseo de sujetar a Naruto por el pescuezo y retorcérselo como a un endeble pollo.

Desde ese día, Naruto tuvo que huir además de Uchiha Sasuke.