Bueno, ya volví ^_^
Vamos a ver cómo le va a Aldebarán :3
Hay varios asteriscos por ahí. Señalan aspectos explicados al final.
Ταύρος: Ήρα
La crátera se estrelló ruidosamente contra el suelo. Iris retrocedió con cautela.
-¿¡Qué Apolo hizo qué?!, chilló furiosa, la diosa de la guerra justa.
-Me temo que así es.
-¡Ya verá!, gruñó, mientras se ponía de pie y salía de la habitación
-¿No cree que está reaccionando demasiado exageradamente?
-¿Tienes idea de lo que puede pasarle a Mu ahora? Debí haberlo supuesto, se quejó, mientras caminaba más rápido y subía hacia el lugar donde sabía que su hermano pasaba sus ratos libres. Pronto llegó a sus oídos la música de la lira y las voces de los animales que el dios pastoreaba. Finalmente divisó la figura del bello efebo.
-¡Febo Apolo! ¿Cómo te atreviste a propasarte con uno de mis santos? ¡Se los advertí!, ¿o no?
-Oh, vamos, Athena. Fue un beso inocente. Suena como sí lo hubiera manoseado...dijo, mientras seguía tañendo la lira. Ella se la arrancó de las manos y la arrojó lejos.
-¡Préstame atención, maldición! Contigo nunca es sólo eso. Lo mismo le dijiste a Cassandra, y ya sabemos cómo acabó. Lo mismo les dices a todos tus amantes.
-¿Y qué más te dijo Iris? ¿Convenientemente no te dijo que no me dejó propasar cierta línea? , añadió con despreocupación.
Palas parpadeó.
-No, no me dijo eso. ¡Pero te conozco hermano! ¡Sí lo hiciste es porque querías, y sí te gustó volverás por más!
-Creí que ya habías levantado ése estúpido voto de castidad que le imponías a tus santos. ¿No crees que son demasiado grandecitos como para elegir por sí mismos con quién compartir su lecho?
-¿No te importa lo que le pase a Mu? ¡Anoche pasó despierto toda la noche!
Él sonrió complacido.
-¡No es gracioso! Sólo mantente lejos de él.
-Dime una cosa querida hermana. Éste escándalo que me estás armando ahora, ¿se lo armarás a nuestro padre? ¿Se lo armarás a Afrodita? ¿O a Ares? ¿O a nuestra querida-ironizó-madrastra? Mientras no sean forzados, ni lastimados todo está bien. Recuerda que ya no estás en tu Santuario y aquí no mandas tú.
Ella apretó los labios molesta.
-Hagamos un trato, querida hermana. Con tal de que me dejes tranquilo.
-¿Qué es lo que quieres, Apolo?
-Tienes razón. Quiero más de Mu. Me contuve para no desatar una Guerra Santa, sabiendo tu rechazo a ciertos temas. Y además, no me dejó ir más allá, suspiró.-Pero te prometo no intentar nada, a menos...
-¿A menos...?, presionó la hija de Zeus.
-A menos que él mismo me busque.
-No lo dejaré buscarte. Y Mu es inteligente, no caerá en tus artimañas dos veces.
El dios soltó una sonora carcajada.
-Oh, vamos, querida Athena, no seas tan cerrada. ¿Quién dice que yo lo provoqué? Simplemente pasó. ¿Ahora pretenderás coartarle al muchacho el ejercicio del sexo?
-Del sexo contigo, aclaró ella, molesta.-No me provoques, Apolo.
-¿Entonces no hay trato?
-Ni lo sueñes.
-Como quieras, hermana. Pero sabes que no podrás evitar mis movimientos aquí en el Olimpo.-Y no te preocupes, añadió con un sarcasmo irritado-no me acercaré más a tu precioso Mu.
-¡Júralo!
-Oh, ¿acaso crees que soy como el idiota de Ares? Ten cuidado con eso, Athena, retó.
-Le diré a Ártemis.
-Sabes que no me importa lo que ella piense.
-¡Apolo!
-Deja de lloriquear por tan poca cosa.
-¿Poca cosa? ¿Lo ves? ¡Por eso no quiero que te le acerques a Mu! ¡Lo vas a lastimar!
El dios sintió la ira arder dentro de sí. Se levantó en toda su altura y encaró a la virgen, esbozando una sonrisa cruel.
-A veces puedes ser una ingenua querida hermana. Ingenua como un ser humano. Te lo pongo así: O dejas que haga mi voluntad con tu santo de Aries, o lo mato. Sí yo no lo tengo, nadie más lo hará, replicó, sintiendo su orgullo herido por la negación.
-Tú no puedes..., no podrías...
-¡Deja de tartamudear como una mujer cualquiera! La Athena que solías ser ya me habría ensartado... ¿De verdad te has ablandado tanto?
-Está bien, lloriqueó ella, enfadada.-Haz lo que quieras. Pero prométeme que no lo lastimarás, y que sólo lo buscarás sí él te busca, como dijiste antes.
Él sonrió, tranquilizado.
-Trato hecho, hermana. No lo buscaré, dejaré que él me busque. ¿No te fascina cuando me salgo con la mía?, se ufanó.
-A veces eres peor que Ares, Apolo, refunfuñó ella, mientras se iba.
-¡Preocúpate mejor por tus santos de Tauro y Géminis!, oyó que le gritaba el dios del Sol.- ¡Y por tu santo de Sagitario!
Ella bufó, furiosa, reconociendo la derrota.
Mientras tanto, Mu abrió la puerta de la habitación de Aiolia, para despertar a Aldebarán. Al no encontrarlo se volvió hacia el santo de Leo.
-Ya se despertó, está en el baño, informó el quinto guardián.-Menos mal, porque ya me figuraba el panorama.
-Aiolia, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Vas a contarme porqué volviste ayer como sí te hubieran dado un revolcón? ¿Quién fue, Afrodita?
El santo de Aries enrojeció hasta la raíz del cabello.
-¿Tan evidente fue?
-Oh vamos, no nací ayer. ¿Qué diosa se te tiró encima, querido carnero?
-No fue una ella, admitió.-Fue un él.
El santo de Leo abrió los ojos desmesuradamente. Luego empezó a reírse a carcajadas hasta rodar por toda la cama.
-¡Aiolia! ¡Esto es serio!, se quejó.
-Lo siento, se disculpó, entre carcajadas.- ¿Y qué tal el señor del Olimpo, eh?
-No fue Zeus.
-Poseidón, entonces. Qué guardadito se lo tenía.
-Tampoco fue él.
-¿Entonces, quién?, preguntó.-Oh, oh...espera, ¿Apolo?, dijo, volviéndose a reír.-Estás en problemas, Mu, se burló.
-Por eso te pregunto, idiota, se quejó Mu.-Pero si no me vas ayudar me voy a buscar a otro griego.
-Ya, ya pasó. Espera que se vaya Alde y me dices.
El santo de Tauro salió silbando de la ducha.
-Buenos días, Mu, saludó, con su habitual buen humor.
-Hola, Alde.
-Espero que te dure el buen humor Aldebarán, le deseó Aiolia.
La sonrisa del santo de Tauro se borró instantáneamente.
-Gracias por recordármelo, gato idiota, siseó.
-Ya, ya, tranquilo, se defendió Aiolia.
-Me voy, interrumpió.-Me esperan ahí abajo.
Pese al mal momento desayunó a cuatro carillos como siempre. Cuando salió fue caminando a buen paso. Habiendo recorrido un buen trecho se encontró con un rastro de plumas de pavo real.
-¿Y esto?, se preguntó, intrigado. Se encogió de hombros y siguió caminando. Cuando estaba a más o menos la mitad del camino, se sacudió la cabellera al enjugarse la nuca.
-Qué calor hace aquí, se quejó.-Debí hacerme una cola de caballo.
Cuando llegó al salón se topó con un pavo real que se paseaba orgulloso por la estancia. Caminó tranquilamente hacia la puerta cuando un furioso aullido lo hizo detenerse cuando estaba a punto de abrirla.
-¡No ahí no, idiotas! ¡ALLÁ!, ¡ALLÁ! ¡Incompetentes!
El santo de Tauro pasó saliva y se sentó a esperar. Algunos minutos y varios gritos después las ninfas salieron apresuradamente, algunas con lágrimas en los ojos.
-Es tan cruel, oyó comentar. Tomó aire y se incorporó. Tocó la puerta.
-¡Adelante!, se oyó una voz femenina.
-Con su permiso, dijo, mientras empujaba la puerta.
En el puro centro del salón había un gran trono de oro, sobre el cual reposaba la diosa.
De blancos brazos, su hermosa testa era cubierta por cabellos negros cuál Noche y era adornada por una vistosa corona de oro. El cuello y los brazos también eran adornados por pesadas joyas del mismo metal y cubría su cuerpo un lujoso peplo de seda. Su cara poseía una expresión muy altiva y hasta cruel que la asemejaba a su hijo Ares. En su mano había un cetro dorado.
Aldebarán suspiró y se inclinó hasta que su frente tocó el suelo.
-Mis respetos, mi señora, la saludó sin atreverse a levantarse.
Aquello le agradó a la diosa, que había esperado recibir un trato insolente. Extendió la mano, en una muda exigencia. El brasileño se adelantó la cogió con delicadeza y depositó un beso en ella.
-Y dime mortal, ¿cuál es tu nombre?, abrió por fin la boca.
-Soy Aldebarán de Tauro, señora Hera, repuso con tranquilidad.
Los ojos de la deidad relampaguearon con ira.
-Tauro, escupió,-sería mejor que esa maldita constelación desapareciera.
Aldebarán sintió los nervios surgir como una erupción volcánica.
-¿Por qué hacer una constelación de algo que representa un acto indigno?, siguió la reina de los dioses.- ¿Tú que crees, Aldebarán?
El segundo guardián sintió la boca seca.
-No lo sé, mi señora.
-No, ¿cómo vas a saberlo? Eres un simple mortal.
-Talvez..., se cortó.
-¿Sí?, contestó ella, mientras se levantaba del trono y se le acercaba, como una leona acechando a un cervatillo.
-Talvez lo que para un dios es indigno, para otros no lo es, aventuró.
-¿Quién podría considerar digno el adulterio?, ronroneó, caminando alrededor suyo-¿Se te ocurre alguien, Aldebarán?
El santo de Tauro se sintió acorralado. Demonios con esta mujer. La diosa, por otra parte, se sentía poderosa. Podía percibir el nerviosismo de áquel muchacho y eso le causaba cierto placer.
-¿Y bien? ¿No se te ocurre nadie?
-Pues...
-Está bien. Sí no quieres mencionar a mi marido o a mi hermano* que obviamente no saben respetar el matrimonio, no me importa. Tú no sabes lo que duele que tu marido te haya dado sólo tres hijos** y a otras le haya engendrado hasta el triple de eso*** O que tu único hijo sea el más odiado por su padre y al que más ame sea un niño presumido que se cree adivino y arquero****, ¿o lo sabes?, retó.
-No señora, no lo sé, contestó, sintiéndose con el lodo hasta el cuello.-No podía sino contestarle como ella quería que lo hiciera so pena de provocar su furia.
-Me agradas, Aldebarán. Creí que dado el montón de injurias que salen contra nosotros de ése Santuario inmundo, me dirías algo desagradable. Traté de usar a mi hijastra para que derrotara a Athena, pero mi hermano lo arruinó todo*****
El santo de Tauro sintió ira. ¿Entonces todo lo ocurrido con Perséfone había sido por culpa de las maquinaciones de la diosa de níveos brazos? Sintió repentina lástima por la emperatriz del Inframundo. Cambió ligeramente de posición sabiendo que tendría que pasarse todo el rato de rodillas.
-Lo que nos lleva al asunto que nos ocupa. La malcriada de Athena se cansó también de vuestras insolencias. ¿Cómo os atrevéis a decir tales cosas contra los dioses? ¿Os creéis la gran cosa, no?, susurró furiosamente.
-¿Cómo se atreve a llamar así a la señorita Athena? ¡Ella no es una malcriada!
La bofetada no se hizo esperar, volteándole la cabeza ligeramente.
-¡Yo llamo a ésa malcriada como se me dé la gana!, chilló.- ¡Hemos sufrido mucho a través de los siglos por esa niñita de papi! ¡Y el infeliz de mi marido que se lo perdona todo!
-Estoy consciente de que algunos de mis compañeros se han pasado con lo que opinan de vosotros, se controló-No todos opinamos así, sin embargo.
-Pero lo hacéis, de todas formas. Y eso es imperdonable. Como le dije a mi hermano******, esto no ha terminado. Estáis empezando a pagar las consecuencias. Ahora me dirás, igual que el santo de Aries le dijo a Febo, que no puedes hablar por los demás. Eso no importa.
Aldebarán levantó el cabeza, alarmado.
-¿Qué no importa?, repitió.-Mi señora, atenuó.
-Sabemos exactamente quiénes son los que han hablado de más. Empezando por el santo de Géminis. Y esos lo van a pasar realmente mal.
-No...no..., tartamudeó.
-Según Poligdemon, ustedes sólo aprenden a cuerazo limpio. Pues bien. Aprenderán una lección que no olvidarán hasta que sus miserables almas se pudran en el Inframundo. Con suerte, lo pensarán dos veces antes de volver a abrir la boca. Y vuestra querida Parthenos es la que ha planeado todo esto.
El joven parpadeó, confundido. Empezó a debatirse entre si hacerle caso a la diosa ante él o ignorarla, ya que tenía fama de manipuladora.
-Veo que no me quieres creer, comentó Boṓpis, golpeando el cetro contra la mano contraria, mientras seguía caminando en torno a él, cercándolo.-Loxias le dijo lo mismo al que le tocaba ayer. Esto fue idea de Palas, supongo que ella también se cansó de vuestras insolencias.
Aldebarán sintió el sudor correrle por la nuca. Aquella mujer estaba logrando hacerlo sentir como una cucaracha insignificante.
-¿Pero por qué todos, mi señora?, ¿porqué no sólo los que han hablado de más?, vocalizó con timidez.
Hera se volvió y acercó su rostro hasta dejarlo a un centímetro del rostro de Aldebarán. Sonrió con coquetería y algo de arrogancia. Se la veía completamente en su elemento. En cambio, él se sentía hecho un nudo de nervios. Pasó saliva.
-Supongo que el inútil de Apolo se distrajo ayer con el corderillo y olvidó recordarles el motivo principal por el que están aquí. La ofensa máxima que ustedes doce, manada de estúpidos, han cometido contra los dioses.
-El Muro de los Lamentos, recordó con sobresalto.
-¡Así es! ¡El Muro de los Lamentos!, se irguió en toda su envergadura y lo apuntó con el cetro.- ¡Destruyeron algo que desde la conformación del mundo en la época del principio de los tiempos, antes incluso, de la era del mito, nadie había destruido jamás! ¿Quién os creísteis? ¿Dioses?
-Sólo queríamos ayudar a nuestra diosa, como era nuestro deber, trató de justificar.
La diosa blandió el cetro y éste se estrelló contra el hombro del santo de Tauro con fuerza. El golpe se replicó al ser amplificado por el cloth. Lo volvió a blandir y lo estrelló del otro lado.
-¡Mortales!, chilló, completamente fuera de sí,-¡Nunca entendéis que hay lugares a los que no podéis llegar, por ser mortales! Seguís actuando cual Belerofonte, queriendo llegar a dónde os está vetado. ¡Desde el momento en que Hades y Athena se fueron a los Campos Elíseos no os correspondía meteros! ¡Pero no! ¡Teníais que hacerlo! ¡Insolentes! ¡Herejes!, continuó chillando, casi enloquecida.
Aldebarán se encogió por la fuerza de los golpes, y aguantó estoicamente los gritos, aunque por dentro quería agarrar a la diosa por el cuello y ahorcarla.
Mientras, la esposa de Zeus se había vuelto a sentar en el trono tras el explosivo arranque de ira, respirando agitadamente. De repente, la vista del santo dorado le resultó desagradable.
-Lárgate de mí vista, Aldebarán de Tauro, exigió.- ¡Fuera!
El santo dorado comprendió que toda réplica era inútil. Tras saludar a la diosa como era debido se retiró. Hizo el camino de regreso casi que corriendo, sin mirar atrás.
Sus compañeros lo rodearon.
-¿Estás bien, Alde?, le preguntó Aiolos, notando su conmoción.
-Sólo les diré una cosa: Estamos fregados, pudo articular.-Y tú, agregó, dirigiéndose a Saga-Tú estás jodido.
Tras decir eso se derrumbó en una silla.
-¿Ahora qué hiciste, Saga?
El santo de Géminis negó con la cabeza, manteniendo su expresión altiva. Pero en el fondo sabía que había hecho algo grave, y que ahora debía enfrentar las consecuencias de ello. El miedo se instaló como una garra helada sobre su ánimo y no lo dejó en paz por un buen rato.
-Mi madrastra...ella... ¿golpeó a Aldebarán?, se preocupó la virgen que lleva la égida.
Iris asintió, con presteza.
-Ya sabeís cómo se porta cuando se enoja. No os preocupéis. No fue nada grave, trató de tranquilizarla.
La diosa de la sabiduría recordó las palabras del hijo de Leto:
"Éste escándalo que me estás armando ahora, ¿se lo armarás a nuestro padre? ¿Se lo armarás a Afrodita? ¿O a Ares? ¿O a nuestra querida madrastra? Mientras no sean forzados, ni lastimados todo está bien. Recuerda que ya no estás en tu Santuario y aquí no mandas tú."
Certero como siempre, el dios había dado en plena diana.
-Saga...musitó, preocupada,-espero que salgas de esto con bien.
Aunque ella sabía, más que nadie que eso era imposible. Le hizo un gesto a la mensajera para que se retirara.
Al quedarse sola, se volvió hacia la sombra agazapada en una esquina de la habitación.
-¡Phobos! ¡Sal y da la cara! ¿Qué quieres?, ordenó.
-Me manda mi padre, señora mía, ironizó aquella sombra.
-No tengo nada que decirle a mi hermano. Y aunque pudiera, él nunca obedece nada de lo que le manden, dijo con voz firme. Pero por dentro el efecto del daimon hacía mella en ella, y sentía el terror apoderarse de su cuerpo.
-Déjate, rendir al miedo, Athena. Afronta las consecuencias de tus actos.
-¡Cállate!, ordenó, furiosa, tratando de sobreponerse. Cogió a Niké y la dirigió contra aquella sombra. El golpe se perdió en el vacío. Sintió al daimon abrazarla y el miedo se incrementó de forma espantosa. Cayó de rodillas en el suelo.
-No te preocupes Athena. El gemelo de ése hombre se quedó en el Santuario, ¿no? Podrá sustituirlo, entonces, se burló Phobos, mientras desaparecía.
Furiosa, se levantó y fue al encuentro de aquel que estaba segura estaba detrás de áquello. Del Brotoloigos.
-¡Tú!, casi que rugió, abriendo la puerta con violencia-¡Deja de torcer las cosas! ¿Qué creíste, enviando a Phobos para que me afectara a mí y a mis santos?
El dios se volvió y frunció las negrísimas cejas. Rechinó las muelas, con furia.
-¡Phobos!, llamó, con voz colérica. El daimon se apareció inmediatamente.
-¿Sí, padre?
-¡Se puede saber por qué andas molestando a otras deidades! ¡Ocúpate de los mortales, desgraciado! ¡Y deja a ése santo en paz!
Phobos se desvaneció.
-Esto es extraño en tí, querido hermano. ¿No enviaste tú a Phobos? ¿Dejará a Saga en paz? ¿Por qué has renunciado a éste placer?, quiso saber la diosa de la guerra justa.
Una sonrisa macabra deformó áquel rostro perfecto. Palas retrocedió, asustada.
-Es simple, querida hermana. Quiero tener el placer de causarle dolor yo mismo. Me lo debe, explicó después de soltar una escalofriante carcajada.-Y como no puede pagarme con su sangre, lo hará con su dolor y angustia.-Y tú no podrás hacer nada para evitarlo.
Los caprichos de Apolo XD Si no los obtiene, se puede poner muy pesado, hasta llegar a ser cruel, como pasó con Cassandra.
¿Por qué Tauro y Hera?
Primero que nada, a ella se le consagraban las vacas :3 Y después está la constelación de Tauro. Uno de los mitos que puede representar es que es el toro en el que se convirtió Zeus para seducir y yacer con Europa. Obvio, esto a ella no le hace gracia xD
El pavo real era el animal favorito de Hera. Por eso las plumas y el pájaro por ahí XD
*Zeus y Poseidón. Los dos hermanos eran bastante "traviesos" y les pusieron los cuernos a sus esposas con bastante frecuencia. Con todo, solo se conoce una ocasión en la que Anfitrite se vengó de las infidelidades de su marido, el caso de Escila. Hera es harina de otro costal.
** Se refiere a Ares, a Hebe y a Ilitía.
*** Aquí se refiere a las nueve musas, hijas de Zeus y Mnemósine
****Se refiere despectivamente a Apolo.
***** Acá está hablando del plan que tenía para que Perséfone y Athena se destruyeran entre ellas. Como se sabe, odia a todos los hijos de Zeus que no sean suyos, sin importar si los tuvo antes de casarse con ella, como en el caso de Athena. Pero no contó con Hades xDDDD
****** En "Σπασμένη Kαρδιά", Hera habla con Hades y le dice que no es lo último que sabrán de ella.
Poligdemon (gr. Πολυδεγμων), "el que recibe a muchos" Es uno de los epítetos de Hades.
Boṓpis (gr.Βοῶπις), "la de los ojos de vaca" Epíteto de Hera. También se la llama "Χρυσόθρονος" que significa "la del trono de oro" y "Λευκώλενος" que se traduce como "la de níveos brazos" o "la de blancos brazos" Estos dos últimos se insinuaron. A ver si lo captaron ;)
Loxias (gr. Λοξίας) "oblicuo" Se le da este epíteto a Apolo como dios de la adivinación. Simboliza la ambigüedad de los oráculos.
Belerofonte era un héroe corintio conocido especialmente por matar a la Quimera a lomos de Pegaso. Se le terminaron subiendo los humos y quiso subir hasta el Olimpo a lomos del alado corcel. En una versión, Zeus hizo que un tábano picara a Pegaso. En otra, el caballo bota por sí solo a Belerofonte. El caso es que recibió este castigo por querer llegar adonde no podía (ni debía). Es un claro ejemplo de "Hybris" La hybris es impiedad religiosa o soberbia para con los dioses.
Con lo del hijo "más odiado" y "el más apreciado" es una muestra de la clara oposición entre Ares y Apolo.
Creo que ya van viendo que a Saga se lo cargó el payaso :p La aparición de Phobos es una advertencia bastante obvia de quién viene a continuación. Los daimones son seres incorpóreos, espíritus, que personifican diversas abstracciones. Son los equivalentes de los ángeles y los demonios judeocristianos y de los númenes romanos. Algunos daimones famosos (según Hesíodo) son Thanatos, Hypnos, Eris y Niké. También Phobos y su gemelo.
Brotoloigos (gr. Βροτολοιγός) significa "destructor de hombres" Más spoilers :p
¡Gracias por los reviews!
¡Un beso grande!
