CAPÍTULO VII Misión

El funeral de Carlos se realizó de forma inmediata en cuanto consiguieron el traslado de su cuerpo. Claire personalmente se encargó de darle a ese valeroso hombre, en nombre de su pequeña Sherry, una despedida digna de él. Sin embargo, repetía en su mente una y otra vez las imágenes de la muerte de Rebecca y el sentimiento de pérdida se acrecentaba… Carlos Oliveira, ese latino bien parecido y coqueto… Lo que fue y lo que podía ser ahora era sepultado varios metros bajo tierra…

Jill apoyó tanto como pudo, el cuidado de sus hijos la necesitaba de tiempo completo y también estaba el hecho de que la pérdida de un ser tan querido la destrozó. Uno de sus más grandes amigos moría. Ella más que nadie deseaba que Carlos viviera feliz junto a Sherry. Sabía cuando la amaba, pues a pesar de haber sido un Don Juan en sus tiempos de soltería, desde que le entregó su corazón a esa hermosa rubia, Carlos se había vuelto un hombre fiel y amoroso. Y ahora su futuro se había evaporado. Siempre estaría en deuda con él y si algo bueno se podía sacar de semejante situación era que había muerto como lo que era: un héroe.

El hecho de que Chris y Leon no estuvieran muy de acuerdo con la relación que Sherry y Carlos sostenían, en lo absoluto significaba que desearan algún mal para él. Al contrario, Chris le debía la vida de Jill cuando no estuvo presente para protegerla en Racoon City. Siempre reconocería el guerrero que fue Carlos y su muerte no quedaría impune. Leon, aunque regañadientes y pese a que nunca lo hubiera reconocido en voz alta, aceptaba que ese hombre cuidó de su pequeña rubia como nadie podía hacerlo.

Claire, con sus ojos cubiertos con gafas oscuras, recordaría por siempre a ese hombre, quien se había portado excepcionalmente con ella desde que su relación con Sherry se consolidó. Se sentía como la madre de la novia que recibe toda la atención del pretendiente para obtener su aprobación. Leon y Chris, por supuesto, se turnaban el papel del padre celoso.

Flashback

-¡Sherry, no saldrás en medio de esta tormenta!

-Pero tengo que conseguirte las fresas… El bebé…

-No, olvídalo. Nada le pasará al bebé si por una vez no se cumple este antojo…

-Yo no me quiero arriesgar… Ya verás que puedo conseguirlas. Alguien en Nueva York debe venderlas…

Claire tenía siete meses de embarazo y debido a una de las peores tormentas de los últimos años Chris estaba encerrado en su hogar a cal y canto junto a su esposa y sus hijos. Nueva York estaba cubierta de nieve. En los noticieros recomendaban permanecer en casa a menos que fuese absolutamente necesario salir. Claire no consideraba que el antojo de una embarazada fuese una emergencia.

Durante los fines de semana la familia completa y sus amigos se habían dedicado a hacer los arreglos de la nueva casa de los Kennedy. Era una hermosa construcción estilo victoriano de dos plantas, con un amplio patio trasero (perfecto para una tarde de carne asada, pensó Claire) y además tenía una bella cochera. Contaba con cinco habitaciones y tres baños en la planta alta. Un baño en la planta baja y espacio más que suficiente para sala y comedor. Lo que terminó de enamorar a la pelirroja fue la cocina. Amplia, llena de luz y con hermosos muebles que quizá requerirían algún arreglo. Para Claire fue amor a primera vista.

La casa estaba en relativo abandono, pues sus dueños se habían cambiado de residencia hacía quince años y desde entonces la habían rentado. Los inquilinos que vivieron allí nunca se dieron a la tarea de arreglar los desperfectos que el paso del tiempo fue dejando. El costo de la propiedad había sido algo elevado considerando los arreglos que se necesitaban, pero Kennedy no escatimaría en el hogar de su familia.

Debido a que Leon no quería que su mujer pasara incomodidades debido a las modificaciones que necesitaba la casa, se realizarían esos arreglos antes de que el bebé naciera y ellos vivirían aun en el departamento de la pelirroja mientras tanto. Pero a Claire le frustraba que el ego masculino de su esposo, multiplicado al infinito cuando se le unía Chris, hiciera aun más lento el proceso. Frases como: "¿Pagarle a alguien para que arregle algo tan sencillo? ¡Por favor! Yo me hago cargo" salían cuando ese par, Billy y Carlos se reunían, lo cual impedía que contrataran especialistas en la materia para acelerar la mudanza.

-Recuerda Claire –añadió la rubia mientras caminaba hacia la puerta del departamento- si Leon no está, yo soy el hombre de esta familia, y es mi deber conseguirte esas fresas.

Leon había viajado desde el día anterior, casi en contra de su voluntad, por un llamado del Presidente Benford. La D.S.O. (Division of Security Operations) debía quedar funcionando lo antes posible, por ello Leon viajaba a menudo a Washington. Normalmente eran viajes relámpago para arreglar alguna cuestión que no pudiese ser tratada vía remota. Lo máximo que había permanecido lejos de su hogar fueron 20 horas. Sin embargo, ahora que se estaba reclutando a los agentes, se requería de su presencia constante, pero él prefería viajar a dejar a su esposa sola en su avanzado estado de gravidez.

El intercomunicador sonó. Claire estaba sorprendida de que alguien saliera de su casa en medio de la tormenta. Al presionar el auricular descubrió quién se encontraba en la puerta de su edificio. Dos minutos después y tras abrir la puerta, Sherry se encontró con un Carlos tiritando de frío. Le echó los brazos al cuello mientras le daba un beso de bienvenida…

-Por favor, déjenme entrar. Necesito una chimenea con urgencia. ¡Hace muchísimo frío!

-¡Claro, adelante, amor!

-Carlos, me da mucho gusto verte, pero ¿qué te trae por aquí en medio de la tormenta? –interrogó Claire desde la sala.

-En la B.S.A.A. me dijeron que Leon estaba fuera de la ciudad, así que vine a cuidarlas. Mi hermosa rubia y su preciosa madre embarazada no pueden quedarse solas…

Claire se sonrojó. Era tan curioso cómo todos sus allegados decían abiertamente que Sherry era su hija. Era absurdo, pero sentía maripositas en el estómago cada que le daban ese título. Su sueño de tener una familia por fin era una realidad.

Por otra parte, sabía que muchas de las frases de Carlos eran perfectamente ensayadas. Se vieron contadas ocasiones antes de que él iniciara su noviazgo que Sherry y rodaba los ojos cada que él empezaba con sus intentos de galanteo con cualquier fémina con buenas curvas que se cruzara en su camino. Para su fortuna, él le tenía tanto miedo a Chris que jamás tentó su suerte flirteando con ella. Pero ahora que Claire pesaba como 90 kilos y se sentía muy poco atractiva, eran bien recibidos esos cumplidos.

-Pues llegas justo a tiempo novio mío, porque estaba a punto de salir.

-¿En medio de Nueva York congelado? ¡Sobre mi cadáver!

-Pues sobre tu cadáver si es necesario, pero Claire tiene antojo de fresas y saldré a conseguirlas.

-Carlos, por favor, ayúdame a convencer a esta terca niña que no hay nada abierto en estas condiciones –dijo Claire poniéndose de pie con algo de dificultad y acercándose al moreno.

-De hecho el mercado de frutas sí está abierto. Acabo de pasar por ahí.

-¿Ves Claire? ¡Ahora vuelvo!

-No señorita, usted no sale de aquí. Yo iré a conseguirlas. No te preocupes Claire, regresaré en unos minutos con esas fresas; no me arriesgaré a que el pequeño Kennedy nazca con cara de fresa.

Y cual ciclón, sin esperar réplica, Carlos salió en búsqueda del antojo de Claire. Supusieron que no tardaría ni veinte minutos en regresar, pero las manecillas del reloj siguieron avanzando. Ambas mujeres estaban muy preocupadas, especialmente porque el teléfono celular de Carlos enviaba las llamadas directamente al buzón.

Pasaron más de dos horas cuando el chico latino apareció. Sherry casi le tira los dientes a la par que lo estrechaba con amor. Estaba tan angustiada y enojada. Más de una vez estuvo a punto de salir a buscarlo. Sólo se quedó en casa cuando la pelirroja, con los ojos acuosos, le dijo que tendría muchísimo miedo si ella también salía del edificio.

-¿Qué demonios te pasó? ¿Por qué tardaste tanto? ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? ¡Eres un desconsiderado, ni siquiera respondías mis llamadas!

La apariencia de Carlos Oliveira en ese momento bien podía competir con la de Pie Grande. Su chamarra estaba cubierta de nieve y su rostro tenía cierta tonalidad cerúlea, como si estuviera al borde de la hipotermia. Claire intervino al verlo en semejante estado. Le indicó a Sherry que trajese mantas, agua tibia, pantuflas y el termómetro… La rubia obedeció sin chistar al ver la cara de preocupación de la señora Kennedy.

-¿Carlos? ¿Estás bien? En seguida vendrá Sherry con todo… no te preocupes –le dijo mientras lo conducía hacia el sillón, muy cerca de la chimenea.

-Cla-cla-ii-re… aq-aquí… e-e-es-tan… tu-tus… fre-fre-e-e-sa-s

A Claire se le llenó el corazón de ternura. Carlos había sufrido las inclemencias del tiempo sólo para conseguirle su antojo… Pero ¿por qué había tardado tanto?

Después de media hora de ayudarlo a entrar en calor, y ofrecerle prendas de Leon para que se quitara la ropa mojada, Carlos bebía un té bien caliente mientras les explicó que cuando se dirigía al establecimiento donde vendían frutas exóticas, el motor de su auto, debido a las bajas temperaturas, simplemente dejó de funcionar. El teléfono celular quedó en las mismas condiciones. Él intentó arreglar el auto y allí estuvo aproximadamente dos horas sin lograr nada. Luego pensó que nadie se robaría su último modelo si lo dejaba allí, así que caminó tres calles para llegar a la frutería, lo cual lo ayudó a entrar en calor. Al regresar y buscar su auto, no se pudo explicar cómo, pero éste simplemente desapareció. ¡A él le había tomado dos horas el sólo intentar que arrancara, pero alguien pudo hacerlo avanzar en menos de veinte minutos y simplemente se lo llevó! Sin tener medio móvil con el cual regresar al hogar de los Kennedy, lo único que pudo hacer fue caminar en medio de una tormenta. Eso sí, las fresas de Claire las mantuvo en su abrigo, intactas.

Mientras Carlos narraba lo último, la puerta del departamento se abrió revelando la figura de Leon debajo de un pesado abrigo saturado de nieve.

Claire le sonrió y él devolvió el gesto, pero cuando reparó en la presencia de Carlos frunció el entrecejo. ¿Qué hacía Oliveira en su casa? ¡¿Estaba usando uno de sus pijamas?!

-Amor, te esperaba hasta la noche… ¿Solucionaron las cosas rápidamente? ¡¿Cruzaste el estado en medio de semejante tormenta?!

-Sí a ambas cosas, ¿qué sucede aquí? –Acercándose a su esposa para darle un beso en los labios se dio cuenta de que su invitado tiritaba de frío.- ¿Estás bien, Carlos?

-Sí, lamento usar tus cosas, viejo, pero me atacó una tormenta allá afuera y robaron mi auto…

-Wow, no te preocupes… ¿Estás bien?

-Moralmente decaído… ¡Adoraba a mi auto! Espero poder recuperarlo…

-Y todo sucedió por ir a conseguirme unas fresas –añadió Claire.

Leon recordó algo en ese momento, así que regresó al recibidor, donde había dejado su mochila y sacó una bolsa bastante grande.

-Por cierto, Hunnigan te manda esto –la joven embarazada tomó el paquete que le entregaba su esposo. Sherry se acercó curiosa y al abrirlo se encontraron con un frasco de mermelada de fresa, helado de fresa, algunos chocolates rellenos de fresa y otros cubiertos de lo mismo y para coronar un enorme recipiente con fresas cristalizadas-. Vio la publicación de Sherry en Facebook sobre el antojo que tenías por comer fresas y te envió un poco de su arsenal personal.

-Wow, Hunnigan debe tener un enorme almacén si es sólo un poco –musitó Sherry-. Viendo esto, no me explico cómo tiene esa figura…

-Créeme que yo tampoco me lo explico -respondió Claire, pero vio de soslayo como Carlos, luego de saber que había arriesgado su vida en vano, entristeció ante el ostentoso obsequio, por lo que añadió:- Pero la verdad es que el bebé tiene antojo de fresas naturales, como las que Carlos me trajo. Aun así, le agradeceré a Ingrid el obsequio.

El rostro de Carlos resplandeció y levantó el mentón con presunción. Ese gesto incomodó a Leon, pero en el fondo, muy en el fondo, valoraba el gesto de su camarada. Cualquier persona que tratara bien a su Claire, sería siempre bien recibido en su casa.

Fin de flash back

Tuvieron muy poco tiempo para lamentar la pérdida de Carlos. En realidad no pudieron llorar a ninguno de sus muertos. Camino a la B.S.A.A. Leon recibió un aviso de Hunnigan. Tenían reportes sobre un laboratorio clandestino en la India. Lo que más preocupaba era la sospecha de la presencia de Frederick Downing en el complejo de edificios de acuerdo al reporte de un agente que se encontraba en la zona. En las imágenes aéreas podían hallar varios logos de la extinta Umbrella.

El Presidente integró un escuadrón con los mejores agentes de la D.S.O., solicitando como favor especial a Leon el dirigirlos. Después de todo, Leon conoció a Downing y sabía cómo trabajaba. Kennedy aceptó la misión de buena gana y sabiendo de sobra que los equipos numerosos pronto mermaban, solicitó al Presidente que el grupo de 10 miembros fuese reducido a dos: Él y otro agente, a quien Benford considerase mejor cualificado para la misión. Lo que menos quería era presenciar más muertes. De inmediato la B.S.A.A. se unió y Chris solicitó liderar a su grupo. Piers se ofreció para apoyar a Chris en esa misión. Después de todo, no era la primera vez que trabajaban juntos y todos reconocían el excelente equipo que formaban.

Sheva Alomar sería pareja de Leon. Llevaba varios años viviendo en la India. Formaba parte de la D.S.O. y la B.S.A.A. como miembro encubierto y conocía bastante bien el movimiento de aquella zona. De hecho fue ella quien dio la alarma de movimientos sospechosos, sin embargo, conociendo los protocolos de las organizaciones, prefirió dar el aviso a la D.S.O. para que enviaran más agentes. Conocía por rumores la fama de Downing y si lo iban a enfrentar, sabía que un solo escuadrón no sería suficiente.

Pero alguien no estaba conforme con esas designaciones...

-¡Simplemente no pueden dejarme fuera! ¡Formo parte de la B.S.A.A. desde su fundación y exijo que me incluyan en la misión!

En la oficina de Chris se llevaba a cabo una batalla campal. Claire había solicitado ingresar en cuanto se enteró del viaje a la India, sin embargo su hermano no se lo permitía. La pelirroja primero pidió amablemente su ingreso al equipo, ahora, con la palma de su mano golpeando fuertemente el escritorio de Chris, demandaba.

-Trata de tranquilizarte Claire, y por favor, no generalices –argumentó Leon intentado hacer entrar en razón a su esposa-. Yo iré como agente de la D.S.O., no podría incluirte en el equipo, aun sí quisiera hacerlo. Y realmente no hay motivo para que formes parte del grupo.

-¿Qué pretenden entonces? –Continuó Claire como si no hubiera escuchado a Leon- ¡¿Quieren que desde una pantalla me mantenga al tanto de lo que ocurre?! Chris, al menos déjame formar parte del equipo Beta. Si algo sale mal yo podría...

Jill y Leon intercambiaron miradas. Era la primera vez en su vida en la que Claire era quien perdía los estribos y no se imaginaban cómo podría terminar eso.

-Claire, en este momento no soy tu hermano, soy tu superior en la Alianza. Estoy al mando y te digo que no formaras parte del equipo Alpha y no habrá un Beta.

-¡¿No llevarás refuerzos?! –preguntó sorprendida.

-Tú mejor que nadie sabe que más hombres implican más vidas perdidas. Llevaré cuatro hombres y Leon a una compañera. Pienso que incluso ése es un número alto de soldados para esta misión.

-Pero no te enfrentarás a cualquier persona. Estamos hablando de Frederick Downing. Por Dios, Chris, ese hombre sería capaz de vender a su propia madre como objeto de estudio y no dudo que lo haya hecho. Entiende que si voy con ustedes podría apoyarlos. ¡Yo conozco a Downing!

-Leon también y con eso me basta. No vendrás con nosotros, Claire. ¡Grábate de una vez en esa cabecita tuya que no entrarás en el campo de batalla!

-Eres un maldito testarudo. ¡No estás entendiendo la situación!

Chris Redfield, con su 1.87 de estatura y sus musculosos brazos, se puso de pie y colocó las manos sobre el escritorio causando un estruendo al golpear la madera, en idéntica posición a la de su hermana. Leon y Jill se mantenían expectantes. A la rubia le hubiera gustado intervenir para intentar tranquilizar a Claire o a Chris, pero sabía que cuando un Redfield llegaba a ese punto, ya estaba de más intentar calmarlo.

Por su parte, por mucho que a Kennedy le repateara ser un simple espectador y escuchar cómo le gritaban a su esposa, entendía que Chris tenía el poder para dejarla fuera de la misión, y en realidad eso era lo que él mismo quería, sólo que no tenía ni las agallas ni la autoridad suficientes para oponerse e imponerse a Claire de la manera en que Chris Redfield lo hacía.

-La que no entiende nada aquí eres tú –habló Chris en un tono peligrosamente bajo. Realmente inspiraba miedo cuando hacía eso-. Lo deletrearé para que te quepa en la cabeza: Aquí yo doy las órdenes, tú obedeces. Si no lo haces, puedo suspenderte indefinidamente de tus funciones, y sabes que lo haré. Te quedarás en el cuartel y apoyarás dentro de Nueva York, ¿queda claro? ¡Esa es mi última palabra!

Claire estaba totalmente indignada y ofendida. Ella no era ninguna chiquilla para que fuese tratada de esa manera, pero sabía que tenía perdida esa batalla, así que conteniéndose para no saltarle encima a su hermano, dijo:

-Pues métete tu última palabra por…

El comunicador de Leon con la D.S.O se activó, interrumpiendo la frase de la pelirroja. Todos en la oficina de Chris sabían de quién se trataba y lo voltearon a ver. Kennedy presionó el botón de contestar y apareció en la pantalla Hunnigan.

-Buenas tardes, Leon. Necesito hablar con Claire, ¿está cerca?

-Hola Ingrid –respondió la pelirroja con tensión en la voz a causa del enojo contenido.

-Hola Claire, espero no haberme comunicado en mal momento…

-No, en lo absoluto. Es sólo que este par de machos retrógrados no permiten que me integre en la misión a la India.

Leon bufó y rodó los ojos. ¡Ahora hasta estaba incluido en el paquete!

-Pues, si estás de acuerdo, el Presidente tiene un puesto para ti…

-Ingrid, Claire no puede… -Pero Kennedy no pudo continuar, porque un par de ojos grises lo miró amenazantemente. De todas las cosas que podían paralizar a Leon S. Kennedy, esa mirada de su esposa encabezaba la lista. Pero Chris no sólo era inmune, sino que tenía potestad, al menos laboralmente, en lo que concernía a su hermanita y el peligro que se cernía sobre ellos.

-Hunnigan, Claire es miembro activo de la B.S.A.A. y yo no daré mi autorización para que ingrese al campo…

-¡Ya cállense los dos! –Interrumpió Claire agradeciéndole al Dios de los cielos su intervención- ¡Si el Presidente de los Estados Unidos dice que me necesita, debo servir a mi país sin importar dónde trabaje! ¡Así que sí, sí puedo! ¿En qué equipo estaré?

-Redfield, no creo que se desafíen los estatutos de la Alianza si Claire apoya como backup integrando ambos escuadrones. Yo apoyaré al de la D.S.O. y Jill a la B.S.A.A.

Chris y Leon suspiraron aliviados. Claire no entraría en batalla y eso era todo lo que se necesitaba para mantenerla a salvo. La pelirroja sintió que en realidad estaba siendo traicionada por ese Dios de los cielos.

-De acuerdo, Claire podrá apoyarlos –dijo Chris con una sonrisita de superioridad.

-Claire, ¿tienes alguna duda de tus funciones? –añadió Hunnigan con ese tono profesional que todos conocían.

La señora Kennedy resopló. Estaba acorralada. Y por abrir su bocota ahora no tenía cómo negarse o solicitar otro tipo de participación en la misión. Así debía sentirse Chris cada vez que se metía en problemas por no saber controlar su lengua. Ni hablar, si ese era el papel que le daban, no quedaba más opción que resignarse. Después de todo ya había aceptado, aunque tenía a ese Dios de los cielos que la había traicionado como testigo que ni remotamente se acercaba a lo que en verdad quería hacer. Si buscaba el lado positivo, al menos podría tener la información de primera mano.

-No tengo dudas Ingrid.

-La misión inicia a las 15:00 hrs. –dijo Hunnigan con esa voz profesional que todos conocían-. Deberán desmantelar el laboratorio, recabar pruebas de la presencia de bioarmas y datos que puedan ayudar a eliminarlas. Finalmente, deben capturar con vida a Frederick Downing, de tal modo que pueda ser interrogado, ya que es un testigo clave en la batalla que se lleva a cabo contra el bioterrorismo. Ambos escuadrones se encontrarán en Nueva Delhi y partirán al sur, en la región de Goa, donde se encuentran las instalaciones de la denominada Neo Umbrella. Tendrán el respaldo de la B.S.A.A. y de la D.S.O en todo momento…

Todo se realizó de acuerdo a los protocolos establecidos por ambas organizaciones. Jill se apoyó en un equipo de niñeras que formaban parte de la B.S.A.A. para realizar ininterrumpidamente su trabajo. No podía darse el lujo vivir el duelo por perder a su amigo Carlos. Ahora debía proteger la vida de sus camaradas, especialmente la de su esposo y apoyar a Claire a cuidar al suyo. Tenía claro que ningún sentimiento personal estaba por encima de la seguridad del equipo.

Las horas de vuelo les parecieron una eternidad. Al llegar ambos equipos descendieron. Chris como era natural lideraba el equipo de la B.S.A.A., integrado por cinco miembros, contándolos a él y a Piers. Él se movía al frente, seguido muy de cerca por Nivans. Sheva y Leon trabajarían juntos. Esto complicaba un poco la situación, pues se conocían y estaban al tanto de los talentos del otro, pero jamás habían sido colaboradores.

-Capitán Redfield, las instalaciones de Neo Umbrella están disfrazadas por un complejo de oficinas de una aerolínea hindú. No te será difícil entrar. En tu GPS están las coordenadas y dos mapas tridimensionales que el gobierno tenía en su poder. Son sólo de la construcción externa. Veintitrés pisos en dos de los edificios, el tercero consta de treinta y cinco, pero te apuesto una cena a que hay construcciones subterráneas.

-Entendido Jill. Envía estos mapas al equipo D.S.O. e indícale que ingrese a la construcción revisando el edificio A y C. Nosotros nos haremos cargo del B. Me vendrá bien subir 35 pisos. También buscaremos la entrada subterránea…

-De acuerdo, ten cuidado por favor.

-Fuera.

La voz de Chris Redfield en misión era tan diferente a la de su esposo. Cuando estaba en campo no se permitía errores ni bromas. Era frío y seco. Sabía perfectamente que era su responsabilidad cuidar la integridad de su equipo y su deber era sagrado. Jill ya había coordinado misiones anteriormente, pero eran para el desmantelamiento de algún laboratorio abandonado. Nunca se había sentido tan tensa como en ese momento y deseó realmente ser apta para el trabajo.

A unos metros de ella se encontraba Claire. Igual de enfocada en su misión. Ella se encargaba recibir documentos de Ingrid Hunnigan y hacérselos llegar a Jill. Tenía comunicación abierta con ambos equipos, pero no la usaría a menos que fuese estrictamente necesario para no saturar los canales.

Jill respetaba mucho a la pequeña Redfield. Su infancia no había sido sencilla y había crecido guiada por un hombre cabeza dura. Ella, para contrarrestar esa característica de su hermano, había desarrollado sentido común. Según Chris nunca le dio problemas, no fue una adolescente rebelde ni conflictiva, excepto cuando se hizo fanática de las motocicletas, pero en vez de castigarla o prohibírselo, Chris gastó los ahorros de toda su vida y le obsequió una Harley Davison arrancándole al promesa de tener cuidado extremo al manejarla. Según le contó, Chris siempre tuvo la impresión de que su hermana menor se esforzaba para que él no la viera como una carga.

La familia de Claire era preciosa, formaba una pareja perfecta con Leon. En lo absoluto era justo lo que le sucedía. Si alguien merecía vivir en paz y felicidad era ella. Jill la apoyaría siempre para acabar con ese maldito Steve Burnside… Se lo debía a Claire.

La comunicación se abrió en ese momento:

-Redfield, me encuentro con Alomar inspeccionando el edificio C –habló Leon al comunicador-. El edificio A estaba limpio. Recién encontramos una base de datos que muestra avances sobre investigaciones con virus C y nombres de al menos 20 B.O.W.'s. Los datos fueron enviados a Hunnigan. Cambio.

-Aquí Redfield. Kennedy, el edificio B estaba limpio, pero hallamos una entrada subterránea; el mecanismo de acceso estaba escondido en las cascadas ubicadas a la entrada del edificio B. Hemos bajado y esto tiene toda la pinta de ser laboratorio clandestino… Cambio.

-¿Pruebas de mutaciones, Capitán Redfield? –interrogó Jill.

-Aun no. Pero es seguro que las hallaremos. Cierro comunicación hasta encontrar pruebas.

-Equipo D.S.O. termina inspección en edificios. Se une a construcción subterránea. Cambio.

-Confirmen posición al unirse con equipo B.S.A.A. –solicita Hunnigan.

-Enterado. Cierro.

Jill y Claire dejaron escapar un suspiro simultáneo. La verdadera misión acababa de empezar. Leon y Chris trabajarían mano a mano por vez primera…

En Goa la excitación comenzaba a palparse. Ninguno de los integrantes de la misión era un novato. Todos sabían lo que encontrarían y sabían también que se jugaban la vida.

El primer ataque vino en serio. Nada de zombies. Fueron algunos B.O.W's los encargados de darles la bienvenida. El baño de sangre dio inicio. Tres camaradas de Chris cayeron al ser emboscados por cinco B.O.W.'s denominados Ogroman según la base de datos que Leon encontró. Estos seres eran una enorme masa muscular mezclada con una endemoniada velocidad y resistencia, no fue difícil para esos seres atravesar el pecho de uno, arrancarle la cabeza a otro, ni descuartizar al tercer desafortunado integrante del escuadrón de la B.S.A.A.

Realmente Chris se sintió al límite. Por primera vez empezaba a sentirse viejo. Piers lo había salvado ya en dos ocasiones gracias a sus maravillosos reflejos. Debía concentrarse en cumplir la misión, pero no podía dejar de pensar que ya tenía su confirmación… quizá ya había encontrado a su sucesor en la B.S.A.A.

Un comité de los llamados J'avo fue el encargado de darles la primera prueba de lo que hallarían en esas instalaciones a Leon y Sheva. A Kennedy le tomó por sorpresa ver semejantes aberraciones, pero de inmediato se recuperó. No tenía de qué extrañarse, después de todo eran los herederos de Umbrella. Lo que le causó más impacto fue darse cuenta de que esas criaturas conservaban algo de inteligencia, por lo tanto, los ataques eran más difíciles de sobrellevar.

-Aquí hay demasiados monstruos reunidos. Parecen infectados por virus C y tengo tres bajas en el equipo Alpha –dijo Redfield en medio de la crisis mientras se comunicaba con Leon.

-Tenemos dificultades para terminar con los J'avo, pero Alomar y yo tenemos la situación bajo control.

-Bien, en cuanto terminen intégrense con nosotros. Estoy seguro de que esto es sólo el inicio.

Esa era la única información con la que contaban en Washington y en la B.S.A.A. Sabían cuán peligrosa era la misión, pero nunca se imaginaron que aún haciendo equipo se verían tantas pérdidas humanas. En ese momento sólo quedaban cuatro sobrevivientes: Chris, Leon, Sheva y Piers… En ambas organizaciones rezaban para que regresaran a casa…

CONTINUARÁ…

HOLA CHICOS Y CHICAS DE FANFICTION NET!

Qué gusto me da saludarlos, especialmente después de terminar con este capítulo que me ha costado noches de insomnio y desvelos! Sorry por dejarlo ahí, sé que querían ver la batalla, pero ya llevaba 16 hojas de Word y no terminaba! No quiero hacerles la lectura pesada, así que en el siguiente episodio concluiré la entrada al laboratorio!

A último minuto decidí añadir el flash back de Carlos. Ese tipo sí me agradaba, era coqueto y de fácil sonrisa (creo yo, parecido al personaje de Steve), haciéndose el chulo siempre, pero su actitud me simpatizaba, por eso decidí hacer algo lindo con su personaje antes de matarlo (o después?).

Quiero decirles que soy la persona más feliz del mundo por el recibimiento que ha tenido este fanfic y los bellos comentarios que han hecho. Con seis capítulos ya casi rebasan los reviews de ENCUENTROS INESPERADOS! Logro ver que aunque hay a quien no le gusta las historias Cleon hay mucho respeto, como debe ser!

AGRADEZCO DE TODO CORAZÓN A QUIENES LEEN EL FANFIC, un review me deja saber por dónde ando, si les está gustando o no, pero saber por las estadísticas que en toda Latinoamérica y Europa lo están leyendo, me emociona sobremanera!

He de añadir que estoy gratamente sorprendida al saber que cada vez hay más chicos leyéndolo. En la precuela descubrí que somos una amplia población de chicas escribiendo fanfics y por supuesto leyéndolos, pero han sido pocos (muy pocos) los chicos que se han unido a este grupo, así que cuando leo el review de uno (sin menoscabar los comentarios del ejército de féminas fans de Leon –del cual orgullosamente formo parte-!) me siento muy halagada, porque confirmo que el objetivo que tuve al inicio de hacer este fic menos rosa, se está cumpliendo.

Pues, sin más me despido y el próximo capítulo espero subirlo a más tardar el quince días, tomando en cuenta que me tardé casi un mes en subir el VI! Mi meta para terminar este fanfic en julio sigue en pie!

Besos a todas y todos!

Pily-chan.