Mis disculpas la tardanza, ando muuuuy ocupada pero no quiero dejar esto de lado! Gracias por la buena onda y los comentarios, siempre son bienvenidos y me animan a escribir más. ;)


PARTE 2: Revelación

El pescado me supo glorioso esa noche, su sabor fue tan bienvenido como mi renovado buen humor. Como si hubiese abierto las puertas de una jodida represa, toda la energía negativa se había liberado y yo me sentía de maravilla.

-Trabajaste duro el día de hoy, Johnny, me doy cuenta de ello.- Comentó mi abuela mientras cenábamos.- Eres igual que tu abuelo, el trabajo duro siempre lo ponía de buen humor.

-¿Lo crees? – Sonreí complacido por la comparación.- Me siento halagado.

-Pues no lo hagas. ¿Acaso escuchaste lo que te acabo de decir? ¡El hombre se ponía de buen humor cuando trabajaba hasta partir su trasero! Es una locura, ¿quién hace esas cosas?

-Todavía creo que es un halago, Nan.- Dije sin dejar de sonreír. No solo mi buen humor había vuelto, sino que ella se veía mucho más animada que en la mañana. – Debo estar igual de loco que él.

-Bien podrías, Dios sabe que eso viene de los Watson, no de mi familia. Siempre fuimos más cautos y juiciosos.

-El abuelo solía decir que eran todos unos reprimidos.

Su rostro se enrojeció y lanzo un par de maldiciones en voz baja, que yo sabía estaban dirigidas a su esposo.

-El viejo no estaba equivocado, y creo que también tienes de eso John.

Yo solo negué con una falsa expresión de ofendido, pero seguía riéndome. Comimos en silencio, con el buen humor colgando entre nosotros por algunos minutos más, hasta que ella volvió a hablar.

-¿Viste al chico Holmes hoy?

Casi me ahogué con la comida.

-¿Qué?

-El chico Holmes, el nieto de Violet. ¿Era Sherlock su nombre?

-Sí, Sherlock Holmes. ¿Por qué preguntas por él?

Ella bufó en voz baja de nuevo, como contrariada por tener que justificarse.

-Bueno estábamos hablando de locos y de pronto pensé en ese chico. ¿Lo viste entonces?

-Sí. ¿Por qué?

Se encogió de hombros y siguió comiendo. Hacía ese gesto cada vez que daba por abandonado un tema de conversación, pero me negaba a que se terminara. Era tan extraño que ella preguntase por él, mi abuela jamás había hablado de Sherlock desde que yo llegase a su casa.

-¿Por qué Nan, por qué me preguntas si vi a Sherlock?

-Oh solo me preguntaba.- Se volvió a encoger de hombros.- Quería saber si finalmente te había encontrado.

Mi abuela se levantó a dejar su plato en el lavado y echó a correr el agua del grifo. Unos minutos después la seguí a la cocina, porque todavía no entendía lo que estaba pasando.

-Nan, vas a tener que ser más clara conmigo. ¿Cuál es el asunto con Sherlock Holmes?

- Ohh no estoy segura de que alguien en el pueblo sepa cuál es el asunto con ese muchacho. Un poco extraño, es lo que escuché, y bocotas. Cero respeto por la propiedad ajena, siempre se cruza por nuestro fondo.

-¿Lo hace? – Pregunté incrédulo.- Nunca lo he visto por aquí.

-¿Nunca? Pero si se pasa dando vueltas por la propiedad sin importarle nada. No estoy segura de lo que hace, deambulando por su cuenta, ha de ser porque no tiene amigos.

Ella sonó un poco disgustada cuando dijo lo último, aunque no supe si se debía a lo de meterse en su fondo o por lo de amigos.

-Me dijiste que no sabías nada de él cuando te pregunté hace unas semanas. ¿A qué viene todo esto?

-Tú querías saber si yo sabía algo específico de él, y te dije que no sabía nada, eso es cierto. – Me contestó con el tono amenazante de quien acabase de ser insinuado que miente.- Pero luego lo vi en cruzar nuestro fondo con esa libreta y le pregunté qué hacía en mi propiedad.

Me la imaginaba, huraña y seca como solo ella sabía ser, regañando al adolescente.

-¿Y qué te dijo?

-Nada, se me quedó mirando con esos ojos de venado abrumado. Le pregunté si estaba buscándote, como siempre venía a preguntar antes, y me dijo que sí. Así que le dije que estabas en el muelle viejo. Se marchó en esa dirección así que supuse que no mentía.

Ayude a mi abuela a secar los platos, pasaba el paño por la loza todavía tratando de procesar todo lo que me acababa de decir.

-Espera un momento, ¿a qué te refieres con que venía a preguntar por mí?

-Bueno, él lo hacía. – Contestó con franqueza.- El abuelo solía hablar más con él que yo, ya sabes como siempre tuvo más paciencia. Ese niño venía todo el tiempo a preguntar por ti, incluso cuando le decíamos que este verano no vendrías. Pero era terco, a los pocos días lo teníamos en la puerta otra vez. "¿John está en casa?" preguntaba de nuevo. Tu abuelo incluso tenía que llevarlo a su casa cuando se sentaba en la vereda a esperar que llegases.

-El sigue siendo un malcriado.- Comenté con amargura, recordando las palabras que me había gritado solo horas atrás, porque no había conseguido lo que quería.

-Obstinado más bien. – Repuso ella, con un tono censurador.- El lloraba mucho y gritaba en dirección de la casa que prometía portarse bien y que esta vez estaba limpio. Nunca entendí a qué se refería, pero le partía el corazón a mi esposo. Eres el único que lo trató bien, no puedo culparlo si se aferraba a eso.

Y por la forma en que lo contaba, podía darme cuenta de que a ella también. De pronto recordé al pequeño Sherlock, no había pensado en él hacía semanas, y me sentí un poco triste por él. Pero de repente recordaba al chico que había visto hacía horas y no podía relacionar a esas dos personas.

-¿Por qué me cuentas todo esto de repente, Nan?

-Creí que tu cambio de humor tenía que ver con ese chico, también era tu amigo, ¿no Johnny? Últimamente te la pasas solo… pensé que un poco de compañía no te vendría mal. Y Dios sabe que ese chico Holmes necesita un poco de lo mismo. No lo están pasando bien en su familia, por lo que he oído, con lo de Violet y todo el asunto,- hizo un gesto con la mano.- se entiende que ande vagando tanto tiempo lejos de su casa.

Después cambió de tema, empezó a hablarme sobre como una de sus vecinas había ganado un pequeño premio en la lotería y yo fingí escucharla. Pero la verdad es que estaba de repente muy cansado y me dolía la cabeza, no dejaba de repasar toda la conversación en mi mente tratando de comprender las cosas.

Cuando me fui a la cama otra vez no pude dormir, aunque estaba exhausto. Solo quería cerrar los ojos y dejar de pensar, sin embargo las palabras de mi abuela seguían flotando frente a las imágenes de esa tarde. Empecé a recordar aquellos días en que conocí a Sherlock, cómo había sido de niño. Más cosas venían a mi cabeza mientras repasaba la charla, recuerdos que creía olvidados de tardes en el río, de experimentos y cómo habíamos prometido ver la lluvia de estrellas pero nunca lo hicimos.

Trataba de pensar en el motivo por el cual nunca pasó, e inevitablemente terminé recordando todo el fiasco de Clara y Harry. Había sido tan estúpido y ella tan cruel, como solo los niños pueden serlo. No, Harry no era una niña, y en realidad, su sentido del humor tan retorcido no había cambiado. Sino para peor, se había potenciado, y sus constantes bromas pesadas era uno de los motivos que me habían alejado de ella a lo largo de los años.

Había rechazado a Sherlock por todo el asunto de Clara y al poco tiempo le pedí a mi papá que nos fuésemos. Por eso nunca vimos la prometida lluvia de estrella, en cambio esa noche me había encerrado en mi habitación a lloriquear y gritar de rabia.

Casi al filo del sueño, vino a mi otro recuerdo. Estaba pensando en los gritos de la tarde y rememoré sobre como habíamos peleado así antes, años atrás, cuando no quise acompañarlo en una de sus excursiones. Me sentía frustrado y dije toda clase de cosas para que se fuera porque no se quería marchar. Le había dicho que era un sucio o algo por el estilo, y su rostro de niño herido, que no me provocó nada cuando tenía catorce años, casi me rompió el corazón ahora que era un adulto.

Una voz lejana en mi conciencia me dijo que se parecía mucho a l cara de humillación que yo había visto (provocado) ese mismo día. Gruñí mientras me tapaba la cara con la almohada, tratando de cubrir la vergüenza que sentía en esos momentos, a pesar de que nadie estaba allí para verme. Había sido un bastardo, antes y ahora.

Sherlock Holmes me había considerado su amigo, probablemente, el único que había tenido entonces, y yo había sido cruel con él. Lo había humillado frente a una bella chica y el paralelismo con las primeras palabras que me dijo en el correo me golpeó de repente. Él había sido un bastardo también, pero yo me lo merecía. Me preguntaba si lo habría hecho a propósito, si era esa su forma de decirme: te recuerdo y recuerdo todo lo que me hiciste, ahora voy a vengarme. Parte de mi quería que así fuese, que al menos su venganza mitigase la culpa que yo sentía en ese momento.

Le había robado su primer beso. Oh Dios, era un idiota. Sherlock tenía razón, era un maldito neandertal.

El festival de culpa siguió toda la noche, en la mañana me quedé en la cama porque no tenía que ir a trabajar ese día. Recuerdo haber pensado que después del susto que le había dado probablemente no volvería a ver a Sherlock ese verano.

Sin embargo escuché pisadas en el pasillo lateral de la propiedad y me gire a mirar por la ventana, llegando a ver una figura borrosa que era sospechosamente parecida al chico en el que estaba pensando.

Salí de la cama de un salto y apenas llegue a ponerme los pantalones antes de salir corriendo en la dirección que lo había visto desaparecer. Mi abuela había mencionado algo sobre que solía meterse en la propiedad pero nunca lo había descubierto hasta ahora. Corrí hasta la entrada de la casa, y entré al garage, donde escuché ruidos.

Me metí sigilosamente y lo encontré intentando meterse a la vieja camioneta de mi abuelo. No podía verlo porque estaba de espalda, pero me dio la impresión de que intentaba forzar la cerradura. Me quedé mirándolo en silencio un rato, por la pura diversión de verlo renegar en silencio con las ganzúas.

-Eso se ve más difícil de lo que pensé.

Mi voz le hizo pegar un salto y girarse de golpe.

-¿Estás intentando robarte la camioneta de mi abuelo?- Le pregunté cruzándome de brazos mientras me apoyaba tranquilamente sobre la pared. Sherlock parecía sopesar cuidadosamente sus palabras antes de responderme.

-No.

-Porque esto se parece un montón a que estás tratando de forzar la puerta de la camioneta.

-Por supuesto que sí.- Contestó bruscamente.- No seas idiota, hasta un simio puede darse cuenta de que estoy forzado la puerta.

Aquello me provocó una sonrisa, porque a pesar de lo que había pasado el día anterior él seguía con su mismo carácter y en parte eso me aliviaba. Me acerqué para ver mejor lo que hacía, pero en ese instante Sherlock se hizo para atrás y levantó la mano apuntándome con la ganzúa. De repente estaba tenso y en posición de defensa. Notaba lo alerta que sus ojos me miraban, pero a la vez no podía ver su temor.

Oh. Por supuesto que ahora le daba miedo. Me aleje a mi posición original, dándole su espacio.

-Mira, no hace falta que tengas miedo, no voy a volver a atacarte. Aquello fue estúpido y un error que no voy a volver jamás. No voy a volver a ponerte una mano encima, ¿ok?- Levante las manos en gesto de rendición.- Quiero pedirte disculpas por lo que sucedió ayer, no debí hacer eso… ni burlarme de ti… ¿Bien?

Parpadeó rápidamente y sus ojos iban de un lado a otro en mi cara, seguramente buscando señales de mentira.

-Yo… Yo no te tengo miedo.- Declaró dejando la postura defensiva y cruzándose de brazos.

-Bien.

-Bien.-Coincidió entrecerrando los ojos. Yo le respondí con una sonrisa tentativa, que él no correspondió.

-Hum sí, ¿ahora podrías explicarme qué está pasando aquí? –Señalé en dirección a la camioneta.

-No estoy robando nada.

- Okay esa parte quedó clara… ¿Qué se supone entonces que haces?

-Iba a tomarla prestada.- Contesto lentamente, mirando en dirección del vehículo.

-Ajá…-Le hice un ademán de que siguiera hablando y enseguida pareció tener sufrir un ataque de timidez porque balbuceo en voz baja unas cuantas frases antes de continuar.

-Necesito ir al pueblo de al lado.- Eso sonaba cerca, pero en realidad eran unos quince kilómetros de distancia.

-Ok, a ver si entiendo. Pensé que tenían choferes para este tipo de cosas, ya sabes, los que manejan los autos de tu familia y evitan que tengas que salir a saquear vehículos ajenos.- Yo sonreía mientras señalaba la puerta de la vieja camioneta.

-No seas idiota… por supuesto que no puedo usar esos. No hay manera de que ellos me dejen ir si supieran a dónde voy. Piensa un poco, John.

-Ya… creo que voy entendiendo. Ok.- Lo hice a un lado y le di un golpe con el borde de mi puño a la puerta del vehículo, que se abrió de inmediato. La expresión de shock de Sherlock era impagable y me hizo sonreír de oreja a oreja.- Sube.

-¿Qué?

-No hay forma en que te deje conducir la camioneta de mi abuelo, dudo que sepas hacerlo y estoy seguro de que ni siquiera tienes permiso.

Me subí en el asiento del conductor y le hice señas de nuevo, para que abordara el asiento de al lado. Sherlock tenía la expresión de quien acabase de ver un ovni.

-¿Estás ofreciendo llevarme?

-Obviamente, hasta un idiota se daría cuenta de eso. Hasta donde recordaba eras un genio. – Le guiñé un ojo y el entrecerró los suyos, con expresión de desconfianza.

La verdad que yo me sentía igual de extraño. No sé qué me había impulsado a hacerle el ofrecimiento. Probablemente era la culpa, parte de mí sentía que estaba en deuda con ese chico y quería pagarle por lo que le había hecho, antes y ahora. Otra parte quizás era a que no quería dejar de verlo. Antes, estando en la cama, yo había pensado que jamás lo volvería a ver y la idea no me había gustado nada. Era una contradicción maldita, antes no había querido encontrarlo, y ahora no quería dejar de verlo.

Mientras Sherlock se subió al auto y se ajustó el cinturón con movimientos todavía reticentes, me puse nervioso al notar lo hermoso que en verdad era y que ese enamoramiento que yo tenía no se había ido nunca. Trate de ignorar la sensación, ya lo había asustado una vez, no quería tener que cargar con más culpa.

-Muy bien, tú dirás adónde.

Me miraba de costado, su postura todavía tensa.

-Por lo pronto toma la ruta principal, cuando tengas que tomar el desvío te avisare.

-¿Y cuál es el asunto por el que vamos ahí?

Sherlock sonrió, una sonrisa pequeña pero enigmática acompañaba sus ojos brillantes de emoción.

-Asesinato.

A mitad de camino Sherlock había subido las piernas al asiento y tomado una posición extraña, indudablemente incómoda, pero que al parecer a él no le molestaba. Tenía las manos cruzadas sobre sus rodillas, a la altura de su barbilla, con la mirada perdida. Yo solo pensaba mientras veía la ruta delante de nosotros y escuchaba el ruido monótono del motor que ojalá hubiese desayunado algo antes de salir.

-¿No vas a preguntarme?

-¿Hum?

-No te molesta lo que dije, podríamos estar yendo a cometer un asesinato. ¿No te molesta?- Para mi sorpresa, se escuchaba en verdad intrigado y hasta un poco sorprendido por mi facilidad para seguir conduciendo sin cuestionar sus motivos.

-¿Estamos yendo a cometer un asesinato?- Pregunté con tranquilidad, sin quitar los ojos del camino.

-No.

-Bien.- Me encogí de hombros.

Se hizo silencio de nuevo en la cabina.

-Eres extraño John Watson. – Murmuró Sherlock, pero de la manera en que lo dijo no parecía sentir que eso fuese algo malo. – Gira aquí, - señaló la siguiente salida a la izquierda.- tres kilómetros en línea recta, vamos a la granja McPhee.

-No los conozco.

-Por supuesto que sí los conoce.- Replicó.- Los padres de Anna McPhee.

-Oh… ¿Es esa chica…? – El asintió de inmediato. No conocía a Anna McPhee en persona, pero su nombre era bastante popular después de su muerte el pasado octubre. Era una chica del pueblo vecino que había fallecido por un tonto accidente en una cosechadora.- Sus amigos estaban enseñándole a usar la máquina y se cayó delante de la cosechadora.

Sherlock hizo un sonido desaprobador.

-Dudoso. Geoffrey Langley y Edward Owen la atacaron, fue un asesinato.

-¿Qué? ¿Cómo sabes eso?

-Aún no lo sabemos John, pero es justamente lo que vamos a averiguar.

Sherlock me explicó cómo había estado siguiendo el caso desde que lo leyese en las noticias el octubre pasado. No fue específico pero sonaba a que había estado impaciente de que las clases terminaran para volver y poder investigar por su cuenta, porque tenía al menos seis teorías al comienzo del verano, pero había desestimado dos de ellas desde que viera las fotografías en el archivo de la policía. No tengo idea de cómo lo había obtenido, pero por la forma en que lo dijo yo supuse que lo había robado. Luego recordé los rumores de cómo lo habían visto en la estación de policía molestando a menudo y comprendí que esa era su vida ahora. Su hobbie, lo que había estado haciendo todo el tiempo, Sherlock estaba investigando por su cuenta la muerte de esta chica. Me sentí asombrado y emocionado de más cuando me explicó que planeaba meterse en la granja para ver la cosechadora.

La máquina en cuestión había sido liberada del incauto por la policía de investigación y ahora estaba de vuelta en la granja de los McPhee.

-Ok… ¿Cómo planeas hacer esto?- Le pregunté cuando llegamos.

- Tú golpeas la puerta y pides hablar con su padre, no lo dejes salir de la casa hasta que te de la señal.

-¿Qué? ¡Sherlock espera…!- Pero ya era demasiado tarde, había salido corriendo en dirección al granero de los McPhee.

Lo más extraño de todo fue que no me sentí tentado a desobedecerlo. Por el contrario, sentí algo que hacía tiempo no había vivido, una sensación ensordecedora de emoción y adrenalina palpitando en mis oídos. Salí de la camioneta y arreglé un poco mi aspecto antes de tocar el timbre y pedir hablar con el padre de Anna e inventar una excusa sobre la marcha.

Cerca de veinte minutos más tarde, mientras estaba sentado en la sala de los McPhee, con la señora McPhee llorando sobre mi hombro y una taza de té a medio tomar frente a mí, vi a Sherlock junto a la ventana haciéndome señas y luego salir corriendo en dirección a dónde nos habíamos estacionados. De inmediato presenté mis excusas y me largué de esa casa.

Cuando entré en la camioneta la encendí enseguida porque quería marcharme lo antes posible, todavía tenía la camiseta empapada por las lágrimas de la mujer. Sherlock, por el contrario, estaba vibrando de energía. Su rostro serio y pensativo del camino de ida no tenía nada que ver con la sonrisa maníaca que portaba ahora.

-¿Encontramos algo?

-¡Sí! ¡Dios, eso fue brillante!

Empezó a detallar algo sobre abolladuras y los treinta y cinco tipos de patrones de golpe que podría coincidir con las marcas en el cráneo del cadáver, algo de manchas de sangre y otras cosas que no podía seguir por la velocidad en su discurso. No me importaba no entender el cómo, lo que necesitaba saber era lo importante, el hecho de que Anna no había muerto accidentalmente estaba casi confirmado.

-¿Cómo te las arreglaste para infiltrarte en su casa, por cierto?- Quiso saber cuando ya casi estábamos llegando. Parecía en verdad curioso.

-Les dije que era William, el amigo por correspondencia de Ana y venía a presentar mis respetos.

- Oh… Buena mentira.-Me felicitó sin demasiada emoción.-¿La gente todavía hace esas cosas, amigos por correspondencia?- Noté el deje de burla en su voz.

-Anna sí.- Me encogí de hombros.- Vi en el correo las cartas que siguen llegado para ella, Molly las guarda porque no tiene el corazón para entregársela a sus padres.

-¿Qué?

-Incluso pensó que debería escribirle a su amigo para decirle lo de Anna y que no siga mandando cartas.

-Eso fue… sorprendentemente inteligente viniendo de tu parte, John.- Me miró como tuviera de pronto otra cabeza saliéndome del cuello y yo rodé los ojos, aunque en parte me sentía un poco halagado. – No tenía idea de ese amigo por correspondencia… ooh…¡Oh es brillante John! Vamos a robarle esas cartas a Molly.

-¿Crees que sean de ayuda?

-Nunca podemos estar del todo seguros.

-Ok… Y estoy casi seguro de que no hace falta robar nada, simplemente dile a Molly lo que estas intentando hacer y te las entregara ella misma.

Sherlock hizo de nuevo ese mismo ruido desaprobador en su garganta.

-Pero eso toma tiempo y no es tan divertido.

Quizás era el cansancio, lo bizarro de la situación o la hipoglucemia pero no pude evitar reírme. El chico todavía me miraba como estudiando a un extraterreste.

-John Watson, eres extraño.- Me dijo cuando se bajó de la camioneta. El sol estaba en su cúspide y ya podía sentir el olor del almuerzo saliendo de la cocina de mi abuela.

-No eres el primero en decirme eso en las últimas veinticuatro horas, Sherlock Holmes.

-No puedo decir que encuentre eso inverosímil. –Respondió con esa misma voz aburrida y pomposa, pero sin poder ocultar una sonrisa en su rostro cuando se marchó en dirección a su casa.