CAPÍTULO XII… PESADILLA
La conciencia le llamaba a gritos... Su cuerpo parecía sentirse satisfecho con el descanso recibido… Si estaba dormida, era hora de despertar. Lo primero que se coló en su mente fue un ruido, un pitido, un sonido acompasado que marcaba un ritmo, como un metrónomo. Abrió los ojos lentamente, sólo para descubrir que por primera vez en su vida le resultaba difícil enfocar la mirada. Estaba desorientada, pero ese color blanco, tan monótono, frío e impersonal, le hacía evidente que se encontraba en la cama de un hospital. No había un metrónomo cerca, sino un monitor que se encargaba de medir sus signos vitales.
Sentía un extraño sopor. Su cabeza parecía que estallaría en cualquier momento; la presencia de la luz hería sus ojos, por lo cual tuvo que volver a cerrarlos con fuerza. De su cuerpo no había una sola parte que no le doliera. Todo era tan intenso. De haber sabido que al despertar se sentiría tan mal, no hubiese abierto los ojos. Pero el dolor le recordaba que seguía con vida. Y sabía que debía estar agradecida por eso, aunque aún no tenía muy claro por qué…
-Al fin despertaste…
Claire abrió los ojos, parpadeando varias veces, al escuchar la inconfundible voz de Chris, ya sin prestarle demasiada importancia a su fotosensiblidad. Enfocó sus grises pupilas en las de idéntico color que poseía su hermano. Quiso hablar, pero durante dos intentos el sonido se negó a salir de su garganta, pues también le dolía. En ese momento se dio cuenta que había un aparato cubriendo su boca y brindándole oxígeno. ¿Qué sucedía? No comprendía nada de que lo ocurría a su alrededor y eso la angustiaba, pero se tranquilizó un poco cuando sintió la grande, cálida y fuerte mano de él sosteniendo la suya.
-Tranquila hermanita, estás bien. Estamos en el Presbyterian… Nos diste un buen susto, pero lo peor ya pasó.
¿Lo peor? ¿Ese dolor que aquejaba cada fibra de su ser no era lo peor? Parecía que no, pero entonces, ¿qué había pasado para que Chris pensara eso? Él pareció leer las preguntas en la mirada de su hermana. Siempre había sido así, su comunicación iba más allá de las palabras.
-No recuerdas nada, ¿verdad?
Ella movió ligeramente la cabeza, no podía hacer movimientos bruscos, de hecho, apenas y podía moverse.
-Tal vez es mejor así.
Claire de nuevo lo miró y con sus ojos grises llenos de lágrimas ante las dudas que la carcomían imploró una explicación.
-Hablaremos después. Pero no te preocupes, ese maldito pagará al mil cada una de tus heridas, te lo juro…
¿De qué hablaba? ¿Cuál maldito…? ¡Una imagen golpeó su memoria! Una sola y deseó no haberla visto nunca, pues después hubo una secuencia de ellas… Steve, él la amenazaba y ella movía los brazos frenéticamente intentando golpearlo. Él la tomaba de los cabellos y la estrellaba contra la pared golpeando su nuca, lo cual la aturdía. Luego estaba sobre ella y la lastimaba. Dolor… miedo. Sangraba. Sus golpes, mordidas, respiraciones, jadeos… Ese dolor intenso, el peor de su vida, al ser invadida por ese monstruo, ese retorcido ser que no conocía la piedad a pesar de que ella gritaba y le pedía que se detuviera… Pero no lo hizo… Y eso sucedió una y otra vez…
El corazón de Claire comenzó a latir más rápido, lo cual activó la alarma a la que estaba conectada. Chris se atemorizó. Miró el rostro de su hermanita enrojecido, descompuesto y empapado en lágrimas. Lo supo: ella recordaba.
La puerta se abrió de golpe y Leon corrió junto a su esposa. Chris se desplazó de su lugar, dejándole el sitio a su cuñado. Claire miró a Leon con los ojos bien abiertos y las lágrimas brotaban de forma automática. Estaba asustada, y Kennedy no podía hacer nada para tranquilizarla, excepto tomar su mano y acariciar su roja cabellera.
-Tranquila mi amor, estás bien y a salvo. Chris y yo estamos contigo. Nada te sucederá.
Sus palabras parecían funcionar, la alarma se suspendió y Claire lo miraba y lloraba. Se aferró a la mano de su esposo y con ese simple acto, parecía que el miedo menguaba. Sin embargo, cuando los médicos ingresaron decidieron que lo mejor era aplicar un tranquilizante intramuscular para relajarla. Un par de enfermeras apartaron a los hombres mientras uno de los médicos aplicaba el medicamento y el otro registraba sus signos vitales. La mantendrían dormida hasta que pudieran estabilizarla.
Leon cerró los puños ante la impotencia de no poder ayudar a la mujer que amaba. Sólo presenció como la inyectaban y sus párpados cubrían de nueva cuenta esos ojos que él adoraba.
Habían transcurrido más de 24 horas desde que ingresó al hospital para que le permitieran a él y a Cris acercarse a Claire, y todo para que fuesen echados en el instante mismo en el que ella recuperó la conciencia.
Salió de la habitación sin cruzar una palabra con su cuñado, quien no hizo el menor intento por detenerlo, ocupado también en sus propios pensamientos. Caminó por los pasillos del hospital sin saber exactamente a donde ir, pero llegó a un área verde destinada al personal médico. Ingresó sin importarle si estaba rompiendo las reglas. Únicamente deseaba estar solo. Halló un banco vacío y se sentó, colocó los codos sobre sus piernas y sujetó su cabeza, enredando su cabellera entre sus dedos, sin dejar de pensar en su esposa…
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Claire… La única persona a quien él admiraba por su calidez y bondad. Su esposa, su mujer, su amiga y compañera, quien ante cualquier adversidad era capaz de sonreír y compartir un poco de su paz… ¡El mejor ser humano que conocía!
Ella estaba tirada, cual muñeca desechada, completamente desnuda en el frío y sucio piso de aquel callejón. Había sangre fresca entre sus piernas. Seguramente tenía un desgarre causado por ese bastardo… Supo de inmediato lo que había sucedido. Había golpes y mordidas por todo su cuerpo cubiertas por coágulos. Heridas visibles, pero Leon estaba seguro que el peor daño estaba en el interior de Claire.
Al verla así, expuesta, con el cabello enmarañado cubriéndole una parte del rostro y desparramado en el pavimento, herida, desangrándose, Leon deseó morir en ese preciso momento. Las lágrimas se agruparon en sus ojos y sintió que sus piernas no podrían sostenerlo mucho tiempo. Había visto muchas atrocidades a lo largo de su vida, había visto cuerpos desmembrados, sangre, materia orgánica esparcida, abominaciones, seres infernales. Pero lo que le había hecho Burnside a su esposa no tenía nombre.
Afortunadamente, a pesar del shock inicial que duró un par de segundos, pronto entendió que quizá aun no era tarde. Se quitó el abrigo rápidamente e hincándose junto a ella la cobijó con él. Tocó con mucho cuidado su cuello. Su mano temblaba. Tenía tanto miedo de no sentir su pulso. Evitando lastimarla, pues había heridas en casi toda la zona, halló lo que esperaba. ¡Su corazón aun latía! Apenas y podía percibirlo, pero sentirlo reavivó al suyo.
Tenía experiencia con los primeros auxilios, sabía que si él no hacía algo ella moriría desangrada frente a sus ojos. Escaneó el cuerpo de su esposa, decidiendo cómo moverla para no causarle daño, al acercarse más, junto a la cabellera de Claire halló una nota escrita con sangre, la sangre de ella…
"Esto es sólo el inicio"
Otra vez ese ardor en el pecho. Esa furia amenazando con explotar en cualquier momento. No, ahora no. Ya habría tiempo para la venganza. Su prioridad ahora era salvarla.
Eran los primeros días de noviembre y el frío ya se hacía presente en la ciudad. El cuerpo de Claire estaba casi helado y aunado a la sangre que había perdido, le quedaba muy poco tiempo de vida. La arropó lo mejor que pudo antes de cargarla y corrió hacia su auto. La recostó en el asiento trasero y rápidamente se dirigió al volante. La salvaría a cualquier precio…
Cuando llegó al hospital más cercano, vociferando para que atendieran a su mujer, los médicos a toda prisa se la quitaron de los brazos y la colocaron en una camilla. Una enfermera comenzó a hacer preguntas mientras todos, él incluido, corrían hacia quién sabe dónde. Él no pensaba con claridad en ese momento, pero sabía que no se separaría de ella.
No escuchaba los cuestionamientos o los comentarios de los médicos suponiendo la causa de semejantes heridas, sólo murmullos insoportables que nombraban cosas que vagamente se le hacían familiares… Mililitros de esto, inyecciones de aquello, contusiones, hemorragia, hipotermia... Su mente sólo estaba enfocada en mirar el rostro de Claire. No podía perderla. No debía perderla.
Pronto una menuda mujer le cerró el paso, apartándolo de su esposa, mientras la comitiva de médicos que rodeaban a Claire ingresaba por un par de puertas giratorias a lo que parecía ser una sala de operaciones… La sala de emergencias, razonó él.
-¡Señor, necesitamos información! Ayúdenos –insistió esa mujer vestida blanco que parecía no medir más de uno cincuenta, pero tenía la fuerza suficiente para detenerlo mientras sostenía una tabla con un enorme clip, el cual detenía varias hojas-. ¡Señor, necesito su atención! ¿La mujer es familiar suyo?
-Es mi esposa -respondió en forma automática, pues aun no era capaz de concentrarse intentando ver lo que sucedía en el interior de esa sala, donde se habían llevado a Claire.
La enfermera pareció dudar un momento. Probablemente sopesando la posibilidad de que semejante daño hubiese sido causado por él…
-Señor, míreme, esto es importante –dijo ella con un tono de voz más seco, algo agresivo, quizá-. El nombre de su esposa, ¿cuál es?
-Claire Kennedy.
-Edad.
-34 años.
-Tipo de sangre.
-O positivo.
-¿Es alérgica a algún medicamento?
-No.
-¿Puede decirme qué sucedió?
-Mi… mi esposa fue secuestrada hace más de 36 horas, la reportamos a las autoridades de inmediato. Soy agente y fui avisado de su paradero. La encontré… así.
La enfermera se arrepintió; quizá lo había tratado muy duramente cuando él sólo quería salvar a su esposa. Con amabilidad dijo:
-Señor Kennedy, necesitará dar una declaración formal a las autoridades, por ahora, permanezca cerca. Si hay necesidad de alguna intervención quirúrgica necesitaremos su autorización.
Leon asintió. Aún perdido en sus cavilaciones y sin acabar de comprender lo que sucedía, sabía que por ahora era sospechoso del ataque… Eso era lo que menos le importaba. Quería a su esposa de regreso. La quería sana y salva.
-No iré a ningún lado. Sólo… -su voz se quebró y esos orbes azules que eran tan fríos se llenaron de lágrimas- asegúrense de salvarla.
La enfermera sonrió como un pobre intento de ofrecerle esperanza, pero para Leon, la única sonrisa capaz de cambiarle el día, iluminarle el momento de mayor oscuridad, era la del amor de su vida.
-Haremos todo lo posible.
La mujer desapareció y tras unos minutos en los que su mente se quedó en blanco intentando procesar lo sucedido, entendió que no era el único preocupado por el bienestar de Claire. Avisarle a Chris que finalmente había hallado a su hermanita no fue sencillo. Su cuñado llegó de inmediato al hospital acompañado por Jill, lo cual, comprendía Leon, no era fácil debido al cuidado de sus niños, pero Sherry había decidido quedarse con ellos hasta que encontraran una niñera. Jake se quedó con ella.
-¿Qué sucedió? ¿Cómo está mi hermana? ¿Dónde la encontraste?
Leon brevemente explicó que, de no ser por la intervención de Ada Wong, Claire nunca hubiera sido hallada. Sin tener las palabras adecuadas, pues él mismo no acababa de procesar lo sucedido, le explicó a Chris en qué condiciones la había encontrado.
Jill sostuvo la mano de su esposo con fuerza, a pesar de ver cómo sus facciones cambiaban y su rostro enrojecía, a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas, Chris intentó mantener la calma. Pero en un instante la furia lo rebasó y golpeó el muro con fuerza, provocando una leve grieta. Ahí estaba la manifestación de esos poderes descomunales que ahora poseía. Jill estaba enfurecida, pero todos debían mantener el control si querían sobrellevar esa penosa situación. Sujetó el hombro de su esposo y deslizó su mano hasta entrelazar la de él. Chris debía estar tranquilo, debido a sus actuales circunstancias.
Pasadas cuatro horas desde que la encontraron, un equipo de médicos se acercó al grupo de personas que esperaban noticias. Para ese momento ya todos los amigos de los Redfield y Kennedy estaban en el hospital. Uno de los doctores, un hombre de complexión fina y marcados rasgos orientales preguntó:
-¿Son los familiares de Claire Kennedy?
-Soy su esposo –respondió de prisa Leon.
La mirada del médico se posó en Jill y Chris, quizá por la complexión del castaño o por algún rasgo familiar que pudiera hallar entre él y Claire.
-Yo soy su hermano y ella es mi esposa.
El médico ya no quiso indagar en el resto de personas que estaban en la sala. Asintió y se dirigió a Leon al decir:
-Soy el doctor Chang. Estoy al frente del caso de su esposa. Lamento decirles que el estado de la señora Kennedy es delicado. Perdió mucha sangre. De haber tardado unos minutos más no hubiéramos conseguido estabilizarla. Realizamos varias transfusiones, por lo que será necesario que acudan al banco de sangre para reponer la que se le dio.
Todos asintieron, pero fue Jill quien preguntó.
-¿Está fuera de peligro?
-No hay certeza de nada para ella. Sufrió un traumatismo craneoencefálico; por fortuna, de acuerdo a las tomografías y electroencefalogramas, parece que no hubo lesiones severas. Sin embargo, cuando se trata de daños cerebrales, los pronósticos siempre son reservados. Permanecerá en la Unidad de Cuidados Intensivos para observar su evolución. También hay daño en los pulmones a causa de la exposición al clima. En este momento estamos controlando una posible bronconeumonía, por lo cual requerirá apoyo de respiración artificial y nebulizaciones –el médico inspiró oxígeno antes de continuar-. Lamentablemente, el estado crítico de su esposa se debe a que fue abusada sexualmente… Esa fue la causa de la hemorragia que puso en peligro su vida. El desgarre que sufrió ha sido tratado quirúrgicamente. Pero habrá consecuencias. Tuvimos que reconstruir su cuello uterino, por lo cual es muy poco probable que ella pueda concebir nuevamente.
Leon tocó el puente de su nariz y cerró los ojos… el dolor lo agobiaba. Su preciosa Claire había vivido una pesadilla y ésta aún no terminaba…
-Tiene lesiones en todo el cuerpo que sanarán con el tiempo. Su muñeca derecha sufrió un esguince, si es tratado correctamente no dejará secuelas. Sin embargo, en el mejor de los panoramas, será necesario que ella reciba apoyo psiquiátrico. En mi experiencia, en casos de violación con la agresión que sufrió su familiar, las lesiones mentales para las mujeres son devastadoras. Estaremos monitoreándola y serán avisados ante cualquier cambio…
Sherry sabía que eso pasaría, y nunca antes se había sentido tan mal de tener la razón. Eso no era justo, ella no debía pasar por todo eso. Sus ojos azules se llenaron de lágrimas.
-¿Podemos verla? –preguntó con un hilo de voz.
El médico la miró unos segundos antes de responder.
-Lo siento, pero por el momento no. No se permiten visitas en la Unidad de Cuidados Intensivos. Si todo evoluciona satisfactoriamente, la trasladaremos a una habitación y podrán quedarse a su lado. Por ahora, si usted lo desea –dijo mirando a Leon-, puede verla a través del cristal. Es todo lo que puedo ofrecerle. Por favor, recuerden que necesitan pasar al banco de sangre. Les daré más datos conforme evolucione la señora. Buen día.
Y así, el médico se retiró dejándolos en la más profunda miseria. Leon no lo pensó dos veces y se dirigió a la Unidad de Cuidados Intensivos. Nada borraría la imagen de su amada cuando la halló en el callejón, pero verla conectada a una infinidad de aparatos le estrujaba el corazón. Deseaba llorar, pero las lágrimas se negaban a salir.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Christopher se alejó de sus compañeros y de su esposa. Deseaba estar solo. Él no era un hombre religioso. Creía en el bien y en el mal. Creía en la siguiente vida, una congruente a tus acciones en la actual, pero no estaba afiliado a ninguna congregación religiosa. Sin embargo, en ese momento, necesitaba aferrarse a algo más fuerte que él.
El hospital contaba con una capilla. Entró sin detenerse a observar las imágenes a su alrededor. Sólo buscaba soledad, y con suerte, un poco de paz. Hacía mucho que no hablaba con Dios. Su madre le había enseñado a rezar, y cuando vivió con sus abuelos, su abuela le pedía que antes de acostarse hiciera una oración por el descanso eterno de sus padres.
Pero cuando ellos también murieron y entró en el ejército, una especie de rebeldía y desprecio por todo lo que Dios y sus miles de religiones significaban se apoderó de él. Estaba enojado con ese tal Dios. ¿Qué clase de ser Todopoderoso dejaba abandonados a un par de niños, dos veces?
Él, de golpe, tuvo que dejar de ser un crío y convertirse en adulto para cuidar de su hermanita. No permitiría que la apartaran de su lado. Era todo lo que le quedaba en la vida y la protegería siempre.
Quizá no era su vocación, pero lo único que les permitió seguir juntos fue el ejército. Ambos eran menores de edad y en cuanto sus abuelos murieron fueron enviados a un orfanato. No sufrieron maltratos ni abusos, pero ambos tenían claro que eso no era un hogar.
Cierto día una trabajadora social habló con él y le explicó que no podían permanecer en ese albergue por mucho tiempo. Ambos serían puestos en adopción y fue clara al decirle que las posibilidades de que estuvieran juntos eran remotas.
Esa bendita mujer también le había explicado que la alternativa para no ser separados era que Chris ingresara a la milicia y ambos tuviesen un tutor, quien generalmente era un oficial de alto rango en el ejército, el cual respondiera ante la ley por ellos durante dos años. Así, cuando él tuviera 18, podía obtener la patria potestad de su hermana.
Él no lo dudó e hizo lo que la mujer le sugirió. El ejército les dio una diminuta vivienda dentro del Campo Militar. La modesta casa era apenas confortable, pero fue su hogar durante más de ocho años. Allí su pequeña hermana creció. Él fue ascendiendo en rango y ante sus aptitudes para pilotear naves fue enviado a la Fuerza Aérea, por lo tanto sus ingresos aumentaron considerablemente.
Claire nunca le dio problemas, al contrario. Era una niña muy madura y lo ayudaba incluso económicamente a pesar de que no lo necesitaban. Ambos recibían una pensión por orfandad que otorgaba el gobierno y ella siempre tuvo beca escolar por su excelente aprovechamiento. A los quince años consiguió un trabajo como camarera, ignorando por completo la reticencia de Chris, y con el dinero que la escuela le daba y la pensión, llevaban los gastos de su pequeño hogar.
Chris hacía un fondo de ahorros para la Universidad de su hermana, pero cuando ella ingresó lo hizo con una beca total. Él, como premio por su logro, le obsequió a su querida hermanita la Harley Davison con la que había soñado desde que era una niña.
Todo parecía ir bien en su vida, pero tras cuestionar órdenes superiores que consideró injustas, Chris fue degradado en el ejército, así que decidió abandonar su carrera militar. No podía vivir eternamente de sus ahorros, pero para su fortuna, cuando comenzaba a desesperarse, su amigo Barry Burton lo recomendó para ingresar en los S.T.A.R.S en la ciudad de Raccoon City. Aprobó los filtros del reclutamiento y aunque no le gustó vivir en otra ciudad, lejos de su hermanita, decidió tomar el empleo por consejo de la propia Claire.
Jamás imaginó cuánto cambiaría su vida de golpe. Ahora más que nunca se arrepentía de haber permitido que Claire se involucrara en ese mundo. Él estaba bien allí. Gracias a Raccoon City conoció al amor de su vida y luchaba día a día por un mundo mejor. Con todo y las pérdidas sufridas, su existencia tenía una razón de ser. Si pudiera cambiar una cosa en su pasado, él haría esa llamada que nunca realizó para pedirle a su hermana que no se acercara a Raccoon City.
Chris lloró. Le suplicaba a Dios por otra oportunidad para su hermanita. No era un deseo egoísta. Él sólo quería que Claire fuera feliz con su familia. En la India tuvo tanto miedo de morir y dejar solos a los suyos, pero saber que su hermana había sufrido lo indescriptible a manos de ese cerdo era un suplicio aún mayor.
Debía ser fuerte. Steve Burnside seguía respirando mientras su hermana se aferraba a la vida. Debía borrarlo de la faz de la tierra lo antes posible, de lo contrario Claire estaría en peligro constante… El Dios al que le habían enseñado a amar no promovía la venganza. Pero en ese instante Chris le pidió fuerzas. Si Dios existía y le había otorgado esos poderes que el virus C desataba, entonces ahora le pedía sabiduría para poder usarlos adecuadamente y acabar con la amenaza que representaba Burnside…
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Jill no intentó alcanzar a Chris, sabía que su esposo necesitaba estar solo unos minutos para asimilarlo. Ella se enfocó en sus memorias. Recordaba lo vivido en África y lo que sucedió a su regreso. Comprendía algo que Leon y Chris no. Ella misma había sido objeto de un trato inhumano. Entendía perfectamente lo que es ser dueña de nada. Que tu cuerpo deje de pertenecerte y otra persona tenga control de todo, incluidas tus acciones.
Había sido rescatada por Chris antes de que sucediera algo peor, aunque aun cargaba con el peso de las muertes que había causado al ser manipulada por ese suero potencializador que Wesker había creado, distribuido en su organismo de forma periódica por ese maldito aparato que se adhería a su pecho.
Sin embargo, Jill sabía que las heridas de Claire serían profundas, más profundas de lo que nadie, incluida ella, podía imaginar. Pero Claire no la había abandonado cuando ella y Chris regresaron a su país luego de esa pesadilla en África. No había soltado su mano cada que los recuerdos de la manipulación a la que fue sometida golpeaban su memoria.
Muchas veces recordaba el rostro de Wesker disfrutando de la mejor arma que había tenido. La pequeña Redfield había secado sus lágrimas en las ocasiones en que no podía parar de llorar, todo a espaldas de Chris. Jill no abandonaría a la que llamaba hermanita, más por lazo sentimental que por obligación familiar. No dejaría que Claire atravesara sola por ese oscuro túnel.
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Claire seguía sedada luego de la crisis que tuvo. El doctor Chang aseguraba que ya estaba fuera de peligro, pero aún no podían cantar victoria, pues había una lesión cerebral y probablemente daño psicológico por la agresión que sufrió. La mantendrían en largos periodos de letargo y vigilancia constante. No querían arriesgarse a que ella atentara contra su propia vida durante una crisis.
Sus amigos se mantenían expectantes, pero de momento no querían interferir en los asuntos familiares. Quienes permanecían cerca de Claire eran Leon, Chris, Sherry y Jill. A los niños se les dijo que Claire había tenido que viajar por un problema muy grande que hubo en su trabajo, así que no la verían por un tiempo. Leon se repetía mentalmente que esa mentira sería temporal. Que pronto recuperaría a su esposa y su familia sería tan feliz como lo era antes.
Cinco días transcurrieron desde que Claire fue hallada, Sherry la cuidaba y en cuanto vio que la pelirroja abrió sus ojos corrió a ella y la abrazó.
-¡Claire! Al fin despiertas. Creo que esos doctores se han pasado con las dosis. Has dormido mucho. ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
La mujer ni siquiera miró en su dirección. Estaba sumida en sus propios pensamientos y no reparó en la presencia de su querida hija. Eso dejó completamente descolocada a Sherry. Algo en su interior le decía que eso no estaba bien, así que salió en busca de algún médico.
Cuando el doctor Chang revisó los signos vitales de Claire y miró la dilatación de sus pupilas, se sorprendió al ver que ella no respondía a ningún estímulo. Parecía estar en un letargo.
-¿Qué sucede doctor? ¿Es normal que esté así?
-Para serle honesto, no lo considero normal. El medicamento no debía tener esta reacción en su organismo –Sherry asintió confirmando el argumento del doctor. Ella también sabía de medicina-. Sin embargo, pienso que puede ser parte del shock que está viviendo. Sin embargo, hay que recordar que la señora Kennedy sufrió un traumatismo craneoencefálico. Le realizaremos otros estudios. Si en 24 horas, sin tranquilizantes, sigue sin reaccionar, llamaremos al doctor Wilson…
-¿Y él qué…?
-Es el jefe de Psiquiatría. Desde un principio les avisé que el programa para tratar casos como el de la señora Kennedy requería apoyo psicológico. Él la valorará y entonces sabremos si esta reacción es normal.
-Entonces…
-No se alarme señorita. Aún es pronto para tener un pronóstico. Veamos cómo evoluciona y sabremos cómo actuar.
Sherry no quedó muy satisfecha, pero comunicó lo que el médico dijo a su familia. En los días subsecuentes la escena se repitió, sin importar quien estuviera con ella en la habitación. Chris conocía a su hermana mejor que nadie, o eso decía él, y cuando vio que ella ni siquiera lo miraba, supo que las cosas eran realmente serias.
Claire tuvo una recaída al octavo día de ingresar al hospital. Ante el esfuerzo de levantarse y luego de ser detenida por un par de enfermeros que resultaron lesionados en el proceso, uno de los puntos de su cirugía se abrió provocando una hemorragia. El doctor Wilson ya había dado su diagnóstico y ante la gravedad de Claire, el grupo cercano a los recientes acontecimientos se reunió en pleno. Debían tomar una decisión…
Continuará…
Uff… otro capítulo pesado… Pero ya pronto tendremos algo de acción! Ya estamos cerrando esta historia. Espero que le siga gustando y vámonos preparando para el final.
Chicos, quiero ofrecerles una disculpa por la demora en estos dos últimos capítulos. Realmente he estado actualizando casi mensualmente, sin embargo, en estos momentos tengo mucho trabajo y mi tiempo libre para escribir se ha reducido. Pero esta historia tendrá su merecido final, especialmente por ustedes, quienes siguen leyendo, añadiendo el fic o a su servidora en su lista de alertas y favoritos. Eso, créanme, no tengo como pagárselos, sino entregándoles la conclusión de esta historia.
Por cierto, ya no sé qué decir para agradecerles su apoyo! El capítulo pasado rompió el record de reviews, todos con palabras bellísimas (la verdad, esperaba una que otra amenaza de muerte por lo que pasó con Claire!).
Pues ya sólo restan unos cinco capítulos, a lo sumo, por lo que espero seguir contando con sus criticas, sugerencias, traumas, etc, etc.
Sin más, nos vemos en unas semanas… Los quiero! Y ante todo… VIVA LAS CLEONISTAS!
Besos!
Pily-chan.
