CAPÍTULO XIX… MEMORIAS
Llevaban más de dos horas en ese lugar. Ya habían caminado un rato, otro más lo pasaron echados en el césped y ahora estaban sentados en unas cómodas bancas de madera.
El jardín de ese sitio era en verdad bello. Tenía una cascada artificial, por lo que el sonido del agua era permanente y muy relajante. Muchas especies de aves se arremolinaban y trinaban en perfecta armonía. El pasto estaba verde y había zonas con muchas especies de flores… El verano lucía en todo su esplendor en ese mes de agosto. Pronto llegaría el otoño y Claire seguía allí…
Chris le narraba por quincuagésima vez a su hermana cómo había llegado a su fin Burnside y le explicaba que, aunque se había descontrolado en ese enfrentamiento y que requirió atención médica inmediata, estaba en perfecto estado debido a que un equipo de la B.S.A.A., liderado por Sherry, seguía investigando la reacción de su cuerpo y buscaban a toda costa estabilizar el comportamiento del virus. Los pronósticos eran favorables. Parecía que tal y como en su momento ocurrió con Sherry, las células de Chris se habían habituado a ese virus intruso y lo habían vuelto mucho más fuerte.
Podía ver el perfil de su hermana. Su cabellera rojiza estaba recogida en una larga trenza que le caía sobre su hombro izquierdo. Lucía serena. Sin embargo, a pesar del entusiasmo de Chris para narrar algunas partes, los preciosos ojos de Claire se mantenían fijos hacía el cielo azul… Estaba consciente, pero su mente parecía perdida en algún sitio al cual él no podía llegar… Una tenue sonrisa escapaba de sus bellas facciones. Como si recordara algo que atesoraba con especial cariño…
FLASH BACK
Después de leer más de quince libros en los últimos meses, los cuales básicamente hablaban de lo mismo; luego de haber visto infinidad de películas, talk shows y asistido a esos cursos psicoprofilácticos, Claire sabía que estaba más que capacitada para dar a luz. Era tan gracioso hallar como mil teorías diferentes de la mejor manera de parir. ¡Muchos consideraban que si no se llevaba a cabo el proceso de la forma correcta el niño quedaría traumado de por vida! Claire jamás había conocido a alguien que pudiera recordar el momento en el que nació.
Por fortuna contaba con el apoyo de Rebecca, quien dijo que la acompañaría en todo momento. Y hasta ese momento, había cumplido con su palabra, pues en cada consulta, su amiga estuvo a su lado, al pendiente del desarrollo de su bebé. Ya también tenían reservada una habitación, y Becky iba a estar con ella en el parto. Realmente se sentía agradecida con su amiga.
Ya estaban instalados en la nueva casa. Decorar su hogar estando embarazada había sido un reto, pero le vino bien la actividad cuando la incapacitaron para cumplir sus funciones en la ONU, pues tenía demasiado tiempo libre.
Ella eligió la decoración de la sala, el comedor, la cocina y la recámara principal al estilo minimalista. Sherry decoró la que sería su habitación cuando estuviera allí. Las habitaciones de huéspedes y la del bebé se lograron con un trabajo en conjunto.
¡Y precisamente la habitación de su bebé era en verdad encantadora! Colocaron tonos variados con motivos infantiles, así como diminuta ropa amarilla, azul, verde y rosa. Leon y Claire habían decidido no saber el sexo de su hijo y tener una grata sorpresa el día que la pelirroja diera a luz, pero previnieron comprando cosas de diferentes colores.
Desde que cumplió 36 semanas de gestación, y sabiendo que en cualquier momento podían iniciar las contracciones, toda su familia y amigos la cuidaban con algo parecido a la paranoia y sobreprotección. Ella a veces se sentía abrumada con esa preocupación excesiva. El mayor inconveniente era que Leon tenía que salir de viaje muy seguido. Incluso el Presidente de los Estados Unidos le había ofrecido disculpas a Claire por quitarle tanto tiempo de su esposo, y ante eso, la señora Kennedy no podía ni debía disgustarse… Después de todo, era por el bien de su país, el país en el que su pequeño crecería.
Contra todo pronóstico al ser una madre primeriza, ella no estaba nerviosa, sino ansiosa. Quería poder tocar a ese precioso bebé que miraba en los videos y fotos tridimensionales de los ultrasonidos. Su rostro, a pesar de verse en blanco y negro y con muchos pixeles, era en verdad hermoso y moría por poder sentirlo entre sus brazos.
Sherry estaba siempre al pendiente. Incluso había pedido vacaciones adelantadas con tal de estar todo el tiempo con Claire. Prácticamente no la dejaba mover ni un dedo y eso fastidiaba a la pelirroja.
Además, tenía que soportar las más de veinte llamadas telefónicas que Chris le hacía a diario, eso sin contar las visitas, ya que vivía a sólo unas calles. Siempre había sabido que su hermano era sobreprotector en muchos sentidos, pero jamás la había atosigado como en esos nueve meses. Incluso la había acompañado a varias de las consultas médicas.
La cara de su ginecóloga era todo un poema, pues formaban un peculiar cuadro los cuatro en el consultorio, rodeando la pantalla del ecosonograma: Claire y Leon tomados de la mano, y Sherry y Chris preguntando mil cosas. Incluso a veces completaban un quinteto con Becky.
Aunque la doctora insistía en que sólo era necesaria la presencia del padre del bebé durante las ecografías, Chris se las arreglaba para estar presente y ya de paso, Sherry también entraba. Su hermano estaba tan inmiscuido en el embarazo como lo estuvo con Jill. Si Claire fuese una mujer paranoica, podría pensar que Chris quería asegurarse de que no hubiera nada malo con el bebé.
Ese día, Claire se había despertado con una enorme sonrisa. Leon no había pasado la noche en casa, ya que el papeleo en la Casa Blanca lo había retenido todo el día anterior. Pero ella descansó bien, y supo que ya pronto conocería a su hija…
Soñó que estaba en un parque. Ella tenía una carriola cerca. Miraba al interior y encontraba un precioso bebé. El traje azul de marinero que tenía era hermoso y los rojizos cabellos del niño se mecían con el viento. De pronto una preciosa pequeñuela rubia se acercaba corriendo a ella, no tendría más de siete años; era seguida por Leon, quien lucía sumamente apuesto y sus ojos brillaban de felicidad. Gritaba emocionada por el helado que su padre le había comprado.
Muy cerca escuchaba las voces de un grupo de chiquillos jugando en los columpios. Eran Christian, Edward, Kevin, Julian y Sammy. Jill y Chris la saludaban a la distancia… Veía además la imagen de una joven mujer con hermosos cabellos dorados, la cual avanzaba hacia ellos, con la mano entrelazada a la de un chico bastante alto, con rostro adusto, pero que observaba con adoración a su Sherry.
La mayoría de las imágenes de ese sueño se perdieron en su memoria en cuanto despertó. Su mente sólo recordó que breve conocería a su hija, razón por la cual esa radiante sonrisa no había desaparecido de su rostro. Se dedicó a hacer sus labores domésticas, bromeando muchas de las veces con Sherry y recibiendo una y otra vez las llamadas de Chris y Leon angustiados por su estado de salud.
Eran las cinco de la tarde cuando comenzó a sentir una molestia muy similar a un cólico. No era muy intenso y se iba rápidamente. En todos los libros decía que cuando sospechara que los dolores de parto iniciaran corriera al médico, pero ella quiso esperar.
Los dolores no fueron frecuentes. Dieron las ocho de la noche e inició "El amanecer de los muertos". Había esperado esa película con ansias, pues tuvo buenas críticas. Con su tazón de palomitas se echó en su reposet y disfrutó del terror zombie… ¡Vaya ironía! Ella disfrutando de los zombies. Otra contracción más. Ya le estaban dando cada cuarenta minutos…
En tres ocasiones había sacado de la cama a alguien durante las dos semanas anteriores (Chris, Leon y Rebecca, respectivamente, siempre acompañados de Sherry), quienes habían conducido como alma que lleva el diablo y causaron alboroto en el hospital, para que todo resultara ser las famosas contracciones de Braxton Hicks. Esta vez respiraría profundamente y quizá pronto todo regresara a la normalidad. Además, Sherry estaba tomando una siesta en el piso superior y no quería despertarla…
Continuó viendo la película. En menos de veinte minutos vino otra molestia un poco más fuerte que la anterior… Demonios, parecía que la cosa iba en serio. ¡Pero se acercaba el final de la película! ¿Qué pasaría con la embarazada atada a los barrotes de la cama? Otra contracción más… Suspiró aun en medio del dolor… Ni hablar, ahora no sabría si los sobrevivientes saldrían del centro comercial, los zombies entrarían o ellos se quedarían allí eternamente…
De pronto recordó que Leon debería saber que su bebé ya quería salir… Presionó una imagen de Max Steel en la pantalla de su teléfono móvil, cortesía de su simpático hermano, quien una tarde tomó su celular y le envió la fotografía de ese súper agente ficticio que lucha contra monstruos para que la pusiera como ícono de contacto de Leon; la verdad es que a ella también le había resultado gracioso, por eso la dejó. Sólo timbró una vez el teléfono de su esposo antes de que él tomara la llamada.
-Amor, ¿estás bien?
-Tranquilo mi súper agente, por supuesto que estoy bien. De hecho te tengo una buena noticia.
-¿Qué sucede?
-Pronto conocerás a tu hi… -la voz se le fue al sentir otro fuerte dolor que esta vez recorría no sólo su abdomen, sino su cintura y columna también…
-¿Qué? ¡Oh por Dios! –dijo él mientras Claire alcanzaba a escuchar que varios objetos a su alrededor rompiéndose-. ¡Demonios! Preciosa, ya voy para allá… No tardaré en llegar… ¿Quién te va a llevar al hospital?
-Sherry, en cuanto la despierte.
-Por favor, dile que conduzca con mucho cuidado. Claire, tranquilízate, no te alteres, te prometo que todo saldrá bien…
-Leon, tranquilízate tú. Yo estoy perfectamente bien… Es cierto que de pronto siento dolor y me cuesta respirar, pero sé que si permanezco serena, el bebé también lo estará. Te prometo que intentaré esperarte para que seas el primero en ver a… Arg… -De nuevo ese dolor, y ahora sí era el más fuerte que había sentido jamás. Intentó regularizar su respiración y le dijo a su esposo-. Cariño, lo siento, debo dejarte. Estoy segura de que esta vez no es una falsa alarma, así que iré por Sherry y saldré volando al hospital.
-Claire, en serio, tranquila amor. Eres la mujer más fuerte y lista que he conocido y sé que tú eres capaz de manejar la situación mejor que yo. Te prometo que estaré ahí pronto… Te amo, te amo, te amo… Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo…
-Yo también te amo. Y no te presiones… Todo estará b… -la voz de Claire se cerró y Leon escuchó cómo contuvo un grito… Las contracciones estaban siendo muy frecuentes… Su bebé nacería muy pronto.
Claire ya no pudo hablar más. Sin despedirse cerró la comunicación y desde la planta baja llamó a Sherry. Ya no era capaz de subir las escaleras. Empezó a hacer los ejercicios de respiración que le enseñaron en los cursos psicoprofilácticos mientras esperaba por su hija. La rubia apareció de inmediato y le bastó ver a Claire ligeramente encorvada, sujeta con su mano izquierda al barandal, mientras que con la derecha presionaba levemente su abdomen, para tomar la maleta de hospital y bajar a toda velocidad.
-¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? –preguntó Sherry sumamente preocupada…
-Sí, sube por otro vestido, por favor, pequeña. Y también algo de ropa interior… Rompí la fuente…
Sherry miró al piso y vio un charco de un líquido transparente.
-Oh por Dios, ¡Ahora sí es enserio!
-Ve por mi ropa, no pienso… -contracción. Fuerte, intensa y duradera. Sherry la tomó de la mano y trató de brindarle ánimos a su madre.
-Respira, respira… Vamos al sillón para que te sientes…
-No, no… no quiero ensuciar todo. Me sentaré en el escalón. Aquí te espero. No tardes.
Sherry subió corriendo. Tomó lo primero que se cruzó en su camino y llevó incluso otros zapatos. Una vez abajo ayudó a Claire a cambiarse de ropa y ella la calzó lo más rápido que pudo. Ayudándola a cada paso que daba, subieron a la camioneta familiar, como la llamaba Claire, y a toda velocidad, pero con la prudencia que las circunstancias exigían, llevó a su madre al hospital.
Claire fue recibida y mientras le hacían los chequeos de rutina, Sherry llamó a todo el escuadrón anti Umbrella. En 15 minutos la sala de espera que fue designada en el lujoso hospital para la familia de la señora Kennedy estaba llena.
Aunque al principio se notaba un ambiente festivo, el tiempo transcurría y al cabo de tres horas ya todos estaban desesperados, pues les decían una y otra vez que Claire estaba bien, pero que aun no estaba lista para dar a luz.
Chris no pudo más con el estrés. Buscó la habitación de su hermana para cerciorarse de que la estuvieran tratando bien. Un par de enfermeras le impidieron el paso a las habitaciones, pero al sonreírles y amigablemente decirles que era el hermano mayor de Claire, le permitieron el acceso siempre y cuando usara la vestimenta correspondiente.
Usando el pijama quirúrgico, ingresó a un amplio cuarto de hospital cuyas paredes eran de colores pastel. Su hermana respiraba con dificultad y estaba conectada a algunos aparatos. Se le veía pálida, pero la frente estaba perlada de sudor.
-Claire, hermanita –dijo el fornido hombre en un suspiro y corrió a la cama de Claire. Tomó su mano y la besó varias veces. La soltó para retirarle la húmeda cabellera de la frente y quitar un poco la transpiración.
-¡Chris!
-¿Estás bien? ¡Qué pregunta tan idiota! Lo mismo le dije a Jill cuando estaba dando a luz y me gané un golpe aquella vez… Por supuesto que no estás bien…
-Tranquilo hermanote. De hecho sí estoy bien, es sólo que mi nena quiere hacerse la interesante y se está tomando su tiempo. De haberlo sabido hubiese visto el final de la película…
-¿Cuál estabas viendo?
-El amanecer de los muertos…
-No has tenido suficiente, ¿verdad? Pero no te preocupes, te la compraré en DVD y… Espera, ¿qué…? ¿Dijiste "nena"? ¿Es niña entonces?
-Eso presiento –respondió con una sonrisita, pero con un maravilloso brillo en la mirada.
-¿Y cómo vas con eso de las contracciones?
-Cada vez más frecuentes, pero aun no tengo la dilatación que…
-¡Eh, eh, eh! Shhh… calla por favor. No necesito saber los detalles… Eso de la dilatación no me incumbe. Fue difícil escuchar lo que le hicieron a Jill y no quiero saber de esas cosas de mi hermanita.
-Chris Redfield, cómo es que un machote como tú puede ser tan… ay… ay… ay…
Instintivamente, la mano de Claire buscó la de su hermano y él la sujetó. ¡Jesús bendito! Redfield daba gracias a Dios que no eran los hombres quienes parían. En serio parecía la cosa más terrorífica del mundo…
-¿Cómo vamos, muñequita? –Interrogó un atractivo doctor de preciosos ojos verdes, sumamente amable además. Aunque Claire odiaba ese adjetivo, en ese momento agradecía de todo corazón que la trataran bien. ¡Tener a su bebé era lo más difícil que había hecho en su vida!
-Las contracciones ya son casi seguidas, doctor…
-Bien, déjeme revisar cómo vamos con la dilatación.
Colocándose en medio de las piernas de Claire, el médico usó un guante para realizar el tacto…Y Chris, sin soltar la mano de ella, giró su mirada al techo sintiéndose totalmente abochornado. ¡Por Dios! Toqueteaban a su hermanita frente a sus narices y él no podía ahorcar con su propio estetoscopio a ese Ken con bata blanca.
-Ya falta poco. Si las cosas siguen así, en unos minutos escucharan el llanto de su hijo.
-Whoa, whoa, espere… No. ¡Ella es mi hermana!
-Oh, disculpen la indiscreción. En ese caso, no te preocupes Claire, no estás sola y saldrás adelante con tu bebé –comentó el médico mientras estrechaba la mano de la pelirroja.
¿Cómo? ¿Escuchó bien? ¿Era impresión suya o ese galancete de pacotilla ahora coqueteaba con su hermana? ¡Primero le decía "muñequita", luego la toqueteaba y ahora le hacía propuestas indecorosas! Si Kennedy no estaba ahí para marcar su territorio, Chris Redfield lo haría por él.
-No doctor, no estoy sola. Mi… ahhhh… -y esta vez Claire no pudo evitarlo, dejó salir un grito al sentir un dolor intenso que parecía querer romper su cadera y columna vertebral.
Chris la miraba con algo de pánico. Su valiente Claire gritaba de dolor y seguía sudando por el esfuerzo. Se sentía tan impotente. Él sólo podía sujetar su mano.
-Sí linda, se ve que tienes una familia que te apoyará y eso es muy importante… -dijo él con condescendencia. Claire a penas y podía recuperar el aliento después de la última contracción-. No quiero verte sufrir innecesariamente, te podemos aplicar la epidural para que el dolor sea menos intenso…
-No, no quiero medicinas… -replicó la pelirroja algo ofendida-. Si las mujeres de antes podían dar a luz así, yo también puedo.
-Así se habla muñequita… Eres muy valiente. Realiza tus ejercicios de respiración. Vendré a verte en unos minutos, ¿de acuerdo?
-Sí, gracias doctor.
-Te prometo que no te dejaré sola en esto… -y sin decir más el atractivo hombre abandonó la habitación.
Ahora sí Chris Redfield le iba a poner el ojo morado a ese pervertido, pero Claire seguía presionando su mano. Cierto, primero estaban su hermanita y su sobrina… Intentó distraer a la pelirroja e inició la conversación.
-Claire, ¿tu médico no era una tal doctora Williams?
-Sí, pero tuvo algo con su familia este fin de semana, así que me asignaron al doctor Johnson.
-¿No había doctoras?
-¿De veras crees que a estas alturas me importa el sexo del doctor? ¡Me han metido la mano, como si fuera pila de agua bendita, unos cinco médicos y ni contemos a las enfermeras! Lo único que quiero es tener a mi bebé en mis brazos…
-Bien, supongo que si a ti no te importa que ese Ken esté jugando al doctor, a mí tampoco…
-No es un… ahh… -otro grito y Chris ahora sí sintió que su mano hormigueaba. Su hermana tenía una fuerza endemoniada…
-Claire, quizá sí es buena idea que te den un analgésico… No recuerdo que Jill sufriera tanto…
Claire respiró profundamente esperando que la contracción pasara. En cuanto sintió que el dolor aminoraba, agitada pero firme, le respondió a su hermano:
-Eso fue porque… el parto de ella fue programado a los ocho meses para evitar complicaciones... Le aplicaron la epidural y la anestesiaron para practicar la cesárea…
-Sí, pero…
La voz de Claire fue escuchada por todo el pasillo del hospital.
-¡Christopher Redfield cierra el pico de una buena vez…! –Sin saber cómo lo logró, Chris miró que su hermana se incorporó sobre sus codos, tomando impulso, aún con el enorme vientre estorbando, y lo sujetó por el cuello de su camisa. Sus ojos azules echaban fuego mientras gritaba- ¡El día que tú estés pariendo podrás hacer lo que te venga en gana, pero no te metas con mis decisiones!
-¡Claire! –la voz de Leon de inmediato la sacó de su enojo. ¡Su amado esposo al fin había llegado!
En cuanto cruzó la puerta del hospital, Leon corrió a la recepción, allí una amable y sonrojada enfermera le indicó que su esposa estaba en el quinto piso esperando para ingresar a la sala de partos. Leon tuvo la impresión de que la gentil mujer decirle algo, pero él salió disparado para alcanzar el ascensor que acababa de abrir sus puertas. Justo al salir escuchó la potente voz de su esposa. De inmediato se dirigió hacia la habitación de donde venían los gritos y parece ser que llegó tiempo para evitar un homicidio.
-¡Leon! –Musitó con ternura mientras aventaba a su hermano y su completa atención se enfocaba en su marido. Leon rápidamente se ubicó junto a ella y acariciando su rostro comenzó a repartir besos en sus mejillas y frente.
-Amor, ¿cómo te sientes? ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
Chris por poco vuelve el estómago al observar a ese par de melosos. Su hermana casi lo asesina, pero a su súper agente "Max Steel" lo recibe con todo amor y dulzura… ¡Eso era indignante!
-Creí que no llegarías a tiempo. Me duele mucho, pero hago mis respiraciones y el doctor dice que ya pronto nacerá nuestro bebé… Y Chris no ha dejado de molestarme y yo… -en eso Redfield vio con total sorpresa cómo las lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de Claire mientras Leon lo miraba con el ceño fruncido.
-¿Que yo qué…?
-Chris, tranquilo… Sé que no fue tu intención, pero no te preocupes. Yo me quedaré con ella…
-¿Así es cómo pagas mi preocupación, pequeña hiena traidora, con lágrimas de cocodrilo? Pero lo dejaré pasar. En tu conciencia quedará que fracturaste mi mano mientras yo te daba el apoyo que sólo un hermano puede dar.
Y a Chris sólo le faltó colocar el dorso de su mano sobre su frente para salir de la habitación, cual actriz de melodrama televisivo en horario estelar. Leon suspiró. Con ese par de hermanos nunca sabría cuál versión era la más real, pero le agradecía a su cuñado haber estado con Claire cuando él no pudo.
-Ah, por cierto Leon –añadió el musculoso hombre asomando la cabeza por la puerta-, ten cuidado con el Ken doctor.
Era su deber moral advertir a su cuñado, pero éste lo miró como si le hubieran salido dos cabezas al mayor de los Redfield. Estuvo a punto de preguntar a qué se refería, pero la presión en su mano aumentó y el quejido de su esposa hizo que de inmediato su atención se centrara en ella. Chris aprovechó el momento para salir antes de que su hermana lo atacara… otra vez.
Cuando la contracción pasó, las hormonas empezaron a jugar con Claire de nuevo y al borde del llanto le dijo a Leon:
-Amor, fui muy mala con Chris; él se va a enojar conmigo… y ya no me querrá… ni a mi bebé… -así Claire comenzó a llorar. Quizá Redfield no había exagerado tanto.
-No, no preciosa. Tu hermano sólo hizo un drama por esto, ya lo conoces... Él te adora y cuando vea a nuestro bebé sé que le robará el corazón.
-¿Tú crees? –dijo ella sorbiendo la nariz.
-¡Por supuesto! Ahora… -un grito, el dolor… A pesar de los cursos, los videos y los libros Leon no estaba listo para ver eso…
-Muñequita linda, ¿cómo va…? –Interrogó el médico ingresando a la habitación, pero paró en seco al ver a Leon sentado, acariciando los cabellos de Claire. De inmediato se recompuso y con una sonrisa digna de comercial de pastas dentales, añadió- ¿Es otro de los hermanos?
-¿Perdón? –interrogó Leon sin comprender.
-No… No, doctor, él es mi esposo…
-¿Esposo?
Leon frunció el ceño. ¿Por qué ese médico había dicho esa sencilla palabra como si fuera una lástima que Claire no fuese soltera? ¿Por qué Claire no tenía su anillo de casada y de compromiso en su mano, como debía ser? Quizá los habían retirado al ingresarla al hospital... Parecía que debía dejarle un par de cosas bien claras a ese aprovechado de bata blanca.
-Sí, su esposo, el padre del bebé que está a punto de nacer. ¿Por qué no está aquí la doctora Williams? –interrogó el agente de forma hosca.
-Tuvo un evento familiar… Yo atenderé el parto de la señorita Claire…
-Señora Kennedy –corrigió Leon aun con todo severo. Así que a eso se refería Chris… Sí, cierto, era algo atractivo el doctorcito ese… Pero si se le cruzó por la cabeza cobrarse el favor de asistir a su preciosa esposa durante el parto, él se encargaría de borrarle ese pensamiento.
El doctor percibía claramente la hostilidad en el esposo de su paciente. En verdad era una lástima que esa hermosa mujer estuviese casada… Ni hablar, así era su profesión. Siempre atendiendo a señoras con compromisos.
-Señor Kennedy, las enfermeras debieron decirle que es obligatorio el uso del equipo necesario para poder estar con su esposa… Por favor, salga y colóqueselo, mientras reviso los signos vitales.
A regañadientes y sin fiarse de ese doctor, Leon salió luego de besar la frente de su mujer. Rápidamente se vistió con el pijama quirúrgico que le otorgó una joven enfermera, la cual se mostraba bastante nerviosa al tenerlo cerca. Kennedy no quería dejar mucho tiempo a solas al medicucho ese con su amada.
Al ingresar nuevamente a la habitación, no le quitó los ojos de encima al galeno, pero sintió una molestia en su estómago al observar cómo el hombre fruncía el ceño tras leer la tira de papel que arrojaba el monitor.
-¿Sucede algo? –preguntó con menos hostilidad y mucha preocupación.
-Sí, me temo que el bebé no está bien…
CONTINUARÁ…
Hola a todos!
Mis hijas pródigas volvieron en el capítulo pasado! No saben cuánto las eché de menos! Y aún faltan algunas que no han dado señales de vida… Espero saber pronto de ustedes… En fin, me alegraron el mes completo al saber que siguen ahí, leyéndome desde sus casas y muchas veces, interrumpiendo cosas importantes… Las adoro!
Lamento mucho haber cortado aquí, pero este capítulo, que en un inicio iba a ser un lindo recuerdo de Claire dando a luz, se hizo larguísimo (veinte páginas!), así que para no hartarlos con tantas letras, decidí cortarlo en dos. Pero no se angustien, en menos de una semana les subo la segunda parte.
Oigan, he aprovechado estos días de descanso (en México hubo un mega puente hace unos días y un montón de días festivos) para ponerme al día con los fanfics que están en progreso… Sólo tengo dos palabras: QUÉ MARAVILLA! Chicas de fanfiction net, del fandom de Resident Evil, no cabe duda que esta es de las mejores secciones en cuanto a calidad en las historias.
Como sabrán por mi profile, he escrito en diferentes dominios, pero en pocos he hallado la calidad que percibo cuando leo los fics de Resident Evil. Es decir, a mi parecer, eso del apocalipsis zombie ha sido un tema abordado en miles de historias, pero simplemente no me canso de leer lo que aquí se publica, porque hay muchísima calidad. Todas le han impreso su propio estilo y yo me siento en la obligación de hacer que el contenido de este fic aspire a ser digno de mencionarse por estos rumbos.
En lo particular, con este fanfic me despido de Resident Evil. Tengo un par de pendientes en el fandom de Naruto, pero esos han ido saliendo conforme la marcha.
Pues no los entretengo más, excepto para agradecerles por sus críticas y comentarios plasmados en los reviews. Se los he dicho ya, pero reitero que todas las sugerencias que me han hecho han sido tomadas en cuenta, y algunos de ustedes las hallaran en los capítulos venideros.
Les mando muchísimos besos y abrazos. Hasta muuuy pronto!
Pily-chan.
