Capítulo XIV… CONTRAATAQUE
Leon, Sherry, Jill y Chris partieron a la B.S.A.A., donde ya los esperaban los equipos de ataque. Los seis pequeños estarían en resguardo las 24 horas en el hogar de los Redfield, cuidados por un par de niñeras enviadas por la Casa Blanca para protegerlos.
Todo estaba listo: tenían la ubicación de ese maldito gracias a los datos que Ada Wong dio. Los movimientos tuvieron que hacerse rápido, pues de acuerdo a la mujer oriental, Steve planeaba un atentado a la Casa Blanca, lo cual seguramente ocurriría cuando se enterara de la muerte de Claire. Pero ellos no esperarían a que él diera el primer paso, no permitirían que más inocentes pagaran por la locura de ese monstruo.
Christopher, Jill y Sherry Redfield junto a Kennedy, Muller, Alomar y Andrews de inmediato se prepararon. Usando sus uniformes se sabían listos para pelear. No perderían esta guerra, pues todos sabían que sus motivos eran justos. Éste era su último enemigo y el daño que Steve Burnside le había hecho a Claire lo pagaría con cada maldita gota de su sangre.
Las movilizaciones iniciaron. El primer grupo arrasaría con los B.O.W.'s que sin duda alguna hallarían en su camino. Ada les envió el mapa de las instalaciones ubicadas en New Jersey en un poblado abandonado. De inmediato la DSO apoyó con la vista satelital de la zona.
Leon no había vuelto a ver a Ada desde que ella lo alertó sobre el secuestro de Claire. Ella envió toda la información mediante correos electrónicos, por lo que no tenía idea de su paradero, pues aunque el equipo de rastreo del gobierno hizo su trabajo, el IP del equipo desde el que se enviaba la información siempre era diferente, ubicándola en varios puntos del continente americano. Leon sabía que tenía una deuda con la mujer. Además, recordaba que ella había sido agredida por Burnside y aunque la llegada de esos mensajes indicaba que seguía con vida, no sabía en qué condiciones estaba.
El equipo de limpieza se ubicó en una nave industrial en una zona de difícil acceso de New Jersey. La zona fue evacuada bajo instrucciones del Presidente ante un probable desastre biológico. La poca población no lo dudó un segundo y abandonaron sus casas a la brevedad.
Más de cien hombres se encargaron de revisar cada uno de los rincones de esa guarida. Wong tuvo razón cuando le dijo a Leon que Steve ya estaba llegando al límite en recursos. Y por lo que Leon observó, también en sanidad mental.
Miles de zombies les hicieron frente. Esas personas estaban infectadas por diversos tipos de virus. La fuerza militar no tuvo mayor problema en abatir semejante horda. El equipo de limpieza siguió avanzando y al entrar en el desértico poblado, hallaron un campo enrejado. Les pareció sospechoso, así que ingresaron a esas instalaciones. Pronto hallaron lo que causaba semejante peste. Cientos de cadáveres andantes en un estado de putrefacción avanzado… Todos eran niños.
Era difícil calcular la edad de los infantes, pues ya nada quedaba de sus facciones, pero por la estatura, ninguno debía rebasar los diez años; habían perdido la mayor parte de su tejido muscular. Por el grado de putrefacción, debían tener por lo menos medio año de haber sido infectados.
Estaban encerrados en algo parecido a mazmorras. Tampoco era posible determinar cuál de los virus fue el que los infectó. El equipo caminó entre trozos de carne putrefactos y líquidos viscosos de origen dudoso. Sin embargo, realizaron un trabajo más que eficiente acabando con el sufrimiento de esos seres.
Los sobrevivientes de Umbrella viajaban en una camioneta con los asientos acomodados en las orillas. El vehículo tenía diseño militar, por lo que en el espacio en el centro se encontraba parte de su arsenal sujeto con amarras, evitando que con un movimiento brusco alguna se accionara en medio del camino. Detrás de ellos viajaba otra camioneta con lo más pesado del equipo. Sabían que de ser necesario tendrían que volar el sitio, así que no escatimaron en armamento.
Luego de que el primer equipo hiciera su trabajo, ellos se dirigían al edificio en el que, según el reporte de Ada, se encontraba Steve. Chris consideraba que eran demasiadas personas para una misión que él podría realizar perfectamente solo. Debido al proceso de recuperación que aún estaba llevando Piers, Chris le prohibió categóricamente formar parte activa, por lo que él tuvo que conformarse con apoyar en el respaldo. Hunnigan formó parte del mismo equipo.
Aunque Chris intentó emplear la misma estrategia que usó con Piers en su esposa, Jill se negó rotundamente a quedarse en casa. Nada le impediría ayudar y presenciar con sus propios ojos la caída del maldito Steve Burnside. Redfield de antemano sabía que no obtendría una respuesta diferente de su amada, por lo que sin dudarlo hizo equipo con ella. Después de todo juntos trabajaban a la perfección, pero fue necesario realizar varias prácticas antes de obtener los resultados de antaño.
El Presidente envió días antes a una de las mejores agentes con las que contaba la D.S.O. Leon la conocía, pues él mismo la había reclutado años atrás. Indudablemente Helena Harper era una mujer excepcional y trabajar con ella era sencillo, pues para fortuna de Leon ella no parecía estar interesada en coquetear con ningún hombre sobre la faz de la tierra.
Barry conducía el vehículo y se aseguraría de que el que los seguía también estuviera en perfectas condiciones lo más cerca posible; ya no estaba para llevar a cabo combates cuerpo a cuerpo, pero la situación que afectaba a los Redfield también le concernía. Claire había sido como una pequeña hija más para él. La conoció siendo una niña y la había visto crecer y madurar frente a sus propios ojos. Cooperar hasta donde sus posibilidades se lo permitían era lo menos que podía hacer.
David Trapp, el ahora retirado capitán de los S.T.A.R.S. de Exeter, se había unido al escuadrón. Él se encargó de que el escape por cielo estuviese listo en todo momento. El helicóptero propiedad de la DSO estaba dispuesto en caso de que, como era costumbre, necesitasen salir pitando del lugar. El hombre tenía una vasta experiencia miliar, lo cual le permitía pensar en estrategias que quizá sus compañeros, sin ánimo de subestimarlos, podían pasar por alto.
Ambos hombres eran conscientes de que su edad les impediría prestar ayuda física para la misión, pero les garantizarían a sus compañeros una manera de huir. Se lo debían a Claire.
Sheva Alomar y John Andrews trabajaron mucho entrenando para poder formar un equipo sólido. No tuvieron mucho tiempo para conseguirlo, pero al menos ambos sabían las fortalezas y debilidades del otro.
Sherry y Jake habían pasado mucho tiempo juntos al entrenar. Las habilidades de regeneración de la rubia mejoraron muchísimo al estar expuesta a verdaderos retos. En la cámara de entrenamiento no tuvieron reparos en emplear lo mejor de sus simulaciones para crear un ambiente extremo. Ambos resultaron heridos muchas veces, pero sabían que si no daban el máximo en un ambiente controlado, jamás conseguirían la victoria.
Sherry estaba inquieta. Ella no quería esperar para entrar en acción. A pesar de haber realizado pequeñas misiones con anterioridad, sabía que ésta era la más importante en su vida. Deseaba tanto ver morir a Steve Burnside… Sin embargo, no podía permitir que sus sentimientos obnubilaran su objetivo real. Esa batalla se llevaba a cabo no sólo por Claire, sino por todas las personas, casi un 30% de la población mundial, que habían muerto a causa de un hombre desquiciado.
Hace un par de días se sentía completamente segura de poder ofrendar su vida de ser necesario, pero Chris le había dado una valiosa lección…
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Flash Back
La menor de los Redfield entrenaba con ahínco. Las instalaciones de entrenamiento de la B.S.A.A. se habían visto agitadas en los últimos días. Sherry y Chris en particular ponían a fuerza su resistencia. Jill entrenaba con tesón, y pese al retiro de años, pronto se movía como si sólo hubiese pasado un día desde su última misión. Sherry recordaba a cada paso su infancia y ahora más que nunca se encontraba lista para pelear. De niña tuvo mucho miedo al haberse encontrado con monstruos y zombies, pero aún en medio de esa locura halló la fortaleza para mantenerse ecuánime y no perder el control por el miedo.
Aún recordaba los primeros reportes de personas desaparecidas que se dieron en Raccoon City. Muchos decían que sólo era publicidad para la ciudad, pero las personas que estaban a las orillas, quienes fueron las primeras afectadas, de inmediato tomaron medidas de seguridad.
En la escuela les pedían salir en grupos, pero preferentemente que algún adulto fuese a recogerlos. Claro que en su caso, ninguna de las dos cosas sucedía. Siempre fue una niña inteligente, callada, tímida y solitaria. Esa es una pésima combinación cuando se estudia en una pequeña ciudad, como lo era Raccoon City. Además, todos sabían que sus padres eran unos científicos importantes en la afamada Umbrella Corp., por lo que era víctima frecuente de comentarios despectivos.
Nunca la agredieron físicamente, pero no era divertido ser llamada "ratoncita Birkin" por sus compañeros. O que escondieran su uniforme en clases de deportes, o su mochila… A pesar de todo, cuando ellos comenzaron a abandonar la escuela, ella no se sintió feliz. Es decir, no tenía un amigo, no sentía especial afecto por nadie, pero tampoco quería quedarse sola. La escuela le daba la compañía de personas, lo cual no tenía en casa.
Un día, todos corrían y se escondían. Ella estaba en casa alistándose para ir al colegio, no comprendía lo que sucedía. Su hogar, como siempre, estaba solo. Ese día se durmió sin saber si sus padres habían llegado en la noche o no. Pero su madre le llamó por teléfono, le dijo que corriera a la estación de Policía de Raccoon City y se escondiera ahí. Ella no preguntó y obedeciéndola salió corriendo. La ciudad estaba hecha un caos. Alcanzó a ver mucho autos chocados y personas que salían con maletas. Incluso vio a los que después reconocería como zombies, pero que en un principio le parecieron personas alcoholizadas o quizá enfermas.
Cuando vio a uno de esas personas comerse a otro cerca de Emmy´s Café, no dudó un segundo más y echó a correr con todas sus fuerzas. En la estación de policía todo era desorden y gritos. Los oficiales se gritaban unos a otros, pedían refuerzos en todas las calles de Raccoon y muchos de ellos no podían mantener la calma. No había organización y pronto las personas infectadas entraron también allí. Sherry ya sabía qué hacer. No estaba a salvo en ninguna oficina. Pero observó que los zombies no eran inteligentes, así que la única solución que halló fue esconderse en los ductos de ventilación.
Estaba aterrorizada, pero pronto tuvo hambre, así que rompió el cristal de un par de máquinas dispensadoras. Tomó papas fritas, pan y bebidas. Aunque la comida chatarra no era nutritiva, le ayudaría a mantenerse con vida. La noche cayó y el miedo incrementó, parecía que estaba en una de esas películas de terror. Hurtó de los casilleros una cobija y un cojín de la lujosa oficina del jefe Irons. Durmió de vez en vez escondida en los ductos.
Al día siguiente quiso correr hacia los laboratorios para ver si sus papás estaban bien, pero ya no había posibilidad de moverse en la comisaría, pues estaba invadida de zombies. Sabía que eran lentos y ella era pequeña, así que podía esquivarlos, pero debía correr como nunca antes en su vida. Tomó valor para salir, pero de pronto, escuchó el gruñido de algo monstruoso. En ese rugido ella parecía escuchar su nombre. Sintió terror. Regresó a los ductos y temiendo que en verdad esa cosa la persiguiera, se estuvo moviendo intentando perderle el rastro y manteniéndose alejada de los zombies.
Cuando comenzaba a perder las esperanzas de ser rescatada, encontró a Claire. Ahora que lo pensaba con detenimiento, tal vez por eso sentía tanta admiración hacia ella. Su sola presencia tenía un significado profundo en su existencia. Ella era su esperanza. Apareció cuando más la necesitaba y llenó de luz su mundo, protegiéndola incluso luego de que su padre la infectó, arriesgando hasta su propia vida al conseguir la vacuna. Le debía tanto… Lo mínimo que podía hacer era acabar con ese monstruo llamado Steve Burnside y luego luchar por traer de vuelta a su madre…
En aquel momento estaba sola en el cuarto de entrenamiento. Jake dijo que tenía algo importante que hacer y ella decidió seguir por su cuenta. Golpeaba con fuerza al muñeco de entrenamiento. Sentía que sus manos estaban entumecidas y de hecho ya presentaba algunos cortes, pero nada le importaba. Debía esforzarse al máximo.
De pronto, una mano cálida sobre su hombro la asustó:
-¿Todo bien?
Luego de respingar giró para encontrarse a Chris.
-Sí, sólo estaba entrenando.
-Sherry, estas herida.
-Sí, pero ya sabes… No hay problema, me curo rápido.
Sin mediar palabra, Chris estrechó el menudo cuerpo de Sherry entre sus fuertes brazos, cuidándose de no lastimarla. La joven al principio se tensó, pero pronto se sintió desarmada ante la calidez de Chris. El dolor, la angustia, la furia, todas las emociones que rondaban su interior salieron de golpe en forma de un abundante llanto y fuertes sollozos que escapaban de su garganta.
No supo cómo comenzó o cuánto tiempo pasó, sólo enterró su rostro en el amplio pecho de Chris y abrazó con fuerza al que consideraba su hermano mayor. Así dejó salir las lágrimas que contenía desde que dio inicio esa horrible película de terror.
-Tranquila pequeña, todo saldrá bien, te lo prometo, traeremos a Claire de vuelta y todo será como antes.
-Yo… No… Ella… No, Chris… -murmuró entre sollozos-. Ella no lo merecía…
-No, por supuesto que no. Nada de esto debió ocurrir.
-¡Acabaré con él, Chris, te lo prometo! Aunque tenga que dar mi vida ese bastardo va a morir...
-No Sherry, ni lo menciones. Claire jamás me perdonaría si algo te sucediese. Volveremos. Somos una familia, no lo olvides. Y la familia no se sacrifica, se protegen unos a los otros, nos cuidamos y sabemos que debemos regresar, porque alguien nos espera. ¿Entendido?
-Así es –dijo una bella voz desde la puerta. Ambos giraron la vista y a Jill le causó gracia el que ambos quisieran disimuladamente quitar el resto de lágrimas de sus ojos. Claro que en el caso de Sherry era casi imposible desaparecer en un instante el tono rojizo de su nariz y mejillas-. No tenemos derecho a morir en la batalla que nos espera mañana. Claire cuenta con nosotros y debemos esforzarnos por ella.
Caminó hacia Sherry y regalándole una sonrisa, tocó su largo y perfectamente cuidada cabellera rubia.
-¿Jill, podrías ayudarme?
-Claro, ¿qué necesitas pequeña?
-No quiero que nada me estorbe mañana. ¿Podrías cortarme el cabello?
-¡¿Cortarlo?! Pero si está tan largo y bonito…
-Ayer, en el entrenamiento con Jake, él me dijo que el cabello largo podría significar una ventaja para el enemigo…
Jill sonrió con comprensión. Así que de eso se trataba… Jake. Miró disimuladamente a su esposo y observó cómo fruncía el entrecejo. Sherry y Jake… Jake y Sherry. ¡Qué interesante! Bueno, debía admitir que hacían linda pareja.
-Claro, vamos ahora mismo. ¿Me esperas un rato, amor? –Preguntó dirigiéndose a Chris-. No tardaremos más de media hora.
-Adelante, vayan a hacer esas cosas de chicas que tanto les gusta. Aprovechen para hacerse manicure y pedicure, por si acaso…
-Nunca me haría un manicure sin ti. Ambos sabemos que te encanta...
-¡Hey! Esa es información clasificada Jillian… -replicó Chris Redfield avergonzado-. Además, no tiene nada de malo que un hombre atractivo cuide sus manos…
Sherry rió con discreción. Parecía que el paso del tiempo no disminuía un ápice el amor que esos dos se tenían… Esperaba poder encontrar algo similar algún día…
-¡Claro, Redfield, lo que tú digas! –Dijo Jill estirándose para dejar un suave beso en los labios de su esposo. Luego, tomó a Sherry de la mano y caminó con ella-. Vamos, pequeña. Te espera un fabuloso cambio de look.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Las palabras de su familia permanecían a fuego en su memoria. No tenía derecho a morir. Claire ya había sufrido lo suficiente. Lo menos que podían hacer por ella era regresar sanos y salvos…
-¿Todo bien, super girl? –interrogó Jake con un tono bastante bajo de voz. Todos en la camioneta iban en silencio. Tenían clara la estrategia, así que estaban en profunda concentración o sumidos en sus recuerdos.
-Claro –le respondió con el mismo volumen. No deseaba llamar la atención.
-Quiero que sepas que no estoy en esta batalla por… por ser un buen samaritano… Ese sujeto, ese tal Steve, es lo último que queda del terror que mi padre sembró. Me encargaré de borrarlo del mapa y luego seguiré adelante.
-No me importan las razones Jake, sólo sé que estás aquí, haciendo lo correcto –dijo Sherry y añadió con algo de resentimiento en la voz-. Después podrás hacer lo que te venga en gana...
-Me alegra que lo menciones, porque cuando terminemos la misión, tendrás una cita conmigo, sólo porque me da la gana… No acepto negativas. Así que cuídate muy bien, porque incluso si resultas lesionada, te sacaré del hospital para que salgas conmigo, ¿entendido? -La rubia lo miró con sorpresa y un intenso rubor se hizo presente en sus mejillas. De todas las respuestas que esperaba de ese arrogante hombre, esa era la última. Sintió la discreta mirada de Jill y Leon sobre ella, pero no quiso decir nada, por lo que se limitó a asentir-. Por cierto, te ves muy linda con el cabello corto.
Jill sonreía desde su asiento y levantó la vista para hallar a Leon con el mismo gesto que ella, aunque menos evidente en Kennedy. Intercambiaron una rápida mirada de complicidad antes de escuchar la potente voz de Barry.
-Hemos llegado. Estaré en contacto permanente con el capitán Redfield y Hunnigan. Trapp tendrá listo el escape vía aérea. Si necesitan apoyo, contacten a alguno de los dos para saber a dónde ir…
-Gracias, hermano –musitó Chris-. Bien damas y caballeros, todos sabemos por qué estamos aquí. El mapa que nos envió Wong muestra cuatro entradas que rodean el edificio. Hay cinco pisos. Sólo para refrescar la memoria, Jill y yo iremos por la entrada A y revisaremos la planta baja; Kennedy y Harper por la B, les toca el primer piso; Alomar y Andrews por la C, limpiarán la segunda planta y Redfield junto a Muller van por la D y limpian el tercer piso. Nos encontraremos en 30 en el piso 4 y seguimos adelante. Vamos armados hasta los dientes, no tenemos ni idea de qué nos encontraremos en el camino, pero no creo que nos pongan fácil el trabajo. Saben qué hacer y cuál es el objetivo. Si lo encuentran antes, avisen e iremos a dar apoyo. ¿Dudas? –Todos negaron- Bien, éste es el momento, equipo. Aquí se define todo. Nos veremos al final.
El equipo bajó del vehículo. Se dirigieron a la camioneta de atrás donde tomaron alguna arma extra a las que ya llevaban. Iban armados hasta los dientes. Todos tenían entrenamiento militar, por lo que sus movimientos estaban perfectamente calculados. Jill se sentía ansiosa. Hacía años que no participaba en una misión de semejante rango, pero ella debía estar ahí. No podría volver a ver el rostro de sus pequeños y de Maddi sabiendo que ella no hizo nada para acabar con el sufrimiento de Claire.
Dirigiéndose con presteza a la entrada principal, Chris descubrió que la puerta estaba cerrada, por lo que con señas le indicó a su compañera que forzara la cerradura con ese talento que ella poseía y que sólo Sherry había conseguido imitar. Luego de unos instantes ingresaron a lo que parecían ser oficinas. Hallaron una recepción con mesa de cristal y varias sillas. Todo estaba en su lugar. No había rastros de sangre, pero el aire sí se percibía viciado, la peste de los no muertos.
-Con cuidado. No sabemos qué nos espera…
Ni siquiera había acabado la frase, cuando algo se prendió a los botines de Jill. Ella de inmediato dirigió su mirada al piso y vio a un zombie aferrándose con sus huesudos dedos a su tobillo, alistándose para morderla. Sintió repulsión por esa cosa, pero una parte de ella sabía que ese ser nauseabundo fue un ser humano. Ese hombre quizá estuvo en el lugar y momento equivocado, tal vez luchó para proteger a sus seres amados. Lo más piadoso era terminar con esa existencia a la que de ninguna forma se le podría llamar vida.
El primer disparo a penas resonó debido al silenciador que tenía en el arma. Chris miró al cadáver y continuó con la frase que había quedado en el aire antes de la intromisión del zombie.
-¿Estás bien?
-Claro, la misión apenas está comenzando… -Chris ya no respondió, pues varios lastimeros quejidos se dejaron escuchar por el sitio-. Tendremos compañía para rato. A estas alturas los demás ya deben estar en sus respectivos pisos…
Aunque estaba alerta, a Chris le llamó mucho la atención una serie de cuadros colocados en la pared del fondo de espera. Al ingresar en las oficinas, debido a la poca luz que entraba, ambos encendieron las lámparas que venían integradas en sus armas. Era normal que no hubiese electricidad, no es como si los muertos vivientes necesitasen leer…
Caminaron unos pasos, pero Redfield no podía quitar la vista de esas imágenes. Era un total de cinco cuadros que parecían antiguos. Chris no era un conocedor de estilos de decoración ni sabía datar las pinturas, pero definitivamente no había equilibrio entre la decoración minimalista del sitio con los marcos de las pinturas.
La mente de Jill recorrió el mismo camino. No les fue difícil remembrar cada una de las construcciones que había diseñado por George Trevor, empezando por la terrorífica mansión Spencer en las montañas Arklay.
-¿Crees que sea un puzle? –preguntó Jill incrédula.
-Este bastardo pasó demasiado tiempo con Wesker. No dudo que le haya transmitido algunas de las estúpidas ideas de Ozwell Spencer, Edward Ashford y James Marcus. Además, por lo que Claire me contó, cuando estuvo en Rockfort Island, la construcción tenía puzles y me pareció que el diseño de la que conocí en la Antártida era muy parecido a la mansión Spencer.
-Recuerdo que algo mencionó Wesker respecto a que en los sesentas George Trevor diseñó varias construcciones con características similares a la mansión Spencer para los que después serían los fundadores de Umbrella.
-Y ante nosotros está el último legado de esos bastardos… Bien Jilly, necesito de tus neuronas, ¿qué te parece que hay en esas pinturas?
Los cinco cuadros mostraban imágenes. Parecían pinturas antiguas, pero al analizarlas, Jill recordó las clases de Psicología que fueron obligados a tomar luego de que se consolidara la formación de la B.S.A.A.
-Ya entendí. Es una parte de una prueba de inteligencia. En todas las pinturas falta algo. Mira con atención. En el primer cuadro hay una mujer… ¿Qué le falta?
Chris maldijo por lo bajo. Él no era mucho de analizar cosas, pero no podía quedar mal ante su esposa, así que con las indicaciones que ella le dio, observó con atención el rostro de esa bella mujer de cabellera rojiza… le faltaba la línea de la ceja izquierda, la cual además era poco detectable debido a que el ángulo en el que ella había sido pintada dejaba a la vista la parte derecha de su rostro… Ahora que la observaba bien, esa mujer se parecía mucho a Claire… ¡Ese bastardo estaba completamente loco! Jill pareció leer la mente de su esposo, por lo que lo tomó de la mano y dijo:
-Lo sé, Chris, pero no te desconcentres, por favor.
-Bien, falta la ceja.
-Exacto. Revisa el siguiente cuadro.
De nuevo, Redfield miró con toda la atención que pudo reunir. Había una casa. No parecía haber nada irregular en la pintura. Esa preciosa construcción estaba en medio del bosque y tenía todos los detalles. Desde las ventanas con cortinas hasta las cerradura de la puerta… ¡Incluso habían dibujado la sombra de…! Sombra… ¡Faltaba una, la del árbol ubicado junto a puerta de entrada de esa casita azul!
-La sombra del árbol –dijo Chris con absoluta seriedad.
-Sí. Siguiente pintura: Un paraguas, y para variar, rojo con blanco…
-Muero de risa por el chiste…
-Esta es la más sencilla –replicó Jill-. Faltan los ejes que conforman el paraguas. El que sigue…
-Una escalera –dijo Chris con voz profunda. No cabía duda que una vez adentrándose en estos juegos mentales, descifrarlos se volvía sencillo-. Falta uno de los peldaños.
-De acuerdo. Vamos por la última pintura –Jill se tomó su tiempo para observar esa imagen. Un teléfono… ¿Qué tenía de especial ese teléfono? Era antiguo, el disco que se ocupaba para marcar estaba completo; todos los números estaban en su lugar; incluso el cable que unía la caja redondeada con el auricular estaba en su sitio, entonces ¿qué faltaba?
-¡El cable que da la línea!
Jill miró con sorpresa a Chris y en seguida volvió su vista a la imagen… Es cierto. Ese teléfono antiguo tenía todos los detalles, excepto el cable que lo haría trabajar.
-Bien, ya que estamos en unas oficinas, la llave, piedra, escudo o lo que quiera que hayan escondido debe estar en alguno de esos objetos. Podemos ir descartando las imágenes de la mujer, el árbol y el paraguas. No hallaremos nada de eso aquí. Pero debemos localizar una escalera y revisar si en alguna de las oficinas hay un teléfono con características similares. Pienso que incluso pudieron esconder el artefacto misterioso en cualquier teléfono.
-Hagamos las cosas más rápidas –replicó Chris mientras presionaba el botón de su intercomunicador-. Hunnigan, dame línea abierta con mis compañeros.
-Hecho. -Redfield esperó un par de segundos antes de escuchar la voz de Ingrid nuevamente-. Te escuchan Chris.
-Bien, empezamos con los acertijos. Revisen todos y cada uno de los teléfonos que encuentren. Y si se topan con alguna escalera de madera, revisen si hay alguna parte hueca en los últimos escalones. Todos saben cómo funcionaba Umbrella escondiendo llaves.
-Independientemente de la cerradura, debe haber algo similar a la comisaría de Raccoon City, la Mansión de Arklay o la de Rockfort que esconda alguna entrada…
-Bingo –dijo Jill mientras miraba con atención una fuente. Aunque las esculturas estaban bellamente labradas, no dejó de sentir escalofríos al ver que en esa imagen aparecía una mujer desnuda consumiéndose por llamas, mientras gritaba pidiendo ayuda. De pie, cerca de ella, estaba la figura de un hombre de hermosos rasgos, el cual la observaba y mostraba una sonrisa. Jill no pudo evitar relacionar la imagen del hombre con la de Leonardo Di Caprio y la mujer le recordaba a… Claire. Se acercó y notó que en el tobillo del hombre había una figura similar a una serpiente-. La entrada está en una fuente…
-Chicos, en uno de los teléfonos del tercer piso, Jake acaba de encontrar una piedra preciosa en forma de serpiente. Creo que es un diamante… -dijo Sherry.
-Pídele que lo traiga –respondió Chris-. Me acercaré a las escaleras.
En menos de cinco minutos, esa piedra preciosa estaba entre sus manos. Era realmente bella. Chris colocó la serpiente en el tobillo de la figura masculina y de inmediato el agua se filtró y comenzaron a descender un par de baldosas, mostrando una angosta escalinata.
El matrimonio Redfield intercambió miradas y Chris tomó la delantera, bajando con su pistola desenfundada. Jill lo imitó y avanzaron con cautela. El sitio estaba en penumbras, por lo que siguieron alumbrando con sus lámparas.
Chris recordó que debía dar aviso de sus movimientos, por lo que encendió el micrófono y luego de escuchar la voz de Ingrid diciendo "Adelante", informó.
-Estamos entrando al área subterránea. Estaremos alertas ante la presencia de BOWS.
-Ya tengo tu ubicación, aunque es imprecisa –replicó Hunnigan con la voz ligeramente distorsionada a causa de la estática-, es raro que no apareciera esa zona en los registros, ni en la señal satelital. Debe haber algún sistema de bloqueo. Si lo encuentran, destrúyanlo por favor. No tengo una lectura exacta de su posición, por lo que me sería difícil mandar apoyo en caso de que lo necesiten.
-Entendido. Redfield fuera…
Mientras su esposo hablaba con Hunnigan, Jill se adelantó unos cuantos pasos, analizando cada rincón de ese oscuro pasillo que se abría ante ellos. No había nada, salvo capas de polvo acumulado, el olor a encierro y humedad característico de los sitios con poca ventilación y ese dulzón hedor de descomposición.
-Este sitio me da mala espina. Si ni siquiera Hunnigan con la tecnología de la Casa Blanca lo puede ver, es seguro que aquí se esconde Burnside.
-Estoy de acuerdo. Sigue alerta Jill…
Su mujer no respondió. Una puerta metálica a su izquierda le llamó la atención. De inmediato dirigió la luz de su lámpara a ese sitio sin quitar su índice del gatillo. Notó que la cerradura había sido volada por un impacto de bala. Al mover la luz, en el marco de la puerta halló jirones de tela… Se inclinó y tocó lo que parecía había sido una blusa roja y tela de mezclilla desgarrada. Ella conocía esas prendas… ¡Eran de Claire! Maldijo por lo bajo varias veces. Era más que evidente lo que allí había sucedido. Cerró los ojos un par de segundos para tranquilizarse. ¿Debía decirle o no a Chris…?
-El encendedor…
Jill giró hacia su esposo al escuchar su grave voz con un deje de preocupación. A pesar de la poca luz observó cómo su rostro se oscurecía por la ira contenida. Lo aluzó de inmediato y le observó recoger algo plateado que estaba tirado a unos cuantos pasos de la puerta. Aguzó su vista y entre las manos de Chris estaba ese precioso encendedor que ya alguna vez Claire había perdido, y que él recuperó de las manos de un agradecido y moribundo Rodrigo Juan Raval en Rockfort, o al menos eso le habían contado.
-Chris… -murmuró con algo de temor. Si la furia rebasaba los límites permitidos, su esposo podría descontrolarse. Con el virus que corría por su cuerpo, esa no era una buena idea.
Él no le contestó. Guardó el encendedor en uno de los bolsillos de su chaleco y con paso firme se introdujo en ese reducido cuarto. Jill lo siguió de inmediato y movió su lámpara de un lado a otro, expectante de que algo los atacara.
En medio de la oscuridad, cortada por la ráfaga de luz que provenía de las lámparas, Jill vio un catre, propio de las celdas en prisión. Las sábanas, que quizá en algún momento fueron blancas, estaban polvosas, pero lo que en verdad llamó su atención fueron esas manchas marrones esparcidas en varios lugares entre la tela y el colchón. Ella sabía perfectamente que esa era la sangre de Claire.
Pero entonces el sonido pesado de las botas de Chris resonó por todo el lugar. Jill lo vio dirigirse hacia una de las esquinas de esa pocilga. Estaba de cuclillas y recogió ese cuchillo STARS que Claire atesoraba. En éste se notaban residuos de sangre seca.
El puño del mayor de los Redfield se estrelló contra la pared, provocando una cuarteadura en la construcción. Jill ya no se conformó con llamarlo por su nombre. Se acercó a él y le sujetó por el hombro.
-¿Estás bien?
-Lo estaré pronto…
-Es seguro que Burnside está aquí. Debemos localizarlo lo antes posible y destruirlo…
-No dudes que ese bastardo dejará de respirar hoy mismo…
Continuará…
HOLA A TODOS!
Mis queridos lectores, aquí tienen el principio del final. Estamos a unos cuantos capítulos de darle cierre a este fanfic. Please, no me abandonen en esta última parte, porque les aseguro que estoy sufriendo con la narración!
Antes que otra cosa pase. ¡MIL GRACIAS POR TAN HERMOSOS COMENTARIOS SOBRE EL CAPÍTULO PASADO! Han roto el record de reviews recibidos en los capítulos pasados! Sentí tan bonito por todo lo que dijeron que mis ojitos se anegaron, pero de absoluta y total felicidad. Es un placer que estas ideas les gusten y encima me acompañen en esta aventura. Realmente me ha encantado escribir este fic y la respuesta que ustedes le han dado no hace sino motivarme a dar lo mejor de mí en los episodios venideros.
Cambiando abruptamente de tema, como se dieron cuenta, no pude evitarlo e introduje un sencillo puzle de esos que tantos dolores de cabeza nos daban en las primeras entregas del Resident, ¿los recuerdan? Nunca creí que lo diría, pero la verdad, echo de menos esas pruebas de memoria e inteligencia que me hacían sufrir en los videojuegos…
Además, decidí narrar un poco sobre la versión de Sherry en lo sucedido en Raccoon City. He intentado hacer una mezcla entre la pequeña Sherry que nos presentaron en el RE2 (aguerrida y valiente) y la de Darkside Chronicles (tímida y muy miedosa). Ojalá haya logrado mi objetivo y no quedara muy OOC.
Por otra parte, me da mucho gusto saber que mi pequeño obsequio en el capítulo anterior les gustó. No pensaba escribir nada lemon en este fic, pues lo meloso lo dejé en ENCUENTROS INESPERADOS, pero parece ser que mi espíritu CLEON es más fuerte que todo!
En fin, me despido por ahora y please, pidan a todas las benditas musas del mundo para que se apiaden de mí y el próximo capítulo, que será de combates y violencia, salga lo más decente posible, pues declaro abiertamente que narrar esos eventos no es mi fuerte!
Les mando besos y abrazos a todos!
Pily-chan.
