Es el turno del undécimo guardián: 3
Ενυδρείο: Ποσειδον
Camus se despertó, después de una noche de sueño reparador. Descorrió el dosel notando que el Sol ya iba afianzando su dominio por el cielo. Se levantó y descorrió los cortinajes de la habitación dejando que la luz entrará en la habitación.
Los ronquidos del santo de Escorpio lo hicieron sonreír. Su amigo tenía el sueño bien pesado. Se metió al baño dudando si meterse en la tina o en la ducha. Al preguntar por qué había duchas en aquel lugar, tan ajeno a los asuntos humanos recibió algo inesperado como respuesta.
-Solo están aquí provisionalmente, por supuesto. Cuando se vayan, desaparecerán. La señora pensó que así sería más fácil para ustedes, le contestó Iris.
Se decantó por la tina, mientras se desnudaba y se sentó a esperar que se llenara, mientras pensaba en lo que le esperaba. Equilibrando las cosas, a ninguno le había ido realmente mal, tan solo a Saga...bueno, en realidad incluso a él le había ido de forma esperable. Si iba con pies de plomo y cuidaba su lengua, no tendría por qué irle mal, sobre todo conociendo el temperamento del dios que lo aguardaba allá arriba.
Sumergió la cabeza en la tina de manera que su cabello rojo flotó, contrastando con el blanco marmóreo de la pileta, dejando que el agua se llevara todas sus malas energías y sentimientos.
Emergió, cogió una esponja y se restregó el cuerpo con suavidad, acentuando el trabajo de purificación. Cuando salió de la tina se sentía mejor y más ligero. Vistió su armadura con el orgullo que lo caracterizaba, y salió de la estancia para desayunar algo.
Abajo se encontró con Shaka. El santo de Virgo comía su porción de fruta con verdadero deleite.
-Buenos días, Shaka.
-Hola, Camus. Hermosa mañana.
El santo de Acuario cogió una manzana y se sirvió algo de vino.
-Así que finalmente te toca a tí.
-Así es. Han sido días muy largos. Solo espero que esté de buen humor.
-De seguro que lo estará. El asunto es mantenerlo así.
-No puede irme peor que a Saga.
-Oh, no, no creo. Igual no sé ni de qué se queja Shura, a él no le fue tan mal.
-Es quejica por naturaleza, desaprobó el galo.-Solo esperemos que no abra la boca de más...de nuevo.
-Ayer le cerraron la boca con justa razón. Lo pensará dos veces antes de decir algo así otra vez.
-Con suerte sí. En fin, ya esto casi acaba.
-¿Crees que estarás aquí al mediodía?
-Probablemente. ¿Por qué?
-Ayer escuché a Dohko decir que Saga se va a disculpar por fin con la señorita.
El acuariano arqueó las cejas.
-O sea que se tendrá que disculpar con los dos, con Athena y con Ares. Esto será digno de verse. Espero estar aquí para ése entonces.
Shaka parpadeó, confundido.
-¿Con Ares? ¿Por qué con Ares?
-Pues por lo que dijo. No creo que al dios le importe a éstas alturas, pero Dohko dice que la señorita insiste en que lo haga. Al parecer, teme alguna represalia.
-Ya veo. Pues sí, podría ser factible, sería mejor.
-En fin, yo mejor no lo hago esperar, no vaya a ser que se impaciente y se ponga de malas
-No te preocupes, no lo creo. Bueno, espero.
-Ya verás como sí. Aunque seguro que me canta las cuarenta. Ése sí que no se queda callado, comentó el galo.
-Shura dijo que Hermes no lo sermoneó. No sé de qué se sorprende, en sí es verdad que ya diez veces es demasiado. Si no entendemos, es porque somos tontos.
-Seguro que Poseidón hará como Hades.
-Ahí sí le doy la razón a Hades. Tú no viste la cara de la señorita Athena, Camus. Se me atravesó un nudo en la garganta de la vergüenza.
-Sí, me parece que la actitud de algunos rayaba en la insubordinación. Pero ya pasaron todos. Saga, Death, Aiolia, Milo y Shura. A Saga le cayó lo que se merecía. Death se salvó por los pelos. Milo y Aiolia se arrepintieron solos. Y a Shura le cerraron la boca. El resto no hemos sido tan evidentemente imprudentes.
-Ya verás cómo te va a echar en cara cualquier trastada de tus discípulos. Sobre todo de Isaac.
-Espero que no. Realmente no quisiera escuchar nada sobre ellos. No hoy, y no ahora. Suficiente tengo con jalarle las orejas a Milo. Creí que tener una discípula lo haría madurar. Al parecer, no lo suficiente.
-Bueno, al menos perdonó a Perséfone.
-Tenía que. Y se lo dije, porque Dohko le dijo que la diosa quería pedirle perdón. Comprendo que él fue el que más sufrió con aquello, pero tanta terquedad era innecesaria. Es un terco.
-Al menos ha madurado algo. No puedo decir lo mismo de otros.
-Sí, de seguro. Pero en fin, mucho hablar, yo debería de irme, zanjó, echando la silla hacia atrás.
-Buena suerte.
-Gracias. Me da que voy a necesitarla.
Salió caminando a paso raudo tratando de ganar el tiempo perdido.
-¿Por qué me habré detenido tanto hablando? Qué barbaridad.
A los minutos de estar caminando sintió que sus pies chapoteaban. Bajó la mirada, para ver de qué se trataba y constató que estaba caminando por terreno encharcado. El agua le acariciaba los pies con suavidad.
-Agua, claro. Agradezco que sea esto y no un océano, murmuró mientras seguía caminando.
Casi a punto de llegar empezó a oír ruido de cascos. Se puso alerta, sabiendo que a diferencia de Mu o de Death Mask, el animal que se le aparecería no sería del tamaño de un carnero o de una cierva, sino algo más grande.
No había acabado de pensarlo cuando sintió que algo se metía debajo de él y lo levantaba. Cuando se dio cuenta, estaba sentado sobre el lomo de un caballo.
El animal era de un considerable tamaño, y de color blanco aperlado. Su crin y su cola eran largas y sedosas, dando la sensación de ser rayos de luna hechos hilo. Corría por el suelo, con grácil fuerza, casi como si volara.
-Claro, se dijo, cayendo en la cuenta.-Poseidón Hipio. Sabía que me estaba tardando demasiado, pero no creí que fuera mucho tiempo para vos.
El equino sacudió la cabeza con elegancia y siguió trotando, llevando sobre su lomo al santo dorado.
Camus acarició aquella sedosa crin con cuidado y casi con veneración. El animal era perfecto en todos sus sentidos, de una manera imposible de describir para un ser humano.
"Sí tuviera alas juraría que se trata de Pegaso", pensó.
Entraron a trote en el palacete. Al ver que las ninfas ni siquiera pestañeaban ante la vista del animal, su presentimiento de que se trataba del mismísimo dios se afirmó. Éste se detuvo para que bajara, lo cual hizo con cierta dificultad.
Esperó unos momentos, hasta que las ninfas que siempre estaban adentro le indicaron que podía pasar, lo cual hizo con premura, no queriendo perder más tiempo.
El lugar estaba cargado de una quietud sobrecogedora como la que debía de sentirse en lo profundo del océano. La luminosidad también recordaba a un lugar sumergido en las aguas.
-Bienvenido, Camus de Acuario. Es un placer volver a verte.
Levantó los rubíes que tenía por ojos, buscando el origen de la voz. Localizó al estremecedor de la tierra apoyado en una de las columnas posteriores del recinto, con cierta indolencia. Se separó de aquel lugar para hacerse más visible ante el joven.
Se erguía desde su metro setenta y siete de estatura de manera regia. Su cuerpo era cubierto por una túnica de un tono entre celeste y blanco, que dejaba los fuertes brazos al descubierto. Éstos eran adornados con pesados y áureos brazaletes y en su mano derecha sostenía el tridente, regalo de los cíclopes desde los tiempos de la Titanomaquia.
Sus cabellos, teñidos con el color del Sol, caían libres desde su cabeza y cubrían completamente su espalda. Sus ojos, de un verde azulado daban una sensación de infinitud como la del mismo océano.
"A pesar de que me está mirando desde los ojos de un mortal, a pesar de que éste no es su verdadero cuerpo, es como si lo fuera. Impone", pensó, mientras se inclinaba profundamente.
-Emperador Poseidón, dijo, con profundo respeto.
-¿Cómo estás, Camus?
-Me encuentro bien, señor.
-Son desgraciadas las circunstancias de nuestro encuentro, joven.
-Desearía que no lo fueran, señor.
-Sí, son circunstancias desgraciadas. Quizás tú puedas explicarme qué es lo que sucede.
-Lo ignoro. Lo único que se me ocurre es que los involucrados han tenido experiencias desagradables con los dioses de manera directa. Solo así me explico ciertas irreverencias de mis compañeros. Ciertamente, no me lo explico.
-¿Son esas tus impresiones?, comentó, mientras caminaba hacia él con lentitud.
-Sí, señor. Podría estar equivocado. Sintió el leve temblor de la tierra y se tensó.
-Me tiene algo molesto este asunto, manifestó el dios, con una voz peligrosamente suave,-no creí que llegaran a tanto. Tampoco creí que mi sobrina los dejara llegar a tanto.
-Me desconcierta mucho la actitud de la señorita. Pasé de entenderla, sé que no puedo desentrañar los motivos de un dios. Pero tampoco entiendo a mis compañeros. Y lo de Saga...
La tierra experimentó un furioso sacudón, que hizo que el francés perdiera el equilibrio y diera con sus huesos en el suelo. Levantó la vista hacia el rostro del dios inmediatamente. Sin embargo, éste mantenía una expresión fría en el rostro. Al parecer, prefería demostrar su enojo mediante temblores de la tierra.
-Sí...lo que hizo el santo de Géminis estuvo mal. Pero ya recibió su justo escarmiento. Aquí eso fue un escándalo. Y el acabose para muchos, incluyéndome. Me gustaría saber qué se pretendían.
-No lo sé. Talvez creían que no les importaría, que se darían cuenta que era una broma. Saga se burló de la incapacidad de Ares de darse cuenta que lo que dijo no fuera en serio.
-Tú eres un hombre inteligente, Camus. ¿Qué sabes sobre los dioses?
-No mucho, en realidad. Solo sé lo que dicen los libros. Dice que los dioses uránicos, telúricos y los dioses solares y selénicos son los únicos que poseen (o pueden poseer) la capacidad de la omnisciencia. Los demás no.
El emperador del océano sonrió con aprobación.
-¿Y por qué esos dioses y no los demás?
El santo de Acuario lo pensó un momento.
-Porque el Cielo y la Tierra lo abarcan todo. Y la Luna y el Sol conocen todo, porque viajan a través del cielo, la tierra y el Inframundo.
-Exactamente. ¿Podrías clasificar a los dioses del panteón griego según lo que acabas de decir?
-Urano y Gea, recitó, haciendo memoria,-Zeus y Athena. Y Apolo, porque a Febo se le dio la capacidad de conocer los pensamientos de Zeus. Helios, porque es el Sol mismo.
-Exactamente. Ellos son los únicos que poseen una omnisciencia superior a la de los demás. Los demás no somos omnisapientes. Así las cosas, ¿cómo podían esperar que los demás lo sepamos todo? Pero sí podemos darnos cuenta cuando un mortal nos está mintiendo, y ése descaro no nos gusta, Camus. Saga fue descarado al afirmar que todos los dioses somos unos traicioneros. Recuerden que estamos por encima de la moral humana, y no pueden juzgar nuestras conductas según sus leyes.
El santo dorado parpadeó, confundido. Aunque entendía lo que el esposo de Anfitrite quería decirle, intuía que había algo más grande ahí. Sin duda, los dioses estaban por sobre los seres humanos y sus leyes, ¿pero entonces era un error compararse con ellos?
-Entonces, ¿Ares está jugando con Saga al decirle que se parece a él?
-No, no es esto, dijo, mientras hacía girar el tridente, entre sus manos,-Sí os podéis parecer a nosotros, porque no somos impasibles y sentimos, igual que ustedes. Ares y Saga de Géminis se parecen, en más de un sentido. De hecho, Saga en vez de rehuir esas semejanzas podría saber cómo se siente mi sobrino de incomprendido a veces, incluso por sus propios padres. Porque a él le pasa lo mismo a veces, ¿no es así? Más de una vez siente que no es comprendido. Entre otras cosas.
Camus abrió los ojos con sorpresa, cayendo en la cuenta.
-Por eso la actitud de Saga es reprobable, está siendo hipócrita y por eso Ares se enfureció tanto. Y hay otro asunto que me inquieta enormemente y quiero tener la respuesta.
-Dígame, señor.
-Ustedes los santos, ¿por qué lucháis realmente? ¿Por Athena? ¿O por vosotros mismos?
-Por supuesto que por Athena, se defendió Camus.
-¿Y por qué la irrespetáis tanto, entonces? ¿Acaso no deberíais de ponerla por encima de todo?
-Lo hacemos, señor. Pero somos humanos, y somos imperfectos, y como tales, cometemos fallas.
-Interesante elección de palabras, Camus de Acuario. Porque tú fallaste, ¿no es así?
-¿Se refiere a...?
El dios sonrió.
-Sí, me refiero a eso. Te dejaste llevar por tus sentimientos, y encerraste a tu discípulo en ese ataúd de hielo, impidiéndole avanzar, aunque tú mismo sospechabas del Sumo Sacerdote.
-Hyoga no hubiera podido...
-Eso no lo sabes, y no lo sabrás nunca porque se lo impediste.
-Milo... Milo dejó a Hyoga hecho un colador. Y él jamás hubiera podido...
El dios golpeó el suelo con el tridente con irritación, provocando un estremecimiento telúrico. Camus cerró la boca.
-Estamos entrando en el poder de la especulación. Y como te digo, no lo sabrás nunca. Y después, ¿qué fue lo que hiciste? Aunque dejaste pasar a los santos restantes, quizás porque ya sabías que estaban en lo correcto. Y aun así, pensaste que era necesaria una prueba más. Una casi innecesaria. Dime, Camus, ¿sabías de antemano que morirías, no es cierto?
El santo de Acuario retrocedió, perplejo. El corazón le latía con fuerza contra las costillas.
-No pensé que pudiera superarme. Talvez cometí el error de subestimarlo. Pero sí, talvez inconscientemente sabía que si Hyoga llegaba a congelar mi cloth o a bajar la temperatura más de lo que yo la bajaba, podría llegar a ser fatal para mí.
-Te preocupaste más por Hyoga que por tu diosa. Te comportaste de forma egoísta.
-¿Una diosa a la que no conocía? Yo soy una persona muy escéptica, señor. No me preocupo por lo que no conozco
-Fallaste en ése aspecto, Camus, comentó el dios, mientras le ponía la mano en el hombro.-Ustedes debían darle lealtad a Athena, aún sin conocerla. Piénsalo. Los espectros nunca llegaron a conocer a Hades. La única que logró verlo fue Pandora. Y aun así, le servían fielmente y con su vida. Ustedes deberían hacerlo con más razón. La mayoría de la orden, talvez no la conocerá jamás. ¿Comprendes lo que digo?
-Sí, señor, dijo, mientras inclinaba la cabeza.-Talvez en el pasado fuera egoísta, pero eso ha cambiado hoy. Yo daría mi vida por ella, sin dudarlo.
-Es sabio reconocer los propios errores. Yo lo sé bien. Ven conmigo, dijo, mientras se volvía y caminaba hacia la puerta.
El santo dorado se apresuró a seguir al dios a través de los pasillos.
-Señor...hay algo que me dijo Kanon sobre vos. Algo que me intriga...
-Dime
-Cuando Kanon os despertó, le dijisteis que el sello llevaba muchos años caduco. Que os habíais despertado por vuestra propia voluntad siglos antes, pero elegisteis no pelear contra ella porque estaba ocupada luchando contra Hades y preferisteis volver a dormir. Cuando Kanon os despertó, decidisteis esperar a que creciera. ¿Por qué?
El dios soltó una carcajada.
-Me sorprende la capacidad de retención de Kanon. Sí, eso dije. Porque hubiera sido desleal luchar sin un oponente justo. O darme una ventaja injusta. Yo no soy Hades. Los que deben enfrentarse a los dioses son los dioses, no los seres humanos. Además, a diferencia de mi hermano, yo amo la Tierra. A lo que detesto es a los seres humanos que la destruyen. Gracias a Athena y los santos de bronce, me di cuenta que no todos los seres humanos son iguales, contestó con calma, mientras abría la puerta.-Por aquí, indicó.
-Entiendo, señor. Entonces solo tratabais de hacer lo que Zeus, purificar a la Tierra de una humanidad impía.
-Así es. Y se lo dije a Athena, pero no le hizo gracia. Y la rivalidad que teníamos desde la edad del mito tampoco ayudaba demasiado.
-Sorrento dijo algo sobre una utopía...
El dios sonrió.
-Ah, la ingenuidad de los seres humanos es enternecedora. Por supuesto que no podría buscar una utopía. Y si la buscara, sería temporal, puesto que el caos es el estado original del mundo. ¿Recuerdas que era lo que había al principio de los tiempos? ¿Lo que dio origen a los cuatro primordiales?
-Según Hesíodo, Chaos, contestó.
-Exacto. Del caos surgió el cosmos. Por eso la realidad es tan caótica a veces.
Camus miró a su alrededor. Estaban en una hermosa pradera, cubierta de árboles y flores.
-Señor, ¿qué es lo queríais mostrarme?, preguntó con curiosidad.
-Ah, sí. Quiero que conozcas a alguien, dijo tocando la tierra con el tridente suavemente. La tierra dejó escapar un lamento que pareció una misteriosa llamada.
A los pocos segundos se oyó un relincho y un caballo de considerable tamaño se dejó ver por entre los árboles. Era de un blanco tan resplandeciente que dolía mirarlo. Sus ojos eran del mismo color que los de su padre, verde azulado. Sus crines parecían hilos de seda, finos y brillantes, sus cascos de un gris aperlado hollaban el suelo con delicadeza, y al adelantarse hacia el santo dorado, dejó ver un par de...
-¿Alas?, preguntó el santo, sintiendo que el corazón le daba un vuelco, y una emoción avasalladora le recorría el cuerpo.- ¿acaso éste caballo es...Pegaso?, preguntó, mientras miraba como el caballo restregaba cariñosamente el hocico contra el costado del dios y como éste lo acariciaba con ternura.
-Sí, Camus de Acuario. Éste es Pegaso, el caballo alado que tuve con Medusa.
-Es...hermoso, dijo con embeleso, mientras alargaba una mano hacia el corcel. Éste retrocedió, y piafó, nervioso.
-Lo es. Pero me temo que no se deja tocar con frecuencia. Sin embargo, esta vez hará una excepción. Él te llevará de regreso al palacio de Palas, que de seguro estará contenta de verlo. Él quiere mucho a Athena, ¿sabías?
-Pero, señor, ¿dejará que yo lo monte?, preguntó.-El último que lo hizo acabó lisiado de por vida.
-Él lo sabe, por eso no se deja montar. Pero tú no eres como Belerofonte, y lo nota, ¿no lo ves?, indicó el dios.
Camus se dio cuenta que el caballo se le había acercado y lo miraba con confianza. El corcel se puso de lado y movió la cabeza, como invitándolo a montar.
El francés se volvió hacia el emperador del océano y le hizo una reverencia.
-Gracias, señor. Os lo agradezco, dijo, montando al caballo de un salto. Éste se encabritó levemente.
-Cuidado, cuidado, lo previno el dios.-No seas tan brusco, que no le gusta. Te botará si lo tratas con brusquedad.
El santo dorado se sonrojó.
-Lo lamento, no me imaginé que…Perdona, se disculpó, acariciando el cuello del caballo con suavidad. Éste movió la cabeza agitando la crin y desplegó las alas.
-No te preocupes, solo sujétate fuerte. Nos veremos en otra ocasión, supongo. Hasta otra vez, Camus de Acuario.
-Sí, señor. Gracias. Pensaré en lo que me ha dicho, expresó, mientras Pegaso empezaba a levantar el vuelo.
-No…espera, trató de frenarlo, mientras se sujetaba al cuello del fantástico corcel con fuerza, para no perder el equilibrio.- ¡Oye! ¡Me has hecho dejar a tu padre plantado!, suspiró.-En fin, ya qué….No vueles muy rápido.
El caballo surcó el cielo con gracilidad y en un corto periodo de tiempo dejó al santo dorado en el patio trasero del palacio de la diosa de la sabiduría.
-Gracias, bonito, dijo mientras se bajaba. El caballo le acarició el rostro con el hocico.
-¡¿Camus?! se oyó una voz adentro. El santo de Escorpio salió al patio. Cogió a su amigo de un brazo y lo jaló para adentro, sin reparar en el caballo.
-¡Milo! ¡Espera, bicho! ¿Qué no ves…? se quejó.
-¡Apresúrate, que esto se va a poner bueno!
-¡Suéltame!
¿Ya ven? Hahaha, no le fue tan mal a Camus :v
¿Por qué Acuario y Poseidón?
El regente de Acuario es Urano…pero es demasiado poner a dioses así tan indiferenciados de las cosas que representan xDDDDDD Según la regencia, el que debió ser pareja del dios de cerúlea cabellera es Afrodita. Pero a Afro le toca con Cytherea así que no podía ser :3 Aunque el signo de Acuario es un signo del elemento Aire, lo que representa no :v Y por eso le asigné como pareja al estremecedor de la tierra.
Para que me entiendan mejor: Me refiero al vino que Ganímedes escancia (o Hebe, otra de las representantes de la constelación)
Las hierofanías acuáticas (dicho en lenguaje coloquial, las manifestaciones sagradas por medio del agua) abarcan prácticamente todo lo que contenga o involucre agua. Poseidón es, por supuesto, un dios meramente acuático ;) Como en el capítulo de Shaka aquí se menciona el baño como un ritual purificador, sobre todo si hay inmersión. Son propiedades del agua en el pensamiento mítico
Poseidón recibe el epíteto de "Hipio" que establece su relación con los caballos. A éste dios se le consagran estos animales, incluso dos tiran de su carruaje cuando se mueve por sus dominios (el caballo de mar, o "hipocampo" un ser mitad caballo, mitad pez) Incluso es padre de dos caballos famosos: Arión, del que se decía que nadie era más rápido que él, al que tuvo con Deméter, y Pegaso, el caballo alado, hijo suyo con Medusa, producto del desafortunado encuentro en el templo de Athena.
Los cíclopes fueron los que forjaron el casco de Hades, el tridente de Poseidón y el rayo para Zeus. Luego trabajaron en la forja de Hefestos, ayudando al Cojo en su fragua.
Hablando de hierofanías, aquí se mencionan las uránicas, las telúricas, las solares y selénicas. Tratando de no hacer mucho enredo con el asunto, se resume en que como la Tierra y el Cielo lo abarcan prácticamente todo, eso se interpreta como omnisciencia y/o capacidad adivinatoria. De hecho, según Hesíodo, fueron Urano y Gea los que le profetizaron a Zeus que un hijo nacido de Metis lo destronaría. Zeus es un dios uránico y adquirió esa capacidad después de tragarse a Metis. Athena también es una diosa uránica. También se supone que la señora del oráculo de Delfos antes de Apolo era Gea, la Tierra, una diosa telúrica. El Sol y la Luna, se supone que cuando no están en el cielo, están "muertos" en el Inframundo, por lo tanto lo conocen todo. Helios, la personificación del Sol en la mitología, lo veía todo al transitar por el cielo. Apolo es el dios de la adivinación, a quién le es permitido conocer la mente de Zeus, o sea el Destino es de cierta manera el poder y la voluntad de Zeus. Pero, no de forma total, pues hay designios que ni el mismo Zeus puede evitar o revertir.
Las deidades selénicas también tienen esa capacidad adivinatoria, por eso la luna es representativa de las hechiceras, las brujas, las adivinas y mujeres similares. Pero Ártemis no posee esta habilidad como su gemelo. Una diosa selénica sería Hécate, la diosa de la brujería. O hechiceras como Medea o Pasífae. Circe no, Circe pese a ser una hechicera, es una deidad solar.
Aparte de eso, ningún otro dios es omnisciente, ni posee una sabiduría superior. Y esa omnisciencia NUNCA es total. En un panteón politeísta características como la omnisciencia y la omnipotencia de forma total no tienen razón de ser, como si la tienen en las religiones monoteístas.
O sea, mortales no den por sentado que los dioses lo saben o se dan cuenta de todo (?) ¿Oíste, Saga? XDD Ni tampoco tomarlos como modelos o pretender ser como ellos porque son completamente amorales
A la actitud de Camus en la saga de los doce templos se le puede dar mil vueltas. Aquí yo abordo una posibilidad. Solo eso, eh? No quiere decir que sea así.
Del Chaos, lo primero en existir surgieron las cuatro entidades primordiales: Érebo, Nyx, Gea y Eros. Por influencia de Eros, Érebo y Nyx produjeron a Éter y a Hémera y Gea produjo a Urano y se ayuntó con él.
La conversación entre Kanon y Pose…para variar, la Toei suprimiendo cosas. El scan del manga correspondiente a eso está en mi página de Facebook :3
Y Pegaso….Pegaso es hijo de Medusa y Poseidón, hermano de Crisaor. Ambos nacieron del cuello de la Gorgona cuando Perseo la decapitó. El caballo fue dominado por Belerofonte con ayuda de Athena, y el héroe realizó muchas hazañas acompañado por él. Se le subieron los humos, quiso subir al Olimpo, el caballo lo tiró y quedó lisiado de por vida. Después de eso, Pegaso fue el encargado de cargar los rayos de Zeus.
¡Gracias por los comentarios!
¡Un beso grande!
