CAPÍTULO V Soledad
A las ocho de la mañana, cuando salió de su casa, Claire sintió el duro golpe de la realidad. Tomó las llaves de su auto y subió. Encendió el motor y al ir avanzando por las calles de su vecindario recordó a su pequeña Madeleine. Por primera vez desde su nacimiento, había permanecido una semana lejos de ella. Lloraría como un bebé si sus pensamientos seguían por esa línea. Pero era imposible dejar de añorar a sus dos niñas.
Cierto, Sherry ya no lo era. Era una joven mujer viviendo su propia vida, alejada del peligro. Sabía que ella cuidaría de Maddi como nadie más podría hacerlo, pues las dos tenían un fuerte lazo. Pero las extrañaba. Aunque si su dolor era el precio a pagar por la seguridad de sus hijas, que así fuera. Además, sería temporal. Ella, Leon, Chris y Jill se encargarían de eliminar de una vez y para siempre el legado de Umbrella.
Los días transcurridos después de la muerte de Rebecca fueron tan lentos y grises. El caos mundial había disminuido, pero aun había zonas que necesitaban atención y detectar esas zonas era responsabilidad de la D.S.O. y de la B.S.A.A., por lo que ellos seguían teniendo mucho trabajo.
Cuando llegaron las ambulancias aquel día y ambos recibieron atención médica, fueron abordados por sus amigos, pero lo verdaderamente difícil para ella fue narrar el deceso de su querida amiga. Todos se mostraron consternados y Billy fue avisado de inmediato.
Lo único que levantó un poco el ánimo de Claire fue saber que sus queridas niñas estaban bien, pues Sherry se había reportado conforme lo acordado mientras sus heridas eran atendidas. Pero tan pronto como cerró la comunicación vía celular, su pensamiento regresó a su amiga, a quien sacaban de las bodegas en una camilla envuelta completamente en una sábana blanca...
Regresó al presente cuando el claxon de un auto le avisaba que el semáforo había cambiado de color. Becky… No, no podía seguir pensando en eso, no podría o el dolor terminaría matándola. Becky… su bebé… Ellos no debían estar en una tumba. No. Debía ser ella. Pero eso tampoco era correcto. Simplemente nadie debía morir de esa forma. ¡Maldito seas Steve!
El rostro de Rebecca mientras era asesinada. Sus ojos al ser zombie… El bebé en sus entrañas que nunca llegó a conocer la luz… Billy no llegó a ser padre, y aun así tuvo que ver el cadáver de la mujer que amaba, con un agujero en la frente a causa de la bala que despedazó su cráneo… Una bala que Claire había puesto…
A pesar del dolor que todos sentían, le hicieron un bello funeral a su amiga. Si es que ese adjetivo se puede aplicar en una situación donde hay tanto dolor. A pesar del apoyo que quisieron brindarle, Billy se mantuvo distanciado y en cuanto fue posible partió a una misión. A nadie sorprendió recibir la noticia de su deceso el tercer día. Con todo, logró ingresar un equipo elite con bastante éxito en un laboratorio clandestino donde se trabajaba con el virus C en Rumania. Gracias al sacrificio del ex marine se dio un gigante paso contra Steve. A penas ayer había sido su funeral... Otro más…
Claire comprendía a la perfección las acciones de Billy. A ojos del ex teniente Coen, ella debía ser la culpable por la muerte de Becky. En el funeral, esperaba que él la insultara y maldijera por la muerte de su esposa, pero ni siquiera miró en su dirección. Se mantuvo estoico. Lo mejor era liberar su alma de la pena, obteniendo a su vez una vendetta contra el responsable de todo.
Ahora era el turno de Claire para obtener una revancha por la muerte de su amiga más querida y de ese valiente hombre que fue Billy, quien amó a Becky hasta el último momento. También vengaría a ese pequeño inocente nonato.
Esos pensamientos la hostigaban todos los días desde lo acontecido. Una y otra vez pensaba en la mejor manera de eliminar a Steve. Si antes su corazón albergó un ápice de simpatía por el chico que conoció hacia quince años, ahora sólo deseaba verlo muerto, y de preferencia, ser personalmente ella quien lo enviara de regreso al infierno…
Llegó a la B.S.A.A. y esperaba poder hallar a Leon allí… Ese había sido otro de los cambios: hacía tanto que no lo veía. Tal vez era estrés postraumático de su parte, pero tenía la impresión de que él la estaba evitando. Estuvieron juntos cuando los sacaron de las bodegas y atendían la llamada de Sherry. Él la apoyó durante el funeral, pero parecía que junto con el cadáver de su amiga, enterraba su matrimonio.
El Leon que era amoroso y siempre parecía estar al pendiente de ella desapareció y en su lugar dejó al frío agente Kennedy. Siempre ocupado en misiones y entrenamientos, apenas deseándole buenos días o noches en esas rarísimas ocasiones en las que llegaban a coincidir y despidiéndose con un escueto beso en los labios.
Ella no se atrevía a confrontarlo, no se sentía con las agallas suficientes después de haber interpretado con bastante éxito el papel de damisela en peligro que tanto detestaba. A pesar de la amenaza de Steve hacia sus hijas, había sido su entera responsabilidad todo lo que sucedió en las bodegas. No culpaba a Leon si ahora se sentía hastiado de su presencia.
Una vez estacionado su auto caminó hacia el edificio. Ingresó por la puerta de cristal tan pronto digitó su código de miembro de la Alianza. Al cruzar el vestíbulo se encontró con alguien.
-Buenos días, señora Kennedy –saludó Piers Nivans, un chico bien parecido que había ascendido rápidamente por su talento como francotirador, pero esencialmente por los valores morales que poseía, cualidad que Chris Redfield valoraba sobremanera.
-Piers, por lo que más quieras, deja de llamarme señora Kennedy… Ya sé que eres más joven que yo, pero no me hagas sentir así de mayor.
-Lo siento se… Claire… De verdad que a mí se me complica hablarle así a mí superior hermana de mi capitán.
-A Chris puedes llamarlo como quieras, pero yo soy Claire, sólo Claire, por favor.
-Lo seguiré intentando.
-Con eso me conformo. Dime, ¿mi hermano está en su oficina?
-Sí, de hecho su familia se encuentra allí.
-¿Jill y los niños han venido? Wow, no me lo esperaba. Gracias Piers.
-A sus órdenes se- Claire.
La aludida suspiró, rodó los ojos y sonrió. Bueno, ya iban avanzando. Caminó hacia la oficina de su hermano, dio un par de golpes a la puerta y sin esperar respuesta giró el pomo.
Tan pronto como la vieron, cinco niños corrieron a abrazarla mientras gritaban su nombre:
-¡Tía Claire, tía!
-¡Hola preciosos! Así que hoy vinieron a trabajar.
-Sí tía, pero mi mamá –replicó Christian, quien poseía la mirada azul de Jill- no me deja salir al campo de tiro…
-Sí tía, quiere que practiquemos con el programa que hay en las computadoras… -comentó visiblemente fastidiado Edward, que era casi idéntico a su hermano y compartían hasta el mismo color de ojos.
-Sí tía, como si fuéramos bebés –añadió Julian, un castaño de ojos grises, sumamente inteligente-. Todos podemos disparar con los ojos cerrados en la computadora…
-¡Tía dile algo! –agregó francamente indignado Kevin Redfield, el más pequeño de los quintillizos y eso era visible aun en su estatura. El cabello era castaño y también había heredado el hermoso tono azul de los ojos de Jill.
Claire sonrió, esos pequeños eran la luz en la vida de Chris y Jill. Ella adoraba a ese grupo de revoltosos. Desearía poder estar cerca de Maddi y sentir la fuerza que da luchar por proteger lo que se ama. Deseaba abrazar a su niña…
-Tía Claire, ¿estás bien? –interrogó la pequeña Sammy, lideresa de esa inquieta manada por derecho propio al haber nacido primero. Claire se inclinó y respondió.
-Lo estaré cuando todos ustedes me den muchos besos y abrazos…
La primera en lanzarse a los brazos de su tía fue Sammy, pero pronto ellas fueron aplastadas por los otros cuatro pequeños dispuestos a repartir amor…
Jill y Chris intercambiaron miradas mientras sonreían. Su plan había funcionado. Le hacía tanta falta a Claire reír un poco. Aunque siempre trataba de sonreír y ser amable, resultaba evidente que ella sufría por todo lo que pasaba. Algo había sucedido durante las bodegas, algo más de lo que estaba asentado en los reportes, porque Claire y Leon no eran los mismos desde entonces. Ahora mismo Kennedy se encontraba en una misión urgente en Washington.
Chris estaba furioso. Sabía que Leon era un agente comprometido, pero también que había una fila de agentes y soldados esperando una oportunidad para pelear y liderar un grupo. Sin embargo parecía que el esposo de su hermana deseaba pasar el menor tiempo posible con ella. Claire no había dicho una palabra al respecto, pero sólo hacía falta verla unos minutos para darse cuenta que ese ánimo decaído no sólo era por la crisis, sino porque había perdido a su familia.
Después de comentarlo con Jill, a su esposa se le ocurrió que Claire conviviera un rato con los pequeños Redfield, tal vez eso levantaría un poco su ánimo. Después, los niños se quedarían al cuidado de su padre durante unos minutos para que las mujeres pudieran hablar. Chris podía con hordas de zombies y mutaciones, pero no se sentía lo suficientemente valiente para enfrentarse al corazón abierto de su hermana.
Luego de un par de horas, y bajo la condición de que los dejarían practicar un rato en la sala de tiros, los quintillizos dejaron partir a Jill y Claire mientras ellas arreglarían "asuntos de señoras".
Caminaron a la pobre cafetería de la B.S.A.A. Con todo el caos mundial, debían racionar la cantidad de café, azúcar e ingredientes. El café ahora no deleitaba con el delicioso aroma que invadía las fosas nasales. Apenas era agua teñida de un tono café demasiado claro.
Tan pronto como tomaron asiento, Jill no quiso perder el tiempo.
-Esta plática debimos tenerla hace días Claire… Dime, ¿cómo te sientes?
Claire suspiró y sonrió, pero sus ojos parecían tan opacos. Sólo una respuesta era la verdadera y no daría rodeos.
-Desearía estar en el lugar de Becky.
Jill sintió escalofríos. Jamás pensó que escucharía a su cuñada decir algo así. Las cosas estaban peor de lo que se imaginaba.
-¿Por qué? Tú tienes por quien vivir… Estamos nosotros, tienes a Sherry, Maddi y por supuesto a Leon…
Claire lanzó una sonrisa irónica.
-Borra a ese último de tu lista.
Así que de eso se trataba. Ahora todo cobraba sentido para Jill.
-¿Puedo preguntarte qué pasó entre ustedes?
-No sé qué contestarte, no sé qué pasa… Aunque puedo imaginarlo. Dime Jill, ¿tú querrías estar junto a alguien que se acobarda y pone en riesgo su vida una y otra vez, como si nada de lo que vivió le sirviera para luchar?
Fue el turno de Jill para sonreír. En ese tema ella tenía una vasta experiencia.
-¡Claire, estoy casada con tu hermano! He visto a Chris en medio de muchas crisis. Algunas peores que otras. Él ha visto morir a sus camaradas, por quien sentía en muchos de los casos un cariño sincero. ¿Sabes? En eso ustedes son idénticos. Viven en la línea de fuego y parece que no les importa jugarse la vida una y otra vez, pero si pierden a un ser querido, de pronto parece que quieren tirar todo por la borda y se olvidan de quienes siguen vivos y los aman.
Eso sí que sorprendió a Claire. Cuando dieron por muerta a Jill, ella misma vio que Chris se hundía más y más, hasta que de pronto, un día halló las fuerzas para seguir, pero sólo motivado por su deseo de venganza… En aquel tiempo Claire ya no hallaba cómo hacerle ver a su testarudo hermano mayor que aunque Jill no estaba más, ella, Claire Redfield, su hermana pequeña, estaba a su lado y necesitaba de él…
Pero no sabía que cada que iban a misiones y Chris perdía hombres, adultos responsables, guerreros que sabían a lo que se arriesgaban, él entraba en crisis. Ahora sentía una profunda admiración por Jill… Y ahora comprendía más a Leon.
Jill observaba a la pequeña Claire, como siempre la llamaría, mirar el piso en concentración total, sabía que pronto llegaría a la conclusión que necesitaba. Siempre admiraría la capacidad de razonamiento que tenía la pelirroja. A veces deseaba que su esposo razonara así de rápido, pero con él había que derribar varios muros antes de poder hacerlo entrar en sus cabales. Cuando Claire levantó sus grises orbes, Jill pudo imaginar el foco encendido sobre su cabeza. Misión cumplida, pensó.
-Gracias Jill, gracias de verdad. Debo encontrar a Leon.
-Dame dos segundos, cuñadita -respondió la castaña mientras con su mini tablet rastreaba rápidamente la posición global de Leon gracias a su teléfono celular-. Pues, parece que hoy es tu día de suerte. Leon está en el piso 12, seguramente reportándose. Fue una misión rápida la de Washington, así que me imagino que exitosa.
-Yo… Debo irme…
-Corre, por favor.
Claire dio un par de pasos, pero en seguida se regresó y le dio a Jill un fuerte abrazo. Ella era la hermana que siempre deseó tener. Le dio un beso en la mejilla y salió corriendo. Jill vio la roja cabellera de Claire desaparecer a toda prisa. Sonrió y rezó para que finalmente hubiera algo de paz en medio de la guerra.
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Leon se sentía tan fatigado. Las cosas en el mundo eran un verdadero caos. Poco a poco y con el esfuerzo de gobernantes responsables y amantes de sus naciones, algunos países iban recobrándose, pero otros no podían salir del agujero en el que esa guerra sin sentido los metió. Muchos países deseaban tomar como pretexto los ataques virales para iniciar conflictos entre naciones con la finalidad de extender su territorio. Ni siquiera se molestaban en mirar el estado en el que su población se encontraba.
Al menos en el reporte que acababa de entregar se podía vislumbrar negociaciones con varios de esos países. La paz era el único camino y Leon haría hasta lo imposible por evitar más sangre derramada…
Abrió la puerta de su oficina deseando encontrarse a solas para reclinarse en su silla, subir los pies a su escritorio, cerrar sus ojos y por lo menos diez minutos descansar un poco antes de bajar al gimnasio y continuar con la rutina de ejercicios que dejó inconclusa en la mañana… Pero su oficina no estaba vacía.
-¡Claire! –murmuró asombrado.
-Hola… Perdón por entrar así… Es sólo que… necesito hablar contigo.
Leon se puso nervioso de pronto. Claire no lucía enojada ni estresada. Parecía avergonzada y eso no se lo esperaba. Puso el seguro a la manivela y luego de cerrar la puerta, caminó hasta la silla junto a su esposa…
-Dime…
-Perdón.
-¿Perdón? –cuestionó él levantando una ceja.
-Sí, eh… Jill me ha ayudado a darme cuenta de lo egoísta que he sido contigo y tus sentimientos. Me he enfocado en mi dolor y ni siquiera me he molestado en preguntarte cómo estás. Leon, es normal que estés enojado conmigo…
-Pero yo no estoy enojado… -se corrigió de inmediato ante la incrédula mirada de su esposa-. Bueno, no estoy enojado por ese motivo…
-¿Estas enojado y no es por ignorar tus sentimientos? –Interrogó sorprendida la pelirroja- ¿Entonces por qué?
Leon suspiró. Se puso de pie y caminó hacia el ventanal de su oficina. Tocar el tema no sería fácil, por eso lo había estado evadiendo desde hacía días… Y de paso había evadido a Claire.
-¿Leon? ¿Estás enojado conmigo?
-Claire, respóndeme sólo la verdad. Necesito escucharlo ahora antes de que enloquezca.
-Dime… -respondió la mujer sintiendo un nudo en su estómago. Le preocupó demasiado el tono de voz con el que le habló, como si él fuera a romperse en cualquier momento.
Kennedy giró y viéndola directamente a los ojos lanzó la pregunta cuya respuesta podía cambiar el curso de su vida.
-¿Aun amas a Steve?
Claire sintió como si un balde de agua helada fuese vertido en su cuerpo desde la cabeza… No, un balde no… ¡Una cascada completa!
-¿Por qué me…?
-¡Sólo responde, por favor!
-¿Qué te hizo pensar eso? –Preguntó frunciendo el entrecejo.
-Claire, no lo evadas. No me hagas padecer más. Sólo necesito un sí o un no.
La pelirroja se sintió tan ofendida en un inicio. Estaba de acuerdo con que su conducta no había sido la más normal últimamente. Se había cerrado en ella misma intentando sanar las heridas en vez de pedir ayuda. Pero de ahí a suponer que ella sentía algo por Steve era inconcebible. ¿Acaso el hombre con el que había compartido los momentos más hermosos de su vida no la conocía en lo absoluto?
-No amo a Steve. Nunca lo he amado y no sé cómo piensas que podría amarlo después de lo que está haciendo. Después de las muertes que ha causado… ¡Dios Santo! –Tomó aire intentando tranquilizarse, pero realmente no pudo, por lo que dijo casi gritando- ¡¿Cómo podría amarlo después de que asesinó a mi querida Becky, amenazó la seguridad de nuestras niñas y nos golpeó sin escrúpulos…?!
Leon se sintió el hombre más imbécil y vil sobre el planeta. En la mejilla de Claire, aun quedaba el vestigio del golpe que aquel pelirrojo le propinó. Cierto, la piel se cura y cicatriza, pero las heridas en el alma son las más difíciles de sanar y él había sido lo suficientemente estúpido para ocuparse más en sus dudas que en lo que su mujer sentía…
Claire no supo cómo fue, en un segundo bajó la vista luego de mirar directamente a los azules orbes de su esposo mientras respondía su duda sin rodeos, sobrecogida por el tumulto de sensaciones que la embargaban y al instante siguiente él la abrazaba como no lo había hecho en días… Las lágrimas corrieron libres aunque ella habría jurado que su llanto se había secado… Pero el llanto ya no era por sufrimiento… Se sentía en casa, de nuevo.
-¿Por qué Leon? ¿Por qué dudar de lo que siento por ti? –interrogó mientras caía de rodillas, como él, mientras le echaba los brazos al cuello, aferrándose a lo único seguro en su vida.
-Claire, soy un idiota, pero no sabes cuánto me dolió ver que, aunque ese maldito se estaba ensañando con nosotros, tú le pedías perdón… -la pelirroja sintió su cuello mojado. Sus propias lágrimas y las de Leon se mezclaban.
-Pero no era a él. No a ese Steve… Yo le pedí perdón al niño que murió protegiéndome, al que sacrificó su vida por preservar la mía… Aquel día entendí que ese Steve con el que me encariñé no volverá. El sujeto sin escrúpulos que ocupa su cuerpo no es él.
-Yo no tenía…
-Lo sé, lo sé, amor. ¿Cómo podías imaginarlo si no hablé contigo después de todo lo que pasó? Creí que lo mejor era no lastimarte escuchando mis locuras… Me equivoqué tanto. Lo siento Leon.
-Yo también preciosa… Perdón por dejarte sola con esto… ¡No tienes idea de cuánto te amo!
-Lo sé… ¡Yo también te amo!
Ambos permanecieron en el piso, abrazados y aferrándose uno a otro. Esa era la primera prueba real que la vida les ponía. Ahora a Claire le parecía que había vivido en una especie de nube todos esos años. Parecía que todo había sido felicidad y risas. Jamás imaginó que el destino jugaría así con ellos.
Leon se sentía más tranquilo. Empezaba a ver las cosas con perspectiva… Sin dudas que obnubilaran su objetivo, tenía claro lo que debía hacer: Acabar con Steve lo antes posible. No volvería a ser espectador del dantesco espectáculo que ese maldito se proponía llevar a cabo.
Tocaron a la puerta haciéndolos brincar. Por unos instantes se quedaron perdidos en ese abrazo que les devolvía la paz perdida. Leon se puso de pie y ayudó a Claire en el proceso. Cuando se quitó los restos de lágrimas de los ojos y se sintió un poco más presentable, echó una mirada a Claire y vio que estaba en las misas condiciones. En seguida, caminó y giró el pomo de la puerta.
Se encontró de frente con Piers.
-Disculpen la intromisión, pero tenemos noticias importantes.
-Pasa Piers, ¿qué sucede?
-Lamento informarles que… Carlos Oliveira fue caído en combate…
-Oh por Dios, no… -exhaló Claire mientras se llevaba ambas manos a los labios.
-Sherry –musitó Leon.
-Su cuerpo será transportado en un jet de la B.S.A.A. tan pronto las autoridades de Brasil liberen los trámites… De verdad, lamento mucho darles esta noticia.
-Lo sabemos. Gracias Piers, por favor, mantennos informados de lo que suceda. Debemos preparar el funeral para Carlos.
-A sus órdenes.
El chico abandonó la oficina. Claire y Leon estaban estupefactos. Carlos era de los más experimentados y aguerridos miembros de la asociación. Poco a poco iban cayendo más y más amigos. Becky, Billy y ahora Carlos…
-Debemos avisarle a Sherry.
-No lo sé, Claire… No podemos comunicarnos con ellas hasta el viernes, cuando Sherry nos marque. Aun faltan dos días y no sé si sea pertinente poner en riesgo su ubicación…
-Pero amor, ella querrá venir y despedirse.
-Retrasaremos el funeral tanto como podamos y la decisión final será de Sherry. No podemos negarle el derecho de despedirse de él, aunque yo desearía que ellas se quedaran a salvo.
-Lo sé… Iré a hablar con Jill. Carlos era uno de sus mejores amigos.
A partir de ese momento, otra tragedia se cernió sobre la B.S.A.A. Carlos Oliveira fue una persona siempre alegre y dispuesta a pelear por sus seres amados. Cuidó, amo y protegió a Sherry apoyándola durante los entrenamientos a los que se sometió la rubia cuando descubrió que su cuerpo tenía la habilidad de regenerarse gracias al virus que se implantó en su interior cuando tenía 11 años. Jill sintió la pérdida de su querida amigo. Jamás podría agradecerle lo suficiente el que arriesgase su vida para conseguir la vacuna que le salvó la vida cuando estuvieron en Raccoon City.
Llegado el día en el que se pusieron en contacto con Sherry, Claire le pidió que le realizara una segunda llamada tan pronto como Maddi estuviese dormida. La rubia se sorprendió por la petición, y sospechando que se trataba de algo grave, procedió según lo acordado.
Pasaban de las dos de la mañana cuando Sherry se comunicó con los Kennedy. Claire atendió la llamada a solas y le dijo de la forma más empática posible lo que había sucedido en Brasil. La rubia comenzó a llorar y su voz se quebró. Claire sentía tanto dolor al no poder abrazar a su niña y consolarla.
-Sherry, celebraremos el funeral tan pronto tú nos lo indiques… ¿Deseas venir a despedirte?
-Eso pondría en riesgo la ubicación de la peque y no hay nadie aquí en quien confíe lo suficiente para dejarla…
-Lo sé, pero yo entiendo…
-Claire, por favor, dale a Carlos la despedida que se merece. Él siempre fue un héroe y toda su vida peleó por acabar con los malos. Desde aquí rezaré por él, después de todo, sé que en la próxima vida nos reencontraremos…
-Hija, no quiero que después te arrepientas de esto, por eso te lo pregunto de nuevo, ¿estás completamente segura de la decisión que estas tomando?
-Lo estoy. Siento un vacío en mi pecho al saber que no volveré a ver a Carlos, pero sé que no vale la pena arriesgar la vida de Maddi por ir a enterrar el cuerpo sin vida del hombre que amé. Prométeme que dejarás una rosa de mi parte en su tumba…
-Lo prometo, mi pequeña. Perdón por todo lo que está pasando.
-Oye, ¡tú no debes pedirme perdón nada! No le debes nada a nadie. Ese maldito demente es quien está causando esto, no tú. Como vuelva a escucharte pedir perdón de nuevo, te juro que te daré una patada que hasta a los nietos de Madeleine les dolerá…
Claire sonrió. Su Sherry no dejaba de ser ella misma. Eso la tranquilizaba pero también deseaba con todo su corazón ser igual de valiente que ella…
Se despidieron y Claire volvió a la cama. Leon aguardaba por su esposa.
-¿Todo bien? –preguntó dejando de lado su notebook y quitándose sus gafas de lectura.
-Sí, lo tomó mejor de lo que esperaba…
-¿Vendrá?
-No. Dice que la seguridad de Maddi está por encima de todo… -respondió mientras levantaba las colchas de su cama y acompañaba a su marido.
-La criaste bien, Claire.
-Ya era una pequeña maravillosa cuando la conocimos en Raccoon City. Chris, Jill, su tía y yo hicimos lo que nos fue posible para que fuera feliz. Desde que tú regresaste a nuestra vida pude darle una familia, una verdadera familia.
-Pues esa niña es un tesoro…
-Lo sé… -todo quedó en silencio durante unos instantes, hasta que Claire preguntó:- Leon, en qué momento cambié tanto…
-¿A qué te refieres?
-Si pienso en quien fui cuando me tropecé con todo este mundo maldito de Umbrella, Wesker y los virus, hay millones de años luz de diferencia de la que soy ahora.
-Sí, eres más fuerte…
-Pero no soy aquella chica valiente e intrépida que enfrentaba monstruos o ingresaba a instalaciones…
-Claire, hace una semana fui a sacarte de unas bodegas infestadas de criaturas porque creíste que podrías enfrentar a tu peor enemigo tú sola.
-Eso fue estupidez de mi parte.
-Pues la edad te nubla la memoria, mi amor, porque a los 19 no había mucha diferencia de lo que haces ahora. ¡Te infiltraste en el cuartel general de Francia para buscar a tu hermano! Cuando estuvimos en las instalaciones de Will Pharma, herida y pese a que claramente te había indicado la salida, fuiste a buscar las cámaras de seguridad para poder atrapar al responsable, y en el proceso me salvaste la vida. Yo no pienso que hayas cambiado… De hecho, creo que no te había dicho cuánto miedo sentí cuando supe que seríamos padres…
-¿Miedo? ¡Pero si te veías tan feliz!
-Y lo estaba, pero no dejaba de pensar en todas las cosas que podría pasarte siendo más vulnerable con el bebé en camino… Pensaba si dejarte conducir sola hacia el trabajo sería buena idea. Si no correrías algún riesgo en tu oficina. Si quizá, cuando salías a comprar tu café por las mañanas, algún imbécil podría atropellarte o decirte algo y tú en seguida lo confrontaras… Deseaba tanto poder estar las 24 horas contigo para asegurarme de que estuvieras bien…
-Leon, eso es sobreprotección de tu parte, no tiene que ver conmigo…
-Preciosa, eres impulsiva y muchas de las veces imprudente. Es parte de tu sello genético. Por fortuna piensas más que el loco de tu hermano, porque si no créeme que hubiera envejecido 50 años en esos 9 meses. Y eso, mi amor, no se te va a quitar ni con la edad. Muchas veces consideré poner un chip o algo para poder tenerte vigilada.
-Toda la vida me quejé del acoso al que me sometía mi hermano y me casé contigo sin saber que tú eres peor que él.
-Es probable, pero que te quede claro que no has sido tú quien ha cambiado. Creo que nuestro matrimonio te ha dado más perspectiva de lo que sucedería si actúas de tal o cual forma, pero sigues siendo la Claire Redfield que conocí en Raccoon City, de eso no me cabe la menor duda. La misma pelirroja hermosa, impulsiva, terca y valiente que me dejó enganchado…
-Gracias Leon… Te amo…
-Como yo a ti, preciosa…
Cerrando el espacio entre sus cuerpos, Leon besó esa boca que adoraba. Su cuerpo estaba agotado por los ejercicios que realizaba a diario, pero al sentir los labios de su mujer y tocar cada una de esas curvas que él conocía a la perfección, éste reaccionó ante la necesidad. Recostó sobre las almohadas llevándose a Claire consigo y ella se acomodó a horcajadas, mientras colocaba sus manos sobre el pecho de él, respondiéndole el beso.
Llevaban ya varios días sin hacerse el amor, el periodo más largo de abstinencia desde que la pelirroja había dado a luz. Leon sentía la urgente necesidad de tener el cuerpo de Claire adherido al suyo. Sentir esos maravillosos senos contra su piel y poder tocar cada curva de ella. Besar y mordisquear esos carnosos labios. Entrar en ella y sentir la estrechez y humedad que lo hacían saberse el hombre más afortunado del planeta.
Claire había extrañado tanto estar con Leon así, abrazados, tocando cada milímetro de su piel, estremecerse al saberse amada por un caballero, por un guerrero valiente… Después de sentir los labios de Leon a través de su cuello, la sensación más placentera fue cuando se montó sobre él y la penetró, llenándola de la forma más íntima posible. Todas las preocupaciones se esfumaron. Lo único que su cerebro procesaba era el placer que sentía en cada poro de la piel… Se sentía llena… En los abrazos de su amante era sólo una mujer enamorada entregándose sin reservas.
Los gemidos de Leon al entrar y salir, sus grandes y varoniles manos acariciando su rostro y cabellos. Los pechos de Claire subiendo y bajando al compás de las embestidas… Se entregaban todo en esa habitación que tantas veces había sido mudo testigo del amor que se profesaban…
Durante buen rato, en el hogar de los Kennedy sólo se escuchaban gemidos y palabras de amor entrecortadas por el esfuerzo físico… Ninguno de los dos sabia que afuera de la casa, imaginándose lo que sucedía en la habitación principal gracias al pálido reflejo de las cortinas, se hallaba una mujer atenta a los acontecimientos. Cerró los puños… Ya veía que no sería nada sencillo... Lamentablemente eso sólo significaba una sentencia de muerte para la hermana menor de Redfield.
CONTINUARÁ…
¿Qué tal chicos y chicas de fanfiction? Pues he aquí un capítulo de doce paginas de Word que yo considero de relleno, pero necesario para que Claire y Leon tuvieran su primera disputa y la pudieran resolver.
Les ofrezco una disculpa por la demora en esta entrega, pero me quedé mucho tiempo sin inspiración… No sabía cómo narrar una batalla forzada en el siguiente capítulo y eso me tuvo atascada…
Independientemente de lo anterior, quiero decirles que me ha hecho muy, muy feliz leer sus comentarios y críticas sobre este fanfic, especialmente sobre el capítulo anterior. Ya me imaginaba que algunos de ustedes querrían perseguirme con antorchas en mano para luego lincharme y después atarme a un poste y quemarme en leña verde por lo de Rebecca, y por la golpiza que le propinó Steve a nuestro adorado Leon, pero en serio, era necesario…
Ahora, en un solo capítulo, me eché a Billy y a Carlos… y habrá más muertos, creo... Desde que inicié con esta historia me quebré la cabeza pensando en los personajes más "sacrificables". Para darle más peso, pensé en Chris, pero la verdad es que no puedo matarlo (sufrí horrores en el fanfic de Jill Filth al verlo morir). No, sorry chicas y chicos ¡pero no puedo hacerle eso al fortachón Chris Redfield!
Quiero terminar esta historia antes de julio y le estoy echando muchas ganas para escribir y subir lo antes posible, pero confieso que de repente me dan esos malditos bloqueos. Aprovecho todos los ratos en los que no tengo trabajo e intento avanzar. ¡Cuando las musas llegan escribo como posesa!
Mil disculpas a: NemesisCrimsonBlack por no haberte puesto en la lista del capítulo pasado. Sorry, pero ahora te doy un nombramiento especial sólo a ti!
Pues, sin más que añadir, nos veremos en el siguiente capítulo que, creo yo, será un poco más emocionante.
Hasta pronto!
Pily-chan.
