CAPÍTULO IV… ADIÓS
-Sé quien hizo todo esto, y habrá más –murmuró Claire con evidente pesar.
-¿Quién fue?
-Steve.
El rubio la miró confundido. ¿Steve? ¿Cuál Steve? No conocían a nin-…
-¿Burnside? ¡¿Steve Burnside?! ¡¿Wesker lo revivió?!
-Sí. Él nos hizo venir aquí. Ángela trabajaba para él. La intención de ella era eliminarme, aparentemente Frederick Downing impidió que lo hiciera asesinándola, previamente infectándola con el virus T. Eso no es todo Leon, parece ser que Ada Wong también trabaja para él. Me dijo que me cuidara de ella. Nuestros enemigos reunidos…
Leon se quedó mudo. No se esperaba eso. No sabía ni qué decir. Su paz se había terminado. Pero ahora no sólo se trataba de jugarse el pellejo, esta vez tenía una familia… Claire era una guerrera, pero su pequeña Maddi y Sherry…
Dándole la espalda a Claire cerró los ojos y apretó la base de su nariz intentando alejar esos pensamientos inútiles. Protegería a los suyos a costa de su propia vida de ser necesario.
-Por lo menos tenemos claro quién es el enemigo.
-¿Y qué haremos? –Claire no podía contener las lágrimas.- ¿Cómo enfrentar a un monstruo que aprendió de los errores del monstruo que lo precedió, y el cual casi acaba con el mundo que conocemos?
-Si lo hicimos una vez, ésta no tiene porque ser diferente –respondió aun dándole la espalda a Claire… Estaba convencido de sus palabras, pero su esposa aun no terminaba de hablar...
-Peor aún, Leon explícame, ¿cómo enfrentaré a quien le debo la vida?
Eso no se lo esperaba y que Claire pareciera guardarle estima a ese tal Steve lo enfureció, por lo que giró bruscamente, la tomó por los hombros y le respondió con aspereza.
-¡No le debes nada! No a él. El Steve que te salvó en Rockfort Island murió a manos de Alexia Ashford. ¡Entiéndelo de una vez, Claire!
Ella lo miró con sorpresa y un segundo después, las lágrimas salían sin control junto con los sollozos. ¿Por qué le gritaba? ¿No entendía que ahora sobre su conciencia estaban la vida de todas esas personas que habían muerto en la comisaría? No, no lo entendía. Leon no sabía lo que era la culpa.
Tan pronto como se dio cuenta de su error, él la abrazó con fuerza contra su pecho, acariciando sus rojos cabellos mientras susurraba:
-Perdóname. Perdóname por favor. No debí hablarte así. Pero durante años has pensado que una u otra catástrofe es culpa tuya y no es así. Cargué con el peso de la supuesta muerte de Ada Wong mucho tiempo y no quiero que tú sigas ese camino. Esas personas en la comisaría murieron porque…
-¿No comprendes Leon? ¡Steve viene por mí! –replicó mientras se secaba las lágrimas.
-Sherry, Maddi y tú saldrán del país…
-No huiré… -replicó con firmeza mientras se alejaba de él, mirándolo con incredulidad. ¿Cómo se atrevía a pedirle semejante cosa?
-Claire –suspiró, sujetándola por los brazos. No la dejó separarse de él-. Steve, ese chiquillo que te amaba, murió. Ahora es sólo otro loco con ansias de poder. Tú estás en su camino y no sabemos hasta qué punto está obsesionado contigo; corres más peligro que ninguno de nosotros… Debo mantenerte a salvo. Hace años juré que eliminaría de la faz de la tierra los virus que la gente de Umbrella creó y junto con eso a los monstruos que quieren usar esos virus. Cumpliré mi promesa, y te mantendré a salvo.
-No te dejaré solo. Esta guerra es mía también y lucharé contra lo que sea...
-No estás entendiendo. No estamos discutiendo tu participación…
-No te dejaré y es mi última palabra… Tienes razón, debemos refugiar a las niñas en otro lado. En la ONU me deben algunos favores así que no será difícil hallares asilo en algún país lejano hasta que terminemos con esto. Imagino que Carlos no se separará de ellas y eso me tranquiliza.
-Claire…
-¡No, Leon! ¿No entiendes que moriré de angustia lejos de ti? ¿Sintiéndome culpable y sin mover un dedo? Además, Steve me advirtió que el problema es conmigo. Si permaneciera cerca de Maddi y Sherry las pondría en peligro. No me puedes dejar atrás. Hace años Ada me llamó cobarde y…
-¡Esa maldita no…! –quiso intervenir, pero ella siguió hablando.
-Y tenía razón… Aquella vez huí porque no tenía armas para pelear. Iba a resultar sólo un estorbo para mi hermano y para ti. Sin embargo las cosas son diferentes ahora. Conozco gente, puedo obtener información. Recibí entrenamiento. Me has enseñado defensa personal. ¡Manejo armas desde los quince años! No les estorbaré…
-No pienso eso de ti, Claire. ¡Nunca lo he hecho! Si tuviera que elegir con quien atravesar el infierno lo haría sólo contigo. Pero no voy a usarte de carnada para que un desquiciado caiga en la trampa…
-Si ese fuese nuestro último recurso, lo harás. Lo que sea para que esto termine…
-¿Tú lo harías si estuvieras en mi lugar? ¿Me usarías como cebo?
-¡Claro que no! Pero esta situación es diferente…
-Entonces no me pidas hacer…
La conversación fue interrumpida cuando un joven miembro de la B.S.A.A. entró en la tienda con un rostro pálido y luciendo evidentemente angustiado.
-Disculpen, pero tengo informes de la B.S.A.A. de Europa, Asía, África y América del Sur. Todos reportan brotes infecciosos en sus ciudades principales. Nuestro equipo intenta contener el virus, pero ya son miles los infectados.
-¡La vacuna! ¿Qué pasa con la vacuna? ¡La gente ya no debería infectarse! –intervino Claire conmocionada.
-Todos nuestros agentes y el ejército han sido vacunados, señora. Pero al parecer los civiles no. Otra opción es que se trate de un nuevo virus, pero aun no hay nada claro. Con su permiso, los mantendré informados.
El soldado salió de prisa, todo se estaba volviendo un caos.
-¿Cómo es posible? El antivirus ha sido distribuido desde que nuestro gobierno ordenó la producción de la vacuna T.
-Hacía años que no había noticias de ataques de zombies. Es evidente que los gobiernos relajaron sus medidas de seguridad. Y no puedes culparlos, preciosa. Ninguno de nosotros esperaba otro brote.
-No, no esperábamos nada de esto –replicó bajando el rostro y la mirada.
Leon comprendía a la perfección su sentir. Tomándola del mentón levantó su rostro y la miró.
-Hey, saldremos de esta. Como lo hemos hecho desde aquella noche en Raccoon City. No somos más esos chiquillos. Nos hemos convertido en expertos en la materia. Si Steve aprendió de un monstruo, nosotros también. Aprendimos sus trucos y traiciones, aprendimos de sus errores y haremos que él caiga. Tienes razón, por mucho que deseo alejarte del peligro, tú formas parte desde el inicio de esto. Lucharemos los dos. Hombro con hombro… Pero deberás prometerme que no harás nada estúpido como ponerte a ti misma de señuelo. De lo contrario Claire, te juro que si tengo que dejarte en coma para evitar que hagas alguna locura, lo haré, ¿entendiste?
-Entendido. Ahora a trabajar. Llamaré a la ONU. Jill también deberá poner a los niños a salvo. Hay que ponernos en marcha, la vida de millones está en juego…
-Yo me comunicaré con Sherry –en un murmullo añadió- Sólo espero que sea ella quien me conteste…
Claire escuchó lo último.
-Tú y Chris tendrán que aceptar en algún momento que nuestra niña tomó su decisión.
-Precisamente porque ella es una niña no lo apruebo. ¡Él tiene mi edad, por el amor de Dios!
-Sí, son diez años de diferencia, qué trágico, ¿no? Ella está enamorada de Carlos Oliveira y es perfectamente correspondida. ¡Valóralo y acéptalo!
-No discutiremos eso ahora. Tenemos trabajo que hacer antes de que John traiga a Maddi –Claire asintió, pero sólo llegó a dar un par de pasos antes de sentir un agarre en su brazo. Miró a Leon y sin mediar palabra, se acercó a ella, tomó su rostro y la besó con ternura y suavidad.
Ese beso le recordó a Claire que su vida ya no era únicamente luchar para que el mundo fuera un sitio mejor. Luchaba por la persona que amaba. Luchaba por su familia.
Los movimientos por el mundo iniciaron para contener el brote de virus. La pandemia se expandió con rapidez, pero lo más grave se vio en América del Sur y África debido, pensaron, a que no se había dado continuidad al protocolo de inmunidad. Lo sorprendente fue que en países como Japón y China, donde se siguieron al pie de la letra las instrucciones para inocular a la población, el caos fuera mayor. Los zombies que estaban apareciendo en esas zonas no eran en lo absoluto torpes, ni lentos. Corrían y cazaban, llegando así a millones el número de pérdidas humanas, lo cual corroboraba la hipótesis de que, además del T se había liberado otro virus. La B.S.A.A. trabajaba a tope, intentando frenar el caos, pero había ya miles de bajas.
Todos los involucrados con los primeros ataques en los años 90 fueron puestos sobre alerta. En esos momentos se necesitaba de los conocimientos y experiencia de los supervivientes de Umbrella desde el inicio.
Así comenzó la pesadilla. Apenas por la mañana Leon abrió por ojos entre los brazos de su esposa y en esos precisos momentos el infierno se había volcado sobre la tierra.
La prioridad para los Kennedy era sacar a Sherry y Maddi del país, por lo que en un transporte aéreo de la B.S.A.A. se trasladaron a Nueva York, su camioneta la llevaría alguno de los soldados de regreso, y fueron directamente al departamento de su pequeña Sherry. Al comunicarse por teléfono, sin darle oportunidad de discutir, Leon le indicó a Sherry que tuviera su equipaje listo pues saldría del país a la brevedad debido a los recientes acontecimientos.
Maddi se quedó al cuidado de Jill. En el hogar de los Redfield se había construido una habitación del pánico en el sótano de su casa y se había refugiado allí con sus niños mientras apoyaba de forma remota.
Lo que Leon jamás razonó es que quizá Sherry no quisiera irse.
-No, no y no, yo les puedo ayudar. Esta guerra también me involucra…
-No ponemos en tela de juicio tu capacidad… -intentó razonar Leon.
-Entonces por qué…
-Sherry, tú y Maddi son lo más valioso para nosotros, entiende que no las queremos arriesgar –argumentó Leon.
-Pero es un riesgo que yo decido asumir. No entiendo por qué me dejan fuera de esto, sabiendo de lo que soy capaz.
-Pequeña, ha sido difícil entrenarte y a la vez ocultar tus habilidades. El virus mutó en ti y te ha dado poderes que nosotros jamás tendremos…
-¿Lo ves? ¡Me estás dando la razón, Leon!
-…Por eso, Sherry, la única persona en este mundo en quien confiamos la vida de Madeleine eres tú.
Con semejante argumento, Sherry no pudo objetar más. La nombraban guardiana de la pequeña Maddi.
-Sherry, quiero creer que al final de esto las cosas volverán a ser lo de antes; pero si no fuera así, al menos deseo morir en paz sabiendo que mis niñas están a salvo, cuidándose mutuamente.
-Pero Claire, eso no pasará…
-Eso no lo sabemos, Sherry –intervino Leon serio-. Por primera vez durante los años que he peleado contra el bioterrorismo tengo dudas y necesito que las mujeres que amo estén a salvo. Por favor hija, dame un poco de tranquilidad; aléjate del peligro y cuida a Maddi.
Los azules orbes de la rubia se llenaron de lágrimas y su voz se quebró al responder el juramento.
-Yo les prometo que cuidaré de la peque, pero ustedes prométanme que se cuidaran y al terminar esto, volveremos a ser una familia.
Claire la estrechó en un maternal abrazo y entre sollozos respondió.
-Como siempre lo hemos sido. Te lo prometo.
-Pequeña, ¿Carlos irá contigo? –interrogó Leon, en parte porque deseaba que sus hijas estuvieran bien custodiadas y también para cambiar de tema.
-No, él acaba de irse a Perú –respondió la rubia secándose las lágrimas y aclarándose la garganta-. La B.S.A.A. lo llamó hace media hora y salió de inmediato. No me preocupa irme sola con Maddi.
-Lo sé. Entonces prepara tu equipaje, el de ella ya está listo. Deben partir de inmediato –señaló Leon.
Después de eso, no hubo mucho más que decir. Luego de recoger a la niña, partieron al aeropuerto. Viajarían a Europa, cortesía de los contactos gubernamentales de Claire y con el transporte que Leon solicitó a la DSO. Eran más de las ocho de la noche y el lugar estaba desértico, todos los países habían cerrado sus fronteras por temor a la pandemia. Ni Leon ni Claire sabrían la ubicación final de sus pequeñas. El avión partiría a las 10 de la noche, en él viajaban cinco familias de diplomáticos europeos y acordaron que Sherry se comunicaría con ellos tan pronto llegara a Australia, su primera escala.
Se despidieron en medio de sonrisas, como si nada perturbara la paz del mundo. Todos actuaron lo mejor que pudieron para que Maddi no viera llorar a nadie ni sospechara lo que ocurría. Se le explicó que Sherry se había ganado un viaje en la lotería para cuatro personas, pero mamá y papá los alcanzarían tan pronto como les dieran permiso en sus trabajos.
Claire abrazó a su hija. Nunca se había separado por más de unas cuantas horas de su pequeña y ahora tenía que decirle adiós. Deseaba que ese abrazo fuese eterno. La fuerte mano de Leon en su hombro le recordó que su niña debía guardar un último recuerdo de felicidad de ellos.
-No le causes problemas a Sherry, por favor. Recuerda que te amo y estaremos contigo pronto.
-Lo sé mami, te prometo portarme bien. Te amo mamita.
Cuando fue el turno Leon de estrechar a su princesa, el mundo se desmoronó y paradójicamente su existencia cobró sentido. No podía ni debía morir en esa batalla. No se perdería por nada ver crecer a su hija. Claire, Sherry, Chris, Jill, sus sobrinos y él eran una familia como jamás soñó tenerla. Ellos eran su vida. Los protegería a toda costa y se aseguraría de sobrevivir para reunirse con todos.
-Sonríe Claire –murmuró Sherry en los brazos de la pelirroja- y deja de preocuparte por nosotras. Concéntrate en tu objetivo y no olvides que, a diferencia de Wesker, Ada o Steve, tú tienes un corazón y por eso todos te amamos.
-Lo sé. Nos reuniremos pronto, te lo prometo. Te quiero mi niña. Cuídense.
Claire se repetía una y otra vez que pronto las volvería a ver, pero no soportaba más el escozor de sus ojos. En cuanto Sherry y Maddi desaparecieron por la puerta de cristal, las lágrimas brotaron, era imposible para ella contener el llanto. Hacía años que no lloraba y ese día ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho.
Para colmarlo todo, ahora también debía despedirse de Leon, al menos por unas horas, pues él debía partir a Washington en un jet. Hunnigan lo había contactado ya que el Presidente Benford solicitaba su presencia inmediata para crear nuevos protocolos de seguridad ante la amenaza. Oficialmente, hacía años que había dejado de ser agente, pero mediante la B.S.A.A. se había creado una alianza con DSO donde él asesoraba al gobierno para evitar el bioterrorismo. Nadie tenía un currículum tan impresionante como el de Leon en ambas organizaciones.
-Cuídate, por favor Claire. Por lo que más quieras, mantente alerta y apoya a los equipos de campo, pero controla tus instintos de heroína.
-Difícilmente podría hacer algo heroico si ni siquiera puedo mantener a mi familia unida –respondió con pesadumbre.
-¿De qué hablas? La distancia que estamos poniendo entre las niñas y nosotros es sólo física y necesaria. Las estamos protegiendo, no las hemos abandonado ni nada por el estilo.
-Lo sé Leon, lo sé, pero es que… no dejo de pensar en lo sola que me sentiré.
-Amor, eres la mujer más fuerte que conozco y sé que esto es una prueba solamente... –Claire se arrojó a los brazos de su esposo, interrumpiendo su discurso.
-¡Te amo tanto, Leon! ¡Por favor, no me dejes nunca!
-Preciosa, sabes que no podría… Debo irme. Regresaré lo antes posible, pero no sé cuánto tiempo me retenga el Presidente Benford. Cuídate mucho y tranquilízate. Nuestro deber ahora es ayudar a esos millones de personas que están sufriendo… Te amo.
-Gracias Leon…
Con un beso que tenía sabor a dolor, soledad, esperanza y despedida, se dijeron todo. Claire ya no quería escuchar más palabras de aliento. Todos le decían que lo sucedido no era su culpa, pero sólo Leon podía transmitirle paz. Esperaría ansiosamente el regreso de su amor.
Claire se reportó en la ONU y solicitó su baja temporal para incorporarse de lleno a la B.S.A.A. ante la crisis mundial que se vivía; ellos comprendieron y apoyaron esa decisión. Eran aproximadamente las 11:00 pm cuando entró en la base de operaciones de la B.S.A.A. en New York. Toda la noche se dedicó a auxiliar a los elementos que estaban en misiones. Le hubiera gustado estar en una y apoyar de forma activa, pero ella jamás sabría que Chris Redfield, quien ahora estaba en campo, había dado órdenes muy claras para que ella no fuese reclutada y así no abandonara las instalaciones.
El pánico cundía en el mundo, New York no era la excepción, pero era evidente que en Estados Unidos había más organización que en otros lugares. El presidente Benford se sentía responsable por las catástrofes que sucedieron durante los gobiernos que lo antecedieron y su comunicación con la B.S.A.A. fue clara y constante desde que él tomó el cargo. Con la creación de la DSO, asesorado por Leon Kennedy, su misión para evitar armas y ataques bioterroristas llegaba al pináculo. En medio de semejante crisis, todos los involucrados daban testimonio del esfuerzo que su gobierno había realizado.
Claire apenas había probado bocado, no había dormido y manteniéndose a base de café y galletas se sentía perfectamente alerta, pues había estado muy ocupada. Eran las cinco de la tarde y ella guiaba a un grupo de rescate ubicado en Alemania. Su celular comenzó a vibrar, haciendo que ella respingara.
Lo primero que le vino a la mente era que se trataba de Sherry, pero pronto comprendió que ella debía seguir en el avión y habían acordado no tener contacto previo por seguridad.
"NÚMERO PRIVADO"
Se le revolvió el estómago pensando en quién era. Presionó la pantalla y escuchó esa voz que jamás olvidaría.
-Te felicito, hiciste lo correcto, mi amada Claire. Tu hija debe alejarse de esto tanto como pueda; no puedo asegurarte que este a salvo con todos esos brotes virales que hay en el planeta, pero al menos no quedará en tu conciencia el no haberlo intentado.
Claire de inmediato se apresuró a rastrear la llamada. Era bastante buena en las telecomunicaciones, aunque difícilmente podría calificarse como experta, pero eso sí que lo sabía hacer. Sólo necesitaba tiempo.
-Así que me tienes vigilada -tecleó los códigos lo más rápido que pudo y lo consiguió. Mandó la información a su celular.
-¿Esperabas otra cosa? No sabes cuánto ansío tenerte cerca. La última vez fue hace quince años y esta vez no sólo deseo tus labios.
-Te aseguro Steve que no tendrás nada. Acabaré contigo con mis propias manos si intentas acercarte a mi familia o a mí, ¿entiendes? No soy aquella niña que conociste en Rockfort Island; no sabes lo que he vivido desde entonces…
La risa de Steve fue espontánea, pero carente de alegría.
-Estamos en igualdad de condiciones, mi amor. Aun no tienes ni idea de lo que soy capaz y lo que haré por tenerte… Sé que ya tienes rastreado mi número. Ven y demuéstrame que puedes acabar conmigo. Y no quiero intrusos aquí. Si viene un equipo de la B.S.A.A. contigo, el vuelo en el que viaja Sherry Birkin y tu hija podría ser invadido por algunas criaturas… -y cortó.
Claire sintió severas punzadas en la cabeza y una debilidad la envolvió. El estómago parecía que había dejado de existir dejando un enorme hueco en su lugar mientras que el corazón se negaba a disminuir su acelerado ritmo.
Steve estaba un paso al frente. Sabía todos sus movimientos y controlaba todo. Jamás arriesgaría su propia vida arbitrariamente, pero la amenaza que se cernía sobre sus hijas la dejaba sin opción. Leon estaría enfadado, pero no podía avisarle. Además, sospechaba que el presidente Benford lo retendría en Washington bastante tiempo, siempre con el afán de proteger la vida de millones de personas y ella no quería poner en riesgo eso.
Podía darle aviso a su hermano, pero él había salido a controlar un brote en Alabama; además, Chris seguramente daría instrucciones para mantenerla en el cuartel mientras cazaría a Steve él mismo. Eso pondría en riesgo a su hermano y sus niñas. Simplemente no tenía opción.
Notificó al General que saldría del cuartel por un asunto personal durante una hora. Él se mostró reticente, pero Claire refutó diciendo que únicamente iría a su hogar a recoger algunos artículos personales que necesitaba de inmediato. El General la dejó ir.
Claire tomó municiones para su arma, además de un rifle y un par de granadas. En esos tiempos no era raro salir con semejante arsenal. Vestía jeans, blusa azul y botines de tacón. Eso no era cómodo durante desastres virales, si lo sabría ella. Tomó ropa de entrenamiento de los gabinetes.
El equipo constaba de un pantalón cargo negro y blusa verde, con chaleco kevlar, incluía botas de piso y una boina. Su rojiza cabellera estaba suelta, así que ese artículo le vino a la perfección para poder recogerlo. Cogió las llaves de un jeep, propiedad de la B.S.A.A. y dejó el edificio aprisa.
En cuanto subió al auto con el equipo, ubicó las coordenadas con su GPS y pisó el acelerador a fondo, sin percatarse de que alguien la seguía.
Veinte minutos después se estacionaba en lo que parecía una vieja zona industrial muy cerca de los muelles. El sitio estaba desértico. Según ella, conocía New York como la palma de su mano, pero debía aceptar que nunca había estado en esa zona. Aun sin el contexto de armas biológicas aterrorizando al mundo entero, ese lugar por sí mismo le causaba escalofríos. Ahora comprendió que quizá había sido un error ir sola a ese lugar.
Suspiró y se armó con lo que tenía, pero giró asustada y apuntó con su arma cuando un auto aparcó junto a ella.
-¡¿Qué demonios haces aquí?! –gritó mientras la mujer del otro auto bajaba.
-¡Hola amiga, qué gusto me da verte! Así que perdiste tus modales, Claire.
-Becky, yo… lo siento, pero repito: ¿qué demonios crees que haces aquí?
-La B.S.A.A. me reportó lo que sucedía. Cuando iba al cuartel para ponerme en servicio te vi salir con el equipo y te seguí.
-No me estas comprendiendo, no te pregunto por qué estás aquí ni cómo llegaste, ¡te estoy diciendo que te largues ahora mismo! ¡Tú no debes estar aquí! ¡Becky, por el amor de Dios, estas embarazada!
-Wow. ¡Por fin sacaste a la Redfield sobre protectora que llevas dentro! ¡Te ves igualita a tu hermano!
-Becky…
-Tú tienes una hija pequeña, Chris a cinco niños y todos están peleando, así que no me salgas con ese tipo de discursos.
-¿Billy lo sabe?
-Sí, él también está en una misión. Fue enviado a Francia.
-¿Sabe que están esperando un bebé?
Rebecca suspiró.
-No, no era el momento adecuado. Ahora importa salvar la vida de esas personas que todo lo demás.
-No… Becky… no… -susurró Claire incapaz de contradecir a su amiga. Ella misma pensaba igual.
-¿Y no vas a decirme que haces aquí con todas esas armas?
-Becky, por favor ve al cuartel general y ponte en contacto con Billy. Él debe saber que tiene un hijo y que debe regresar sano y salvo.
-Estas ocultando algo Claire, y no me iré hasta saber qué ocurre –respondió la castaña cruzándose de brazos.
La pelirroja suspiró, sintiéndose derrotada. Conocía a Rebecca Chambers y ella jamás se daba por vencida. La verdad era el único camino.
-He recibido una llamada. Si la B.S.A.A. te reportó la situación, sabrás que…
-Sé que Steve Burnside es quien está orquestando este infierno… Lo siento mucho, amiga.
-Gracias Becky… La llamada era de él.
-¿Te citó aquí y decidiste venir como tierno corderito? ¿Estás loca? Claire, si él tiene la mitad de los poderes de Wesker, esas armas son completamente inútiles. Sin mencionar que está oscureciendo y esta zona ya era peligrosa antes de liberaran bioarmas. Además de todo, ¿no le notificaste a nadie que vendrías?
-Amenazó con atacar el vuelo de Sherry y mi hija si venía acompañada, ¿qué otra cosa podía hacer?
-Bien, bien, te entiendo amiga, pero no entrarás sola.
-No puedo dejarte venir conmigo.
-O voy contigo o pediré refuerzos ahora mismo. Así que soy yo o media B.S.A.A., tú decides.
-¿No escuchaste lo que acabo de decirte?
-Es mi última palabra, Redfield.
-¿Traes tu arma?
-¡Como siempre!
-Entonces, como en los viejos tiempos, Becky. Y por cierto, soy Kennedy.
-Como diga su Majestad. Y al igual que cuando teníamos 19, saldremos de esta.
CONTINUARÁ…
Capítulo IV empaquetado y entregado, amigos míos. ¡No pueden quejarse! Actualicé lo más aprisa que pude, sólo espero que les haya gustado.
Estoy tratando de que este fic no sea muy largo. A lo sumo 10 capítulos, así que habrá acción y más acción.
Gracias por sus hermosos comentarios. En serio, cada que leo uno sonrío como boba. No tengo cómo agradecérselos. Trato de responder en las respectivas cuentas de fanfiction cuando me dejan una, pero quiero hacer una mención especial a ANOTHERREADER por hacerme ver el error en el summary, el cual corregí lo más rápido que pude (mis actos fallidos quieren hacerle propaganda a un fanfic de la página de Dragon Ball!).
Pues sin más, estamos en contacto.
¡Hasta el capítulo V, titulado MUERTE!
Pily-chan.
