Ya volví. Es el turno de la gata dorada :3

¡Lean y disfruten!

Δίαβασα: Εστία

Death Mask empujó la puerta con brusquedad, sobresaltando a Mu. El santo de Virgo, inmerso en su meditación ni siquiera pestañeó.

-¿Death? ¿Ya volviste? ¿Cómo te fue?

-¡Dile a tu amante que muchas gracias por salvarme el trasero!, replicó el santo de Cáncer, de mal humor.-No cabe duda que la fama de calculador de Apolo lo precede. Ha matado dos pájaros de un tiro.

-¿Cómo?

-Resulta que el numerito que me hizo fue sólo para evitar que me asaetearan. Así, Athena no se enoja y tú le das el trasero. Astuto, ¿no?

-¿Y qué tengo yo que ver con eso?

-Mu, por el amor de Athena, no te hagas el inocente. Te vi la cara en la mañana. Te gusta. Sólo te haces del rogar. Anda y dale el trasero de una vez. Que es Apolo y no Zeus...

-Death...

-Blah, blah, blah. Anda, ¿qué te cuesta?, terminó, mientras cerraba la puerta.

El santo de Aries suspiró mientras metía la mano bajo la almohada y sacaba las cuatro plumas de cisne. Una por cada día desde que el hijo de Leto le había robado aquel beso. La verdad es que había buscado mil excusas para evitarlo, pero el dios se las había arreglado para estar presente de cualquier manera, minando su resistencia. Aquella mañana se había transformado en un cisne, incluso se había refugiado en su regazo.

-Odio admitirlo, pero creo que se me acabaron las excusas...

Bajó despacio los escalones, y pasó de puntillas por el comedor, donde sus compañeros estaban ocupados, armando fiesta. El santo de Cáncer les contaba con voz estridente como la había pasado. Escudriñó el lugar con ansiedad. Todos estaban ahí, excepto Shaka, que estaba arriba meditando.

Tan absorto estaba en salir sin ser visto que no se percató de que otra persona más seguía sus movimientos con atención. Una vez que salió, la mensajera fue a darle noticias a su señora.

Athena suspiró.

-Lo menos que puedo hacer es dejarlos. Le hice prometer a Apolo que no intervendría sí era Mu el que tomaba la iniciativa. Y supongo que se lo debo, por contener a Ártemis, de la que estaba segura que intentaría algo así.

-Entiendo, mi señora. ¿Entonces los va a dejar?

-¿Me queda otra? Déjalos. Que no le haya obligado a estar con él o lo haya forzado sólo revela que se dejó herir por Eros una vez más. Sí Mu juega bien sus cartas, esto no terminará mal para ninguno de los dos. Creo que es mejor así. Sí todo va bien pronto tendré a mi hermano aquí, restregándomelo en la cara.

-Pero sí el joven se encariña demasiado podría salir lastimado...Sobre todo conociendo los caprichos de vuestro hermano.

-Mis santos no son hombres comunes, Iris. Confío plenamente en que tendrá en cuenta eso.

-Entiendo. Me retiro entonces.

-Llámame a ése chiquillo imprudente. Le gusta cebarse demasiado con Apolo. Merece que su madre le llame la atención. O sí no, terminará siendo juguete de Ártemis.

-Está bien, señorita.

Mientras tanto, el santo de Aries había salido a los jardines y se había sentado, como solía, en la parte más frondosa de éstos. Al rato de estar sentado, su oído percibió los dulces acordes de la lira. Sonrió con placidez.

-Estáis volviéndoos predecible, señor, comentó.

El sonido cesó sólo para ser reemplazado por la voz del más bello entre los inmortales.

-¿Y eso te molesta?
-No, admitió.-Me siento halagado.

El dios se dejó ver y caminó tranquilamente hacia el muchacho. Como siempre, su presencia iluminaba los lugares por donde pasaba.

El tibetano tuvo que admitir que le halagaba profundamente que aquel magnífico ser se fijara en él y le prodigara tantas atenciones. Levantó la mirada con resolución y la clavó en los orbes celestes del dios. Éste sintió curiosidad. Nunca lo había mirado de frente con ésa expresión. Aquellas esmeraldas solían esquivar su mirada como sí quemara. Avanzó más y cuando estaba a punto de atrapar ésos labios en un beso, sintió la mano de Mu en el hombro.

-Primero tenemos que hablar, dijo, con una voz igual de resuelta que su mirada.

Febo sintió una oleada de feroz alegría, ardiente como el mismo Sol. ¿Significaba aquello que aquel hermoso joven había cedido a sus requerimientos? Sintió el deseo de besarlo, pero prefirió ser juicioso y oír primero lo que tenía que decirle.

-Dime, Mu. Soy todo oídos.

-He de decir que no me esperaba esto. Creí que no era correcto, creí que Afrodita me influenciaba aquel día. Pero, habéis sido paciente y no me habéis obligado a hacer vuestra voluntad, que, de haberlo querido, lo habríais hecho de una vez. Eso me ha puesto a pensar las cosas. Y bueno, está esto, dijo, mostrando las plumas de cisne.-Hasta me habéis hecho regalos.

-Ya te lo he dicho, Mu. Te quiero y quiero que seamos amantes. Hace mucho que no me veía sorprendido por éste cálido sentimiento, que los humanos llamáis amor. Puro y cálido.

-¿Entonces...no sólo queréis fo...?, expresó, sintiendo alivio- ¿Estáis enamorado? Pero...yo creí...

-¿Creíste que los dioses no éramos capaces de amar?

-Bueno...no exactamente...pero...es que...viendo los antecedentes...

-Si con "antecedentes" te refieres a las conquistas de mi padre, podría darte la razón. Pero ni siquiera en ése caso.

-¿Acaso vuestro padre ama a Hera?, se sorprendió Mu.- ¿Pero entonces...porqué...?

Apolo echó la cabeza hacia atrás mientras soltaba una sonora carcajada.

-Mi querido Mu...sí no la amara, ya se la habría quitado de encima. Pero en vez de eso, ella sigue siendo su esposa y su reina. Es el mismo caso de mi tío, aunque busque placer en otras siempre regresa a los brazos de su esposa. Por eso Anfitrite le tolera los deslices. Aunque a la pobre Escila no le fue del todo bien, debo de decir.

-Entonces... ¿vosotros separáis el amor del placer?

El dios entrecerró los ojos, divertido.

-Los humanos siempre han sido muy complicados con eso. No sé por qué esperáis que amor y placer vayan juntos cuando no siempre es así. Y sí no les funciona nos culpan a los dioses, se recostó juguetonamente en la banca, con lo que su torso quedó sobre el regazo del ariano.

-La sociedad no nos deja, ¿sabe? Dice que tenemos que ser fieles a nuestra pareja. Y eso implica la monogamia.

El dios volvió a reírse.

-Hay muchas formas de ser fiel. Pero también, vosotros estáis sujetos a la moral. Nosotros no.

-Por eso os pregunto.

-Yo busco a alguien que me ame, no sólo que me de placer. Sí sólo buscara placer ya te habrías dado cuenta, dijo, tomándole la mano y dándole un beso.

-Podría ceder a vuestros requerimientos. Pero con una condición.

-Dime, contestó, sintiendo que casi cogía el cielo con las manos y que el corazón le bombeaba a mil por hora, producto de la ansiedad. Estaba tan cerca...

Mu se dio cuenta del estado en el que estaba el dios y sonrió. Adoraba provocar ésas cosas en él. Lo hacían sentir casi poderoso

-Júreme que sí alguna vez se aburre o cansa de mí, me lo dirá. Solo así cederé.

-¿Tan sólo eso quieres?

-Prefiero que me digáis de frente que ya no os atraigo que quedarme esperando porque simplemente os fuisteis.

-Está bien, Mu. Te lo concedo.

El muchacho arqueó las cejas.

El hijo de Leto soltó una suave risa.

-Está bien, está bien. Juro por el Estigia que sí me canso o aburro de ti, te lo haré saber.

El santo de Aries esbozó una gran sonrisa y trató de besarlo. Ésta vez fue el dios el que se lo impidió.

-¿Qué?

-Yo también tengo una condición.

El muchacho hizo un puchero y se cruzó de brazos.

-Quiero que dejes de tratarme de "vos" Tampoco te permito que me trates de usted. Me fastidia que mis amantes me traten así. ¿Entendiste?

-Sí, señor. Entendí. Nada de vos, ni de usted.

Una gran sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro del dios. Su rostro pareció iluminarse con el fulgor del Sol, mientras se sentaba sobre el muchacho, le tomaba el rostro con las manos con ternura férrea y lo besaba con ardor.

Mu jadeó. La fuerza de aquel beso era avasalladora, y le despertaba cada nervio del cuerpo con un calor ardiente como el astro rey. Sí había pensado que el beso pasado había sido apasionado, éste lo era más. Sintió ternura dentro de aquel ardor, caliente, demandante. Empezó a sentir un hormigueo placentero en los labios que se empezó a extender por todo su cuerpo. Cerró los brazos en torno a la espalda de la deidad, con ansias.

Por su parte, el hijo de Zeus sintió aquel beso como la catarsis de toda el ansia que había experimentado aquellos días. Enredó los dedos en las hebras doradas que el joven carnero tenía por cabello y tiró de ellas inconscientemente. Sintió su propio corazón bombeando con rapidez, casi hasta resultar doloroso. El temblor del joven debajo suyo le resultaba vigorizante. Casi había olvidado lo bien que se sentía besar a alguien así.

Demasiado pronto, el muchacho rompió el beso por falta de aire. Sentía el cuerpo extrañamente relajado, hasta un punto que lo único que podía hacer era jalar aire desesperadamente. Se estremeció, al sentir la boca del dios en el cuello y se dejó hacer.

Por fin, el pelirrojo le dio tregua a su joven amante. Lo acarició mientras lo miraba con ternura, y lo besaba de nuevo, está vez en la frente.

-Hasta la próxima, cariño, murmuró con suavidad, mientras desaparecía, dejando una pluma de cisne en su lugar.

El ariano se incorporó jadeando todavía, con el corazón a mil por hora. Se incorporó, arreglándose la túnica al menos. El calor que sentía en el rostro le avisaba que era mejor subir a ducharse antes de que alguno de sus compañeros más burlistas se diera cuenta y empezaran las mofas y los chistes. Se fue para adentro y estuvo todo el día pensando en eso.

Al día siguiente...

Aiolia se despertó muy temprano. Se quitó las mantas de una patada, dejando que el frío lo terminara de despertar, mientras se estiraba como un felino. Estuvo unos segundos más así y se levantó. Los ronquidos de Aldebarán le taladraban los oídos ahora que estaba consciente.

-Toro escandaloso, comentó, lamentando no poder tirarle una almohada a su compañero. Se encaminó hasta la ducha, resbalando en la ropa regada por el piso hasta casi dar de cabeza. Empujó la ropa con el pie debajo de la cama, para evitar más resbalones.

Se metió en la ducha y empezó la labor diaria de acicalamiento silbando una tonadilla griega de manera desafinada. Le fascinaba como el agua de aquel lugar siempre se mantenía en la temperatura correcta y, por lo que decía Aldebarán, eso cambiaba de acuerdo a las preferencias de cada quién.

-Camus debe estar feliz, dándose duchazos bajo cero.

Bajó a la planta baja y se le hizo la boca agua cuando vio el montón de frutas. Aunque su cuerpo estaba padeciendo por la falta de proteína animal, el inusual sabor de éstas allá arriba lo compensaba todo.

-Disculpa, ¿de dónde salen tantas frutas? Todos los días hay muchísimas, le preguntó a la ninfa que le servía.

-El señor Hades nos cedió la Cornucopia por un tiempo. Las frutas y el vino salen de ahí, contestó.-Nunca habíamos tenido tantas personas aquí.

-Ya veo. Entonces no es de extrañarse que sean más deliciosas de lo usual. La más deliciosa de las frutas allá abajo sabe a tierra en comparación, comentó. Al apartar la silla resbaló de nuevo y fue a dar al suelo en medio de un estruendo metálico.

-Genial, murmuró, mientras se levantaba.-Ya empezamos.

-Tome, señor, le tendieron un paño.

-Gracias, contestó, mientras se limpiaba el cloth. Dejó el paño en la mesa.

Una vez listo, salió del palacio y subió hacia el punto de encuentro. Por el camino se encontró con que el camino estaba tenuemente iluminado por algunas antorchas cuyo fuego vibraba con una fuerza y un misterio sorprendentes Sin resultar avasalladores.

Tocó la puerta antes de entrar.

-Adelante, se oyó una voz suave y femenina.

Empujó la puerta con cuidado y entró. En el centro de la habitación estaba el consabido diván. Ésta vez era ocupado por una mujer rodeada de una aura de sabiduría pese a su aspecto joven. En la mano llevaba un cetro y envolvía su cuerpo con un discreto peplo dorado adornado por algunas joyas de bronce. Los cabellos rubios estaban recogidos en un moño en lo alto de la cabeza

La diosa sonrió maternalmente.

-¿Tú eres Aiolia?

-Sí, señora. Yo soy Aiolia de Leo, dijo respetuosamente.

Se oyó un rugido grave a la izquierda. El santo de Leo volvió a ver y cayó sentado de la impresión.

Un hermoso y poderoso león avanzó majestuosamente hasta su ama. La diosa acarició aquella noble testa con cariño. Parecía como si las llamas del fuego cobraran vida en la melena del felino.

-Le pedí a Athena que me dejara traerlo. Creí que te gustaría verlo.

-¿No...No hace nada?, verdad, preguntó con un temor reverente.

La hija mayor de Cronos sonrió alentadoramente.

-No, no te hará daño. Adelante.

El griego alargó la mano con reverencia. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la hundió en la melena del animal. Éste se le acercó casi confiadamente ronroneando.

-Me dijo mi sobrina que eres el único de su orden dorada con pareja estable. ¿No has pensado en formar una familia?, abrió el interrogatorio.

El rostro del leonino se ruborizó al recordar al santo femenino de Águila.

-Ella no lo cree necesario por ahora. Le parece que estamos bien así. La verdad, creo que no necesitamos de estar casados para ser felices.

-Háblame de ella, se interesó Hestia.

El santo dorado accedió de buena gana. La actitud maternal de la diosa le resultaba tranquilizante. Además, el ambiente estaba agradablemente caldeado por la presencia de la misma. Así le fue fácil evocar la figura de Marin. Cuando se dio cuenta estaba hablando por los codos acerca de su amada.

La diosa apoyó la cabeza en una mano mientras oía el parloteo del santo dorado. Le gustaba lo que veía. Era un joven vivaz, de eso podía estar segura. Se veía lleno de fuerza y vitalidad, como el fuego en su máximo apogeo. También le parecía notable que hasta el mínimo defecto de la mujer amada era descrito con cariño. Incluso los que más le desagradaban.

-Creí que los santos femeninos se debían ocultar el rostro. ¿Acaso le viste el rostro a tu Marin?

-Oh, no, se apresuró a explicar.-Eso ya no es así. La señorita Athena flexibilizó la regla. Ahora ellas pueden vivir mezcladas con los varones y ya no pasa nada sí se les cae la máscara frente a un hombre o sí no la usan. Pueden elegir libremente a quién amar.

-¿Entonces te le declaraste?

-Oh no. Ella fue, dijo, súbitamente tímido.

-¿Entonces no van a casarse?

-No lo necesitamos. Somos felices así como estamos. Además, creo que eso no está permitido. Ya somos una familia.

-Eres un pequeño travieso, Aiolia.

-Seeh, eso creo. Pero sería bueno que me dierais una mano con la cocina. Cocino fatal.

La tía de Athena soltó una deliciosa carcajada. El león se aburrió de que no le pusieran atención se le tiró encima al santo dorado mientras lo lameteaba.

-¡Ay! ¡Aghhh! ¡No! ¡La boca no, en la boca no!, se revolvió.- ¡Aaaah! ¡Puaj! Eres un gato malo.

-Ven acá, Caesar, lo llamó la diosa, mientras Aiolia se incorporaba.

El animal dejó tranquilo al quinto guardián y se sentó dócilmente a los pies del diván.

-Mi predecesor también se llamaba César, le comentó a la diosa, limpiándose la boca- y tenía un león gigantesco que lo ayudaba a cuidar el templo.

-¿De veras?

-Sí, Káiser de Leo. Era alemán, creo. No estoy muy seguro.

-Aiolia, ¿Sabes que todo esto fue plan de alguien, verdad? A nadie aquí le importa el Muro de los Lamentos. Ni siquiera al propio Hades. Bueno, interrumpió, recordando a su hermana menor,- a casi nadie.

El santo de Leo se puso serio.

-Lo suponía. ¿Fue plan de la señorita Athena, verdad? Por la conducta desastrosa de algunos.

-Así es. La ojilúcida Parthenos está muy molesta y dolida con ustedes, por vuestra conducta. Así que planeó una estrategia para daros una lección. No por gusto, ella os quiere mucho y fue duro dejaros en manos de dioses como Ares o Hera. Pero también sabe que sólo aprendéis a cuerazo limpio.

El joven tragó saliva. Algunos de sus compañeros tendrían que ir aprendiendo a morderse la lengua. Él incluido.

-Lo lamento. No fue nuestra intención ofenderla. Es sólo que...por culpa de Hades, Poseidón y Perséfone...hemos pasado tan malos ratos que es inevitable que lleguemos a pensar que todos los dioses menos ella, no son merecedores de respeto. Aunque no sea cierto.

-Lo sé, santo de Leo. Aquí nadie está enojado con vosotros. Sólo estamos haciéndole un favor a Palas.
-¿El favor incluía hacernos daño?
-¿Lo dices por Saga de Géminis, verdad? Ése joven ofendió gravemente el orgullo del Androfontes. Además, desautorizó a la propia Palas...Esa deuda tenía que pagársela a Ares de alguna manera.

-¡¿Cómo?! ¿Estamos metidos en esto por culpa de Saga?, se sorprendió Aiolia. Su impulsivo carácter lo impulsó a ir inmediatamente a golpear a su compañero. Sintió la ira explotar como si fuera un volcán.

La diosa percibió la fogosa ira que pugnaba por salir y sonrió.

-¿Dónde estuvo?, vocalizó entre dientes.- ¡No se apareció en todo un día! Apolo vino para curarlo y como no estaba...
-Como no estaba, se entretuvo bastante con el santo de Aries, ¿no es así?
-La culpa no es de Ares, ¿o sí? Porque Saga...
-Aunque Athena le dijo a Ares que no llamara a Loxias, sabes cómo es mi querido sobrino. Como se sentía "benévolo" decidió que era demasiado con el sufrimiento psicológico. Pero como ése joven no estaba...

-¿Nadie sabe dónde estuvo?

-Probablemente lo sepan Hermes o Iris. Y sí Iris lo sabe, es seguro que lo sabe la hija de Zeus, la virgen Tritogenia.
-¿Ella está aquí arriba?
-Así es. Iris le ha comunicado cuanto ha pasado, Aiolia de Leo. Y uno de ustedes tendrá que rendirle cuentas.
-¿Uno de nosotros...? Shaka de Virgo, cayó en la cuenta.-Es el único que no le reclamará nada.

-Ahora que lo sabes, puedes retirarte, querido. Ha sido un placer.

-Sí, señora. Con su permiso, dijo, adelantándose y besándole la mano. Luego se agachó y le hizo cariños al león.
-Pórtate bien, Caesar, ¿sí? Sé un buen gatito.

El animal bostezó, enseñando sus grandes colmillos y le lamió la mano.

El santo hizo una última reverencia y se marchó.

-Ahora a hablar con el demente de Saga, dijo, frotándose los nudillos.-Mejor se tirara por un barranco.

¿Mucho fuego en éste capítulo, verdad? Apolo, el dios del Sol, Hestia la diosa del fuego del hogar y Aries y Leo, signos de Fuego :3

Quién me viera escribiendo romance :v Dale con Apolo XDDD Se salió con la suya.

¿Por qué Leo y Hestia?

Cuando estaba emparejando los signos con los dioses, hubo unos que se quedaron sin pareja, porque no encontraba nada en común. Por eso no usé a Dionisos, ni a Deméter. Aunque Hefestos tenía bastante en común con Mu, el ilustre Cojo no me hace gracia, se los digo (pobre)

Como Leo me quedó colgando, pues de repente se me ocurrió Hestia por esta cuestión del fuego.

Ella es la hija mayor de Cronos y Rea. Cuando digo "hijos" me refiero a todos. Hades es el primogénito varón, pero no el primogénito de todos.

Después de la Titanomaquia, ésta diosa fue pretendida por su hermano Poseidón y por su sobrino Apolo. Como ambos dioses se fueran a pelear por ella, juró por la cabeza de Zeus que se quedaría virgen, evitando la que hubiera sido la primera disputa entre dioses. En recompensa, el Tonante le concedió la primera víctima de todos los sacrificios (incluso antes que a él) y los lugares más prominentes en las casas. También eran para ella las primeras libaciones en los banquetes. Como diosa de laarquitectura, la cocina, el hogar o, más apropiadamente, del fuego que da calor y vida a los hogares se le rendía culto en todos los rincones de Grecia, prácticamente a diario lo que la hace, junto con su hermano Hades, uno de los dioses a los que todos debían rendir culto pese a (irónicamente) su poca presencia en los mitos. El culto a Hestia es responsabilidad de la esposa.

Es una diosa de carácter pacífico y no salía mucho de su palacio, en la parte alta del Olimpo, por lo que Hermes, su sobrino favorito, era quién le contaba lo que pasaba en éste y los devenires entre dioses y mortales. Cuando Dionisos fue ascendido a la categoría de dios, ella le cedió su lugar entre los olímpicos. Ella es una de los seis olímpicos primordiales, los hijos de Cronos y Rea

¿Qué les pareció el león? XDDDD Gatito travieso XDDDDD

"Caesar" es el sobrenombre de la familia romana Julia, que como título de dignidad llevaron juntamente con el de Augusto los emperadores romanos, y el cual fue también distintivo especial de la persona designada para suceder en el Imperio. El nombre completo de Julio César fue Caius Iulius Caesar (Cayo Julio César). El primer emperador romano, el hijo adoptivo de César, Octaviano, se cambió el nombre al ascender al mandato de Roma siendo llamado Cayo Julio César Augusto (Caius Iulius Caesar Augustus) Como dato curioso, él nunca se proclamó emperador en realidad. Se le llamó así después de su muerte.

En la actualidad, "césar" es una palabra que se usa como sinónimo de "jefe, rey, emperador o líder" "Caesar" en alemán es "Káiser", incluso tienen mucha similitud fonética. Por eso llamé así al león de Hestia, para que Aiolia mencionara a Káiser XDDD El hdp debe de ser alemán si nos guiamos por el nombre (Éste Kuru troll que no saca sus fichas ¬¬)

La palabra "amante" viene del latín "amantis" que significa "el que ama" o "el que produce amor" El significado primario de la palabra no tiene nada que ver con connotaciones sexuales, incluso la mayoría de las definiciones recogidas por la RAE están libres de ella. La única connotación sexual es la que se le da al "otro" en una relación de infidelidad. Aquí lo que quiere decir Apolo es que quiere que Mu sea su pareja. (O novio, compañero, media naranja, o como quieran llamarlo)

Los antiguos en muchas culturas no se complicaban y separaban el amor (o el deber) del placer y era común que un hombre tuviera concubinas, buscara la compañía de las hetairas o de algún jovencito sin que eso significara que no amaba a su esposa o que no hallaba placer con ella. Éste es el caso de Zeus, el cual a pesar de todo quería a su hermana y la salvó varias veces de ser violentada. Aunque eso no quita que perdiera la paciencia por los "berrinches" de Hera un par de veces xDDD

El niño Eros... Aquí me tomo una pequeña licencia de cómo manejo la mitología en mis escritos.

Yo me baso en la Teogonía de Hesíodo para la genealogía de los dioses, por eso Afrodita es hija de Urano y no de Zeus. El Eros primordial, la fuerza unificadora de las cosas y dadora de la vida se personificó en ella cuando nació. Por eso Eros no aparece en mis historias, porque Afrodita ya lo encarna. La Afrodita de la época helenística es la que tiene a Eros con Ares.

La que manejo yo (como la mayoría de los dioses) es la Afrodita hesiódica. También uso referencias de Homero. Ambos, Homero y Hesíodo, son del siglo VIII, pre Grecia clásica. La época clásica de Grecia fue el llamado siglo de oro de Pericles, el siglo V. La época helenística empieza con la muerte de Alejandro en el 323 a.C (siglo VI) y finaliza con el suicidio de Cleopatra en el 30 a.C (Siglo I a.C) Todo post Grecia clásica.

Acá me tomé la licencia para crear atmósfera cómica, de que por culpa de Eros, Febo anda regando babas por Mu, y Athena lo sabe y entonces lo va a acusar con Afrodita para que lo discipline XDDD

Eeeen fin…eso es todo por ahora. En el próximo Athena le jalará los pelos a Shaka :v

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso grande!