CAPÍTULO XVIII… PROPUESTA
Pasaban de las diez de la noche y había un bullicio en la ciudad que a él le parecía inusual; quizá porque era viernes y hacía años que no pisaba un bar… Era cierto que el número de gente viviendo en New York, y en general en las grandes ciudades, había menguado a causa de los ataques del año pasado, pero muchos empleados aún se congregaban en cafeterías, antros y bares luego de haber concluido su jornada laboral.
Además, tras el anuncio que el presidente de los Estados Unidos diera en cadena global unos meses atrás, informando a la población sobre la total aniquilación de la Corporación que se encargó de esparcir los ya tan conocidos virus, las grandes capitales poco a poco volvían a ser ocupadas. En esa contundente victoria se le dio todo el crédito a la B.S.A.A. y la celebración duró semanas. Todos los que participaron en la caída de Burnside habían regresado a sus actividades normales. Parecía que ya todo volvía a su lugar.
Todo excepto lo más importante en su vida… Sacó de su abrigo esa polvera y fijó sus azules orbes en ese, aparentemente, inofensivo artefacto. Después de haber permanecido unos meses entre sus manos, finalmente la devolvería a su dueña…
Debía aceptar que había esperado esa llamada todo ese tiempo, pero no fue sino hasta pasadas las 17:00 horas de esa tarde, que ella le llamó. Acababa de recoger a Madeleine de donde Chris. El mundo volvía a estar en calma y Jill cuidaba de los niños con ayuda de una niñera. Ahora iba camino a su hogar. Su pequeña le contaba de sus actividades y le enseñaba una canción nueva que había aprendido con sus primos. La famosísima canción del muñeco guapo y de cartón. Era una bendición que su pequeña tuviera un buen oído musical. Claire estaría orgullosa de ella…
Su teléfono celular comenzó a timbrar, no le gustaba responder llamadas mientras conducía, pero le llamó la atención que su celular registrase la llamada entrante como "Número Desconocido". Tenía una sospecha de quién se trataba, por lo que respondió al segundo tono presionando el auricular del manos libres.
-Kennedy.
-Tienes algo que me pertenece…
Esa voz. Femenina, fría, profesional, sexy…
-Ada… -murmuró.
Aunque no lo diría en voz alta, debía admitir que escuchar la sensual voz de Ada le agradó demasiado. Era algo familiar… Justo en esos momentos en los que le era menester aferrarse a lo conocido ya que todo en su vida parecía ser incertidumbre.
-Te espero a las 22:30 en el bar del Plaza.
La comunicación se cortó. Por un instante Leon se preguntó si no había alucinado aquella llamada. Bueno, con Ada Wong nunca se podía estar seguro de nada…
-¿Quién era papi?
-Era alguien del trabajo. Sigue enseñándome tu canción, amor…
-¡Sí! Pimpón es un muñeco muy guapo y…
Leon escuchaba a su pequeña, pero la llamada de Ada lo inquietó. Al llegar a su casa realizaron sus actividades con total normalidad. No comentó con nadie sobre la cita que tendría. Cuando se preguntaba si Sherry querría cuidar a Madeleine, su hija mayor le llamó y le pidió permiso para que la niña pasara la noche en su departamento. Él cuestionó por qué no era Sherry quien se quedase en la casa de ellos, a lo que la rubia respondió que Jake la visitaría en la noche para ver unas películas, y quería que Maddi se divirtiera también, pues la pequeña siempre lograba sacar el mejor lado de su amigo. Leon aceptó y a su vez se sintió aliviado por no tener que dar explicaciones sobre su salida.
Antes de dejar su casa se aseguró de que Scottie tuviese comida y agua, luego tomó el objeto ovalado que guardaba en el cajón de su buró y sin más, salió a su encuentro…
Y así fue como terminó sentado en el bar de ese lujoso y famoso hotel, esperando la compañía de una dama. Estar solo, con algo de alcohol en su sistema, le permitía reflexionar. Volvió a guardar la polvera y sujetó su vaso llevándoselo a los labios.
Las cosas regresaban a su habitual curso; su familia y amigos tenían de regreso sus vidas, recuperaban sus rutinas, olvidando lo que había ocurrido hacía cuatro meses…
Su hija mayor y Jake aún tenían citas y no porque el pelirrojo no quisiera algo más serio. Sherry le había pedido tiempo para conocerse como amigos antes de iniciar una relación. Leon conocía la verdad detrás de esa resistencia, pues la escena que se había desarrollado un par de semanas después de que supieran que Claire estaba embarazada de Maddi, estaba grabada a fuego en su memoria…
Flash Back
Estaba verdaderamente exhausto. La misión había sido una pesadilla. Era increíble que esos laboratorios esparcidos por el mundo guardaran aun especímenes que se liberaban gracias a computadoras programadas. Prácticamente llevaba 48 horas despierto, y el cansancio ya le estaba cobrando factura. Sin embargo, ningún agotamiento arrancaría la sonrisa que aparecía automáticamente en su rostro cuando veía a su hermosa esposa. Ya se le había hecho una costumbre inclinarse para saludar a su bebé; esperaba ansioso el momento en el que viese el rostro de su hijo o hija.
Sin embargo, cuando abrió la puerta, la imagen que tuvo ante sí lo alarmó más que si un licker estuviera a un par de metros de distancia. Sherry y Claire estaban sentadas en el sillón, pero la rubia rodeaba la cintura de Claire mientras lloraba sin parar a la par que pedía perdón.
Su amada levantó el rostro al verlo en el umbral de su hogar y Leon sintió un nudo en su estómago al ver las mejillas, nariz y ojos enrojecidos de Claire. En cuanto Sherry percibió su presencia, se separó de su madre rápidamente y se dirigió a Leon.
-Lo siento, lo siento mucho…
-No, pequeña –dijo Claire abrazándola nuevamente-. No te disculpes…
-Yo sé que no debo… -replicaba la rubia hipando entre los brazos de su madre.- Leon, no quería, pero…
El hombre estaba tan asombrado como preocupado. Para empezar miraba a las dos mujeres que más amaba sobre el mundo llorando sin parar, luego su hija ofrecía disculpas… No entendía.
-¿Qué sucede?
Claire lo miró y Leon leyó en esos preciosos ojos una súplica. Ella pedía su apoyo. Era de esos momentos en los que las palabras sobraban. Él dejó sus llaves en la mesita y de inmediato caminó hacia ellas. Abrazó a ambas y entonces el llanto de Sherry se hizo aún más audible.
Algo realmente grave debió pasarle a su hija para verla en ese estado. Sin embargo, Leon sabía que no había nada que no hiciera por su familia. Por su mujer e hija él daría todo y más… Pasaron los minutos y el llanto de Sherry fue disminuyendo. Sólo entonces Leon se permitió crear hipótesis sobre el estado de su hija y en todas esas imágenes mentales aparecía Carlos Oliveira como el villano. Se juró destrozarle el rostro a ese maldito "latin lover". Recreó torturas inimaginables para poner en su lugar a ese miserable…
La dulce voz de su esposa lo arrancó de sus cavilaciones.
-Pequeña, Leon necesita saber lo que sucede. Acaba de poner el rostro de "Asesinaré a ese maldito" y estoy segura de que ya tiene en mente a su víctima…
Sherry no pudo evitar sonreír. Se apartó del abrazo grupal y tomando un pañuelo desechable de una de las mesas esquineras se secó el llanto y la nariz. Antes de que ella pudiera decir algo Leon preguntó:
-¿Por qué pedias perdón, pequeña?
-Yo… sé que Claire no debe sufrir emociones fuertes, pero no… -los preciosos ojos azules de Sherry se llenaron de lágrimas otra vez, mientras que la voz iba disminuyendo. Claire volvió a acunarla entre sus brazos.
-No, no cariño. No te preocupes por eso. El bebé es fuerte, tal y como su hermana mayor. Así que desahógate…
Fueron necesarios varios minutos más, y unas cuantas miradas entre Leon y Claire donde la última le pedía paciencia a su esposo, antes de que Sherry estuviera en condiciones de hablar.
-Yo… Ya saben, el Gobierno me hace análisis de vez en vez para garantizar la estabilidad del virus. En los últimos estudios, yo solicité uno extra. La cosa entre Carlos y yo… -la idea le pareció insulsa, necesitaba explicarse mejor o Leon enfurecería, así que inició la oración de nuevo-. Él… él me ha pedido que nos casemos, pero yo aún deseo esperar… Yo… pedí que incluyeran un estudio completo sobre fertilidad… -las lágrimas brotaron sin control. Leon ya sabía por dónde iba el asunto.
Miró a Claire pidiendo una explicación sin emitir una sola palabra. La pelirroja asintió…
-Pero… -intervino él.- Sherry debe haber algo que...
La rubia no se detuvo a dar muchas explicaciones. Se dirigió a su bolso y le mostró a Leon el documento donde una sola palabra definía su estado.
-Pequeña –dijo el hombre intentando mantener la voz firme a pesar de lo que leyó-, la naturaleza es caprichosa y a veces…
-No importa cuánto quiera que esto sea diferente. Esta es la realidad. Mi cuerpo desechará cualquier virus, bacteria o… o ser vivo que considere ajeno a mí. Jamás podré concebir. Yo no puedo aceptar que Carlos ate su vida a la mía si no… -su voz se quebró-. Si no soy capaz de darle una familia.
Unos cuantos golpes en la puerta se dejaron escuchar, lo cual los sorprendió, ya que no esperaban a nadie. Leon fue a abrir y halló a un serio Carlos Oliveira. El hombre latino miró a su viejo camarada, y sin esperar invitación caminó hacia Sherry.
La rubia y la pelirroja estaban anonadadas. Claire sólo supo que de pronto Carlos arrebató a su hija de entre sus brazos y la estrechó con fuerza. Ella miró confundida a Leon, pero Kennedy, con un simple movimiento de cabeza le indicó que salieran de la sala. Claire asintió y lo siguió, ambos se encerraron en el estudio…
Fin de Flash Back
Leon jamás supo en qué consistió esa charla, pero cuando Sherry y Carlos, asidos de la mano, los buscaron media hora más tarde, él comprendió que quizá, sólo quizá, Carlos Oliveira fuese merecedor de su pequeña.
No le resultaba difícil deducir a qué se debía la renuencia de Sherry en iniciar una relación formal con Jake. A la fecha, él no había sido informado sobre un noviazgo, pero era evidente hacia donde avanzaba esa amistad. Sólo esperaba que Jake Muller no decepcionara a su hija cuando supiera la verdad.
Kennedy no sintió el paso del tiempo. A él siempre le gustó ser puntual, así que había llegado media hora antes al lugar acordado y pidió un whiskey en las rocas; el que tenía en sus manos era el segundo vaso. Movió el líquido ámbar y escuchó el tintineo provocado por los cubos de hielo. Sonrió. Claire lo regañaría al saber lo que estaba haciendo. Se sintió como un adolescente escapándose a hurtadillas para ir a una fiesta.
En sus años de servicio para el gobierno acostumbraba ingerir casi medio litro de esa bebida luego de terminar alguna misión; terminaba con la botella cuando el trabajo había sido particularmente difícil. En aquellos momentos necesitaba olvidar y nunca consideró que eso pudiese ser un vicio que lo condujese directamente a Alcohólicos Anónimos. Pero durante su matrimonio jamás necesitó probar otra vez una gota de alcohol. Miró su sortija de bodas. Las cosas habían cambiado tanto…
-¿Necesitas compañía?
Apartó sus ojos de su sortija y subió la mirada para hallar a la poseedora de esa sensual voz. No llegó a mirar su rostro, pues se detuvo un instante para admirar el profundo escote de su vestido, que para variar, era rojo. No creía cometer ningún pecado al reconocer que Ada Wong era una mujer hermosa, el simple pensamiento lo hizo sonreír…
-Esperaba por tu compañía –respondió él con algo de sarcasmo.
La oriental se acercó y besó la mejilla de Leon. El cálido contacto le agradó al hombre, quien se enfocó en mirar las perfectas facciones de Ada, pero algo le arrancó de golpe la sonrisa.
-Ada, ¿qué te sucedió?
La mujer suspiró y sonrió con nostalgia mientras dirigía su mano hacia su rostro y delineaba con su índice la cicatriz que atravesaba su mejilla y ojo derecho, misma que intentó cubrir, sin mucho éxito, con su cabellera azabache.
-Hablemos en otro sitio. Tengo una habitación. Sígueme –respondió ella y, sin darle tiempo para replicar, caminó.
Leon se mantuvo en su sitio, sin mover un músculo. La presencia de Ada Wong en su vida siempre había significado problemas. Pero ahora todo era diferente… Se puso de pie, sacó su billetera y cogió un billete que bastaba para cubrir las dos bebidas que había ingerido; lo colocó sobre la mesa y siguió a la mujer.
No intercambiaron una sola palabra durante el trayecto hacia el ascensor, ni cuando entraron a éste, pero no les resultó incómodo. Leon sabía que El Plaza era un hotel costoso. Y ella tenía una suite allí. Bueno, no debía sorprenderse; Ada seguramente era poco menos que un magnate con el dinero que debió ganar a lo largo de su vida. Pero esa herida en su mejilla lo había preocupado.
Al llegar al piso más alto, Ada salió y pasando su card key a través de un detector, abrió la puerta. Aunque hacía algunos años, Leon alquiló una habitación de primera en Cancún, no se comparaba a la ostentosidad que lo rodeaba ahora.
-Bienvenido a mi humilde hogar… -dijo Ada con una sonrisa.
Kennedy negó con la cabeza… Años atrás habría hecho lo que fuese por compartir un momento así con ella, pero a esas alturas ya todo resultaba irónico. Se dirigió hacia la sala de estar. Unos mullidos sillones de color marfil rodeaban una pequeña mesa central de tono caoba.
-Estoy esperando por tu historia –comentó él con firmeza luego de despojarse de su abrigo y arrojarlo sobre el respaldo del sillón.
-Dame la oportunidad de ser una buena anfitriona. Toma asiento, por favor. Bebías whiskey, ¿verdad?
Él sólo asintió. Se sentó y tras colocar su pierna izquierda sobre la derecha recargó ambos brazos en el respaldo. El sitio era confortable, aunque él consideraría tanto lujo como excesivo. Mediante una tablet Ada encendió el estéreo. Se dejó escuchar una melodía ejecutada con saxofón. Luego prendió la chimenea con el mismo panel; aunque era innecesario debido a que la habitación estaba climatizada, le dio un bello toque. Aun era invierno, después de todo.
-Feliz día de San Valentín –comentó ella con algo de sarcasmo en la voz.
¡Leon ni siquiera lo sabía! Ahora comprendía que quizá por eso había más movimiento en la ciudad… Vaya, no podía importarle menos que fuese el día de los enamorados. No cuando estaba solo. No se distrajo más. Ada le debía unas cuantas explicaciones.
-¿Empezarás a hablar? –preguntó él.
La oriental sonrió.
-Tienes algo mío, guapo.
Leon sacó del bolsillo de su pantalón la polvera que había encontrado en el edificio donde se escondía Burnside. La observó un par de segundos antes de colocarla en la mesa de centro.
-Gracias por la información. Te escucho Ada.
Ella se acercó a él. Le entregó el vaso con la bebida, mientras sostenía otro con idéntico contenido. Se sentó a su lado e intentó relajarse. Después de darle un trago a su whiskey comenzó a narrar:
-Aquél día, luego de verte en New Jersey, fui a buscar a Claire y a Steve. Llegué tarde. Él ya había… -Leon apretó el vaso que sostenía y sus labios se unieron formando una línea firme. Ada supo que no debía dar detalles-. Claire estaba seriamente herida. Le pedí a Burnside que me dejara curarla. A regañadientes aceptó. No pude hacer mucho, pues en cuestión de minutos él me apartó para tomarla otra vez –la voz de Ada era monótona. No había un atisbo de emoción, pero Leon observó que el menudo cuerpo de la mujer se tensaba-. Yo… yo lo quise impedir. Leon, he hecho cosas terribles, pero no soy un monstruo. Peleé contra él, pero Steve me desarmó y luego me golpeó… Después tomó el cuchillo de Claire y me dijo que jamás debía olvidar cuál era mi lugar. Él... luego de cortarme la cara, me hizo lo mismo que a ella…
Ada ya no continuó hablando, sólo subió sus hombros y giró su rostro, el cual fue parcialmente cubierto por su cabello. Para que Leon no viera el llanto que corría por su rostro, se giró hacia el ventanal que había permanecido a sus espaldas.
Kennedy no pudo más. Ver a esa mujer mostrando semejante fragilidad lo desarmó. Estrelló su vaso contra el piso con violencia, se puso de pie y se colocó detrás de la oriental. Rodeó su cintura con sus brazos y la acercó todo lo posible hacia él.
-Gracias Ada…
Wong giró y encaró a Leon. Él jamás imaginó que vería el llanto de ella. Dios, esa mujer había significado tanto. Lo protegió un sinfín de veces a riesgo de su propia vida…
-Lo hice por ti… Yo no quería que sufrieras. Perdóname por no haber hecho más.
Leon la miró fijante y acarició la mejilla donde resaltaba esa cicatriz.
-No Ada; hiciste demasiado. No debiste arriesgarte así, pero gracias…
-De cualquier forma… no sirvió de mucho. Claire…
Él ya no dijo más. No tenía por qué. El dolor por estar lejos de la mujer que amaba lo estaba consumiendo. Abrazó a Ada intentando encontrar un poco de consuelo… Ella también lo estrechó con fuerza. Leon sabía que de alguna manera ella también lo necesitaba, y el calor que sentía junto a ella era como un bálsamo. No supo en qué momento comenzó todo, pero de pronto se halló llorando mientras la mujer acariciaba sus cabellos y esas hermosas pupilas oscuras derramaban también copiosas lágrimas…
El tiempo pasó rápidamente, y al cabo de unas horas, ambos se encontraban tirados en el piso. A pocos metros de ellos había una botella de whiskey vacía. Habían hablado poco, llorado otro tanto, reído en dos ocasiones. Leon no se sentía ebrio; el alcohol lo había dejado en un cómodo sopor. A pesar de eso, apreció perfectamente cuando Ada acarició su pierna y fue subiendo su mano por ella.
Su primer impulso fue apartar la mano de la mujer y así lo hizo, pero ella aprovechó el movimiento para girar y colocándose a horcajadas sobre él, alcanzó los labios del agente. El beso fue insistente por parte de Ada, y aunque Leon lo rechazó en un principio, pronto halló que la calidez que emanaba de ese glorioso cuerpo le gustaba, y mucho.
Habían pasado ya varios meses sintiéndose completamente solo, sabiendo que la mujer a la que le había entregado su corazón no estaba más en su vida. Creía que en algún punto podría acostumbrarse. Su hija le ayudaba a menguar el dolor, pero el vacío seguía allí, amenazando con devorarlo cada día…
Los labios de Ada eran audaces y se movían con lentitud degustando los de Leon. Él sentía la humedad en la boca de ella y supo que podía perderse si dejaba que las cosas siguieran por ese rumbo, pero no tuvo fuerzas para apartarla. No cuando al fin hallaba un poco algo que se parecía al amor. Sus manos se volvieron autónomas cuando rodearon esa estrecha cintura y acercó todo lo posible la anatomía de Ada a la suya. Escuchó los gemidos de la mujer y el hombre carente de afecto a nivel sexual tomó el control.
Ella se mostraba sumisa y obediente en algunos momentos, pero la mayor parte del tiempo parecía dominar la situación, pues montada sobre Leon, Ada podía tocar cuanto quisiera, y Leon parecía complacido con sus atenciones.
La mente de Leon insistía en jugar con él y en ocasiones creyó sentir las dulces caricias de su amada Claire a través de las expertas manos de Ada. Pero esos pensamientos se iban alejando conforme avanzaba la noche. Su cuerpo estaba recibiendo lo que durante meses había anhelado.
Besó a Ada con feroz apetito, repitiéndose constantemente que ella era la mujer a quien había deseado durante su juventud. Esa misteriosa e intrépida dama que se había jugado varias veces la vida protegiendo la suya. Era Ada Wong a quien tenía entre sus brazos. Ada Wong, no su adorada Claire.
El mantra pareció funcionar, pues en algún punto Leon fue capaz de olvidarse de todo cuanto lo rodeaba. Ya no tuvo que repetirse el nombre de Ada. Ni cuestionarse si lo que hacía era lo correcto. Simplemente era él, un hombre, en brazos de Ada, una mujer. No hubo dolor, ni vacío. Sólo deseo.
De un momento a otro, así, echados sobre la mullida alfombra, Leon sintió como Ada desabotonaba su camisa y pronto bajó sus manos hacia su pantalón repitiendo el procedimiento… Kennedy gimió al sentir el tacto de Ada en su masculinidad. Quería hacer algo, decir algo, pero no sabía qué. Deseaba continuar, sentirla, poseerla, quería sentirse deseado y tal vez amado. Pero una parte de su mente le pedía salir corriendo de la habitación y nunca más volver a los brazos de Ada Wong.
Con sorpresa se percató de que su cuerpo reaccionaba a los sensuales estímulos ignorando la batalla que se llevaba a cabo en su mente. Sabía que su miembro estaba dispuesto a llegar hasta el final. De un brusco movimiento las posiciones se invirtieron y fue Leon quien se colocó sobre Ada.
Aunque siguiera pensando en Claire, aunque la amara con devoción, aunque dijera esperarla el tiempo que fuese necesario, necesitaba el calor de alguien para derretir la frialdad que comenzaba a invadir su corazón. No había marcha atrás; lo supo cuando él mismo desnudó a Ada y la besó y la tocó con absoluta confianza. Él aún tenía puestos sus pantalones y su camisa estaba colocada, aunque desabotonada. Sus prendas inferiores estaban a punto de desaparecer para tomar lo que ella le ofrecía…
Ada estaba concentrada en su labor. ¡Finalmente tenía a Leon entre sus brazos, y pronto, entre sus piernas! Era glorioso sentir el peso de ese poderoso guerrero sobre su cuerpo. A ella nunca le había gustado estar debajo de ningún hombre, pero con Leon podía hacer una excepción. En ese momento supo que todo lo que hizo valió la pena y sin duda, volvería a hacerlo para poder sentir las manos y los labios de él sobre su piel desnuda.
Era un amante formidable. Si su aspecto era más que suficiente para dejar sin aliento a cualquier mujer, aquella que lo conociera en la intimidad, que tuviera la fortuna de saborear esos labios que besaban con una delicia absoluta, esas manos que donde tocaban causaban estremecimientos, sabría lo que era tocar el cielo.
Pero a pesar del frenesí y los gemidos, Ada sabía que él aún no era completamente suyo. Miró la argolla plateada y antes de continuar desnudándolo, llevó el dedo anular de Leon a sus labios y lo introdujo a su boca, tratando de retirar con sus dientes un objeto que él consideraba sagrado…
Eso bastó para que todo terminara.
Sin permitirle seguir con su labor, Leon intempestivamente se alejó de ella, incorporándose. En el mismo instante comenzó a acomodarse la ropa. Ada lo siguió a toda prisa; ella estaba totalmente desnuda, pero eso pareció no preocuparle cuando se plantó frente a él. Se le veía sorprendida al preguntar:
-¿Qué estás haciendo?
-Esto fue un error… -respondió sin dejar de abotonar su camisa.
-No… ¡No! ¡No es un error que continúes con tu vida! Leon… yo sólo… Tú… ya no tienes por qué llevar esa sortija…
Todo cobró sentido en la mente de Kennedy. Todo el dolor, todo el vacío, el llanto, la soledad…
-Ada, Claire es mi esposa…
-¡No! Ya no lo es. Era… Ella era tu esposa –la oriental puso especial énfasis en el verbo en pasado-. Está muerta Leon. Y no hay nada de malo en que sigas adelante…
Por extraño que le pareciera, Ada parecía suplicante, pero eso estaba lejos de conmoverlo. Kennedy cogió el abrigo que había permanecido en el mismo sitio desde que llegó y se lo colocó a prisa.
-No lo entiendes… No tienes por qué –murmuró, para enseguida añadir en voz alta-. Lo siento. Gracias por todo, gracias por lo que hiciste por ella. Adiós Ada.
Sin otra palabra, Leon abandonó la habitación dejando atrás a una perpleja mujer. No entendía qué había sucedido. No llegaba a comprender por qué esa maldita sortija había cambiado el rumbo de las cosas. ¡Él había estado a punto de pertenecerle y de pronto todo se salió de control!
Debía correr hacía él, intentar convencerlo de regresar… pero estaba segura de que nada de eso funcionaría. Conocía a Leon demasiado bien para saber que era un hombre firme en sus decisiones… Pero ¿por qué? ¿Por qué esa sencilla acción lo había desconcertado tanto?
Sabía que había un periodo de duelo, y ella consideró prudente esperar algunos meses antes de contactarlo, pero eso era absurdo. Claire ya no estaba en su vida… Claire estaba sepultada varios metros bajo tierra desde hacía meses… Claire Redfield ya no existía…
Vio su polvera sobren la mesa y tomándola con furia la arrojó contra la pared más lejana volviendo añicos el pequeño objeto. Ada estaba furiosa, pero sólo una pregunta rondaba en su mente… ¿Claire Redfield realmente estaba muerta?
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Leon condujo hacia su casa intentando serenarse. Dios, tantas emociones de pronto lo estaban abrumando. No sabía si reír, llorar, enojarse o sentirse feliz. A pesar de haber estado a punto de rendirse ante otros besos y otro cuerpo, amaba a su mujer.
Miró su argolla y sonrió. Levantó su mano y besó el anillo plateado. Ese objeto lo hacía sentirse unido a ella… Claire estaba a unos cuantos metros de distancia usando una sortija idéntica, la cual no había abandonado su mano en ningún momento. Su esposa estaba cerca.
Hacía tantos meses de eso… Pero él se había hecho la promesa de traerla de vuelta. No tenía claro cómo lo haría, y pesar de los pesimistas pronósticos médicos, estaba completamente seguro de que Claire regresaría a su vida.
Viró el volante con un movimiento brusco y redirigió el auto. No estaba lejos. En cinco minutos llegó a su destino. El personal lo conocía perfectamente, aún así tuvo que convencer a la encargada de que estaba en perfecto estado. Era probable que el hedor producido por la botella de alcohol que había ingerido tuviese algo que ver con la renuencia a dejarlo ver a su esposa. Pero una sonrisa bastó para recibir el pase de acceso de las manos de esa joven enfermera responsable del turno nocturno.
Entró con sigilo, intentando no despertarla. El lugar era amplio, pero la cama matrimonial en la que ella reposaba quedaba frente a la puerta, dándole una perfecta vista. Era tan hermosa. Se veía en paz y la culpa lo abrumó. ¡Estuvo a punto de cometer la peor estupidez de su vida! Se acercó muy lentamente hasta quedar a centímetros de ella. Hincándose, con la mano trémula, acarició sus cabellos… Cerró los ojos y volvió a llorar.
Perdió toda noción del tiempo mientras lo hacía. En algún punto sólo dejó caer su frente en el colchón, permitiendo que sus lágrimas dejaran húmeda la zona. A pesar de todo, no emitió un sólo sonido que delatase su presencia, por lo que, cuando abrió sus ojos, se sorprendió al encontrarse con esos hermosas pupilas azules de Claire mirándolo fijamente.
Ella no dijo nada, pero él sentía que el mundo se sacudía a sus pies. Por vez primera en meses ella lo miraba fijamente y Leon sabía que al fondo de esos hermosos ojos estaba la mujer a la que había decidido entregarle su vida. La mujer a la que casi le fue infiel perdiéndose en el cuerpo de Ada… Era el peor de los hombres…
Necesitaba decírselo, necesitaba escuchar que ella lo perdonaba, por lo que con la voz enronquecida a causa del llanto, murmuró:
-Amor… Perdóname. Yo… no sabía lo que hacía. Quería olvidar… Quería…
Leon no pudo continuar porque la mano de Claire tocó su rostro retirando todos los restos de lágrimas con sus palmas…
El Presidente Benford había apoyado el plan ingeniado por Jill para fingir la muerte de Claire Kennedy Redfield mientras ella era atendida por la élite en Psiquiatría que residía en el ala oeste del New York State Psychiatric Institute. El mejor hospital de los Estados Unidos, especialistas en casos como el de Claire. A pesar de que Steve había caído, todos querían dejar pasar un tiempo antes de hacer público que ella estaba con vida, especialmente porque esperaban su recuperación total.
Sin embargo, el tiempo transcurría y su preciosa esposa se mantenía en un mutismo constante desde que ingresó. Los médicos daban muchas teorías. Decían que quizá ella deseaba anular los recuerdos traumáticos y por eso se había bloqueado. Otros pensaban que quizá los golpes que recibió habían dañado algo, aunque las tomografías no mostraran lesiones. Cualquiera que fuese la causa Claire permanecía abstraída, sin mostrar un atisbo de reconocer a alguien o intentar interactuar. Ni siquiera reconocía a Chris, a Sherry, a Jill o a él…
¡Pero en ese momento ella lo acariciaba con ternura y fijó su mirada en la suya! En ese instante su mente le repetía que debía correr y buscar un médico para presenciara la mejoría de su mujer y sin embargo, no pudo despegarse de ese cálido contacto…
Había estado a punto de sostener relaciones sexuales con otra que no era su esposa, pero ni todas las caricias que había compartido con Ada lo habían llenado tanto como el simple tacto de su amada.
-Preciosa, ¿me escuchas? -Ella no respondió, pero tampoco retiró su mano ni movió su mirada-. Claire, estoy aquí. Estoy contigo y siempre lo estaré… Regresa… Regresa…
La voz de Leon no era más que un susurro. Claire lo seguía mirando pero no emitió ni un sonido. De pronto esbozó una sonrisa y Leon sintió que todo en el mundo volvía a su lugar. La esperanza, que ya estaba desfalleciendo, revivió con más fuerza. Claire fue cerrando sus ojos y Leon notó cuando volvió a quedarse dormida a través del compás de su respiración. Sostuvo la mano derecha de su amada entre las suyas y la observó descansar. No durmió esa noche, perdido en sus pensamientos mientras cuidaba el sueño de su esposa.
Cuando el sol se asomaba por el horizonte llegó a una determinación: Sin importar el tiempo que tomara, sin importar lo que las personas dijeran, él estaría junto a Claire. Si su recompensa era sólo una sonrisa y una caricia de ella, que así fuera. Había jurado hacia cinco años que estarían juntos hasta que la muerte los separase, y lo cumpliría a pesar de todo…
Simplemente la amaba y la amaría hasta el último día de su vida…
Continuará…
Hola de nuevo!
¿Se esperaban esto? Sé que muchos sospechaban que no podría matar a Claire, pero creo que los hice dudar en algunos momentos, ¿o no?
Lamento mucho la zozobra durante… ¿cinco o seis capítulos? ¡Ya no me acuerdo! Pero aquí tienen la verdad sobre el paradero de nuestra pelirroja favorita. ¿Qué la estoy haciendo sufrir? Tal vez… ¿Qué Leon ha llorado como Magdalena en este fic? Quizá… ¿Qué se merecen un final feliz? Ya veremos!
Pues ya sin el villano de la historia, pueden ir visualizando el desenlace. Espero que este capítulo haya sido de su agrado. Debo confesar que lo tenía listo desde hacía unas semanas, pero me daba pena presentarles un capítulo demasiado corto… Aunque tengo una excusa! No me siento cómoda escribiendo un Aeon y me vi forzada a incluirlo. Les juro que lo escribí varias veces y leí y leí y volví a leer, pero simplemente, ya no me salía más. De pronto, cuando lo iba a publicar, me vino a la mente un vistazo a la vida de Sherry. Y ahí lo tienen.
En fin, espero que no me odien. Como a la mayoría de ustedes, Ada siempre me ha parecido una maldita bitch; habilidosa, guapa y super espía, sí, pero es peor que Wesker, porque su meta siempre ha sido el dinero… Juro solemnemente que es la primera, única y última vez que la pongo junto a Leon!
Pero bueno amigos míos, no los entretengo más. Como siempre, espero con ansias sus comentarios. Please, aunque tarde en actualizar, les prometo que tendrán el final del fic, sólo no me abandonen en la última recta!
Nos leemos prontito porque el próximo capítulo ya está CASI terminado!
BESOS A TODOS!
Pily-chan.
