CAPÍTULO XXI… VENDETTA
Claire se encontraba plácidamente sentada a la orilla de su cama, mientras Jill cepillaba su larga cabellera rojiza. Su condición requería que estuviese bajo observación constante.
Meses atrás, cuando fue internada, luego de haber estado en coma varias semanas, Claire permanecía en absoluto mutismo. No reconocía a nadie y era parcialmente independiente en sus actividades de cuidado diario, pues usaba correctamente el sanitario y se alimentaba sola, siempre que los alimentos le fuesen colocados en los horarios asignados, de lo contrario, simplemente ignoraba la comida. Sin embargo, no podía ubicar con precisión los lugares en su cuerpo donde cada prenda debía ir, por ello, requería la asistencia de un par de enfermeras para apoyarla.
El Presidente Benford había dado la orden de que la señora Kennedy recibiera las mejores atenciones mientras se investigaba su caso, por lo que ella gozaba de ciertos privilegios. Uno de ellos era su habitación. No era un cuarto blanco con paredes y pisos acolchados, como el de la mayoría de los pacientes, sino una recamara perfectamente iluminada por ventanales, los cuales tenían protección desde afuera, y había varios objetos que pertenecían a ella, como su perfume habitual, sus artículos personales y algo de ropa cómoda.
Hacía tiempo, cuando Claire había ingresado al Instituto de Psiquiatría, el médico encargado del llamado "Caso Kennedy" había dicho que debían cortarle su larga cabellera debido a que algunos pacientes podían atentar contra su vida empleando su propio cabello como arma. Jill intercedió de forma vehemente, pidiendo que observaran la conducta de Claire por un tiempo antes de determinar que ella pudiera hacerse daño. Como lo predijo Jill, ella nunca mostró conductas violentas, motivo por el cual, tener su cabello intacto fue una más de las concesiones.
Quizá era una nimiedad, pero Jill no quería que cuando su hermana por la ley reaccionara, viese su cabello estropeado con un corte que nunca había usado. Ella sabía que Claire era una mujer natural y con poca vanidad, pero su cabellera siempre la había cuidado con esmero. Además, estaba completamente segura que en cualquier momento la pelirroja despertaría de ese letargo y recuperaría su vida.
Ella era de las pocas pacientes en el hospital que recibían visitas a diario y casi a cualquier hora. Nadie tenía obligación de cuidarla, simplemente acudían esperando ser los afortunados en verla reaccionar.
Un par de enfermeras se turnaban; de hecho hacía unos meses, una de ellas, Grace, sufrió un accidente automovilístico donde casi perdió la vida. Según les informaron, la chica estaba viva, pero recuperándose en Alabama, de donde era originaria. Su trabajo fue reemplazado por una enfermera con un historial sorprendente. En esos días Leon había viajado a la Casa Blanca por un asunto urgente, por lo que la decisión de admitirla recayó en Chris, quien no dudó en dar su visto bueno para que Amanda apoyara en el cuidado de su hermana.
Debido a las constantes visitas, en muy contadas ocasiones Jill había tenido contacto con alguna de ellas. Parecía que Chris era el único que había podido ver a ambas mujeres. Sin embargo, a Redfield le llamó mucho la atención la más joven de ellas. Una linda chica no mayor de veinte años llamada Sophie, la cual le recordaba a Rebecca. La vez en la que Jill la conoció en persona, le dio la razón a su esposo.
Jill y Sherry, principalmente, se encargaban de asear y peinar a Claire. Jill le hablaban del día y de los eventos en la B.S.A.A. Le contaba de sus hijos, de Maddi y de la relación de Sherry con Jake. Ellos finalmente estaban saliendo formalmente.
-¿Sabes Claire? –comentó mientras la pelirroja siguió tarareando-. Sherry se ve muy feliz con Jake. Yo tenía mis dudas al respecto. A pesar de que nunca dije una palabra, no podía olvidar que ese chiquillo Muller era hijo del maldito Wesker. En cada gesto de ese niño, veía la sonrisa de su padre y me sentía furiosa. Eres la primer y única persona a la que le cuento eso. Pero, en la batalla contra Burnside, Jake nos protegió, arriesgando su propia vida. Sherry resplandece cuando está con él. Parecería que Jake está dispuesto a protegerla hasta del oxígeno que respira. Tenías razón cuando dijiste que lo único que él necesitaba era una familia. Pero no me creas tanto, ya que pronto verás con tus propios ojos lo feliz que está nuestra pequeña…
Desde que la internaron, los meses transcurrieron sin que se observara un cambio. Leon constató cuatro meses atrás que Claire realizaba contacto visual con las personas de vez en vez, e incluso llegó a acariciar con ternura el rostro de Sherry; sin embargo, todo el progreso se detuvo allí. Pero desde hacía una semana hubo una mejora significativa: el mutismo de Claire fue reemplazado por un tarareo.
La primera en escucharla fue Jill, luego Leon, después Sherry y finalmente Chris. El último fue quien identificó la canción. Habían pasado muchos años desde la última vez que la escuchó, por lo que casi la olvidaba. Esa tonada pertenecía a su infancia. Su madre solía cantarla para que durmieran. No creía posible que Claire recordara esa melodía que dejó de escuchar cuando tenía cuatro años, pero ahí estaba.
Chris lloró la primera vez que la oyó y abrazó a su hermana. Todos habían esperado durante ese tiempo una señal, por mínima que fuera, de que Claire estaba evolucionando. Sólo querían una esperanza a la cual aferrarse… En ese momento Chris supo que la espera había valido la pena.
Pero si escuchar a su pequeña hermana lo sorprendió, cuando Claire le devolvió el abrazo con ternura, él casi enloqueció de dicha. La señora Kennedy parecía no darse cuenta del efecto que causaba en su hermano, por lo que continuó cantando mientras acariciaba los cabellos de Chris.
Esta vez, fue el turno de Jill para que se llevara una grata sorpresa, pues repentinamente Claire detuvo su canción y sin previo aviso abrazó a Jill. La rubia estaba anonadada, pero le devolvió el cariño a su pelirroja preferida.
-Claire, haz el esfuerzo por regresar a nosotros –dijo en medio del abrazo-. Te extraño tanto, hermanita.
De pronto, a los oídos de Jill vino la voz de Claire en un suave susurro.
-Leon…
Sus orbes se abrieron de par en par y se separó de la pelirroja para tomarla por los hombros y mirarla directamente a los ojos. Claire parecía enfocarla también. Ambas miradas azules se comunicaban. ¡Era la primera vez que nombraba a alguien!
-¿Claire…? Claire, ¿me escuchas?
-Leon… Leon…
-¡Oh por Dios! ¡Claro que sí, Leon vendrá! Por favor, cariño, espera un momento… Leon estará aquí pronto, te lo juro.
Jill no esperó un segundo y tras besar la frente de Claire salió corriendo de la habitación. Le hubiera gustado llamar a su cuñado en ese preciso momento, pero las reglas del instituto eran claras respecto al uso de teléfonos celulares dentro de las instalaciones, por lo que a toda prisa se dirigió a la administración del lugar para hacer una de las llamadas más importantes de su vida.
Claire continuó con su soliloquio llamando a Leon. No pasaron ni un par de minutos desde la intempestiva salida de Jill, cuando una enfermera entró en la habitación.
-¡Claire Redfield! Dime, ¿qué voy a hacer contigo? ¿No pudiste permanecer en silencio verdad? ¡Te di la oportunidad de vivir eternamente en tu mundo de fantasía y quedarte ahí, pero insistes una y otra vez en regresar! -La enfermera se acercó a la cama de Claire, sujetó su mentón y acarició su mejilla con sus finas y delgadas manos.- Era tan sencillo que siguieras perdida y yo tomara lo que me corresponde… Pero siempre eliges el camino difícil, ¿verdad Redfield?
La presión en el rostro de Claire aumentó, ocasionando que la pelirroja mostrara una mueca de dolor. Levantó la vista y sus ojos observaron con atención ese par de pupilas oscuras…
-Si Leon no estuviera dispuesto a esperarte, si él hubiera decidido dejarte aquí, tú habrías tenido una vida larga y feliz… Pero eso ya no será así, Claire…
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Flash Back
24 horas antes.
Aunque la evolución de Claire se hacía evidente en los últimos días, su médico siempre pedía a la familia que fuesen prudentes y mantuvieran una perspectiva realista de su condición, pero a todos les parecía que sólo era cuestión de tiempo para que ella regresara.
Leon estuvo toda la tarde con ella, Claire sonreía más y durante todo el día acarició sus mejillas o su lacia cabellera, acción que al rubio le encantaba. Él podía permanecer horas echado junto a ella en alguno de los prados, en completo silencio o siendo arrullado por esa canción de cuna que nunca antes había escuchado.
En otras ocasiones estuvieron sentados en alguna de las bancas y Claire dejaba caer su cabeza sobre el hombro de Leon mientras él la abrazaba y le contaba alguna historia de los tantos países que conoció.
Últimamente se había convertido en una costumbre para él girar el par de sortijas de oro blanco que adornaban el dedo anular izquierdo de su esposa. Desde el principio él pidió que esas joyas estuviesen donde correspondían, y los médicos lo apoyaron, pues concluyeron que rodearla de objetos o personas que le resultasen familiares podían favorecer el flujo de sus recuerdos.
Leon sentía tanta paz cuando la propia Claire lo guiaba hacia su regazo, permitiéndole descansar su cabeza sobre sus piernas, mientras ella lo arrullaba con las caricias que le prodigaba y el adormecedor tarareo de su canción de cuna.
Si a Kennedy le hubieran dado a elegir, él podría haberse quedado con su esposa en ese hospital, cuidando de ella y recibiendo como recompensa esas tiernas caricias. Pero fuera de esos muros estaba Maddi, su pequeña niña a quien él debía proteger. Adoraba a su hija. Ella ya estaba yendo al Jardín de Niños y verla correr con su diminuto uniforme hacia su escuela lo llenaba de orgullo.
Debía sostener esa mentira que había iniciado 10 meses atrás. Claire había perdido casi un año de su vida encerrada en el psiquiátrico a causa de un bastardo que murió a manos de Chris, Jake y él. Ojalá con su muerte el daño recibido hubiese desaparecido, pero no había sido así.
Todos tenían la esperanza de verla reaccionar pronto, y él también, pero a veces no podía callar esa maldita voz pesimista en su interior que le repetía una y otra vez que eso no sucedería.
Las campanas que indicaban que la hora en el jardín había terminado repicaron con intensidad. Leon suspiró y se enderezó, sacudiéndose el pasto que pudo haber quedado en sus prendas. Claire continuaba sonriéndole mientras lo observaba. Él le devolvió el gesto y tomándola de la cintura la ayudó a incorporarse.
De acuerdo al horario de las enfermeras, el turno que estaba por iniciar era el de Sophie. A Leon le agradaba mucho esa chiquilla. Era amable y siempre que los veía juntos se mantenía ocupada en otras actividades, con la finalidad de darles privacidad.
Al entrar al hospital y saludar a la jefa de enfermeras, ella le había informado que su llegada era oportuna, pues justamente ese día Amanda había tenido que acudir a una capacitación, por lo que Leon dijo que no tenía ningún problema con quedarse con su esposa toda la tarde.
-Es hora de entrar, amor. Vamos.
Sin soltar la pequeña mano de su esposa, la guió hacia su habitación, recorriendo esos pasillos que él conocía perfectamente bien. Ella, como siempre, se dejaba hacer.
Una vez dentro de la habitación de Claire, Leon le retiró el abrigo y la bufanda a su esposa y luego hizo lo mismo con sus propias prendas. La pelirroja tomó asiento en un sillón rojo, su favorito, situado junto a la ventana, desde donde podía ver el atardecer. Leon se quedó de pie, junto a ella, viendo como parecía encantada con el morir de la tarde.
El cielo casi estaba oscuro, cuando él se colocó de cuclillas frente a ella. Besó sus manos y dijo:
-Preciosa, si esto es lo que necesitas para ser feliz, si no deseas hablar más y prefieres continuar en este mundo, yo te seguiré –colocó la pequeña y cálida mano de su esposa sobre su propia mejilla. Ella lo miró y le sonrió con dulzura-. ¡Te amo tanto Claire! Deseo que regreses a tu familia, que vuelvas a ser la de antes, que veas a nuestra hija crecer y a Sherry el día de su boda… Pero si no quieres, yo estaré aquí, contigo. Maddi crecerá, en algún punto yo no seré más que una parte de su pasado… Su viejo. Ella hará su vida, pero tú eres la mía. No puedo estar contigo ahora, pero te juro que un día vendré a ti y me quedaré a tu lado. Espérame Claire.
Leon se estiró y colocando sus manos en ambos descansabrazos para apoyarse, puso sus labios sobre los de ella, cerrando los ojos ante la calidez de su mujer. Había hecho ese gesto cientos de veces y ella permanecía estática mientras él la besaba… Pero ocurrió algo distinto. Claire se movió ligeramente y, como si se tratase de su primer beso, le devolvió la caricia con algo de torpeza. Leon abrió los ojos, completamente sorprendido, pero sin separarse un ápice de ella y notó que, por vez primera desde que ella fue internada, su mujer cerró los ojos en medio del beso, entregándose a él.
En el estómago de Leon revoloteaban miles de mariposas y se sentía invadido por una ola de plenitud y alegría. Claire… regresaba… Cuando sintió que ya nada podía sorprenderlo, las suaves manos de su esposa acariciaron sus mejillas un instante, para luego recorrer su cabeza hasta alcanzar su nuca, atrayéndolo más hacia ella. Era como si la memoria de su cuerpo volviera a la normalidad y repitiera ese gesto de amor que sólo compartía con Leon.
Se separó un poco de ella para verla a los ojos, pero Claire no quería apartarse de él, por lo que se lanzó sobre su esposo buscando nuevamente sus labios. Él fue tomado por sorpresa y perdió el equilibrio, cayendo de espaldas al piso, el cual estaba cubierto por una afelpada alfombra, lo que amortiguó la caída. Recibió a Claire entre sus brazos, protegiéndola de cualquier daño.
Ella encontró lo que buscaba y movió sus labios sobre los de él. Sus manos, con lentitud, acariciaban los brazos de Leon. Hubo un punto en el que pensó en detenerla, después de todo, ella no era realmente consciente de sus actos, pero ese pensamiento se esfumó al tenerla sobre él, sintiendo cada parte de su anatomía, pues Claire usaba un vestido delgado y aunque traía puestas un par de mallas para protegerse del frío, sus piernas se abrieron para tener un mejor acceso al cuerpo de Leon.
Simplemente no pudo evitarlo y jadeando, sujetó con suavidad la nuca de Claire para profundizar ese beso, tocando con su propia lengua la de ella, mostrándole una cadenciosa danza, mediante la cual se acariciaban. Su mano izquierda se movía tocando la menuda espalda de su mujer y su cintura. Quiso controlarse, en verdad deseaba ir lento, pero no pudo evitar tocar los bien formados glúteos de Claire y recrearse con ellos. En cuanto lo hizo, se arrepintió de su atrevimiento, pues temió que ella se asustara, pero lo único que recibió a cambio fue un fuerte gemido y que Claire se posicionara sobre su miembro, frotándose contra él.
-Oh, Claire… Mi Claire…
Su cuerpo reaccionó. El fuego en su interior se estaba volviendo abrasador. La erección que tenía era como ninguna otra, y empezaba a ser dolorosa. Su pantalón le lastimaba cada vez más esa zona tan sensible. No sabía qué hacer o esperar, pero necesitaba disminuir la incomodidad. Bajó su mano para soltar su cinturón, desabotonar el pantalón y bajar la cremallera, sin la real intención de llegar a más, pero mientras realizaba ese movimiento, tocó sin querer la entrepierna de su esposa, provocando que ella tuviera una especie de convulsión, ya que su espalda se curvó ante el inesperado placer mientras soltaba un delicioso gemido. Leon sentía que no cabía en sí de dicha…
-Preciosa… Regresa… -murmuraba Leon en medio de su éxtasis.
Las manos de Claire viajaron hasta su propio vestido de tirantes, el cual retiró de su cuerpo con una asombrosa facilidad. Leon vio la gloriosa figura de su mujer, pues desde que estaba internada, habían sustituido el sostén por un simple top, el cual en ese momento salió volando junto con el vestido.
No le costó trabajo mover su cuello y sujetar con sus labios los rosados pezones de Claire. Ella recompensó su osadía con una sinfonía de gemidos. Leon masajeó y succionó intermitentemente sus aureolas mientras dejaba salir gruñidos que no podía callar. Temía hablar y romper el hechizo. Pero Claire estaba tan bella, envuelta en esa vorágine de sensaciones aparentemente nuevas.
-Te amo, preciosa… te amo tanto…
Su mano nuevamente halló el camino hacia el epicentro de su mujer, abriéndose espacio entre los pliegues de carne, volviendo a tocarla. Claire tenía las mejillas rojas, tal y como él la recordaba en sus momentos de intimidad. Su espalda se arqueaba y sus caderas se movían sobre él con una cadencia que lo enloquecía.
Mientras la volvía a besar, sujetó las mallas de su esposa, y las bajó lentamente, atento a cualquier reacción de rechazo por parte de ella. Pero no hubo tal, al contrario. Sorprendiéndolo, Claire se puso de pie y ella misma terminó por deshacerse de las últimas prendas que cubrían su cuerpo, para en seguida, volverse a sentarse sobre él, causando fricción entre el evidente abultamiento de Leon y su propio centro.
-Te amo... –gemía Kennedy entre suspiros.
Leon ya no podía más. Retiró sus bóxers y ayudó a Claire a acomodarse sobre su hinchado miembro. Él deseaba penetrarla, pero temía lastimarla, por lo que, a pesar de la urgencia que lo invadía, le dejó la decisión de entrar a ella, manteniendo a raya su propia necesidad.
Ella respingó al sentir la húmeda punta de él en esa zona tan sensible, pero debió sentir placer, pues poco a poco fue hallando la posición y descendió hasta sentirse completamente llena. Leon gruñía cada vez más fuerte. Era maravilloso estar nuevamente dentro de la mujer que amaba. Rodeado por esa cálida humedad y estrechez...
-Oh, mi amor… Te necesito… Claire…
Comenzó con dudas, empujando sus caderas para que ella recordara el movimiento. Pareció que así fue, porque un segundo después ella se movía con lentitud, sacando y metiendo el miembro viril de Leon.
Él estaba en la gloria, escuchando sus gemidos, teniendo sobre sí el hermoso cuerpo de su Claire, sintiendo su sabor a sal, producto del ligero sudor cada vez que besaba sus pechos, su cuello u hombros. Sólo deseaba que ella pronunciara su nombre como cada vez que hacían el amor. Secretamente esperaba que en cualquier momento eso sucediera, pero los minutos pasaban en medio de esa cálida atmosfera y ella no decía ni una palabra. Sólo se escuchaban gemidos y pequeños gritos ahogados producidos por el placer.
Claire parecía exhausta, sus movimientos se hacían más lentos, por lo que con mucho cuidado él se incorporó, saliendo de ella. La sujetó por la espalda mientras la miraba directamente a los ojos; poco a poco la recostó sobre la alfombra. Ella cooperaba devolviéndole la mirada a su esposo, sin emitir protesta.
-Preciosa… voy a hacerte el amor… -susurró Leon con la voz enronquecida por el placer-. Voy a entrar y espero que puedas recordar que esto lo hemos hecho muchas veces…
Claire lo miraba sin parpadear. Con la mano temblorosa, pues aún se sentía extasiada, acarició la mejilla de Leon. Una tenue sonrisa se postró en sus labios mientras lo escuchaba.
-Soy y siempre seré el único hombre en tu vida. Soy el único que te ama y sólo conmigo has compartido esto. Sólo conmigo has hecho el amor y así será siempre. Me obsequiaste tu primera vez y desde entonces sólo hemos sido tú y yo… ¿Entiendes?
Los ojos de Claire se llenaron de lágrimas. Tomó el rostro de Leon entre sus manos y lo acercó a ella. Lo besó y Leon sintió que ella lo recordaba. Miles de noches habían estado en la penumbra de su habitación acariciándose y haciéndose el amor. Entregándose en cada toque y en cada beso. Convirtiendo su pasión en algo único y trascendente.
Poco a poco, fue abriéndose paso en ella. Sin prisa. Sólo se entregaba y ella lo recibía, completamente receptiva. Claire lo abrazaba más mientras permitía que él tomara su cuerpo y lo reclamara como suyo.
Él se movía y ella pronto halló que podía sincronizarse a esos movimientos. Lo ayudaba a que entrara más y sabía que con él no había nada que temer. Leon le pertenecía y ella era de él, sólo de él. Sus piernas rodearon las caderas de Leon para hacer más profunda la penetración.
Leon sentía que esta era una nueva primera vez. Era una entrega igual que la primera, donde se descubrían. Donde finalmente hallaban la mitad de su ser, esa que habían buscado durante su existencia y por fin tenían en sus brazos. Ante las contracciones en la cavidad de su mujer, el orgasmo vino casi en sincronía para ambos. Leon sintió la liberación al terminar dentro de ella.
Claire sabía que estaba en casa, en su hogar… Lo confirmó cuando escuchó la varonil voz susurrar en su oído:
-Te amo Claire… Gracias.
Ella sólo recostó su cabeza sobre el pecho de Leon, escuchando con atención el irregular latido de su corazón. Él la acercó a su cuerpo. Pasaron varios minutos, ninguno supo con precisión cuántos, echados en la mullida alfombra, completamente desnudos, sin que nadie los molestara, sumergidos en esa atmósfera de paz.
Cuando Leon sintió que Claire se quedó dormida, la cargó con mucha suavidad, intentando no despertarla y la recostó en su cama, moviéndola lo menos posible. Luego caminó desnudo por la habitación hasta llegar a la cómoda donde guardaban la ropa de cama de su mujer. Tomó uno de los camisones y regresó a donde estaba su esposa; de inmediato comenzó a vestirla. La arropó y la dejó descansar. En seguida cogió su propia ropa del suelo y fue colocándola sobre su cuerpo. Ni un instante apartó la mirada de precioso rostro de su amada. Levantó las prendas de Claire también, dejándolas dentro del cesto de ropa sucia. Finalmente se acercó a la cama nuevamente, dejó un beso en los labios del amor de su vida y susurró:
-Hasta mañana, preciosa.
Luego salió de la habitación con una sonrisa en el rostro.
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La enfermera se alejó un par de pasos y caminó por la habitación con absoluta confianza; tomó entre sus manos un pequeño cuadro con la imagen de una cabaña en medio del bosque. Era imperceptible el lente que se escondía en el lienzo, y gracias a ese descuido ella tenía vigilados los movimientos de Claire y las personas que la visitaban. Regresó a la cama con tranquilidad, como si se sintiera dueña del mundo.
-Ayer te divertiste mucho… Simplemente no puedo creerlo. Ni siquiera en medio de tu locura dejas de ser un obstáculo para mí… ¿Tienes idea del horror que sentí al verte con Leon? Claire Redfield, te juro que no sé cómo lo enganchaste –decía con una voz serena, casi amigable. Pero pronto toda esa aparente serenidad se convirtió en furia-. ¿Cómo logras que él te folle así? Ojalá pudieras decirme tu secreto, mudita… Pero no te preocupes, tengo mis métodos y conseguiré que Leon me haga lo que jamás te hizo a ti…
Claire sentía miedo… No entendía bien qué pasaba, pero sabía perfectamente que esa mujer era peligrosa. Pero… era una enfermera, las enfermeras cuidan a las personas, ¿no?
-Le-Leon…
-¡Oh, ya puedes hablar! –La oriental dio unas cuantas palmadas, como si estuviera maravillada.- ¡Estoy orgullosa de ti, Claire! Desde que llegué te he inyectado esta maldita droga, esperando el momento en el que perdieras por completo el juicio, o murieras, lo que pasara primero… ¡Pero en vez de eso la estás asimilando!
Mientras gritaba, la pelinegra sujetó la cabellera de Claire y tironeó de ella con mucha violencia.
-No sabes cuánto detesto tener que rebajarme a esto… ¡Yo soy Ada Wong! Me he infiltrado en ciudades infestadas de criaturas monstruosas. Trabajé para la mayor corporación farmacéutica del mundo. He participado en conspiraciones que tú ni siquiera podrías imaginar… ¡Y tengo que recurrir a esto para quitar a una maldita rata de mi camino!
Claire se estremeció. Le dolía el maltrato pero no podía dejar de ver esos ojos llenos de odio y furia. Esa mirada la recordaba… Hubo un momento en el que ella estuvo asustada y esa mujer oriental la atacó… ¿Por qué? ¿Por qué no podía recordar con claridad?
-Leon era mío, perra. Seguí sus pasos todos estos años. Luego de nuestro encuentro en España sólo esperaba el momento oportuno para tenerlo. Pero te atravesaste en mi camino… Descuida, este triangulo que se formó hace más de quince años termina hoy. Terminaré lo que Wesker, Steve o los locos Ashford no pudieron hacer... Hoy morirás Claire Redfield. Y tomaré lo que por derecho me corresponde… Tendré la vida que tú me arrebataste…
-Leon… Maddi…
-Sí, ya está volviendo tu memoria… Si te dejara, en poco tiempo recordarías todo… Pero no será así. Me gustaría prenderle fuego a este maldito hospital; después de todo no se perdería gran cosa, sólo un grupo de dementes. ¡Verte consumida por las llamas, aullando de dolor, agonizando…! Pero esperé tantos años para poder vengarme… Si quiero quedarme con Leon, tú debes morir de causas naturales, sin levantar sospechas. No sufrirás. Será un paro cardiaco repentino, indoloro… Es más de lo que mereces, Redfield. Claro que para ponerle el toque trágico a esta historia, una bomba estallará muy cerca de aquí. Ya sabes que en este país los atentados son comunes… De cualquier forma, el personal del hospital está muerto, y la bomba desintegrará sus cuerpos; nadie dará aviso a los servicios de emergencia. No habrá cadáveres que reconocer. Pero esta habitación está lejos de la zona donde estallará la bomba, realmente será difícil que encuentren tu cadáver, pero si por alguna extraña casualidad eso sucediera, la autopsia revelaría que sufriste un paro cardiaco antes de morir, así no pensarán que fue un ataque directo hacia ti… Y si eso no te basta para irte al otro lado en paz, te haré un regalo póstumo. Me encargaré de que tu mocosa te alcance pronto en el más allá. Ya tengo todo arreglado. Tu hija morirá por la culpa de un imprudente conductor que la arrollará cuando ella salga a pasear en su nueva bicicleta…
Ante esas palabras algo en Claire despertó. Algo que no podía controlar. Era como sentir lava en su interior ardiendo hasta causarle dolor…
-¡No te atrevas a ponerle un dedo encima, maldita!
Wong sonrió y giró los ojos en un claro gesto de exasperación. Eso había salido de su cálculo. Se suponía que Valentine había ido por Leon. Pero claro, quizá sólo hizo una llamada telefónica… Se maldijo por cometer un error de principiantes.
Jill había corrido como pocas veces en su vida. La masacre que presenciaron sus ojos en toda el ala del hospital y la recepción fue más que suficiente para saber que Claire estaba en peligro… Vio el cadáver de esa linda niña Sophie en el pasillo… Aunque en un principio las facciones de Jill denotaron sorpresa por ver a esa mujer oriental, bastaron unos cuantos segundos para relacionar todo. Ella conocía a Ada Wong. Durante los años que estuvo bajo las órdenes de Wesker en África, Ada lo visitó muchas veces. Así que ella era la enfermera a la que no habían conocido… Estaba enfurecida…
-Ustedes son todo un caso… Ahora tengo que trabajar más quitándote a ti también del camino. ¿No puedes simplemente salir y hacer de cuenta que no viste nada? Créeme que lo digo por tu bien, Jill Valentine.
-Redfield, soy Redfield. No lo olvides Wong… Siempre lo supe. Sherry y yo jamás confiamos en ti. Tú iniciaste todo esto: liberaste a Steve para que él asesinara a Claire.
-Mmm… no, la verdad no. Si la asesinaba se acababa la diversión para mí… De hecho, todas las cosas que han sucedido estaban dentro de mis planes… Excepto una…
Ada tocó el parche blanco que cubría su mejilla derecha. Lo retiró y Jill pudo ver perfectamente la cicatriz que atravesaba su rostro. Esa herida la acompañaría por el resto de su vida, y se la debía a Claire Redfield…
-¡Pues hasta aquí llegan tus planes…!
Jill se lanzó sobre la mujer con una serie de movimientos perfectamente ejecutados. Si algo bueno le había dejado su estadía con Wesker era el aprendizaje extremo en artes marciales. Aún no encontraba un digno rival en combate cuerpo a cuerpo, pero Ada Wong le estaba dando batalla.
Claire permanecía sentada sobre la cama y las miraba atónita. Los recuerdos se abrieron paso en su mente… Todo vino tan rápido, como si estuviese viendo un cortometraje de su vida:
Sus padres, Chris, sus abuelos, el colegio militar de Chris, su propio colegio, la universidad…
Raccoon City, Leon, Sherry, Umbrella, Jill, Barry, Wesker, Rebecca, David, John, Utah…
Francia, Rockfort Island… Steve… Los Ashford, la Antártida, Wesker…
Terra Save, Hardvarville, la ONU, Downing, Angela y Curtis Miller, Rani…
Cancún, Scottie, Sherry, Leon… Su boda en la playa…
La segunda boda rodeada por su familia, sus sobrinos, su casa, su pequeña hija, Maddi…
Después una nube y luego Ada Wong. Ada atacándola mientras ella se defendía…
Miró atentamente esa fea cicatriz en el otrora perfecto rostro de la mujer oriental... Los recuerdos enterrados en lo más profundo de su memoria, esos donde ella había sido violentada de todas las formas… Esos que deseaba nunca más poder recordar, volvían…
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Flash back
Claire estaba herida, sangraba, los golpes le dolían y los rasguños y mordidas ardían. Sabía que su aspecto no podía ser peor. Odiaba tanto a Steve. La había violado no sabía cuántas veces, cada vez de forma más brutal.
La puerta donde estaba recluida chirrió y sintió terror al verla entrar… Esa mujer…
Siempre con ese porte y la fuerza que emanaba por cada poro de su ser. Usar un vestido largo y rojo parecía poco apropiado para las circunstancias, pero Claire no estaba para juzgar el aspecto de nadie, tomando en cuenta cómo debía lucir ella misma.
Supo que debía pelear. Después de todo, siempre estuvo consciente de que tarde o temprano Ada Wong se presentaría frente a ella e intentaría arrebatarle lo que amaba. Finalmente ese día había llegado.
Pero se sentía indefensa. Su ropa estaba hecha jirones en algún sitio. Tiritaba de frío, pues la celda era gélida y no había nada con lo que cubriera su cuerpo desnudo. Los golpes que Steve le había propinado se evidenciaban en oscuros hematomas que manchaban su piel. Le había hecho mucho daño. Tenía sangre coagulada en varias zonas y parecía que sus piernas se romperían en cualquier momento… A pesar de todo nunca mostraría debilidad, no ante ella, por lo cual le sostuvo la mirada.
Aquella escena que protagonizaron en Cancún, la cual había acelerado el inicio de su relación con Leon, aún seguía en su memoria, aunque bien guardada en un sitio poca luz en el baúl de sus recuerdos. En aquél tiempo Ada Wong la había llamado cobarde… Ahora le demostraría a esa arpía que ella era todo, menos eso.
-¿Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro Claire Redfield? –Tomó la palabra Ada con su sensual voz cargada de ironía-. ¿Cinco, seis? Deberías estar agradecida conmigo. Te obsequié una vida con Leon sólo para poder disfrutar más cuando te la arrebatara…
-¿Cómo pudiste Ada…? ¡Han muerto cientos de personas por tu maldito egoísmo! ¡Rebecca murió esperando un bebé! ¿No tienes alma?
Ada sonrió con esa mueca característica en su persona. A pesar de lo cruel que era seguía siendo realmente bella.
-Nunca he creído en esa basura filosófica. Si lo hiciera mi trabajo no tendría ningún sentido. He sido proveedora de armas bioquímicas desde que era una chiquilla. Gracias a lo que hago han caído naciones enteras. La única vida humana que me interesa es la mía. Y quizá también la de Leon. Después de todo, durante años lo he protegido desde las sombras…
-Eres peor que Wesker, Ada… Leon sufrió mucho tiempo por ti. Él en verdad te amó; yo lo vi llorar por ti. Pero tú decidiste seguir con tu trabajo… Tu vida pudo ser tan diferente…
-Lo sé. Ya que estamos sosteniendo esta interesante charla de mujer a mujer, te confieso que muchas noches me arrepentí de mis decisiones…
Claire no pudo detectar ironía en su voz. Quizá aún había esperanza…
-¡Entonces detente! ¿No te basta el daño que has causado?
-Hace tiempo estaba dispuesta a dejarlo todo por él, pero tú te interpusiste. Si hay algún culpable de estas muertes, eres tú Redfield.
-¿Así de fácil es para ti deslindarte de tu responsabilidad? Steve… él… él me violó… Pero lo que me hizo no es nada comparado con el sufrimiento de la gente… de todos los que han muerto…
-Por Dios, Claire… ¡Pareces la reencarnación de la madre Teresa! Yo no vine aquí a escuchar tus sermones. He venido a proponerte un trato…
Eso sí la descolocó… ¿Ada iba a ayudarla?
-¿D-de qué hablas?
-No me andaré con rodeos. Me quedaré con Leon. Le avisé hace unos momentos sobre tu secuestro y ya debe estar buscándote. A sus ojos quedaré como la heroína de esta historia. Pero lo único que necesito para cerrarla con broche de oro es verte muerta. Hay dos formas para que esto suceda: La primera, que Steve acabe contigo… Y sabes perfectamente cómo será eso… -Claire se estremeció. ¿Qué clase de ser era Ada Wong?-. La segunda: yo misma te quitaré la vida con un compuesto que inyectaré a tu sistema. La muerte vendrá rápido, te aseguro que no sufrirás…
Claire frunció el entrecejo.
-¿Por qué habrías de ser tan benevolente conmigo? Después de todo, me odias.
-Buen punto. Pero a pesar de todo, soy mujer. Ambas sabemos lo que sucederá cuando Steve vuelva. Él te violará una y otra vez hasta saciarse. Quizá lo siga haciendo incluso cuando sólo seas un frío cadáver. Soy muchas cosas, Claire Redfield, pero ni a ti te deseo ese final…
Claire no era tonta. Era algo ingenua algunas veces. Gustaba de creer en la bondad de innata de los seres humanos, pero con todo lo que sus ojos habían presenciado a lo largo de su vida, sería verdaderamente estúpido confiar de buenas a primeras. Especialmente en personas como Ada Wong.
-No me engañas… Hay algo detrás de esa "bondad". Pero se nota que no me conoces. No soy una cobarde. Si muero, será peleando.
-Lo confirmo. Eres estúpida y cobarde, en ese orden… De todas formas, vas a morir, así que me divertiré un poco contigo.
Ada se lanzó sobre Claire. Su velocidad no era sobrehumana, sin embargo era una mujer que había entrenado artes marciales mixtas desde una corta edad, por lo que sus movimientos en combate eran fluidos.
A la pelirroja se le dificultaba demasiado esquivarla. Sabía pelear y en las últimas semanas había retomado con más seriedad sus entrenamientos, pero estaba herida, así que no podía compararse con su rival.
Wong se divertía. Le estaba propinando a Claire la paliza que siempre soñó darle. Era un halcón acosando a una pobre ratita. Sería sencillo acabar con ella; la débil pelirroja no era ningún reto para la vasta experiencia de la mujer oriental, pero su diversión se acabaría demasiado pronto. Aún así, sabía que tenía el tiempo en su contra. Burnside podía regresar en cualquier momento.
Sujetando a Claire con una llave al cuello la tenía bien prensada. A pesar del forcejeo, no se le dificultó deslizar su mano hasta su propio muslo y tomar la inyección que le aplicaría en la carótida… Quería verla retorciéndose de dolor, pero su prioridad era verla muerta lo más rápido posible; una vez que el veneno entrara en su sistema, sólo le tomaría unos segundos para que la sustancia llegase a su cerebro.
No debía arriesgarse. Había muchos factores en su contra en ese momento. En primera, Steve podía llegar y arruinar sus planes; además, él había eyaculado varias veces en el interior de esa perra, el olor a semen invadía esa asquerosa celda. Si por algún milagro el virus T-Verónica llegaba a transmitirse por contacto sexual, Claire podría infectarse, mutar y atacarla. Aunque ella era una mujer analítica y tenía tantos planes de respaldo como letras del abecedario, le gustaba trabajar limpio y cerrar sus misiones con las menores complicaciones.
Confiada en su victoria, no supo en qué momento Claire había empuñado su viejo cuchillo de los S.T.A.R.S. y lo incrustó en su pómulo derecho.
Wong gritó aterrada, soltando a su presa mientras su sentido de auto conservación la hacía alejarse. Aventó a Claire, quien sin poder controlar aún el movimiento de sus piernas, se estrelló contra una de las paredes, golpeándose la sien, quedando algo aturdida. Ada subió lentamente su trémula mano derecha. Faltaron pocos milímetros para que la afilada hoja del cuchillo cortara su ojo derecho. Tocó con sumo cuidado con la punta de sus dedos la herida de su rostro. Brotaba mucha sangre…
-¡Maldita perra! ¿Cómo te atreviste? ¡Vas a morir!
Ada se lanzó sobre Claire y golpeó con saña el ya de por si maltrecho cuerpo de la ex activista. La pelirroja se defendió como pudo, pero a eso no se le podía llamar una batalla. A pesar de todo el dolor, se sintió complacida por no dejarle las cosas fáciles a esa mujer.
La furia había cegado a Ada. Estaba perdiendo sangre y en algún punto no se sabía de quien era el líquido rojo esparcido en el piso de la celda. Claire estaba a nada de perder el conocimiento. Sólo su terquedad la ayudaba a mantenerse despierta; sin embargo, cuando vio que Ada empuñaba el embolo que la llevaría a la muerte, se retorció cuanto pudo...
Ya nada podía hacer, pues la oriental estaba sobre ella.
¿Así moriría? ¿Así terminaría todo? ¿Ada ganaba? No cerró los ojos. No era cobarde…
Pero de pronto, Ada salió despedida unos cuantos metros. Claire miró la escena como si hubiese sido en cámara lenta. No entendía lo que sucedía, pero cuando Wong se puso de pie, apareció la figura de Steve. Él estaba de pie, dándole la espalda a Claire, como si la protegiera.
-¿Qué demonios crees que haces, maldita zorra? –Gritó el atractivo hombre mientras pisaba el embolo y destruía la peligrosa sustancia que Ada pretendía usar contra Claire.
-¡Recuerda quién te liberó de tu prisión, Steve! Yo también tengo derecho…
-Claire es mía. Lo sabías desde el principio. Asesina a quien se te ponga enfrente, no me importa, pero de ella me encargo yo. ¡No vuelvas a tocarla o no respondo!
A pesar de la furia que sentía, Ada sabía que no le convenía confrontar a Steve. Tendría que correr el riesgo de dejarla viva y rezar para que no hubiese sido infectada. Con algo de suerte, quizá ese monstruo desquiciado asesinase a Claire cuando la poseyera nuevamente...
Salió de la celda murmurando:
-Bien, te dejaré a solas con tu delicada florecita, para que tú mismo la destruyas.
Steve ni siquiera miró en dirección a Claire, quien se había hecho un ovillo mientras las lágrimas brotaban sin control, sabiendo que estuvo a nada de morir; de cualquier forma, temía que cualquiera de los dos la atacara.
Steve siguió a Ada y una vez fuera de la celda le dio instrucciones precisas.
-No soy estúpido, Wong. Sé muy bien que mantienes contacto con Kennedy. Te diré cuándo deberás llamarlo… Le devolveré a Claire para que la mantenga con vida. Estando con ella no me es posible controlarme. Le dirás que la busque entre la 1ª y la 2ª avenida…
Ada sonrió con desafío mientras le respondía:
-¿Qué te hace creer que lo haré?
Tan rápido como un suspiro, Steve se colocó frente a ella y sujetó con fuerza su cabello y su ensangrentado rostro. Acercó sus labios a milímetros de los de ella. Sin hacer contacto, habló con una voz tan baja, que a Ada se le dificultó escucharlo:
-Entiende Wong: si algo sale mal y Claire muere, tú tomarás su lugar. La herida en tu rostro será nada comparado con lo que te haré. Una mujerzuela como tú debe ser capaz de darme un poco de placer…
Le arrojó lejos antes de regresar donde Claire lo esperaba. Ada se estremeció. Las cosas se complicaban. No quería que Claire Redfield continuara respirando, pero ahora su propio cuello estaba en juego. Bien, la salvaría y la dejaría viva todo lo posible, pero a su manera…
Claire no alcanzó a distinguir lo que decían a causa del eco que se formaba en la celda y por su propio aturdimiento, pero como pudo se puso de pie y se mantuvo expectante. Había sangre en sus manos. Sangre de Ada o quizá suya… Su respiración aún estaba agitada, pero cuando escuchó la voz de Steve, el odio creció hasta puntos insospechados…
-¡Cuanta agresividad, Claire!...
Fin de flash back
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Claire sabía que Steve abusó de ella incontables veces… En algún punto ella sólo perdió el sentido. Sentía un fuerte malestar al recordarlo. En su cuerpo ya no había lesiones, pero su memoria tenía registrados esos hechos. No tenía sentido odiar a Burnside, pues su familia se había encargado de hacerle pagar por sus crímenes. Sin embargo, la verdadera causante de todo ese daño estaba justo frente a sus ojos. Ella era la culpable…
-Ada… tú… Todo lo que pasó…
Jill se distrajo al escuchar la voz de Claire, instante que Ada aprovechó para asestarle un golpe en el abdomen que la dejó sin aliento.
-¿Volviste Redfield? ¡Lástima que sólo sea por poco tiempo!
Aunque su cuerpo aún no se acostumbraba al esfuerzo, se puso de pie y sin apartar la mirada de Wong, se colocó en posición de ataque.
-Jill… Gracias… -la rubia la miró con una sonrisa y asintió-. Ada, no volverás a lastimar a las personas que amo…
Las carcajadas de la mujer oriental fueron estridentes.
-Eres patética, Redfield. Con gusto te mandaré al infierno.
Sin añadir otra palabra, Ada se lanzó sobre Claire, pero su ataque fue intervenido por Jill.
-Ella no está sola.
De nuevo, una serie de golpes fueron lanzados entre ambas mujeres. Claire las observaba intentando analizarlo todo, sus pupilas seguían cada movimiento con atención. En su interior algo raro pasaba. No sabría cómo explicarlo, pero sentía que su cuerpo era capaz de replicar todos esos movimientos.
Jill y Ada tenían un nivel muy parejo en combate. Al rimo que iban ambas terminarían exhaustas sin llegar a causar daño a su contrincante. Eso lo sabía perfectamente Wong, quien con agilidad desenfundó un cuchillo que guardaba entre sus ropas.
Lo manipuló con destreza mientras se acercaba a Jill. La rubia no contaba con armas, por lo que esquivaba tanto como podía. Por fortuna, sus ojos habían presenciado muchas batallas a lo largo de su vida y sabía cómo bloquear los ataques. Ada no era tonta. Si había alguien a quien pudiera considerar como su igual esa era Jill Valentine.
De pronto, Ada dejó caer un pequeño artefacto y se protegió la vista, pues en menos de dos segundos éste liberó un poderoso brillo que cegó a Jill y a Claire.
La rubia maldijo por lo bajo. Ahora debía adivinar los movimientos de su rival, pero lo más importante era que debía proteger a su cuñada, y desafortunadamente en medio del combate se había alejado mucho de ella. Ada sin pensarlo más se lanzó sobre la pelirroja.
Claire no conseguía enfocar adecuadamente, pero percibió con claridad cuando la mujer oriental se arrojó sobre ella. Cruzó sus brazos intentando protegerse, pero un gemido la hizo abrir los ojos de par en par. Frente a ella estaba una rubia y el cuchillo de Ada estaba enterrado sobre su brazo izquierdo, causándole una fea herida.
Wong, al haber perdido el elemento sorpresa, soltó su arma y se alejó rápidamente.
-¡¿She…Sherry?!
-Ho-Hola mamá…
Claire no pudo evitarlo, ese instinto maternal con el que había nacido se apoderó de su cuerpo y de inmediato abrazó a su pequeña. Sherry, a pesar de estar herida y en medio de un combate, le devolvió el gesto…
Mientras las mujeres compartían ese instante, Jill, tras haber recuperado la visibilidad, las cubrió atacando a Ada, quien evadía los golpes.
-Sherry… déjame ayudarte –dijo Claire con evidente angustia mientras buscaba algo con qué hacer un torniquete. Para su sorpresa, su pequeña sonrió y apartó con suavidad la mano de su madre adoptiva.
-No te preocupes… Recuerda que puedo regenerarme…
Para dar sustento a sus argumentos, Sherry retiró el cuchillo, el cual había traspasado por completo su brazo derecho. Hizo una ligera mueca de dolor. Brotó sangre, pero a Claire le resultó maravilloso observar cómo los músculos y tendones se regeneraban en cuestión de segundos.
-¿Todo bien? –Interrogó Jill a unos metros de distancia de las mujeres.
-Sí –respondió Sherry-. Fue una suerte que Leon haya olvidado su celular y fuese yo quien recibiese tu llamada…
-¿Suerte? –Interrogó Ada-. Bueno, lo será para mí. Leon ni siquiera sabrá que me encargué de ustedes…
-No nos subestimes… Si Steve Burnside murió, tú no serás rival…
-Steve murió por enfrentarse a monstruos como él. Christopher Redfield y Jake Wesker son personas excepcionales… Pero ustedes son basura a comparación… Se los probaré.
CONTINUARÁ…
¡AY POR DIOS! Siento tanta nostalgia al escribir los últimos capítulos del fic. Este combate ya llevaba en mi mente mucho tiempo, sólo que aún no tenía bien definido quienes participarían en él. Por fortuna, he contado con su ayuda, pues muchas de las recomendaciones que me han hecho han conseguido echar a andar esta historia. Y vamos, que son 17 páginas las que me aventé para que fueran felices… ¿Lo logré?
Por cierto, lamento mucho la necesidad de tantos Flash Backs, siempre me digo que ya no los usaré, pero no puedo evitarlo! Esta vez fue para que pudiésemos ver a través de las memorias de Claire. Espero no les haya resultado confuso…
Gracias, como siempre, por sus hermosos reviews y por añadirme a su lista de favoritos, ya sea como escritora o por este fanfic. Es curioso, yo me sentía apenada por haberme tardado tanto tiempo escribiendo el fic, y Clauu me dice que no quiere que acabe! Jejeje!
En serio que adoro haber compartido con ustedes estos meses (ejem, año y medio y contando). Brevemente les diré que mi vida ha dado un giro radical en los últimos meses, pero este fic ha sido de las cosas que me han ayudado a sentir estabilidad. Lo inicié cuando según yo todo iba bien, y lo terminaré, luego de haber sentido que el mundo se me venía encima, estando de pie nuevamente y más firme que nunca! Rayos, me estoy poniendo cursi… Sorry.
No tengo mucho más que añadir, salvo que espero, como siempre, contar con sus críticas, sugerencias, comentarios y demás.
Besos a todos!
Pily-chan.
