ESTE CAPÍTULO ESTA DEDICADO PARA:
* CLAUU * NAME * LADY KYA0 * DARKMATTER BLACK * JILL FILTH *
* ARY. VALENTINE * SON OF TIME * KONAN ANGEL13 *
* JESSICA * VEGETA´Z GIRL * PUCHU *
Chic s:
Ustedes me han apoyado desde el inicio del fic, permitiendo que se haya rebasado la barrera de los 100 reviews, por ello, esto es para ustedes…
De corazón, mi gratitud eterna por el tiempo que invierten en leerme y compartirme su opinión…
Y A TODAS LAS CHICAS CLEON, LES TENGO UN REGALITO EN CURSIVAS!
*AVISO: CAPÍTULO CON CONTENIDO LEMON.
Pily-chan
O
O
Capítulo XIII… FARSA
El cementerio Green Wood de Nueva York había visto desfilar miles de personas en procesión ante la muerte de algún célebre personaje. Pero en muy contadas ocasiones el sentimiento de pérdida era compartido por tantos. En ese momento cientos de personas vestidas de luto seguían el cortejo fúnebre. Un bello ataúd de cedro encabezaba el evento. Los hombres que lo cargaban, todos integrantes de la B.S.A.A., la D.S.O., ONU y Terra Save marchaban con respetuoso silencio a través del campo santo.
Justo detrás del ataúd se podía ver a un hombre sumamente apuesto, sus azules orbes estaban cubiertos por un par de gafas que lo protegían de un inusual sol de otoño. Traía puesto su abrigo, pues pese al brillo del astro rey el aire soplaba frío. Su mano izquierda, donde portaba la argolla de bodas, sujetaba con firmeza la pequeña mano de una niña preciosa. Ella también usaba un vestido negro. La pequeña, sin acabar de comprender lo que sucedía, seguía a su padre en silencio. Con la mano que tenía libre llevaba un pequeño ramo de rosas. ¡Deseaba tanto que su mamá estuviera con ellos!
Muy cerca de ellos avanzaba una bella rubia que miraba el piso. Su nariz y mejilla estaban rojas. Ella lloraba, pues hasta ese momento se estaba permitiendo vivir el duelo por sus pérdidas… Sus amigos, su amado y ahora esto… Traía de la mano a dos niños que la miraban con preocupación. Ellos también traían flores y guardaban silencio. Su padre les había dicho que ese día despedirían a una persona muy querida y debían portarse bien. Los cinco hermanos preguntaron quién era esa persona, pero su madre dijo que después lo sabrían, que por ahora debían ser respetuosos.
La madre de los cinco infantes llevaba de la mano a dos más. Los azules orbes de esa atractiva rubia tenían la protección de unas gafas cafés que cubrían casi dos terceras partes de su rostro. Ella no lloraba. Los niños se miraban entre ellos tratando de comprender qué sucedía… No eran tontos. Eso era un funeral porque alguien había muerto… Pero ¿quién?
La única niña del quinteto de hermanos quería preguntar tantas cosas. Su temperamento era curioso y bastante demandante por naturaleza, pero sus padres habían sido claros, así que no hablaba. Intercambiaba miradas entre sus hermanos, pero ellos estaban igual de confundíos. El robusto hombre de cabellera castaña, la cual empezaba a presentar signos de encanecimiento, producto de los recientes acontecimientos, llevaba a su hija de la mano. Algo muy fuerte oprimía su pecho, pero ya no tenía más lágrimas para derramar. Avanzaba con paso cauteloso y deseaba que todo eso terminara lo antes posible.
De pronto el cortejo se detuvo. El ataúd fue colocado bajo una carpa. Había un agujero junto a él que, al parecer de Madeleine, era muy profundo. Se escucharon unas trompetas y hombres uniformados hicieron un saludo militar. Un hombre de traje que se parecía mucho al presidente de su país dijo algunas cosas sobre el valor y la fuerza, pero resaltó la calidad humana de la Doctora Kennedy… Maddi se sorprendió.
Entendió que había alguien en esa caja y que esa persona había muerto… Sus padres le habían explicado lo que era la muerte hacía tiempo. Pero esa persona que estaba en la caja a la que llamaban ataúd compartía el mismo apellido que ella y sus padres… quizá era alguien de la familia. No pudo más con la curiosidad.
-¿Papá? –murmuró la niña tirando del brazo de su padre.
El hombre se colocó en cuclillas junto a la pequeña. Mirándola a los ojos y con un volumen que sólo su hija alcanzara a oír le dijo:
-Ahora no, cariño. En casa te lo explicaré… -después la abrazó contra su pecho, aferrándose a lo que le quedaba… Muchos de los presentes lloraron al contemplar esa escena.
Colocaron la bandera de los Estados Unidos sobre el ataúd y luego de mover algunos aparatos, éste se deslizó hasta quedar encima del agujero, finalmente comenzaron a bajarlo lentamente…
Leon le pidió a su hija que dejara caer las flores que tenía en sus manos. Así lo hizo y sus cinco primos la imitaron sin acabar de comprender a quién le estaban diciendo adiós.
Después un desfile de personas se aproximó a la familia, especialmente a Leon, para darle sus condolencias. En ese punto se le pidió a Sherry y a Jill que, escoltadas por Jake Muller, caminaran hacia su camioneta para evitar que los niños se relacionaran con las personas. Las muestras de afecto y solidaridad fueron acogidas por Leon y Chris. Únicamente el esposo y hermano recibirían el pésame por la prematura muerte de Claire Kennedy-Redfield.
Muller, Hunnigan, Nivans, Alomar, Andrews e incluso Barry Burton, quien había viajado desde Canadá, se mantuvieron cerca de los dolientes, pero sin intervenir. Nadie decía nada, pero intentaban brindar apoyo en ese duro momento.
A los asistentes no les sorprendió que ambos agentes se mantuvieran estoicos ante los acontecimientos. En ningún momento derramaron una lágrima o perdieron la compostura. Después de todo eran soldados de elite, entrenados para ocultar sus emociones sin importar qué.
Nadie estaba ahí por compromiso. Todos y cada uno de los asistentes lamentaba la muerte de Claire. Ella fue una dama excepcional. Sabían parte de lo que había ocurrido, todas las agencias estaban tras la pista de ese asesino y ya sólo esperaban instrucciones para iniciar el ataque. La muerte de esa valerosa mujer no quedaría impune…
El Presidente Benford se aproximó a Leon.
-¿Está todo listo?
-Sí, el primer grupo ya se está preparando. Nosotros dejaremos a los niños y partiremos.
-¿Cómo te encuentras?
Kennedy era un excelente actor. Tantos años al servicio del gobierno lo habían preparado para hacer frente a casi a cualquier evento. Pero la cruda verdad era que se sentía destrozado, sin embargo eso jamás interferiría en la misión más importante de su vida. Manteniendo la mandíbula apretada y la frialdad en sus ojos, respondió:
-Estaré bien cuando ese bastardo deje de respirar…
-Leon, sabes que más que un empleado, te has convertido en un amigo. Cuando tomé la presidencia tras la renuncia de Graham, la Casa Blanca estaba vuelta un caos. Tú sacrificaste tiempo con tu familia para ayudar a que la pesadilla que empezó en Raccoon City llegara a su fin. Me duele mucho que esto suceda… Claire era…
-Señor Presidente –interrumpió Kennedy-, no hablemos de eso por ahora. Yo le agradezco todo lo que ha hecho, pero hoy sólo necesito concentrarme en encontrar a Steve Burnside y borrarlo de la faz de la tierra.
-Tienes razón muchacho… Ya mañana será otro día y pensaremos en el siguiente paso. Les deseo éxito en la misión. Recuerden que todos deben volver a casa.
-Así será. Gracias.
El hombre le dio un abrazo a Leon antes de caminar hacia su camioneta. Ya había pasado más de media hora desde que el ataúd había sido sepultado. Chris y Leon abordaron sus autos. Sherry y Jake se fueron con Leon y Maddi; Chris condujo su camioneta con su familia. Los amigos cercanos de los Redfield-Kennedy se dirigieron en sus autos hacia la B.S.A.A.
Al llegar a esa bella construcción estilo victoriano de dos plantas, hogar de los Redfield, todos entraron, excepto por Leon y su pequeña Madeleine.
Cuando Redfield cerraba la puerta de entrada, Leon caminó más lento e intercambió una mirada con su cuñado y asintió. Tomó asiento en uno de los escalones que conducían a la entrada principal y colocó a su hija frente a sí.
-Amor, el día de hoy estarás con tus primos. Tus tíos y yo tenemos que salir a trabajar.
-¿Y Sherry? –preguntó.
-Ella también irá con nosotros.
-¿Entonces quien nos cuidará?
-Las personas que jugarán con ustedes ya los están esperando.
-¿Tardarás mucho? –Interrogó y en seguida añadió con emoción-. ¿Vas a traer a mami contigo?
Leon sintió un terrible nudo en la garganta. Una conocida picazón en los ojos y las lágrimas al acumularse le nublaron la visión momentáneamente, pero inspiró profundamente y se contuvo. No podía flaquear ante su hija.
-No lo sé cariño… Hay… Bueno… hay algunas cosas… ya sabes, depende del trabajo de ella…
-¿Me hablará por teléfono? ¡La extraño!
Los preciosos ojos de su hija, idénticos a los de Claire se anegaron. Leon se sintió desarmado. Por fortuna Sherry, quien había visto el breve intercambio de palabras desde una de las ventanas, salió y se mantuvo a una distancia prudente; decidió intervenir cuando vio a Leon dudar.
-Maddi, acabo de recordar que Claire me habló el otro día y me pidió que te diera muchos besitos. Tú estabas dormida y nos dijo que no te despertáramos. Así que te daré todos los besos que me encargó.
Abrazando a la pequeña niña y besando su mejilla, frente, nariz y mentón mientras le hacía cosquillas, Sherry la separó de Leon para que él pudiera respirar y continuar con la farsa. La risa de Madi era tan bella y Kennedy lamentó tener que engañar a su pequeña, pero era necesario…
-¿Listo? –Preguntó Sherry al mirar a Leon, quien sonrió lacónicamente y asintió.
-Sí. Preciosa, pórtate bien, haz caso de lo que te digan y recuerda que te amamos.
-Sí papi. Yo también los amo. A ti, a mami, a Sherry, a tío Chris y tía Jill, a mis primos y a Jake.
Sherry abrió los ojos con sorpresa e inconscientemente se ruborizó.
-¿A Jake?
-Sí, él es bueno conmigo. ¡Cásate con él como papá y mamá!
La rubia se puso completamente roja y Leon hizo un esbozo de sonrisa. Incluso para su pequeña hija era evidente que nacía algo más que amistad entre Sherry y Jake. La idea no le desagradaba y sabía que Claire también aprobaba ese potencial romance…
Sherry notó que los normalmente fríos ojos azules de Leon se perdían en sus memorias. El lenguaje corporal no engañaba y el cuerpo de su padre adoptivo parecía agotado. No quiso preguntar ni interrumpir el hilo de sus recuerdos, así que tomando la pequeña mano de Maddi entró a la casa de Chris, dejando solo a Leon.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
-¿Todo en orden?
Claire respingó al escuchar junto a ella la grave voz de su esposo. ¡Ni siquiera le sintió acercarse! Su aliento le hizo un poco de cosquillas, pero le fascinaba sentirlo así, tan cerca. El calor que emanaba al estrecharla en sus brazos la hacía sentirse segura y protegida.
Leon había ido a buscar a su esposa para que comieran juntos. Dio un par de golpes en la puerta de Claire, pero ella no respondió, por lo que giró el pomo con cautela y entreabrió la puerta. Avanzó un par de pasos, entrando al despacho y no la vio. Estaba por salir cuando reparó en la solitaria figura recargada en el barandal. Estaban separados por una puerta corrediza. Se quedó unos minutos a la distancia. Aunque le gustaba observarla, sabía que cuando su mujer estaba tan perdida en sus pensamientos, era porque algo le preocupaba. Sin pensarlo más, se dirigió hacia ella.
Recorrió el cristal con mucho sigilo y sintió el aire fresco del atardecer en la terraza. Su esposa lucía tan hermosa con ese aire contemplativo. Pero pronto la necesidad de tenerla entre sus brazos lo embargó, por lo que sigilosamente se acercó a ella y la rodeó por la cintura, recargando su cabeza sobre el hombro derecho. Podía percibir perfectamente su perfume y el aroma a fresas que desprendía su roja cabellera...
El viento acariciaba el rostro de Claire y movía ligeramente sus cabellos. Se había refugiado en la pequeña terraza de su oficina en el cuartel de la B.S.A.A. ¡La ciudad había cambiado tanto! Muy lejos quedó el bullicio al que se había acostumbrado. Las calles atestadas, el smog, el ruido… Nunca pensó que podría echar de menos a la antigua Gran Manzana.
Su esposo le acababa de preguntar si todo estaba en orden… ¿Lo estaba?
-Sí… Es sólo que –suspiró- todo cambió en tan poco tiempo. A veces creo que algunas cosas han mejorado, pero luego pienso que la voz de mi estúpido optimismo es quien intenta hallar luz donde sólo hay tinieblas.
-¿Qué ha mejorado?
-Ese estúpido optimismo cree que ahora todos somos mejores personas. Ya no escucho a la gente pelear por avanzar unos centímetros en el embotellamiento de la 5ª avenida. Las pocas personas que encuentro en la calle me saludan dándome los buenos días aunque no las conozca. Parece que otra vez volvemos a preocuparnos por los demás… Pero entonces pienso en todas las vidas que se perdieron y que no podrán recuperarse… Pienso en Wesker, en Umbrella, en Steve y…
Leon no esperó un segundo más, tomándola del talle, la giró para verla directamente a los ojos.
-¡Hey, basta! Sé muy bien hacia donde van esos pensamientos tuyos.
-Sí, sí, -replicó ella con hastío- sé que no debo sentirme culpable y todo eso… pero es tan difícil…
-Amor, las cosas nunca han sido fáciles para nosotros. Ninguno de los que se involucró con Umbrella ha llevado una vida normal. De hecho, creo que somos afortunados al haber podido formar una familia…
-Sin ese viaje a México ahora mismo seríamos completamente diferentes... –musitó ella recargándose en el amplio pecho de su amado… - Tú seguirías siendo un Casanova cualquiera.
-¡Oye! ¡Me ofendes! ¡No sería un cualquiera!
-Acepta que si, amor. Ambos sabemos que si las cosas hubiesen sido diferentes, tú estarías entregado en cuerpo y alma a combatir el bioterrorismo. Para bajar tus niveles de estrés beberías whiskey en la soledad de tu habitación y te tirarías a cuanta mujer atractiva se atravesara en tu camino. No dudo por un instante que serías el mejor en tu trabajo, compitiendo por el puesto con Chris, claro. Yo no tendría tiempo para romances. Mi único novio serían los reportes que debería entregar a las agencias de mundo… Indudablemente estaríamos solos…
-Sí, salvo por la parte en la que sería un promiscuo, pienso que así sería nuestra vida. Por eso, a pesar de todo, no me arrepiento de nada –replicó Leon acariciando el sedoso cabello de Claire-. Es decir, hay cosas que pude haber hecho mejor, pero hoy en día tenemos una enorme familia. Aún no tengo cuarenta y tengo una hija de 27 años, ¿cuántos hombres pueden decir eso?
-Muy pocos, amor –la pelirroja volvió a suspirar. Pero se separó unos centímetros para ver a Leon directamente a los ojos-. Tenemos una hija que está sanando sus heridas… Y creo que Jake podrá ayudarla.
-¿Jake? ¿No se te hace muy joven para ella?
Claire rió de buena gana y tomó el rostro de su esposo entre sus manos.
-¡No tienes remedio Leon Scott Kennedy Redfield! Te quejabas de Carlos, porque según tú era mucho mayor para ella y ahora le pones 'peros' al pobre de Jake. Además, si alguien puede comprender la vida de nuestra niña, es él.
-No estoy tan seguro. Jake no deja de ser un chiquillo soberbio con habilidades otorgadas por su carga genética.
-Es mucho más que eso, amor –replicó con ese tono suave y maternal-. No olvides que él dio parte de su sangre para ayudar a mi hermano.
-No, no la dio. Le pagaré por ella.
-¿Ya fijó su recompensa?
-No, aún no, pero…
-Un mercenario jamás trabaja sin un pago previo, ambos lo sabemos perfectamente. Jake busca lo que nosotros podemos darle…
-¿Y qué es eso?
-Una familia. Al final, igual que Sherry, Chris, Jill tú o yo, él es un niño abandonado que busca lo que no tuvo.
-¿Lo adoptaremos entonces? –Interrogó con cierta burla.
-Si él quiere ser adoptado –respondió ella subiendo los hombros y con una sonrisa radiante-. Podrá ser como el hijo que nunca tuviste.
-Que yo sepa estamos a tiempo de agrandar nuestra familia con los métodos tradicionales –respondió él con esas sonrisas ladeadas que enloquecían a las mujeres. A Claire no la enloquecía, sólo causaba que sus rodillas comenzaran a volverse de gelatina-. Somos jóvenes, saludables, tu fábrica y la mía siguen funcionando…
-S-si… Yo… Leon… si todo sale bien, me gustaría practicar para tener otro bebé… -afirmó Claire con algo de rubor adorando sus mejillas.
-¿Segura? –Interrogó él, fascinado ante el hecho de que a pesar de los años juntos, su esposa se avergonzara con insinuaciones como esa.
-Sí –respondió sin titubeos.
Leon tomó su mentón y mirándola fijamente a los ojos le dijo:
-Bien, entonces, cuando esto termine y todo salga bien, nos iremos de luna de miel a donde tú quieras. En lo que concierne a la práctica… -Leon cerró el espacio entre ellos, colocó un mechón de cabello tras la oreja de Claire y mordisqueó su lóbulo mientras su mano izquierda subía peligrosamente desde su cintura hasta sus pechos, estrujando con suavidad uno de ellos-. Ya sabes, si no te hago el amor a diario, podría olvidar cómo hacerte ver las estrellas.
-Y n-no queremos que eso pase… -replicó Claire con la voz entrecortada y las piernas temblorosas.
-Ya tiene tiempo que no ocupamos tu escritorio… -añadió Leon la voz levemente enronquecida.
-Pobre, hay que darle algo de trabajo.
-Te prometo que se lo daremos…
Leon no esperó más, sujetó la nuca de Claire acercando su rostro todo lo posible al de él y se hundió en esa pequeña boca que adoraba. La deseaba tanto que ya no estaba para besos románticos. Mordisqueó sus labios y en menos de un segundo, sus lenguas se acariciaban de forma frenética.
Sus pasos fueron ligeramente torpes al introducir a su mujer a la oficina. Sabía que la puerta tenía seguro, pues él mismo se lo puso al entrar, por lo que a toda velocidad corrió las persianas de las puertas de vidrio. El cuerpo desnudo de su mujer nadie sino él podía verlo. Una vez seguro de que estaban alejados de miradas indiscretas, no mostró reparos en retirar cada prenda del cuerpo de su amada pelirroja.
Por fortuna, la blusa negra que ella usaba ese día era de licra y tenía un cierre al frente, el cual bajó sin más preámbulo. Claire si se veía algo ofuscada al desabotonar la camisa de su esposo. Si por ella fuera los arrancaría de un tirón, pero aún estaban en el trabajo.
-¿Impaciente? –cuestionó él con sorna.
-No… tanto…
Claire sabía que no sería bien visto el que su esposo saliera de la oficina con la camisa abierta porque los botones salieron volando. Además, jamás les regalaría a las secretarias la fabulosa vista de los pectorales y abdomen perfectamente definidos de Leon. Tardó un minuto más que él en quitarla. Seguían besándose y se escuchaban ligeros gemidos.
A él siempre le gustó observar el balance en el cuerpo de Claire. Sus caderas estaban bien proporcionadas; eran perfectas para el tamaño de sus propias manos, pues podía sujetarlas y sumergirse en la entrepierna de ella. Su cintura era esbelta y el abdomen perfectamente plano. No quedaba prueba de que estuvo embarazada, salvo esa pequeña cicatriz horizontal en su bajo vientre. Pero su perdición estaba en los pechos de Claire. Podía pasar horas deleitándose con esos firmes montículos que sólo él había tenido el placer de explorar. Le agradaba en especial ser testigo del mosaico de reacciones que ella tenía cuando tocaba, besaba, mordía o succionaba sus senos.
Justo en ese momento, una melodía de gemidos escapaba de la garganta de su pelirroja, pues tras haberla subido al escritorio, aún con sus desgastados vaqueros negros puestos, se inclinó sobre ella y retirando su delicado sostén de seda color rosa, se apoderó de su seno derecho para acariciarlo con la lengua y después succionarlo con avidez. Él debía sujetarla por la espalda, pues Claire siempre perdía la razón, arqueándose y clamando por más cuando él daba ese tratamiento especial a esa zona tan sensible.
-¿Quieres más? –susurró él provocando que ella sintiera una oleada de placer recorrerla de pies a cabeza.
-Sí, sí…Más.
Claire estaba fuera de sí. Las caricias de ese hombre podían volverla loca. Cada fibra de su ser pedía a gritos sentirlo lo más cerca posible. Lo amaba tanto y disfrutaba compartir la entrega más íntima sólo con él.
Leon desabotonó el pantalón de la pelirroja y pidiéndole que lo ayudara levantando sus caderas, lo retiró dejando a la vista ese maravilloso par de piernas. Tan pronto los ajustados jeans de Claire estuvieron fuera de su alcance junto con los botines color café, Leon procedió a desabotonar su propio pantalón y retirarlo a la par de sus bóxers sin dejar de besarla.
Claire ya sólo traía puestas sus pantaletas que hacían juego con ese lindo brasier. Pero esas en particular se anudaban de los lados por un par de finos listones. Leon lo notó cuando la despojó de sus jeans.
-Eres tan hermosa.
-Gracias… Gracias por amarme.
Leon ya respondió. La besó con pasión ahogando sus propios gemidos y los de ella. Mientras la estrechaba con un brazo, su mano derecha se encargaba de deshacer uno de los moños laterales que mantenían la ropa interior en su sitio.
Casi recostándola sobre el escritorio, se dio tiempo para besar y mordisquear el cuello de su mujer. Cuando el nudo cedió ante sus hábiles dedos ayudó a Claire a enderezarse y la acercó a él, quien ya estaba perfectamente posicionado para el evento principal.
-Te amo, te amo…
Mientras le susurraba esas cinco letras, Leon iba entrando en ella. Siempre le resultaba gratificante sentirla tan húmeda. Claire gemía conforme él se abría paso entre sus paredes y se aferraba a su espalda, intentando también controlar el acceso de aire en sus pulmones.
-Leon, amor… dame más…
Esa voz, esa preciosa y melodiosa voz embargada por el deseo lo ponía a mil. Comenzó a moverse, empujando con vigor y llenando por completo a su acompañante, pero ese vaivén de pronto le parecía insuficiente, así que acercó el cuerpo de Claire tanto como le fue posible y ella enredó sus piernas en la cintura de su amado.
-Leon, Leon… Te amo…
-Claire, oh por Dios…
Seguía empujando y ella lo ayudaba chocando sus caderas cada segundo. De pronto, el escritorio parecía estorbarle, así que tomó a su mujer por el trasero y la llevó hasta la pared más cercana, donde la recargó mientras él continuaba penetrando. Ella respondía su vigor con fuertes gemidos ante cada embate.
A pesar de que deseaba continuar con ese baile perpetuo y escuchar más y más los gemidos de su pelirroja, Leon ya no tenía 17 años para resistir tanto.
-Amor…
-Lo sé… Acaba conmigo…
Y Leon entró con todas sus fuerzas, extasiado por el doble sentido de ese par de palabras. La penetró varias veces antes de sentir que las paredes de su mujer se contraían y ella dejaba escapar un ligero y ronco grito. Esa fue su señal, así que dando una última estocada, se dejó ir, mojando su intima cavidad. Así Leon halló el placer infinito y la liberación al terminar dentro de ella.
-Te amo, preciosa.
-Como yo a ti... No me dejes nunca Leon… No podría vivir sin ti…
OoOoOoOoOoOoOoOoO
-Yo tampoco puedo vivir sin ti… -murmuró el hombre mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.
Ya no sabía cómo seguir sin su Claire. No era como si el aire le faltara, como si se sintiera vacío, como si le hubieran robado a su otra mitad. En realidad le había sido arrebatada la vida misma. Su existencia era una farsa. Ése que estaba ahí sentado no era más Leon S. Kennedy. Era algo muy similar a esos zombies que deambulan sin una razón de ser.
La única motivación que lo hacía despertar, vestirse y comer se llamaba Madeleine. Y aunque sonara como el peor de los padres, en ocasiones parecía que ese incentivo le era insuficiente. Claire era todo para él, no había una sola parte en su vida en la que ella no estuviera presente. Sentía que si no fuera por su hija, él hubiera muerto asfixiado por el dolor desde hacía unos días…
-¿Leon?
El aludido rápidamente secó sus lágrimas y se puso de pie para encarar a su cuñado.
-Dime.
Chris se sentía incómodo. Hacía años que había hecho las paces con Leon. Después de todo, el hombre amaba y respetaba a su hermanita. Eso era todo lo que él podía pedir para entregarle el cuidado de Claire… Pero en ese momento sentía tanta empatía que le resultaba perturbadora. Él no era bueno con eso de las emociones así que no sabía qué decir o hacer… De hecho podía verse a sí mismo reflejado en Leon durante la época en la que creyó muerta a su Jill…
-Puede sonar estúpida mi pregunta, pero ¿estás seguro de querer acompañarnos? No, espera, mejor dicho: ¿puedes acompañarnos?
-Por nada dejaría de ir –respondió Leon con el entrecejo fruncido, totalmente a la defensiva, pues se sintió ofendido por ese cuestionamiento.
Chris carraspeó. Desde que Claire fue secuestrada había evitado hablar con Leon. Le bastaba su propio dolor y culpa para escuchar el de alguien más, pero parecía que esta vez no tendría salida.
-Leon, sé lo que sientes…
-Chris, no –cortó Kennedy con absoluta seriedad-. Ni siquiera lo intentes... No sabes lo que siento.
-Jill… -intentó Redfield, pero no pudo añadir más, pues Leon lo interrumpió por segunda vez.
-Sí, sé perfectamente lo que pasó con Jill, pero jamás compares mi dolor con cualquier otro –replicó subiendo su volumen de voz a cada palabra. Chris observó con asombro cómo la mirada de Leon se volvía feroz-. ¡Nadie tiene ni puta idea de lo que es desear morir porque yo puedo seguir con esta maldita vida y ella no! ¡Nadie sabe que quiero asesinar a ese bastardo de la forma más dolorosa posible! Quiero despedazarlo por haber tocado a la mujer que amo. –Leon se sentía abrumado. Todas esas frases habían dado vueltas en su cabeza de forma incesante los últimos días, pero no las había externado. Ya no tenía sentido contener sus lágrimas-. Yo… yo tengo que vivir sabiendo que no pude protegerla, que no cumplí la promesa que hicimos al casarnos. Que ella no estará conmigo…
Chris estaba llorando. De todas las cosas que pensó podía tolerar, esa no estaba en la lista. No supo cómo o por qué, pero abrazó a Leon con fuerza intentando no solo darle consuelo, sino hallar un poco sabiendo que él compartía su pena.
Kennedy devolvió el gesto con similar ímpetu y supo que estaba siendo un cerdo egoísta, porque ahí estaba ese hombre, fuerte, valiente, un guerrero, y su existencia también estaba destrozada. Él había perdido a su pequeña hermana y aún así estaba dispuesto a vencer a su peor enemigo.
Pasaron unos cuantos minutos en los que ninguno dijo nada. Era extraño. En toda su vida Leon jamás sintió esa fraternidad por nadie. Jamás se permitió sentirla.
-Acabaremos con ese maldito y recuperaremos a Claire… a nuestra Claire –dijo Chris separándose de Leon. Las lágrimas habían dejado marcas en sus rostros, pero ninguno hizo el intento por borrarlas. Redfield tomó a su cuñado por el hombro, presionó ligeramente y cuestionó-. ¿Entendido hermano?
-Entendido.
La guerra estaba por iniciar…
Continuará…
Hola a todos!
Lo sé, fue mucha sensibilidad en este capítulo, pero espero no haberlos confundido demasiado. En los próximos veremos cómo Chris planea recuperar a su hermana... Ah, y no desesperen, ya casi llega la acción.
Además, tomando en cuenta que en los capítulos pasados me pasé de cruel, de último minuto decidí añadir este pequeño lemon. Agradezco a las musas que vinieron en mi auxilio, dándome un poquito de inspiración. Espero haber compensado el sufrimiento de nuestros protagonistas con este momento de pasión.
Nuevamente, les doy gracias infinitas por dejarme sus comentarios. Este fic ha sido como ese hijo que cuesta mucho parir y al lograrlo te sientes orgullosa de haberlo hecho (vaya analogía la mía, sobretodo porque nunca he parido, pero quiero creer que es más o menos así, jajaja).
En todo momento ustedes me han hecho sentir cobijada y halagada. En cada capítulo he descubierto con total felicidad que hay nuevos lectores, quienes se toman la molestia de escribirme un review dejándome saber sus impresiones o haciéndome sugerencias.
Les ofrezco una enorme disculpa porque realmente se me complica responder los reviews, ando corta del tiempo, como ya se los comenté en el capítulo pasado. Pero les aseguro que todos y cada uno de sus comentarios los leo y hago algunas modificaciones a la historia conforme los consejos que me hacen llegar.
Al principio dije que sería un fic corto… Creo que siempre digo lo mismo y siempre me aloco escribiendo más y más… Según yo iban a ser diez capítulos, sí cómo no… Vamos en el 13 y todavía no acabamos con el súper villano! Pero no desesperen, ahora sí ya estamos llegando a la recta final!
Aprovecho también para agradecerles a quienes han leído ENCUENTROS INESPERADOS y han colocado ese fanfic o a su servidora entre sus favoritos. Es un honor que disfruten de esas locas ideas que pululan por mi mente y además, me consideren digna de estar en esa lista.
Sólo me queda enviarles muchos besos y abrazos a los CLEONISTAS DEL MUNDO. De acuerdo a la propuesta que leí, se ha instituido el 29 de septiembre como el día CLEON! FELICIDADES A TODAS (algo atrasado). Veo con suma felicidad que el fandom Cleon de Resident Evil en español va cada vez en aumento. Eso es sencillamente MARAVILLOSO!
Vamos por más historias! Y las que se han quedado en el congelador, no sean crueles… vivir con la duda se siente muy feo… termínenlas!
Sin más, les mando un fuerte abrazo y nos leemos pronto.
Pily-chan.
