CAPÍTULO XX… MEMORIAS 2ª parte. UNA NUEVA VIDA.

-Sí, me temo que el bebé no está bien…

Claire de inmediato se enderezó y las lágrimas se acumularon en sus ojos…

-¿Qué, por qué? ¿Qué le está pasando a mi hijo?

-Claire, tu bebé ya no está cómodo dentro de ti. Se ha movido de lugar y el ritmo de su corazón indica que hay sufrimiento fetal; si esperamos a que dilates los dos milímetros que te faltan, quizá el pequeño no consiga sobrevivir…

-No, no por favor…

-Tranquilízate. En este momento entrarás a cirugía. Te haremos una cesárea. Sé que querías que el parto fuese natural, pero…

-No, no, eso no me importa… -interrumpió ella con evidente angustia-. Yo sólo quiero que mi bebé esté bien. Haga lo que tenga que hacer…

-Bien, prepararé todo… -dirigiéndose a Leon dijo- Necesito que me acompañe, por favor.

Claire sabía perfectamente por qué le pedían a Leon salir, así que le dirigió una débil sonrisa mientras soltaba su mano. Él, antes de salir, besó su mano y sus labios de forma breve, sonriéndole. No tenía palabras para intentar serenarla, cuando él mismo sentía que su alma pendía de un hilo.

Una vez sola en la habitación, Claire habló con su bebé, pidiéndole que fuese fuerte, después de todo era una Kennedy y Redfield…

-¿Qué sucede? -Interrogó Leon en el pasillo- ¿Hay algo que Claire no deba saber?

-Sí, debe firmar unos documentos. Se los traerán en unos minutos; pero yo necesito saber a quién debemos salvar en caso de alguna complicación.

Leon sintió un balde de agua helada sobre él. Tantas cosas por las que había pasado, pero ninguna lo preparó para lo que escuchó… Luego de un par de segundos, la respuesta fue evidente.

-A Claire. Salve a mi esposa, por favor.

-Bien señor Kennedy, espero no tener que elegir. La cirugía será rápida, pero no podrá estar presente. Le avisaremos en cuanto termine.

-Por favor, cuídelos. Ellos son mi vida.

-Haré hasta lo imposible para que todo resulte bien.

Los siguientes minutos fueron interminables para Leon. Resolvió no comentar nada a Chris ni a sus amigos, por lo que él se quedó en el pasillo caminando frenéticamente de un lado pues la vida de su hijo o su esposa podía estar en peligro… Esperaba que Claire lo perdonara por tomar esa egoísta decisión, pero él simplemente no podría vivir sin ella.

Habían transcurrido muchos minutos desde que ella había entrado en la sala de cirugía. Empezaba a sentir ansiedad cuando escuchó la voz de su cuñado.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no estás con mi hermana? –interrogó Chris mirando a Leon con el entrecejo fruncido.

-Chris… yo… Ella… -suspiró-. Mi hijo tenía sufrimiento fetal… Le están practicando una cesárea a Claire.

-¿Qué? Pero el bebé está bien, ¿verdad? No hay nada… raro con él…

Leon no comprendía el sentido de esa pregunta, pero no tuvo tiempo para preguntar, porque en ese instante el doctor "Ken" se acercó a ellos. Leon se abalanzó sobre él. El médico no necesitaba preguntas, así que le sonrió al decir.

-La cesárea fue un éxito. Claire respondió favorablemente y ambas están en perfecto estado.

-¿Ambas? –interrogó Chris.

El médico asintió, pero siguió hablando con Leon.

-Es usted el padre de una muy preciosa y saludable niña. En unos minutos podrá pasar a ver a su esposa y en cuanto terminen con los estudios de rutina de su hija la llevaran a la habitación de Claire. Muchas felicidades.

Leon olvidó en ese momento todo. Olvidó que Chris era un impertinente, olvidó a su familia y amigos, todos ellos impacientes por recibir noticias, olvidó que ese doctorcito seguramente le había coqueteado a su mujer. Olvidó todo el dolor en el mundo. Le dio un espontáneo abrazo a ese hombre, quien algo sorprendido le respondió dándole ligeros golpes en la espalda.

-Muchas gracias doctor.

-Para servirle. No pierda tiempo Kennedy, vaya a ver a sus chicas. Felicidades.

Leon obedeció. Chris fue en camino contrario. Redfield sintió que el alma regresaba a su cuerpo. Su hermana y su sobrina estaban perfectamente bien. Debía compartir la información con el resto. Leon corrió hasta la habitación de Claire y la halló pálida y ligeramente demacrada, pero con una sonrisa en su rostro.

-Amor…

-Leon, ¿ya la viste?

-No, la traerán en unos minutos, pero dicen que es tan hermosa como tú. ¿Cómo te sientes, preciosa? ¿Puedo hacer algo por ti?

-No, no… Estoy bien. Exhausta, pero creo que la anestesia aun me está haciendo efecto, porque no siento dolor...

De pronto, a pesar de estar bastante lejos, escucharon un grito de júbilo. Intercambiaron una mirada y sonrieron. Chris ya había corrido la voz, de eso no cabía duda.

-¿Crees que mi hermano me perdone por haber sido tan grosera?

-Preciosa, él estuvo afuera, junto a mí, esperando noticias. Lucía muy preocupado. Además, si mi memoria no me falla, Jill lo golpeó en repetidas ocasiones durante el embarazo y el parto y aún sigue perdidamente enamorado de su esposa. Así que no te preocupes…

-Señores Kennedy… -interrumpió una enfermera con un pequeño bulto envuelto en una frazada rosa.- Alguien quiere saludarlos.

La sensación que embargó el cuerpo de Leon fue maravillosa e indescriptible. Su corazón latía rápido a causa de la emoción. La joven vestida de blanco depositó a la niña en brazos de su madre, y Leon no pudo hallar un momento similar en su pasado en el que se sintiera tan completo. Claire lo miró y en esos ojos azules que adoraba encontró varias lágrimas contenidas. Se inclinó un poco y con la mano temblorosa movió unos centímetros la frazada para poder ver el rostro de su hija… ¡Su hija!

¡Qué orgulloso se sentía al poder decir ese par de palabras! El rostro de su bebé era simplemente perfecto. Tan perfecto como el de Claire. No había un solo cabello en su cabecita y sus ojos estaban cerrados…

-¿Está dormida? –preguntó él con algo de temor a la enfermera.

-No, toquen sus manos para que sepa que sus papis ya están con ella.

Claire hizo caso y con cautela tomó la diminuta y rosada mano de la pequeña. Fue un solo dedo el que su niña pudo sujetar, pero ya no lo soltó.

-Mi niña… Madeleine…

-Bienvenida, hija.

Como si la pequeña entendiera, abrió sus ojos y parpadeó en repetidas ocasiones. Leon y Claire la miraron embelesados…

-¿De qué color son sus ojos? –preguntó Leon al no hallar un tono definido.

-No sé… creo que grises…

-Bueno –interrumpió la enfermera-. El color se determinará a los cuatro meses. Pero incluso después podría cambiar...

-No importa… ¡Es tan hermosa! –Claire levantó la vista y miró a la enfermera. Sabía que su punto de vista estaba nublado por el inmenso amor que le tenía a esa criaturita, por eso quiso saber la opinión de una experta-. ¿Verdad que es hermosa?

-Pues… De todos los bebés que he visto nacer, puedo decir que sí, su nena es especialmente bonita.

Y a ambos padres se les hinchó el pecho de orgullo. Ya nada podía faltar para hacerlos sentir más dichosos.

-Bien, señora Kennedy, la llevaremos a usted y a su bebé a su habitación, allí podrá recibir la visita de su familia. Señor Kennedy, le avisaremos en cuanto su esposa esté instalada.

Leon le dio un beso en la frente a Claire y acarició su mejilla.

-Gracias mi vida, gracias… Me haces el hombre más feliz sobre la tierra.

-Gracias a ti por darme una familia… Ve a recibir los abrazos, papá. En unos minutos me tocará a mí ser la anfitriona.

Sonriendo, Claire fue llevada a su habitación con su hija en brazos y Leon caminó hacia la sala de espera. Una enorme sonrisa anidó en su rostro.

Cuando ingresó a la sala de espera, una turba se arremolinó sobre él y todos vitorearon su nombre. Vio globos, peluches gigantes y flores. Se sabía sumamente afortunado por contar con familia y amigos como ellos.

-¿Qué se siente, Leon? –preguntó Carlos en tono mordaz-. ¿Listo para espantar a los pretendientes de tu nena?

-Te diré… No pude alejarte de Sherry…

-Niños, niños, no empiecen –regañó Billy-. Leon, Becky está muy preocupada. Apenas logró desocuparse y viene para acá. Lamenta mucho no haber podido llegar antes.

-No hay cuidado. Todo salió bien. Claire se siente cansada, pues estuvo horas en labor de parto y terminaron practicándole una cesárea. Parece ser que Maddi se movió en último momento y no podían reacomodarla.

-Sí, Chris nos comentó algo, pero ya lo conoces, hay detalles médicos que jamás entenderá… -replicó Jill, dirigiéndole una cariñosa mirada a su esposo, quien cruzó los brazos y miró hacia el lado contrario, totalmente indignado por el comentario de la mujer que amaba.

-Familia de la señora Kennedy –dijo una enfermera ya algo entrada en años-. Pueden entrar a verla. Síganme por favor.

La comitiva siguió a la mujer. De pronto, escucharon unas suaves pisadas acercándose a toda velocidad. Todos voltearon y vieron a Becky tratando de controlar la respiración luego de la carrera que realizó.

-Hola, es muy tarde, ¿verdad? ¿Cómo está Claire? ¿Ya nació la bebé? –Quiso saber la bioquímica.

-¿Cómo sabías que es niña? –preguntó Jill sorprendida.

-Porque yo le mandé un mensaje –intervino a toda prisa Chris-. Claire me dijo hace un rato que sospechaba que sería niña…

-Así fue… Pero ambas están bien, ¿verdad?

-Sí. De hecho vamos a su habitación –respondió Billy.

-¿La niña… ya sabes… cómo está? ¿Ya la revisaron? ¿Todo está bien? –insistió Becky. A Leon le parecía algo extraño el que Rebecca estuviera tan interesada en su hija, pero en medio del júbilo que lo rodeaba, prestó poca atención.

-Sí, una enfermera se llevó a Maddi para hacerle el chequeo de rutina…

-¿Y cómo es? ¿Es rubia, pelirroja? –Preguntó Sherry con ansiedad en la voz.- ¿Sus ojos son azules como los tuyos o como los de Claire?

-¡Es tan hermosa! Su carita es la cosa más bella que he visto. Maddi no tiene cabello y los ojos parecen ser grises, pero la enfermera dijo que el color se definirá después…

-¿Maddi? –preguntó Chris.

-Sí.

-Así que su nombre es Madeleine… ¡Me gusta! –comentó Jill.

-Sí, ese era el nombre de mi madre. No estábamos seguros de cómo llamarla, pero Claire ya lo decidió.

-Es muy bello –reafirmó Jill, pero una duda la embargaba desde hacía años, así que aprovecharía para resolverla ahora que Kennedy era el hombre más feliz sobre el planeta-. ¿Qué pasó con tus padres, Leon?

Se rezagaron un poco del grupo, pues Chris lideraba la comitiva caminando con pasos largos y firmes hacia las habitaciones, mirando con mucha atención los nombres que se hallaban en las puertas, hasta que dio con el de "CLAIRE KENNEDY".

-Murieron en un accidente. Nunca se esclareció qué pasó, pero el auto de mis padres se averió cuando ellos viajaban. Un tío decidió cuidar de mí, pero yo preferí ingresar a la Academia de Policía para no deberle nada a nadie. A pesar de todo, él me regaló mi primera arma, con la cual sobreviví a Raccoon City.

-No recuerdo que nos hayas presentado en la boda.

-Luego de lo que pasó con Umbrella decidí mantener mi distancia con lo que queda de mi familia. No quiero que se vean involucrados indirectamente… De hecho, ni siquiera planeaba casarme. Todo esto me ha sido… repentino y…

-¿Genial?

-Más que genial. Ha sido maravilloso. Ahora tengo a mi esposa y mi hija. Soy un tipo afortunado, ¿no lo crees?

-Sí, eres afortunado. Creo que eso le sucede a los que se involucran con los Redfield…

Ambos sonrieron y entraron a la habitación de Claire, quien lloraba. Leon empujó a todos a su paso y corrió a abrazarla.

-Preciosa, ¿qué sucede? ¿Te sientes mal? ¿Necesitas algo?

-No, no… creo que es eso de las hormonas y el maldito babyblue.

-Sí, así estarás por un tiempo –le dijo Jill con comprensión-. Todo lo sensible que estuviste al principio del embarazo regresará, pero no te preocupes, esta vez tendrás a tu nena para recordarte que todo valió la pena.

-Gracias Jill…

-¿Y dónde está mi sobrina? ¡Leon dijo que ya la habían revisado y que estaba bien! ¿Por qué no está contigo? ¡Su tío Chris ya quiere conocerla!

-Me explicaron que le harían un tamiz… Pero la traerán para que le dé pecho.

-Si estás de acuerdo, quiero cerciorarme de que le hagan un estudio completo. En seguida vuelvo.

Rebecca no esperó una respuesta y salió de la habitación. Leon y Claire intercambiaron miradas, pero antes de poder decir algo, Chris casi gritó.

-¡Antes de alimentarla quiero cargarla! Yo no quiero saber ni ver más de esas cosas…

-¿Algún día madurarás, hermanote? –preguntó Claire con una sonrisa, lo cual era extraño, pues aún habían lágrimas en sus ojos.

-Cuando los elefantes vuelen… -murmuró Oliveira.

-Dumbo voló hace ya varios años y yo no veo mejorías en Redfield –musitó Billy haciendo reír a los visitantes-. Bien, a lo que vinimos. Claire y Leon muchas felicidades.

-¡Gracias!

-Espero que hayan disfrutado de sus noches de pasión –añadió Carlos con picardía en la voz-, porque desaparecerán…

Claire buscó la mirada de los únicos padres con experiencia de la habitación y los encontró intercambiando sonrisas y asintiendo. Entonces otro torrente de llanto se dejó venir. Sherry fue a su lado y la abrazó. La pelirroja se dejó hacer.

-¡Carlos! –regañó la joven Redfield.

-¿Qué? ¿Dije algo malo? –preguntó el aludido honestamente sorprendido-. Yo… lo siento, Claire…

-No, no es tu culpa –respondió entre lágrimas-, es… es que leí que a veces las parejas se divorcian porque no hay comunicación y la falta de sexo empeora todo… ¡Leon, no quiero que eso nos pase!

-No amor. Te prometo que no…

-¡Dejen de hablar de sexo frente a mí, por el amor de Dios! –Dijo Chris algo asqueado.- Soy tu hermano, merezco respeto…

En ese momento ingresó la enfermera con la pequeña Madeleine abriéndose paso entre los numerosos presentes.

-Mamita, tu hija quiere conocer a su familia...

Algo en el interior de Claire hizo clic y de inmediato su llanto cesó. Recibió a la pequeña entre sus brazos y levantó su rostro enrojecido y humedecido.

-Familia, les presento a Madeleine Kennedy Redfield.

Todos se arremolinaron y observaron a esa preciosa niña de piel rosada. Las fotografías comenzaron. Claire no se sentía del todo cómoda por su demacrado aspecto, pero finalmente deseaba tener un recuerdo de ese maravilloso momento.

El grupo estuvo emocionándose un rato y comentando que Leon sufriría lo indecible cuando creciera su nena al espantarles a los novios. Todos rieron, pero de pronto un potente llanto se dejó escuchar…

-Hey, aléjense todos -dijo Sherry con autoridad-. Mi pequeña hermanita tiene hambre…

-Bueno, Claire, fue un placer conocer a mi sobrina. Te veo cuando la pequeña esté satisfecha.

-Si es tan glotona como su tío Chris, tardará un buen rato –replicó Jill abrazando a su cuñada para dejarla a solas-. Mañana por la mañana traeré a tus sobrinos para que conozcan a su prima.

-Claro, gracias por todo Jill.

-De nada. Muchas felicidades, mamá Claire. Te aseguro que empieza la mejor etapa de tu vida. Y recuerda que no estás sola. Te quiero.

-Yo también…

-Yo me retiro. Llegué de la misión y no me he reportado… -comentó Carlos, luego abrazó a Sherry, sabiendo perfectamente que ella se quedaría con su familia-. Linda, te veo al rato.

-Sí. Te amo… Bye.

-Nosotros también los dejamos –comentó Billy-. Necesitan privacidad. Muchas felicidades.

Así, todos a excepción de Claire, Leon, Sherry y la pequeña Maddi, quien succionaba con voracidad el pecho de su mamá, abandonaron la habitación.

-Somos una linda familia, ¿no? –preguntó Claire mirando a las personas que más amaba sobre el planeta.

-Algo extraña, pero sí. Eso de que ustedes tengan una hija a la que debieron concebir a los siete y nueve años, respectivamente, no creo que sea muy normal.

-Es normal para nosotros… Si quieres podríamos cambiar tu apellido. Así serías nuestra hija legalmente.

-No te ofendas Leon, pero a mí me agrada más el Redfield. Después de todo, ese es el apellido que tenía Claire cuando la conocí -replicó mirando a su mejor amiga y madre-. Espero algún día ser como ustedes.

-Ya eres mejor que cualquiera… y Eres lo mejor que nos ha pasado, aunque ahora ya no serás hija única. Espero no te pongas celosa.

-¿Bromeas? ¡Si he hecho locuras con la pequeña Sammy, imagínate lo que le espera a Maddi!

Las lágrimas volvieron a juntarse en los ojos de Claire. Le fastidiaba no poder contenerlas…

-Lo siento, yo… es sólo que estoy muy feliz. No creí que tantas cosas buenas podrían pasarme. Los amo tanto…

OoOoOoOoOoOoOoOoO

De los grises orbes de Claire brotaron unas cuantas lágrimas y sus labios se curvaban en una tenue sonrisa. Chris se alarmó y tomó el rostro de su hermanita entre sus grandes manos, secando con sus pulgares el rastro de su repentino llanto…

Deseaba tanto poder sacarla de ese sitio. Ya no quería verla más perdida en sus memorias, ya no quería verla más deambulando entre los muros de ese instituto de sanidad mental. Ya no quería verla así… tan extraviada.

-¿Por qué Claire? ¿Por qué no podemos llegar a ti? ¡No sabes cuánto extraño escuchar tu voz! Te estamos esperando. Queremos verte sana –ahora fue el turno de Chris para que las lágrimas salieran sin control-. Maddi pregunta todos los días por ti. Le hemos dicho que estas enferma y Leon la trajo un día a verte mientras dormías. Claire, ella te necesita. Regresa… Regresa a tu familia. Te amo tanto hermanita.

Claire hizo contacto visual con Chris por unos segundos. Cierto, alguien la esperaba pero no sabía quién ni a donde ir. De pronto, más recuerdos se agolparon en su memoria y volvió a perderse en ellos…

-Señor Redfield –dijo la suave voz de una bella jovencita, no debía tener más de 20 años; su cabello era castaño, el cual le llegaba a los hombros; además tenía unos preciosos y expresivos ojos miel. En general, la chiquilla le recordaba a Rebecca Chambers, tal y como la conoció hace ya muchos años en aquella pequeña oficina de los STARS-, disculpe que interrumpa, pero ya casi es el cambio de turno.

-Lo sé Sophie… -replicó el hombre mientras con disimulo secaba sus lagrimas con el dorso de su mano.

-Recuerde que conmigo no hay problema si se quiere quedar más tiempo, pero ya viene el turno de Amanda… Ella es más exigente…

-Dime Sophie, ¿esa compañera tuya cuida bien de Claire?

-Claro que sí señor Redfield. Amanda parece dura, pero yo creo que la señora Claire debe recordarle a alguien a quien quiso mucho, porque siempre la trata con mucho cariño.

-Bueno, ¿acaso alguien puede no amar a Claire?

La joven sonrió con ternura. Ella también le había tomado mucho aprecio a la pelirroja. Era tan… dulce. Algo cálido despertaba en su pecho al estar en su compañía. Como si irradiara paz…

-Parece que no…

-Bueno, no quiero ocasionarte problemas. Me retiro. Cuídate mucho Sophie, y gracias por ayudar a mi hermana.

-No hay por qué… Hasta pronto.

Christopher Redfield tomó con delicadeza la cabeza de su hermana y luego de darle un beso en la frente y acariciar su mejilla, salió del sanatorio. La joven enfermera tomó del brazo a Claire.

-Señora Claire, la llevaré a su habitación, es hora de descansar…

Claire sonrió, como si comprendiera lo que le decía, pero no respondió nada. La pequeña enfermera, con suavidad, la guió hasta su habitación…

CONTINUARÁ…

Hello!

Lo prometido es deuda: he aquí la continuación… ¿Qué dicen? ¿Les ha gustado? ¡Espero que sí! Creo que mi fic ya se parece a Naruto, pero estos capítulos llenos de sentimentalismos, aunque parezcan relleno, tienen una razón de ser. Así que les recomiendo leer entre líneas. Ya estamos llegando al final y les tengo una pequeña sorpresa reservada.

En este capítulo quise compartir con ustedes algo que ya no pude poner en ENCUENTROS INESPERADOS y era el momento del parto de Claire. Escribir sobre la familia Kennedy me gusta mucho, le tengo un gran cariño a esos personajes y en serio me hubiese encantado que los emparejaran en los videojuegos… Pero como no lo hicieron… LA MISIÓN ES NUESTRA, CHICAS!

Por cierto, espero que se hayan dado cuenta, pero desde hace varios capítulos empecé a cambiar el color de ojos de Claire. Yo los veía como grises, pero después de que GeishaPax (quien se ha ausentado últimamente) hizo mención de que el color de ojos oficial es azul, empecé a hacer las modificaciones en el fic. No he corregido aún ENCUENTROS INESPERADOS, pero prometo que pronto lo haré.

De nuevo, como en cada capítulo, les doy desde el fondo de mi corazón las gracias por seguir este fic y SOBRETODO por soportar mis periodos de inspiración ausente. Todos los que escribimos sabemos que hay momentos en los que las benditas musas parecen haberse ido de vacaciones por tiempo indefinido, y por más que uno quiera exprimir el cerebro, no sale nada!

Pero por fortuna, en esta historia, más que periodos de falta de inspiración, hubo momentos en los que no sabía cómo expresar lo que quería contarles. Mi cruz fueron todas esas escenas de combate. En serio sufrí y tuve que ver películas de acción para darle un buen final a Steve (vi Duro de matar, Arma mortal y hasta los Indestructibles, por el amor de Dios!). Pero gracias a eso los capítulos venideros ya no se me han dificultado tanto (oh, acabo de hacer Spoiler! TnT)

Bien, amigos míos, como dije, esto aún no se acaba. Nos vemos pronto para el siguiente capítulo.

BESOS A TODOS!

Pily-chan.