Octava entrega de éste fic.

Σκορπιός: Άδες

Milo se despertó temblando aquella mañana.

-Maldición, Camus, resopló.-Ojalá perdiera la costumbre de enfriar el aire con el cosmos.

Apartó las mantas de una violenta patada y se levantó de una vez.
Resistió el impulso de ir a jugarle una broma pesada a su compañero. Posó los pies en el suelo.

-¡Ay! ¡Maldición! Hasta el suelo está frío, se quejó.

En contraste con el frío que imperaba en el dormitorio, el agua le resultaba agradablemente tibia. Llevó la masa de cabello rubio hacia adelante. El espejo le devolvió el reflejo de su espalda marcada por una cicatriz de considerable tamaño.
El santo de Escorpio suspiró. Aquella cicatriz le provocaba sentimientos encontrados y quizás fuera el motivo de su reticencia frente a los dioses.
Un escalofrío recorrió su espalda cuando recordó lo cerca que había estado de morir gracias a aquella herida.
Aún así, no se arrepentía de lo que había hecho.

-Fue lo mejor, se convenció.-Yo ni siquiera debería de estar vivo. Mientras que ella...Ella tenía toda la vida por delante.

Salió del baño con la toalla rodeándole la cintura. Constató que la temperatura del ambiente había subido. Caminó hasta la cama del santo de Acuario y descorrió las cortinas. Constató que las mejillas de éste estaban rojas, mientras murmuraba en francés.
A Milo le pareció oír las palabras "femme fatale" y sonrió socarronamente.

-Camus pillín. Quién sabe lo que estás soñando. Ojalá Zeus no te pesque en ésas.

Abrió la caja de Pandora mientras buscaba los pantalones blancos que usaba debajo del cloth. Los encontró debajo de ésta y los jaló mientras se quitaba la toalla. Se sentó en la silla mientras se ponía la ropa y la parte inferior del cloth.

Oyó a su amigo gemir en sueños y las ganas por despertarlo aumentaron.

-Se lo merece por tener esto hecho un congelador, murmuró, mientras se ponía el resto de la armadura.
Al final decidió no hacerlo y bajó a desayunar. Se topó con su par de Aries en el comedor.

-Buenos días, Mu.
-Hola, Milo, lo saludó de buen humor.
-Tienes algo en el pelo dijo, mientras se lo quitaba. Al mirar detenidamente, se dio cuenta que era una hoja de laurel.
-¿Allá afuera hay laureles, eh?, se burló.
-¡Dame eso!, se quejó, mientras se la arrebataba de las manos.
-Tu novio tiene un retorcido sentido del humor. Eso de andarte manoseando bajo un laurel está de más.
-No me manosea.
-Dohko dice otra cosa.
Mu abrió los ojos desmesuradamente.
-¡DOHKO!, casi gimió.
-No te preocupes por Dohko. ¿Por qué no se lo dices tú mismo a Shion?
-¡Cómo si fuera tan fácil!
-Ay, Mu. No seas tan mamitas. Ya estás grandecito.
-¿Te vas a callar?
-¿A callar qué? Si ya medio mundo lo sabe.
¿¡QUÉ!?
-Hera le dijo a Aldebarán y Afrodita y Death Mask se enteraron porque el mismo dios anduvo por aquí. Aiolia le dijo a Shaka y Camus me dijo a mí. Y Dohko ya los vio. Supongo que Aiolos inmerso como está en su tragedia personal no se dio cuenta. Y Shura vive en las nubes.
-¿Y a Camus quién le dijo?, gimió el santo de Aries.
-Saga. Y del otro lado también lo saben porque Perséfone le dijo a Dohko que Apolo anda de un humor muy extraño y que Afrodita regañó a Eros por algo. Seguro que volvió a flecharlo de nuevo.
-Ay, se lamentó el tibetano.
-Deja de quejarte, bobo. No puede ser tan malo, resolvió, mientras le daba una palmada en el hombro.
-Es que no sé cómo encajar esto. Me pidió que me fuera a Delfos con él, y no sé si será aconsejable.
-Pues pídele permiso a la señorita, baboso. ¿Y por cuánto tiempo?
-Lo que resta de nuestra estadía aquí. Al parecer, quiere tratar de quitarse a Ártemis de encima. Dice que siempre lo vigila.
-Ése lo que quiere es otra cosa.

-¿Podrías ser más serio, Milo?

-Lo siento. Es que creo que Camus estaba teniendo un sueño húmedo esta mañana y me quedaron ganas de fregarlo. Perdona.

-Eres un caso perdido, bichejo.
-Tú también, borrego. Quién lo diría, tú y Febo Apolo. ¿Ya te dieron el estrenón?
-¡MILO!
-Lo sé, lo sé. Perdona. Ahí te ves, dijo, mientras cogía un racimo de uvas y se levantaba de la mesa, metiéndose unas a la boca.
-¿No vas a irte comiendo eso, o sí? ¿Dónde vas a botar las sobras?
-Por ahí.
-Milo...
-Ay, Mu, a veces eres peor que Shion. Relájate, ¿quieres?, expuso, mientras se metía otro par de uvas en la boca.

Empezó a subir mientras se comía el racimo con lentitud. A mitad del camino empezó a notar como la luminosidad iba disminuyendo.

-Típico. ¿Es que no sabe hacer otra cosa?, murmuró por lo bajo.

Conforme iba caminando, la oscuridad iba creciendo como una niebla.
-Si no hubiera experimentado esto antes no sabría qué pensar, qué caray. Pero mejor me ando con pies de plomo o me va a ir mal.

Cuando llegó al sitio en el que debía de entrevistarse con el dios que le correspondía, levantó la mano para tocar y oyó risitas coquetas detrás de la puerta. Aguzó el oído y pudo escuchar como las deidades que estaban adentro se decían piropos y coqueteaban entre sí.
Se puso colorado como un tomate y mejor se apartó, para no pecar de indiscreto y recibir un castigo más.

Los minutos transcurrieron más rápido de lo que esperaba y la puerta se abrió dejando paso a la hija de Deméter.

Las aguamarinas del santo de Escorpio se encontraron con las ágatas de la esposa de Hades y él sintió una especie de cosquilleo en la cicatriz que tenía en la espalda. Apretó los puños con fuerza.

Perséfone sonrió de manera tranquilizadora.

-¿Cómo estás, Milo?, tentó, haciendo que aquellas pupilas se desprendieran de las suyas por un momento.
-Mi señora, casi que escupió, haciendo una breve inclinación con la cabeza.
Ella se rió.

-No tienes porqué ser amable. Probablemente me merezca tu desprecio por lo que te hice.
"No me diga", pensó con ironía.
No había ni acabado de pensarlo cuando vio a la diosa arrodillarse frente a él y cogerle las manos, en un mudo ademán de súplica.

-¿Me perdonas? Realmente no quise hacerte mal ni a ningún otro de tus compañeros. Fui manipulada por otra persona para que hiciera todas esas cosas, supuestamente por el bien de mi marido, pero la realidad fue otra.

-¿Ésa es la excusa que va a ponerme? ¿"Fui manipulada"?, manifestó mientras arqueaba una ceja.
-No, no me malentiendas. Yo tengo parte de la culpa, porque yo fui la que hizo ésas cosas. Por eso te estoy pidiendo perdón. Solo quiero que sepas los motivos porque fuiste el más afectado.

-No solo yo me vi afectado por esto, escupió más que dijo,-Debería pedirle perdón a todo el Santuario. ¿Ya habló con Saga?
-Quería hacerlo. Pero primero sentí que debía hablar contigo.

El santo escudriñó el rostro de la deidad con desconfianza, tratando de detectar cualquier indicio de mentira.

-Te digo la verdad, reforzó ella.-Jamás querría que algo más pasara.

El pecho de él se infló en una respiración profunda y el aire salió con resignación.

-Supongo que lo que dijo Dohko ayer era cierto, entonces.
-Le hablé con la verdad al santo de Libra. No pretendo ocultarles nada. Ya no. Por favor.

-¿Qué opina Hades de esto?

Los ojos de ella se llenaron de lágrimas por el recuerdo del dolor sufrido por éste.

-Está de acuerdo y le satisface que reconozca los errores que cometí.

El santo de Escorpio miró a la diosa. Ella ya no le cogía las manos sino que le abrazaba las rodillas y lo miraba con ansiedad.
Milo sintió que algo se revolvía en el fondo de su ser. Y así como Aquiles se conmovió ante el valor de Príamo al atreverse a aventurarse en territorio griego en busca del cadáver de Héctor, él se conmovió ante la diosa arrodillada a sus pies, que le imploraba por perdón sin tenerlo que hacer, humillándose a sí misma.

-Está bien. Os perdono por lo que me habéis hecho, claudicó.-Pero de todas formas, yo hice aquello porque sentí que era lo correcto. Nosotros deberíamos estar muertos, en todo caso, dijo, mientras la ayudaba a levantarse.

-Gracias por entender, Milo. De verdad estoy arrepentida por lo que hice.
-No hay de qué. Pero os agradezco, si no hubiera sido por vos no hubiera caído en la cuenta de lo valiosa que era la discípula que tenía.

Ella le guiñó un ojo.

-Ya ves. Todo tiene una razón de ser en éste mundo. Ahora debo irme, o mi madre me matará. Te lo he dejado de buen humor, explicó, señalando la puerta.-Cuidado lo arruinas.

Él se inclinó con galantería y se dispuso a abrir la puerta.
Entró con cuidado.

-Bienvenido, Milo de Escorpio. Has tardado, se oyó la voz enigmática y oscura del hijo mayor de Cronos.

El griego percibió al dios frente a sí.

Vestía su cuerpo con una túnica de color oscuro sostenida al cuerpo por broches dorados. La cabeza y las muñecas eran ceñidas a su vez por oro que resaltaba contra la palidez y los cabellos negros del señor del Inframundo. Las esmeraldas que tenía por ojos, titilaban de manera muy inquietante animadas por alguna emoción desconocida. Tamborileaba con la mano derecha sobre una mesita que era ocupada por un cáliz y una elegante botella.

Se inclinó, en señal de respeto.

-Señor Hades, dijo solamente.
-¿Cuál fue el motivo de tu tardanza?, exigió sin ceremonias.
-Vuestra esposa quiso hablar conmigo sobre aquel asunto de la otra vez.
-Ya veo, dijo solamente.-Más te vale callarte, no se supone que la viera hasta dentro de tres semanas.
-Sí, señor, seré como una tumba. Mis labios están sellados.
-Milo, Milo, Milo, ¿qué hay que hacer para que ustedes aprendan? Ya que al parecer, ni a cuerazo limpio entienden, reclamó, mientras llenaba la copa de ambrosía y se la llevaba a los labios.
-Pues...ya esto es la gota que derramó el vaso para nosotros también.
-Pues espero que así sea. Podían haberse ahorrado la hipocresía mostrada en el Santuario. Yo ya sé que no me quieren. Sería iluso de mi parte, después de siglos de Guerras Santas.

El santo de Escorpio tragó saliva.

-¿Así que se dio cuenta?, murmuró.
-¿Acaso me crees idiota?, era obvio. El ambiente de estrés era inaguantable. Y eso no fue culpa mía, como insinuaron por ahí. Si no saben diferenciar mi cosmos de la atmósfera de estrés colectivo que ustedes mismos provocaron no es mi problema.
-Yo..., abrió y cerró la boca un par de veces.

Plutón sonrió con suficiencia, mientras se acomodaba en el diván.

-No pensé que se llegara a esto.
-¿Quieres saber la verdad? Yo fui el que me quejé con Zeus para que le jalara las orejas a Palas. Como te dije, quedé decepcionado.

-¿Decepcionado?, tentó.

El dios entrecerró los ojos.

-Cuando el Sumo Sacerdote me pidió que lo ayudara a mantener el orden en el Santuario, lo encontré irrisorio y hasta indignante. Yo no tenía que estar arreglando los desórdenes ajenos. Mucho menos rebajarme a andar de niñera de un montón de mortales. Pero yo también estaba harto de que se pasearan por mis dominios como si nada.

-¿Y la decepción vino de...?, preguntó el griego con curiosidad.

-Como sabes, me vi obligado a perder a Perséfone de una manera muy cruel. Mi ánimo no era el mejor en aquellos momentos. Pandora me dijo que talvez si aceptaba la propuesta de Shion podría distraerme un poco de mi dolor.

-Lo sigo, murmuró casi para sí mismo.

-El problema es que ustedes son unos egoístas. Solo piensan en ustedes para variar. ¿Les importó o se detuvieron a pensar en el sacrificio que yo estaba haciendo? No. Y por eso mi ánimo empeoró.

-Lo que usted había sacrificado..., repitió como en un eco.
-Así es. Al principio cooperaron bien. Pero después..., enmudeció y se llevó la copa a los labios.
-Después lo ignoramos olímpicamente.
-Y luego empezaron las hipocresías. ¿Creyeron que no me iba a dar cuenta de lo que hablaban a mis espaldas? Y después estaba el asuntito del santo de Cáncer. No sé qué les habrá enseñado Saga, ni como los habrá moldeado, pero semejante hybris me dejó perplejo. Y me dolió, ¿Acaso creyó que podía retener aquellas almas fuera del lugar que les correspondía sin castigo alguno? ¿Qué podía quitarme a MIS súbditos sin consecuencia alguna?, recalcó, inclinándose hacia adelante.

-Reconozco que el caso de Death Mask era bastante malo. Quizás fue lo mejor que lo mandara a azotar, tentó, intimidado por aquellas pupilas que quemaban como hielo. Bajó la mirada, no pudiendo soportarla por más tiempo.

-Entiendo su personalidad, pero era demasiado. Y obviamente, se me ocultó esto en la visita que había hecho al Santuario anteriormente. Porque de haberlo sabido antes...

-Sí, es que Shion le ordenó que los quitara para evitar problemas. Por eso Radamen...Radamanthys insinuó que faltaba "decoración" Después volvió a las andadas. Shion le aconsejó que buscara otro tipo de trofeos, pero..., explicó.
-Pude haber hecho lo que hice con Asclepio. Estaba tan enfurecido que me planteé enviarlo al Tártaro, pero Athena me lo impidió. Una lástima.

-En realidad, aunque fue un castigo no tan "severo", escarmentó. Digamos que eso lo hizo madurar de una. Aunque sigue siendo algo sádico siempre.

-Me alegra que vayan escarmentando, porque el asunto se iba torciendo de nuevo. Recuerden que ustedes...
-...somos el ejemplo de la orden. Sí, es cierto. Nuestra actitud afecta al resto. Eso lo hemos constatado.
-Sin embargo, debo de decir que solo una persona cambió su actitud por si sola. Y creí detectar cierta preocupación en ella por mi estado de ánimo.

El santo de Escorpio sonrió.

-Sí. Mi discípula.
-Me sorprendió gratamente. Pero además resulta paradójico que fuera una discípula, alguien que todavía no tiene tantas responsabilidades, fuera la que asumiera esa actitud.

-Ella siempre sintió fascinación por los dioses y asumió una actitud de reverente admiración para con vosotros. Aún antes de saber que existían el Santuario, los santos y la diosa Athena. Es casi como un sentimiento heredado de nuestros antepasados que ella siempre ha mostrado. Nunca la he visto despreciar a ningún dios, ni siquiera a vos. Confieso que me arrepentí de no hacerle caso cuando me dijo que no os encontrabais del todo bien. Creo que más bien fui a echarle leña al fuego. Ése sexto sentido que tiene siempre me ha admirado.

El dios esbozó una misteriosa sonrisa.

-Ése sexto sentido es lo que le llamó más la atención a Apolo sobre ella, porque sin tener el don de la adivinación es capaz de predecir ciertas dimensiones de la realidad que la rodea. Todas las mujeres son poseedoras de una intuición especial, pero algunas la tienen en grado sumo. La profecía que pesa sobre ella es, para Loxias, algo secundario a la par de esta capacidad suya. Hay muchos hombres que han sufrido la influencia del oráculo desde la era del mito, eso no la hace especial. Pero esa intuición... Por eso decidió tomarla bajo su protección y obsequiarla con un don que la ataría aún más a él, el de la curación.

El santo de Escorpio parpadeó, sorprendido.

-Eso no me lo dijo.
-Es orgulloso. Imagino que no quiso admitir que se vio impresionado por una mortal. Además, ella está bajo la guardia del Escorpión Celeste, constelación que existe gracias a él. Y porta el cloth de Serpens. El simbolismo de la serpiente en el mito incluye ambas, profecía y curación. Pero también se liga a la sabiduría. Pocas veces se ha visto un ser humano como tu discípula, santo de Escorpio.

-Lo sé. De hecho, le decía a vuestra esposa que lo que ella provocó aquel día me hizo darme cuenta de que la discípula que yo tenía no era común. Y que si la dejaba ir hubiera sido un estúpido.

-Ella fue la única que se preocupó por mi estado de ánimo. Como se pasaba el día en la biblioteca estudiando, solía ir a preguntarme lo que no entendía, aun si yo no podía responder sus dudas. A menudo, estudiaba casi a los pies del trono.

-Se sintió muy contenta cuando constató que no erais tan frío como aparentabais. Y ahí os perdió el miedo. Y cuando ella no le tiene miedo a alguien...En verdad, es una mujer única, aduló, con el orgullo propio de un padre.

El dios arqueó las cejas, sorprendido. Realmente, no creía haber dejado caer aquella máscara de frialdad que siempre mostraba a los demás. Con Shion lo había hecho, pero no recordaba haberlo hecho con el santo femenino.

-De hecho, me da vergüenza admitirlo, pero nosotros hemos desarrollado la horrible costumbre de preocuparnos solo por nosotros mismos. Hemos olvidado que los dioses no son del todo impasibles. Melissia no lo hace. En ése aspecto se parece a Shun de Andrómeda.

-Se los debieron de recordar, afirmó,-y de una forma no muy grata, debo decir. El asunto es bastante delicado, porque aunque no está revestido del mismo carácter religioso que en la Antigüedad, sí nos deben cierto respeto. Si acepté la petición de Shion, fue porque creí que me iban a respetar. ¿No firmé una alianza de paz con Athena? ¿No les ayudé acaso, con el asunto de Perséfone? ¿No les di la clave necesaria para que no murieras? Sacrifiqué la jerarquía que me corresponde como olímpico primordial para ocupar el lugar de Shion, dejé mis dominios y a mis espectros atrás solo para disciplinaros... ¿y cómo me lo habéis pagado?

Conforme hablaba, levantaba más y más la voz, y se inclinó hacia adelante hasta que su rostro quedó a unos centímetros del santo griego.

Milo tragó saliva, intimidado. Sobre todo porque en aquellos ojos no veía ira, sino una horrible decepción.

-Yo..., tartamudeó,-yo...No imaginaba que las cosas estaban tan mal. Lo lamento.

-Sé que el resentimiento que les he tenido a los mortales por siglos no me hace la persona idónea para darles el sermón. Tampoco espero que me aprecien. Lo que me duele es que al parecer, no percibieron el cambio en mi actitud, al menos para con ustedes. Debería darles vergüenza. Ni los espectros ni los mariners hablan mal de Athena. ¿Por qué ustedes sí pueden hablar mal de nosotros? Y el problema, Milo, es que no somos solo nosotros. ¿Qué mal les han hecho Ares u otros dioses? ¿Por qué meten a todo el panteón en el mismo saco?

-Conocimiento de causa...creo. A Ártemis se le escapó que la señorita ha provocado muchos problemas a lo largo de los siglos.

El dios se rió, mientras se acomodaba y se servía otra copa de ambrosía.

-Pues claro. Pero ella solo está haciendo lo que siempre ha venido haciendo desde la era del mito: Proteger a los hombres e interceder entre ellos y Zeus. Poseidón y yo pensamos que no estaba haciendo un buen trabajo y por eso se iniciaron las Guerras Santas. Mientras mi hermano escarmentó y decidió no molestarla cuando despertó después de algunos siglos, dado que se hallaba en guerra conmigo, yo seguí tratando de hacer lo que yo creí que era correcto para la humanidad...Ni qué decir tiene que estaba equivocado. Sin los seres humanos, los dioses no tenemos razón de existir.

Milo calló, sin atreverse a respirar. La profundidad de ésas revelaciones lo dejaron pensativo. El dios estaba aprovechando no solo para sermonearlo acerca de su comportamiento, sino para sincerarse con él y reconocer sus propios errores.

-Os agradezco mucho que os hayáis atrevido a sinceraros conmigo, señor.

-Yo solo espero que esta vez tomen los consejos que se les están dando. No pueden seguir así, manifestó.

-Sí, señor Hades.

-Puedes retirarte.

El santo de Escorpio hizo una profunda reverencia y se despidió.

Cuando la puerta se cerró, el dios sonrió.

-Sí, más les vale hacerlo, comentó, mientras se llevaba la copa de ambrosía a los labios.

Milo es tremendo xDDD Noten como dijo: "Dohko los vio" en lugar de "Yo le dije a Dohko" xDD

Y Camus no es tan de hielo xDDDD

¿Porqué Escorpio y Hades?

Porque Escorpio es regido por el planeta Plutón. De hecho, hace unos días que Plutón fue reconocido como planeta de nuevo, pensé: "A Hades le gusta esto" xDDD

Además, estaba el asunto éste de Perséfone, que necesitaba resolución. (Remitirse al capítulo 15 de "Mi Ángel Guardián")

Por si alguien no me seguía desde antes, aclaro que mi Hades es OoC (Out of Character), porque su personalidad no es la que le dio Masami Kurumada, sino la personalidad del dios mitológico, más benévolo.

Aunque muchas personas lo confunden, Delfos y Delos no son el mismo lugar. Delfos fue una ciudad de Fócida, a un lado del monte Parnaso y al otro lado de Cirfis. Delfos se ubica en una meseta en la ladera meridional del monte Parnaso, adyacente alsantuario de Apolo, el lugar del oráculo. El monte Parnaso se convirtió en la nueva morada de las Musas cuando, procedentes del monte Helicón, Apolo las llamó. Ahí también había un templo a Athena. Actualmente es Patrimonio de la Humanidad y un sitio de interés turístico, sobre todo gracias a las ruinas del oráculo de Apolo. Era considerada el centro del mundo. En el templo había una hoguera que, a similitud del que había en el templo de Vesta en Roma, nunca se apagaba.

Delos (u Ortigia) es una de las Cícladas situada al lado de Mikonos. Según el mito, la celosa Hera condenó a Leto a no poder parir en tierra, y ninguna ciudad quería darle asilo. Según la versión de Homero recogida en el himno a Febo Apolo, la titánide parió a Ártemis en Ortigia y luego llegó a Delos, una isla errante. Tras convencer a la isla que el nacimiento de su hijo la beneficiaría y con la presencia de todas las demás diosas, dio a luz a Apolo, que en agradecimiento, fijó la isla al fondo del mar.

Como yo escribo como me va saliendo, cuando me di cuenta había escrito un hermoso intertexto en relación a la última rapsodia de la Ilíada. Cuando Príamo va a rescatar el cuerpo de Héctor, presto a ablandar a Aquiles, se arrodilla, le abraza las rodillas y le suplica. Cuando Aquiles ve la cabeza encanecida de Príamo, se acuerda de su padre Peleo y se ablanda, claudicando. Ésta es la escena que yo considero con más carga emotiva (pathós) de toda la Ilíada. Príamo, un rey que no debe pedir razones ni humillarse ante los demás, un anciano con mucha más experiencia de vida y sabiduría, se arrodilla ante alguien de menor rango y sabiduría que él, un príncipe, un guerrero, y le suplica, se humilla ante él.

Aquí opera la misma mecánica: Perséfone, una diosa, una reina, se humilla ante un mortal.

El próximo es el capítulo del centauro :3 Qué expectación XDD

¡Gracias por el comentario!

¡Un beso grande!