Hora de ver cómo le va al cuarto guardián. XDDD

Καρκίνος: Άρτεμις

Saga entró despacio en el vestíbulo. El peto del cloth le presionaba sobre las heridas causadas por la lanza, y le molestaban.

-¿Saga?, oyó una voz.- ¿Ya regresaste? ¿Dónde te habías metido? ¡Desapareciste todo el día! ¿Y la noche? ¿Dónde dormiste?

Se volvió con sobresalto, encontrándose con su colega de Aries.

-Hola, Mu. ¿No has visto a Febo por aquí?

Mu se sonrojó.

-¿A Apolo? No, ¿por qué?

-Por nada. Es que necesitaba hablar con él para...algo. "Maldito Ares", pensó.

-Oye, ¿estás bien? ¿No te cascó muy duro Ares?

El santo de Géminis se volvió con brusquedad.

-¿Cómo sabes que yo...?

-Dohko encontró el papel tirado en la habitación. Dice que no dormiste nada. ¿Para eso necesitas hablar con Apolo? ¿Quieres que lo llame?

"¿Cómo piensa Mu llamar a Apolo?", se preguntó el gemelo para sus adentros.
-No, no es necesario, aseguró.
Mientras, el santo de Aries hizo un puchero, decepcionado. Se le ocurrió una idea y se marchó hacia otro lado.

Arriba, el santo de Cáncer roncaba a pierna suelta. Afrodita lo miraba con desaprobación. Su expresión cambió cuando una presencia divina se materializó en la habitación.

-Sed bienvenido, señor, saludó, mientras saltaba de la cama ipso facto y hacía una reverencia.
-Gracias, contestó, escuetamente.-Afrodita, ¿verdad?
-Sí, señor. Afrodita de Piscis.

-¿Tienes idea de cuando irá a despertar?, preguntó el dios.

-Sí, ya mismo, dijo mientras cogía un florero y le quitaba las flores. Seguidamente, volcó el agua sobre el italiano-Ya me estaba cansando con sus ronquidos.

Death Mask se despertó bruscamente.

-¡Mojarra hijo de...!, vociferó. Se cortó inmediatamente al ver al dios de pie detrás del santo de Piscis.

-El señor Apolo insiste en hablar contigo, jaiba. ¿Qué hiciste ésta vez?, preguntó con indiferencia, mientras salía.

El cuarto guardián tragó en seco.

-¿No vas a preguntarme qué hago aquí?
-Es obvio, ¿o no?

-Bien. Sí es tan obvio, vayamos al grano. Ven acá.

Death Mask se acercó con cautela. No más lo tuvo cerca, el dios alargó la mano y le jaló la oreja acercándolo.,

-¡Auch, auch, auch! ¡¿Pero qué...?!

-Escúchame bien, Cáncer, siseó Loxias,-como me entere que le hiciste algo a mi hermana...que le faltaste el respeto, que te le insinuaste, que la incomodaste, la ofendiste o le hiciste algo indebido te mato, ¿oíste?, terminó mientras le sacudía la oreja con violencia.- ¿Queda claro?

-Sí, sí señor. Nada de faltas de respeto, ni de insinuaciones, ni incomodidades, ofensas ni nada indebido, repitió.-Ahora, ¿podría soltarme la oreja?

-¿Qué te pasará si haces algo de lo anterior?

-Que me muero.

-Buen chico, alabó el dios, soltándole la oreja. Se dio la vuelta para salir de la habitación.

El santo de Cáncer caminó hacia la puerta y la abrió sin reparar más en la deidad.

-¡MU!, gritó.

-¿Qué?, le contestaron desde abajo. Apolo, que estaba por salir, volvió la cabeza ipso facto.

-¡Ven acá!

-¡Ya voy!

Death Mask se volvió y vio a un hermoso cisne caminando en la baranda del balcón.

-¿Y de dónde diablos salió?, se preguntó. Se encogió de hombros, mientras el santo de Aries entraba en el cuarto. El pájaro esponjó las plumas.

-¿Qué es lo que quieres, Death?

-¿A ti te visitó Ártemis la noche que llegamos?

Mu abrió los ojos como platos.

-¿Ártemis? Pues sí, ¿por qué?

-No sabía que se cuidaban tan celosamente, ése par...

-¿A tí también?, masculló, mientras un leve rubor cubría sus mejillas. Vio al cisne caminar por el balcón y su rubor aumentó.

-¡Mira cómo me ha dejado Febo la oreja!, se quejó el santo de Cáncer. Al ver que su compañero no le hacía caso se volvió.

-¿Oye, qué haces?

El santo de Aries se sentó en el suelo. Inmediatamente, el ave se le acercó. Mu le acarició las plumas, distraído.

-Trae acá, señor berrinches. No pudo ser tan grave.

-¡No, claro, a tí te dio un revolcón no un jalón de orejas!

-¡Death! ¿Cuántas veces tengo que decirles que no fue eso?, se consternó.

-Ni tú te lo crees. En fin...se creerá que soy idiota.

-Seguro que no. ¿Por qué lo dices?

-Porque sólo un idiota iría a joder a Ártemis a propósito. ¿Te crees que quiero terminar como Acteón?, dijo, mientras se metía en el baño dando un portazo.

Apenas el santo de Cáncer desapareció de escena, el cisne emergió de entre el regazo del primer guardián.

- ¿Lo oíste? Death cree que piensas que es un idiota. ¿No lo crees, verdad?

El dios volvió a recuperar su apariencia habitual.

-No, no lo creo. Pero conociendo el carácter de tu compañero, prefiero salvaguardar a mi hermana. O salvaguardarlo a él de mi hermana, dijo, mientras se le acercaba de manera insinuante.

El joven tibetano se dejó hacer cuando sintió los labios del dios posarse con ternura sobre su frente. Sabía que negarse era inútil.

-Te quiero, Mu de Aries, expresó con una ternura demandante.-No tienes idea de cómo he pensado en tí estos dos días.

-Yo...quisiera poder corresponderos...Pero es que...

-Sí quieres verme sólo búscame, le dijo.-Te aseguro que Athena no se molestará.

-¿Está bien? Digo, ¿es correcto esto?

-Sí lo sientes de verdad, entonces es correcto, murmuró depositando otro beso, ésta vez sobre sus labios, antes de desaparecer.

-Vaya, vaya. Como que Mu tiene pareja, se oyó la voz socarrona del santo de Cáncer.

El rostro de éste sufrió un enésimo baño de sangre.

-¡Por el amor de Athena! Death, ¿hace cuánto estás ahí?

-El suficiente, Jacinto de Aries. ¿Por qué carajos le pones trabas? ¿Sabes la oportunidad que estás desperdiciando por andar de moralista?

El santo de Aries suspiró.

-Ya no sé ni porqué le digo que no.

-Pues no le digas que no. Sabes cómo son los caprichos de Apolo. Mucho rechazo te traerá mala suerte.

-En fin...

-Yo me largo. Tengo una diosa con la qué hablar. Cierra cuando salgas. O talvez quieras llamarlo de nuevo y dejarlo transportarte a los placeres de Afrodita, se burló.

-¡DEATH!, se volvió a quejar el primer guardián. Suspiró y recordó la pluma de cisne que había aparecido en su cama.

-Ya ni sé lo que hago, se quejó, mientras salía.

El cuarto guardián bajó a desayunar. En la sala se encontró al santo de Acuario.

-Buenos días, Camus.

-Hola, Death, contestó, éste, mientras se servía la fruta.

-¿No has visto a Saga?

-No. Y estoy preocupado. Dohko debió guardarse aquello para sí.

-Bah, la culpa es de Saga por irse sabe Hermes adónde.

-No pudo su orgullo.

-Pues por culpa suya es que estamos en éste agujero, se quejó el italiano.

-¿Cómo?,-se sorprendió el galo.-Explícate mejor.

-Pues que ojalá no me hubiera buscado. Resulta que la señorita estaba un día hablando con Ares. De áquella vez... ¿te acuerdas?

-Sí. ¿Qué tiene Saga que ver con eso?

-Pues que iba a hablar con la señorita. Y como les ha agarrado tanta inquina a los dioses...algo dijo que provocó al hijo de Hera. Y algo hizo para que Athena se enojara. Agrégale a eso el hecho de que algunos, para bien o para mal, le hemos seguido mucho la corriente.

-¿Y qué le dijo exactamente a Ares?
-Se lo calló, probablemente por orgullo. Pero sea lo que fuere no fue nada bueno. O no se habría metido en quién sabe qué agujero, probablemente por vergüenza a lo que le digamos
El santo de Acuario parpadeó.

-¿Por eso Shion estaba tan estresado? ¿Temía consecuencias por ésa acción?, preguntó.

-Supongo que sí. Por eso mandó a traer aquellas urnas, aunque no tuvieran nada que ver con el Santuario. Era parte del trato. Y sospecho que cuando Iris bajó a hablar con él casi que lo presentía.

-¿Todo por la bocaza de Saga?

-Sí.

-¿Hasta cuándo aprenderá?

-Pues espero que ya haya aprendido. Porque éste es, quizás el lío más grande en el que nos hemos metido. Ya Mu tiene encima a un dios, y no me extrañaría que alguno más sufriera la misma situación.

-Compadezco al que le haya tocado Zeus. Entonces, ¿es cierto lo de Mu?, se sorprendió.

-Sí. ¿Has de creer que se pone de moralista? Sí sigue así, acabará asaeteado por despecho. Y sí, al que le toque Zeus mejor que afloje, terminó con una carcajada, mientras acababa de desayunar

-Gracias a Athena que no soy yo.

-Tienes suerte...Ganimedes.

-Ya cállate, Death, zanjó.-Y cuida esa lengua tuya.

"Y tanto", pensó el santo de Cáncer, "sí no cuido mi lengua seré yo el asaeteado"

Salió y empezó a subir, silbando. Al rato empezó a oír ruido de cascos.

-Ya empezamos, murmuró por lo bajo, recordando a Mu y su situación.-Como se nota que son gemelos.

Una veloz sombra le pasó a la par.

-Sí mi cabello no fuera así, ya lo tendría gris del estrés, dijo, mientras la sombra iba pasando alrededor suyo.-Al menos Febo fue considerado y se dejó ver.

De repente, sintió un topetazo que lo desplazó varios metros por delante. Se mordió la lengua para contener un montón de furibundas réplicas, que pugnaban por abandonar sus labios.

"Qué mujer más desesperante" pensó, mientras la cierva reducía la velocidad y se dejaba ver. Se trataba de un animal de tamaño considerable, blanco y con cascos áureos. Empezó a caminar de manera coqueta delante del muchacho. De repente, echó a correr, llegando al lugar de la cita. Se devolvió le dio un último topetazo, como retándolo a entrar. Pero no cayó en la trampa.

"Como entre y la vea desnuda, me mata"

Se esperó un tiempo prudencial y empujó la puerta. El diván estaba ocupado ésta vez por una joven con un cuerpo tonificado por el ejercicio, alta y esbelta. De su cabeza surgían hermosos cabellos rojizos, recogidos en un apretado rodete detrás de la nuca. Cubría aquel joven cuerpo con un quitón azul medianoche, que le rozaba los níveos tobillos. La expresión de sus ojos azules era indescifrable y cierto rictus burlón le deformaba los labios

-Aquí estás. Eres lento, lo saludó Febe.-Hace rato que te esperaba.

"No contestes, no contestes"

-¿Cómo dijiste que era tu nombre?

-No lo dije, señorita.

-Cierto. Dímelo, demandó.

El santo de Cáncer suspiró. "Es como una niña pequeña. Apolo la tiene malcriada de tanto cuidarla"

-Death Mask de Cáncer, señorita Ártemis.

-Pero eso no es un nombre. Yo exigí saber tu nombre.

-Nadie conoce mi nombre, mi señora.

-¡Pues yo quiero saberlo! ¡Ven y dímelo!, exigió.

"Qué remedio"

Se acercó a la diosa y le susurró la palabra al oído.

-Bueno, ya. Aléjate de mí, mortal impío.

El santo retrocedió hasta la posición inicial, lamentando no poder decirle sus verdades a la diosa de la caza.

-He escuchado que tienes rostros en las paredes de tu templo. Pero cuando yo fui al Santuario no vi nada de eso, ¿es verdad o es sólo un rumor?

-Era verdad. Pero a vuestro tío no le hizo gracia y me mandó quitarlas. Se sintió insultado, ¿sabe?

"Después me dio unos buenos azotes", recordó.

- No, claro. Fue un acto de hybris. Alteraba el orden natural de las cosas. ¿Te creías la gran cosa sólo por poder manejar las almas a tu antojo?

-La verdad, sí.

La diosa parpadeó.

-¿O sea, lo admites? ¿No te da vergüenza?, preguntó incrédula. "Esto será interesante", pensó.

-¿Por qué lo voy a ocultar? Sí lo negara, Hades me haría trizas. Es obvio que no siento vergüenza, de lo contrario no lo habría hecho, en primer lugar.

-¿Y se puede saber por qué? ¿Qué te impulsaba a hacer tal cosa?, inquirió la hija de Leto.

-Yo creo en la supervivencia del más apto. El más fuerte o poderoso es el que prevalece. Aquellos rostros eran como mis trofeos, los que representaban mi poder. Un poder que sólo yo sabía como utilizar. Lo hice porque podía.

-Entonces, ¿según tú, la ley natural aplica para todo? ¿Incluso para los asuntos humanos? ¿No hay separación entre ambas?

-Las leyes de la naturaleza son certeras. Y lo envuelven todo, todo está sujeto a ellas, y todo es relativo en éste mundo. No hay nada certero o absoluto.

-¿Entonces te parecía bien jugar a ser un dios? ¿A decidir quién debía o no debía morir?
-Yo obedecía las órdenes de mi superior. Como vos, ¿verdad? Os complacéis en asaetear a los demás, aunque no lo deberíais de hacer.

-Pero yo soy una diosa. Puedo matar a quién me parezca.

-A mí se me enseñó que las vidas de los débiles no valían la pena, porque ni siquiera podían sobrevivir. Sé me enseñó a ser un dios, con el poder de decidir sobre la vida de los demás...y así como el cazador guarda la piel del animal inocente al que mató, así actuábamos nosotros, por beneficio propio y por justicia...porque el poder es justicia. Y estábamos equivocados.

-¿Estabais equivocados...?

-Saga, ni con todo su poder fue capaz de derrotar a la diosa Athena. Y nosotros, los doce dorados, los más poderosos de la orden, fuimos derrotados por simples santos de bronce, los más débiles entre los ochenta y ocho. El poder no siempre es fuente de justicia. Aún así, todo es relativo.

-¿Por qué un mortal osó levantar su mano contra una diosa? ¿Acaso no os enseñan a respetar a los inmortales?

-La ambición de Saga era, con ayuda del escudo de Athena y de Niké, controlar el Santuario, y luego a Zeus, a Poseidón y a Hades. Pero la diosa hubiera sido un obstáculo importante frente a esas ambiciones. Así que trató de quitarla de en medio. Nosotros tres éramos jóvenes e impresionables. No descarto que nos dejáramos seducir. Aquello fue como un canto de sirena.

-Pero falló. Uno de sus santos la salvó. Otro santo de oro.

-Sí, Aiolos. Pero mandó a Shura tras ellos. El muy imbécil malhirió a Aiolos, pero no remató a la diosa, ni se aseguró de que ésta también muriera. Por tanto, Sagitario se las arregló para dejarla con un turista japonés, que por cosas del Destino, se hallaba cerca del Santuario, antes de fallecer.

-Y por eso Palas se crió como una niña mimada, se encogió de hombros,-no hay diferencias. Siempre lo ha sido, hizo un mohín despectivo con la boca.

El santo de Cáncer rodó los ojos.

"Me parece que la niña mimada es otra", pensó con sarcasmo.

-¿Sabes, Death Mask? A Aiolos se lo quiere bien aquí en el Olimpo. Mi padre le tiene especial afecto.

El joven creyó captar una leve indirecta en la alusión a Zeus y esbozó una sonrisa burlona.

-¿Aunque también haya ayudado a derribar el Muro de los Lamentos?

La diosa de la Luna hizo un ademán despectivo.

-Bah. A la única que le dolió lo de ése Muro fue a aquella de los níveos brazos. Hades lamentó su destrucción, pero lo reconstruyó de nuevo. Y sí a los emperadores del Inframundo no les importa, ¿qué nos va a importar al resto? Además, no es la primera vez que los seres humanos destruyen construcciones o paisajes naturales hechas por los dioses o dedicadas a éstos: templos, estatuas, bosques. Ése Muro fue sólo una víctima más.

-Pero...se nos dijo que por eso se nos requirió aquí, argumentó el canceriano. "Aquí hay gato encerrado", pensó.

La diosa soltó una carcajada.

-¿Cómo?, ¿no se han dado cuenta todavía?, expresó.-Apolo, Hera y Ares ya deben de habérselos dicho. ¿Pensáis mantener a los demás en la ignorancia?

-¿Ignorancia de qué?

-¿De veras no lo saben?, qué divertido, dijo, con una gran sonrisa.

-¿Saber qué?, insistió él, empezando a perder la paciencia.

-Figúratelo tú. Supongo que Glaucopis ya fue a verlos y confortarlos por éste trago amargo. Ergo que están en su residencia.

-Pues no, no ha aparecido. Supongo que está enojada con nosotros.

-¿No se han preguntado por qué?

-Pues claro, pero...la culpa fue de Saga. Y de algunos de nosotros por hablar de más...

-¿Y quién crees que tuvo la mente tan privilegiada como para planear todo esto?, la diosa se sentía feliz, jugando a las adivinanzas con aquel mortal.

-Pues sólo pudo haber sido...oh..., musitó al caer en la cuenta.

-Dime, cangrejito...

Él se ofuscó al oír aquella palabra. ¿CÓMO?

-Señorita, ¿podría pedirle que no usara diminutivos conmigo? Por favor, dijo, tratando de no sonar maleducado

La diosa dio una patada en el suelo.

-No lo haré, dijo con tono altivo.-Porque no quiero. Pequeñín...recalcó.

Death Mask se puso rojo de rabia.

-¿Ahora me vas a contestar una insolencia? Yo no lo haría, dijo con voz de niña consentida.

Él sentía el nudo de todas las irreverencias que hubiera querido vocalizar en la garganta. Pero el miedo que le tenía a Apolo podía más, sabiendo lo cruel que podía ser el gemelo de aquella doncella caprichosa.

-Se lo pido como un favor. Sé que también puede ser considerada, vocalizó con esfuerzo.

La diosa ladeó la cabeza con expresión aburrida.

-Athena me estafó, comentó.-Creí que eras un irreverente al que todo le valía.

-Lo soy.

-¿Entonces por qué...?, se calló al caer en la cuenta.- ¡Apolo! ¡Mi hermano llegó a advertirte, cierto!, su rostro se puso pálido de rabia.

-Yo no me quejaría, susurró por lo bajo.

-¿Cómo?

-¿También vos le fuisteis a dar la lata a Mu, no es cierto?

-Él es mi hermano menor, ¡no debería estarme cuidando!, chilló, furiosa.

-Pero vos sois la chica. Un poco machista, pero...

"Y vos también lo cuidáis a él, y sin embargo, no veo a Febo haciendo berrinche", pensó el cuarto guardián.

-¡Le enseñaré a dejarme en paz! ¡Ya sé!, dijo, mientras su rostro adquiría una expresión sádica,-Me desquitaré con el tierno corderillo que lo tiene suspirando como un efebo de doce años. Una lástima...Athena se quedará sin su guardián de Aries...

Death Mask se puso pálido.

De repente, el mismo cisne que había visto en la mañana apareció de la nada. Se posó en el suelo y adoptó forma humana. El dios se quedó mirando a su hermana con reprobación.

-¡¿QUÉ?! ¡¿Ahora me espías?!

-No seas tan infantil, hermana. Odias a Daphne y a Cassandra, ¿y ahora pretendes ser tú la que me eche todo a perder?, vocalizó con severidad.

-¡Deja de vigilarme!, lloró ella.

-Estás enojada porque arruiné tu oportunidad de ver a alguien asaeteado, Ártemis. No creas que me interesaba lo que pasara sí se te decía una insolencia, que de seguro las mereces. Me preocupaba más la reacción de Athena sí algo le pasaba a alguno de sus santos. La virgen que lleva la égida no está precisamente de buen humor, y sabes lo que ocurre cuando eso sucede. ¿Quisiste empeorarlo?

-¡Cállate, Apolo!, chilló ella, furibunda.

-¡No tengo la culpa de que seas tan predecible, querida hermana!

-¡Qué te calles! ¡Tú lo que quieres es fo****, nada más! ¡Te fastidiaría si lo arruinara!

La bofetada fue tan fuerte que resonó en la estancia. Ártemis se tambaleó

Mientras los dos dioses se gritaban, el santo de Cáncer se había deslizado subrepticiamente fuera de la habitación. Ocupados como estaban, ninguno de los hijos de Leto le prestó atención.

Una vez afuera, suspiró.

-No sé sí agradecerle a Apolo por salvarme el trasero, aunque lo haya hecho pensando en sí mismo.

¿Por qué Cáncer y Ártemis?

Fácil. La Luna es la regente del signo Cáncer. Además, tanto la diosa como DM son bastante sádicos y gustan de matar porque sí. Ártemis gusta de tirar flechas a los animales y a algunas mujeres, las que mueren de parto o repentinamente…Ése es su único placer :/ Aunque acá le metí un poco de madurez a Mascarita, haciendo que al menos admitiera que se equivocó al seguir a Saga.

Acteón es un joven cazador que la vio desnuda accidentalmente. En venganza, ella lo convirtió en un ciervo para que sus propios perros se lo comieran. Se dice que contemplar la agonía de Leto al parir a Apolo fue lo que la hizo aborrecer el matrimonio y el sexo y pedirle a Zeus mantener su castidad. Y la muy desgraciada se lo toma tan en serio que no deja ni que la vean desnuda XDDD

Los ciervos le estaban especialmente consagrados a Ártemis. Ella los cazaba y corría igual o más rápido que ellos. La cierva de Cerinea, más veloz incluso que la diosa, fue el tercer trabajo de Heracles y le estaba consagrada a Febe. El héroe tardó un año en atraparla.

Febe (Φοίβη, Phoebe) era una de los doce titanes. Yació con su hermano Ceo y le dio como hijas a Leto y a Asteria. La primera se convertiría en la madre de Ártemis y Apolo. La palabra significa "brillo" y como la forma femenina de Febo (Φοίβος, Phoíbos) que significa "brillante" es un epíteto de la diosa de la caza en su calidad de hermana del dios del Sol.

¡Wiiii, pelea de hermanos! :v ¿Se han dado cuenta de las tretas de Apolo? De seguro pensó: "Conozco a mi hermana, de seguro va a buscar alguna excusa para matar a alguien. Si la provocan, va a tener un motivo para asaetear a ése alguien. Y como ella es mi hermana, si yo no lo evito, nadie lo hará. Y si algo le pasa a alguno de sus compañeros por culpa de Ártemis habiendo podido evitado yo, Mu se enoja conmigo. Y si Mu se enoja conmigo, no ceno" XDD

Glaucopis, (gr. γλαυκῶπις) "la de los ojos brillantes" Epíteto de Athena

Se estarán preguntando: ¿Qué onda con el cisne, el cisne no era Zeus? Pues el mito cuenta que cuando Apolo nació en Delos, siete cisnes le dieron siete vueltas a la isla, porque nació en el séptimo mes. Posteriormente, varias de estas aves tiran del carro que le regaló Zeus al dios, en ocasión de su nacimiento.

Convertido en cisne, yació con Corónide y concibió a Asclepio. Como dios de la belleza se le consagra éste animal, aspecto que comparte con Afrodita ;)

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!