Ya volví :3 Vamos a ver cómo le va a Mu.

ADVERTENCIA: En éste fic he decidido mostrar a los dioses más sobrehumanos, en toda la plenitud de su divinidad y personalidades. Así que puede haber violencia, un poco de gore, incluso tensión sexual, yaoi y shonen ai.

Sin ir más lejos, en éste capítulo hay un buen chorro de shonen ai.

Están advertidos, así que no me vengan con berreos y moralismos :p

Capítulo 1 Κριος: Ἀπόλλων

Los dorados bajaron en silencio todo el camino. Todos pensaban en lo que deberían haber hecho para que se les "castigase" de ése modo y quién habría sido el autor intelectual.

-De seguro que fue Shion, aventuró Saga.-Ése viejo siempre trata de llamarnos la atención e inculcarnos el temor a los dioses. Como sí lo merecieran.

-Cállate, Saga. ¿Qué no ves que justo éste tipo de actitudes son las que pueden acarrearnos problemas, precisamente aquí?, lo reprendió Aiolos.
-Meh. Para lo que me importa, contestó el geminiano.
-Ojalá te tocara hablar con Ares y te ensartara las tripas, deseó el de Sagitario.

El santo de Géminis apartó la mirada.

-Oigan, ¿y alguien ha hablado mal de los dioses enfrente de la señorita?, preguntó Aiolia.

-¿Estás insinuando que nuestra propia diosa es la que nos ha mandado a la boca del lobo?, reprobó Milo.
-Yo sólo digo. No veo a otro mortal preparando una trampa tan "elaborada" como ésta. ¿Y no subió por qué? No parece lógico que nos haga esto y se aleje de nosotros cuando siempre nos ha cuidado.
-Pues mira, yo creo que a algunos se nos ha debido salir algo. No parecía muy contenta cuando se fue a Japón.
-¿Y sí no se fue a Japón...?, siguió insistiendo el de Leo.
-¡Basta, Aiolia!, lo callaron sus compañeros.

Mu suspiró y apretó el paso. Aunque estaba aliviado de que no le hubiera tocado algún dios desconocido sentía una desagradable opresión en el estómago.

El resto del día lo pasó desganado y con un estado de ánimo decaído. Shaka lo notó.

-¿Mu, qué es lo que te preocupa?, tanteó, mientras el resto se dedicaba a explorar el palacio.

-Creo que Aiolia tiene razón, Shaka, le confió al guardián de Virgo.
-¿Crees que la señorita Athena fue quién planeó esto?

El santo de Aries asintió.

-Estaba histérica por las faltas de respeto de algunos hacia otros dioses. Y es la diosa de la inteligencia y la guerra estratégica. ¿Y sí se las arregló para darnos una lección?
-Pues sí ése es el caso, poco podemos hacer, comentó el indio.-Sólo afrontar éste trago amargo.
-Sólo espero que a Saga no le toque alguno de los más belicosos o habrá problemas.
El santo de Virgo asintió en silencio. El temperamento del santo de Géminis sin duda era mejor complementarlo con mucha paciencia.
-¡Shaka, ven a ver esto!, se oyó a lo lejos.
-¿Vienes?, le preguntó a su compañero.

Éste negó con la cabeza.

-Ve tú. No tengo ganas de nada, manifestó.
-Tranquilo. Ya verás que todo irá bien, dijo, mientras se daba la vuelta.

Mu suspiró y miró el paisaje que se veía por la ventana. Nubes de color dorado se arremolinaban, conformando una especie de suelo sobre el cuál se asentaban las columnas y los palacios de los dioses. También había peldaños y rocas a similitud del suelo de la Tierra. Sí no fuera por la cercanía del astro rey se hubiera podido ver el cielo, límpido y diáfano como nunca se vería desde allá abajo.

Se separó de la ventana y empezó a observar con atención lo que lo rodeaba. El lugar tenía una decoración simple que aún así revestía cierta belleza y había cierto número de estatuas y pinturas que representaban a la diosa en sus más diferentes facetas.

Al pasar por una estatua de Athena con otro joven se detuvo con curiosidad. La diosa presentaba un cabello largo y rizado y la cabeza cubierta por el casco. Su pecho era cubierto por la égida y sus manos eran ocupadas por una lanza a la diestra y por el escudo a la siniestra. El joven a su lado presentaba un cuerpo atlético y fuerte que notaba juventud. Los lacios cabellos eran adornados por una corona de hojas de laurel, y llevaba en la diestra una lira. Entre los pies de ambos había una serpiente de tamaño notable.

El santo de Aries tragó saliva al reconocer en aquellos rasgos al dios Apolo. Teniendo en cuenta que la estatua tenía los verdaderos rasgos de ambos dioses, supuso que alguien debió de haberla esculpido en la edad del mito. O que talvez, la misma diosa la había esculpido.

-¡Mu!, lo llamó alguien, pegándole un susto de muerte.- ¿Dónde andas, borrego?

-¡Aquí estoy!, dijo, mientras se apresuraba.

-Aquí estabas, dijo Camus.-Ven, van a enseñarnos nuestras habitaciones.

El primer guardián suspiró, sintiendo sobre sí la mirada de su par de Virgo sobre sí. Se apresuró a ir detrás de su compañero.

-Mu, ¿seguro que estás bien?, susurró Shaka.
-Sí, estoy bien. Déjame en paz.

-Ocuparán dos por habitación, interrumpió la ninfa, abarcando el gigantesco pasillo con un gesto. Como hay seis habitaciones será más fácil tenerlos a los doce cerca.

Se fueron agrupando en parejas: Camus y Milo, Dohko y Saga, Aiolos y Shura, Afrodita y Death Mask, Aiolia y Aldebarán y él y Shaka. La muchacha iba abriendo las puertas e indicándoles que pasaran, les deseaba las buenas noches y cerraba las puertas detrás de ellos.

Se quedó a solas con Shaka en la lujosa habitación. Las camas ocupaban lados opuestos de la habitación y tenían hermosos doseles. El santo de Virgo tomó uno para mirarlo de cerca y sonrió al reconocerlo.

-Así que esto es lo que borda en sus ratos libres, murmuró.-Ya me preguntaba qué hacía con lo que bordaba.

-El mío está tejido, murmuró Mu.

El santo de Virgo examinó las restantes piezas del recinto. Distinguió piezas tejidas, cosidas, bordadas e incluso esculpidas en madera, y mármol. Algunas las reconoció, otras no.

-Parece que se entretiene bastante con el trabajo manual, murmuró.

-Es la diosa de las artes manuales, ¿no?

-Sí, así es.

-Abajo había una escultura de ella y Apolo. Pero tienen su aspecto original. ¿Crees que la habrá hecho ella?, cuestionó Mu.

-Es posible, concedió Shaka.- ¿Y sí nos vamos a dormir? Mañana te espera un día muy especial, ¿no?
-Cállate, Buda, replicó. Pero le hizo caso.

En horas avanzadas de la noche, cuando la luna iluminaba el pasillo hizo su aparición una figura femenina y silenciosa. Se aseguró que las luces estuvieran apagadas en las seis habitaciones y entró, depositando besos en la frente de los doce guerreros.

Apenas había cerrado la puerta de Dohko y Saga cuando el geminiano se despertó repentinamente. Se tocó la frente y sintió los restos del cosmos de la diosa en la estancia.

-¡Dohko!, llamó a su compañero en un susurro apremiante.- ¡Dohko!

-¿Qué quieres, Saga?, contestó el chino con voz pastosa.

-La señorita Athena estuvo aquí.

-La señorita Athena está abajo en el Santuario, Saga. Habrá sido tu imaginación, le contestó.

El griego acabó de creer que había sido un sueño, se encogió de hombros y volvió a dormirse.

Afuera, la diosa se detuvo en el pasillo con un nudo en la garganta.

-Perdónenme por hacerles esto, susurró, apenada.-Pero es necesario que aprendan a respetar a los dioses.

Se enjugó una lágrima indiscreta y se retiró a sus habitaciones.

En la mañana, Mu se despertó con sobresalto. Estuvo aproximadamente una hora dando vueltas sobre la cama hasta que decidió levantarse. Calculó mal la altura de la cama y resbaló, torciéndose el tobillo de forma dolorosa.

-Ash. Genial, dijo, mientras se levantaba como malamente podía.
Cojeando, se dirigió al baño y llenó la tina de agua bien caliente. Se introdujo con cuidado y se sentó.
Se quedó unos minutos mientras se lavaba el cuerpo. El calor del agua le calmó el dolor del pie lastimado.

Fue cojeando hasta la silla que estaba al lado de la cama y se puso encima el cloth. Sacudió la capa y se la ajustó detrás. Siempre cojeando corrió el dosel y arregló la cama. Caminó hacia la cama de su compañero y corrió las cortinas. Shaka estaba tendido sobre un costado con el cabello desparramado sobre la almohada, con un brazo debajo de la almohada y otro muy cerca del rostro. Respiraba plácidamente y su rostro tenía una expresión benéfica. Sintió envidia. Estaba claro que el virginiano había dormido muy bien.

Soltó la cortina y se dirigió hasta la puerta. Salió al pasillo caminando lo más despacio que podía para no despertar a sus compañeros. Tragó saliva cuando vio las escaleras. Respiró profundamente, se agarró del pasamanos y empezó a bajar con lentitud. A medio camino se detuvo respirando pesadamente, mientras sentía los latidos del tobillo lastimado.

-En buena hora me lastimo, murmuró enojado. Siguió bajando.

Las ninfas le habían preparado un desayuno frutal. Comió despacio, admirándose de lo diferente que sabían las mismas frutas allá arriba.

Salió del palacio y caminó hacia arriba. A los minutos empezó a oír ruido de cascos. Se volvió pero no vio nada.

-Éste tobillo está provocándome alucinaciones, se quejó. Caminó por otros minutos más y volvió a oír ruido de cascos. Seguidamente, sintió un topetazo en la espalda.

Se volvió y se encontró con un carnero blanco. El animal era de tamaño considerable con cuernos y cascos dorados, joven, grande y fuerte.

El santo de Aries sintió una emoción muy espontánea y se arrodilló, mientras extendía la mano.

-Hola, bonito. ¿Qué hace un carnero como tú, por estos lugares?, preguntó. El animal se acercó confiadamente y se dejó acariciar. Seguidamente, le volvió a dar una topada en el pecho.

-¿Quieres que nos vayamos?, comprendió el joven ariano, mientras intentaba levantarse.-Ay. ¿Me das una mano?, le dijo al animal, como sí éste fuera una persona. El bovino se le acercó y le levantó el brazo derecho con la cabeza. Mu se sujetó de la áurea cornamenta y dejó que tirara de él para ayudarlo a ponerse de pie.
Una vez que se encontró de nuevo sobre las plantas de los pies el carnero se puso debajo de su brazo derecho para servirle de sostén.

-¿Me vas a ayudar a caminar?, dijo el tibetano, ya comenzando a sospechar de donde había salido el animal. Éste le volvió a dar un topetazo y baló como sí lo urgiera a caminar más y a hablar menos.

El resto del camino transcurrió en silencio. Las pisadas de ambos resonaron en el mármol al entrar al lugar de la cita. El carnero empujó la puerta con los cuernos, y entró mientras el joven se quedaba estático de la impresión.

Detrás de aquella puerta estaba la deidad con la que debía "entrevistarse" Uno de los dioses más imponentes del panteón griego y, por fortuna, uno de los aliados más fuertes de Athena. Tomó una fuerte bocanada de aire, exhaló y traspasó el umbral.

-Es un placer volver a verte, Mu de Aries, se oyó una voz que conocía muy bien. Volvió la cabeza hacia la derecha y lo vio.

Tendido de forma grácil sobre un diván, con el cuerpo desnudo cubierto por una pieza de lino, con cabellos de un rojo profundo que eran adornados por una áurea corona de hojas de laurel y caían gráciles y lacios sobre los fuertes hombros. Cejas broncíneas y perfectas formando un arco perfecto sobre los límpidos ojos celestes, entre los cuales destacaba una nariz perfecta, apolínea. Los labios tenían el grosor perfecto, ni muy delgados ni muy gruesos. El cuello grácil como el de un cisne y el torso y la zona del abdomen, firmes y pétreos, proclamaban la eterna juventud de su dueño. A los pies del diván había una lira, mismo regalo del divino Argifontes,

El ariano sintió la tensión sexual en el aire. No había manera de que algún hombre o mujer sobre la tierra pudiera resistirse a semejante cuerpo. Luchó contra las ganas imperiosas de besar aquellos labios, perderse en aquellos ojos y dejar que áquel dios hiciera lo que quisiera con él. Sacudió la cabeza para alejar de su cabeza esos pensamientos. Pero había algo en el dios que lo atraía poderosamente y lo hacía sentirse cuál Jacinto. Talvez fuera su presencia, dotada de una belleza masculina, hacia la que, a pesar de no sentirse atraído por los hombres, se veía poderosamente atraído. Pasó saliva, sintiendo que sus mejillas se cubrían de carmín.

El dios se dio cuenta de ése rubor y se sintió complacido. ¿Acaso a áquel joven le gustaba lo que veía frente a él? Desechó la pregunta en un arranque de orgullo. POR SUPUESTO que le gustaba. Él era Apolo, el dios de la belleza masculina, el más bello entre los inmortales dioses. No había nadie que se resistiera ante su belleza

-Mi señor Apolo, susurró por lo bajo, el ariano, recuperando la voz. Intentó inclinarse, pero Febo lo detuvo con un ademán.

-Nada de eso. Trae aquí ese tobillo. Nada de reverencias hasta que puedas hacerlo.

-¿Cómo sabe usted...?
-¿Quién crees que te ayudó a llegar hasta aquí?, sonrió el dios.
-¡¿Usted era..?!
-El carnero, sí. Me figuré que algo te debía de haber pasado, ya que tardabas demasiado. Anda, trae acá, reiteró.

El santo de Aries sintió que se le asaba la cara de la vergüenza. Sí bien se había dado cuenta que áquel animal no era ordinario, le había hablado como si fuera una mascota. Pero obedeció y le acercó la pierna al dios.

El hijo de Leto cogió la pierna por la zona del tobillo y quitó la protección de la pierna con un sólo movimiento, dejándola al descubierto. Mu se estremeció debido al dolor, pero también sintiendo otras cosas que no tenían sentido en ése momento. Sintió una repentina urgencia de coger aquellas bellas manos y hacer que no sólo le acariciaran la pierna.

-¿Qué fue lo que te pasó?, preguntó, mientras concentraba su cosmos, para sanar el tobillo lastimado. Se había dado cuenta del sonrojo del ariano y sonrió, para sus adentros, sabedor de lo que provocaba en los mortales. Disminuyó la intensidad de su cosmos para disfrutar por más tiempo del contacto de esa piel nívea.

-Me resbalé al bajarme de la cama, refunfuñó, sintiéndose muy tonto.-No creí que fuera tan alta.

-¿E hiciste todo el camino hasta aquí en ésas condiciones? Es una torcedura grave.

"¿Tanto querías volver a verme, Mu?", pensó Febo, contemplando el sonrojo que cubría la cara del muchacho. Aquellas esmeraldas que brillaban de manera límpida estaban provocando estragos en él. Sólo tocando la pierna y contemplando lo poco de los brazos que el cloth dejaba libre, podía hacerse una idea de cómo sería el resto del cuerpo. Sin duda, un cuerpo masculino y atlético como los que le gustaban. De repente, deseó quitarle esa cloth y hacer a ése muchacho suyo ahí mismo. Porque podría ser divertido, dado el carácter guerrero de éste y estaba seguro que no se dejaría sin oponer resistencia.

-Tenía que, ¿o no?, la voz de Mu distrajo al dios de sus pensamientos.

-Pudiste haberte excusado. O podrías haber pedido que me desplazara allá abajo.

"No es justo que sufras dolor", pensó

-Me pareció una falta de educación hacer eso, volvió a justificar. El dios soltó la pierna, ya curada con deliberada lentitud, casi lamentando tener que hacerlo.

-Ya está. ¿Mejor?

-Sí, señor. Mucho mejor. Gracias, dijo, mientras se arrodillaba. Pero una parte de su mente seguía martilleándole con la idea de dejar que el dios hiciera con él lo que quisiera. De dejarse envolver por áquella presencia abrasadora como el mismo Sol. De dejar que aquellos labios besaran su cuello y que aquellas manos se enredaran en sus cabellos con deseo.

-Bien. Te confieso que estamos muy molestos aquí arriba con ustedes, santo de Aries.

Mu suspiró y se colocó algunos mechones rebeldes detrás de las orejas. Apolo deseó tener aquellas hebras doradas entre las manos.

-No voy a pedir compasión ni comprensión, señor. Ni mucho menos justificación. Aunque desde dónde yo lo veo sí la tiene.

-El hybris nunca tiene justificación a los ojos de los dioses, Mu de Aries. Aunque, como has dicho, tú y yo lo vemos distinto.
Tienen suerte de tener a Palas protegiéndolos. Sólo diré que esta vez se metió en un verdadero lío por protegeros.

-¿Por eso está tan molesta?, aventuró el santo de Aries.- ¿Por eso planeó todo esto?

El dios se sentó, rodeando las caderas con el lino, para ocultar ciertas zonas de su anatomía. Mu volvió a sentir esas ganas locas de retirar ésa tela. Tragó saliva, nervioso. La tensión sexual lo estaba matando. Sin duda le había tocado un trago amargo. Amargo...pero dulce al mismo tiempo.

Apolo se dio cuenta de las reacciones que estaba provocando en el joven tibetano y su capricho por besarlo aunque fuera, aumentó. Su naturaleza orgullosa le impelía a tomar lo que creía que quería o necesitaba para sentirse feliz inmediatamente, sin tardanza alguna. Sabía que no debía ir más allá. No con uno de los santos de Athena. Pero quería ir más allá. Y lo iba a hacer.

"Concéntrate, Mu", se reprendía el otro, mientras tanto. Pero no podía sustraerse a la imponencia del dios que tenía delante, ni a lo que éste le provocaba. Tanto física, como psicológicamente. Se sentía extrañamente bien. Y se sentía culpable por sentirse bien.

-Así que te has dado cuenta, se admiró. Tras de bello, era inteligente.-Pues sí. Está molesta. Creo que nunca la había visto tan molesta desde lo de Medusa y Aracne. Sin embargo, te agradecería que no se lo mencionaras a tus compañeros.

-Aunque lo hiciera, no me creerían, suspiró.-No la creen capaz de hacer algo así.

La risa de áquel que dispara a lo lejos se dejó oír. A Mu le pareció la risa de un ángel.

-Oh, pobres ingenuos. Sólo conocéis el lado bueno de vuestra diosa. Pero ya debéis saber que Athena tiene un lado temible, como diosa de la guerra y que tiene la inteligencia suficiente para maquinar algo así. Tenéis suerte de no haber amanecido con serpientes en vez de cabellos.

El tibetano sonrió de forma nerviosa.

-Les voy a dar un consejo, y más les vale que lo tomen. Dejen de blasfemar contra los dioses. Recuerden que a nosotros nos importa poco lo que penséis o hagáis los mortales, pero que esa indiferencia se termina cuando nosotros nos vemos afectados. Y la ira de un dios puede ser terrible, ya lo saben. Ejemplos sobran, le dijo, endureciendo el tono de voz.-Sí no lo hacéis por nosotros hacedlo por ella. ¿Es que no os importa cómo se siente oyéndoos hablar mal de su familia? Ella misma es una diosa, ¿de verdad os habéis vuelto tan soberbios?

-No puedo contestar por mis compañeros, pero en lo que a mí respecta, os temo lo necesario, se justificó.

-Lo sé. Por eso quise hablar yo contigo. Porque ya sé cómo se gastan las cosas en el Santuario. Algunos de tus compañeros van a pasar un rato desagradable en ésta habitación. Y se lo van a merecer. Háganme caso, les advierto.

-Señor, ¿puedo haceros una pregunta?, se atrevió a articular.

-¿Qué deseas saber?, replicó el dios, deseando poder besar aquellos labios. Se prometió a sí mismo, robarle aunque fuera un beso. Nunca se hubiera imaginado sentirse así por una persona tan inesperada como Mu. Quería tenerlo para sí.

-La señorita Athena... ¿Ella está aquí, verdad?

-No puedo contestar a eso, santo de Aries. Suficiente es que sepas que ella fue quién planeó esto.

-Mis disculpas, señor. No pretendía ser indiscreto.

-Está bien. Sólo recuerda no mencionarle nada a tus compañeros sobre Palas. Y, ¡por los rayos de Zeus!, háganme caso. O vais a terminar adornando los aposentos de Ares y no queréis terminar así, eso os lo digo.

"Tú no puedes terminar así. Eres demasiado bello"

-Sí, señor. Les diré lo que me ha dicho. Gracias. Y gracias, dijo, refiriéndose al tobillo.

-De nada. Puedes marcharte, manifestó, mientras aseguraba la pieza de tela en torno a su cadera y se levantaba.

El tibetano hizo una última reverencia y se dio la vuelta.

-Mu...

-Dígam..., sus labios fueron acallados cuando el dios del Sol lo jaló bruscamente de los cabellos y puso sus labios sobre su boca, sellándola. Abrió los ojos de forma desmesurada, mientras su rostro se ponía rojo como la grana y su cuerpo entero era recorrido por una poderosa corriente eléctrica. Su mente quedó en blanco y sus latidos cardíacos se incrementaron con rapidez. Al principio intentó zafarse del agarre, pero la sensación era demasiado poderosa y no le quedó sino rendirse a ella.

El dios, por su parte, se sintió en la gloria al saborear esos labios. Lo sintió forcejear, y presionó más, forzándolo a abrir la boca para profundizar el beso, sabedor de que se dejaría besar cuando lo hiciera. Se separó levemente para tomar aliento y volvió a la carga. Ésta vez, dejó los labios y bajó por el cuello. Lo sintió tensarse y separarse violentamente. Sus ojos relampaguearon con la ira del rechazo. Le agarró la barbilla, y lo acercó, tratando de robarle otro beso.

-¡Basta!, gimió Mu, casi desfallecido por la falta de aire.-Vio ira en los ojos del dios, y sonrió débilmente, tratando de prevenir la tormenta-No me malinterprete, no me ha desagradado esto. Pero no deberíamos hacerlo. Podríamos meternos en líos.

El malestar experimentado se palió ante la confesión del ariano.

-¿Por qué no deberíamos, Mu?, siseó.-Yo quiero besarte...quiero tenerte para mí un rato. No quiero hacerte daño. Y lo que yo quiera, siempre lo consigo, murmuró con soberbia.

-Lo...lo sé, tartamudeó el ariano.-Pero...

-¿Pero qué?, repitió con ansiedad.-Athena nunca se va a enterar, sí es lo que te preocupa.

-No es por la señorita. Es...por...mí, dijo, mientras se ruborizaba por enésima vez.-Por favor, déjeme marchar.

A su pesar, el dios soltó a su presa. A pesar de que quería besarlo por mucho más tiempo...y quizás algo más. Estaba consciente de que no debía...y de que si su hermana se enteraba le caería una buena. Pero no le importaba.

Mu retrocedió despacio, con los cabellos desordenados, el rostro arrebolado, los ojos brillantes y los labios hinchados por los besos. Su cuerpo era recorrido por el eco de las sensaciones que acababa de experimentar. Le parecía inhumano tanto placer sólo por un beso.

-Vete ya, Mu. A no ser que cambie de opinión y no te deje marchar, se escuchó la voz del dios, todavía ronca por la excitación.

El ariano se inclinó por última vez y salió casi que corriendo.

Apolo sonrió. Adoraba salirse con la suya. Se acomodó sobre un costado y se durmió tranquilamente. Ya no importaba que su hermana le armara un escándalo, porque ya había conseguido lo que quería.

¡Apolo cabrooooooón! :v El niño tiene que tener lo que quiere o si no se enoja XD En éste caso, al pobre Mu XDD

Se preguntarán: ¿Por qué Apolo y Aries?

Bueno, no sé dónde vi que Apolo fue quién envió al carnero Crisómalo a salvar a Frixo y Hele. Como algunos sabrán, éste carnero es el que posee el vello de oro y el que representa a la constelación de Aries. También leí que uno de los epítetos de Apolo era "el portador del carnero" Por eso lo hice transformarse en carnero. Cuando busqué la información, no la encontré así que mejor no me la jugué XD Peeeero, Apolo es el dios de los pastores :D Cuando estuvo trabajando para Laomedonte, mientras Poseidón construía las murallas de Troya, Apolo cuidaba los rebaños reales.

Además, Febo es el dios del Sol y el elemento regente de Aries es el Fuego.

¿Por qué el shonen ai? (Amor entre hombres)

Apolo es el dios de la belleza masculina, y como tal, al igual que Afrodita, podía resultar irresistible si se lo proponía. Y tuvo un buen número de amantes. Solo se conocen dos del sexo masculino, Cipariso y Jacinto.

Jacinto (al que se menciona aquí) era hijo de un rey macedonio y de Clío, una de las nueve musas. Un día, mientras jugaba con el dios, éste lanzó el disco muy fuerte y el muchacho, queriendo impresionar al dios, trató de atraparlo y el disco lo hirió en la cabeza, provocándole la muerte. Apolo recogió algunas gotas de su sangre y de ellas hizo una flor: el jacinto.

Como dato curioso, tres intereses amorosos de Apolo se convirtieron en plantas o árboles. Dafne se convirtió en laurel, Cipariso en ciprés y Jacinto en la flor de jacinto.

Como el niño Egletes (epíteto que significa "el radiante") es muy vanidoso, orgulloso y caprichoso como nadie, me dije: Nah, que se salga con la suya xDDDD No descarto que le regrese el capricho y vuelva a buscar a Mu xDD Y cuando dice: "el más bello enrtre los inmortales" se refiere a los dioses varones.

Recuerden que Athena es la diosa de las artes manuales :3 Y sí, Apolo sabe que ella se hubiera puesto histérica si supiera lo que hizo con Mu xDDD

Bueno, el que sigue es Aldebarán :3 Veamos a ver cómo le va al torito :3

¡Gracias por los comentarios de la vez pasada!

¡Gracias por leer!

Y recuerden, no me vengan con moralismos, por algo está la advertencia arriba