-Por fin…llegamos – exclama, encorvándose mientras jadea y pone sus manos en sus rodillas, evito mirarlo para no reír, - ¿quedaste encontrarte con alguien aquí? – me pregunta, reincorporándose una vez se ha recuperado, - no, es solo que desde aquí me ubico a la perfección – le explico, - entiendo – dice, - entonces… ¿A dónde ahora? – añade, preguntando, - al lugar más cercano, el gimnasio -, anuncio, encaminándome hacía el lado contrario por el que llegamos. Mientras caminamos Yuuri insiste en disculparse por la actitud de su madre y hermano una y otra vez, aún cuando le recalco mi opinión sobre su madre y le aseguro que la de su hermano no me afecta por mucho que me haga sentir incómodo. – ¿Jefe? – pregunta una voz conocida, suspiro antes de ser abrazado y alzado por dos de mis ´compañeros´ en mejor forma, - ¡suéltenme, están todos sudorosos! – me quejo con una mueca de falso desagrado, - de ninguna manera, ¡creímos que no volveríamos a ver su linda carita! -, sonrío divertido, - ¡dejen de decir idioteces y bájenme! – exijo, retorciéndome entre ellos, - eh… ¿Will? – los tres fijamos la vista en Yuuri, - ¿le ha llamado Will, jefe? – pregunta uno, - ¿Quién es el chico? – pregunta el otro, - bájenme y les aclararé las dudas – obedecen, - Sí, Eita, me ha llamado Will, que ni se les ocurra decirle mi verdadero nombre – prohíbo, intercalando mi mirada en ambos, serio. Volteo a ver al pelinegro, - ¿prefieres presentarte tú o lo hago yo? – pregunto y no me responde, aún se ve bastante sorprendido, giro de nuevo, - él es Shibuya Yuuri, Hiroto – lo presento, - mucho gusto – oigo que dice, el temor claro en su voz. – ¿Qué tal, chico? -, - un gusto conocerte – se acercan a Yuuri tranquilamente y lo saludan, ellos en completa confianza mientras que el moreno parece a punto de salir corriendo; sonrío, cuantas veces me habré imaginado la misma expresión en mis compañeros de clase que no se cansaban de jactarse de su inmensa valentía ante cualquiera, - W-Will… - chilla, - ¡Oigan! ¡No pueden manosear a alguien que acaban de conocer! – los regaño, - pero… -, - ¿recuerdan lo que obtuvieron cuando nos conocimos y me hicieron lo mismo? - pregunto formando una sonrisa y ellos tragan saliva, asintiendo y parando de toquetear al pelinegro, - me alegra - agrando mi sonrisa, - ahora discúlpense con él – ordeno, - ¡lo sentimos mucho! – dicen al unísono inclinándose frente a Yuuri, - ¡le rogamos por favor nos perdone! -, me cruzo de brazos mientras el aludido ríe nervioso con una expresión extraña y se rasca la cabeza, - no tienen que gritar, olvidemos esto pero por favor no lo repitan -, - ¡Sí! Le agradecemos infinitamente su comprensión y le aseguramos que no volverá a ocurrir -, ahora veo a Yuuri inclinarse también y luego los tres enderezan sus cuerpos, él les sonríe lo mejor que puede y ellos se la devuelven aliviados para después mirarme de reojo, nerviosos. Sonrío de medio lado y les doy un pequeño asentimiento de cabeza con el que suspiran tranquilos. - ¡Hiroto, Eita, oigan que les parece si…! –, - ¡Jiro, el jefe está aquí, ven a saludarlo! – casi grita Hiroto, sonriendo; - ¡Hey! Esperen un momento, no es… -, - ¡JEEEEEEEEEEFE! – grita, arremetiendo contra mí, apresándome entre sus brazos pese a que levanté los míos en señal de que no quería que lo hiciera. Estoy por quejarme cuando dos muchachos más entran en escena gracias al reciente grito de Jiro y en segundos siento mi cuerpo mucho más apretujado por un abrazo grupal, que incluye a Eita y Hiroto, - ¡Saben que detesto que me abracen estando sudados! ¡Suéltenme, mald*ta sea! – mis quejas son fácilmente ignoradas y opacadas por sus estruendosas risas y frases; un tanto apartado noto como Yuuri ha comenzado a reírse, aún siendo consciente de que la escena podría tener algo de gracia para un espectador no me agrada en lo absoluto, se da cuenta de que estoy observándolo y se esfuerza en parar de reír mas no lo consigue, - ¡Y además parece como si nunca lo hubieran tocado! ¡Sin duda es muy resistente, jefe! -, clavo mis ojos en el que ha hecho el comentario, - ¿de qué está hablando, Will? – pregunta Yuuri, ni un resquicio de diversión en su rostro.

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-Dímelo por favor, ¿Qué quisieron decir con eso? – lleva insistiendo con esa pregunta todo el camino, ya estamos por llegar a la segunda y última parada, el restaurante en el que he trabajado desde hace tres años, - quisieron decir lo que dijeron, soy una persona resistente, eso es todo – respondo por fin, recibiendo una mirada seria de su parte, - pero eso significa que… -, - es aquí – interrumpo deteniéndome frente a la acera que da frente al elegante restaurante, - wow… ¿le pertenece a tu familia? – sonrío ante su especulación y niego con la cabeza, - trabajaba allí -, - ¿lo hacías? -, - debía empezar el lunes así que ya deben haber contratado a alguien más -, - pero entonces… ¿por qué quisiste venir? -, - je… tengo que hablar con una persona – explico, pasando a cruzar la calle y sonriendo cuando esa persona logra verme desde el otro lado del cristal de la gran puerta de entrada. Me detengo al llegar al otro lado, miro a mi costado y Yuuri no está, volteo y me doy con la sorpresa que se ha quedado en el lado contrario; le hago una seña para que pase, extrañamente lo piensa y luego cruza, va a decirme algo pero, - Angel, ¿!donde te habías metido!? -, - no tienes que gritar y no me digas Angel – opino y luego recrimino, - ¡Claro que sí! ¡Me tenías preocupado grandísimo tonto! ¡Si no fuera porque mandaste a esa chica a que te reemplazara ya no tendrías trabajo! ¡Y te seguiré diciendo así hasta que me des una buena explicación! No me creo lo de tu repentina enfermedad -, me toma milésimas de segundo analizar esa penúltima parte, - yo no mandé a nadie a que viniera a tomar mi lugar – digo serio, su expresión cambia de disgusto a sorpresa, - ¿hablas enserio? – pregunta, - Sara… lo digo enserio, habría llamado si hubiera sido el caso, lo sabes – asiente, - la chica de la que hablaste, ¿Cómo es? – cuestiono, haciéndome una idea de quién puede ser, - veamos… - lo piensa un poco, - su cabello es largo, rubio y le llegaba hasta más o menos el largo de su espalda, sus ojos son de un color morado intenso, piel clara… -, - Elizabeth – declaro, llevando una mano al puente de mi nariz y soltando un suspiro molesto, - así es como dijo llamarse – comenta, notando la presencia de Yuuri, - antes de que lo preguntes, su nombre es Shibuya Yuuri -, - mucho gusto, Shibuya Yuuri, yo, soy Saralegui – saluda, presentándose y extendiendo su mano mientras sonríe más de lo necesario, suspiro, me sorprende como puede tomarse todo con tanta calma. – Hey, Angel… no te mencioné que ´ellos´ estuvieron aquí el lunes – su mirada se agudiza, al igual que la mía, - no, no causaron problemas si te lo preguntas -, - sé que no lo hicieron, estoy más que seguro de que Elizabeth se encargó de todo – asiente, una mueca de diversión surcando su rostro, - créeme, debiste haber visto sus caras – suelta una risa, - ella tenía intensión de lastimarlos lo menos posible pero comenzaron a insultarte, te tacharon de cobarde y otras cosas que no voy a decir. Ella se puso como fiera y por poco y le quiebra un hueso a más de uno – llevo mi mano a mi barbilla, - eso habría sido un problema – opino, - ni que lo digas, Angel – comenta lanzándome una mirada malvada y burlona a la vez, aprieto los puños, - muy bien, cuatro ojos, para ya -, hace una mueca de disgusto y yo sonrío, de la misma forma que yo detesto que me diga Angel, él no soporta que lo llame cuatro ojos. Noto su mirada cambiar, no son buenas noticias. – Sara, ¿por qué no le muestras a Yuuri como es el interior del restaurante? – pido, él accede de inmediato, - vamos – dice, jalando al pelinegro por el brazo, - e-espera. ¿Tú no vienes? -, - claro que sí – aseguro, - es solo que necesito hacer una llamada, hay un teléfono público cerca de aquí. Adelántense, los alcanzo pronto – empujo a ambos al interior del recinto y Sara cierra la puerta ágilmente, pidiéndome que tenga cuidado con los labios, arrastrando al moreno consigo mientras camina a prisa hacia la cocina. Antes de que entren me despido con la mano y una vez desaparecen tras la puerta echo a caminar hacia la derecha con rapidez. Sus siluetas no están muy lejos y me apresuro para mantenerlos lo más lejos del restaurante como sea posible. – Pero miren quien decidió aparecer – curvo la boca, - decidiste encararnos en lugar de esconderte tras las faldas de tu novia –, aprieto los dientes, - ¿no piensas decir nada? ¡Esa perr* estaba loca! -, - ¡no la llames así! – ordeno, - no te atrevas a repetirlo -, - ¿pelearás con nosotros, entonces? -, - saben como resultará, no quiero hacerles daño, ¡entiendan que no me interesan las peleas callejeras! -, - si fuera así nunca te habrías metido con nosotros – refuta uno de ellos, - nunca lo habría hecho si me hubieran devuelto el bolso de aquella mujer cuando se los pedí amablemente. -, - ja, ¿amabilidad es patear a alguien de lleno en la espalda? – espeta el mayor, - ¿o estómago? – pregunta el de tez más oscura, ¿u golpearlo en el rostro? – se suma el último, - les he repetido hasta el cansancio que ustedes fueron los que empezaron. Y yo no llevaba un bate de beisbol, una espada de kendo o guantes de box ese día – acuso, empezando a hartarme, - ahora, si fueran tan amables de irse, yo… -, - no vas a huir está vez -, - tendrás que derrotarnos si quieres ir a cualquier parte -, - así que en guardia, niño bonito -, suspiro, - escuchen, en verdad no… -, - ¡pelea ya, maldito rubio cobarde! – gruño, - solo tengan presente… que yo quise evitar todo esto – expreso formando una sonrisa en mi rostro, esto es lo que ellos han elegido.

-Y estos dulces de aquí son para obsequiar a las parejas que vienen con niños pequeños cuando se retiran -, - vaya… lucen deliciosos – digo abriendo la boca, y es que realmente hay variedad de dulces de diversos colores, - ¿te gustaría comer algunos? – ofrece amablemente, - ¿podría? – pregunto, consciente de lo esperanzado que he sonado, ríe un poco y asiente, - por supuesto – responde tomando dos de los dulces más grandes y entregándomelos, - muchas gracias – exclamo feliz, llevándomelos a la boca, - ¿y? ¿te gustaron? - me pregunta una vez los he tragado, asiento con fuerza, - me alegra mucho – expresa, - puedes sentarte si quieres – indica, señalando una de las sillas de la mesa más cercana a donde estamos, camino hacia ella, tomándola y sentándome con un suspiro de alivio, supongo que notó que las piernas me temblaban, bueno, me ha mostrado cada parte del lugar ¡y no es pequeño! – Así que… ¿Qué opinas del restaurante? -, - es muy elegante, emh… grande y… si tuviera suficiente dinero sin duda traería a comer aquí a mi familia -, - ¿qué me dices de tu pareja? – me rasco la cabeza, - supongo… que cuando consiga una… sería buena idea. Sí, por qué no -, - entonces… no tienes pareja – lo dice con un tono de pregunta pero sin duda está afirmándolo. Río incómodo, - bueno… no es como si fuera atractivo o algo así – digo con honestidad, - p-pero cambiando de tema, Sara…Saralegui -, - preferiría que me digas Sara -, - claro, bien… Sara, quería-quería saber si tú sabes el verdadero nombre de Will -, - ¿te refieres a Angel? – pregunta, extrañado; asiento – claro que lo sé, como te dije solo le digo Angel para molestarlo -, - entonces, crees que tú… ¿podrías decirme cuál es? Por-porque el nombre ´William´ no le queda en absoluto -, - tiene pésimo gusto para los nombres – se burla, - ¿se molestaría si te lo digo? – cuestiona, - sí, me enfadaría y dejaría de hablarte – ambos volteamos solo para ver a Will caminando hacia nosotros con… ¿un pañuelo secando su rostro?, - oh vamos Angel, no planeaba decirle nada – afirma el rubio de lentes, - *hmph* como si fuera a creerte, cuatro ojos -, Sara se encoge de hombros y le da una palmadita a Will ni bien llega a nuestro lado y él guarda el pañuelo en el bolsillo derecho de su pantalón, - vamos, vamos, ¿Cómo puedes decir eso? Que crueldad la tuya, Angel -, - Saralegui, si no dejas de llamarme de esa forma en este mismo instante voy a golpearte y luego romperé tus ridículos lentes, ¿entendido? – le dedica una sonrisa, - seguro, pero no tienes por qué amenazarme. Jesús, eres un salvaje – se queja, notoriamente divertido, - di lo que quieras, sigues acabando con mi paciencia tan fácilmente como el día en que nos conocimos – declara Will, - ¡hey! Dame algo de crédito, fue hace como 3 años, ya estás acostumbrado a mi forma de ser – Sara hace un puchero y Will ríe burlón, - eh… chicos, sigo aquí – comento haciendo una seña con la mano, los dos fijan su mirada en mí, - ¿está todo bien, Will? Tardaste un largo rato en volver – comento, no quiero quedar como tonto al recordarles mi presencia y luego no decir nada, él se encoge de hombros, - nadie contestó – responde con simpleza, - oh… - exclamo, - necesito usar el sanitario, ¿tienes algún problema, Sara? -, - para nada, solo no ensucies mucho – le guiña el ojo a modo de juego y me sorprende ver que Will sonríe, - no te prometo nada – no dice nada más y se aleja con dirección a los baños. En cuanto se oye la puerta siendo abierta y luego cerrada Sara me mira, - ¿qué piensas de él? -, - ¿eh? ¿a qué te refieres? – pregunto, parpadeando confundido, - ¿cuál es tu opinión de Angel? -, - bueno yo… apenas lo conozco desde hace un par de días así que yo… no sabría como responder a tu pregunta exactamente -, sonríe – acaso… ¿te gusta? -, - claro que no – contesto de inmediato, - ¡de ninguna forma! – agrego con un tono de voz más severo, - y… ¿yo te gusto? – abro mucho los ojos y niego violentamente con la cabeza, se ríe por un rato, - tranquilo, tranquilo que solo bromeaba – asegura con sus dos manos en el estomago y tratando de recuperar todo el aire que perdió, - pero me alivia que no te interese, porque… él es mío – frunzo el ceño, el tono en el que lo ha dicho no ha sido nada amable, - ¿están en una relación? – pregunto directamente, - lamentablemente aún no he podido conseguir que me acepte, pero lo lograré, solo es cuestión de tiempo – suena entusiasta y eso solo me molesta aunque no debería, - no puedes decir que una persona es tuya solo porque te gusta -, - claro que puedo, vengo haciéndolo desde que me enamoré de él y en cuanto consiga su aprobación voy a besarlo – declara abiertamente, - ¡Saralegui!, ¡¿cuántas veces debo repetirte que nunca saldré contigo!? – lo veo estremecerse por completo, - unas cuantas menos de las que yo te he asegurado que no me daré por vencido -, - ¡eres imposible! -, - ¡solo porque te quiero!, - ¡pero yo no te quiero de esa manera!, - algún día lograré que lo hagas -, - sigue soñando -, - siempre contigo -, - ¡pervertido! – el rubio pelilargo se echa a reír libremente mientras que el ojiesmeralda se cruza de brazos, noto un ligero rubor en su rostro y yo solo he contemplado toda la escena como si estuviera pintado en la pared, - no sé por qué me decidí por venir – se queja el rubio ojiesmeralda con un chasquido de lengua, - porque me extrañabas, acéptalo -, - sí claro – espeta con sarcasmo, Sara sonríe, - ¿te has enojado conmigo? – pregunta con un falso tono de arrepentimiento, - solo cállate, cuatro ojos – gruñe Will, - tenemos que irnos – declara después, y me pongo de pie de inmediato, feliz de que me haya tomado en cuenta, al fin. Me jala del brazo hasta la salida y la abre, - ¿te irás sin darme al menos un abrazo? – pregunta Sara, a nuestro lado y con una cara de perro mojado, - lo haré – indica Will, picando la frente del rubio de gafas con su dedo índice para después cruzar la puerta conmigo detrás suyo, - nos vemos, Yuuri – se despide con una mano y lo imito, - ¡y no lo olvides! ¡Él es mío! -, casi grita mientras nos vamos, Will voltea y le lanza una mirada asesina sin dejar de caminar que parece hacerle gracia al pelilargo. – Idiota – le oigo susurrar pero no digo nada, Sara no es un idiota, a mi parecer es bastante decidido.

El sonido de una ambulancia me aturde por un segundo y luego la veo pasar de largo, deteniéndose a una distancia más o menos largo de nuestra cambiante ubicación, - espera Will, allá, esa ambulancia, algo grave debe haber ocurrido -, ignora mi comentario, - tal vez deberíamos ir a ver qué ha sucedido -, - de ninguna forma -, - pero ¿por qué? -, - por eso – dice señalando a una patrulla que se acerca y pasa a nuestro lado tal y como lo hizo la ambulancia, - ¡debe haber ocurrido un asalto! – digo alarmado, - ¿no viste nada de regreso al restaurante? –pregunto, - nada que merezca la pena ser comentado -, - creo… creo que deberíamos ir a dar un vistazo -, - no -, - p-pero…-, - dime, ¿alguna vez has oído el dicho: ¨La curiosidad mató al gato¨? – cuestiona, asiento con cabeza, - muy bien, si fuéramos lo que haríamos sería exponernos a un riesgo innecesario solo por curiosidad, tal y como el gato en la metáfora -, - de acuerdo – digo resignado, - es tarde – comenta mirando el cielo, - solo son… - miro mi reloj, - ¿!la 1:47!? -, - ¿enserio? Creía que… -, - ¡se nos hará tarde! – exclamo apurando el paso, - ¿de qué hablas? – inquiere imitando mi andar, - ¡para el almuerzo! – aclaro.

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-¡Tadaima! – exclamo al abrir la puerta y entrar junto al rubio, cansados por haber corrido y siendo sincero él está en mucho mejor condición física que yo. – Llegan tarde – recrimina mi madre que nos espera con los brazos cruzados en la entrada, - perdónenos por favor, ha sido mi culpa, no regañe a su hijo por mi causa. Fue por mí que demoramos tanto -, ella me mira, - también fue mi culpa – aseguro, sonríe, - descuiden, solo estaba preocupada de que no fueran a llegar a comer. Vamos, vengan a sentarse -, los dos asentimos, yo bastante aliviado, - he preparado curry – comenta cuando nos sentamos a la mesa, - ¿dónde está Shori? – pregunto al no verlo, - Sho – chan no quiso comer, dijo que no tenía apetito - nos explica mientras nos sirve un plato a cada uno y luego nuestra bebida, recibiendo una sonrisa en agradecimiento de parte del rubio - ¿estará enfermo? – pregunto en voz alta a la vez que lo pienso, - espero que no, además luce saludable – indica, - gracias por la comida – exclama Will, y mi madre y yo descubrimos anonadados que ya ha terminado de comer, - ¿quieres un poco más? – le pregunta ella, cambiando de expresión por completo, él asiente y ella pasa a servirle otro plato, con más contenido está vez, los tres comemos en silencio pero ahora veo de reojo el avance del oji esmeralda. Mi madre es la primera en terminar, yo le sigo y al final el rubio, - es una muy buena cocinera, Jennifer – san – alaga, - muchas gracias, cariño -, es una lástima que siempre cocine lo mismo, - ¿Will? – pregunto al verlo levantarse y acercarse a mí, - ¿dime? – responde colocando su plato sobre el mío y levantando los dos, niego con la cabeza, - nada -, - Will – chan, no tienes que hacerlo – dice mi madre sonriéndole cuando levanta su plato también y se encamina al fregadero, - no se preocupe, es lo menos que puedo hacer por su hospitalidad -, sin decir más abre el caño y se pone a lavar todo sin ponerse al menos un mandil o guantes.

-¿Te importaría darte la vuelta unos minutos?- la pregunta parece aliviarlo y asiente, haciendo lo pedido, - no… creí que fueras una persona vergonzosa, Will – comenta mientras me despojo de mi camisa y luego el bivirí que le sigue, con tranquilidad. Sonrío, ¿vergonzoso? No, no hay forma en que ese adjetivo se aplique a mí pero prefiero no decir nada; me quito los pantalones seguido de la correa, los zapatos no son problema ya que antes de entrar me los saqué, al igual que Yuuri, - ¿ya puedo voltear? – pregunta, también ha terminado de desvestirse, - no, espera un poco – asiente y voy frente al espejo, tomando un extremo y enrollándolo en el camino. En cuestión de segundos me he desecho de la venda casi en su totalidad, solo restan unas cuantas vueltas para acabar; suspiró al finalizar y me apresuro a ocultarla entre mi ropa. Vuelvo al espejo y le doy la espalda, solo para ver las marcas, las cicatrices que, aún con el pasar de los años, se niegan a desaparecer por completo. Frunzo el ceño, recordando las innumerables veces que me he lastimado desde que llegué a este país y como todas las marcas en resultado se fueron a los días o semanas, poco a poco, hasta que no quedó huella y me repito: Algún día se irán. En unos pocos años no se notarán más. Pero, ¿Dé que me sirve? ¿De qué me servirá que desaparezcan cuando el cómo fueron hechas no se revertirá jamás?

-Will, ¿estás bien? – giro la cabeza, dándome con la sorpresa de que Yuuri se ha volteado, - claro – sonrío, - estoy genial – este no es momento de pensar en tonterías, menos si hay alguien conmigo, - ¿estás seguro? – insiste, que extraño, no debería dudar; asiento, - muy seguro y en perfectas condiciones – aseguró, él sonríe, al parecer le ha hecho gracia mi respuesta, - pareció como si hablaras de un juego mecánico – comenta, riendo, - ¿en serio? – repito la frase, emulando la voz de un promotor y Yuuri ríe con más fuerza, - bien, bien, ¿no crees que deberíamos entrar antes de que se haga más tarde? – pregunto, él asiente luego de recuperarse totalmente; cojo mis utensilios de baño y le permito al pelinegro ingresar primero. Tomo mi jabón esparciéndolo primeramente por mi rostro y cuello, siendo lo primero que aseo, así me lo enseñaron. El agua escurre de ellos y prosigo con mi pecho, abdomen y brazos, - umh… Will… -, - ¿dime? – su llamado me ha tomado por sorpresa pero de todas formas respondo con naturalidad. No debo concentrarme solo en mí. – Bueno… yo quería preguntarte acerca de… tu relación con Saralegui – enarco una ceja, - no tengo ninguna ´relación amorosa´ si es a lo que te refieres – digo, bastante fastidiado, - pero… ¿no te atrae siquiera un poco? – lo pregunta con bastante inocencia, al parecer, - no, Yuuri, ni un poco -, - ¿aunque sea tan apuesto? -, - empiezo a creer que el interesado aquí eres tú – niega con la cabeza de forma exagerada, - de ninguna manera, ¡de ninguna manera! – entonces, ¿por qué el interés en saber? – sueno más enfadado de lo que en realidad estoy pero es mejor así, - es solo…. Solo que él habló muy seriamente acerca de ustedes y… bien, creí que quizás has llegado a corresponder… solo un tanto… -, suspiro, - si te digo que lo he hecho, ¿dejarás el tema? – no quiero ser grosero pero no me agrada este tema, - ¡No! D-Digo, lo que yo quiero es la verdad - , - y la verdad es que no - me levanto, su mirada sube conmigo y luego baja, frunzo el ceño, cruzándome de brazos, - ¿qué se supone que estás mirando? – desvía la mirada, ¿se ha sonrojado?, - nada… - , - ¿eres homosexual? – al parecer lo he agarrado frio, - ¿eh? -, ruedo los ojos, - ¿eres homosexual, Yuuri? –, repito, - no, no y ¡no! -, – me alegra – expreso, aliviado aunque no muy convencido, salgo de la bañera, para poder tallar mi espalda.

-¿Ya terminaste, Will? – le pregunto y él asiente, se amarra la toalla a la cadera y sale, dejándome solo en el baño. Suspiro, me parece que está enojado pero… yo debería ser el que lo esté, después de todo, ¡él me acusó de ser gay! Está bien, está bien, solo me preguntó pero… no debería importarle, si en caso lo fuera ¡serían mis gustos! Y… él ni siquiera aclaró su propia orientación. Termino de enjuagar mi espalda y me seco bien el cuerpo antes de salir del baño con dirección a mi cuarto, secándome el cabello en el camino. Al tomar el picaporte de la puerta, esta gira y se abre; por lo sorpresivo no la suelto y cuando me doy cuenta, estoy frente a frente con el rubio, el color de sus ojos realmente es hechizante, en especial cuando lo vez tan de cerca. Se hace a un lado, dándome pase y yo suelto el picaporte. – Te cambiaste bastante rápido – comento, entrando a mi habitación, - me tomé mi tiempo, de hecho – lo miro extrañado, - el que se demoró fuiste tú, Yuuri – sonrío, - ¿por qué no te pusiste tu pijama, Will? No creo que mi madre nos deje salir a estas horas – comento, tomando la parte superior de mi pijama y pasando una de las mangas por mi brazo, - oh, no te preocupes, no planeaba salir de todas formas. Simplemente no acostumbro pasear por ahí en pijama – asiento y lo veo salir del lugar, cerrando la puerta tras él.
-Es un chico extraño…- murmuro, sonriendo ligeramente y continúo cambiándome con tranquilidad. Al terminar le doy una mirada al reloj despertador, que marca las 7:30 p.m. La cena es a las 8 u 8:30 a más tardar. Salgo del cuarto, pasando a bajar las escaleras y estirando mis brazos. – Aquí, éste es Yuu – chan a los 5 años, actuó como un pequeño angelito en una obra de su escuela. Luce lindo, ¿ne? – casi corro a la sala, ¿!mi madre le está mostrando mis fotos de la infancia a Will!? El rubio asiente, sonriendo, - y está de aquí… - ¡Sí lo está haciendo! - Yuu – chan - mi progenitora me sonríe ampliamente, haciendo una seña con la mano para que me acerque, - Ven, ven, Will – chan y yo estamos viendo algunas de tus fotos – no estoy seguro de que expresión pongo pero lo que mi madre dice es : - oh, Yuu – chan, no pongas esa cara, Will – chan también piensa que luces muy lindo -, - me gusta está – indica el rubio, levantando una de las fotos, doy unos pasos hacía ellos, y sonrío al notar de que imagen se trata, - ese día hubo un paseo escolar – comento, - parece que te divertiste mucho – asiento y me siento junto a él, - fuimos a un colina, cerca de una casa muy grande – señalo, en el fondo de la foto el lugar del que hablo, Will parece analizarlo, - esa es mi casa – declara en un susurro que solo yo consigo escuchar, abro mucho los ojos, - ¿en verdad? – pregunto incrédulo a lo que él asiente. Me pongo a imaginar como es el interior, recordando de paso que en esa visita escolar algunos de mis compañeros hicieron especulaciones sobre que la casa podía estar abandonada, y con almas en pena y todas esas cosas de miedo. Me dispongo a preguntarle sobre como es pero al girar mi cabeza, Will ya está mirando las otras fotos, con uno que otro comentario de mi madre de cuando en cuando; el tiempo pasa más rápido de lo que parece y cuando nos damos cuenta ya casi ha pasado una hora y mi madre corre a calentar la cena, dejándonos a mí y al rubio juntando los álbumes, los acomodo y al levantarme para guardarlos una de las fotos cae al suelo, Will se apresura a recogerla y noto un ligero movimiento en sus pupilas, siento curiosidad por ver que hay en la foto y doy un paso en su dirección, a lo que él me la extiende y se disculpa, - ¿por qué me pides perdón? -, - debí haberte devuelto la foto al recogerla y no ponerme a mirarla, por eso, lo siento – niego con la cabeza, sin poder evitar sonreír, - está bien, no te preocupes por algo tan simple -, me sonríe un poco, su sonrisa no es de verdad, - se parecen bastante – comenta, - ¿a qué te ref-? -, - la foto – responde de inmediato y la miro, en la imagen estamos mi padre y yo cuando tenía unos 11 o 12 años, la pregunta que hago no la pienso: Will… ¿Qué edad tenías cuando murió tu padre?, - yo tenía… -, - Yuu – chan, Will – chan, la cena ya está lista – el aviso de mi madre deja su respuesta inconclusa pero no se molesta en completarla, ya que lo veo caminar hacía el comedor, suspiro y voy a guardar los álbumes, pensando y dándome cuenta que le hice una pregunta totalmente imprudente, ¿lo habré hecho sentirse mal? Decido no retomar el tema, no quiero fastidiarlo, al menos no más de lo que pude haberlo hecho con mi pregunta.

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Me dirijo al comedor tan pronto como acomodo los álbumes lo más al fondo que puedo del anaquel y para mi sorpresa veo a Shori sentado junto a mi madre, - siéntate, Yuu – chan, no podemos empezar sin ti – tomo asiento junto a Will, en el puesto que da frente a mi hermano; le miro de reojo durante el transcurso de la cena, solo para comprobar que no le esté mirando, y para mi alivio no lo hace, ni tampoco se da cuenta de que le miro, a mi parecer. Shori es el primero en terminar de comer, agradece y se va escaleras arriba, según él que a dormir pero lo más probable es que quiera jugar en su computadora esos videojuegos suyos antes que lo primero. El segundo en acabar soy yo, mi madre y Will tienen un empate en el tercer lugar al finalizar al mismo tiempo y está vez yo me apresuro a recoger los platos, - los lavaré yo, Yuu – chan, ya es tarde, tú y Will – chan deberían ir a dormir también -, - yo puedo… -, - oh no, Will – chan, deja a mamá hacer esto – el rubio le sonríe y asiente, - en ese caso, tenga buenas noches, Miko – san -, se encamina rumbo a las escaleras y voy detrás suyo, pero doy media vuelta al recordar que olvidé algo, - oyasumi na sai, madre -, - ¡es mamá, Yuu – chan! – suspiro y ahora si subo las escaleras, para ir a mi cuarto pero me detengo al notar la puerta de la habitación de Shori ligeramente abierta, por simple curiosidad me asomo y como lo suponía su cama está vacía, me muevo un poco y lo veo sentado frente a su computador pero a diferencia de lo que creía parece ser que está investigando, se levanta para buscar algo y alcanzo a leer las palabras ´Von Bielefeld´ escritas en el buscador de google de su ordenador, - ¿qué haces ahí? – esa pregunta viene junto con la puerta siendo abierta de golpe y la cara molesta de mi hermano frente a mí, - eh… solo pasaba, ya me voy – trato de irme pero él me detiene del brazo, - ¿qué fue lo que viste? – me pregunta serio, - nada – aseguro, sin verlo a los ojos, - Yuu – chan… -, - una foto de tu ex novia en la pantalla – no es mentira, pero no es toda la verdad, le veo sonrojarse y me regaña, me dice que no debo espiarlo y le pido disculpas, me deja ir y me apuro a entrar a mi cuarto, encontrando al rubio guardando algo en su mochila y… - bonito camisón – digo en el tono más casual que puedo, no le queda mal pero, como decirlo, el color y diseño es para una mujer, - no tengo otro tipo de pijamas – se excusa, bajando su mochila, acomodándola junto al maletín que trajo, me acerco a la cama, - ¿vas a dormir ya? -, asiente, - ¿hay algún problema con eso? -, - no, no, para nada – sonrío, rascando mi cabeza, levanta el edredón e introduce su cuerpo en el interior, le imito y él se acomoda, revolviéndose un poco, hasta darme la espalda, le oigo bostezar, - tenías razón – me dice, hago un sonido, no comprendo a que se ha referido, - tu cama es más grande de lo que parece – sonrío, - buenas noches - , - descansa, Will.

To be continue...