Aviso a mis queridos lectores:

Les informo que en este capítulo hallaran contenido rape. He tratado de suavizarlo en la medida de lo posible. Realmente se me hizo difícil narrar esa parte. El abuso sexual es un tema fuerte, tabú en casi en todo el mundo, y yo creo que ninguna de nosotras desearíamos pasar por algo así. Si desean saltárselo, les aviso que en el siguiente capítulo ya no habrá una narración del evento, pero lo encontrarán de forma implícita mediante referencias al hecho que harán los protagonistas.

Pily-chan.

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CAPÍTULO XI… INFIERNO

Claire despertó y sintió una ola de dolor recorrer su cuerpo. No supo bien a qué se debía, pero sus ojos se habituaron a la oscuridad que la rodeaba y alcanzó a ver que sus manos y brazos tenían sangre coagulada. La cabeza le punzaba así que dirigió su mano derecha hacia la sien y halló restos de sangre fresca. Tocó con cuidado el ras de su cuero cabelludo y notó que le dolía demasiado. Debía tener una herida abierta.

Miró el lugar y en ese cuarto sin ventanas no había más mobiliario que esa cama individual en la que se encontraba y un escusado que lucía desgastado. Era como estar en la celda de alguna prisión. Forzó su cerebro para recordar por qué estaba en esa habitación… Al remembrar lo sucedido antes de que perdiera el conocimiento, sintió pánico. A pesar del dolor constante y punzante en su cuerpo, lo único que se repetía en la mente era que había sido secuestrada por Steve Burnside y eso en verdad le aterrorizaba.

Con su instinto de supervivencia al máximo, buscó entre sus ropas algo con qué defenderse. Obviamente su porta armas no estaba, por lo que su Magnum desapareció. Pero halló en el bolsillo delantero de sus jeans su amado encendedor, regalo de Chris. Tal vez Burnside no lo notó cuando la registró, o quizá pensó que esa no era un arma. De entre sus botines sacó su pequeño revolver plateado y el cuchillo de los S.T.A.R.S. que siempre la acompañaba. Colocó ambas armas en la pretina de su pantalón. Tenía la certeza de que las utilizaría muy pronto.

Con todo y el mareo incesante, las nauseas y el maldito dolor que recorría cada músculo de su cuerpo caminó hacia una puerta metálica. Realmente no esperaba que estuviera abierta, y ya que ella nunca aprendió a usar las ganzúas que Jill manipulaba de forma tan diestra, decidió que en el peor de los casos siempre podría volar la cerradura con un disparo.

El recuerdo de su secuestro en Rockfort Island llegó a su mente. Le resultaba espeluznante la similitud de hechos a quince años de aquél momento. Pero si siendo sólo una niñata con poca experiencia había escapado de una isla infestada de zombies, esa no sería la excepción.

No tenía ni idea de cuánto tiempo estuvo inconsciente ni de dónde se encontraba. Su teléfono móvil no apareció entre sus ropas, lo cual no la sorprendió, pero sabía que Leon y Chris ya debían estar buscándola como locos. Su deber era facilitarles el trabajo.

La puerta, obviamente, estaba cerrada. Pero el mecanismo de la cerradura era sencillo, así que lo voló como había planeado. Salió de la celda y con pasos cautelosos avanzó. Ni un maldito rayo de luz se filtraba, así que usó su encendedor. Otra vez esa sensación de Deja Vú. Lo curioso es que, al contrario de lo que pasó en Rockfort, ahora sí sentía algo de miedo. La edad la estaba volviendo paranoica y cobarde.

Dejándolo a la suerte, avanzó hacia su derecha a través del estrecho pasillo. Sus pupilas estaban dilatadas debido a la ausencia de luz, pero su rango de visión era muy pobre. Debía tener precaución. Le gustaría decir que conocía a Steve, pero no era así. Ella no podía imaginarse si ese hombre le lanzaría un disparo por la espalda, la amedrentaría con B.O.W.'s o le haría frente sin ningún preámbulo.

Una parte de su mente, una bastante estúpida, guardaba la remota esperanza de poder llegar a un acuerdo con él. De arreglar esto de forma civilizada y recompensarlo por los años en los que vivió preso de ese demente de Albert Wesker. Luego, quizá, ser buenos amigos y compartir agradables momentos en familia. Pero la parte de Claire más pesimista, o quizá la más realista, repetía una y otra vez que era una idiota soñadora y que debía cuidarse de Steve Burnside, porque lo más seguro era que en esta ocasión no saldría ilesa.

-No esperaba menos de ti, Claire –ante el sonido de esa voz, la pelirroja respingó y de inmediato giró para encararlo-. Siempre fuiste tan impaciente. No tenías que buscarme, ya pronto iba a ir hacia ti…

-Steve… -mientras exhalaba su nombre en un susurro la figura del pelirrojo se movió hacia ella, tan rápido como un parpadeo. El encendedor se deslizó de entre sus dedos al sentir las manos del pelirrojo sobre su cuello presionando ligeramente. Su espalda chocó con violencia contra el frío muro. Sus alarmas se pusieron al cien. Pero sabía que ese movimiento no había sido un intento por asfixiarla…

-Oh, mi hermosa Claire, tan bella como siempre… Los años han hecho maravillas en ti. Me enloqueciste cuando éramos unos niños, pero ahora que eres mujer… No sabes cuánto te deseo. Tu olor me embriaga…

Claire tuvo miedo, mucho miedo. Wesker sin dudarlo, hubiese retorcido su cuello y le hubiera dado una muerte rápida. O quizá la hubiese golpeado antes, pero pronto hubiese dejado de existir. Sin embargo las intenciones de Steve quedaron bien claras al restregar su dura anatomía contra la de ella…

-S-Steve… Hablemos… yo… n-no… no quieres hacerme daño… Steve.

-¡No es posible que seas tan idiota! ¿Todavía crees que negociaremos?

-Steve… lo que te hizo Wesker fue horrible, y si quieres puedes tomar mi vida en compensación, pero no sigas atacando a las personas ino… -un golpe en su rostro la hizo callar. Su labio se reventó y ese sabor metálico de su propia sangre de inmediato invadió su boca. Ahora sentía que la quijada le punzaba…

-De verdad, Claire, ya no quiero dañar más ese hermoso rostro tuyo… Si no te callas, no podrás disfrutar lo que pasara…

-Steve, no. ¿Qué te hizo Wesker para que creas que esta es la única salida?

-Albert Wesker ya no tiene nada que ver. Él me dio estos poderes, así que le estoy inmensamente agradecido. Grábate que todo lo que ha sucedido y lo que está por suceder es por mí. Porque quiero hacerlo. Porque la ignorancia de la humanidad es su condena –el dolor recorrió a Claire al sentir cómo era tomada de los cabellos de forma salvaje. Temía que su cuero cabelludo se desprendiese en cualquier momento. Sin embargo Steve siguió hablando, mientras mordisqueaba la oreja de Claire con violencia y con la otra mano estrujaba el seno derecho de la pelirroja-. Ellos viven felices creyendo que todo es color de rosa pero se acabó. Yo les enseñaré lo que es el sufrimiento. Yo les daré parte del dolor que sufrí desde que fui abandonado a merced de esos malditos locos que no dejaron de torturarme…

-¡Steve, basta! –gritó con desesperación mientras forcejeaba, pues comenzaba a arrancar la blusa de Claire.

-No Claire, basta no… No es suficiente… Nada será suficiente para mí… Pero empezaré contigo…

Y esos agresivos labios se apoderaron de los suyos. Claire no pudo evitar que las lágrimas escaparan a torrentes… Sentía pánico y dolor en igual medida. Él tocaba cada rincón de su cuerpo con agresividad. Ella sabía lo que vendría. Y también sabía que ese bastardo no era su amado Leon…

Trató de defenderse, lo atacó con cuchillo que tenía escondido en su pantalón, enterándoselo en el brazo izquierdo. Steve la soltó por un instante, sorprendido quizá ante su osadía. Pero Claire alcanzó a ver cómo sonreía.

-Si quieres que esto se haga de la forma difícil, así será…

Y después… el mundo de Claire se derrumbó. Steve, violentándola en todo momento, terminó por tomar lo que quería de ella…

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-¡No hay ni un maldito rastro! Ese hijo de perra no dejó una pista…

Nadie intentaba tranquilizar a Chris. Jill se limitaba a tocar su hombro o sostener su mano en algunas ocasiones. Leon, Sherry, Jake, Sheva, John, Piers y en general toda la B.S.A.A. y la D.S.O. buscaban por todo el planeta alguna pista sobre el paradero de Claire. Parecía como si el mundo se la hubiese tragado.

Claire ya había sido reportada como persona desaparecida. Quizá si se hubiese tratado de un ciudadano común, la respuesta hubiese sido lenta, entorpecida por trámites y la maldita burocracia que, pese a los cambios que se vivían en el mundo, no dejaba de existir, pero debido a las circunstancias, la búsqueda se inició por todo Nueva York y el área circunvecina.

-Debe haber algo. Algún sitio que pasamos por alto –insistió John Andrews. Él no había podido hacer nada para salvar a su querida amiga Rebecca, pero estaba seguro que podían rescatar a Claire. Él no se daría por vencido.

-El puerto está lleno de bodegas. Aunque ya tenemos a cinco agencias buscando en cada rincón,, es poco probable se esconda cerca del sitio que él mismo reveló para su primer ataque –añadió Sheva.

-¿Hunnigan no ha hallado nada? –preguntó Piers. Él aún estaba en recuperación por sus heridas. Pero se había reunido en la oficina de Chris en cuanto se enteró de la desaparición de Claire.

-No, ella también está rastreando toda la ciudad, pero no la ha encontrado.

-¿Y qué hay de Ada Wong? –interrogó Jill.

-No se ha reportado.

-Leon, ¿confías en ella? –preguntó Sherry, con cierto reproche en su voz, incrédula de las buenas intenciones de esa mujer.

-No, pero…

-Si ella nos ayuda a encontrar a mi hermana, te juro que olvidaré todo lo que hizo para ayudar a Wesker.

Jake se sintió algo incómodo ante la mención de su padre. Sherry lo supo así que buscó su mirada y le sonrió. Muller asintió levemente, comprendiendo el mensaje.

-Yo tengo varios conocidos. No puedo revelar sus nombres porque están en un par de listas negras, y ellos también la están buscando.

-Gracias Jake –respondió Leon.

Nadie dijo más. Los minutos se volvían horas y todos estaban desesperados. Chris repartía su tiempo realizando patrullajes y entrenando para bajar el nivel de estrés. Prefirió quedarse en las instalaciones de la B.S.A.A., evitando a toda costa mirar a sus hijos. Él no era como Jill, quien podía conservar un rostro sereno aunque estuviera sumida en la más profunda desesperación. Él era transparente, y en esos momentos, cuando sentía que perdía a su pequeña hermana, el dolor no dejaba de reflejarse en sus ojos.

Poco a poco parecía controlar las habilidades que el virus C traía consigo. Al igual que Sherry, su cuerpo no permitía ni un rasguño y sanaba con asombrosa rapidez. El virus C estaba desarrollado a partir del T Verónica, por lo que la manipulación del fuego ahora formaba parte de su arsenal. Por fortuna, cada que liberaba esas habilidades, su cuerpo no sufría daños físicos ni mutaciones. Pero lo cierto era que tenía un tiempo límite, pues se cansaba rápidamente y sufría taquicardias. Sherry y los otros científicos le explicaron que lo más probable era que su corazón no tolerase un esfuerzo mayor. Por ello, aprender a controlarlo era una prioridad.

Leon observaba a su cuñado entrenar y se sorprendía de lo que ese virus era capaz de hacer. El momento del enfrentamiento final con Burnside llegaría muy pronto, y las habilidades de Chris podrían marcar la diferencia.

Kennedy estaba físicamente agotado, pero jamás se rendiría. Encontraría a su esposa y se aseguraría de ya no apartarse de ella. Lo que más le angustiaba era su hija. La niña preguntaba por su madre y él y Sherry debían evadir la respuesta. En el último interrogatorio de Maddi, para su fortuna, y sin tener la menor idea del por qué, Jake intervino y le dijo a su pequeña que por culpa de una persona que no había hecho su trabajo, Claire se había tenido que quedar a trabajar más tiempo, pero que pronto regresaría a casa.

Muller se estaba involucrando y eso no dejaba de sorprenderlo. Pero bastó para Leon S. Kennedy bajara todos las murallas defensivas que había construido alrededor de Jake Muller. El chiquillo era simpático y, sin que él mismo lo supiera, se estaba ganando un sitio en sus vidas.

También pensaba en Sherry. Ella estaba tan angustiada como él mismo, y aunque hubiera querido ofrecer algún consuelo a su pequeña rubia, en ese momento él era el menos indicado para intentar algo parecido. Pero Muller la acompañó todo el tiempo. La rodeaba, como si de un satélite se tratase, sin llegar a hostigarla. La estaba protegiendo. Leon, sin emitir palabra, le estaba profundamente agradecido.

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Al despertar, el olor a sangre invadió sus fosas nasales… Sentía tanto frío y dolor. ¿Por qué a ella? No necesitaba mirarse para comprobar las lesiones que tenía. Se había desmayado en algún punto, pero recordaba lo suficiente para desear morir. Además, su cuerpo le indicaba lo que Steve había hecho. Las lágrimas corrieron sin poderlas controlar y se sintió aún peor por llorar. Era perfectamente consciente de que eso no solucionaría nada, pero no pudo evitarlo.

Otra vez estaba en esa celda. Claire sabía que la puerta no tenía protección y si corría quizá hallaría la salida, pero su cuerpo no le respondía, de hecho apenas y podía moverse. El duro colchón sobre el que estaba acostada amortiguaba el dolor.

Nunca en su vida, a pesar de todo lo que vivió, había perdido las esperanzas, pero en ese momento la posibilidad de dejar de existir parecía una salvación. Jamás imaginó que pasaría por algo así, jamás pensó que alguien pudiera lastimarla de semejante forma. Luego ¿qué vendría? Si sobrevivía ¿cómo superaría eso? ¿Cómo podría ver a Leon sabiendo que ese hermoso acto que sólo compartía con él y consideraba sagrado había sido ultrajado de semejante forma? Seguramente él ya no podría verla de la misma forma, y no lo culparía… ¿Dónde estaba Chris, ahora que lo necesitaba tanto?

Sus pensamientos fueron interrumpidos. La puerta metálica fue abierta y frente a ella, de pie, mostrando una sonrisa de satisfacción, estaba esa figura que, estando ella indefensa y desnuda, le causaba terror.

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Un día entero y no había rastro de Claire. Sherry estaba en el columpio situado en el patio trasero de la casa de los Kennedy. Scottie estaba sentando junto a la rubia mientras se dejaba acariciar su abundante pelaje. Ella miraba la tierra a sus pies mientras mil y un recuerdos de la pelirroja se reproducían en su memoria.

Cuando su custodia fue entregada a su tía Kate, Sherry supuso que se alejaría de todo lo que tuviera que ver con monstruos y virus. La pesadilla que vivió en Raccoon City se repetía casi siempre en sus sueños… Jamás olvidaría la deforme figura de su padre antes de morir. Nunca fue un hombre particularmente afectuoso, pero Sherry sabía que la amaba, porque cuando llegaba de trabajar, acariciaba su corta cabellera con cariño. Su madre la arropaba cada que podía. No recordaba si algún día le leyó un cuento o le cantó una canción de cuna, ella sospechaba que nunca lo hizo, pero con el sencillo acto de cobijarla, mostraba que su pequeña hija le era importante.

A pesar de que quiso alejarse de ese mundo de terror, el destino tenía otros planes. Si bien su custodia legal pertenecía a su tía, el gobierno de los Estados Unidos se reservó el derecho de mantenerla vigilada para evitar alguna catástrofe futura debido a su exposición al virus G. Entre las obligaciones que debía cumplir estaban las visitas periódicas a las instalaciones médicas gubernamentales. Sherry perdió la cuenta del número de veces que fue introducida en aparatos o cuántas muestras de sangre fueron tomadas de sus venas. Pero tenía muy claro que todo eso era necesario.

Rebecca y un grupo de científicos le explicaron que deseaban hallar una cura para el virus que Umbrella había desarrollado y ella aceptó esa tortura por dos motivos: no le deseaba a nadie el horror que vivió o el dolor de saber que su padre se había convertido en un monstruo. Además, se sentía indirectamente responsable de todas las muertes que ese virus trajo al mundo. Después de todo su padre fue quien lo desarrolló. Si William Birkin había hecho tanto mal al mundo, ella Sherry Birkin en ese tiempo, daría todo para remediar un poco el daño.

Luego de que Claire retomara la Universidad, la visitaba a menudo en casa de su tía. Pasaban los periodos vacacionales jugando videojuegos, charlando, leyendo, decorando o paseando por la ciudad. Claire la ayudaba a vivir lo que toda adolescente debía experimentar.

Cuando tuvo edad suficiente, y falsificando una tarjeta de identificación, Redfield la llevó casi a rastras en su motocicleta a un bar para que bebieran cervezas. Sherry se sintió el peor delincuente, pero cuando comenzaron a jugar billar y a divertirse, se olvidó que al principio se oponía rotundamente a romper las reglas. Sherry no era muy popular y todos en su colegio la trataban como nerd, pero ese día su vida cambió para siempre y Claire fue la responsable. La ayudó mejorando su autoestima y pronto Sherry halló que hacerse de amigos no era cosa del otro mundo.

Cuando la rubia estaba en el último año del bachillerato, Chris y Claire le propusieron que, al cumplir la mayoría de edad, su apellido fuese cambiado a Redfield, lo cual ella aceptó gustosa.

"El protocolo de investigación Birkin" duró diez años. En cada visita, la cual se llevaba a cabo cada seis meses, Sherry le pedía a Claire que la acompañara. Los científicos del gobierno eran las personas más frías del mundo, pero permitían de buen talante que la pelirroja estuviera presente. Sin importar la edad que Sherry tuviera, como si se tratase de una pequeña niña, ella siempre se aferraba a la cálida mano de Claire mientras era aguijoneada. Estar con ella la tranquilizaba. Cierto, quería a su tía Kate y le estaría eternamente agradecida por haber cuidado de ella cuando quedó sola en el mundo, pero la unión que desarrolló con la pelirroja era algo que no tenía comparación.

La pequeña rubia a veces pensaba en su madre y en su interior revoloteaban un montón de sentimientos. Siempre recordaría las palabras que Claire le dijo cuando Anette Birkin falleció. Al final, le decía que la quería y le pedía perdón por no haber sido buena madre. Eso mermaba un poco el rencor y le dejaba una extraña paz. Pero cuando venía a su mente Claire, era como si todo se llenase de luz. Amaba a su amiga, a su hermana mayor… Pero en realidad, en su mente, amaba esa figura materna que Claire representaba en su vida. Ella era su heroína y deseaba ser tan valiente como Claire cuando fuese grande.

Y ahora le habían arrebatado a su madre… Ya no quería perder a sus seres amados… A Carlos ni siquiera le pudo decir adiós a pesar de que lo amó con todo su corazón. Pero él había dado su vida por defender sus ideales. Esa era la mejor de las muertes para un guerrero. Sin embargo Claire estaba a merced de un hombre obsesionado. No sabía si los demás estaban conscientes del peligro que corría estando cerca de ese monstruo.

Parecía que los recursos se acababan y el tiempo seguía avanzando. Nadie, con toda la tecnología de la que disponían, daba una sola pista de su paradero…

-¿Estás bien? –interrogó de pronto el pelirrojo, atrayendo la atención de Scottie, quien se levantó y se acercó al hombre. A él le simpatizó el animal, por lo que lo acarició. Aquello bastó para que ese enorme perro Siberiano lamiera su mano y ya no se le despegara.

Sherry levantó la vista y se encontró con los bellos ojos azules de Muller.

-Sí. No tengo derecho a estar mal cuando es Claire quien está en peligro.

-Tienes derecho. Yo… no sé muy bien qué sucede. No sé por qué ese sujeto está tan interesado en tu amiga.

-Claire me dijo que antes de que Steve Burnside muriera, hace quince años en la Antártida, la protegió de un ataque y le dijo que la amaba.

-Ahora menos…

-Jake, si Steve pasó por la mitad de lo que yo cuando me realizaban estudios y análisis, comprendo su rencor.

-Pero tú no quieres destruir el mundo…

-Porque yo la tuve a ella. Me cuidó, me dio ánimos. Sin Claire en mi vida, quizá yo sería Steve.

-Si eso fuese cierto, si Steve estuvo enamorado de ella, ¿tú crees que ahora él quiera…?

-Él no quiere asesinarla… No intencionalmente. Y eso pone a Claire en un peligro mayor. Rezo para que lleguemos a tiempo. No quiero ni pensar…

-No pienses entonces… Todo lo que he escuchado de Claire Redfield desde que te conocí son halagos. Si ella es así de fuerte y valiente, te aseguro que podrá con Burnside y regresará.

-Jake… gracias.

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Claire respiraba agitada. Tenía sangre en las uñas de su mano derecha. Cierto, había recibido varios golpes, pero desquitó parte de su odio. Las voces se perdían en el pasillo dejándola sola en esa celda. Defenderse despertó una sed de venganza que no creyó existente en ella. Después de todo aún había algo de valentía en su interior. Si querían lastimarla, ella lucharía contra quien fuera. Haría tanto daño como pudiera y si no sobrevivía, al menos su muerte tendría algo de sentido.

-¡Cuanta agresividad, Claire! –el odio crecía al escuchar la voz burlona de Steve. Sabía que no podía acabar con él, no en esas condiciones, sin embargo, haría lo que fuese para defenderse-. No te preocupes, no te castigaré por eso. Me parece justo que te defiendas. Ahora quiero probar esa fiereza tuya.

No pudo continuar pensando, porque otra vez fue atacada… Steve Burnside no había tenido suficiente y le arrebataba más. Ese monstruo parecía complacido al principio con la resistencia de Claire. Sin embargo, al ver que la mujer se seguía oponiendo y no permitía que la penetrara, perdió los estribos y la masacró sin misericordia. Claire hizo cuanto pudo para atacarlo, pero la batalla era desigual.

Las manos de ese maldito tocando cada parte de ella… La violencia… El dolor… La vergüenza… El asco… Ojalá la muerte viniera pronto, porque cada vez que ese ser repugnante entraba en ella, le arrancaba un pedazo de su alma… Pronto, por el terror o el dolor, el cerebro de Claire se desconectó. Fue mejor así, al menos no estuvo consciente cuando esa bestia la tomó una y otra vez, intentando saciarse de la forma más vil.

Perdido en las placenteras sensaciones que experimentaba cada que la embestía, Steve ni siquiera se percataba de que a cada instante Claire se desangraba…

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Ya habían transcurrido más de 36 horas. Caía la noche y se sentía un frío terrible en la ciudad. Ningún integrante de la familia Redfield, Kennedy o sus allegados había dormido. La búsqueda continuaba, temiendo a cada segundo que fuese demasiado tarde para encontrarla.

Leon mantenía la esperanza de que Ada cumpliera su palabra, pero realmente veía casi imposible que eso sucediese… Hasta que su teléfono móvil sonó y su identificador no fue capaz de detectar el origen de la llamada.

-Leon, tengo poco tiempo. Claire esta en el callejón entre la 1ª y la 2ª avenida.

Había algo en la voz de Ada que a Leon no acababa de gustarle. Parecía como si estuviera ¿llorando?

-Ada, gracias –respondió mientras salía corriendo de las oficinas de la B.S.A.A. - ¿Tú estás bien?

-Digamos que no salí ilesa al confrontarlo.

-¿Y qué esperas para huir?

-No dejaré a Claire sola sino hasta que me asegure de que estará a salvo. Te lo debo. Leon, prepárate para lo que verás. Steve no se controló y la dejó moribunda. Él no tiene los medios para poder estabilizarla y su vida está corriendo un grave peligro. Pude convencerlo de que lo mejor era devolverla con ustedes para que la mantuvieran viva y así su venganza podía alargarse…

Leon ya estaba poniendo en marcha su auto. No tardaría ni diez minutos en llegar. Tuvo tanto miedo de encontrarla muerta, pero no podía soslayar que ahora la vida de Ada también peligraba.

-Ada, sal de ahí tú también. Sabes que pronto iremos por él, no quiero que salgas herida.

-Lo haré. Prepárense para atacarlo. Steve está enfurecido y ha agotado todos sus recursos, yo les avisaré cuándo y dónde…

-Ada… Espera…

Y la comunicación se cortó.

No perdería ni un segundo, pisó el acelerador a fondo y en menos de cinco minutos llegó a su destino… Jamás olvidaría esa imagen, estaría por siempre en sus pesadillas. Por primera vez en su vida deseaba aniquilar lentamente a alguien de la forma más tormentosa posible. Desmembrarlo y despellejarlo. Deseaba ver la sangre de ese monstruo corriendo por sus manos mientras moría. Deseaba ver su rostro deformado por el dolor al ser torturado y saber que ese sufrimiento era sólo el inicio de lo que le esperaba…

Claire, su preciosa Claire estaba…

Continuará…

Hola chicas y chicos:

Antes que otra cosa, mil disculpas por la demora con la actualización. Y como dije en la primer nota, este capítulo me ha dolido. Desde que inicié el fic sabía que llegaría a esta parte y más o menos lo tenía estructurado en mi mente. Pero al plasmarlo, quise proteger todo lo posible a Claire. No me sentí bien haciéndola sufrir… Es mi personaje preferido de Resident Evil y esta vez me ensañé con ella… Me temó que algunos de ustedes querrán dejar de leerme por este capítulo, pero mejorará, lo prometo.

¿Qué dicen de Ada? Ayudó a Claire con todo y el riesgo que implicaba… ¿Le creemos que ya es buena? Ustedes deciden.

Nuevamente, desde el fondo de mi corazón les agradezco los comentarios y la espera por las actualizaciones. Ya ven que no he podido terminarlo en julio como deseaba. Ese periodo en el que la inspiración no llegaba retrasó los planes, pero actualizaré lo más rápido posible para que tengan el final en sus manos pronto.

¡Déjenme saber si les va gustando la historia o me preparo para cambiar mi identidad porque más de uno quiera asesinarme!

Les mando muchos besos y abrazos y nos leemos en el próximo capítulo.

Pily-chan.