CAPÍTULO 2:

AGRIMONIA, ADORMIDERA Y EUCALIPTO

El camino de regreso se les hizo demasiado lento. Pese a que, debido a la misteriosa joven y a la gravedad de sus heridas, no debían descuidar el ritmo de sus caballos, tuvieron que sortear todo tipo de obstáculos. Desde animales y criaturas del bosque a troncos obstaculizando su paso o a caminos embarrados; todo parecía ser una barrera más, un desafío.

Pero lo consiguieron.

Desde detrás, Merlín comprobó, por la postura corporal de su rey, la relajación que invadió a Arturo cuando reconoció, a lo lejos, las figuras inconfundibles de Gwen, Gaius y un numeroso grupo de soldados esperándoles en el patio central del castillo. Sin embargo, Merlín no se permitió sonreír; desde que habían rescatado a la mujer, notaba que su respiración se había hecho más irregular, y aunque había intentado hacer, sin articular sonido, algún hechizo de curación para mejorar su condición, estos nunca habían sido el punto de fuerte de Merlín y no habían surtido efecto.

"Gaius podrá. Él lo hará", pensó el joven mago; siempre había tenido una fe ciega en su mentor.

Tan pronto los caballos se detuvieron, Gwen y Gaius acudieron junto a Arturo y Merlín respectivamente. Este no prestó atención al primero mientras desmontaba y bajaba el peso inerte de la misteriosa joven después, ni tampoco mientras la cargaba entre sus brazos con cuidado de no causarla más daño que el que ya tenía.

- La hemos encontrado en el pueblo, necesita asistencia – dijo Merlín a Gaius.

Merlín permaneció tenso pero en silencio mientras notaba el rostro de Gaius examinándola; la tensión de su cuerpo aumentaba conforme lo hacía la seriedad en el rostro de su mentor.

- ¿Podrás ayudarla, Gaius?

Merlín se sobresaltó cuando escuchó la voz de Arturo junto a él; no se había dado cuenta de que los jóvenes reyes habían acudido junto a ellos, pero descubrió, cuando levantó la cabeza, que no habían sido los únicos: unos cuantos caballeros, tanto del grupo que les había acompañado como de los que se había quedado en el castillo, habían formado un círculo alrededor de ellos.

Gaius levantó la cabeza y clavó sus ojos, llenos de sabiduría, en el rey.

- Haré lo que pueda, sire, pero el tiempo corre en nuestra contra.

- Entonces no hay tiempo que perder.

Las miradas de Merlín y Arturo se cruzaron. Este último, hizo un gesto afirmativo, leve, sutil y firme con la cabeza, y Merlín lo interpretó como una señal de que debía salir de allí cuando antes. El criado dejó atrás a los reyes y a los caballeros, y oyendo a Gaius a sus espaldas, se apresuró a subir hasta los aposentos que compartía con él para poder atender más ampliamente a la joven de la aldea.

Merlín, aún joven, llego incansable a la enfermería y, nada más entrar, depositó a la muchacha en la cama que había junto a una de las mesas donde descansaban los ungüentos y pociones curativas más comunes. Gaius todavía estaba subiendo escaleras, aunque, a juzgar por el ruido de respiraciones jadeantes que resonaba por los pasillos, debía de estar cerca; aún así, Merlín aprovechó para rebuscar algunas hierbas e ir en busca de un mortero que pudiesen utilizar.

Cuando hubo encontrado uno del tamaño y el material adecuados y se hubo girado en dirección a la inconsciente muchacha, se encontró a Gaius agachado junto a ella, con una mano sobre su frente y los ojos cerrados, con el ceño fruncido en señal de concentración.

Merlín permaneció en silencio hasta que Gaius retiró la mano, pero después no pudo contenerse por más tiempo.

- ¿Y bien?

Gaius giró la cabeza lentamente y le miró con gesto grave.

- Ha sufrido una fuerte conmoción, pero tengo que ver sus otras heridas antes de tratarla. Por favor, Merlín, comprueba que no viene nadie y cierra la puerta.

Merlín corrió hasta la puerta, se asomó al pasillo, miró primero a un lado y luego a otro, y a continuación cerró la puerta y se detuvo allí, con la espalda apoyada en ella. Sabía lo que Gaius había querido decir con eso.

"Magia".

A Merlín le encantaba la magia, le encantaban todas las posibilidades que abría, las limitaciones que su uso hacía que dejasen de existir. Le encantaba la magia. Y, sin embargo, al igual que tenía que restringir, controlar y vigilar su uso en Camelot, tampoco era capaz, pese a ser conocido e idolatrado por muchos magos, hechiceros y miembros de la Antigua Religión, de usar de forma efectiva un hechizo sanador común.

Gaius no era tan mundialmente famoso, no tenía esas "habilidades inusuales y altamente excepcionales", pero Gaius era capaz de hacer no solo un hechizo sanador sencillo, sino verdaderas maravillas en el campo.

"Al menos los ungüentos y las pociones y brebajes no se me dan mal".

- Merlín – llamó Gaius.

Merlín acudió con rapidez y, cruzando la habitación con cuatro zancadas, se encontró pronto a uno de los lados del cabecero de la cama donde habían depositado a la extraña.

- Busca hojas de agrimonia y pétalos de adormidera y machácalos en el mortero con el zumo de medio limón.

- Enseguida.

Merlín dedicó la siguiente media hora a buscar, entre los minúsculos y apretados botecitos de las estanterías, aquellos dos con las hojas de las plantas que buscaba. Pese a que tuvo que hacer uso de todos sus conocimientos sobre la forma y el tamaño de las flores de dichas plantas para dar con ellas (había muchas de color amarillos y morado, respectivamente), al final las encontró y, sin perder tiempo, vertió la cantidad correspondiente de hojas y pétalos de las plantas en el mortero que, un rato antes, había seleccionado. El limón fue más fácil de encontrar, y tan pronto hubo vertido la cantidad de zumo correspondiente en el mortero, comenzó a mezclar este con las hojas y pétalos que había añadido antes y los machacó y revolvió hasta que, media hora después, todo se convirtió en una masa uniforme con un fuerte olor a cítrico.

Cuando Merlín llegó con Gaius y la muchacha, se sorprendió al ver que esta estaba prácticamente desnuda, a excepción de la fina túnica de lino descolorido que hacía las veces de ropa interior. Sin embargo, más llamativas resultaban sus heridas, repartidas por todo el cuerpo: desde moratones hasta arañazos, pasando por marcas de quemaduras y de otras heridas cuyo origen Merlín no supo situar.

Gaius alzó una mano, pidiendo el mortero, y Merlín se lo tendió, todavía algo sorprendido.

- ¿Gaius, q-qué…?

- No lo sé – le interrumpió el galeno – Esperemos que ella nos lo pueda contar, si despierta.

- "¿Si despierta?" – repitió Merlín.

Gaius no respondió. En su lugar, el anciano centró toda su atención en untar con la mezcla del interior del mortero todas y cada una de las heridas recientes de la joven, desde las que tenían mala pinta hasta las que estaban prácticamente curadas. Fue un proceso largo, que requirió de la concentración y de la paciencia de Gaius durante las siguientes dos horas, pero, cuando este terminó, echó la cabeza hacia atrás y se permitió sonreír al admirar su trabajo.

Merlín lo imitó y él también sonrió. La joven, aunque inconsciente, parecía más relajada y en paz que unas horas antes; además, aunque tuviese medio cuerpo cubierto con el ungüento que Merlín había hecho, el resto de piel que no estaba cubierto por este parecía haber recubierto parte de su color normal.

Pero no había tiempo que perder.

Gaius carraspeó y se acomodó mejor en el taburete que había situado junto a la cama de la joven, y sobre el que se había sentado para atenderla, antes de poner, por segunda vez, su mano sobre la frente de la muchacha, en el lado donde tenía la fea herida. Antes de cerrar los ojos para concentrarse, miró a Merlín.

- Quema unas ramas de eucalipto.

Mientras Merlín se daba media vuelta en busca de las ramitas de eucalipto que recordaba haber cogido del bosque hacía apenas dos días, pudo escuchar a Gaius murmurar a sus espaldas:

- Ic þe þurhhæle þin licsare.

Merlín giró la cabeza y miró nerviosamente a su alrededor, vigilando que no les hubiese oído nadie. Unos segundos después, suspiró aliviado y volvió a centrar su atención en las ramitas de eucalipto hasta que las encontró unos minutos después.

- Bryne

Tan pronto la parte superior de las ramas de eucalipto se prendió, Merlín sopló para desvanecer la llama, de forma que el eucalipto permaneció quemándose poco a poco y emitiendo conforme lo hacía un agradable olor.

Merlín se acercó nuevamente a Gaius y este le arrebató el eucalipto de las manos y comenzó a pasarlo por delante y alrededor del rostro de la joven inconsciente.

Cuando las ramas de eucalipto se hubieron quemado por completo hasta casi consumirse completamente, Gaius se las tendió de nuevo a Merlín y, mientras este las desechaba, volvió a poner una mano sobre la frente de la joven.

- Ic þe þurhhæle þin licsare!Ic þe þurhhæle þin licsare mid þam sundorcræftas þære ealdaþ æ!

Merlín fue testigo de como Gaius parecía estar a punto de caerse sobre la joven, pero este consiguió apoyar las manos a tiempo en el borde de la cama de esta para evitar el incidente.

- ¡Gaius!

Este no respondió, lo que alarmó más a su aprendiz. En su lugar, el anciano parpadeó con fuerza y permaneció con los ojos cerrados, con gesto de visible agotamiento.

Merlín corrió a su lado y se agachó junto a él, examinándole con ansiedad.

- Gaius, ¿qué sucede?

El anciano respiró hondo.

- Los hechizos sanadores drenan mucha energía… y un anciano ya no tiene la misma fuerza que alguien joven.

Merlín tragó saliva y se chupó los labios, nervioso.

- Yo te ayudo – Merlín se levantó y agarró, con delicadeza pero con firmeza, a Gaius por debajo de los hombros – Vamos, levanta.

Lentamente, Gaius se incorporó; aunque se tambaleó varias veces, Merlín le impidió caerse. Despacio, recorrieron el camino, con pequeños pasos (aunque seguros), hasta el lugar donde estaba situada la cama donde dormía Gaius, y Merlín le ayudó, pacientemente, hasta que este se hubo recostado.

Una vez seguro y tranquilo de que su mentor estaba a salvo, volvió a la cama donde estaba la mujer de la aldea y se sentó en el taburete que Gaius había dejado libre.

Observó a la mujer durante minutos, sin observar cambios, y, cuando llegó la noche, decidió que él también merecía un descanso; Arturo le había dado "libre" aquel día, pero tenía seguro que no sería tan benevolente al día siguiente… algo que él mismo le había asegurado cuando, por la tarde, se había pasado por la enfermería para ver si la joven misteriosa había hecho algún progreso.

Conteniendo un bostezo, Merlín se incorporó y se alejó unos pasos en dirección a las escaleras al final de las cuales se encontraba la puerta de su habitación, pero no había dado más de cuatro pasos cuando regresó con la muchacha y la colocó los brazos sobre la manta que, antes, la había echado por encima para cubrir su cuerpo.

Fue entonces cuando lo vio.

Mientras sostenía con delicadeza su brazo izquierdo, al moverlo levemente de posición, vio algo negro sobre la piel de la mujer, a la altura de la muñeca, en la parte posterior, hacia el lado izquierdo. Merlín giró lentamente la mano de la mujer hasta que lo vio.

Un trisquel.

Por un momento, el brazo de la muchacha resbaló entre sus manos, pero Merlín pudo reaccionar lo suficientemente rápido para poder volver a tomarlo entre estas torpemente y colocarlo, junto al otro brazo, por encima de la sábana, descansando sobre su barriga.

Entonces, Merlín se alejó unos pasos y se quedó mirando a la joven con gesto grave.

"Druida".


Comentario de la autora: Edité el capítulo anterior y corregí algunas faltas ortográficas; probablemente, si encuentro tiempo, acabaré haciendo lo mismo con este (aunque, a diferencia del anterior, este lo revisé a conciencia durante y después de escribirlo, pero siempre se puede escapar algún fallo). Gracias por vuestras reviews, y espero que este capítulo os guste tanto o más que el anterior. Y por favor, no dudéis en seguir mostrando vuestra opinión :)Aprovecho también para decir que, a partir del próximo lunes, no tendré mucho tiempo disponible para actualizar mis historias: empiezo la universidad, y este maravilloso y bonito mundo se transformará en un mundo gris y perverso, por no mencionar que olvidaré el significado de las palabras "tiempo libre". Pero las fics no estarán abandonadas, e intentaré tener todas actualizadas para Navidad (que lo consiga es otra cosa XD). Excluir de aquí La última frontera, pues, desgraciadamente, la imaginación y la creatividad están jugando en mi contra y probablemente la acabe borrando para editarla y volverla a publicar, renovada y mejorada, más adelante.
Eso ha sido todo. Perdón por el comentario tan largo y espero que os guste el capítulo :)