CAPÍTULO IX… VIRUS Y MERCENARIO
Chris sintió un dolor que jamás había experimentado, pero sobretodo tuvo miedo. Por primera vez en su vida estaba recibiendo un daño del cual muy probablemente no pudiera recuperarse… No quería abandonar su vida, a sus pequeños hijos, a su amada esposa…
-¡Chris, no! –gritó Leon, pero no pudo acercarse a ayudar a su cuñado, pues cinco perros lo rodearon.
-¡Redfield, cuánto lamento que tengas que pasar por esto! Eres el mejor guerrero, nadie si no tú pudo terminar con Albert Wesker y ahora morirás por la simple mordida de un perro zombie… A menos que…
-¡Maldito seas Downing! –Gritó Redfield interrumpiendo al científico-. ¡No quiero morir, pero si me he de ir, te llevaré conmigo!
Y para darle sustento a sus palabras, Chris, aun con sangre brotando de su brazo herido, levantó su arma y apuntó a la frente del hombre de impecable traje. Para su total sorpresa, el inglés sólo sonrió. Frederick sabía que ahora tenía que enfocarse en detectar el momento para inyectar a Redfield y lo demás se haría solo. Parecía que la Diosa Fortuna le sonreía ese día.
-Sabes perfectamente que en poco tiempo morirás por la infección... Además, te estás desangrando. Pero soy un hombre generoso Christopher…
-Vete al infierno –gritó Chris mientras disparaba un par de veces…
Pero las balas ni siquiera se acercaron a Frederick. Un licker lo cubrió con su cuerpo y envolvió a Chris provocando que perdiera puntería. Su arma cayó a unos cuantos metros.
-¡Maldito, suéltalo! –gritó Nivans sumamente alterado al ver en peligro mortal al hombre que admiraba tanto. Sin embargo sabía perfectamente que correr hacia él siguiendo sus impulsos sólo causaría desorden y no podía darse el lujo de tener otra pérdida en su equipo.
-Redfield parece que tus compañeros no me dejaran trabajar en paz, así que vendrás conmigo…
Frederick sacó de unos de sus bolsillos un pequeño dispositivo transparente. Presionó unos cuantos botones mientras escuchaba como sonido de fondo los disparos que efectuaban los 3 integrantes de la B.S.A.A. Pronto un pitido resonó y uno de los tanques bajó, desapareciendo de su vista, para dejar libre un pasillo. El hombre de cabellera canosa avanzó con tranquilidad mientras el licker lo seguía de cerca, llevando a cuestas a Chris, quien forcejeaba para liberarse, pero en el estado en el que se encontraba, poco podía hacer para oponerse.
-¡No, Chris! –Sheva había acabado con varios de esos perros, así que observando que Leon y Piers tenían la situación controlada, corrió para no perder el rastro.
Tan pronto como Frederick, el licker y Chris ingresaron a un pequeño cubículo, el cual tenía dos puertas, Frederick se dio prisa para realizar su trabajo. Él ya tenía su boleto de salida. Sólo debía terminar su misión y podía partir. En sus planes estaba que al menos uno de los otros tres miembros de la B.S.A.A. que se había quedado afuera sobreviviera, pues al terminar de trabajar en él, Redfield necesitaría auxilios médicos urgentes o podría morir.
-No temas Christopher. El mundo lamentaría la pérdida de un guerrero como tú y yo no lo voy a permitir. Aun queda mucho trabajo para ti. Y créeme que te estoy haciendo un valioso obsequio al darte el virus C estabilizado… Ahora todo dependerá de tu organismo. Los tuyos necesitarán de eso para enfrentar a Steve Burnside.
Lo que decía era completamente en serio. Después de todo, Redfield era el candidato idóneo. El virus le daría poderes sobrehumanos, pero era bien sabido que, a diferencia de su hermana, Chris era un hombre visceral y podía correr hasta su destrucción en muy poco tiempo. Además, debido a las características corporales del hermano mayor de Claire, y gracias a los estabilizadores que había desarrollado en el virus para evitar mutaciones, esperaba que el organismo de Redfield procesara la infección mejor que Leon. No debía olvidar que Kennedy ya había sido infectado con anterioridad por Las Plagas, y no sabía a ciencia cierta si el equipo médico gubernamental había logrado eliminar por completo los rastros del virus de su sistema.
De un gabinete, Frederick sacó un portafolio, al abrirlo se liberó un vapor, mostrando que la temperatura estaba siendo regulada. Tomó un frasco y con total precisión preparó la inyección que le cambiaría la vida a Chris Redfield.
Chris estaba cayendo en un extraño sopor. A penas y escuchaba lo que sucedía a su alrededor. La visión se hacía borrosa. Había perdido mucha sangre y empezaba a sentirse febril; sabía que ese era el principal síntoma de la infección que corría por su cuerpo. Él había visto lo que ese virus C podía hacer en las personas. Moriría, pero antes su cuerpo mutaría y él atacaría a sus compañeros, y ellos lo asesinarían después. Esa historia él la conocía perfectamente bien. Sus minutos estaban contados.
Escuchaba la voz de ese anciano demente de forma vaga. No lograba entender lo que decía. Se maldecía una y otra vez por haber sido tan descuidado y por no cumplir la promesa que le hacía a Jill cada que salía de misión: regresar a salvo.
No lo pudo evitar, algunas lágrimas salieron de sus ojos al pensar en sus pequeños… Pudo ver a Jill vestida de negro, tan hermosa ella, y a sus cinco hijos al pie de una tumba. Su hermana también estaría allí. Tal y como había pasado hacía unos días en los funerales de sus amigos. Todos lloraban.
¡No! Al demonio con todo eso. ¡No quería morir, no quería que lloraran por él! Aun no había acompañado a sus pequeños a su primer día de clases en la escuela básica. Aun no lo llamaban de la escuela para quejarse de la rebeldía de Christian, de lo apático que a veces mostraba Julian cuando algo no le interesaba, del brillante aprovechamiento de Edward, ni tampoco había tenido que lidiar con las escapadas de Kevin a las fiestas de sus muchos amigos. Aun no sentía esa rabia y el dolor que le causaría saber que su adorada Samantha ya tendría novio...
Chris Redfield no podía morir ahí; no ese día. No de esa forma. Aún le faltaba decidir a dónde viajaría con Jill cuando se retirara del trabajo. Quería conocer una isla poco poblada, donde él y su hermosa esposa pudieran pasar el resto de sus vidas lejos del mundo, visitados eventualmente por sus hijos, y disfrutando en completa paz de su amor.
Y entonces lo sacaron de sus pensamientos… sintió un pinchazo en el cuello y todo se nubló… ¿Todo había acabado? ¿Frederick lo inyectaba para acelerar el proceso y convertirlo en un monstruo, como esos contra los que luchó y juró eliminar? No, Dios, no quería convertirse en eso… No quería lastimar a la gente que amaba, no quería dejar de sentir amor por su familia y amigos. No quería dejar de ser él: Christopher Redfield.
Sheva ingresó cuando el licker dejaba a un inconsciente Chris sobre una mesa de lámina. No veía a Frederick Downing por ningún lado. Con disparos rápidos y certeros terminó con la vida de ese monstruo y corrió hacia su amigo. Tomó sus signos vitales y la respiración de Sheva, que sin darse cuenta había contenido, se regularizó. Redfield tenía pulso y su temperatura corporal parecía normal. Algo había sucedido, porque la infección aun no había iniciado. De acuerdo a los datos que ella poseía sobre el comportamiento de ese virus, el desarrollo infeccioso iniciaba de inmediato en el huésped tan pronto el virus C se instalaba, pero algo estaba sucediendo allí.
Al escanear el cuerpo de Chris halló que la herida que le había causado ese perro ya no sangraba, y extrañamente, el tejido que había sido arrancado, comenzaba a regenerarse. Eso la asustó un poco.
Dio un rápido vistazo a su alrededor y halló el portafolio abierto y desechado un frasco de cristal con una aguja. Se acercó y vio que el embolo no tenía ninguna etiqueta. Algo le habían inyectado a Chris, quizá el antídoto. Pero eso no tenía ningún sentido.
Ni siquiera un minuto pasó desde que ella halló a Chris, cuando entró el resto del equipo. Leon y Nivans eliminaron a los BOW's que quedaban arrojando una granada de desfragmentación. Kennedy de inmediato corrió hacia la plancha en la que se encontraba el líder de la B.S.A.A.
-¿Qué sucedió? ¿Cómo está Chris?
-No lo sé con seguridad. Mira, la mordida en su brazo sigue allí, pero la hemorragia se ha detenido. No hay señales de fiebre… Y parece que antes de irse, Frederick lo inyectó, pero el frasco no está etiquetado.
-¡Maldición!
En ese momento, el cuerpo del castaño comenzó a convulsionar, asustando a los presentes. Leon se acercó de nuevo a Chris, tomando precauciones, pues era probable que su cuerpo mostrase alguna deformación, pero no era así. Decidió no perder más tiempo. Leon presionó el pequeño interruptor de su comunicador y habló con Hunnigan.
-Necesitamos apoyo médico urgente. Redfield está herido.
-El equipo médico se acerca a la zona. En menos de cinco estará allí. ¿Qué clase de herida tiene Redfield?
-Fue atacado por un BOW.
-¿Ha sido infectado?
-No lo sabemos con certeza. Fue mordido, pero no presenta señales de infección. Tampoco hay mutación en su cuerpo. Los signos vitales parecen estables, sin embargo, perdió mucha sangre. Ahora mismo convulsiona.
-Entendido. El equipo médico está a tres de distancia. ¿Hay noticias del blanco?
-No, iré por él. Hay algo más Hunnigan.
-¿Qué sucede?
-Antes de irse, Downing inyectó algo en el cuello de Chris. No sabemos qué fue.
-Enterada. El equipo llegará por Chris. Cambio.
-Entendido. Te notificaré si sucede algo.
-Cuídate Leon. Fuera.
Mirando a Sheva, dijo:
-El equipo médico ya viene. Nivans, quédate con Chris. Sheva y yo iremos tras Downing. No podemos…
Una alarma comenzó a sonar de forma estrepitosa. Leon ya estaba acostumbrado a eso. Cada vez que se infiltraba en algún laboratorio o zona de experimentación, si alguien quería escapar activaba la autodestrucción de las instalaciones para evitar que se recabasen pruebas. Cinco minutos para la detonación, avisaba esa voz computarizada en los altavoces.
-No hay tiempo que perder –dijo la joven mujer de origen Africano-. ¡Vamos!
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Jill no podía con la angustia. ¡Chris estaba herido! Luego de escuchar los escuetos detalles que les diera Ingrid, su mente no dejaba de trabajar pensando en una u otra manera de hacer que el organismo de Chris soportara lo que quiera que le hayan inyectado… La B.S.A.A. disponía de excelentes médicos y bioquímicos, pensaba en varios nombres célebres en el campo para reunirlos y hacer que revisaran a su esposo y trabajaran en su caso… Pero había alguien particularmente bueno. Una joven bioquímica que era capaz de manipular los virus como nadie…
-¡Sherry! –dijo Claire.
Parecía que la mente de ambas había recorrido el mismo camino.
-Pero ella… –intentó refutar la mujer rubia.
-No hay nadie mejor para tratar a mi hermano. La llamaré ahora mismo.
-Claire, si haces eso Maddi…
-La niña estará a salvo aunque me cueste la vida. Pero no dejaré que a mi hermano le suceda algo. No te preocupes Jill, él estará bien. Te lo juro que así será.
Tomando su teléfono celular, Claire presionó la imagen de Sherry en su pantalla táctil y de inmediato la rubia le contestó:
-Claire, no deberías llamarme…
-Sherry, deben regresar lo antes posible.
-¿Por qué? ¿Sucede algo malo?
-Hirieron a Chris.
-¡¿Qué?! No, no es posible… él… él está…
-No sabemos cómo se encuentra, aun está en misión en la India. Se enfrentaron a Frederick Downing y ese maldito le inyectó algo a Chris…
-¿Un virus?
-Es posible. La única que puede ayudarlo eres tú. Por favor, Sherry...
-Estamos a un par de horas de la India. Iré directamente, pero Maddi…
-Leon está allí… él cuidará de ella, sólo ocúpate de que Chris…
-Tranquilízate. Si se trata de un virus, yo me haré cargo. Mi propia sangre servirá para un análisis comparativo… Sin embargo, no podré hacerlo sola…
-¿Qué necesitas?
-Tal vez esta idea no te va a gustar del todo, pero hace unos días leí un reporte sobre un mercenario que estuvo involucrado en los ataques bioterroristas en Edonia… Los reportes dicen que es muy probable que él tenga los anticuerpos del virus C. Si nuestro hermano fue infectado con ese virus, en ese mercenario podríamos hallar las respuestas que buscamos…
-Dame todos los datos que tengas, pequeña. La Casa Blanca nos ayudará a localizarlo…
-Bien, lo mandaré a tu correo… Dale a Jill un beso de mi parte.
-Lo haré. Te quiero.
-Y yo a ti. Bye.
Tan pronto cerró la comunicación Claire corrió a su computadora para revisar los datos que Sherry le enviaría. Rápidamente explicó el plan a Jill y a Ingrid. En un par de minutos, todas las agencias internacionales buscaban a un chico llamado Jake Muller.
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Por órdenes de Leon, Nivans permaneció junto a Chris escuchando cómo se acortaba el tiempo para la explosión. Quedaban cuatro minutos. El equipo médico llegó rápidamente y comenzaron a actuar, colocando intravenosas en el cuerpo de Redfield y monitoreando sus signos vitales. No comprendían lo que sucedía, porque era un hecho que algo había sido introducido en su organismo, pero no sabían con certeza qué.
Se comportaba como virus, pero era demasiado inestable. De pronto la temperatura corporal subía alcanzado cifras altísimas, y así de pronto descendía. Convulsionaba y se serenaba de un momento a otro. Temían por las secuelas que dejaría en Redfield semejantes cambios en su organismo.
Nivans estaba alejado miraba todo con frustración. Él no entendía ninguno de los términos que empleaban, pero veía con sus propios ojos lo que le sucedía a su mentor y amigo. Tenía miedo.
-Tres minutos para la detonación. Favor de evacuar el área -dijo la modulada voz femenina.
Los médicos se preparaban para salir cuando un pitido llamó su atención. El intercomunicador de Chris. Piers se acercó a ellos y quitó el diminuto objeto del oído de su amigo. Colocándoselo respondió:
-Aquí Nivans.
-Soy Kennedy, te necesito en el ala oeste. Revisa el GPS.
-Entendido.
Tan rápido como pudo, tomó el celular de Chris. Perfecto, pensó Piers. Nada como una buena batalla para despejarse. No podía ayudar a su maestro, pues él no sabía nada de medicina, pero sí podía hacerles frente a esos malditos monstruos.
-Nivans, nos alejaremos por la explosión, montaremos un campamento al frente, pero llevaremos al Capitán Redfield directo al Hospital de Nueva Delhi. Hemos pedido especialistas que estén cerca de la zona para analizar su estado.
-Bien, estaremos allí tan pronto capturemos a ese bastardo que lo infectó.
Luego de ese breve intercambio de palabras, Piers alcanzó a Leon y Sheva. Para esos momentos el joven de cabellera castaña ya estaba harto de enfrentarse a esas criaturas que sólo querían distraerlo. Las lepotitsas los rodearon y a fuego abierto, cuidándose de no inhalar el mortal gas con virus C que despedían al ser atacadas, acabaron con dos de las cuatro criaturas.
Sheva estaba concentrada en acabar con los BOW cuando de soslayo vio a Frederick a unos cien metros presionando algunos dígitos en un teclado de pared. Perdió toda precaución y salió corriendo para darle caza a ese despreciable hombre escuchando cómo sus compañeros la llamaban. Para su buena fortuna, Leon y Piers la cubrieron y ella pudo llegar hasta su objetivo. Corrió a través de una rampa. El helicóptero estaba listo para despegar. Antes de salir de la parte subterránea alcanzó a escuchar "Dos minutos para la detonación, debe abandonar las instalaciones".
-¡No te muevas Frederick Downing! Esto acaba aquí –gritó la mujer con toda la potencia que le fue posible juntar para hacerse oír sobre el ruido incesante y ensordecedor de las hélices del helicóptero. Apuntaba a Downing con su arma, quien le deba la espalda a la morena.
El hombre de blanca cabellera abordaba su helicóptero. Ya estaba encendido y él sólo debía sentarse y dejarse llevar a un destino aislado. Dejó escapar un suspiro cansado. Él ya no quería involucrarse más con esas personas. Sólo deseaba seguir experimentando en algún sitio desierto, alejado de toda esa violencia. Vivir con comodidad el resto de sus días. ¿Acaso no comprendían el valioso obsequio que le había dado a Christopher Redfield? No, no comprendían.
Esos guerreros jamás admirarían la clase de trabajo que había detrás de esos virus. Hombres y mujeres de ciencia habían dado sus vidas por protegerlos. Mentes brillantes se habían sacrificado para llegar a ese punto. Pero eso era algo que gente como Alomar, Redfield, Kennedy o Valentine jamás entenderían.
Frederick ya no hizo amago por atacar. Ingresó al helicóptero y tomó asiento con total tranquilidad, pero Sheva le había dado alcance, colocándose en el marco de la puerta. Elevó aun más la voz.
-¡Alomar, si no quieres morir, retírate. Ve y cuida a tu adorado Redfield y déjame en paz!
-¡No escaparás Downing, así tenga que morir contigo!
Para dar sustento a sus palabras, de entre sus ropas Sheva sacó una granada. Downing la miró con los ojos bien abiertos, sabiendo perfectamente lo que le esperaba.
-¡No seas estúpida Alomar, no saldrás viva!
-Si tú te vas conmigo –con un rápido movimiento jaló el anillo y mostró una sonrisa triunfante- mi muerte habrá valido de algo…
Todo pareció ir en cámara lenta para los protagonistas. El conductor de helicóptero, consciente de lo que sucedía al ver es objeto esférico caer a sus pies, al frente del helicóptero, se lanzó hacia la puerta intentando escapar, pero el cuerpo de Sheva y de Downing forcejeando se lo impidieron. Ambos hombres intentaban empujar a la morena para escapar, pero ella no se los permitía.
En un movimiento desesperado, Sheva golpeó la sien del conductor del helicóptero con la cacha de su pistola, dejándolo inconsciente, pero Frederick seguía forcejeando. Alomar sabía que sólo le restaban un par de segundos, así que sonrió para esperar la muerte. En un sonido lejano alguien la llamó, pero ella no se permitió ni un segundo de distracción.
De pronto, se sorprendió al sentir que Downing no luchaba más, miró su rostro y brotaba sangre de sus labios, bajó la vista y halló una herida en el pecho del hombre de la cual salía aun más líquido carmesí. No comprendía, pero antes de analizar algo más cerró los ojos al sentir que su cuerpo era jalado hacia atrás. Después un sonido más fuerte que el helicóptero la rodeó provocando un pitido en sus oídos.
Rodó por el piso y cuando sentía que recuperaba su audición otra explosión tuvo lugar y ella siguió en shock…
Piers y Leon intentaron seguir rastro de Alomar tan rápido como su condición física se los permitía, pero se encontraron con un par de B.O.W.'s en el camino, a los que vencieron sin mayor dificultad. El edificio estaba por explotar y no había rastro de la morena.
-¡Debemos salir ahora! ¡Esta maldita casa del terror está por explotar!
-Lo sé, pero Sheva…
Dirigiéndose a su comunicador, Leon pidió ayuda a Hunnigan.
-Alomar está en el helipuerto… Tienes la ruta más despejada en tu GPS. No necesito recordarte que tienen un minuto para que todo estalle…
-Gracias y fuera… ¡Corre Nivans!
Ambos salieron disparados hacia la parte trasera del complejo de edificios. El laboratorio estallaría en segundos, pero más que por su vida, Nivans temía por la de esa bella mujer Africana, quien estaba dispuesta a enfrentar sola a ese maldito Downing.
Llegaron a lo que parecía un helipuerto privado y miraron a Sheva forcejear con dos hombres en el interior del helicóptero. Intercambiaron miradas brevemente y Leon apuntó hacia Downing mientras Piers corría hacia la entrada del helicóptero. Antes de jalar el gatillo, vieron cómo el hombre con vestimenta de piloto caía al suelo. Leon sonrió y apuntó al pecho de esa maldita rata blanca. El disparo fue perfecto. Pero cuando vio un flashazo de luz supo por qué querían escapar esos hombres del helicóptero.
Quizá si Piers hubiera razonado un poco, no se hubiese arrojado hacia el helicóptero sabiendo que estallaría a la brevedad. Él también vio ese flashazo. Pero así era él. Capaz de dar la vida por sus camaradas. Jaló del chaleco Kevlar a Sheva, la abrazó con fuerza y se alejó unos cuantos pasos, pero ellos aún estaban cerca.
La explosión los arrojó varios metros. Sus oídos se vieron afectados de inmediato y un dolor punzante en su espalda casi lo deja inconsciente, pero ante todo sabía que debía proteger a esa mujer de cualquier daño. Un segundo estallido lo acompañó y entendió que Frederick Downing y las instalaciones de Neo Umbrella en Goa habían dejado de existir. Suspiró y cerró los ojos…
Tan pronto como Sheva reaccionó, empujó a Piers, quitándose el peso muerto que estaba sobre su cuerpo, y lo llamó repetidamente por su nombre, pero él no respondía. De inmediato movió su mano y la colocó en el cuello del castaño. Halló su pulso. ¡No era tarde!
Leon corrió hacia ellos y vio el estado en el que se hallaba Piers. Había trozos de fuselaje clavados en su espalda y estaba inconsciente. Solicitó ayuda médica. Los refuerzos llegarían pronto…
Sheva observó el pequeño aparato en la oreja de Nivans. Lo retiró y lo miró unos instantes… Por vez primera desde que se había involucrado en ese terrorífico mundo de las bioarmas, Sheva Alomar tuvo deseos de llorar… Respiró un par de veces y se colocó el pequeño aparato para comunicarse con el respaldo de la B.S.A.A.
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-Sheva, el apoyo médico va hacía ti. ¿Cómo te encuentras? –interrogó Jill desde el comunicador que originalmente era de Chris.
-Las heridas de siempre, pero sólo porque Nivans me protegió.
-Tranquila. Él estará bien. No dejaremos que le pase nada.
-Lo sé… Chris también estará bien Jill…
-Lo sé…
En ese momento los médicos llegaron hasta donde Sheva sostenía el cuerpo de Piers en sus brazos. Se retiró para dejar que hicieran su trabajo mientras ella era llevada a una pequeña carpa para hacerle las revisiones de rutina. Leon estaba en la carpa continua, pero él daba el informe a Ingrid. Se le informó que muy pronto vería a su pequeña hija, pues Sherry y la niña llegarían a Nueva Delhi para trabajar en el caso de Chris y proteger a un mercenario llamado Jake Muller.
Durante el traslado a la capital de la India, Leon pidió todos los datos de los que se disponía en la Casa Blanca sobre ese hombre y al leer quedó asombrado. Ese sujeto era un mercenario de sólo 20 años; ofrecía sus servicios al más alto postor y era de los mejores en lo que se refiere al combate cuerpo a cuerpo contra bioarmas.
Lo más sorprendente fue saber que Jake Muller era el vástago no reconocido de Albert Wesker. Pero si eso no lo dejó anonadado, saber que ese chiquillo probablemente tenía en su sangre los anticuerpos del virus C casi le causa un infarto...
Si esa información era cierta, si ese tal Jake Muller era portador del virus C, ¿ese niño había sido sujeto de experimentación de su propio padre o los anticuerpos le fueron transmitidos de forma genética? Pronto lo averiguaría.
Lo que le resultó indignante fue que Sherry tuviera que actuar como guardiana de ese mercenario. De inmediato pidió un intercambio de funciones con su pequeña rubia, pero se lo negaron argumentando que debido a las habilidades de regeneración de Sherry era indispensable que ella fuese escolta de Muller. Además, debía recordar que los padres de esos jóvenes habían sido colegas y presuntamente amigos, quizá eso favoreciera el trabajo entre ellos dos.
Sin embargo, su lado paternal sobreprotector deseaba que su pequeña Sherry no se involucrara con personas como Muller. Es cierto, ese mercenario era prácticamente un niño, sólo tenía 20 años y Sherry era una inteligente y fuerte mujer a sus 27. Y si algo tenía claro era que ella sabía cuidarse perfectamente bien, pero no por eso se sentía menos angustiado.
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-Agente Redfield, su vuelo se retrasará un par de horas.
-¿Qué? ¡No! Es necesario que esté en Nueva Delhi lo antes posible… -respondió la rubia con amabilidad, pero firmeza.
-El civil Jake Muller ha sido encontrado y viajará con usted hasta la India.
-Pero yo no iré sola. No puedo iniciar el trabajo. Soy guardiana de…
-Estamos al tanto de su situación, pero comprenda que Muller no debe permanecer solo, especialmente sabiendo de quién es hijo…
-¿De qué habla?
-La información es clasificada. Se le enviará una copia del expediente completo de ese hombre y comprenderá lo serio de la situación.
-¿Qué pasará con la menor de la que estoy a cargo?
-Habrá un agente asignado para la labor si usted se siente incompetente para cumplir ambas –golpe bajo. Sherry supo de inmediato que debía llevar a cabo ambas funciones. Después de todo sólo era viajar con una tercera persona, que bien podría tratarse de un "antiguo amigo de la familia".
-Entiendo. Notifíquenme la llegada de Muller. Fuera.
La rubia suspiró mientras colocaba ambas manos en su rostro… Tantas vidas estaban en juego, y ahora también la de Chris…
-¿Qué te pasa Sherry? ¿Estás enferma?
La mayor de inmediato recompuso su semblante. Lo más importante para ella era Maddi y ella la protegería de todo, incluso de la verdad.
-No me pasa nada –respondió acariciándole la cabeza a la preciosa niña-. Sólo tengo un poquito de sueño.
-¿Ya nos vamos para ver a mi papá?
-Sí, falta poco, así que tenemos que estar listas…
-Sherry, ¿por qué mi mamá no vino por nosotras con mi papá?
-Bueno, Claire iba a viajar, pero en su trabajo surgió un pequeño problema, y ya sabes que esa gente no puede hacer nada sin ella, así que le pidieron que se quedara…
-Yo ya quiero ver a mis papás… -dijo la niña con sus bellos ojos grises llenos de lágrimas.
-Tranquila mi nena, ya pronto los verás y les darás muchos besos…
Protegería la sanidad mental de su pequeña Maddi. No permitiría que la niña sufriera lo mismo que ella pasó en su infancia.
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-Jill, ¿segura que no quieres viajar para estar con Chris?
-No puedo dejar a los niños solos tanto tiempo. Además, confío plenamente en Sherry, sé que ella hallará pronto la cura y tendremos a nuestros esposos de vuelta…
-Sabes que yo podría hacerme cargo de los niños…
-No Claire. Ahora mismo dependo de mis hijos para no perder la cordura. En otro momento hubiera corrido como loca para ir con Chris y hubiera amenazado de muerte para que él fuese tratado por los mejores médicos e investigadores. Pero ahora no puedo arriesgar la estabilidad de mis niños. Ellos me necesitan tanto yo a ellos. Aunque mi alma llora a cada segundo pensando en Chris, sé que el querría que yo me mantenga firme para proteger a nuestra familia…
Claire la miró como si Jill fuese la heroína de una historia fantástica. ¡Dios, deseaba algún día tener el temple que ella mostraba! Era una mujer en toda la extensión de la palabra y se sentía tan orgullosa de ser parte de su existencia y de su familia. En ese momento se dio cuenta: Claire Redfield, a sus treinta y cuatro años, aún tenía mucho que aprender de la vida.
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La hora había llegado. Sherry y Madeleine esperaban en el aeropuerto. Sus maletas ya estaban listas en el avión y esperaban en una pequeña sala la llegada de su acompañante. El transporte privado corría a cuenta de la Casa Blanca.
-¿Por qué no nos vamos, Sherry? –preguntó la niña columpiando sus piernas que colgaban del asiento, el cual estaba bastante alto para ella.
-Estamos esperando a…
-Así que tú eres la supergirl de la que me han hablado –dijo una voz gruesa, agradable al oído. Sherry no sabía, pero desde que ese joven entró en esa sala le dirigió una mirada apreciativa a su figura, la cual usaba unos ajustados jeans y un abrigo rosa.
Sherry levantó la vista y halló a un chico bastante alto, casi uno 1.90 calculaba ella, con pose de súper galán, cabello casi al ras de su cabeza de tono rojizo. Usaba ropa y lentes oscuros. Tenía una cicatriz en su mejilla izquierda y definitivamente no parecía que tuviera sólo 20 años. El chico sonreía de lado y mostraba tanta arrogancia. Eso debía traerlo en los genes… Había leído el informe que la casa blanca le envió y sabía perfectamente de quien era hijo ese pelirrojo prepotente. Ni hablar, a empezar el teatro…
-¡Hola, Jake, qué gusto volverte a ver! -Dijo Sherry con voz alegre dirigiéndose al joven mientras se ponía de pie y se le acercaba. El chico levantó una ceja sin entender lo que esa rubia, a quien acababa de conocer, pretendía-. Maddi, él es mi amigo, se llama Jake y viajará con nosotras para ver a tu papi…
Entonces, Sherry enfocó su mirada en Muller, enarcando un poco su ceja derecha e inclinando su rostro para que él le siguiera el juego. Sólo deseaba que ese niño comprendiera el mensaje.
El pelirrojo entendió y con una sonrisa que era todo, menos sincera, se dirigió a la chiquilla, quien lo miraba con profundidad, como si quisiera analizarlo.
-Al fin conozco a la famosa Maddi. Supergirl me ha hablado mucho de ti…
-Pero acabas de decir que no la conocías… -dijo Maddi ladeando su cabeza-. Y no se llama así, su nombre es Sherry.
¡Maldición! La mocosa era lista. Había que inventarse una mejor historia… Un momento… ¡Él ni siquiera tenía por qué hacer esa pantomima!
-Así jugamos él y yo, peque… Jake y yo somos amigos desde hace mucho y siempre me ha llamado supergirl…
-¿Por qué?
-Porque eso soy… soy una súper chica, ¿o no?
Maddi sonrió. Sí, su hermanita era eso y más. Brincando del asiento se puso de pie y se acercó hasta ellos. Levantó su rostro para poder mirar a ese muchacho, pues en verdad era alto y estiró su mano para saludarlo, su mamá siempre le decía que debía ser amable.
-Hola Jake, soy Maddi Kennedy. Y te estábamos esperando porque vamos a ver a mi papá.
Jake Muller tomó la diminuta mano de la niña. Sus ojos le llamaban la atención, como si ya los hubiese visto antes… No profundizó en ese pensamiento. La chiquilla en sí le causaba cierta gracia, pero no pudo dejar pasar un agrio comentario:
-¿Me contrataron para ser tu niñero?
-¡Jake, tú siempre tan gracioso! Vamos que se nos hace tarde… tengo tantas cosas que contarte –dijo Sherry amenazándolo con la mirada… Dios, sería un viaje largo, pensaron ambos.
Continuará…
¡Hola a todos!
¡Esta vez no me tardé tanto con actualización! Y cómo hacerlo si ustedes me motivan con esos maravillosos reviews que me dejan. Fue un capítulo largo, pero espero les haya gustado. Ya estamos llegando al climax de la historia, y según mis cuentas, tal vez no sean 15 capítulos… quizá se sumen unos más… pero ya veremos!
¡Mil gracias por su apoyo, amenazas y buenas vibras! Son un amor, en serio. En el capítulo pasado puse en peligro de muerte al fantástico Chris Redfield… Temía que me odiaran… Pero sus comentarios me hicieron muy feliz.
Como se darán cuenta, Sherry tendrá más presencia a partir de este punto. Quiero dejar lo más intacta posible su personalidad dulce, pero si recuerdan, en REENCUENTROS INESPERADOS la puse algo OCC, más traviesa diría yo, así que ahora debo emparejar esa personalidad con la de el Resident Evil 6… Está siendo todo un reto. Ah, y démosle la bienvenida a Jake Muller. En la idea original del fic él no iba a aparecer… Pero ya dejé a Sherry viuda… así que veremos lo que podría darse entre esos dos.
Pues sin más que añadir, les mando chorromil besos y abrazos y les recuerdo que nos veremos pronto!
Cuídense.
Pily-chan.
