CAPÍTULO XVII… DERROTA
"Destrúyelo y serás libre…" "Destrúyelo y serás libre…"
Sí, Jake lo sabía. Sólo la muerte de Steve Burnside podía traerle paz a su alma. Sin imaginarlo, su vida estuvo ligada a la de ese ser por muchos años, todo gracias a su padre. Tenía su meta bien clara: las barbaries de Albert Wesker morirían con Steve. Nunca más alguien sería herido de la forma en la que él lo fue bajo la escusa del progreso de la ciencia.
Era increíble hasta que punto su pasado y el de Sherry Birkin era similar. Pero al menos el padre de Sherry no la infectó estando él aún consciente. Según el reporte que leyó, el doctor Birkin ya era un monstruo a causa del virus G en el momento en que infectó el cuerpo de su propia hija. Así como todos habían leído en su momento el impresionante "Curriculum Vitae" del hijo bastardo de Wesker, Jake también hizo su tarea. De hecho, debía agradecerle a Claire Redfield, quien facilitó que pudiera acceder a algunos datos celosamente guardados por el gobierno de los Estados Unidos. Aún no acababa de entender cómo es que la pelirroja confió en él al grado de brindarle información estrictamente confidencial... ¿Acaso ella sospechaba que él terminaría totalmente enamorado de su hija adoptiva? Bueno, las mujeres tenían un maldito instinto que él jamás comprendería. Pero lo que sí entendía era porque todos querían tanto a esa mujer…
Albert Wesker fue un ser en verdad despreciable. No concebía cómo pudo experimentar libremente con él y luego dejarlo abandonado. Al menos los laboratorios que experimentan con animales muestran la piedad suficiente para matar a sus conejillos de indias cuando terminan su trabajo. Wesker ni siquiera quiso saber qué había sido de su vástago.
¡Pero suficiente de lamentaciones! Desde pequeño se prometió que jamás sentiría lástima por él mismo ni permitiría que alguien más la sintiera. Sería muy fuerte para que nadie cuestionara su vida. No tenía amigos, no tenía familia, no tenía un domicilio fijo y eso estaba bien para él. Pero ahora la vida le mostraba la otra cara del terror que él había conocido con las Armas Biológicas Orgánicas.
Tenía frente a sus ojos a personas que luchaban hombro con hombro, no como camaradas, sino como familia. La que él no había tenido y que juraba no necesitar. Estaba también la rubia que le quitaba el sueño. Por primera vez se permitió sentir algo más que lujuria y pasión por una mujer. Quizá ni siquiera se lo había permitido; quizá la calidez que desprendía Sherry y sabiendo que habían tenido un pasado muy similar, había despertado sentimientos que creyó inexistentes en su persona.
Sabía que él tuvo elección. Pudo coger su dinero, luego de haber entregado la muestra de sangre para Redfield y subirse al primer avión con destino incierto que viese anunciado en el aeropuerto; hubiese disfrutado de unas buenas vacaciones en una Isla Caribeña en lo que el mundo regresaba a la normalidad… Pero no. Ahí estaba: frente a frente con el causante de tantas muertes, con el monstruo creado bajo instrucciones y supervisión de Albert Wesker, su propio padre.
Ahí estaba y sabía que estaba haciendo lo correcto. Porque por vez primera no sólo pensaba en él. Pensaba en Sherry y en un futuro con ella. Pensaba en esos cinco monstruitos hiperactivos hijos de Jill y Chris; pensaba en la preciosa hija de Claire y Leon, quien era todo amor y dulzura con él, y quería que esos niños que lo miraban como alguien más de su familia crecieran sin una sola sombra que oscureciera su mundo.
Vio la cara de sorpresa de Leon y aunque su futuro suegro se había pasado de la raya con su discurso motivacional, le estaba agradecido. Con todo y los comentarios sarcásticos que compartían, Leon era en verdad un buen hombre. Era una época de muchas primeras veces en su vida, porque ahora entendía lo que era admirar a alguien; realmente deseaba algún día llegar a ser como él.
Jake sonrió. Había un poder descomunal corriendo por sus venas. Los sentía en sus músculos, en su sangre; su ser entero vibraba de la emoción al saber que en sus manos estaba el futuro de la humanidad.
Miró a Chris. Lucía tan alterado que sus facciones se estaban deformando. Entendió que si él también perdía el control de ese poder, se convertiría en un monstruo. Jill gritaba el nombre de su esposo con desesperación. Ella sabía que podía perderlo si las cosas continuaban así. Jake no lo pensó más y de inmediato se lanzó sobre Steve.
Chris continuaba atacando sin misericordia y tenía sobre las cuerdas a Burnside, pero cuando Jake intervino, pareció enfurecerse por tener que compartir a su presa y ahora atacó a su compañero. Jake lo esquivó tanto como pudo. Sabía que Redfield era un hombre anormalmente fuerte, y ahora con el puñetero virus, era un verdadero peligro caer en sus manos.
Jill miraba la escena. En una esquina, en una posición similar a las cuclillas, Steve Burnside intentaba recuperar el aliento mientras Jake evadía los ataques de Chris. Jill tuvo tanto miedo. Si las cosas seguían así, perderían. Pero los disparos contra Steve que le estaba lanzando Leon la sacaron de su ensimismamiento. Ella estaba angustiada por su esposo, pero Kennedy no perdería la oportunidad de acabar con ese monstruo si tenía la oportunidad; después verían qué hacer con Chris.
Las pequeñas explosiones parecieron también distraer a Chris de su objetivo, hecho que aprovechó Jill para correr hacia él e intentar detenerlo. No quiso pensar si estaba poniendo en riesgo su vida o si Chris podía aniquilarla, ella sólo quería salvarlo, protegerlo de si mismo…
Cuando Chris la vio acercarse, se puso en guardia de inmediato, dispuesto a eliminar a esa mujer. Lanzó con su poder un par de llamas que la rubia a duras penas pudo esquivar. Estaba entrenada para enfrentar cosas peores, pero jamás imaginó que su adversario sería la persona más importante en su vida. No pudo evitarlo, las pequeñas quemaduras que sufrió en sus brazos le ardían, pero el dolor de saber que Chris no la reconocía era mayor y hería más. Las lágrimas salieron de sus ojos sin poder controlarlas.
-¡Chris, por favor! Soy yo, Jill. ¡Chris!
Redfield se lanzó hacia ella con toda la pinta de querer asestarle un golpe. Jake Muller había hecho muchas cosas cuestionables en la vida, pero jamás había puesto un solo dedo sobre una mujer y nunca permitiría que eso sucediera en su presencia, por lo que jaló a Chris del brazo y con toda la fuerza que pudo reunir, alcanzó a levantarlo y lanzarlo lejos.
Jill entonces enfocó sus azules orbes en Jake. Él no podía decir que veía en ellos. ¿Agradecimiento, enojo? O quizá aún estaba en shock. Pero Chris no les dio tregua. Y volvió al ataque. Esta vez Jake sintió que unas cuantas muelas se le habían aflojado luego del poderoso impacto del puño de Redfield sobre su mejilla izquierda. Salió despedido unos cuantos metros; se maldijo al haberse descuidado. El golpe le dolía, pero se angustió más al saber que nuevamente Jill estaba al alcance de su esposo.
De soslayo vio una caja metalizada instalada en una de las esquinas de esa ratonera. Fijó con atención sus pupilas y la observó con más atención. Redfield había tenido problemas con la comunicación al HQ desde que pusieron un pie bajo tierra. Ese artefacto seguramente era el responsable de eso, porque no parecía ser una cámara de vigilancia. ¡Al carajo! Las cosas no podían estar más jodidas ya, así que simplemente disparó, pero jamás esperó que una pesado trozo de techo cayera sobre su cabeza dejándolo aturdido en el piso…
Perdió el conocimiento por unos instantes, pero en ese momento varias imágenes volvieron a su memoria. Éstas escenas eran diferentes a las que Leon le había mostrado en la pantalla de su celular. Era el mismo momento, pero desde otro ángulo. En sus recuerdos aparecían Wesker y él, antes de cambiar… Lo sabía porque su cabellera era tan rubia como la de su padre.
Flash Back
Entraban en un sitio ligeramente oscuro, pero con ese olor característico de sitios asépticos. Su padre nunca lo tomó de la mano, de hecho la imponente figura de Wesker caminaba unos cuantos pasos delante de él. Amaba a su padre, pero siendo sinceros también le inspiraba algo de miedo, claro que eso jamás lo diría en voz alta.
Llegaron hasta un sitio donde la puerta era de metal. Jake no veía la cerradura por ningún sitio, pero su padre presionó unas cuantas teclas numéricas de un panel de control y la puerta se abrió de par en par. Ingresaron y el joven Wesker miró completamente sorprendido a un muchacho que flotaba dentro de un tanque similar a una burbuja, llena de agua. ¿Acaso no ahogaría? ¿Por qué estaba allí? Deseó con todas sus ganas preguntárselo a su padre, pero temía que eso lo disgustara…
-Preparen todo. Tenemos al sujeto C listo.
A Jake le molestó la mirada que un par de esos hombres con bata le dirigieron. ¿Por qué lo veían como si sintieran lástima? Frunció el ceño y empuñó sus manos. Nadie en el mundo debía mirarlo así. ¡Él era el hijo de Albert Wesker! Su padre, aunque no entendía bien cuál era su trabajo, parecía ser un investigador famoso. Lo había visto como tres veces en la vida, pero su madre siempre le contaba que su papá era un hombre muy ocupado, pues tenía un trabajo muy importante, su misión era ayudar a la humanidad, y por eso él debía comprender y no sentirse triste. La mayor parte del tiempo, Jake trataba de seguir el consejo de su mamá, pero a veces, especialmente cuando los demás niños le hacían burla, le costaba demasiado trabajo no desear que su padre estuviera todo el tiempo junto a él, en vez de preocuparse por el bien del mundo.
-Jake, acuéstate en esa camilla.
Las palabras en la gruesa voz de su progenitor lo arrancaron de sus pensamientos.
-¿Padre? ¿Yo?
-Sí, Jake. Tú. Rápido.
Sintió un ligero estremecimiento. ¿Por qué su padre le pedía semejante cosa? Él no estaba enfermo y su padre no era médico… ¿O sí? Quizá sólo quería revisarlo para asegurarse de que era un niño sano.
Con algo de temor subió a la camilla y se recostó. Pero entonces Wesker giró su rostro y Jake sintió el peor de los estremecimientos al saber que había decepcionado a su padre, pues el rubio mayor negó con la cabeza un par de veces y suspiró.
-Desnúdate –dijo.
Jake comenzó a tener miedo, pero no quería ser tachado como cobarde, así que bajó de la camilla y comenzó a desabotonar su camisa. Era la favorita de su mamá, ella decía que así parecía todo un caballerito; nunca había entendido a qué se refería con ese término anticuado. Pronto se desvistió por completo. Su padre le dio una extraña bata, que le dejaba la parte de atrás de su cuerpo descubierta. No comprendía por qué debía usar eso, sin embargo se la puso y volvió a subir a la camilla.
Su padre se acercó a él. Tenía una inyección en la mano. El líquido era morado. Nunca había visto una medicina de ese color. Se estremeció y a pesar de todo, no emitió queja. A él nunca le gustó que le pusieran inyecciones, por fortuna casi nunca se enfermaba, sin embargo, apretó bien fuerte los dientes y aguantó el piquete en su brazo.
La inyección aún no se terminaba cuando supo que algo no andaba bien. Su cuerpo comenzó a hacer movimientos extraños. Él no comprendía que pasaba…
-¡Papá! ¡Papá! –gritaba, pero Wesker lo mantuvo en su posición, ayudado por otros hombres con batas. Jake los veía con miedo. ¿Qué estaba sucediendo? De pronto ya no pudo ver más lo que sucedía, sus ojos estaban cerrados, pero se sentía diferente. Aunque no veía, escuchaba todo.
-¿Qué sucedió con el chiquillo? ¡Dijiste que él sería capaz de controlar el virus!
-Las dosis que he introducido a su sistema de Virus C deben haber colapsado con el T Verónica que acabo de suministrarle.
-¿Cuántos años llevas infectando a tu propio hijo?
-Desde que nació.
-¿La madre lo permitió?
-¡No seas imbécil, Downing! Por supuesto que no. He visitado la casa de esa mujer una vez al mes por las noches y este chiquillo ha recibido dosis pequeñas, para evitar mutaciones. Lo he mantenido vigilado todo este tiempo. Por lo que veo, su sistema admitió la infección y ahora posee anticuerpos resistentes. La cúspide de mi investigación era saber si el virus T Verónica y el desarrollado virus C serían compatibles. Desafortunadamente no es así…
-Experimento fracasado. Lo único que obtuvo tu hijo fue un llamativo color de cabello...
-Es mejor así. Desecharé este experimento.
-¿Desechar? ¿Asesinaras a tu hijo?
-No hay necesidad. Simplemente no tiene lo que buscamos. Anularé en sus memorias lo que nos relacione y listo. El niño crecerá como si nada hubiese sucedido.
-Excepto que es portador del virus C y sus respectivos anticuerpos. Pienso que es mejor mantenerlo como una posible vacuna.
-Mi plan no consiste en infectar al planeta con ese virus que sólo obtuvo resultados inestables. La investigación con Uroboros va avanzando. Apostaré por ese estudio. Mejoraré la raza humana y llegaremos a límites insospechados.
-Es muy ambicioso tu plan…
-Sólo los grandes podrán continuar en él. Realmente espero que buenos resultados de ti Downing…
Sin más, dejó de escuchar la voz de su progenitor…
Fin de Flash Back
Mientras Jake permanecía inerte en el piso, Jill miraba a Chris en tanto él iba acercándose lentamente hacia ella; la rubia retrocedía, trastabillando. Era como un poderoso tigre, seguro de que esa pequeña e indefensa oveja no podía huir…
-Chris… Chris… No… Regresa, Chris…
Pero el castaño hizo caso omiso y Jill sabía lo que vendría. Chris la sujetó del cabello con rudeza, inmovilizándola. La rubia sentía ardor en su cuero cabelludo, pero pronto todo acabaría. Para el poder que ahora tenía su esposo, atravesar su cuerpo con su propio puño no necesitaría gran esfuerzo. Brevemente movió sus pupilas y observó cómo todo a su alrededor se estaba derrumbando. Leon parecía cegado disparando una y otra vez contra Steve. No era que pudiera ver si su enemigo realmente estuviese muerto, pues la polvareda impedía tener un alcance visual mayor a tres metros, pero Jill creía poco probable que alguien sobreviviese a más de un disparo con un Rocket Launcher.
Un suspiro de alivio escapó de Jill. Al menos su enemigo estaba acabado. Podía morir en paz sabiendo que sus niños no presenciarían más horrores en su vida. Pero… Chris, ¿qué sería de su Chris? Cuando él supiera que ella había muerto bajo su yugo… Lo conocía. Si quedaba destrozado cada que perdía un compañero, saber que él había asesinado a su propia esposa, perdido bajo el control del virus, acabaría con él… ¡Y sus hijos! ¿Qué pasaría de ellos? No, no podía rendirse tan fácilmente…
Jill levantó su mano, no se podía dar el lujo de morir. No cuando había tanto por lo cual luchar. No cuando su familia estaba afuera, esperándola. Le había hecho una promesa a Claire. Le había jurado que cuidaría de Madeleine pasara lo que pasara. No estaba dispuesta a incumplir su palabra.
Colocó su mano sobre el rostro de Chris. Era marcada la diferencia entre su pálida mano y el rostro bronceado de su marido. Acarició la mejilla sobre la cual había inicios de barba. Sonrió. Sí, Chris no podía durar más de dos días sin afeitarse porque el vello facial le crecía de inmediato. Solía decir que gente como él habían logrado que las malditas compañías de rastrillos y cremas para afeitar se volviesen asquerosamente millonarias.
-Amor, vuelve… Nuestros hijos nos esperan, a ambos…
Jill pudo ver que las pupilas de Chris se contraían, pero de inmediato se volvieron a dilatar. No tenía la menor idea de lo que pasaba por su mente, pero el agarre en su cabello disminuyó ligeramente. Comenzaba a pensar que ya todo había terminado, cuando su espalda y nuca chocaron con mucha violencia contra un muro. No sabía cómo o por qué, pero Chris había realizado ese movimiento. Quizá para aturdirla. Quizá porque su mirada lo distraía y él tenía un objetivo.
-Jill… -murmuró Chris…
Leon continuaba disparando. Por fin lo había conseguido. Finalmente cumplía la promesa de borrar de la faz de la tierra los virus creados por Umbrella. Por fin podía sentirse en paz con Claire… Un pitido en su oído lo distrajo. El comunicador. Fue bueno, porque ese sonido lo arrancó de la enajenación en la que estaba inmerso. El edificio se estaba cayendo. Debían salir rápidamente de ahí.
-¡Equipo Alfa, conteste!
La voz de Hunnigan era fuerte y lastimó el oído de Leon. Respondió de inmediato.
-Aquí Alfa. Hunnigan, ten la vía de escape despejada.
-Leon, llevo tres minutos intentando comunicarme. ¡Salgan de ahí ya! Algún invitado sorpresa en el edificio, que conocía bien los escondites, activó el sistema de autodestrucción… Nuestros rastreadores lo detectaron hace unos momentos, pero ustedes no respondían. El equipo Bravo ya bajó por ustedes…
-¿Equipo Bravo? ¡No hay ningún equipo Bravo!
-Sherry y Helena dijeron que Redfield las había nombrado luego de que las telecomunicaciones interfirieron…
-Mocosa mentirosa… Sherry está en problemas… -murmuró Kennedy al pensar en los peligros a los que su pequeña se estaba exponiendo…
-Como sea, ¡salgan de ahí ahora!
-Entendido, cierro.
Jake recuperaba poco a poco la conciencia. Esas memorias que habían sido selladas en su cerebro aún rondaban en su mente. No sabía cómo lo había hecho, pero ahora sabía que su padre fue capaz de cometer los peores crímenes en pro de sus ambiciones personales. Y Jake debía reconocer que el hombre había hecho un buen trabajo, porque hasta ese día, él ni siquiera recordaba que hubiese sido rubio. Sospechaba que su madre había destruido todas las fotografías y lo relacionado con su temprana infancia, ayudando a ese bloqueo mental, pero sin mala intención. Seguramente lo hizo por proteger a su único hijo. De esa hermosa mujer castaña, que murió cuando él tenía 14 años dejándolo a su suerte, sólo guardaba hermosos recuerdos…
De pronto su vista se fijó en Chris y Jill Redfield. ¡La Mole estaba a punto de asesinar a su propia esposa! Eso jamás…
-¡Leon!
Kennedy volteó de inmediato y Jake reconoció la voz sin problemas; Sherry corría a toda velocidad hacia su padre.
-¡¿Por qué demonios eres tan…?! –inició el rubio enfurecido, sólo para ser silenciado por la agitada voz de Sherry.
-¡Espera! Hallamos un pequeño laboratorio arriba. ¡Había tanta información! En resumen, ni siquiera Steve pudo controlar los efectos mutagénicos del virus, así que había un estabilizador…
-¡Sherry a Chris, ya! –interrumpió bruscamente Jake, quien no había perdido un instante luego de ver a Jill en problemas. Él había corrido hacia Chris intentando inmovilizarlo, sin éxito.
Ambos voltearon y miraron como Chris estaba a punto de zafarse. Jill permanecía congelada en su sitio. Sherry se apresuró y de inmediato clavó la jeringa en el cuello de Chris, luego presionó el embolo hasta vaciar el contenido. El efecto fue inmediato. Jill cayó al piso y Sherry la socorrió mientras Jake y Leon sostenían a Chris, quien luego de gruñir con una voz potente cayó desvanecido.
La voz de Hunnigan en el comunicador de Leon fue clara.
-Treinta segundos. ¡Salgan ahora!
Sin mediar palabra, Sherry sostuvo a Jill, quien a pesar del daño recibido, podía caminar, pero la joven rubia la forzó a correr. Entre Jake y Leon sostuvieron a Chris y corrieron tras las mujeres. Helena los esperaba en la parte superior de las escaleras junto a la fuente donde estaba la joya en forma de serpiente.
-¡Corre Helena! –gritó Leon.
La castaña ayudó a Sherry con el peso extra de Jill y faltando diez segundos para la detonación, abordaron la camioneta donde los esperaba Barry. Alomar y Andrews mantenían las puertas abiertas y ayudaron para subir a Chris. Él vehículo estaba encendido. Burton ni siquiera esperó a que la puerta se cerrara cuando ya había pisado a fondo el acelerador. Gracias a Hunnigan estaba al tanto de todo lo que sucedía y sabía que venían todos, pero no en qué condiciones…
-¡Hey Chris…!
-Está inconsciente, mi amigo –respondió Jill.
-Como en los viejos tiempos, ¿no? –comentó el hombre de barba canosa mientras maniobraba esquivando algunos obstáculos. Se alejaron lo suficiente antes de sentir una fuerte vibración en el piso a causa de las explosiones… Listo, todo se había acabado…
-¿Quién activó el sistema de autodestrucción? –Interrogó Jake.
-Las apuestas van 1 que fue Ada Wong –respondió John.
Sin querer, las miradas de los presentes, excepto la del hombre mayor, quien seguía concentrado en el camino, se posaron sobre Leon.
-Tú… ¿sabías algo? –preguntó dudosa Sherry.
-No –respondió tajante. A nadie le compartiría que la polvera donde hallaron la información estaba en su poder, celosamente resguardada en uno de los bolsillos de su pantalón cargo. Estaba absolutamente seguro de que tarde o temprano Ada lo contactaría…
Nadie dijo más durante algunos minutos. Chris reposaba sobre el duro piso de la camioneta. Jill, a pesar de estar herida, de inmediato se arrodilló junto a él para monitorear su estado. Alomar le hizo compañía intercambiando una rápida mirada con la rubia, quien le agradeció con un asentimiento su preocupación.
-Por los pelos, otra vez… -comentó Andrews-. Parece que nosotros nunca saldremos de éstas caminando con tranquilidad, ¿verdad?
Jake sonrió. Esas personas en la camioneta no eran simples camaradas o socios. Eran amigos y le gustaba el ambiente que se formaba cuando estaban todos reunidos. Sólo una vez, antes de que Claire fuese secuestrada y el infierno los azotara, pudo convivir pacíficamente con esos guerreros…
FlashBack
Ese día, después de diez días de análisis y observaciones frecuentes, finalmente habían dado de alta a Christopher Redfield. La celebración era en el patio trasero de los Kennedy, donde, si bien ya se sentía frío, propio del otoño, el ambiente aún era agradable, aunque todos usaban gruesas chaquetas. Jake se sentía algo ajeno y extraño. Después de pasar días en la B.S.A.A. le parecía raro ver a todos vestidos de civiles.
Claire propuso preparar hamburguesas. Mientras los hombres discutían sobre la temperatura adecuada para asar la carne, las mujeres ya traían los contenedores con la verdura y aditamentos perfectamente picados.
La pequeña Maddi y sus primos corrían y alrededor de su casita de juegos. Jake había permanecido impasible, recostado sobre el tronco de un enorme árbol, observando alrededor. Era la primera vez que estaba rodeado de tanta gente sin que éstos fuesen zombies o criaturas asquerosas… Lo distrajo un vaso de jugo frente a él, siendo sostenido por Sherry. La rubia era linda; diez días atrás la había conocido y hasta ahora podía decir que le simpatizaba…
-Aquí tienes. Te recomiendo que bebas un poco. Con Chris, Leon y Barry a cargo del asador, no sé cuando estarán listas las hamburguesas…
-Me uniré con los pequeños. Ellos ya van a empezar a comer…
Sherry miró en dirección a los pequeños y efectivamente vio que Claire ya había logrado que esa loca pandilla se sentara en su mesa de jardín, apropiada para el tamaño de los niños, y éstos empezaran a devorar sus hotdogs.
-Sí, yo creo que podrías. Casi eres de la misma edad que ellos…
¡Vaya! La rubia podía ser mordaz si quería…
-Sí, es una pena que los ancianos tengan que esperar…
-De hecho, si hubiésemos sabido que eras tan joven, nunca te hubiésemos alejado del colegio…
-Oh, no. No debían preocuparse, Supergirl. Las cosas en los colegios han cambiado desde la era de piedra, pero no espero que alguien de tu edad lo comprenda…
¡JAQUE MATE! Pensó Jake en cuanto vio que la rubia inflaba de forma tierna las mejillas, y se alejaba con aire ofendido… La culpa había sido de ella por ponerse a discutir con un experto. Pero una risilla atrajo su atención, y observó a su anfitriona sonreír con un particular brillo en sus pupilas.
Jake no podía negarlo. Aunque fuese mucho mayor que él, Claire Redfield, corrección: Kennedy, era sumamente atractiva. Le hubiera gustado conocerla con algunos años menos. Estaba seguro que él hubiese caído en sus redes simplemente con ver esa sonrisa tan auténtica. Pero lo que en verdad llamaba la atención de la mujer eran esas bellas pupilas tan azules. Sí, tenía un cuerpo de infarto, y eso que dejaba mucho a la imaginación, pues nunca mostraba sus piernas con minifaldas o usaba blusas con un escote pronunciado; pero sus pantalones eran entallados, igual que sus blusas, así que ya podía imaginar lo que había bajo esas prendas… Como acto reflejo, miró de soslayo a Leon. No lo conocía del todo, pero por un momento temió que el agente 007 tuviese habilidades telepáticas o algo así y pudiese leer los lujuriosos pensamientos que le vinieron al observar a su señora. Después de todo, con ese grupo de raros y anormales, debía andarse con cuidado…
Pero, ¿por qué le llamaban tanto la atención esos ojos? Era como si ya los conociera. No sabía de dónde o cuándo, pero Claire le resultaba muy familiar. Tuvo esa misma impresión al conocer a su pequeña hija. Si bien la niña no era pelirroja, se parecía mucho a su madre… Quizá era ese aire tan… maternal que la rodeaba. Los niños parecían cómodos junto a ella, tal como siempre había sucedido con su difunta mamá. Quizá era eso…
-Vas por buen camino, Jake –dijo la pelirroja, lo cual lo sacó de su aturdimiento.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿De qué estás hablando? –respondió él ligeramente nervioso… ¿Se cuidó de Leon y era ella quien tenía los poderes telepáticos?
Otra vez la risilla de Claire. Era clara y limpia. Sin ironía ni burla…
-No te pongas a la defensiva, Jake. Y despreocúpate. Sí, sé que aquí no todos son "normales", pero te aseguro que somos buenos amigos. Ahora tú eres uno de los nuestros. Sólo intenta no pelear tanto con Sherry…
Jake dejó escapar un disimulado suspiro de alivio. Por un momento en verdad temió que Claire fuese telepática.
-No peleo con ella… es tu hijita quien no aguanta una broma –de pronto Jake se sintió bastante estúpido dándole razones a la madre de Supergirl. ¡Él era un adulto, maldición!
-Lo sé. Mi pequeña no es muy tolerante, pero tú pones a prueba su resistencia, así que insisto, vas por buen camino...
Jake no entendió del todo ese comentario, o no quiso entenderlo. Momentos después vio que la nueva discusión que se realizaba en el asador era cuánto tiempo habría que dejar la carne… ¡Al paso que iban jamás comería! Las cosas se calmaron cuando Claire, Jill, Sheva y Sherry apartaron a los problemáticos hombres y ellas mismas prepararon las hamburguesas. A ellos no les quedó más que arreglar la mesa con los utensilios necesarios.
Cuando al fin se sentaron, se emplearon muchos tópicos, desde el crecimiento de los niños, la ropa de moda, lo nuevo en tecnología, vehículos y beisbol, hasta lo triste que era compartir la mesa sin Rebecca ni Billy. Jake sabía de ellos por los reportes, pero como no los conoció, sería hipócrita decir que lamentaba su ausencia.
Fue entonces cuando la charla se encaminó hacia donde él podía participar.
-¿Cómo vamos a saber el sitio donde se esconde Burnside? –interrogó directamente Chris.
-No lo sabremos hasta que él ataque… -repuso John Andrews-. Pero eso supondría poner en riesgo a Claire…
-No será así –dijo Leon con firmeza. Jake lo miró fijamente. El rubio se ponía intenso cuando se trataba de su esposa, y la verdad, no lo juzgaba. Si ella fuera suya, él también la protegería a capa y espada-. Claire está siendo vigilada. El presidente Bendford autorizó que cuatro de sus mejores hombres la custodien…
-Lo cual no es divertido… Ni siquiera he podido darles las gracias por su esfuerzo… No puedo creer que aún tengan ese arcaico sistema…
-Claire, no puedes hablar con ellos por la sencilla razón de que te vuelves amiga de todo el maldito mundo –intervino Chris…
-No maldigas en la mesa, querido –susurró Jill canturreando. Redfield, como cachorrito avergonzado, sólo inclinó el rostro…
-¡Eso es cierto! –Intervino Sherry-. Si por ti fuera, Claire, ya le hubieses tejido suéteres y bufandas para que no tuviesen frío tus guaruras…
Claire infló las mejillas y a Jake se le hizo gracioso el que esas mujeres, que no tenían ningún lazo sanguíneo, tuviesen características tan similares. Debía ser por el tiempo que habían pasado juntas. Después de todo, uno no se proclama hijo adoptivo de alguien si no hubiese de por medio amor. En ese momento, Jake deseó ser parte de ese extraño grupo. Sabía que Claire Kennedy estaba muy lejos de su alcance, y en realidad, no estaba seguro si sólo se sentía maravillado por ella o había un sentimiento más profundo; sin embargo, Sherry le atraía de una forma peculiar. La rubia podía sacarlo de quicio cuando quería y él se divertía haciendo lo mismo con ella…
Sólo el tiempo decidiría qué sería de él…
Fin de Flash Back
-Sherry… ¿ese estabilizador era seguro? –Interrógó Jill, arrancando de su ensimismamiento a Jake, quien miró a Chris, su rostro parecía apacible…
-No puedo tener la certeza. Pero el laboratorio cumplía todas las reglas de sanidad. Y dudo que Burnside inyectara algo en su sistema que no estuviese perfectamente verificado. De cualquier forma, ya avisé a Hunnigan que tenga un equipo de especialistas listos. En cuanto lleguemos a la central, Chris será atendido. Pero… ¿Por qué tienes ese vendaje en el cuello? ¿Qué te pasó?
-Burnside me sujetó y he resultado herida al contacto de su elevada temperatura… También me lastimé el brazo…
Helena intervino en ese instante.
-¿Sabes? Mi hermana es experta en tratamientos de belleza. Tiene que serlo. De noche es una fiestera, pero de día trabaja como modelo, así que conoce todo lo que hay en el mercado y lo que está por salir para que el cutis se vea perfecto. Le preguntaré por un tratamiento contra las quemaduras… -Jill jamás se había considerado una mujer vanidosa, pero la verdad era que tras escuchar las palabras de la agente Harper se preocupó por las cicatrices que pudiesen quedar…- Lo mismo va para ti, Muller. Veo que también te alcanzó el fuego…
Sí, Sherry ya había reparado en las lesiones de la frente y barbilla de Jake, pero a comparación del estado en el que estaba Chris, no le tomó demasiada importancia. Recordó en ese momento que en su riñonera tenía un ungüento especial para quemaduras, así que avanzando con precaución, se hincó frente a él.
-¿Qué pasa Supergirl?
Sin mediar palabra, Sherry desinfectó sus manos con un poco de alcohol en gel y se colocó sobre la yema de los dedos algo de esa pomada. Colocó su mano sobre la frente de Jake, quien como primer instinto retrocedió, pero bastó una mirada de la chica para que cooperara.
Helena miró en otra dirección para no ser indiscreta, lo mismo hicieron John y Sheva. Jill se enfocó en verificar la respiración de Chris; sin embargo Leon los miraba con atención. Ese niño Muller tenía un gigantesco poder. Era obligación suya guiar a ese chiquillo por un camino que no tuviera que ver con ser Mercenario. Podía ver la mirada de borreguito tierno que le dirigía Sherry y lo nervioso que él se ponía con su cercanía… ¡Quien tuviera veinte años otra vez! Se sentía ya bastante viejo… Pero no podía quejarse. Tuvo la fortuna de amar con todo su ser a una mujer, a la mujer más excepcional que pudo pisar la faz de la tierra; y era un bastardo tan afortunado, que ella lo amó de la misma forma…
Dejó salir un suspiro silencioso y dirigió sus azules orbes hacia la parte superior de la camioneta, sin ver en realidad el techo metálico… Estaba en paz con su adorada Claire. El monstruo que le había arruinado su vida finalmente estaba varios metros bajo tierra.
De pronto, el cuerpo de Chris comenzó a convulsionar. Jill respingó asustada, pero se reclinó sobre él para poder sostener su cabeza y evitar que se lastimara. Sheva, John, Elena y Leon se arrojaron sobre sus extremidades, mientras Jake sostuvo a Sherry, quien se desbalanceó cuando la camioneta pasó sobre una zanja. Muller barajeó la posibilidad de ir a ayudarlos a controlar las convulsiones de Redfield, pero entre los cuatro lo tenían bien sujeto. Chris era un hombre en verdad fuerte.
-¡Barry, acelera!
El hombre mayor no dijo nada, pero todos sintieron el cambio de velocidad. Tardaron veinte minutos en llegar al Hospital. Por mandato del Presidente de los Estados Unidos, había un piso del hospital vacio donde se concentraban los mejores médicos del país. Especialmente los mejores virólogos, donde resaltaba Sherry por su juventud y amplios conocimientos.
De inmediato Chris fue puesto en una camilla, al igual que Jake, quien en todo momento se negó a ser analizado. No dejaba de preguntarse cómo es que el Presidente sabía de su infección si ese secreto había sido celosamente guardado por años, pero de inmediato entendió que Helena Harper era el vínculo entre la Casa Blanca y la B.S.A.A., por lo que ella debió encargarse de divulgar la información, después de todo, ella fue la primera en ver el video, junto con Leon. Jake sólo cooperó cuando Sherry le aseguró que ella estaría cerca todo el tiempo, pero que por el momento, debía enfocarse en estabilizar el estado de Chris.
Jill, para su total molestia, fue separada de su esposo. Varios médicos le hicieron análisis e inspeccionaron las lesiones por quemadura que sufrió en el cuello y el brazo. Médicos Otorrinolaringolos se aseguraron que no hubiese lesiones en la tráquea o cuerdas vocales que pudieran comprometer a largo plazo la salud de la mujer. Leon también fue atendido; por fortuna, ningún órgano sufrió daños debido a la fractura en las costillas. Todos se recuperarían…
Haciendo recuento de los daños, las heridas que los guerreros sufrieron fueron mínimas. Finalmente, el último eslabón en la cadena que durante décadas creó Umbrella había caído. Todos podían respirar en paz… ¿o no?
CONTINUARÁ…
¡Chicas y chicos!
Hola a todos. Espero que les haya gustado el final de ese maldito desgraciado de Steve Burnside… en serio que ya me urgía acabar con él! Pero eso no significa que esto haya terminado. Todavía nos faltan un par de cabos sueltos más por atar…
No se pueden quejar, les tuve el capítulo listo lo antes posible y ya puedo morir en paz porque no me podrán culpar de dejarles sin saber cómo y por qué murió Steve… Sin embargo, aun queda una bruja de la cual me quiero deshacer…
Oigan, mil gracias por sus reviews del capítulo pasado. Como dije, lamento mucho tardar con las actualizaciones. Les juro que si por mí fuera tendrían cada semana un capítulo nuevo, pero por desgracia, ha habido muchos cambios en mi vida en las últimas fechas… La mayoría, no tan buenos… pero ¿qué se le va a hacer? C' est la vie!
En fin, ¿ustedes escucharon ese rumor de que Capcom había anunciado la muerte de uno de los personajes principales de la saga de R E? Según el chisme que se corrió por Facebook, era que Ada era la candidata a morir… No sé si es algo confirmado o qué, pero yo deseo que sea cierto! Supongo que es de esas cosas que dejarán al aire para crear expectación hasta que salga el próximo juego… ¡Pero quiero que muera Ada!
Y para agradecerles por su tiempo al dejarme un lindo review (y aprovechando que ando baja de trabajo), les agradeceré personalmente su crítica del último capítulo:
AnaMariaEugenia: Soy pobre y de familia numerosa, pero con gusto vendería lo que fuera para entrarle a la colecta y comprar el uno por ciento de acciones en Capcom; te nombraríamos representante legal, y con tu poder de persuasión, sé que volverías oficial al CLEON y le darías MUERTE A ADA WONG! Ya tengo un plan de vida! Yeahhh! Nos leemos pronto, gracias por apoyar la historia y hacerme saber tu opinión… Besos!
Gabyedro: Puedo decir que sufrí una posesión de Leon S. Kennedy y él me obligo a escribir esas cosas que le dijo a Jake… Yo quería que eso de la posesión hubiese estado encaminada a otras áreas… pero así es Leon, incondicional a su Claire… Y lo de Wong… en el próximo capítulo querrás amarme u odiarme… Ya veremos… jejeje…
Name (Guest): Gracias por seguir la historia… Intenté que Chris no sufriera mucho… Lo intenté, en serio, pero en esta ocasión, a todos les tocó sufrir… ¿No es un buen consuelo? No, no lo es… sorry… Pero ya casi acabamos con tanto dolor… Creo… jejeje... Hasta la próxima!
Anónimo: Lamento mucho que no te agradara el que empleara a Angela Miller como chivo expiatorio para este fic, pero la verdad a mí nunca me gustó ese personaje. Desde que vi Degeneration, esa mujer se fue a mi lista negra. He sido CLEON desde que, por ahí del 99 (I know, long time ago) jugué RE 2. Así que al ver cómo esa pechugona se le lanzaba al Leon de Claire, decidí que tenía que hacer algo maligno y cruel con ella… Me da gusto que leas el fic y te agradezco por tu tiempo al hacerlo y dejarme un review. Saludos.
Jill Filth: De corazón deseo que todo salga de maravilla con tu tesis de grado! Dios sabe que comprendo la tensión a la te sometes cuando andas en esos asuntos. Pero te tomo la palabra, eh! En cuanto ese título profesional toque tus manitas y descanses un par de días, esperaré día a día la publicación de tu fanfic! Te agradezco que, aun con la presión que tienes encima, sigas leyendo el fic y sobretodo te tomes unos minutos para escribirme. Eso me hace inmensamente feliz. Cuídate mucho y nos leemos a la brevedad, lo prometo.
Pues, si más que decirles, me despido de momento, esperando que se encuentren bien. Nos leemos en la siguiente entrega para iniciar con la parte final de esta historia…
Les mando muchos, muchos, muchos besos y abrazos…
Pily-chan.
