Hola. Creo que me tarde demasiado con este capitulo , pero no había tenido ni el tiempo, ni la inspiración para continuarlo hasta ahorita me llego. Espero que les guste.

Capitulo 11:

Tiempo y oscuridad parte 1: corazón de tigre.

¿Estás seguro de esto, Cole?-pregunta Po algo nervioso.

Claro, funcionara, lo he hecho desde siempre-le respondo con confianza, no se que le asusta. Esto es muy fácil y realmente sencillo.

Te lo digo en serio, Po, de esta forma no vas a cansarte al subir las escaleras-el panda hace un gesto de tristeza, como ojitos de cachorro tipo anime.

Está bien-suspira Po. Unos minutos después ya estamos subiendo las escaleras en dirección al palacio de jade. Po no luce cansado, parece que más bien lo disfruta. Pero a cinco escalones de llegar comienza a sudar.

Tenias razón, Cole-me dice cuando llegamos a la cima de la montaña- de esta forma no vas a cansarte tan rápido, además es más fácil ¿Porque no se me había ocurrido antes?

No lo sé, es extraño que no se te hubiera ocurrido subir las escaleras de dos en dos-le digo a modo de burla. Es muy raro lo mucho que un lugar con cientos de años de diferencia puede recordarme tanto a mi hogar. Debo aceptar que en ocasiones me siento solo, extraño a mi familia, y a los traidores de mis amigos, especialmente a Zoey. Muchas veces quisiera volver, pero al mismo tiempo no quiero irme de aquí, este lugar es fantástico. Estoy aprendiendo kung fu de los mejores maestros de la historia, tengo nuevos amigos ¿Que puede ser mejor?... Bueno tal vez sería mejor si los aldeanos no se me quedaran viendo como si me hubiera comido a alguien.

Po... ¿Porque todos me odian?-le pregunto de repente. El alza la ceja y luego de un rato me responde.

No te odian, solo creen que eres diferente-responde de manera nerviosa- eres un tigre y es muy raro tenerte aquí, y como no te has ganado el título de maestro no pueden confiar en ti, así que simplemente te tienen miedo.

¿Miedo? ¿De qué?- pregunto con frialdad y el seño fruncido (debo dejar de estar tanto tiempo con Tigresa).

-De ti, de lo que eres, quiero decir, que a los conejos y cerdos les dan miedo los colmillos, a las cabras y gansos los colmillos les aterran y acosan sus sueños, además...

Eso me recuerda lo que me dijo Tigresa cuando llegue. Todos nos temen, solo por ser tigres. Jamás entendí esa clase de miedo ¿Por qué tenerle miedo a las garras y los colmillos? A veces pienso que es porque simplemente no nos conocen, aunque el hecho de que algo sea diferente no quiere decir que deba darte miedo. Cuando yo tenía cinco años me daban miedo los lobos hasta que llego el día en que conocí uno, muy feo y que usaba frenos, al final término siendo uno de mi mejores amigos, luego me dejo abandonado para que me atrapara un guardia de seguridad, pero esa es otra historia. Con los años aprendí a no juzgar un libro por su portada, excepto Los juegos del hambre, es muy ingeniosa esa portada.

Lo que me estás diciendo es que piensas que soy un monstruo-interrumpo, ciertamente me siento furioso y el puede notarlo, eso espero.

No, Cole. Eso no lo pienso yo-dice con una sonrisa. Nos detenemos y pone su mano en mi hombro. Volteo a verlo con una sonrisa.

Gracias-murmuro.

De nada, pero...-agrega el panda, y no estoy muy seguro de que me vaya a gustar lo que está a punto de decir-la gente del pueblo sí que lo piensa.

Gruño.

Seguimos nuestro ascenso sin decir nada mas, ni una risa, ni una charla, ningún comentario, nada. Silencio total, así seguimos hasta llegar a las barracas. Creo que Tigresa no está, no he visto a Mantis, Mono está en la enfermería balbuceando algo sobre jamás espiar. Víbora y Grulla... creo que los vi volando alejándose del restaurante del padre de Po. En cuanto a mí, Po me encontró inconsciente en el suelo del salón de entrenamiento (es la 4 vez), ese torpe muñeco es rudo. El panda había entrado al salón para golpear algo y se encontró conmigo tirado en el piso. Cuando le pregunte porque estaba tan furioso respondió algo sobre Shifu, un golpe prohibido, dijo algo sobre injusticia. Creo que es uno de esos problemas entre maestros, debió ser algo serio.

Entramos a las barracas y yo me dirijo a la cocina, Po directo a su cuarto. El panda luce ansioso, como si hubiera esperado ese momento desde que despertó. Entra a su cuarto a hurtadillas de manera sospechosa, cierra la puerta y se asegura de que nadie entre. Seguro pensaran ¿Como es que puedo ver lo que hace? Fácil, Tigresa me enseño a espiar... Digo, a vigilar desde las

vigas del techo.

¿Que tramas panda?-digo para mí mismo. Bajo de un salto y con suficiente elegancia para no hacer ruido. Deslizo la puerta con cuidado y asomo la cabeza, Po está de espaldas así que no puedo ver gran cosa.

Po esta acariciando algo y murmurando cosas, lo que veo a continuación me deja en shock, apantallado, es algo muy... extraño.

Realmente es algo un poco perturbador, no creo tener palabras para describir lo que estoy viendo... esperen, si tengo una y es: Demente.

Po está sentado en el suelo de su habitación acariciando y murmurando cosas lindas a... un mechón de pelo. Luce bien cuidado, como si él lo cuidara. Es un pedazo de pelo anaranjado con una marca negra ¿No es acaso...? ¡Si, si lo es! ¡Por Oogway!

¡Lo sabia!-exclamo ante mi descubrimiento, abrí la puerta totalmente y salte al decir eso. El panda voltea y me ve aterrorizado, tal vez de que haya descubierto su secreto.

Ho..Hola, Cole ¿Qué haces aquí? Yo no hago nada y tu ¿Porque estas en mi habitación? ¿Me espiabas? ¿Para quién trabajas?

¿Donde escondiste las galletas de Mono?-se nota que Po está nervioso, dijo eso casi sin respirar. Por la forma en que me señala de manera acusadora, y en su ojo observándome a centímetros de mi cara, noto que está nervioso y quiere cambiar el tema.

Me alejo y con una sonrisa ladina me recargo en el marco de la puerta, cruzo los brazos y recargo un pie.

Tranquilo, guerrero dragón-digo de manera arrogante-no le diré a nadie sobre el tiempo de calidad que pasas con el mechón de cabello de Tigresa.

Se revuelve incomodo ante la situación.

Me rio.

Yo no paso tiempo con esta cosa-dice estirando el brazo con el mechón de pelo. Arqueo la ceja y él me mira, en cualquier momento debe darse por vencido, sus ojos buscan una escapatoria, pero él y yo sabemos que no la hay. Lo he descubierto.

Está bien ¿Si?-dice finalmente, oh si, punto para el tigre.

¿De dónde lo sacaste? ¿Ella te lo dio?-pregunto de manera picara.

No, yo mismo lo corte cuando ella dormía-responde sonrojándose.

¿Mientras dormía?-le digo sin quitar mi sonrisa ni mi tono de voz.

Estaba en medio de una investigación y necesitaba evidencia-responde en un vago intento por cubrir la verdad, o más bien por justificarse.

¿Para qué? ¿Con quién pensabas que te "ponía el cuerno"?-cuestiono. El hace una mueca de fingido enfado y obvia indignación.

No sé de que hablas, yo solo me confundí de cuarto-responde encogiéndose de hombros.

-Si, claro

Es cierto-hace un puchero jajá. Ver al legendario guerrero dragón comportándose de esa forma en esta situación me hace olvidar por un instante que todo el mundo me considera un monstruo sin corazón. Siempre me pregunte ¿Porque el tigre siempre es el malo? Digo, Shirkan (el libro de la selva), es un tigre malvado. Pareciera que todos en el pasado nos consideran malos, en mi época incluso existen tigres famosos. Un ejemplo es el tigre Toño (El del cereal "Zucaritas"), Además esta Tiger, el del oso Pooh, hay muchos tigres buenos y famosos, buenos sobre todo.

Buenooo, ya tienes que irte-dice Po dándome un empujón y sacándome de su habitación.

Oye espera, tengo algo que...-y el panda azota la puerta en mi nariz.

...

¿Donde está?-murmuro para mi mismo al tiempo que bajo las escaleras. Necesito hablar con la maestra Tigresa, urgente y ella parece haberse esfumado.

Oiga-digo acercándome al ganso con plumas negras, omnipresente pato de las manzanas-si, usted señor

¿Yo?-exclama con los ojos abiertos con expresión de miedo.

Si, puede ayudarme-le pido con cortesía, toda la que soy capaz.

Sí, claro ¿Que quieres?-dice con recelo.

¿De casualidad ha visto a la maestra Tigresa?-pregunto, se pone la mano en la barbilla y después de un momento me responde.

Si, ve al bosque y piérdete... Digo, encuentra a la maestra-se corrige y sale de aquí arrastrando su carro de manzanas.

Eso fue extraño, pero debo admitir que no es el primero en decirme que me pierda en el bosque de bambú.

¿Maestra? ¡Tigresa!-grito mientras camino adentrándome en el bosque.

Hm-escucho un quejido muy leve ¡Bendito sea mi agudo sentido del oído! Así podre encontrarla.

¡Tigresa!-repito, sigo los quejidos y algunos gritos y conforme me acerco son más fuertes. Paso por unos árboles, es horrible este lugar, me golpeo con cada rama que encuentro, seguro ya tengo tantos moretones que parezco un leopardo.

Atravieso las mortales ramas y encuentro un lugar increíble. Un hermoso prado rodeado de árboles frutales. El aroma dulce de las manzanas, duraznos y cerezas inunda mi nariz, el sol pasa atreves de las hojas y roza con mi pelaje. En un lugar tan pacifico y silencioso, seguro que aquí es donde tigresa viene a practicar la paz interior...

¡¿Que rayos haces aquí?!-gruñe la maestra enseñándome los colmillos y sacando las garras. Siento que vi algo que no debía ver.

Pero... ¿Que es esa cosa en su mano? Creo que es... ¡Si es!

¿Puedo?-murmuro hipnotizado por esa suave esfera de color rojo.

¿Qué? Ah, esto ¡Claro! Yo solo lo encontré, no tengo idea de donde salió ¡Atrápala!-arroja la bola de estambre y por instinto me lanzo contra ella. Mientras la arrojo con las garras veo que ella aprieta los parpados y los puños en un desesperado intento por resistirse al impulso de jugar con esta cosa.

Maestra-digo poniéndome de pie, sujeto el estambre y se lo enseño. No me gusta cómo me está mirando, pupilas dilatadas y fijas en cada mínimo movimiento que hago. Supongo que podría ser divertido.

¿La quieres?-pregunto y con mi mano muevo la bola de arriba hacia abajo. Con mi movimiento ella asiente siguiendo el estambre. Entonces cambia su forma de mirarme, sigue como hipnotizada, pero esta se agazapa frente a mí y mueve los hombros, su cola se mueve co lentitud. Conozco ese lenguaje corporal y no me gusta nada.

Un sonido similar a un rugido ahogado sale de su garganta y comienza a correr a cuatro patas… En dirección a mi... ¡Mami!

La maestra da un salto y cae sobre mí, mueve las garras y hace ademan de atacarme yo alzo los brazos en señal de paz, pero no siento nada. Sus garras casi no han salido y a penas duele ¿Que sucede? Como no me había dado cuenta ¡Esta jugando!

Intento quitármela de encima, la empujo con las piernas y rodamos. Sera mejor seguirle el juego hasta que se canse, saco la punta de mis garras y los dos nos levantamos en cuatro patas y corremos en el pasto. Nos perseguimos y peleamos a manotazos, arrojamos la bola de estambre y la seguimos. Olvide lo divertido que era jugar así, la última vez que jugué de esta

manera tan...salvaje, tenía seis años. Estaba con Zoey, los dos jugamos, igual que ahora lo estoy haciendo con tigresa, solo que aquella vez termine lastimado, Zoey no midió su fuerza y me dio un zarpazo en el brazo.

Comienza a atardecer, creo que ya debo despertar a Tigresa de trance con el estambre. Lo sujeto y me levanto en dos patas, debe haber algún lugar en donde pueda esconder esto. Hay un tronco hueco, seguro ahí no lo encontrara.

Maestra-digo sacando el brazo del tronco. Ella se queda sentada, como un gato, con los brazos sosteniendo el peso de su cuerpo.

Maestra-repito- ya debemos irnos -digo acercándome a ella, bufa por la nariz y mantiene la visa fija en mí, como si me acechara. Tengo que pensar en otra cosa.

-Maestra Tigresa... ¡Regrese a entrenar!-grito imitando la voz de Shifu.

¿Qué cosa?-sus pupilas se contraen, hace un gesto. Su rostro refleja su desconcierto, creo que no se esperaba que sus impulsos la traicionaran frente de alguien, de mí en especial. Se levanta y sacude su ropa.

¿Qué quieres?-frunce el seño.

Maestra Tigresa, tengo un problema-le digo, supongo que será mejor, tanto para ella como para mi, que nos olvidemos de lo que sucedió las últimas horas.

¿De qué se trata?-pregunta.

Yo...bueno, es complicado, se lo diré en el palacio-no se de que manera decirle esto. Sé que ella es la más indicada para apoyarme en esto, pero no estoy seguro de como reaccionara. Que podría pensar de que todo el mundo nos considera monstruos.

Ya que-responde con un bufido.

Los dos salimos de aquel prado y regresamos por el mismo camino. Genial mas ramas.

Muchos moretones y astillas después...

El sol ya no es tan fuerte, han de ser la cinco de la tarde. Caminamos lentamente por el bosque de bambú. Todo quedo en silencio después de que Tigresa me amenazo con ahorcarme con mi propia cola si alguna vez menciono lo que sucedió con el estambre.

Llegamos al valle. Los dos caminamos por la calle principal y noto como los aldeanos me miran con un poco más que miedo, con odio, furiosos y, aparentemente, rencorosos ¿Que se supone que hice ahora?

Ti...Tigresa-murmuro acelerando el paso.

¿Qué?-gruñe, señalo a los aldeanos. Ella gira la cabeza y cuando voltea tiene los ojos abiertos.

Cole ¿Qué rayos hiciste?-pregunta de manera amenazante.

Juro que no hice nada malo-digo poniendo mis manos en mi pecho.

¿Entonces qué ocurre?-dice entre dientes.

-No lo sé, por eso mismo fui a buscarla.

Cada habitante del valle nos mira con los ojos entre cerrados. Muchos dejan de lado sus puestos y negocios, se acercan de forma amenazadora. Tigresa y yo apretamos el paso hasta llegar a la mitad de las escaleras. Nos detenemos un momento a respirar, mejor dicho, a que yo respire.

Debemos buscar a Shifu-dice Tigresa. Yo asiento y continuamos nuestra carrera hasta llegar al salón de los héroes (Perdón, salón sagrado de los guerreros)

Shifu está sentado en posición de loto frente a la piscina del dragón (espejo de agua del palacio de jade). No se mueve, debe estar meditando.

Maestro-Tigresa hace una reverencia, yo la imito.

¿Qué ocurre?-pregunta inexpresivo.

Tenemos un problema-responde tigresa acercándose mas al panda rojo.

¿Qué sucede?-pregunta con una mezcla de curiosidad y enfado, se levanta y me mira con el seño fruncido- ¿Que hiciste, Tigre?

No sé si sentirme ofendido, u honrado de que el maestro Shifu me llame por el nombre de mi especie. Casi no lo ve, y cuando lo veo me llama tigre, pero lo dice con un tono que parece que es un insulto.

En serio, no hice nada-exclamo en automático al ver la severidad de su mirada.

¿Entonces no es nada grave?-Shifu alza la ceja de forma acusadora.

Afuera del salón escucho un murmullo. El sonido de pasos rápidos y voces que gritan furiosas. Las puertas del salón se abren y veo a una multitud de gansos, cerdos, conejos y cabras, todos armados con trinches, antorchas, cuchillos y… Palillos chinos ¡Sálvese quien pueda!

Maestro Shifu, la muchedumbre furiosa y yo venimos a llevarnos a su monstruo-se adelanta un ganso con plumas negras.

¡¿Qué rayos, ese ganso de las manzanas esta en todos lados, o qué?!

Sí, claro, pero antes me gustaría saber ¿Por qué?-dice Shifu respetuoso y tranquilo ante la situación ¿Acaso no ve que quieren enviarme al inframundo?

Debe encerrar a esa bestia-grita el ganso ignorando al maestro y señalándome con su trinche.

No sé que haya hecho este joven, pero estoy seguro de que podremos encontrar otra solución-me defiendo Shifu.

Por favor, esa cosa ha estado secuestrando gente, seguro para saciar su hambre carnívora-replica una cabra.

¡Sabemos que tu eres la sombra del bosque!-grita alguien entre la gente.

Jamás he escuchado eso en mi vida-replico.

Sí, claro, tu solo eres otro monstruo-grito una voz que se alzo por encima de todo el griterío. Tigresa se puso tensa al oír eso, ahora ya luce tranquila.

Yo no soy un monstruo, ni una bestia, ni nada de eso, créanme hay peores-digo en voz alta

¿Cómo quienes?-cuestiona el ganso.

-Miren, si tengo garras y colmillos no es culpa mía. Les juro que yo jamás los usaría para lastimarlos, al contrario, los protegería.

¿Cómo explicas las desapariciones? ¿Y la paliza que te dieron los leopardos el otro día?-Genial, gracias por recordarme algo que sucedió hace casi cuatro meses.

No sé de qué hablan, y además lo de la paliza no fue una paliza...era una distracción-me defiendo pero todos continúan gritando y alzando los trinches y los palillos.

Yo sé que no tienen muchos motivos para confiar en mí, yo no les he dado esa oportunidad, pero ustedes tampoco me la han dado a mí. Piensan que me tienen miedo por ser un tigre pero es mentira ¿Acaso le temen a la maestra Tigresa?-ella da un paso al frente-no, les aseguro que no, y es porque saben que ella daría su vida por protegerlos, a ustedes no les importa su

apariencia ni su especie, aun así saben que pueden confiar en ella. Yo no soy nada para compararme con ella, solo quiero que me den una oportunidad.

Fue un momento de inspiración. Todo está en silencio, nadie emite ni un sonido, ni una palabra. Puedo escuchar el sonido de mi respiración entrecortada por los nervios post-discurso para salvarme el pellejo. Siento una mano en mi hombro, me vuelvo hacia ella, es Tigresa y veo en su rostro una sonrisa, cálida y maternal, me hace sentir mejor. Una sonrisa de orgullo.

Jamás se me había ocurrido eso, pero tenemos fuertes sospechas-dice el ganso rompiendo el silencio. Un leve murmullo sale de los demás.

Lamento este mal entendido, pero no podíamos pensar con claridad-se disculpa Tan (Al fin recordé su nombre)-pero teníamos motivos para creer que fuiste tú, solo hay dos felinos aquí y si no ¿Quien fue entonces?

No tengo idea-digo en un susurro- pero lo encontrare.

...

¡Qué buenos fideos!-exclamo alegre. Después del día que tuve una cena como esta es la gloria.

Gracias-responde el panda metiéndose un dumpling a la boca.

Oigan, chicos-digo llamando la atención de todos- Tengo una pregunta.

¿Qué de que se trata?-pregunta Víbora.

-¿Por qué se llaman igual que su especie?

Es una larga historia-responden los cinco furiosos al unisonó.

Y quien empezara a contarla-le digo sonriendo y recargando los codos en la mesa.

Supongo que yo-dice Víbora-en el valle de donde vengo el nombre de "víbora" es muy común. Mi padre se llamaba maestro víbora.

Wow, ya me lo imagino. Una conversación cualquiera.

"Hola ¿Como estas víbora?"

"Bien, oye ¿Has visto a víbora?"

"No, pero mira, ahí viene víbora"

"Hola, víbora ¿De casualidad has visto a víbora?"

¿Y usted maestro Mono?-le pregunto al primate.

¿Yo?-exclama-supongo que ya da igual. En mi aldea es tradición que el padre nombre a los hijos, mi padre murió antes de que yo naciera, y como mi madre jamás se volvió a casar nunca me nombraron, por eso soy Mono.

Wow, viejo, no tenía idea-dice Mantis. Volteo a ver al ave y comienza.

Yo me llamo Grulla porque mi mama no tiene imaginación-responde secamente.

¿Así nada mas?-exclamo sorprendido. Los demás abren los ojos de par en par, muy impactante.

Si-responde y se encoge de hombros. No estoy seguro de que las aves tengan hombros.

Mantis es mi segundo nombre-dice en insecto alzando la voz. Todos ahogamos un grito, excepto Tigresa. Nosotros preguntamos una y otra vez el porqué, al final se cansa y responde

-Está bien, mi primer nombre es...

Espero que les hayas gustado. Quiero agradecer a las personas que comentan esta historia. También voy a avisar que lo más probable es que me tarde un rato en subir el siguiente.

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Adiós :D