CAPÍTULO XVI… FRACASO

-Aquí Chris. Hunnigan, hay serios problemas de comunicación; informo que estamos en la entrada de la Zona Cero. Es seguro que aquí encontraremos al objetivo. Cambio.

Hubo mucho ruido de estática antes de que pudieran escuchar a Hunnigan.

-Aquí HQ. Capitán Redfield, queda a cargo del equipo Alfa. ¿Necesita apoyo con un equipo Beta?

-Negativo. El equipo Alfa, al cual dirigiré, está integrado por Jill, Kennedy y Muller. Ingresaremos a la Zona Cero. Fuera.

El sonido dejó de escucharse. Jill y Chris, quienes llevaban ahí más tiempo, habían buscado por los rincones de la construcción algún artefacto que interfiriera la señal, pero no hallaron nada. Quizá estaba tras esa puerta metálica.

Los cuatro prepararon sus armas y avanzaron hasta quedar a centímetros de esa pesada puerta de metal reforzado que los separaba de su último enemigo. Empujaron, pero ésta no cedía. Lo supusieron desde el inicio, por ello la única mujer del grupo ya tenía lista la Bear Commander. Su lema era sencillo: A grandes problemas, grandes soluciones.

No intercambiaron una sola palabra, simplemente se alejaron para que Jill tuviera libre acceso antes de disparar. El sonido fue casi ensordecedor, lógico al chocar una granada contra una placa metálica de gran grosor. Pero ante el primer tiro lo único que consiguió fue abollar la puerta. Fueron necesarios otros tres disparos para dejar un hueco lo suficientemente amplio para poder ingresar a ese oscuro lugar. Aseguraron sus armas cortas antes de entrar.

Los cuatro sabían que esas explosiones habían sido tan o más claras que un timbre. Ada le había afirmado a Leon que Steve estaría en ese edificio, por lo que era seguro que él los esperaba. Avanzaban con cautela, alistándose para el comité de monstruos que seguramente los recibiría…

-Bienvenidos a su tumba.

Pero no hubo tal comité. La voz fue clara. No provenía de ningún altavoz. No había montículos, plataformas o alguna superficie elevada. A veinte metros de distancia estaba él: Steve Burnside.

Jill no pudo evitar pensar en lo atractivo que era ese hombre. Claire, alguna vez, muchos años atrás, le había hablado de Steve, el chiquillo asesinado por Alexia Ashford. Le dijo que era realmente guapo, aunque su pose de galán y hombre independiente eclipsaba al verdadero chico sensible que habitaba en su interior. Por lo que Jill podía constatar, pese al periodo de hibernación al que fue sometido, su cuerpo siguió desarrollándose, y su peor enemigo se veía como cualquier modelo de revista, enfundado en esas elegantes prendas de vestir que se ajustaban peligrosamente a su musculatura.

Jake, en cambio, lo miraba con atención, pero sus pensamientos distaban muchos de ser como los de la señora Redfield. Notó que su cabellera roja era del mismo tono que la de ese hombre. Y parecía que Burnside lo miraba con idéntica sorpresa.

-¿Te conozco? –interrogó Steve dirigiéndose a Jake.

-Nunca olvidaría a una belleza como tú, nena. Así que no lo creo.

-Sí, hace años te vi –replicó Steve ignorando el comentario y tono mordaz del chiquillo-. Muchos años atrás; los recuerdos no están claros en mi memoria… Tú… Tú eres el pequeño bastardo de Wesker…

Muller detestó ser llamado de esa forma. Levantó su arma y apuntó con precisión a la cabeza del pelirrojo.

-No me suena ese apellido, lo siento preciosa. Yo soy Muller.

-¿Sabes? Es curioso. La gente piensa que cuando uno permanece en animación suspendida todos los sentidos desaparecen. Pero no es así. Mi sentido de la vista y oído permanecieron intactos mientras estuve en esa maldita burbuja. Un día tu padre te llevó al laboratorio. Yo escuchaba todo. En ese momento lo único que quería era liberarme y vengarme de Wesker. Él me revivió sólo para mantenerme preso; pero si lo hacía, sólo conseguiría una muerte rápida y no realizaría mi venganza. Así que conforme el tiempo pasó y reconocía los cambios en mi organismo, decidí quedarme en ese letargo. Antes de caer dormido, lo último que vi fue tu rostro. Ni siquiera tú te escapaste de ser un sujeto experimental, ¿verdad? Pero no es de sorprenderse, Albert Wesker dejó de ser humano mucho antes de revivir con poderes sobrenaturales. Ni yo jugaría así con un hijo mío. Tu padre realmente era un monstruo. Doy por hecho que tú también lo eres. Y será para mí un verdadero placer asesinar a su vástago, ya que no pude aniquilar a Albert Wesker con mis propias manos…

-Parece que lo único que nos motiva a todos los presentes es la venganza –dijo Jake sin quitar su tono de voz sarcástico.

-Y el deseo de sangre –añadió Chris.

Steve miró entonces al único hombre con fuerte musculatura del grupo. Sonrió antes de decir:

-Que honor tener frente a frente a Chris Redfield. El amado hermano de mi preciosa Claire y mortal enemigo de Wesker. El caballero en armadura dorada que la rescató en Rockfort Island… Y pensar que a estas alturas deberías estar muerto… ¿Claire no te dijo que es tu culpa que Rebecca Chambers haya muerto? Mi meta era asesinarte, pero te escabulliste, como la rata que Albert Wesker siempre dijo que eras… Pero en algo tienes razón: Todo esto es cuestión de venganza. Tú y el inútil de Kennedy no fueron capaces de mantener con vida a la única mujer que he amado. ¡Se las devolví para que ella viviera! Pero la dejaron morir… Si la sangre de Claire está en manos de alguien, es de ustedes.

-¡¿Cómo te atreves, maldito?! ¡Después de todo lo que le hiciste! –replicó Jill con fuerza. Estaba enfurecida.

-¿Lo que yo le hice? Oh, no Jill Valentine. Yo no le hice nada que ella no quisiera. Claire y yo teníamos un asunto pendiente desde hace quince años. Yo sólo avivé la chispa de la pasión de aquél entonces… Y ella lo disfrutó. Claire fue mía, incontables veces. Gimió entre mis brazos como nunca lo hizo con Kennedy…

Leon estaba furioso, pero ni siquiera quería compartir una frase con Burnside. El primer disparo que efectuó con su WingShooter tomó por sorpresa a los presentes, pero pronto todos se unieron al ataque. Para Jill esa escena era un Deja Vu. Cuando encontraron a Wesker en la mansión de Spencer ella y Chris lo atacaron con disparos y combate cuerpo a cuerpo, pero su enemigo evadía todos los intentos para dañarlo. Steve hacía cosas semejantes, sólo que a diferencia de Wesker, él reía mientras evadía los ataques.

Pero Chris ya había peleado contra una mujer que manipulaba el virus T Verónica con una elegancia y habilidad suprema. Alexia Ashford fue una científica impresionante y una rival formidable. Steve no tenía ni punto de comparación con aquella mujer…

-Tú no eres más que un experimento fallido. Tu fin es hoy Steve Burnside –dijo Chris mientras intentaba cerrar los espacios de escape de ese sujeto. Pero el pelirrojo reía a carcajadas.

Leon sentía que la sangre le hervía, la risa de Steve lo encolerizaba. Se burlaba de ellos… Él juró vengar a su esposa, y lo haría aunque la vida se le fuese en ello… Los sonidos eran ensordecedores, disparaban con precisión, pero su enemigo los esquivaba. Poco a poco iba acercándose… Atacó primero a Jake. Todos vieron una serie de movimientos fluidos donde ninguno dejaba un milímetro de ventaja. Ambas defensas eran cerradas, por desgracia, al estar tan cerca de un compañero, los otros tuvieron que cejar en el ataque a distancia. No podían permitirse herir a Jake con un disparo fallido.

Pero ambos pelirrojos eran fuertes y parecía que sus habilidades se nulificaban uno frente al otro. La diferencia era que Steve permanecía confiado. Esa sonrisa altanera no abandonaba sus perfectas facciones, mientras que Jake fruncía el ceño en concentración total.

Sin embargo, Chris no permitiría quedar fuera de la confrontación, por lo que empuñando su cuchillo de combate, se unió a la lucha. Jill y Leon permanecían con un ojo en la mira de sus armas, esperando el momento para atacar.

Pronto, la sonrisita de Steve fue desvaneciéndose. Ninguno de los dos hombres contra los que peleaba eran simples mortales. Las habilidades normales en combate de Chris fácilmente sobrepasarían las de un humano promedio, pero él ya no era como los demás. Era portador del virus C y por vez primera desde que había sido infectado sometería a una verdadera prueba esas destrezas recién adquiridas.

El hijo de Wesker también se desenvolvía con maestría en el combate cuerpo a cuerpo. A pesar de su juventud, tenía vasta experiencia en el área, y ahora que comprendía que su sistema también estaba infectado, estaba dispuesto a llegar hasta el tope con esos poderes. Después de todo, él era el némesis de Steve Burnside. Su padre lo había elegido para acabar con el monstruo que su propia codicia creó. No dudaba que en algún expediente su nombre no fuese Jake Muller, sino "Plan B"…

Molesto al saberse acorralado, Steve provocó que una llamarada de fuego rodeara su cuerpo. Ése era su último recurso. Sabía perfectamente que una vez que empezara a utilizar los poderes sobrenaturales que traía consigo el virus T Verónica, el siguiente paso era mutar. Esos eran los datos concluyentes que logró rescatar Wesker luego de su corto enfrentamiento y posterior pelea de Chris contra Alexia Ashford. Además, su aliada le había facilitado los datos que habían recolectado luego de que Manuela Hidalgo fuese infectada con el mismo virus. Lamentablemente para la investigación, Manuela había muerto, pues su cuerpo no resistió la intrusión de ese virus. Él sabía que la chiquilla había ayudado a Leon y a Krauser en una batalla contra Javier Hidalgo, padre de Manuela, liberando parte de los poderes que le otorgó el virus T Verónica.

Steve creía que tenía el control suficiente para estabilizar las mutaciones a las que sometería a su cuerpo, después de todo, por eso había permanecido encerrado tantos años, pero a decir verdad, no estaba completamente seguro. Jamás lo había llevado a la práctica, pues vivía con el temor constante de perder lo último humano que conservaba: su apariencia.

Chris y Jake se alejaron en cuanto sintieron el poderoso fuego emanar de ese hombre. Sufrieron quemaduras mínimas antes de salvaguardarse. ¡Maldición! Justo cuando creían que mediante ataques a corta distancia podrían terminar con ese monstruo.

La risa de Steve fue estridente. Por vez primera desde que salió del tanque de animación suspendida se daba cuenta de cuan poderoso era. Esa energía que corría por su cuerpo era maravillosa. Si antes hubiese sabido que esa clase de fuerza habitaba en su interior, le habría dado el correcto uso. Pero no valía de nada lamentarse. Debía concentrarse en sus adversarios… No sólo eran esos cuatro imbéciles con ideales utópicos. Su enemigo era la ignorante humanidad entera, y la destruiría...

De pronto una nueva ola de disparos se escuchó. Leon y Jill no perdieron un segundo tan pronto Jake y Chris se alejaron de su enemigo. No importaba a qué distancia, no importaba cuánto tiempo les tomara, simplemente jamás dejarían de luchar.

De nueva cuenta una ráfaga de fuego rodeó el cuerpo de Steve. Sus ropas quedaron reducidas a cenizas en cuanto la primera fase de la mutación comenzó, pues todo su cuerpo pareció desprovisto de epidermis, quedando sus músculos visibles y al rojo vivo.

Leon no dejaba de admirarse cada vez que observaba cómo el cuerpo humano podía soportar esas transformaciones aberrantes. Claire nunca lo supo, pero en muchas ocasiones en las que él decía que el Presidente lo llamaba para entrenar a los novatos, en realidad se vio obligado a participar en misiones donde habían BOW's involucradas.

El Presidente Benford le reservaba los trabajos más difíciles argumentando que no cualquier agente estaría capacitado para llevarlos a cabo, y él era el mejor. Además, era el único agente en el que el Presidente confiaba al cien por ciento. La única condición que Kennedy imponía era que en los reportes su nombre fuese cambiado y que se mantuviera en estricto secreto su participación en las misiones. Sabía que Claire tenía acceso a mucha de la información de la B.S.A.A. y la D.S.O. Esto era en parte por su cargo en la ONU, y además porque ella era capaz de obtener la información que quisiera, siempre y cuando ésta se encontrara en alguna base de datos con conexión a internet, pues para desgracia de Leon, su mujer era un as en el manejo de las tecnologías. Mundanamente bien podría llamarla Hacker.

Leon sabía que desde el inicio pudo negarse a realizar esas peligrosas misiones argumentando que él había renunciado a ser agente gubernamental hacía años, pero la paga era buena, muy buena, de hecho; no era que necesitara dinero con urgencia, sin embargo esperaba enviar a sus hijos a una universidad con renombre y que en un futuro él y Claire pudieran disfrutar de un cómodo retiro en una bella casita en donde ella lo deseara, recibiendo de vez en cuando la visita de su familia y por qué no, incluso hasta malcriar a sus nietos... Pero gracias al bastardo de Steve Burnside sus planes habían cambiado drásticamente…

-Ustedes serán los primeros… -rugió el ahora monstruo, pero nadie se asustó.

El fuego que se había mantenido alrededor del cuerpo de Steve se intensificó y la estructura del edificio comenzaba a resentir las elevadas temperaturas. Sin embargo, ninguno estaba dispuesto a mover un solo pie para alejarse.

-… ¡Luego, la humanidad completa desaparecerá!

Pronto todos se vieron obligados a mantenerse a resguardo, pues Burnside manipulaba las llamas atacándolos de forma intermitente. Todos disparaban. Jill no podía sostener la pesada Bear Commander mientras evadía los ataques y las handguns no parecían ser suficiente contra ese ser, por lo que sacó de su chaleco una de las granadas que tenía reservadas para casos de emergencia. Con asombrosa facilidad retiró el aro y la lanzó cerca de Burnside mientras gritaba a todo pulmón:

-¡Cúbranse!

Todos lo hicieron, así que no pudieron observar cómo la explosión causó que unos trozos del cuerpo de Steve salieran volando en todas direcciones. La polvareda que se levantó era densa. Nuevamente escucharon los crujidos propios del daño en la estructura del edificio. Leon sabía que debían salir en cuanto les fuera posible, o los cinco pisos sobre sus cabezas pronto caerían sobre ellos.

El polvo bajó y pudieron observar a Burnside recargado sobre su rodilla derecha, respirando con dificultad, mientras su pierna y brazo izquierdo había desaparecido. El mismo lado de su rostro quedó destrozado. Jill sonrió. ¡Pronto acabarían con ese monstruo! Buscó la mirada de sus compañeros y parecía que sólo Jake compartía su júbilo. Chris y Leon permanecían serios mientras contemplaban a Steve.

Y era natural que no cantaran victoria aún. Kennedy y Redfield habían presenciado demasiadas veces a lo largo de su vida las mutaciones que presentaban las personas infectadas por cualquier virus. Jamás era una sola transformación.

Jill contuvo el aliento cuando escuchó ese terrorífico gruñido que emitía su enemigo. Estaba furioso. Empezaba a comprender la actitud de sus compañeros. Volvió a mirar a Jake y notó que él también estaba sorprendido. ¡Vaya que es irónica la vida! De todos los seres que habitaban el mundo, jamás creyó que podría existir empatía entre ella y nada más ni nada menos que el hijo de Albert Wesker.

De nuevo se escucharon los disparos. Ninguno de los presentes le daría tregua al monstruo. Y él tampoco se las concedería. Pese a los impactos que recibía, el antes delgado cuerpo de Steve se convirtió en una masa sin aparente estructura, que se movía indiscriminadamente; a Jill le recordó al agua cuando está a punto de ebullición. Pero al cabo de medio minuto, ésta fue tomando forma y si Jake tuviera que pensar en un espécimen conocido que se asemejara a lo que estaba frente a él, tendría que decir que era un dinosaurio.

La piel no era más humana. Muller no tenía intención de tocar a ese ser grotesco, pero podía ver que la capa que cubría los músculos de Burnside era como la de un reptil. Si no tuviera el estómago tan resistente, seguro ya hubiese vomitado su generoso almuerzo.

Otro gruñido y dadas las nuevas circunstancias se vieron obligados a cambiar de arma. Las escopetas mejoradas fueron disparadas casi con sincronía, pero esta vez el antiguo compañero de Claire en la Antártida no se quedaría quieto.

Con su colosal fuerza se arrojó sobre Leon. No era especialmente rápido en sus movimientos, pero a cada paso que daba el piso temblaba bajo sus pies. Desde que Steve tuvo nuevamente el control de su cuerpo, su mirada no se apartó un ápice de su rival. A pesar de tener a tres víctimas más a la redonda, tenía cuentas pendientes que saldar con Leon S. Kennedy.

El agente sonrió al saber que su enemigo iba sobre él. Era justo lo que quería y en verdad necesitaba descargar su ira sobre Steve Burnside. Afianzó su arma, sabía que sus puños no bastarían para causarle daño al monstruo.

Pero su sorpresa fue mayúscula cuando la criatura colosal desapareció de su rango de visión. Eso no se lo esperaba. No al ver los primeros movimientos de la bestia. Era torpe, ¿cómo podía moverse así de rápido? No comprendía qué sucedía. De repente sintió un dolor infernal en su abdomen cuando el puño del monstruo lo golpeó. Leon comenzó a sospechar que una de sus costillas debió quebrarse ante la fuerte embestida, pues el simple hecho de respirar le dolía en demasía. De inmediato el sabor metálico inconfundible de la sangre llenó su boca y como acto reflejo escupió. Cayó de rodillas y su cuerpo no lo pudo sostener, por lo que se fue de bruces.

Sus compañeros no se quedaron pasivos y pronto Chris regresó el ataque lanzándose sobre la bestia, alejándolo de Leon todo lo posible. Jake se le sumó con la intención de darle a Jill unos minutos para poder monitorear el estado de Kennedy.

La rubia no perdió un solo instante y se arrodilló junto a su cuñado. Leon ya se había girado sobre su espalda y retiraba parte del chaleco que lo protegía para que ella pudiera inspeccionar el área dañada. Jill tocó con mucho cuidado la zona y corroboró el diagnóstico...

-Leon, dos costillas se fracturaron. No parecen estar astilladas y tampoco creo que algún órgano esté comprometido, por ahora. ¿Puedes seguir?

-Sólo cuando ese monstruo explote saldré de aquí –contestó a media voz.

Ella no esperaba otra respuesta.

-De acuerdo, aplicaré spray de primeros auxilios para disminuir el dolor y te vendaré, pero eso no te curará. En cuanto salgamos de esto tendrá que revisarte el especialista.

-Entiendo.

Jill procedió con rapidez y en menos de tres minutos Leon volvía a estar en pie, sin embargo, el rictus de dolor no abandonaba su rostro. La rubia esperaba que, con un poco de suerte, esa fractura no dañara algún órgano vital.

Leon decidió enfocarse en la pelea que se desarrollaba frente a sus ojos. Con disparos y golpes Chris y Jake acorralaban una vez más a Steve. A simple vista parecía que sus dos compañeros estaban parejos en cuanto al rendimiento, pero observando con atención, se percató de que Chris respiraba con dificultad. No estaba seguro si las edades eran el factor decisivo en cuanto a la resistencia que mostraban o la presencia del virus que Wesker extrajo de Steve e inyectó en su propio hijo, dándole años para que se adaptara, a diferencia de Chris, quien había sido infectado hacía solo un par de meses, era lo que marcaba la diferencia.

A pesar de la frustración por saber que él no era rival para Steve, Leon analizaba todas las posibles formas de vencer a ese ser. Sabía que si se descuidaba y sus costillas fracturadas se movían aunque fuese unos milímetros, podían perforar un pulmón u otro órgano y morir. El dolor que se apoderaba de su cuerpo era infernal, pero se repetía una y otra vez que debía cumplir la promesa que le hizo a Claire. Él era un tirador estupendo y un estratega nato, por lo que preparó su arma y comenzó a disparar en una zona que no estaba cubierta con esa gruesa capa de piel escamosa. Seguramente era la franja vulnerable de esa bestia: después de todo, en su experiencia, todos los monstruos creados por Umbrella, WillPharma, Tricell, Neo Umbrella y asociados tenían un punto débil.

Jill lo miró un instante, y pronto imitó el movimiento de Leon. ¿Por qué su cuñado parecía estar tan cómodo y seguro luchando contra esa bestia? Casi como si estuviera perfectamente acostumbrado a hacerlo. Por más que intentaba permanecer serena, ella misma se forzaba a controlar los estremecimientos que sacudían su cuerpo cuando veía a Chris cerca de ese ser. Pero Leon se veía tan seguro y confiado aún estando seriamente herido. Según sabía, él llevaba años retirado del combate contra el bioterrorismo. Salvo por esos pequeños trabajos que llegaban a la B.S.A.A. para desmantelar laboratorios, Leon ya no realizaba misiones a gran escala, donde estuviesen involucradas criaturas como esa, ¿o sí?

Otro gruñido, una onda expansiva de fuego lanzó a Chris y a Jake varios metros lejos de Steve. Jill contuvo el aliento al ver a su esposo tirado de espaldas al piso; si no se incorporaba rápido era porque estaba herido. No lo pensó dos veces y corrió hacia él, pero no contó con que nadie la estaba cubriendo y eso lo notó Steve.

En dos segundos el aire comenzó a escasear en sus pulmones, pues esa poderosa figura que en un pasado se llamó Steve Burnside la prensó por el cuello y la levantó del piso como si pesara cinco kilos en vez de los poco más de los cincuenta que en realidad tenía. Jill pataleó muchas veces intentando asestarle un golpe en el rostro, pero el monstruo presionaba cada vez más su garganta. No sabía que era peor, si la presión que ejercía, sabiendo que podía quebrar su tráquea en cualquier momento, o las heridas por quemadura que le hacía mientras la sujetaba.

Peleó, Jill siguió luchando tanto como pudo; sabía que sus hijos la esperaban en casa, sus seis hijos, pues desde lo sucedido con Claire, Maddi pasaba mucho tiempo con ella e incluso desde antes, la veía como una más de sus pequeños. No se podía dar el lujo de morir dejándolos desamparados. Ese era el otro motivo por el que decidió pelear: porque quería presenciar con sus propios ojos el final de esa bestia y tener la certeza de que el mundo volvía a ser un lugar seguro para sus niños… ¿Había sido muy ingenuo de su parte? ¿Sobrevaloró sus propias habilidades? Mientras las lágrimas escurrían de sus orbes azules llegó a la conclusión de que sí. Ella no era una digna rival. La voz de Chris se volvía lejana… Poco a poco parecía que perdía fuerza, era como si la oscuridad comenzara a absorberla. Sentía paz. No había más dolor, ni ruido. No había nada…

Chris estaba aturdido. Las quemaduras en su cuerpo ardían como el mismo infierno. Pero entonces lo vio… El terror invadió su cuerpo. Vio a Steve intentando arrebatarle a otra persona amada. Jill, su Jill estaba entre las manos de ese bastardo. La escena de Wesker, sujetándola de la misma forma que ahora la tenía Burnside, se repitió en su mente una y otra vez. Con terrorífica nitidez recordó cuando Jill lo protegió lanzándose a través del ventanal, abrazando a su peor enemigo. Jill… Otro funeral, otra tumba, con el mismo nombre, donde él llevaría flores, como lo hizo tantas veces en el pasado… No… no… ¡No!

El rugido de Chris paralizó a los presentes. Leon no había dejado de disparar al que pensaba era el punto débil de su enemigo, intentando que el bastardo soltara a Jill, pero no parecía ser suficiente para menguar su abominable fuerza. De soslayo, miró el cuerpo de Jake tirado de espaldas a muchos metros de distancia. El chaleco Kevlar del pelirrojo, el cual había sido mejorado para que, además de detener balas de bajo calibre, tuviese buena resistencia a altas temperaturas y fuese ligero, mostraba pequeñas flamas que se extinguían de a poco. No podía ver con claridad a esa distancia, pero seguramente su rostro estaría quemado.

Seguía disparando y Steve no soltaba a su presa. Jill se sacudía intentando zafarse, pero cuando el pequeño cuerpo de la rubia cesó en movimientos, Leon temió que fuese tarde para ella. Sólo parecía haber una solución y era lanzarse con todo sobre Steve para intentar apartarlo de ella. Pese a que sabía que él no era adversario para combatirlo cuerpo a cuerpo, y que si recibía otro golpe como el anterior en el abdomen, no viviría para contarlo, Leon no se podía permitir ser testigo de la muerte de otro integrante de su familia. Tensó su cuerpo para emprender la carrera, pero el grito de Chris lo impresionó.

No supo cómo o en qué momento, pero de pronto había dos moles peleando a puño limpio y el menudo cuerpo de Jill estaba en el piso, inerte. Leon se apresuró y tan pronto llegó junto a ella, la colocó boca arriba. Sus ojos de inmediato se centraron en el pecho de Jill y se aterrorizó al ver que no había movimiento. Ella no estaba respirando. La quemadura en su cuello se veía seria. Sobre esa blanca piel se formaron horribles ampollas a causa de la elevada temperatura de las manos de Burnside, pero ese era el menor de sus problemas.

No perdió un segundo y despejó las vías respiratorias realizando la maniobra frente-mentón, pero no había resultados. Enseguida tapó con su mano izquierda la nariz de la rubia mientras con la derecha levantaba el rostro para exhalar dentro de la boca de Jill, intentando insuflar el oxígeno que necesitaba; tampoco hubo respuesta. Procedió entonces con la reanimación cardiorrespiratoria. Dentro del programa que él sugirió al presidente para los nuevos agentes que integraban la División de Seguridad estaba todo un año de medicina. No era que quisiera suplir al personal médico de la Casa Blanca, pero conocer los primeros auxilios era imprescindible para salvar la vida de un compañero durante una misión.

A raíz de esas clases y de sus conocimientos adquiridos durante su formación, Leon sabía perfectamente cómo ejecutar un RCP y lo hizo. Contaba y presionaba el tórax de Jill con la esperanza de reanimarla, pero no había resultado. Siguió intentándolo una y otra vez sin tener verdadera idea de cuántas veces repitió el procedimiento… ¿La habían perdido? Las esperanzas se iban esfumando, sin embargo él no se detuvo ni un instante…

Su alma volvió a su cuerpo cuando obtuvo la respuesta esperada: ese espasmo mediante el cual el cuerpo de Jill inhaló de golpe todo el oxígeno que pudo reunir.

La ayudó a reincorporarse mientras las células neuronales de la mujer, trabajando a marchas forzadas, trataban de hilar los eventos. Sentía un terrible dolor en el pecho, como si le ardiera y no le era sencillo respirar a causa de esa molestia. Pero entonces recordó lo que había ocurrido y giró hacia su derecha para encontrar el rostro de Leon.

-Me diste un buen susto, mujer -cuando iba a preguntar lo que sucedió, el ardor en el cuello se hizo presente y con temor tocó la zona lastimada, pero Leon la detuvo rápidamente para evitar que se hiciera daño. Él mismo sacó de su riñonera un vendaje y un pequeño recipiente con ungüento contra quemaduras; de prisa aplicó todo el contenido en la herida y la vendó-. No te toques, podrías infectarte. La temperatura corporal de ese monstruo es muy elevada y te causó laceraciones… ¿Cómo te sientes?

Jill intentó dos veces hablar, pero le costaba demasiado. En un tercer esfuerzo logró que su voz fuese lo suficientemente audible.

-El pecho me arde… ¿Me fui por un rato?

-Sí, me costó trabajo reanimarte –respondió el rubio mientras se levantaba y ayudaba a su cuñada a ponerse en pie-. Jill, sal de aquí y da aviso al escape aéreo… Esto se está desmoronando…

El primer impulso de la rubia fue negarse. ¿Cómo le pedía Leon que los abandonara? Pero recordó sus propias heridas y sabía que su presencia era innecesaria. El piso se estremeció de pronto y Jill perdió el equilibrio. Fue entonces cuando tomó consciencia de que, si seguía con vida, era porque alguien había intervenido para que Steve no la asesinara. En ese momento lo vio, Chris… Su amado esposo que parecía ya no ser Chris Redfield.

Los músculos de él estaban tan tensos que podían ver sin dificultad toda la red venosa a través de sus fornidos brazos. Su rostro mostraba ira pura y él también parecía controlar el fuego que emanaba de su cuerpo. En ese sitio se podían ver las varillas de la estructura y había metales tirados alrededor. Parecía que ese lugar fue una bodega de desechos de construcción antes de convertirse en el agujero de esa maldita rata llamada Burnside.

Los ojos azules de Jill presenciaban con estupefacción total cómo dichos tubos se movían en el aire sin que nadie los tocara… Al principio le costó trabajo determinar quién de esos dos guerreros era el que estaba manipulando con telequinesis el metal, pero cuando se percató de que los ataques iban dirigidos a Steve, se permitió sentir algo de alivio. Chris estaba controlando sus poderes. ¡La victoria aún estaba al alcance de la mano!

Pero otra escena la distrajo de ese momento de alegría. Leon corrió a toda velocidad para quitar a Jake del camino, pues el pelirrojo a penas y podía sostenerse en pie debido a la última ola de fuego que lanzó Burnside y el techo del lugar parecía que colapsaría en cualquier momento. La energía que despedían Steve y Chris era abrumadora y el combate dejaría anonadado a cualquiera. Sin embargo el escenario era inapropiado par una lucha de semejante calibre. Ya estaban desmoronándose el techo. Jill temió por la vida de Chris.

-Jake, ¿puedes caminar solo? Debes salir de aquí… -dijo Leon mirando con preocupación las lesiones que mostraba el hijo de Wesker. Su mentón y frente habían quedado seriamente dañados. Por fortuna, el joven alcanzó a cubrir con su antebrazo sus ojos, gracias a lo cual conservaba su vista.

-He estado en peores… -replicó mientras se ponía en pie. Enfocó entonces su mirada en Chris y con un deje de preocupación añadió-. No podemos dejar solo a La Mole.

A pesar de las circunstancias, Leon no pudo evitar sonreír. Observó las lesiones del pelirrojo y deseó ayudarlo, pero ya no tenía más ungüento contra quemaduras…

-Cuando Chris te escuche llamarlo así, echarás de menos tus bolas, niño.

-Sherry las extrañará más… -Leon le dirigió una mirada tan dura, que por primera vez Jake pensó en disculparse; pero en vez de hacerlo carraspeó y cambió de tema-. Kennedy, en el video que nos mostraste, yo… era rubio. El virus combinado con el material genético de Burnside fue lo que transformó mi apariencia… Significa que yo también puedo hacer lo que ellos, ¿verdad?

-Creo que sí, en teoría.

-Pero… no sé cómo.

-Yo tampoco lo sé, pero Chris manifestó sus habilidades al enterarse de… del secuestro de Claire.

-¿La furia lo descontroló?

-Eso parece.

-Entonces… Yo debería intentar algo similar...

-Debes estar consciente del riesgo que corres. Si hay una mutación, hay probabilidades de que no regreses a la normalidad.

-Con tal de desaparecer a esa cosa, asumiré el riesgo. ¿Qué me recomiendas para empezar?

-Quizá… Podrías intentar pensar en todo lo que tu padre te hizo...

-Llevo una vida haciéndolo… -respondió con ironía.

Leon sabía que si Jake seguía escondiendo sus emociones bajo esa máscara de indiferencia y sarcasmo no conseguirían ningún resultado, por lo que, aceptando el peligro de lo que pudiese suceder, añadió cruelmente.

-¿Qué pasa, pequeño huerfanito? ¿No puedes odiar al desgraciado de tu padre? ¿Te hizo falta su beso antes de dormir? –Jake lo miró con sorpresa. Jamás imaginó que Leon pudiese hablarle de esa forma. Además, la mirada que le dirigía era de total desprecio-. O quizá los niños en el colegio te molestaban por no tener padre. Sí, eso debe ser, siempre quisiste que tu papi Wesker dejara sus experimentos y te llevara de la mano. Tú te sentirías orgulloso de saber que tu padre era un científico importante… ¡Reacciona Jake Wesker! Mira la realidad. Piensa en la forma en la que te jodió la infancia. En cómo abandonó a tu madre y él jamás volvió a buscarte. Quizá porque ante sus ojos no eras más que un experimento fallido…

-Basta… -gruñó Muller.

Leon observó cómo las venas de las sienes se saltaban más y apretaba con fuerza los puños. Decidió seguir.

-¿Qué? ¿Esa es la verdad, no? Eres un fracasado. ¿No te gusta esa palabra? Déjame adivinar: tus profesores siempre te llamaron así. Pero no podías culparlos. Eras el clásico chico problema, desafiando a toda autoridad que quisieran imponerte… Y por supuesto, todos repetían que eras un fracaso y que no serías nadie en la vida… ¿Y eres alguien, Jake? ¿Eres lo que tu madre esperaba? Hay que admitirlo, la vida de tu padre se resumía en experimentos. Algunos prosperaban, otros no. Tú eres de los que él habría llamado FRACASO… -con eso fue más que suficiente para que la ira de Jake se desatara. Leon notó cómo los ojos de ese niño se tornaban rojizos. No necesito más advertencia y se alejó unos metros…

El pelirrojo lo miró con odio puro. Nadie se había atrevido a hablarle así, deseaba aniquilarlo… Avanzó un par de pasos, dispuesto a destrozar la cara de ese pretencioso agente de cuarta, pero un par de hermosos ojos azules, acompañados de una cálida sonrisa y esa preciosa cabellera rubia aparecieron de pronto en sus memorias…

-Sherry… -musitó el joven, lo suficientemente alto para que Leon lo escuchara. Kennedy tenía claro que el hijo de Albert Wesker estaba perdidamente enamorado de su preciosa hija adoptiva; esperaba que fuese merecedor de ella. Esa era la prueba de fuego para él…

-Escúchalo bien, Jake. Sherry te espera allá fuera. Y recuerda que el último nexo que tienes con tu padre y tu pasado se llama Steve Burnside. ¡Destrúyelo y serás libre…!

CONTINUARÁ…

CHICOS Y CHICAS DE FANFICTION! LOS AMO CON TODO MI CORAZÓN! Mil gracias por ser tan comprensivos con la tardanza al actualizar, pero sobretodo, por seguir este fic hasta la muerte! De verdad, estoy muy feliz con el resultado y al saber que esta historia, que en buena parte se fue formando con sus comentarios e ideas, se encuentra entre sus favoritos.

Hay muchas escritoras del fandom a quienes admiro y respeto profundamente por esa calidad y autenticidad que tienen (por algo no encontramos dos historias iguales por aquí) y me siento sumamente dichosa cada que ellas me dejan sus comentarios. Es un honor además que este fic esté en sus favoritos; y aunque me chantajeen con algo así como: capítulo por capítulo, no dejaré de adorar y sufrir con Belove Red - Haired, el cual por cierto, no necesita ninguna presentación, o no mi querida Ary Valentine?. Y obvio, es imprescindible que mencione a mi muy querida Jill Filth. Hace taaantos años que leí esa maravillosa historia llamada Amor por encargo ¡y me fascinó!(mujer, por lo que más quieras en el planeta tierra, obséquianos el final de ella!). También estás tú Clauu, que con Where you at me tienes sufriendo y comiéndome las uñas… Debería subir una foto de ellas para que veas con tus propios ojos la evidencia!

Por cierto Ary, creo que en vez de ser la madre… sería algo así como LA ABUELITA! JAJAJA! Ya hay tantas y tan geniales historias aquí que no dejo de enorgullecerme por formar parte de una lista tan vasta. Y aunque todas sabemos que el CLEON no es oficial para la gente de CAPCOM, nos viene importando un reverendo pepino, porque SEGUIREMOS ESCRIBIENDO SOBRE NUESTRA PAREJA PREFERIDA! MUERTE A ADA WONG! TODAS CONMIGO?!

Ejem… Bueno, para finalizar, no me queda más que agradecer por su apoyo y sobre todo, por amar a Jake Muller! Jajaja… Me parece la pareja perfecta para Sherry, por desgracia, para que eso sucediera, tuvo que morir el buen Carlos… So sorry a las fans de Carlitos, pero ya vieron que era necesario. Por otra parte, los espero en el próximo capítulo donde serán testigos del desenlace… de ese malvado!

Pues, sin más me despido. Mi corazón está con ustedes!

Hasta pronto!

Pily-chan.