Hola
Ya sé que esta vez tarde siiiiigggggllllloooos en terminar este capítulo, aun así espero que les guste.
Capitulo 14: Místico Presente: la leyenda del Tigre y el Dragón.
Ah muy bien, pues resumiendo lo acontecido anteriormente:
-Un grupo de villanos invadió el valle de la paz.
-Mono y Mantis lucharon usando vestidos
-Me patearon el trasero y termine perdido en el tiempo.
-Oogway me enseñó a usar el reloj de forma correcta
-Tigresa me ayudo a reparar errores en el tiempo.
-Tuve la batalla más épica del universo…. Un momento… Déjenme pensar…. Creo que aun no les cuento esa parte, lo lamento. A eso voy.
Tigre regresando al presente… ¿O pasado?
…
Observe como Tigresa me daba un golpe en la cara... Bueno al otro yo, ya saben al que esta inconsciente en las escaleras del palacio de Jade. Ella regresa, en su mano sujeta con fuerza el reloj del tiempo.
-Oye-le digo un poco molesto mientras acaricio mi nuca- la próxima no tan fuerte, aun me duele.
Señalo al tigre que mi maestra había golpeado.
-Tranquilo- dice ella con un gesto- además ya sabes que te encontrare.
Paso un par de minutos explicándole cómo funciona el reloj y lo debemos hacer con él. Cuando una luz verde nos envuelve a los dos, alcanzo a ver como una felina de 25 años se coloca junto al tigre en las escaleras.
Por un momento no veo nada más que un constante brillo verdoso a mi alrededor. Pasan varios minutos hasta que puedo ver a Tigresa.
-¿Por qué tardaste tanto?-le pregunto.- se supone que íbamos a ir juntos.
Ella mueve su mano para restarle importancia.
-Solo quería verificar un par de cosas.-me responde.
De algún modo creo que ya se a que se refería.
-¿Qué es lo que quieres hacer ahora?-me dice. No respondo de inmediato. En mi mente suceden mil cosas en las que debo pensar.
-Arreglar todo-contesto con determinación.
Ella asiente satisfecha.
Una vez mas pierdo el sentido de la vista y el oído, cuando veo solo oscuridad Tigresa esta a mi lado. El brillo verde desapareció, pero en su lugar veo una luz azul, amarilla, la luz del día.
…
Cielos.
Aterrizo de manera estrepitosa, mientras me levanto veo a Tigresa limpiarse el polvo, ella extiende su mano para ayudarme, la acepto.
-¿Cuándo estamos?-pregunta.
-Ni idea, es tu mundo, no el mío- le respondo.
Recorro el lugar con la mirada, todo luce igual, salvo por la tormenta ausente, no hay nada diferente en el valle de la paz.
-Creo recordar esto-dice Tigresa con aire pensativo. Yo no veo nada fuera de lo común, salvo por el Guerrero dragón ¿Destruyendo el restaurante de ping? Tal vez eso si esta fuera de lo común.
-estamos muy atrás-dice ella, en ese instante, abre el reloj y ajusta una nueva fecha, yo la imito, entonces nos cubre el manto de partículas verdes mientras presionamos el botón al unisonó.
…
Tigresa aterriza a cuatro patas, con una gracia dificil de creer. Yo, por mi parte, caigo de cara en el pasto del bosque.
-¿Qué estamos buscando, exactamente, Cole?-me pregunta un poco dudosa, ya saltamos en el tiempo más de cinco veces y siempre alguno de los dos termina negándose.
-Ya te lo dije, quiero encontrar el origen de todo esto-grito. Ella me mira con severidad, pero decido ignorarla…
Un gran dolor me llega de repente, me ha golpeado en el estomago hasta sacarme el aire.
-¿Eso…?-comienzo a hablar con un gruñido, intento respirar- ¿…Era necesario?
Ella asiente, sus brazos están cruzados y su seño fruncido.
-Cole, si quieres que esto funcione, debes darme datos claros-me explica aun con su gesto iracundo- necesito saber con exactitud qué quieres, a donde ir, cuando empezó todo.
Me callo un momento. No sé qué decir… Oogway no me dio esos "Datos claros" que quiere Tigresa. Lo único que el viejo maestro me dijo era que había más de un error en la historia, y que debía repararlos, pero no me dijo donde, o cuando…
Tal vez fue antes de que yo llegara al valle de la paz….
-¿Y bien?-me apresura la felina impaciente a mi lado.
-Ya voy, no me dejas concentrarme-me aparto un poco para no ver la mirada asesina que me está a punto de dirigir.
¿Qué me perdí?... No sé qué decirle a mi maestra de kung fu, ella quiere datos, pero yo no los tengo. Pensando en ello recordé al cocodrilo Fung y a sus secuaces, suelto una risa inconsciente. Pienso en todas las veces que leí sobre ellos cuando aún era un cachorro.
Siempre se metían en problemas, tenían la peor de las suertes… Ja, ja, no lo puedo evitar, el simple hecho de recordar la vez que Fung y sus bandidos se convirtieron en los Cinco furiosos me mata de risa, por dentro claro.
Miro a Tigresa de reojo, ella alza la ceja con un claro gesto de "¿Ya?", niego con la cabeza y ella suelta un bufido.
A mi mente viene también la vez que Po acepto a los ladronzuelos huérfanos del pangolín Zanzu…. Je, je…
Un segundo…. ¿Eso…? Yo jamás he visto eso, pero lo recuerdo…. ¡Aghhh! ¡Estúpidas paradojas! Eso solo quiere decir que… Si yo no lo he visto aun, pero lo recuerdo… Significa que ya lo he presenciado….
En mi mente veo con claridad cada gesto de Tigresa… A mi lado…. Golpeándose la frente al verse a sí misma bailar y cantar…. Riendo en silencio mientras Po es golpeado por un conejito…. Ella misma se imita con exageración, me hace reír verla hacer esos gestos mientras que la otra Tigresa actúa normal.
Todo está en mis recuerdos… Recuerdos que recién voy a formar.
…
-Po acepto a los chicos y luego los hicimos recapacitar-me dice Tigresa- ¿Qué hay de malo con eso?
-El rubí-susurro a Tigresa, como de costumbre, ella me mira incrédula- Zanzu nunca devolvió el rubí y eso causo… una grieta temporal, o algo así.
-¿Qué significa eso?-pregunta con un leve atisbo de miedo en la voz.
-No lo sé, Oogway no me lo explico bien, pero dijo que esa era la razón del porque siempre perdían en esa lucha contra el León oscuro.
-¿León Oscuro?-me cuestiona con burla- ¿Por su pelaje negro? ¡Qué original, Cole!- se burla con su sarcasmo.
-Ríete ahora- advierto.
-Eso mismo es lo que estoy haciendo-me responde con una sonrisa maliciosa.
-¡Vamos!-me enojo un poco. Ella suelta una risilla discreta.
Seguimos haciendo equilibrio por las vigas del techo del Salón sagrado de los guerreros. Ella va al frente, guiándome. Bajo nuestros pies se puede apreciar la tierna escena de un viejo panda rojo despidiéndose de una conejita de no más de cuatro años.
Intento no caer, pero no puedo apartar la mirada de un conejito al que Tigresa sujeta de la mano, con una expresión del tipo "Ni creas que te soltare".
-Se lo merecía-me dijo Tigresa en voz baja. Me sobre salte, pero no caí, por suerte.
-Ese Liang… sigo sin confiar en él.-confiesa sin sentimiento alguno.
-Ya veo porque-murmuro para mí mismo.
-¡Eh!-exclama Tigresa y ambos nos agachamos para ver con atención.
Debajo de nosotros, puedo ver el momento exacto cuando la conejita se roba el dinero de Shifu, pero era solo una distracción, pues los dos gansos pequeños se las arreglan para tomar un enorme diamante rojizo como el fuego.
-¡Esos niños!-Tigresa no puede evitar clavar las garras en la madera de las vigas.
-¡Shhhhh!-le advierto. Ella asiente.
Los niños salen del palacio, unos segundos después parece que el maestro se ha dado cuenta de que su dinero ha desaparecido, pero nadie se percata de que el rubí ya no está.
-Vamos por el- dice Tigresa intentando disimular el enojo.
Asiento. Ambos presionamos un botón en el reloj y unos segundos después aterrizo sobre el pasto del bosque, Tigresa se acerca con sigilo a una casita al límite del bosque.
Por el sendero vemos como los cinco niños van caminando y riendo, el tal Liang va jugando y presumiendo el rubí.
-Ja ja, les dije que esos maestros nunca se darían cuenta de que….-De pronto Tigresa se aparto de mi lado y se planto frente a los jóvenes.
-¿De qué?-pregunto con aire amenazante.
Los niños comenzaron a temblar.
-Dámelo, Liang- dice Tigresa con la furia contenida.
El niño le extendió el diamante con un ligero temblor en sus rodillas.
-Vámonos-me grita. Ambos nos dirigimos al bosque, en donde los niños no puedan ver como desaparecemos dentro de un portal verde.
…
No tardamos nada en devolver el rubí. Luego seguimos con el viaje, pasamos por varios lugares que yo jamás había visto, o leído sobre ellos. Tigresa seguía insistiendo en que debía de haber un factor común con todos los errores que tuvimos que corregir.
-Es el pato de las manzanas-le digo con el seño fruncido.
Ella me mira con severidad, un poco irritada por mi respuesta.
-¿Qué? Date cuenta, Tigresa, ese pato esta siempre, a donde vayamos ahí esta.-insisto con mi teoría.
-Cole, estás loco, entiendo que el pato dirigió a un grupo de aldeanos para darte caza, pero no es para que te pongas paranoico-me dice con sarcasmo en su voz.
Suelto un bufido por la nariz, ya desesperado y cansado de que mi propia maestra me tache de loco.
-Mira, Cole-dice ella suspirando, resignada- hay que repasar lo que hemos corregido y ver si hace falta algo.
Asiento, aun resentido.
-Primero el rubí-comienza a enlistar ella- la poción de crecimiento, el jarrón de la dinastía Ming, Fung atacando la frutería… No entiendo porque eso fue tan grave-agrego ella, luego continúo:- el seguro de la armadura de Fenghuang, un pergamino del expreso del kung fu y un frasco de veneno.
-No sé que mas pueda faltarnos-digo encogiéndome de hombros
-Ni yo, lo mejor será regresar y saber si todo esto ha valido la pena.
…Tigresa…
Aun no me acostumbro a esta sensación de vértigo que me invade cada vez que presiono el botón de esta cosa. Cole parece no sentirlo, mientras la luz verde surge una vez más siento como mi vista se nubla un poco, segundos después puedo ver con claridad y frente a mi veo la tormenta, el palacio de jade y a mis compañeros peleando para defender el valle.
Hay algo raro, pues podría jurar que Fung estaba a punto de atacarme, pero cuando me volteo no veo nada más que la lluvia cayendo sin piedad.
-No parece haber pasado nada- dice Cole asustado, preocupado por el resultado de nuestro viaje. Al parecer esos errores y los cambios que hemos hecho no tenían nada que ver con el verdadero destino del palacio de jade.
Donde hay muerte siempre habrá muerte, si estamos destinados a morir aquí, que así sea.
Me paro a cuatro patas y observo a Cole, el joven tiene los hombros caídos y el agua del cielo se filtra por su sombrero de paja.
-Vamos, Cole-digo intentando sonar optimista.
-No puedo.-murmura el tigre con la mirada perdida en algún lejano punto.
Veo como dirige su mano al bolsillo de sus pantalones, por instinto me pongo en pie y le sujeto con fuerza la muñeca. El me mira perplejo.
-Ni creas que te dejare hacer eso-le advierto presionando un mas.
-¿Por qué?-me grita intentando zafarse de mi agarre, le deseo suerte.
-Porque es tu deber quedarte, eres un maestro de kung fu-gruño en respuesta.
-No es verdad-se enoja él, sigue intentando que lo suelte, como si eso fuera a pasar.
- Por el amor de Oogway, Cole, sé un hombre.-grito, al principio veo como el joven agacha las orejas, eso me causa un leve sentimiento de culpa, pero si de esa forma logro hacerlo reaccionar….
-¡No quiero ser un hombre!-lo suelto algo aturdida por su respuesta.
-Yo nunca quise esto, Oogway me obligo a hacerlo-grita él con algunas gotas en sus ojos, lagrimas- yo… no soy un héroe, son un estúpido jovencito que se mete en problemas, decepciona a sus padres y no tiene valor suficiente para confesarle sus sentimientos a una chica. Prefiero quedarme así, regresar y fingir que esto jamás sucedió.
-Pero no puedes, jamás en tu vida podrás olvidar que nos dejaste y huiste. Jamás te abandonara el hecho de que tuviste la oportunidad de salvarnos, quizás no querías hacerlo, pero de todas maneras te quedaste aquí, el palacio es prácticamente tu hogar, así como el mío…-por un segundo siento como se me corta la voz. Me aclaro la garganta e intento hablar con este niño:- Es tu responsabilidad.
-¡No! Es TU responsabilidad, yo no tengo nada que ver-insiste él- Ya no tengo nada que ver. Solo presionaré el botón y volveré a mi casa, despertaré creyendo que todo fue una maldita pesadilla.
-Cole, no puedes hacer eso-relajo mi tono de voz- no podrás perdonarte por eso.
-Quien dice-replica él.
-Yo lo digo-rujo. El me mira asustado, pero sin intenciones de soltar ese aparato infernal…
-Adiós, fue un honor conocerla, maestra Tigresa.
-Cole-se detiene y me mira interrogante.
-No puedes irte-insisto.
-Claro que puedo-me contesta.
-No…-me acerco a él con paso firme-no sin tu reloj.
Con un movimiento veloz, logro arrebatarle el aparato de las manos. Sin pensarlo dos veces, me paro a cuatro patas y sostengo el reloj en la boca. Como si fuera una de esas felinas salvajes, me echo a correr entre la multitud de cuerpos combatiendo.
…Cole…
¡¿Qué rayos le sucede a Tigresa?!
Tarde unos segundos en reaccionar. Cuando me doy cuenta de lo que ha sucedido, ella ya está corriendo en medio de los villanos….
Pero…. Me parece que algo pasa aquí… ¿Ese cocodrilo…. desapareció?
-Ah-gruño- no tengo tiempo para esto.
Localizo a la tigresa con la mirada. Comienzo a correr a cuatro patas entre las personas, de milagro esquivo algunos de los golpes que dirigen hacia mí. Tigresa se detiene y veo como el reloj se balancea en la punta de su barbilla. Es mi oportunidad, cuando ella se levanta lo hace de un salto y esquiva con un mortal el golpe de un búho.
Ya no es mi problema, recuerdo, presiono los ojos y me obligo a concentrarme en recuperar mi boleto de salida.
A penas doy un paso hacia la maestra y un gorila se planta frente a mí. Lanza un rugido de batalla. Por instinto le correspondo el rugido con uno un poco más grave y potente.
Pierdo de vista a Tigresa al momento en que el gorila me lanza un golpe. Lo esquivo y sujeto su enorme mano, con una llave le tuerzo el brazo y lo obligo a dar un giro. Lo dejo en el suelo sin preocuparme si quiera de dejarlo inconsciente.
Echo a correr hacia la única felina anaranjada en el campo. Ella sigue sin soltar la cadena del reloj. Estoy a punto de alcanzarla…. Cuando de pronto el búho que antes peleaba con ella, lanza una bola de fuego contra mí.
Sé que no puedo esquivar semejante esfera de poder, así que solo me cubro la cabeza con las manos, como si fuera a servir de algo.
…
No siento nada. Ya estaba esperando sentir el mortal calor del fuego en mi piel. Casi sentía el olor de mi pelaje chamuscado, pero no. En lugar de eso, la lluvia seguía mojándome la cara.
Abrí los ojos, incrédulo de lo que estaba sucediendo.
El búho había desaparecido al igual que su enorme bola de fuego.
No me lo creía, ¿Cómo había podido suceder?
-Cole- alguien grito mi nombre. Corría hacia mí, la maestra Tigresa.
-¡Funciono!-grita eufórica, con una sonrisa tan amplia que, en ella, se ve falsa.
-¿Eh?-balbuceo, confundido.
-Todo lo que hicimos dio resultado-ella extiende su mano y me obligo a observar la batalla que se está librando. Grulla combatico con unos lobos, pero de pronto ya no están.
-La línea temporal se está corrigiendo-dice mi maestra- mira, Cole ¡Ha funcionado!
Es verdad, parece que cada vez que logro ubicar a algún villano este se esfuma como… Si nunca hubiera estado aquí.
…León malvado/oscuro/ciborg/a la autora no se le ocurrió nombre que ponerle…
¡No!, ¡No!, ¡No!
¿A dónde se han ido todos? ¿Dónde…? ¡¿Dónde están esos ineptos?!
Doy un salto para poder ver mejor lo que está sucediendo aquí.
¡¿Dónde están todos?! Aquí ya no hay ni rastro de esos tontos, literalmente ni siquiera puedo percibir su olor… Es como si en realidad jamás…. Eso es imposible.
Miro a mi alrededor, furioso. No sé qué truquitos estén usando esos maestros de Kong fu, pero me la van a pagar.
Veo como una serpiente, un ave y un panda comienzan a agruparse. La cólera me quema el interior, no pienso lo que hago en estos momentos, dejo que la ira domine mis acciones y bloquee mi razón.
El lanzallamas de mi brazo se activa y una brutal serpiente de fuego amenaza a los "guerreros", quienes, como cobardes se quedan para enfrentar a la muerte. El ave extiende sus alas e intenta contraatacar con una ráfaga de viento, pero es muy tarde, cuando el pájaro zancudo reacciona el fuego está casi tocándole las plumas. Aun hay algunos de los míos luchando, no me duele verlos desaparecer, ¡Me duele luchar yo solo contra esos maestros!
De pronto veo a un felino naranja con algo en la mano, su objeto crea una luz verdosa y el también desaparece.
…
El ave extiende sus alas e intenta contraatacar con una ráfaga de viento, pero no es necesario. Gruño de frustración al ver como un felino anaranjado llega justo un segundo antes de que sus compañeros terminen calcinados.
- ¡Oye!-rujo con fuerza- ¡Tu, gatito!
El joven me mira con desdén, una mirada tan firme que solo la había visto una vez en mi vida….
Ese enano naranja me recuerda a mi odioso hermano de pelaje blanco, el rey….
Veo al joven adoptar una posición extraña. No me interesa, se que él hizo algo y estoy dispuesto a acabar con esto.
Me lanzo a correr a cuatro patas, aunque el peso de mi cuerpo comienza a sobre cargar el brazo mecánico, no me interesa en lo mas mínimo.
-Cole, ten cuidado- escucho la voz de una hembra advirtiendo a alguien que no soy yo.
Cuando por fin alcanzo al joven saco las garras del brazo bueno y activo un mecanismo en el mecánico. Mis garras de acero se encuentran con el pecho del joven felino de ojos verdes, comienzo a arañarle con la intención de llegar hasta su cuello.
Él opone una gran resistencia. Sus amigos intentan apoyarlo pero antes de que puedan moverse siquiera, me les adelanto y con el lanzallamas creó un círculo de fuego alrededor mío y de mi presa.
El chico se levanto hace unos segundos. Con desesperación parece buscar algo en su ropa. Me acerco a él con paso lento, determinado, mortal. Dándole al chico la esperanza de sus últimos minutos.
Hay algo en sus manos, lo sujeta como si fuera de oro. Me acerco, pero él se nota tranquilo. Presiona un botón y luego aparece un brillo verdoso. El gatito ha desaparecido antes de que me le pueda….
…
Me acerco a él con paso lento, determinado, mortal. Dándole al chico la esperanza de sus últimos minutos.
…
Sus amigos intentan apoyarlo pero antes de que puedan moverse siquiera, el gato ya ha logrado escapar de mis garras. Da un salto en el aire y pasa encima de mi cabeza…
¡¿Cómo hizo eso?!
Lanzo un rugido feroz.
Los seis maestros se colocan en formación y adoptan posiciones ridículas.
El joven que escapo de mis garras se coloca junto a una felina parecida a él. Ambos enseñan los dientes con un gruñido.
Doy un salto y empiezo a correr con el brazo extendido, abriendo el compartimiento de dagas.
Una afilada arma sale disparada, pero no les toca ni un solo cabello, los seis logran esquivar el arma. El joven felino se adelanta y esquiva otra daga, mientras que los demás se lanzan contra mí.
Libero un brazo, luego el otro… Y entonces veo al gatito sacar un objeto extraño de sus pantalones. No sé que tenga que ver con esto, pero no dejare que use esa arma contra mí.
Cuando logro liberarme por completo, comienzo a correr. En el momento en que el joven presiona un botón en su extraño objeto, logro taclearlo…
De pronto nos invade una cálida luz verdosa, brillante.
…Cole…
El león y yo quedamos envueltos en la luz del tiempo (debo buscarle algún nombre mejor).
Caemos al mismo tiempo, noto que estamos separados por un par de metros. Caímos en medio de una arena de combate, pero está totalmente vacía, de hecho es igual a la arena del palacio de jade… Elevo la vista y noto lo obscuro que esta el cielo. Es de noche, pero estamos en el palacio de jade.
Intento ponerme en pie antes que el felino de pelaje negro, pero puedo notar que él ya está sobre mí. Ambos forcejeamos por el reloj. Por accidente, la zarpa del león presiona el botón.
Una vez más entramos al portal.
…
Caemos sobre algo suave y muy quejumbroso.
El león y yo nos ponemos de pie y miramos con interrogación a los lobos que acabamos de aplastar.
Los caninos nos miran con una mueca de dolor en el rostro. Miro a mí alrededor. Estamos en una aldea sobre una montaña, junto a un acantilado. Docenas de lobos grises se encuentran ahí, atacando y robando a los aldeanos. Pero parece que solo roban cosas de metal.
El león se aprovecha del caos para atacarme, logro bloquear uno de sus golpes. Pero el es muy sucio, cuando sujeto su garra, el saca una cadena del brazo robot y engancha mi pie. Jala la cadena y me obliga a caer.
Me levanto con un salto al estilo shaolin y en el proceso le doy al león una patada en la cara. Sujeto el reloj y presiono el botón, pero ese felino no va a dejarme en paz sujeta mi brazo.
…
Aterrizo en una roca, dura y fría. Una fina niebla me hace perder el sentido de la orientación. Tampoco puedo ver al león por ninguna parte. Pero sé que está cerca, aun escucho los engranes del brazo del ese felino ciborg.
Siento un dolor en el costado. Palpo la herida y veo algunas gotas de sangre ahí. Me giro para buscar al felino responsable de eso. Escucho sus carcajadas ahogadas rodeándome.
El corazón comienza a latirme más rápido, siento que en cualquier segundo a salir de mi pecho. Me giro, volteo, busco, no importa donde me mueva, ya no puedo verlo.
De pronto logro ver un par de luces rojas del tono de la sangre. El rugido del león me desorienta aun más y caigo por la sorpresa, el suelo esta frio y duro, además…. Mi mano siente el borde de algo. Mi vista se agudiza al momento de notar que estoy, literalmente, al borde de un acantilado.
El león parece notarlo también y una siniestra sonrisa torcida aparece en su rostro deforme.
-Adiós, joven maestro- susurra con una cruel mirada de odio ¡Yo no le hice nada! No tiene motivos para odiarme… Por otro lado, supongo que así son todos los chicos malos.
El león se arroja contra mí, pero en ese mismo instante presiono el botón. Solo retrocedo unos segundos así que mi otro yo ha desaparecido y el león oscuro ha caído al vacio.
Me asomo por el borde, pero lo único que puedo ver es más neblina.
¿Dónde estoy? Me pregunto, parece que estoy parado encima de una roca… Con dos puentes conectados….
Escucho las zancadas de alguien en uno de los puentes de cuerda. Y por un segundo siento como si la niebla se disipara… ¡Estoy en el hilo de la esperanza! El puente donde se libro la batalla de Tai Lung y los cinco furiosos.
Me quedo observando a la distancia, los arboles se mueven, seguro es el maestro Grulla y los demás, me gustaría quedarme, pero al percatarme de mi posición de doy cuenta de que lo mejor sería irme, poco falta para que el felino traidor, Tai Lung, aparezca.
Presiono el botón y alcanzo a ver como el leopardo de las nieves llega jadeando a la misma roca en dónde yo estaba.
…
-Oye-escucho un grito, una mujer llamándome.
-¡Cole!-Mono, Grulla, Po y Víbora se abalanzan contra mí en un gigantesco abrazo grupal.
-¡Chicos!-exclamo con alegría al ver que todo está bien, que ellos están bien.
Me sueltan después de unos minutos. Y me encuentro con la única persona a la que no había visto. Se encontraba cruzada de brazos al segundo en que me vio. Sonrío con naturalidad. Ella se me acerca con una disimulada sonrisa y me da un golpe en el brazo.
-¿Gracias?-murmuro con una risilla.
Ella también ríe, igual que los demás, como clásico final de serie de televisión.
…
-Cole- dice Tigresa con severidad al dirigirse a mí.
-¿Si?-pregunto sin despegar la mirada del maestro Shifu.
-Inclínate-me indica ella.
Obedezco su orden y hago una flexión de rodilla ante el maestro del palacio de jade. Shifu asiente y luego de recitar algunas palabras sobre lo bárbaro que soy, me indica que me levante y mire hacia el otro lado.
Me pongo en pie con lentitud, Me doy la vuelta y observo la mirada y sonrisa de orgullo de Tigresa. Los furiosos y el guerrero dragón también muestran una enorme sonrisa ante mi logro.
-Y ahora-comienza a decir Shifu- Les presento al maestro Cole, tigre del tiempo y héroe del valle de la paz.
Oh, basta que me sonrojo…. ¿A quién engañó? ¡Continúe, maestro Shifu!
Los cientos de aldeanos, gansos, cerdos, conejos y cabras vitorean con tanta fuerza que me duelen los oídos.
…
-Te vamos a extrañar, tigrecito- Po me revuelve un poco el pelaje de la cabeza.
-Yo también los extrañaré mucho-le doy un último abrazo a los cinco guerreros- pero quizás me verán por aquí más seguido de lo que creen.
-Si eso sucede, este lugar se convertirá en un manicomio- la siempre optimista Tigresa por fin se digno a aparecer.
-Ya pensaba que no ibas a despedirte de tu alumno favorito-le digo con una sonrisa burlona.
-Serás mi único alumno, pero ni creas que eres mi favorito-me replica, ya me comenzaba a extrañar un poco que no hubiera hecho un comentario sarcástico a esta altura.
En el interior yo sé que me quiere.
Junto a Tigresa aparece Shifu con un pergamino en sus manos. Alzo la ceja con interrogación. Y el panda rojo me extiende el pergamino. Lo tomo con gesto dudoso.
-Es una muestra de agradecimiento-me explica el maestro.
-También a usted lo voy a extrañar- digo con una sonrisa.
El maestro se las arregla para componer un rostro aun mas frio e indiferente que el de Tigresa.
-Los volveré a ver algún día-me despido con la mano y comienzo a caminar al bosque. Por cuestiones de seguridad de los aldeanos me dijeron que sería mejor desaparecer en medio del bosque.
Llego al claro en que una vez jugué con la maestra Tigresa, ahí donde nadie puede verme, presiono el botón y la cálida luz verde envuelve mi cuerpo.
…
Llego caminando a la secundaria "Kang fa", en donde soy recibido por una enorme reja de hierro negra.
Reviso mi horario, después de una ausencia tan larga como la mía, es normal que se olviden las clases. En la hoja de papel veo la primera clase "Matemáticas". Sonrió sin razón y sigo mi camino.
Me siento algo extraño al caminar sin las vendas sujetando mis pantalones. Al llegar a casa por la mañana me di un buen baño y cambie mi ropa. Me puse mis pantalones de mezclilla azules y una camisa azul de manga larga, además de mi fiel chaqueta. No quiero que nadie note los recientes cambios en mi, después de todo, ayer apenas era un enclenque tigre problema.
-Hola, tonto-me doy la vuelta justo al momento de oír esa voz.
-Hola, Zoey- le regreso el saludo.
-Wow, jajaja, ¿Qué te sucedió, eh?-me pregunta sujetándome del brazo.
-Nada-respondo nervioso, con una sonrisa igual de tonta.
-Lo que sea que te haya pasado, creo que me gusta-dice tímida, algo que nunca había visto en ella. En su cara blanca puedo ver el sonrojo en sus mejillas. Y eso me saca una sonrisa.
-Vamos, no quiero llegar tarde a clases-le digo algo nervioso.
-¿Quién eres y que le hiciste a mi Cole?-pregunta desconfiada colocando sus manos en sus caderas.
-¿Tu Cole?-pregunto de manera picara, maña que me pego Víbora.
-Olvídalo, ya vamos que el señor Rob no tendrá paciencia para esto- me regaña.
Me encojo de hombros y la sigo hacia el salón de clases.
Entramos al aula y esta vez decidimos sentarnos juntos. Un par de minutos después llega el enorme búfalo. El maestro mira de manera despectiva a todos los alumnos que llegan a su clase. Cuando el lugar se nota lleno, con cuatro ausentes por supuesto, el maestro se acerca al escritorio y toma un grupo de papeles.
-El día de hoy les tengo una sorpresa- el señor Rob sonríe de manera despiadada.
Soy el primero al que entrega el examen.
-Disculpe, señor Rob- alzo la mano para llamar la atención del búfalo.
-¿Si, Cole?-regresa a mi antes de entregar el otro examen.
-Tengo solo una duda.-el se acerca a mi asiento.
En este momento recuerdo el pergamino que el maestro Shifu me dio antes de partir. Era un pergamino de movimientos secretos. El principal se llamaba "Ademan de aleteo borra memorias", y claro que jure solo usarlo en situaciones de gran importancia…
-Mire aquí, Señor Rob-comienzo con el ademan a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo moviendo la mano como un aleteo.
Hasta ahora este ha sido el capítulo más largo, de momento este es el final del fic como tal, aun falta un epilogo que tal vez no tarde tanto tiempo.
Dejen sus reviews con dudas, comentarios, cualquier cosa que deseen poner es bienvenida, aprovechen que ya es el ultimo capitulo :D
Hasta la próxima :D
